miércoles, 18 de octubre de 2006

Parques Científicos y Tecnológicos

Estados Unidos entendió lo beneficioso de relacionar el mundo empresarial con la Universidad. Nació así el concepto de parque tecnológico. Otro fenómeno similar se produjo en Japón en la misma época: las tecnópolis. La gerencias de los parques tecnológicos se preocupan de ofrecer asesoramiento sobre la viabilidad de los proyectos, estudios de mercado, servicios jurídicos y orientación sobre aspectos económicos, además de locales donde instalarse. También favorecen la creación de empresas que se separan de la firma matriz para realizar proyectos independientes. Se denominan spin-off. El primero de los parques fue el Parque Industrial de Stanford ubicado en el valle de Santa Clara, en California. La Universidad de Stanford veía como sus mejores talentos se marchaban hacia otras partes del país, en especial a la costa este. No había nada que alentase a los licenciados a permanecer allí, un lugar predominantemente agrícola. Sin embargo, uno de sus profesores, Frederick Terman, observó que gran parte de los terrenos de la Universidad se hallaban desaprovechados. Atando cabos estableció un plan que incentivase a los alumnos a quedarse y fundar sus empresas en el valle, con la ayuda de programas de capital riesgo, y urbanizó e hizo habitable aquellas parcelas. El éxito de estudiantes como William Hewlett y David Packard, fundadores de la firma Hewlett-Packard , animó a otros muchos a establecerse y crear sus empresas en lo que sería más tarde conocido como Silicon Valley. Su despegue sucedió en los años 80 con el lanzamiento del ordenador personal, creado unos años antes. Conceptos como semiconductores, software, informática, Internet y comercio electrónico han estado muy unidos a la evolución de Silicon Valley. A la hora de señalar las claves que han propiciado su fama destacan las teorías de S. Cohen y G. Fields, de la Universidad de Berkeley. Según estos autores ha sido determinante la estrecha relación con las Universidades de Stanford y San Francisco, las facilidades dadas por las entidades financieras para la creación de empresas, la ayuda prestada por el Pentágono para el desarrollo de la electrónica y el intercambio de trabajadores entre las firmas con la consiguiente permuta de conocimientos. Sin embargo, la historia de Silicon Valley también ha vivido momentos de crisis. Ejemplo de ello son las empresas Punto.com. En el año 2000 este tipo de empresas subieron como la espuma para caer alarmantemente en el 2001. Ahora como medio de abaratar costos ponen sus miras en la India, país donde hay gran cantidad de profesionales altamente cualificados por los que pagan salarios más bajos y rinden un número mayor de horas. Por si fuera poco, los procesos de externalización, que no entienden de fronteras, tientan a las empresas a cambiar de sede e instalarse en otros países. Pero Silicon Valley también es conocido por su manera de afrontar los malos momentos y subirse de nuevo a la ola de la innovación. ¿Cómo reinventarse a sí mismos, salir de la crisis y cabalgar a lomos de un futuro esperanzador? Los analistas creen que ha llegado el momento de la Nanotecnología, disciplina científica que se encarga de la producción de estructuras de minúsculo tamaño, a escala nanométrica. Más concretamente, de la combinación de esta área con la Biotecnología y las Tecnologías de la Información. Una revolución que vendrá a dinamizar no sólo Silicon Valley, sino gran cantidad de parques tecnológicos.

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El Silicon Valley y el Capital Social

El teorema de la “Mano Invisible” postula que la suma de los comportamientos egoístas de las personas redunda en un beneficio y bienestar general. Pero para que esto sea cierto, decía Nash, se requiere un mínimo de cooperación entre los agentes económicos. Si uno estudia los desarrollos en el campo de la economía que inauguraron las ideas de Nash, denominado Teoría de los Juegos, llega a la conclusión de que la persecución del interés propio en un marco de cooperación, produce resultados superiores para todos los participantes. Autores como Masahiko Aoki han llegado hasta a explicar el éxito en el funcionamiento de algunas economías (como la japonesa entre 1950 y 1990), como el resultado de un sistema donde los individuos y las empresas actúan dentro de un “juego de cooperación”. ¿Cuál es el motor y el combustible del capitalismo?. La respuesta tradicional es: el dinero (en sí mismo) o el afán de conseguirlo. Sin embargo, el motor del capitalismo es la confianza. La confianza y el conocimiento entre los actores de un sector económico recibe el nombre de capital social. Es ese capital social el que explica el éxito y la productividad de las áreas mas dinámicas de la economía. ¿Cuál es el encanto del Silicon Valley?. Probablemente el mejor ejemplo de capital social y de su incidencia en la economía y la productividad, está en los EEUU. Con algo de desazón pero con mucho de realismo, Jorma Olilla, el CEO de la empresa finlandesa de telecomunicaciones Nokia, dijo: “cuando un emprendedor de California abre la puerta de su garage, tiene enfrente la mayor economía del mundo. Cuando un emprendedor finlandés abre la puerta del suyo, tiene un metro de nieve”. Sin embargo, no es sólo la cercanía del mayor mercado consumidor del mundo lo que transforma a los emprendedores del Silicon Valley en privilegiados, sino también (y especialmente) algo mucho menos tangible aunque no menos real: el Capital Social. La realidad es que cuando un emprendedor californiano abre su garage encuentra algo más que una gran economía nacional. Encuentra gente dispuesta e interesada en asesorarlo sobre cómo se organiza legalmente una empresa, cómo y quién puede llevar su información contable y financiera, cómo y quién puede registrar su patente o marca, cómo se desarrolla un canal comercial, cómo se selecciona y contrata personal y cómo se trata con un banco. Finalmente, y tan importante cómo lo anterior, esas personas le darán ese apoyo y le presentarán a sus mejores relaciones comerciales, siempre que acepte el ofrecimiento de dinero para desarrollar el proyecto, a cambio de una participación en la empresa. A pesar de que quienes hacen esos ofrecimientos son llamados en la jerga “ángeles inversores”, no hay nada de sobrenatural en ellos. Ni tan siquiera de filantrópico o altruista. Esas personas representan el primer eslabón de la cadena del capital de riesgo y persiguen su interés (el beneficio derivado de sus inversiones en nuevas empresas de rápido crecimiento), dentro de un marco donde abundan las conexiones y los beneficios tanto para los emprendedores como para la economía local. Esa industria del capital de riesgo representa el núcleo del valioso capital social del Silicon Valley. Si esta es la razón que, individualmente, más explica el éxito económico de una de las regiones más ricas del planeta, ¿qué hay en ella que pueda ser emulado en otras regiones, rezagadas en materia de desarrollo?. En la sociedad argentina existe una profunda inhabilidad para poner a disposición de los emprendedores ese pool social de recursos. Hay una falta total de interacción, de confianza, de conocimiento entre distintos actores económicos. En suma, hay falta de capital social. Universidades que no interactúan con las empresas, emprendedores que no acceden a los potenciales inversores, inversores que no obtienen y analizan propuestas de inversión razonables. En Argentina los capitalistas son devotos de Smith pero no de Nash. Argentina necesita construir una sociedad de miembros dispuestos a perseguir el interés particular pero dentro de un juego de cooperación y confianza. Cuando nuestros emprendedores abren las puertas de sus garages muy pocos de ellos encuentran un metro de nieve. Ciertamente ninguno de ellos encontrará la mayor economía del mundo. Pero podrían encontrar un tejido social y económico denso e interconectado, dispuesto a apoyar, comprender y nutrir sus esfuerzos, sin embargo no encuentran nada de esto. Al abrir las puertas de sus garages los emprendedores argentinos solo encuentran indiferencia, desconfianza y desprecio.

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El Silicon Valley y el capital de riesgo

El Silicon Valley, situado en el norte de California, es una región famosa por el gran número de empresas tecnológicas instaladas allí. Esta región es sede de empresas como Intel, Hewlett Packard, 3Com, Apple, Cisco, Yahoo. Hay que destacar que Silicon Valley cuenta con dos universidades muy importantes en sus cercanías, que son la Universidad de Stanford y la Universidad de California que vierten gran parte de los nuevos profesionales que desembarcan en Silicon Valley cada día. Las estadísticas dicen que en Silicon Valley cada día aparecen 60 nuevos millonarios procedentes del éxito de empresas recién creadas (start-ups) y que durante el año 2000 se invirtieron unos 17.000 millones de dólares en diversos start-ups. Este dinero pertenece a lo que se denomina “capital de riesgo” y que básicamente se refiere a invertir en proyectos de empresas a constituir. Los organismos que invierten en estos proyectos de alto riesgo no son bancos sino sociedades que normalmente se dedican exclusivamente a ello. Ante la pregunta de cuál es el secreto del éxito en Silicon Valley, desde estas sociedades se responde que hace falta básicamente formación adecuada en los que proponen las ideas. Y las universidades argentinas carecen de eso: formación adecuada en sus egresados. En primer lugar, el egresado argentino tiene escasa preparación practica, en cambio los egresados que llegan al Silicon Valley de la Universidad de Stanford o de California tienen mucha preparación practica. A los ingenieros de nuestras universidades se les prepara para ser futuros empleados y obedecer órdenes, adaptarse a presupuestos y requisitos de diseño dictadas por una figura por encima suya. ¿Cómo una serie de personas jóvenes recién salidas de la universidad que tienen una idea que creen que puede salir adelante y han sido formadas con este estilo van a convencer a un personal de un banco tan distante de todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías?. No lo lograran, si solo proponen una idea genial, lo unico que convencerá al banquero son las garantías materiales y esos muchachos si realmente creen en su idea no tienen otra opción que poner como aval inmuebles, pero que en muchos casos resulta totalmente imposible. Imagínense qué dirán unos padres si su hijo viene y les dice que quiere pedir un préstamo para crear una empresa que instale tecnología de redes inalámbricas Bluetooth y para ello necesita que pongan como aval el piso. Este es el primer gran freno a toda actividad emprendedora que necesita una inversión inicial considerable. Es posible que la idea sea buena, se lleve a cabo y se ponga como aval el piso pero el proyecto fracase por las numerosas circunstancias que rodean todo proyecto empresarial. Entonces la situación para dicha persona se vuelve catastrófica. Resulta que este ejemplo no es realmente válido para un proyecto financiado por una sociedad de capital de riesgo. El funcionamiento es radicalmente diferente. Para empezar las cantidades que estas sociedades manejan son muy grandes y permite poner en marcha multitud de proyectos. Además, al estar específicamente dedicadas a ellos, los trámites son mucho más sencillos y su involucración en tecnología es notable. Si el proyecto es aprobado por un organismo de este tipo, el capital que se invierte en el proyecto es a cambio de una cantidad de acciones de la empresa creada y además de ello estas sociedades se reservan puestos en la dirección de la compañía. Por ello, no hace falta que los que tienen la idea pongan avales de los que no disponen, simplemente porque lo que ocurre es que la sociedad inversora participa directamente en el proyecto y por tanto si este no funciona ellos mismos pierden su dinero. Esto posibilita que una persona pueda intentar triunfar en el mundo empresarial más de una vez.

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El Silicon Valley según Wikipedia

La ubicación de las industrias de alta tecnología en el Silicon Valley fue debida en gran medida a dos hombres, William Shockley y Frederick Terman. Terman, profesor de la Universidad de Stanford, consideró que una vasta zona sin utilizar de la tierra de la universidad sería perfecta para el desarrollo inmobiliario y estableció un programa para incentivar a los estudiantes a quedarse allí, proveyéndoles de "capitales de riesgo". Uno de los principales éxitos en la historia del programa fue que logró convencer a dos estudiantes: William Hewlett y David Packard. Hewlett-Packard llegaría a convertirse en una de las primeras firmas tecnológicas que no estaban directamente relacionadas con la NASA o la Marina estadounidense. En 1951 el programa fue expandido de nuevo, creando el Standford Industrial Park, una serie de pequeños edificios industriales que eran alquilados a muy bajo costo a compañías técnicas. En 1954, se instituyó The Honors Cooperative Program, hoy conocido como el coop, para permitir a los empleados a jornada completa de las compañías obtener los títulos universitarios estudiando en un régimen de media jornada. Hacia mediados de los 50 la estructura de lo que posteriormente permitiría la creación de "el valle" se encontraba en una etapa ascendente gracias a los esfuerzos de Terman. Fue en esta atmósfera en la que un antiguo californiano decidió mudarse allí. William Shockley había abandonado Bell Labs en 1953 por un desacuerdo sobre la forma en que se había presentado el transistor al público, ya que debido a intereses de patentes, se relegó su nombre a un segundo plano a favor de los co-inventores John Bardeen y Walter Houser Brattain. Entonces volvió al Instituto de Tecnología californiano donde había recibido su licenciatura en Ciencias, pero se trasladó a Mountain View para crear el Semiconductor Shockley como parte de Beckman Instruments . Shockley se propuso mejorar el transistor con un diseño de tres elementos. Pero Shockley se enemistó con todo el mundo, lo que conllevó a que en 1957, ocho de los ingenieros más dotados, que él mismo había llevado, le abandonaran para formar la compañía Fairchild Semiconductor. Durante los años siguientes este hecho se repetiría varias veces; a medida que los ingenieros perdían el control de las compañías que crearon, al caer en manos de directivas exteriores las abandonaban para formar sus propias empresas. AMD, Signetics, National Semiconductor e Intel comenzaron como vástagos de Fairchild o, en otros casos, como vástagos de vástagos. A comienzos de los 70 toda la zona estaba llena de compañías de semiconductores, que abastecían a las compañías de ordenadores abasteciendo estas dos a su vez a las compañías de programación y servicios. El crecimiento se vio potenciado por el surgimiento de la industria de los capitales de riesgo en Sand Hill Road que fundó Kleiner Perkins en 1972.

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martes, 17 de octubre de 2006

El nacimiento del Silicon Valley

El nacimiento de Silicon Valley está estrechamente ligado a la Universidad de Stanford y, más concretamente, al profesor Frederick Terman, al que se considera como el padre de Silicon Valley. Dos de sus estudiantes en Stanford, William Hewlett y David Packard, crearon la compañía Hewlett-Packard en 1939 en el garaje de una casa alquilada.En la década de los 50 surgió la idea de constrir un parque industrial alrededor de la Universidad de Stanford en Palo Alto. La universidad se vio en la necesidad de vender parte de sus terrenos para cubrir los gastos derivados de su rápido crecimiento tras la Segunda Guerra Mundial. Como el testamento del Leland Stanford, fundador de la universidad, prohibía la venta de terreno, se optó por conceder alquileres a muy largo plazo. De esta manera nacía en 1951 el Parque Industrial de Stanford. La primera empresa en ocupar un edificio fue Varian Associates, a la que pronto siguieron otras, como Eastman Kodak, General Electric, Preformed Line Products, Admiral Corporation, Shockley Transistor Laboratory of Beckman Instruments, Lockheed, y Hewlett-Packard. Ocho ingenieros de Shockley dejaron la compañía en 1957 para fundar Fairchild Semiconductor, en Palo Alto. Éste fue el comienzo de la industria de semiconductores, pues Fairchild fue un auténtico semillero del que surgieron casi cuarenta empresas, todas ellas fundadas por antiguos empleados. Una de las más famosas es Intel.

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EL Silicon Valley y la Universidad de Stanford

El Silicon Valley es el área comprendida en torno a un radio de 50 Kms. alrededor de San José, al sur de San Francisco. Si hubiera que destacar un aspecto que reflejara lo más característico del Silicon Valley, éste sería su capacidad para reinventarse a sí mismo en función de las nuevas tendencias tecnológicas que van emergiendo. Esta capacidad de apuesta por el futuro constituye, sin duda, lo que le diferencia de todos los demás espacios de innovación, ya que ningún otro ha logrado, durante tanto tiempo, mantenerse en vanguardia de la innovación. En su origen jugó un papel trascendental, la Universidad de Stanford que gracias a la visión y dinamismo de algunos de sus dirigentes y profesores se convirtió en su principal impulsor. También fue factor importante la financiación por parte del gobierno federal de actividades de I+D orientadas hacía fines de defensa, lo que potenció sus centros tecnológicos. Como soporte de lo anterior, están los fondos de capital riesgo aportando capital y los bufetes de abogados ayudando a proteger los derechos de propiedad intelectual de las innovaciones. Una lección decisiva del carácter ejemplar del Silicon Valley que se puede aprender es como a partir de recursos ‘normales’ (la Universidad de Stanford no nació siendo lo que es en la actualidad...) una región puede, gracias a la inteligencia de unos y la voluntad de otros, ir desarrollando las condiciones para pasar de ser un sitio marginal a convertirse en el mismo epicentro de la nueva geografía económica. Por ejemplo, la Universidad de Stanford apostó por Google, empresa creada por sus propios estudiantes. Esta institución educativa de California no sólo fue lo suficientemente inteligente para admitir a los cofundadores de la empresa, Larry Page y Sergey Brin, en su programa de doctorado de ciencias informáticas, convirtiendo al par en un imán para atraer a los mejores y los más brillantes, sino que también invirtió dinero en su iniciativa empresarial. La universidad posee tecnología clave usada por Google y desarrollada en Stanford. En total, en 2003 la universidad obtuvo ingresos por 43 millones de dólares en regalías de la tecnología que licenció, pero sólo una fracción de esta cifra vino de Google. La oficina de licencias de la Universidad se queda con el 15% de los ingresos por concepto de regalías para cubrir sus gastos. El dinero restante se divide entre los inventores, los departamentos y las escuelas de la universidad. De la participación en Google, un tercio va a los inventores y el resto a un fondo de investigación y becas. Como ven, Standford participa en las empresas que se crean en sus aulas. Hasta la fecha, Stanford posee una participación de capital en 80 de las más de 1.200 empresas que se originaron en sus instalaciones, o fueron creadas por un alumno, profesor o miembro del personal de la universidad. Entre ellas figuran grandes nombres como Sun Microsystems Inc., Cisco Systems Inc. y Yahoo Inc.Entre las universidades estadounidenses, Stanford ocupa el quinto lugar en concesión de licencias tecnológicas e ingreso de capital. La preceden Columbia University, el sistema de universidades de California, la Universidad de Nueva York y la Universidad Estatal de Florida.

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lunes, 16 de octubre de 2006

¿Que función cumplen las universidades?

La gran mayoría de las instituciones de educación superior en el mundo, incluyendo los Estados Unidos y la Europa occidental, no son productoras de conocimiento, sino transmisoras de conocimientos generados en otras partes. En los Estados Unidos, la actividad de investigación está concentrada en un número limitado de "research universities", mientras que la gran mayoría de los "colleges" se limitan a tareas educacionales en cuanto tales. La situación es aún más marcada en Francia, adonde existe una división institucional tajante entre las universidades y las Grandes Écoles, por una parte, y el Centre Nacional de la Recherche Scientifique y los laboratorios gubernamentales por otra, que es adonde las actividades de investigación científica se concentran, con pocas excepciones. En América Latina también la regla general es que la investigación científica se quede concentrada en algunas pocas instituciones y departamentos, no necesariamente universitarios. En Japón, la casi totalidad de la investigación científica y técnica tiene lugar en la industria, y casi no pasa por las universidades. Es fácil entender la razón de la participación pequeña de la investigación científica en las instituciones de educación superior, si miramos la lista de funciones educativas que ellas deben jugar. Para ninguna estas funciones la investigación científica tiene un papel directamente relevante y necesario. La introducción de la investigación científica en las universidades adonde esto ocurrió (en Alemana, a principios del siglo XIX, e mucho más fuertemente en los Estados Unidos a partir de este siglo) se debió a un esfuerzo de las propias universidades en aumentar su prestigio, su autonomía y su legitimidad ante la sociedad, y de unas en relación a las demás, en un proceso competitivo. En casi todos los casos, los resultados de la investigación científica universitaria son utilizados sobretodo para definir las jerarquías de prestigio y autoridad dentro de las universidades mismas, y es bastante reciente la noción de que el cientista, de la misma manera que el médico y el abogado, es un profesional de que el mercado de trabajo necesita. Las "graduate schools" norteamericanas, que llevaron más adelante esta noción, terminaron por hacer de la formación de investigadores una carrera distinta de la de formación para las demás profesiones. La comparación entre los sistemas educacionales de distintos países muestra que la formación de élites dirigentes tiene mucho más que ver con la selectividad y el prestigio asociado a algunas instituciones educativas que con los contenidos específicos dados en determinados cursos. En Francia, los cuadros dirigentes pasan por la École Nationale de Administration o por la École Polytechnique, adonde adquieren una educación de ingeniería. En Estados Unidos, la selección se hace en las escuelas de business o de gobierno de Harvard, Stanford y algunas otras universidades. En Inglaterra, los cursos de humanidades de Oxford y Cambridge tienen función similar. En América Latina, la formación de elites se a dado sobretodo en algunas facultades de derecho, ingeniería y, más recientemente, en algunos cursos de economía. La experiencia y las comparaciones internacionales muestran que la capacidad para realizar una investigación científica no es un ingrediente central para integrar esta "elite" de dirigentes.

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La investigación en la Universidad

En los Estados Unidos existen las así llamadas “Universidades de Investigación”, cuya finalidad principal, por no decir exclusiva, es hacer avanzar el conocimiento. Son instituciones que poseen todos los recursos humanos, científicos, técnicos, económicos y de infraestructura para dedicarse de esa manera casi exclusiva a la investigación. Se calcula que en los Estados Unidos sólo un 2% o 3% de las Universidades puede llamarse “Universidad de Investigación”. Este hecho se da simplemente por la ingente cantidad de recursos de todo género que exige la investigación. Mientras más recursos tenga una institución tanta mayor será su capacidad investigativa. De acuerdo con esta concepción, las demás son “Universidades de Educación General” , estilo Newman, y “Universidades de Docencia o Profesionalización”. Pero si aspiran a ser Universidades de verdad deben tener algún grado de investigación. La enseñanza universitaria ha de estar íntimamente ligada a la investigación. La docencia necesita de esta conexión íntima con ella para alcanzar su verdadera sustancia. La unidad entre investigación y enseñanza debe ser de ser uno de los principios imprescindibles de la Universidad. La investigación ha de ser, pues, algo normal en la Universidad. Y dado que toda universidad es una comunidad de estudiantes y profesores que cultivan el conocimiento, buscan su conservación y transmisión y procuran su avance, lo mínimo que puede exigirse es que exista en ella, en sus profesores y estudiantes, la así llamada “investigación formativa”, es decir, la que consiste en indagar en el conocimiento actual, procurando estar al día en los avances científicos de las diversas disciplinas, de modo que no se transmita lo viejo y lo caduco, sino al menos, lo actual. Esto sería lo mínimo; pero una Universidad que se respete debe realizar, en algún grado, investigación en sentido estricto. No hay desarrollo material de los pueblos sin nuevos conocimientos; no hay bienestar de las sociedades sin nuevos sistemas de aplicación y aprovechamiento de la ciencia y la tecnología. Hay un consenso amplio en que el futuro de los países dependerá, en buena medida, de su capacidad de potenciar la generación de nuevos conocimientos. La habilidad para crear, adaptar y adoptar nuevas tecnologías constituye un elemento estratégico para lograr el bienestar colectivo, así como para incrementar la competitividad de la región y mejorar sus posibilidades de inserción en la economía mundial. Para ello es necesario que las Universidades hagan investigación.

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La investigación y la enseñanza universitaria

La institución universitaria en la tradición europea, al menos a partir de la fundación de la Universidad de Berlín a comienzos del siglo XIX, se liga a la investigación porque las universidades no son solamente centros de enseñanza. Son, principalmente, lugares de estudio y transmitir el saber es una tarea indisolublemente ligada a su creación. En la clásica institución humboldtiana del siglo XIX se hablaba de la "unidad de la investigación y la enseñanza" y lo cierto es que los sabios acudían a enseñar a las universidades y se les remuneraba por dictar clases pero el sabio lo que conseguía de la institución era un ambiente protegido en el cual cultivar sus disciplinas, el contacto con otros expertos, la formación de discípulos y una cuota de poder social. A cambio, la universidad le pedía que enseñara a aquellos grupos humanos que producirían las profesiones modernas. No todas las personas pertenecientes a ellos terminarían dedicándose al cultivo del saber y a su formación espiritual continua. La mayoría saldría a ejercer un oficio científicamente fundado, como médicos, arquitectos, ingenieros, abogados.

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Universidad de investigación

En Estados Unidos, 92 de las cien universidades más grandes son públicas o "sostenidas por el estado" (por uno de los cincuenta estados, no por el gobierno federal), y el 77 por ciento de los estudiantes universitarios del país recibe su educación en instituciones públicas. Sin embargo, las principales universidades privadas ocupan, con excepción de tres o cuatro lugares, las principales veinticinco posiciones en la mayoría de las clasificaciones. Eso se debe a que la universidad privada donde se hace investigación parece disfrutar de una estima especialmente elevada en Estados Unidos y en el mundo. ¿Pero qué queremos decir cuando hablamos de "universidad privada de investigación" y qué hace que este tipo de institución sea tan atractivo?. Las universidades privadas de investigación ofrecen instrucción profesional, así como educación que conduce a un doctorado pero los miembros del cuerpo docente, además de enseñar, emplean una gran parte de su tiempo en la investigación. Es la investigación lo que hace tan atractivas a las universidades privadas que realizan esa actividad, no son atractivas por ser privadas sino por hacer investigación. Por eso el modelo apropiado para las universidades públicas debe ser el de la universidad de investigación. El creciente poderío económico de la industria produce un fenómeno observable en Estados Unidos de América, en donde si bien las universidades "de investigación" mantienen un papel protagónico en el campo de las ciencias, las mayores inversiones en algunos sectores no proceden de ellas sino de agentes externos que "compran" los productos de la investigación, en este sentido se destacan instituciones estatales de carácter militar, como el Pentágono.

El sistema norteamericano

El sistema norteamericano empieza copiando el modelo de los colleges ingleses, pero también incorpora el modelo alemán de la investigación junto con la enseñanza y trata de desarrollarlo más adelante. En Estados Unidos nunca tuvieron un sistema tan elitista como el europeo. Ellos tenían la base del college, una cosa muy amplia, y sobre eso crearon las universidades de investigación. La consecuencia es un poco la misma: Estados Unidos tiene un sistema más que doble, donde están las universidades de investigación, que son un grupo pequeño de universidades que dan doctorado en todas las áreas, y después está todo el sistema bastante complejo de colleges, que es donde se hace la educación superior masiva, que no dan doctorado (hay colleges de dos a cuatro años). Estos colleges dan una formación bastante profesional en el sentido de lo que los norteamericanos llaman vocacional: formación específica para habilidades bastante prácticas y aplicadas.

Evolución de la tradición europea

Un primer hecho notable es que en la tradición anglosajona o la alemana la formación profesional y técnica queda fuera de la universidad: ésta no da cursos de ingeniería. Es curioso, pero en la tradición inglesa o incluso en la norteamericana, la ingeniería no es considerada una cosa académica. En cambio, como nosotros tenemos la tradición francesa, la ingeniería si fue vista desde el principio como carrera universitaria. Otro asunto es la incorporación de la investigación científica a la universidad. Se puede decir que hasta hoy Francia no lo ha resuelto. El sistema francés de investigación científica sigue fuera de la universidad, manejado de modo independiente. Aún cuando hay cierta forma de colaboración y hoy día no están tajantemente separados, esa supuesta integración de la educación y la investigación no ocurre todavía en la tradición francesa. Al final del siglo XIX Francia recrea las universidades, que vuelven a existir y hoy funcionan si se quiere como el segundo renglón del sistema educacional superior francés. El primer nivel son las Grandes Escuelas, el segundo son las universidades, que absorben la demanda más pasiva por educación. El sistema tradicional de las grandes escuelas sigue siendo bastante limitado, con un nivel muy alto de selección, difícil acceso y donde se forman las élites. A su vez, Alemania creó todo un sistema de escuelas técnicas. Inglaterra creó un segundo nivel de universidades, las llamadas Red Brick Universities que hoy día ya no son tanto de segundo nivel y después creó un sistema de escuelas politécnicas no universitarias.

La universidad inglesa y alemana

En la tradición inglesa las universidades son muy autónomas, no están controladas por el Estado. Los colleges son la base de la organización de las universidades. En principio, hay que hablar de las dos grandes universidades, Oxford y Cambridge. Ellas tienen un proyecto de formación de la elite intelectual, por lo que la formación es básicamente humanista: historia, filosofía, literatura. Lo que tratan es de formar un tipo de scholar, un gentleman, que habla de manera en la que nadie más lo hace; eso solamente se hace en Inglaterra. Ese tipo de formación incorpora también la investigación científica. Esta tradición no tiene mucho que ver con la Revolución Industrial, que pasa casi de largo por las universidades. La tradición alemana es distinta, de alguna manera combina algo de la tradición francesa con la inglesa. Lo que tiene en común con la francesa es la proximidad de la universidad con el Estado. En la universidad alemana se forman los cuadros del Estado alemán: de hecho, la creación del Estado moderno alemán está muy ligada a la propia creación de la universidad. El predominio de la Universidad de Berlin en el sistema educativo alemán desde 1806 tiene que ver con una especie de tentativa de reacción de Prusia a la derrota ante Napoleón. Es una búsqueda de recursos intelectuales y morales, apuntando además a lograr una capacitación técnica y de conocimiento, que pudiera hacer que Alemania recupere su papel en el concierto mundial. Es en la universidad alemana donde se observa por primera vez a la investigación científica como algo propio de la universidad. Al principio no se hizo lo que hoy se entiende como investigación científica, que es la investigación en Ciencias Naturales. Se trabajó más bien en filosofía y derecho, en áreas más vinculadas a las humanidades. Es recién más adelante que se añade la formación científica en el área de las ciencias exactas y naturales. El sistema alemán comparte con el francés la proximidad con el Estado, pero con el sistema inglés la autonomía. La universidad maneja ella misma sus criterios, no recibe regulaciones o reglas del Estado; al contrario, ella dice al Estado cómo tiene que organizarse. La importancia de la tradición alemana es mucho más grande en relación al Estado justamente porque éste era mucho más chico, menos desarrollado en esa época que el Estado francés. Estos sistemas europeos son la matriz de donde surgen todos los sistemas contemporáneos de educación superior.

Políticas de educación en América Latina

La universidad latinoamericana tiene dos orígenes. El primero es la universidad católica traída por los españoles, ligada a la Iglesia y que trataba de dar una formación moral, ideológica y religiosa muy vinculada al Estado. Esto se dio mucho más en los países hispánicos que en Brasil, donde no hubo universidades de tipo colonial. En este tipo de universidad la educación es la transmisión de un conocimiento adquirido, de un conocimiento anterior validado por la Iglesia: es un ritual de aprendizaje con un contenido ético, religioso. No existe la idea de investigación, de libertad de discusión. A esa tradición colonial surge una respuesta en todo el continente a principios del siglo XIX, que es la importación de la universidad de tradición napoleónica, francesa. Esta tradición napoleónica ha tenido una influencia muy grande en todos los países de nuestra región. Como se sabe, un ajuste que hizo la Revolución Francesa fue cerrar las universidades pues entendió que éstas eran uno de los componentes del Ancien Régime, del privilegio, y que eran por tanto inadecuadas. En su lugar creó el sistema de las Grandes Ecoles, las Grandes Escuelas, donde era el Estado el que iba a dar la educación. Esta era una educación técnica, profesional, basada en la ciencia, que no tenía mucho que ver con la investigación. Era una formación racional, centrada en las áreas técnicas; a partir de allí se iba a formar la elite que iba a dirigir el país y que iba a conducir el nuevo orden político establecido por la Revolución. O sea, hubo un elemento de racionalidad, de modernización, de uso de la ciencia. Pero sobretodo estaba la naturaleza del Estado monolítico napoleónico, que creó un nuevo modelo de educación superior que no había hasta entonces, subordinado al Estado. Esto es lo que nosotros copiamos. No es por casualidad que en nuestro continente las facultades tengan predominancia sobre las universidades; ello es consecuencia de haber importado el modelo francés de las grandes escuelas. Las facultades son instituciones controladas por el Estado, con normas bastante estrictas, que otorgan certificados de validez nacional. Tienen pues el privilegio de facultar, de autorizar el ejercicio de la profesión, por lo que de algún modo son consideradas agencias del Estado. Cuando se crean más adelante las instituciones privadas, ellas tienen también que cumplir esa función pública. Digamos pues que, como resultado, la formación superior en la región resulta siendo una formación especializada, técnica. La pedagogía se basa en el razonamiento abstracto, pero no hay un componente de investigación. El profesor es una persona importante, pero es básicamente eso: un maestro. Hay que contrastar estas dos experiencias con otras que resultaron mucho mejores en términos de generación de lo que hoy se llama la "universidad de investigación". Este tipo de universidad se desarrolla en Alemania e Inglaterra, y más adelante en Estados Unidos, bajo la influencia de la tradición alemana e inglesa.

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domingo, 15 de octubre de 2006

Estructura y sectores industriales

En EE.UU. la estructura de la industria está considerablemente más especializada que la de la UE en sectores que utilizan mucho la alta tecnología y la investigación. Esta situación explica en parte el deficit en las inversiones en Europa. Una gran parte de esta diferencia entre los Estados Unidos y la UE se concentra en los sectores de defensa y tecnologías de la información y comunicación. Sin embargo, las características estructurales no explican completamente la diferencia entre las inversiones en I+D de los Estados Unidos y las de la UE. En la mayoría de los sectores, incluido el sector de la industria manufacturera de baja o media tecnología y el de los servicios, las empresas europeas invierten menos en I+D que sus homólogas americanas en porcentaje de facturación. El resultado es que las empresas de la UE tienden a especializarse en productos y servicios que utilizan menos tecnología y corren, por ello, el riesgo de perder competitividad en beneficio de competidores que recurren más a la innovación. Esto puede ocurrir incluso en los sectores que no son de alta tecnología y que constituyen el grueso de la economía de la UE. En consecuencia, la UE si se quiere alcanzar el objetivo establecido por el Consejo Europeo tiene intensificar el apoyo de I+D en todos los sectores. Los datos indican que las compañías más pequeñas de la UE invierten relativamente menos en I+D que las de Estados Unidos. Las políticas comunitarias ya otorgan importancia al disponer de un número suficiente de científicos e ingenieros investigadores con las cualificaciones apropiadas. La I+D exige especialmente una gran cantidad de mano de obra y los datos disponibles señalan que la falta de recursos humanos limita en gran medida la capacidad de la UE para alcanzar el objetivo del 3 %. Los polos de excelencia científica alrededor de los institutos de investigación públicos suelen tener un efecto multiplicador poderoso en las inversiones en I+D de todo tipo de las empresas del área, incluidas las que de otra manera no hubiesen invertido en I+D. Sin embargo, está demostrado que las relaciones entre la ciencia y la industria en los Estados Unidos son mayores que en Europa. Los europeos son mucho más cautos que los estadounidenses a la hora de crear nuevas empresas.

I+D: EEUU, Europa, Japon

La comparación entre las inversiones en I+D de la UE y de los Estados Unidos da como resultado una diferencia enorme, que crece rápidamente tanto en valor absoluto como en porcentaje del PIB. Esta diferencia alcanzó los 124.000 millones de euros corrientes en 2000 y se ha duplicado a precios constantes desde 1994. Las inversiones en I+D en la UE, calculadas en porcentaje del PIB, se han estancado en aproximadamente en el 1,9 % en los últimos diez años, mientras que en Estados Unidos han crecido continuamente del 2,4 % en 1994 al 2,7% en 2000. La mayor parte de este deficit en las inversiones en I+D (más del 80%) y de su crecimiento en los últimos años se explica por una menor financiación del sector empresarial de la UE. Además, el gobierno estadounidense dedica casi un tercio de su financiación de la I+D a apoyar a la I+D empresarial, mientras que en la UE la financiación pública sólo representa la mitad de ese porcentaje (el 16%). El efecto multiplicador de esa importante y constante ayuda gubernamental estadounidense es uno de los factores que ha contribuido al aumento de la I+D financiada por las empresas en la segunda mitad de los años noventa. La diferencia entre los porcentajes invertidos en I+D de Estados Unidos y de Japón es todavía mayor, ya que este último dedica el 3% de su PIB a ese fin. Además, en Japón, el sector empresarial representa el 72 % de las inversiones en I+D, mientras que en Europa es el 56 % y en los Estados Unidos, el 67%. Sin embargo, las comparaciones con Japón presentan importantes limitaciones debido a las diferencias en los papeles que desempeñan el sector público y el privado y a los problemas del sector financiero japonés que han debilitado los resultados económicos del país y minimizado los beneficios de las elevadas inversiones en I+D.

Mas investigación para Europa

El Consejo Europeo acordó aumentar las inversiones en investigación y desarrollo tecnológico (I+D) de la UE, que en 2000 fueron del 1,9 % del PIB, con la finalidad de acercarse al 3 % del PIB para 2010. Se abogó también por un aumento del porcentaje financiado por las empresas del 56 % actual al 75 % del total de las inversiones en I+D, porcentaje ya alcanzado en los Estados Unidos y en algunos países europeos. Este doble objetivo es ambicioso, pero realista. Hay una gran diferencia, que ascendió a más de 120.000 millones de euros en 2000 y es cada vez mayor, entre las inversiones en I+D de Estados Unidos y las de la Unión Europea. Más del 80 % de esa diferencia se debe a que en Europa las empresas invierten menos en I+D. Aunque muchas empresas reconocen que invertir en I+D ha adquirido una mayor importancia, sólo lo hacen en la medida en que pueden explotar los resultados eficazmente y obtener beneficios suficientes que compensen el riesgo inherente a ese tipo de inversiones. Si Europa quiere alcanzar los objetivos para las inversiones en I+D que se ha fijado, son imprescindibles unas condiciones generales más atractivas. Entre las más importantes de éstas se cuentan la disponibilidad suficiente de recursos humanos altamente cualificados, una base de investigación pública importante y una cultura empresarial dinámica. Hay también razones para que se utilicen de manera más eficaz y precisa los incentivos financieros públicos a la I+D y a la innovación tecnológica privadas en el marco de las normas sobre ayudas estatales, lo que implica que el esfuerzo dedicado a mejorar el apoyo a la I+D pasan, en gran medida, por la reestructuración del gasto público. Las autoridades públicas disponen, al respecto de un conjunto de instrumentos de financiación y, en particular, de medidas de apoyo directas, incentivos fiscales, sistemas de garantía y ayudas públicas al capital de riesgo. Los recursos y las políticas a los que es necesario recurrir abarcan mucho más que las inversiones gubernamentales en I+D. Así, más del 80 % de la diferencia en inversiones en I+D existente con los Estados Unidos se debe a los niveles de inversión del sector empresarial. Por ello, el Consejo Europeo de Barcelona abogó por un aumento del porcentaje financiado por las empresas del 56 % actual al 75 % del total de las inversiones en I+D, porcentaje ya alcanzado por los Estados Unidos y algunos países europeos. El doble objetivo fijado en el Consejo Europeo de Barcelona es ambicioso, pero es necesario. Es un objetivo alcanzable. Suecia y Finlandia ya han alcanzado ese objetivo del 3 % y las inversiones en I+D de Alemania se sitúan por encima del 2,5%. Además, el sector empresarial ya es responsable de al menos dos tercios de las inversiones en I+D en Bélgica, Alemania, Finlandia y Suecia, e Irlanda se acerca a ese nivel.

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Educación, investigación e innovación en Suiza

Hace 200 años, Suiza era todavía un verdadero Estado agrario, cuya economía nacional se basaba en los factores de producción: suelo, trabajo y capital. Hoy, a principios del tercer milenio, la educación, la investigación y la innovación son los recursos indiscutiblemente más importantes de este pequeño país situado en el corazón de Europa. Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, la industrialización, el turismo y el auge del sector financiero se convirtieron en los rasgos esenciales de la Suiza moderna y la hasta entonces Suiza rural se transformó en un país industrial. Conscientes de la gran importancia de la educación, la investigación y la innovación para el futuro de un país pobre en recursos naturales como Suiza, las autoridades públicas han empleado tradicionalmente recursos considerables en estas áreas. Al mismo tiempo, las inversiones del sector privado son también notablemente altas en comparación con el resto del mundo, sobre todo en investigación y desarrollo. En Suiza, tanto el Gobierno federal como los 26 cantones son responsables del área política de educación, investigación y tecnología. En el nivel terciario, el Gobierno federal dirige las universidades politécnicas y tiene competencias para regular la formación profesional superior y las escuelas universitarias del área técnica, económica y de diseño. Por su parte los cantones, que cuentan con el apoyo financiero del Gobierno federal, se encargan de las 10 universidades cantonales. El Gobierno federal es el principal promotor de la investigación financiada con fondos públicos y de la innovación. El Gobierno federal, los cantones y los municipios gastan juntos 16.200 millones de euros en educación e investigación al año. El Gobierno federal aporta el 16 por 100 del gasto público total en formación profesional. En el ámbito universitario, el porcentaje que asume el Gobierno federal asciende aproximadamente al 65 por 100 del gasto total. En conjunto, Suiza emplea hoy alrededor del 5,5 por 100 de su PIB con fines formativos, un porcentaje algo inferior al de Francia o Austria, pero superior al de Alemania, EEUU o Italia. Suecia es el país que aporta el mayor porcentaje de su PIB (un 7,7 por 100). Suiza alcanza una posición preeminente en cuanto al gasto per capita en I+D (797 dólares norteamericanos). Sólo gastan más Estados Unidos (963), Suecia (889) y Finlandia (848). Cabe destacar que las empresas privadas suizas del sector de la construcción de maquinaria, de las construcciones metálicas y del sector químico y farmacéutico aportan aproximadamente un 69 por 100 del gasto total actual en I+D (aproximadamente 7.100 millones de euros al año). La educación terciaria en toda Suiza se ha expandido sin freno. Como consecuencia, una de cada cinco personas tiene un título universitario. Se puede decir que Suiza es un verdadero gran laboratorio de investigación. Si en Europa como media apenas 10 de cada 1000 personas en activo trabajan en el área de I+D, en Suiza lo hacen 13. En todo el mundo, sólo Finlandia alcanza actualmente una cifra superior. En esto hay que destacar el papel predominante del sector privado, que crea dos de cada tres puestos de trabajo en I+D y que mantiene junto con las universidades un sistema de investigación eficiente en el que las empresas privadas y las universidades comparten esta tarea. Mientras que el sector privado se dedica sobre todo a la investigación y el desarrollo aplicados y a transformar los resultados de la investigación en productos aptos para el mercado, las universidades se concentran en la investigación básica. Las escuelas universitarias, que se dedican sobre todo a la investigación y al desarrollo aplicados y que se orientan especialmente a las necesidades de las numerosas pequeñas y medianas empresas, son un eje fundamental del sistema. Los resultados de este sistema, que surge de la colaboración ideal entre el sector público y el privado, son notables en muchos sentidos: En Suiza es intensa la actividad de publicación: con alrededor de 2,1 estudios científicos por cada 1000 habitantes, el porcentaje de publicaciones en Suiza duplica con creces a la media de la OCDE (aproximadamente 1 publicación por cada 1000 habitantes). Con ello, Suiza se sitúa en segunda posición, sólo superada por Suecia. Suiza se sitúa en cabeza en la categoría de «investigación interdisciplinaria», «ciencias materiales», biología/bioquímica», «ecología » e «inmunología». Se sitúa en la segunda mejor posición en el área de «ingenierías», «informática», «física» y «química», así como en «biología molecular/genética». Suiza está entre los países con mayor número de patentes: según una estadística de la OCDE, el 4 por 100 de todos los registros de patentes del mundo se realizaron en Suiza. Corea del Sur alcanza, por ejemplo, el mismo valor, mientras que EEUU consigue el 8 por 100. Todos los países del mundo se enfrentan a los mismos desafíos: la eficacia actual de su ciencia y de su investigación se basa siempre en las inversiones de tiempos pasados (el que hoy no siembra, mañana no podrá recoger los frutos). El Gobierno suizo considera la educación, la investigación y la innovación áreas de interés político prioritario, a las que hay que dedicar en el futuro próximo fondos extraordinarios. Para fomentar que Suiza siga siendo también en el futuro competitiva en el ámbito internacional, se propone un crecimiento medio anual de los recursos totales de alrededor del 5 por 100. Esto supone un compromiso financiero del Gobierno central para promover la educación, la investigación y la innovación en el período 2004-2007 de alrededor de 11.300 millones de euros.

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Sistemas de investigación

Estados Unidos y Francia son dos casos interesantes no sólo por la importancia de esos países sino también porque representan dos modos de organización del sistema de investigación totalmente distintos. En 1994 el Congreso norteamericano, preocupado por una presunta pérdida de competitividad de su economía, exigió que el 60 por ciento del presupuesto de la National Science Foundation fuera dirigido hacia proyectos "relevantes para las necesidades nacionales". En un sentido similar, el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia define como su primera misión "lograr el avance de la ciencia y el progreso económico y social de su país". Más cerca aún, Brasil: el Estado apoya la investigación en "cumplimiento de su responsabilidad de promover y estimular la producción de conocimientos necesarios para el desarrollo económico y social". El sistema norteamericano de investigación podría definirse como una cadena de transmisión de investigación básica y orientada desde el sistema público, con fuertes inversiones, que es capaz de generar una tupida red industrial de alto valor tecnológico y de investigación aplicada. A esa red no le es ajena la transferencia de tecnología.

¿Qué le pasó a Japón?

No hay ninguna experiencia de un fuerte desarrollo de innovación que no esté basada en un sistema de ciencia y tecnología dinámico y creativo y en un fuerte sistema universitario, no hay ningún ejemplo en los últimos 25 años en el mundo. Y si quieren un contraejemplo, que es interesante, tomen Japón porque tiene, por un lado, un fuerte sistema científico y tecnológico basado sobre todo en las empresas, en las grandes empresas japonesas que generan sus propios departamentos y laboratorios de investigación reforzado por institutos de investigación del gobierno, pero con un muy débil sistema universitario. Débil ¿en qué sentido? En que es un sistema centrado, sobre todo, en la meritocracia, en producir gente muy preparada con un gran nivel de educación para introducirse en el sistema jerárquico de la gestión de las instituciones públicas y de las empresas privadas. Hay muy poca investigación de vanguardia en el sistema universitario japonés. Ningún profesor de una universidad japonesa puede dirigir un programa de investigación autónomamente sin un visado y control de una oficina central del Ministerio de Educación. Todos tenemos la imagen de Japón como un país altamente desarrollado, eso son las multinacionales japonesas, no es Japón, y no es el sistema de investigación japonés. ¿Qué ha ocurrido?. Pues que Japón parecía imparable en los años 80, y lo era sobre la base de una gran capacidad tecnológica industrial, gracias a un enorme esfuerzo de sus trabajadores y directivos, y a un modelo de relaciones sociales muy avanzado que garantizaba empleo y participación a los trabajadores a cambio de que devolvieran todos su conocimiento y experiencia a la empresa, y se dedicaran totalmente a ella y a su vida laboral. O sea, el modelo de relaciones sociales del Japón era mucho más importante que todo lo demás en la competitividad japonesa. Ese modelo permitió adaptar innovaciones tecnológicas europeas y americanas, y utilizar esa innovación y fabricar mejor, más barato y de mayor calidad. Pero cuando Japón llega, por su propio éxito, a la frontera de la innovación, se para. Se para porque no puede ir más allá, y se para, en particular, en tecnologías decisivas como la ingeniería genética y, sobre todo, Internet. Ahora, el sistema de investigación japonés se está relanzando, en particular DoKoMo, que se ha convertido en el gran competidor que tienen los sistemas de acceso móvil para Internet de las grandes empresas escandinavas, sobre todo Nokia y Ericson. El gran competidor de Nokia y Ericson es DoKoMo, que proviene de la empresa NTT de telecomunicaciones japonesas. Pero, ¿cómo lo han hecho? Han esperado que se desarrollara todo el sistema de telefonía móvil y de acceso a Internet de Nokia, Ericson y Motorola, y lo han copiado. Lo hacen mejor y con mayor dinamismo. Por lo tanto, el conocimiento científico y tecnológico depende de la relación con un sistema universitario de calidad y dinámico, como Japón no posee un sistema universitario de calidad se encuentran limitado a mejorar lo que copia y esto lo hace a través de sus empresas y no de sus universidades.

Competitividad e innovación

Hay dos tipos de competitividad. La competitividad asociada a la baja de costos y la competitividad asociada al incremento de productividad. Este ultimo tipo de competitividad es el caso que se ve, por ejemplo, en California -pero también Nueva York- en donde ha habido incremento de productividad que se ha reflejado asociado a dos factores: al desarrollo de las nuevas tecnologías y al desarrollo de un modelo empresarial en red. En Europa, destaca Escandinavia, sin Noruega que es un país de rentistas del petróleo -si fueran árabes los llamaríamos jeques- que no quieren saber nada de tecnologías de información. Pero en los países escandinavos como Suecia, Dinamarca y Finlandia es donde ha habido mayor crecimiento de productividad y de competitividad. Eso permite, tanto a las regiones de Estados Unidos donde esto se ha desarrollado como en las regiones como los países escandinavos, el crecimiento simultáneo de tres indicadores, que son: alta tasa de crecimiento, baja tasa de desempleo y baja inflación. Sólo hay una explicación posible para que estas tres variables vayan juntas: incrementos de productividad. Si no es teóricamente imposible. Si se pasa de países o de regiones a sectores de telecomunicaciones, sectores de informática, sectores de microelectrónica, sectores de ingeniería genética, es decir, todos aquellos sectores tecnológicamente más avanzados y más organizados en red, todos esos sectores, y casi todas las empresas de esos sectores, registran tasas de productividad considerables. La productividad genera crecimiento económico, bajo desempleo y baja inflación. Estas variables están determinadas por productividad y competitividad. La productividad genera renta que se distribuye en consumo e inversión. Consumo que vuelve a estimular el crecimiento económico como demanda, naturalmente, e inversión -esto es fundamental- que va a los mercados financieros. Es decir, los mercados financieros son los que reciben la inversión. La inversión no va directamente a la empresa, o va a través de la empresa al mercado financiero, ninguna empresa guarda su dinero en la empresa, pasa por el mercado financiero para financiar la empresa, por tanto, todo lo que no se consume y vuelve al mercado como demanda, va al mercado financiero. Esta parte es fácil, estamos todavía en teoría económica clásica, simplemente recordando que esto es relativamente raro. El desarrollo de estas tres variables conjuntamente es relativamente raro en la historia económica reciente. La productividad y la competitividad son fundamentalmente determinadas por la innovación. ¿De dónde viene y cuál es la base de esta innovación? La respuesta se obtiene estudiando empíricamente el Silicon Valley. Lo que determina la capacidad de innovación tecnoeconómica es el conocimiento científico-tecnológico, parece una verdad de Perogrullo, pero es así. Lo primero es el sistema de ciencia y tecnología más el sistema universitario. Eso es lo esencial.

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sábado, 14 de octubre de 2006

La inversión extranjera en la Argentina

La inversión extranjera y el crédito internacional sólo son útiles cuando forman parte de políticas internas de transformación determinadas para incorporar la ciencia y la tecnología en los acervos nacionales de conocimientos, afianzar el protagonismo de las empresas nacionales y promover la educación. Esta es la experiencia contemporánea de los países más exitosos de Asia, como Corea, Taiwán, Malasia y, también, la de los dos gigantes del Pacífico, India y China. Estos países recibieron y reciben importantes inversiones extranjeras pero más del 90% de la inversión productiva se financia con ahorro interno que alcanza proporciones del 30% del producto bruto interno (PBI), las empresas nacionales son actores decisivos del desarrollo y, en tales condiciones, las filiales de empresas extranjeras se integran al proceso interno de transformación y proyección de esos países a los mercados internacionales. De este modo, la inversión extranjera contribuye a la elevada tasa de crecimiento de la producción y el empleo en esos países, la mejora de las condiciones sociales y el fortalecimiento de su posición competitiva en los mercados internacionales. La experiencia de América Latina y la de Argentina en particular, es muy distinta. En nuestro país, en la década del ’90 y hasta la crisis 2001/02, ingresaron 80 mil millones de dólares de inversión privada directa extranjera, cuyo stock en proporción del PBI aumentó del 6% a más del 30%. Sobre estas bases se produjo el más extraordinario proceso de extranjerización de una economía nacional en el mundo contemporáneo. En efecto, en las ventas de las 500 mayores empresas del país, más del 80% corresponde a filiales de empresas extranjeras, las mismas que ocupan posiciones dominantes en la infraestructura, el petróleo, la minería, los servicios y diversas ramas industriales. La venta masiva de activos públicos y privados nacionales y la incorporación indiscriminada de inversiones extranjeras, en el marco de políticas que debilitaron la competitividad de la industria y las empresas nacionales, en particular, la sobrevaluación del peso, provocó una combinación perversa de extranjerización con caída de la tasa inversión/PBI, estancamiento económico, fractura del mercado de trabajo, aumento de la pobreza y la exclusión, caída de los salarios reales y mayor desigualdad. Durante el prolongado período de la hegemonía neoliberal, la política argentina se fundó en el principio que la inversión extranjera es útil y beneficiosa en cualquier caso. La experiencia de nuestro país y la de otros revela que esto no es cierto. La misma solo puede cumplir un papel positivo en el marco de políticas de desarrollo nacional de la industria, la educación y el fortalecimiento del sistema nacional de ciencia y tecnología asociándolo a la producción interna de bienes y servicios.

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La transferencia educativa: dos ejemplos

El concepto de ‘transferencia educativa’ ha sido usado en el campo de la educación comparada para denotar los movimientos de instituciones, prácticas e ideas educativas de un contexto a otro. Un ejemplo de transferencia educativa se dio con el intento por transformar a Japón en una nación moderna durante la Restauración del Emperador Meiji (1868-1912). Japón no solo necesitaba un sistema educativo nacional para proveer mano de obra especializada para su desarrollo económico y militar, sino que también se intentaba crear un estado nacional unificando a los 280 feudos en que estaba dividido su territorio. La educación era percibida como una de la “armas secretas” de Occidente. Por lo tanto, se pensaba que si Japón quería competir con Occidente necesitaba importar la educación occidental. El modelo administrativo fue tomado de Francia, mientras que las escuelas comunes mixtas, las escuelas normales y la educación técnica (especialmente la relacionada con la agricultura) fueron transferidas desde los Estados Unidos. Otros casos se dieron luego de que la Unión Soviética lanzara los satélites Sputnik a fines de la década del 50. Las escuelas estadounidenses comenzaron a ser criticadas por ser represivas y brindar una educación sin sentido. El periodista Charles Silberman definió al problema como una crisis nacional de la cual se hacía responsable a las escuelas públicas. La ‘solución’ fue hallada en las escuelas primarias inglesas. Académicos como Joseph Featherstone y Lillian Weber fueron los pioneros del movimiento y llegaron a estar 18 meses observando las escuelas inglesas. En 1969 equipos de trabajo de más de 20 ciudades estadounidenses fueron a Inglaterra y en 1971 más de 300 artículos habían sido publicados en Estados Unidos sobre las escuelas primarias inglesas. A fines de la década del 60 y principios de los 70 la cantidad “escuelas libres” creció rápidamente, llegando a más de 500 en 1972. Tradicionalmente, tal como se ve en los ejemplos presentados, la transferencia educativa respondía al siguiente modelo: (1) se identificaba un problema local; (2) se buscaba una solución al problema en otros sistemas educativos; (3) una tecnología social que había funcionado (o que se creía que había funcionado) era adaptada al nuevo contexto y luego implementada. (4) Estos procesos se daban en orden cronológico.

lunes, 9 de octubre de 2006

Los Parques Científicos anticipan las olas tecnológicas

Aquellos países cuyo crecimiento está basado en la innovación tecnológica y en sectores intensivos en tecnología han obtenido resultados ciertamente espectaculares en su evolución reciente. Una estrategia que lleve a un país a participar activamente en la innovación tecnológica, favorece un crecimiento diferencial relevante, un afianzamiento de su competitividad y un modelo capaz de afrontar las sucesivas olas tecnológicas que se impulsan más aceleradamente en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento. Por ejemplo, el entorno del Silicon Valley viene anticipando las olas tecnológicas que han producido impactos relevantes en el desarrollo tecnológico y en las economías de todo el mundo. Anticipó puntualmente los circuitos integrados, el PC, el desarrollo del software, Internet, y señala también inequívocamente una revolución tecnológica de hondo calado a través de la confluencia de la infotecnología, la biotecnología y la nanotecnología.

La investigación en las universidades alemanas

La Universidad de Jena es la que más descubrimientos ha presentado durante los últimos años dentro de las ciencias naturales clásicas: entre 2002 y 2004, los científicos del centro alcanzaron 61 hallazgos en campos como la Biología, la Química o la Física. Por lo que respecta a la medicina, son el centro Charité de Berlín así como los de Colonia, Freiburg, Tübingen y Heidelberg los que se destacan: la universidad berlinesa ha conseguido 128 descubrimientos en esa área. En las investigaciones farmacéuticas sobresalen las universidades de Erlangen-Nürenberg, Greifswald y Munich. Desde 2002 en las universidades alemanas funciona el llamado "Privilegio de los profesores": los investigadores deben presentar a sus respectivas universidades los descubrimientos que han conseguido; los centros deciden entonces si les ceden los derechos para patentarlos o bien se los quedan ellos mismos. De esta forma, el número de hallazgos presentados sirve para ver cuál es el rendimiento de cada uno de los centros universitarios.

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domingo, 8 de octubre de 2006

I+D = Competitividad

Los países del primer mundo invierten entre 2 y 3% de su PBI en actividades de I+D. Los países que muestran mejores indicadores de crecimiento y productividad laboral, son aquellos que invierten eficientemente sus recursos en la promoción de la innovación tecnológica en sus empresas. Los países con un mayor índice de tecnología son aquellos que obtienen mayores niveles de productividad. La innovación tecnológica tiene el efecto de generar y contribuir a una mayor eficiencia en el uso de los factores de producción, y por ende mejora la performance de la empresa. La tecnología, expresada a través del conocimiento como factor de producción, al permitir un uso eficiente de los insumos, desmaterializa la producción, es decir, hace necesario menos unidades de insumos para la producción de una unidad de producto convirtiendo las ventajas comparativas de los países en vías de desarrollo, vale decir, recursos naturales y mano de obra, en prescindibles. Los incrementos en el PBI no generan desarrollo si no van acompañados de un aumento en la intensidad tecnológica de la producción, de manera que el crecimiento sin innovación tecnológica no incrementa el empleo ni el ingreso per capita de los países en vias de desarrollo. El cambio tecnológico es la fuente principal del incremento de la productividad en las empresas.

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Alemania y su carrera por las nuevas tecnologías

Alemania es uno de las naciones con mayor potencial innovador en el conglomerado europeo. Se sitúa conjuntamente con los países escandinavos Finlandia, Suecia, Dinamarca y con Suiza, a la cabeza de las naciones innovadoras. Francia y Gran Bretaña apenas logran ocupar un nivel medio. Con el fin de alcanzar a los líderes en el mercado internacional (EEUU y Japón) el Gobierno alemán ha desarrollado un plan a largo plazo. Con su "Estrategia de Tecnología de Alto Nivel" el Gobierno alemán pretende la creación de 1,5 millones de plazas de trabajo al impulsar la implementación de investigaciones científicas en la práctica, es decir, convertir los inventos de laboratorio en productos maduros para ser vendidos en el mercado. Con una inversión de 15.000 millones de euros hasta el 2009 se quiere crear vínculos entre el mundo científico, la industria y la economía. Hasta el 2010 se pretende que las inversiones de investigación y desarrollo asciendan al 3 por ciento del Producto Interno Bruto alemán y se concentren específicamente en estimular la investigación, fomentar talentos y el impulso de tecnología puntera en 17 áreas, entre las que destacan la tecnología del sector salud, seguridad, ecología, información y comunicación, aviación, microsistemas, biotecnología y tecnología de materiales.

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Conocimiento y desarrollo

El desarrollo tecnológico que permite incorporar valor agregado a la materia es la clave para el progreso. La prosperidad de un país está condicionada por el desarrollo tecnológico, y por el conocimiento que permite controlar los procesos productivos permitiendo la incorporación de valor agregado. Hoy en día incorporar valor agregado a los productos y desarrollar nuevos materiales es la única alternativa para alcanzar el desarrollo, es decir, hay que agregar valor con conocimiento. Pero para lograr este objetivo resulta fundamental diseñar políticas que permitan canalizar un mayor flujo de recursos al desarrollo científico. Hay que poner mayor énfasis en la ciencia, la tecnología y la innovación de lo contrario no saldremos del lugar en que estamos y continuaremos dependiendo de otros países para siempre. Pero hay que tener muy en claro que la decisión que se tome en este sentido no va tener impacto en el corto plazo, sino que se trata de proyectos que pueden tardar varios años en consolidarse. Gran número de científicos latinoamericanos de primer nivel en diferentes áreas del conocimiento viajan a lugares como el Silicon Valley en Estados Unidos para presentar ahí sus proyectos ¿por qué lo hacen?: porque allí encuentran la financiación de sus proyectos pero la tecnología que producen queda despues para el enriquecimiento de Estados Unidos, no de los países que financiaron los estudios de esos científicos. Esto es una vergüenza y es una soberana estupidez entregarle, como en bandeja, a los yanquis el poco conocimiento de que somos capaces de crear con nuestros paisanos. Debemos financiar los proyectos de nuestros científicos. ¿Cuándo dejaremos de ser estúpidos?.

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La independencia tecnológica obsesiona a los europeos

Los europeos están muy preocupados por el atraso de Europa en relación con los Estados Unidos en áreas tecnológicas muy avanzadas y muy específicas y a su destacada dependencia de ese país en dichas áreas. Efectivamente, en temas tales como la defensa militar, la investigación del espacio, el tráfico aéreo, la observación y vigilancia terrestre y varios otros, así como en las tecnologías que constituyen la base de las nuevas revoluciones tecnológicas en marcha entre las que se encuentran las llamadas NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Información y Ciencias Cognitivas), Europa va manifiestamente retrasada. Además, los Estados Unidos no muestran ninguna disponibilidad para hacer participe al resto del mundo de sus conocimientos en ellas. Después del 11-S y de la toma del poder en aquel país de los neoconservadores, Norteamérica ha cambiado radicalmente frente a Europa (y el resto del mundo) a pesar de los paños calientes que periódicamente se aplican a las relaciones atlánticas y de los actos y discursos frecuentes sobre la OTAN y su importancia. Un poco como protección ante el terrorismo, otro poco como defensa ante la competencia que se avecina y otro poco como consecuencia de su afán de hegemonía mundial y de que el siglo XXI sea el siglo americano por excelencia, los Estados Unidos no son para nadie mas que para Estados Unidos, ni siquiera Europa figura como aliada en los planes de Washington en los tiempos que se vienen. Por eso los europeos están muy preocupados por su futuro y han decidido tomar medidas correctoras en relación con ciertas áreas en las que la dependencia no era muy preocupante mientras los Estados Unidos facilitaban el acceso a lo más necesario. Así las cosas, más de un centenar de expertos de Francia y Alemania se reunieron los pasados 24 y 25 de noviembre en Augsburgo, en el marco de un coloquio sobre Soberanía Tecnológica, y propusieron una serie de iniciativas para asegurar la autonomía de la Unión Europea en los asuntos mundiales: creación de una Agencia de Inteligencia Económica Europea, de una red de centros de I+D especializados en tecnologías estratégicas y la puesta en marcha de una estrategia que consagre al euro como moneda de intercambio para las materias primas, en sustitución del dólar. Parece que los europeos se han puesto las pilas. ¿No seria hora de que Latinoamérica deje de ser tan indolente con respecto a su futuro y haga algo parecido?.

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sábado, 7 de octubre de 2006

Historia de la corrupción en Argentina

Se pone énfasis en la pesquisa de los políticos corruptos pero no se evidencia el mismo interés por desnudar el poder económico de quienes los corrompen. Las crisis económicas, la distribución de las riquezas o la debilidad de los Estados nacionales no tienen por causa inmediata o principal el fenómeno de la corrupción. Sin embargo, la corrupción es un fenómeno endémico en nuestro pais: lleva quinientos años de historia. Ya en la colonia existian vínculos entre los negocios, los funcionarios de la corona y la corrupción. Las entregas digitadas de tierras, el contrabando, la falsificación de la moneda y el escamoteo de fondos que debían remitirse a España, eran producto de redes de complicidades que involucraban a las más altas autoridades locales y de la metrópoli. Los resultados de las asignaciones de tierras reales a allegados al poder no fueron inocuos: familias que trascendieron en el tiempo asentaron su poder económico sobre esa base. Otras se beneficiaron con concesiones comerciales cautivas. En la época colonial no era posible prosperar sin la complicidad del funcionario público. Durante las décadas inmediatas a mayo de 1810, las prácticas corruptas continuaron. Así, ricos comerciantes de la colonia se transformaron en terratenientes merced a las tierras recibidas, entre 1822 y 1830, bajo el régimen de enfiteusis impulsado por Rivadavia. Muchos de ellos pasaron a disponer de latifundios sin aportar un capital inicial ni abonar los cánones correspondientes, y con la condescendencia del Estado. También la contratación del primer empréstito externo por la provincia de Buenos Aires, en la década de 1820, constituyó un antecedente conocido de prácticas corruptas. Impulsado por financistas británicos y destinado a solventar una aparente necesidad local, el conocido préstamo de la Baring Brothers fue el hito inicial de un proceso de endeudamiento que se descargaría sobre las generaciones futuras y en el que hubo desvío de fondos y sobornos directos. Más tarde, durante las últimas décadas del siglo XIX, millones de hectáreas de tierras fiscales se entregaron a amigos y testaferros de los gobiernos, gratuitamente o a precios viles, sobre todo después de las llamadas campañas del desierto, y se concesionaron servicios y obras de infraestructura a un puñado de inversores con el aporte de escasos capitales y holgadas garantías y facilidades estatales. Las privatizaciones tuvieron un diseño cuyas pautas se reproducirían en tiempos recientes. El Estado realizaba inversiones iniciales en los servicios, forzaba luego el deterioro de sus administraciones, presionaba para privatizar y, finalmente, los malvendía. Ya en el siglo XX, la década de los ‘30 pasó a llamarse justificadamente “infame”, entre otras cosas por la grosera cooptación de funcionarios por parte de grupos de negocios locales y vinculados a capitales externos. Fenómeno que alcanzó su máxima expresión cuando las empresas extranjeras de electricidad sobornaron a prominentes jefes partidarios y concejales del gobierno y de la oposición para obtener la prórroga de sus concesiones. Por otra parte, el resultado de una investigación parlamentaria que comprobaba la colusión de intereses entre un ministro de la nación y los frigoríficos extranjeros para facilitar la evasión de impuestos por parte de éstos, terminó en el propio Congreso con el intento de asesinato del denunciante, el senador Lisandro de la Torre, y la muerte de quien se interpuso para protegerlo. Tras la máscara adusta y la declamación de inmaculadas intenciones, las dictaduras militares cobijaron igualmente prácticas corruptas y negociados. Pero fue durante la última dictadura militar que la conjunción entre violencia estatal y apropiaciones espurias llegó a su punto máximo: dio lugar a asesinatos con robos; a personas secuestradas por las fuerzas de seguridad que debieron pagar para poder salir del país y a rescates abonados por familiares de desaparecidos sin obtener nada a cambio. En numerosos casos las víctimas fueron despojadas de sus propiedades, que se transfirieron luego en forma fraudulenta con complicidad de escribanos e, incluso, de jueces. El proceso de endeudamiento externo que provocó el proceso militar estuvo plagado de maniobras ilegítimas. Autopréstamos, aportes de capital disfrazados de préstamos, declaración de endeudamientos por inversiones no realizadas, sobrefacturaciones en compras y pagos al exterior por parte de empresas locales y extranjeras, conformaron un paquete de acreencias ficticias que el Estado, sin cuestionarlas, terminó por asumir como propias. Así se llegó a los ‘90, la segunda “década infame”. Entonces, aparecieron condensadas todas las prácticas corruptas de la historia del país: enajenación de empresas estatales a precios inferiores a su valor real mediante sobornos y cohechos, redes tramadas entre funcionarios del gobierno y entidades financieras locales y extranjeras para el lavado de dinero, y la reestructuración de la deuda externa con el pago de suculentas comisiones. Con la complicidad de funcionarios se contrabandearon armas y metales preciosos, se simularon exportaciones de automotores para percibir reintegros y se hicieron licitaciones “truchas” en entidades bancarias estatales. Todo prohijado por una política económica que impulsó normas para facilitar los negocios y encubrir sus rasgos delictivos. Como ello no fue suficiente, se cooptó parte de la Justicia a fin de proteger empresas o se sobornaron legisladores para sancionar leyes, práctica que continuó en gobiernos posteriores. Para mas información consultar el libro del economista e investigador del Conicet, Guillermo Vitelli, Negocios, corrupciones y política.

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jueves, 5 de octubre de 2006

Competencia tecnológica

Como es sabido, Japón tiene una fuerte posición en el mercado de los electrónicos, no obstante EUA lo supera. Esto se explica, en buena medida, a partir de que la inmensa red industrial estadounidense se involucró en el desarrollo temprano de tal nicho -sobre todo por medio de fuertes programas de financiamiento del Pentágono a partir de la década de 1970-, un factor que le ha permitido adjudicarse las patentes de ciertas partes o componentes claves que le otorgan una ventaja en el mercado mundial. Por ejemplo, tal es el caso de los chips de conversión gráfica de la empresa National (EUA) que son imprescindibles para el funcionamiento de las impresoras láser Canon (Japón); de los chips digitáles/análogos de la empresa Burr-Brown (EUA) que son usados en todos los reproductores de CD/DVD; de los circuitos electrónicos integrados (multi-chips) que se usan en la mayoría de las computadoras, teléfonos celulares o cámaras digitales como los de Intel, Micron y Texas Instruments (todas de EUA); o de un abanico de componentes electrónicos para uso militar que soportan radiación o mayor presión atmosférica; entre otros. Más aún, un aspecto por demás estratégico en dicho posicionamiento de la tecnología parte del control de las máquinas que hacen máquinas, con lo que de fondo realmente se subordina la producción. No es casual que, por ejemplo, EUA venga apresuradamente haciéndose de más de dos terceras partes de las patentes y del mercado de la innovación y producción de instrumentos para la IyD de la nanotecnología. Se puede afirmar que la fortaleza de la red industrial estadounidense, por encima de la europea o la japonesa, es indiscutible. En efecto EUA ha constituido una red industrial muy potente y poderosa muy superior a la de Japón y a las de cualquier país europeo en solitario. Ello se identifica sobre todo en la desventaja que tienen esas últimas naciones respecto a EUA en términos de las dimensiones de su espacio geoeconómico ya que este último impone ciertos límites a la expansión de sus redes de IyD; con esto se esta haciendo referencia al financiamiento, número de investigadores y a las infraestructuras públicas y privadas, entre otros factores. En este sentido, hablar por ejemplo de la posibilidad de que Japón le arrebatarle a EUA su relativa hegemonía tecnológica es un absurdo pues el tamaño espacial-económico japonés no puede competir, en términos globales, con el estadounidense, aunque sí pueda hacerlo en nichos tecnológicos particulares (por ejemplo, electrónicos). Ahora bien, desde la perspectiva de la red industrial europea la cuestión es diferente pues estamos hablando de un espacio geoeconómico de dimensiones similares al estadounidense que se perfila como una potencial amenaza a la hegemonía científico-tecnológica de ese último país (nótese que me refiero al conjunto del desarrollo de las fuerzas productivas y no al avance de tal o cual nicho científico-tecnológico en particular, donde como se mostrará, la UE sí registra fortalezas importantes; por ejemplo, farmacéuticos). No obstante como los datos comparativos demuestran, a principios del siglo XXI la red industrial europea es humana y materialmente menor, además de que todavía enfrenta serias dificultades para coordinar el desarrollo científico-tecnológico ejecutado por cada Estado miembro (sobre todo dado a la amplitud de los distintos idiomas y a las diversas culturas e intereses particularmente nacionales más allá de los que corresponden a la UE). Por tanto, la fortaleza de la red industrial estadounidense parece alimentarse entonces, en la amplitud y fuerza del espacio geoeconómico que la sustenta y en el alto grado de condensación y sinergia de los actores involucrados.

La I+D y la industria

Se estima que en el Grupo de los 7 el financiamiento por parte de la industria de la I+D pasó en 1981 de 2.6% a un 6% en 1999. En el caso de EUA, de 1991 a 1999, el gasto empresarial y de otras fuentes nacionales (fundaciones) pasó de 5% y 20% respectivamente, a 6% y 22 por ciento. En la UE de 5% y 3%, a 6% y 7%, respectivamente. En esta coyuntura de la modalidad de financiamiento en la que las redes industriales han venido consolidando su polo de producción científico-tecnológico, se corrobora en la red industrial estadounidense una gran fortaleza en los vínculos entre la universidad y la industria, seguida por la europea y la japonesa. El vínculo entre ambos polos es tal que, una vez abierta la posibilidad de patentar las innovaciones producidas en las universidades e institutos de investigación, se han instalado una amplia gama de oficinas universitarias de tecnología encargadas de llevar al mercado (léase empresariado) dichas innovaciones. Resulta oportuno precisar que entre las implicaciones del mencionado aumento de interrelación y dependencia de recursos provenientes del sector privado/empresarial por parte los centros de educación superior, además de las relacionadas a cuestiones sociopolíticas, está en primer lugar, el hecho de que las agendas de investigación de los segundos han venido siendo modificadas crecientemente según las "peticiones" del empresariado y; en segundo lugar, que se registra un fuerte giro de la finalidad de la actividad investigativa hacia lo comercial (pues ahora una parte importante de sus ingresos provienen del negocio de la venta de los derechos sobre las patentes de sus innovaciones). Consecuentemente se ha observado que en muchos de los casos, esos centros de educación superior también pueden perder su proyección y calidad investigativa en el largo plazo -científicamente hablando- pues las demandas de los empresarios son esencialmente de tipo tecnológico y técnico (y no tanto científico) y operan en marcos temporales de corto plazo pues tal es la dinámica del mercado. Uno de los ejemplos claros de esta situación es la Universidad de California (EUA) que cuenta con numerosas patentes pero que en términos de la calidad de la investigación que las sustenta su fortaleza ha disminuido en los últimos 20 años. Ahora bien, tal vez uno de los fenómenos más reveladores que se registra desde las últimas décadas del siglo XX como producto de la profundización del vínculo entre el polo industrial y el polo de los centros de producción de conocimiento, es el exponencial emplazamiento de parques científico-tecnológicos a modo de corredores geográficamente estratégicos en los que se concentran universidades públicas y/o privadas y sus institutos, empresas y sus centros de investigación, laboratorios federales, así como otros actores involucrados en el negocio de la ciencia y la tecnología (consultores). Es bien sabido que los parques científico-tecnológicos, se consolidan formalmente en EUA, teniendo como antecedente los parques industriales (existentes en ese país desde principios del siglo XX y en Europa incluso antes). Como tales, los parques científico-tecnológicos no hallaron las condiciones adecuadas hasta después de la Segunda Guerra Mundial y, su generalización a nivel internacional no ocurrió hasta después de la década de 1970 cuando se registra un mayor acercamiento de los centros de producción de conocimiento con el empresariado; resultado del paquete de medidas que trajo consigo la implementación de políticas neoliberales que fomentan una contracción generalizada del presupuesto público en IyD y un condicionamiento creciente de buena parte del financiamiento remanente.

miércoles, 4 de octubre de 2006

Los parques industriales

Las primeras modalidades que más se acercan a la concepción de parque científico-tecnológico de principios del siglo XXI, son: la del Menlo Park en California (1948); el Parque Industrial de Standford en Silicon Valley al norte de California (1951); el Cornell Business and Technology Park (1951) en Ithaca, Nueva York; el Centro Industrial Waltham, entre otros, en la autopista 128 de Boston (1954); y el Research Triangle Park en Carolina del Norte (1959). No obstante, al parecer el primer parque científico-tecnológico que se vinculó a los centros de producción de conocimiento en EUA fue el de Standford, rumbo que siguieron el resto de parques arriba indicados a lo largo de las décadas de 1960 y 1970. El Research Triangle Park vinculó a la Universidad Duke de Dirham, la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Raleigh. El que se emplaza a lo largo de la autopista 128 de Boston-Cambridge hizo lo suyo con la Universidad de Harvard y el MIT. De modo similar, en Europa se identifican, entre los parques más viejos, el Sophia Antipolis (Francia) fundado por la universidad Nice-Sophia-Antipolis y el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en 1969, o el Cambridge Science Park (1970) del Trinity College. En Japón destaca la Ciudad de la Ciencia de Tsukuba (1972-3) que nace del establecimiento del parque científico-tecnológico del mismo nombre. Todos a principios del siglo XX conglomeran universidades, varios institutos y centros de investigación y numerosas empresas. Por ejemplo el Sophia Antipolis que desde entonces se extiende a modo de un extenso corredor tecnológico en toda la región francesa de Côte d'Azur, vincula 137 centros públicos de investigación, dos mil 700 investigadores y más de 1,200 empresas. Por tanto, se puede afirmar que a nivel internacional el establecimiento de parques científico-tecnológicos ha sido un proceso propiamente de fines del siglo XX. La fortaleza de la red industrial estadounidense en este polo queda entonces patente no sólo en el amplio número de parques científico-tecnológicos, sino sobre todo por las dimensiones totales de la infraestructura para la IyD que ya en 1997 se calculaba que estaba compuesta por al menos unas 35 mil instituciones de diversa naturaleza. Tan solo el sistema de educación superior de EUA toma cuerpo con 3.300 entidades: 1.500 públicas y 2.000 privadas.

Los centros de producción de conocimiento

Dos son los espacios que se identifican como centros de producción de conocimiento: por un lado, las universidades y sus institutos y centros de investigación públicos (por ejemplo, la Universidad de California en EUA), y por el otro lado, aquellos de carácter privado (por ejemplo, Massachusetts Institute of Technology en EUA). Nótese que estos últimos no han de confundirse con aquellos laboratorios de investigación corporativos que más bien se colocan dentro del 'polo empresarial' puesto que son parte de las propias corporaciones (por ejemplo, Dupont Laboratories). Ambos son espacios que pueden desenvolverse en el ámbito de la investigación civil, militar o dual. En general, aquellos de tipo público están más enfocados a la 'ciencia e investigación básica', a excepción de aquellos especializados (por ejemplo, los National Health Institute de EUA en ámbito civil o, los laboratorios Alamos o Sandía de EUA en lo militar). Los espacios privados aunque igualmente desarrollan la 'investigación básica' usualmente, por su mayor e intensa relación con la industria (en comparación a los de tipo público) tienden -al igual que los centros y laboratorios públicos especializados- a cargar más su agenda hacia la denominda 'investigación aplicada'. Los datos para el caso estadounidense corroboran ampliamente lo anterior. En 2002 el sector de educación superior (púbico y privado) realizó el 53% de la investigación básica, la industria el 15% y el resto, entre los laboratorios públicos federales (una buena parte de tipo militar) y otros actores. En ese mismo año, la investigación aplicada fue ejecutada en un 65% por la industria, un 12% por laboratorios federales y un 12% por las universidades e institutos de investigación. Tal división implícita del trabajo, como puede notarse, ha permitido que la mayor parte de la 'investigación aplicada' sea desarrollada por el polo corporativo; no obstante, por la propia naturaleza del quehacer científico-tecnológico que no reconoce del todo esa división entre investigación básica y aplicada, muchas de las innovaciones tecnológicas claves siguen originándose en y desde los espacios públicos de educación superior e investigación especializada (públicos y privados, pero no corporativos). En este contexto la privatización de la educación superior y en particular de las actividades científico-tecnológicas estratégicas, por ejemplo, vía la celebración de acuerdos de cesión de derechos de propiedad y/o de comercialización, termina por consolidar el traspaso de la tecnología desarrollada en y desde el polo de los centros de producción de conocimiento hacia el polo empresarial. Esto incluye no solo las investigaciones civiles o duales, sino también aquellas de tipo exclusivamente militar. En el caso puntual de los centros y laboratorios de propiedad gubernamental especializados en ciencia y tecnología militar, aquellos que desarrollan el grueso de estas actividades dentro del polo de los centros de producción de conocimiento, aunque muchas veces sosteniéndose en la labor investigativa de las universidades públicas y privadas por medio de contratos gobierno-universidad, vale puntualizar que las alianzas con la industria son establecidas, ciertamente bajo estrictos contratos o esquemas de 'cooperación' público-privados que restringen el actuar del empresariado en base a consideraciones de 'seguridad nacional'.

El caso estadounidense

La industria militar es sabido que históricamente ha jugado un papel central dentro de la red industrial estadounidense, pero también lo hace, de modo importante en la europea. En los orígenes y desarrollo de la red industrial estadounidense, esta la crisis de 1929 y poco después, la Segunda Guerra Mundial que fueron elementos claves para terminar de consolidar en EUA, en torno al Proyecto Manhatan, una alianza institucional que incluía la elite de empresarios, de profesionales, militares y políticos con el supuesto objeto de resolver todos los problemas relacionados a la seguridad nacional, el progreso económico y la estabilidad social. El proceso se dio de tal suerte que, para finales de la década de 1940 las promesas económicas de la ciencia corporativa estaban atadas a la sensibilidad militarista que emergió durante los años de guerra generando toda una nueva ideología: 'el militarismo científico'. La tendencia estadounidense es igualmente aplicable para el caso británico. En la guerra de 1914-1918, por primera vez las debilidades tecnológicas del imperio británico fueron expuestas de manera dramática al punto que fue necesario que el gobierno interviniese directamente en la administración de la ciencia, que se estableciera el departamento de investigación científica e industrial y que surgieran las primeras asociaciones de empresa privada/estatal de investigación cooperativa.A partir de 1950 y culminando a mediados de 1960 se estableció en EUA una serie de nuevas regulaciones en el nivel de toma de decisiones de las principales fábricas, producto de la ampliación de contratos gubernamentales realizados por las agencias militares y de la industria espacial ya desde el periodo de entre Guerras. Según datos de 1951, un año después de entrar en operación la National Science Foundation de EUA, los contratos del Departamento de la Defensa y la Atomic Energy Comission constituían el 40% de los fondos dirigidos a la investigación industrial y académica en ese país. Para 1960, el financiamiento a la investigación con fines militares, ascendía a más de la mitad del financiamiento industrial total de EUA. El Pentágono se transformó, crecientemente en el principal cliente y administrador de las firmas de máquinas-herramientas. Ello se comprende mejor si se tiene presente que las firmas que operan dentro de la economía militar administrada por el gobierno federal comparten condiciones de operación inexistentes en la economía civil. Las ganancias están garantizadas de antemano ya que, en la mayoría los casos, el producto es vendido antes de ser elaborado, por medio de los programas de adquisición del Pentágono. La "ganancia" no se deriva de relaciones de "mercado", sino gracias a "vinculaciones" de orden político-militar y administrativo. Es realmente irónico que en una economía que se precia de ser libre la operación de mayor envergadura del gobierno es el manejo de su economía militar por medio de una administración central. Es absolutamente increíble que los avances técnicos mas importantes de una economía supuestamente de mercado sea producto de no del libre juego de la oferta y la demanda sino de “vinculaciones” de orden político-militar que nada tienen que ver con el libre comercio. Más de 37,000 firmas industriales o divisiones de esas firmas y más de 100 mil subcontratistas operan bajo el control de una oficina de administración federal con cerca de 50 mil empleados. Probablemente se trata de la administración industrial centralizada y estatal de mayor envergadura del mundo.

Gasto total en I+D

Si al gasto público en I+D se le suma el gasto privado en I+D tenemos el gasto total en I+D. El gasto total en I+D en el periodo de 1991 a 2003 pasó en EUA de 191 mil millones de dólares (a precios de 2000) a 268 mil millones; en la UE de 145 mil millones a 189 mil millones de dólares; y en Japón, de 81 mil millones a 107 mil millones de dólares. El gasto total en I+D de EUA, en base a datos de 1995 a 2003, se ha compuesto en un 60-67% de fondos empresariales (privados), en 28-35% de fondos públicos y en un 4-6% de otras fuentes nacionales (fundaciones -privadas-, etcétera). En la UE se registra una proporción de 52-56% de fondos empresariales, 34-39% de fondos públicos, 1.5-2% de otras fuentes nacionales y, 7-8% de inversión extranjera directa. Finalmente para el caso de Japón, se tiene un 72-74% de financiamiento privado, 18-21% de financiamiento público, 7.5-10% de otras fuentes nacionales y entre el 0.1 y 0.4 de inversión extranjera directa. Si nos enfocamos al rubro empresarial, podemos dar cuenta de que se trata del nodo más potente pero nótese que no puede funcionar como tal sin sus otras dos contrapartes (el sector público y el polo de creación de conocimiento). Es un polo dominante que cuenta con su propia fuerza, pero en el aspecto de la ejecución del gasto en IyD, se observa una importante y constante transferencia de fondos del sector público hacia el empresarial en EUA y la UE, dicho de forma mas simple, el estado provee de fondos a las empresas para que estas lo gasten en I+D. Nótese que el alto nivel de inversión del sector empresarial japonés que es consecuencia, en parte, del reducido espacio geoeconómico de ese país que lo obliga a salir de sus fronteras, por lo que consecuentemente su gasto en IyD debe ser consolidado a través del sector empresarial (de ahí que el primero represente casi tres cuartas partes del gasto total en IyD de la esa nación).

La I+D en Europa

La UE viene registrando importantes aumentos en el gasto en defensa. También aplica varias iniciativas y programas para mejorar y fortalecer la infraestructura, el abastecimiento de personal calificado, la competitividad de su sector empresarial y la integración de su red industrial como un todo, al tiempo que se insiste en la urgencia de incrementar su gasto público en IyD del 0.7% (2005) al por lo menos el 1% de su PIB; es decir de incrementarlo en casi un 50 por ciento. La UE se perfila como la segunda red industrial más importante a nivel mundial que, a diferencia de Japón con su muy limitado espacio geoeconómico, sí tiene condiciones factibles para plausiblemente amenazar la hegemonía tecnológica de EUA (no son casuales, por ejemplo, los fuertes conflictos trasatlánticos en torno al financiamiento de Boeing [EUA] y Airbus [UE]). Europa canaliza su gasto público en IyD mediante la Comisión Europea (CE) que funde como organismo supranacional gestor de diversos proyectos que se condensan bajo un mismo programa: el Research Framework Programme (FP). Entre los proyectos centrales están los concentrados bajo la coordinación de la European Science Foundation (ESF), también denominados EUROCORES (European Science Foundation Collaborative Research) y que tienen como propósito crear sinergias entre los países miembros en áreas estratégicas de investigación. La ESF recibe financiamiento de la Comisión por medio de los FP, así como del European Cooperation in the Field of Scientific and Technical Research (COST) un sistema de cooperación intragubernamental. Otra línea de acción fundamental de la Comisión -desde 2000- es la European Research Area, es decir de la consolidación de lo que califica como "Área de Conocimiento Europea". Para ello, la CE ha puesto en marcha diversos mecanismos como lo son los Fondos Estructurales y de Cohesión del Banco Central Europeo; el Programa de Innovación y Competitividad para el apoyo a la pequeña y mediana empresa europea, o la transferencia y financiamiento de la innovación tecnológica por medio de capital de riesgo. Por lo tanto, en EUA, se ha puesto en marcha un paquete de iniciativas para el establecimiento y fortalecimiento de las sinergias entre los polos de su red industrial.

La competencia en ciencia y tecnologia

Tres son los actores centrales para descifrar el desarrollo científico tecnológico y de ahí industrial de cualquier región o país: el Estado nación, las unidades económicas (las empresas) y el sistema científico-tecnológico (las universidades y los centros de investigación públicos y privados). En los Estados nacionales centrales tales actores se han caracterizado por tener fuertes conexiones entre sí, es decir, una serie de vínculos a modo de una vasta y compleja red. Tal "red industrial" refiere obligadamente al funcionamiento consolidado y en sinergia de todo el conjunto de dichas relaciones. Existe una competencia en ciencia y tecnología, particularmente entre las redes industriales de Estados Unidos (EUA), Europa y Japón que se perfilan a la cabeza al desarrollar el grueso de la ciencia y la tecnología del orbe. La estructura del Estado nación enfocada a las actividades de investigación y desarrollo (IyD) de la ciencia y la tecnología varían de país a país, pero en términos generales, las más potentes -por sus dimensiones y fortalezas- son la estadounidense, la europea y la japonesa. Ese conjunto de países encabezaban, y por mucho, los índices de inversión pública en IyD a nivel mundial (ojo, no de inversión total en IyD y que incluye la de tipo privado): en 1991 EUA había destinado 64 mil millones de euros, la UE 48 mil millones y Japón 11 mil millones. Para 1999, las cifras eran de 61 mil millones, 47 mil millones y 15 mil millones respectivamente. En 2000, los datos para EUA indican los 67 mil millones y para la UE los 54 mil millones de euros. Vale la pena destacar el estancamiento de la inversión pública de EUA a lo largo de la década. Una nueva tendencia en los ritmos de inversión en IyD arranca a partir del nuevo milenio, sobre todo después de los eventos del 11.09 de 2001 y el inusitado estímulo al gasto militar (buena parte en IyD) que se registra a nivel mundial, pero sobre todo en EUA. El presupuesto público de 2001 en ciencia y tecnología registró en ese país un incremento de poco más del 10 por ciento al colocarse en 86 mil millones de dólares (no euros). En 2002 el monto fue de 93 mil millones, en 2003 de 106 mil millones, en 2004 de 112 mil millones y en 2005 de 115 mil millones de dólares. De ese aumento, en 2005 más del 58% fue para el desarrollo de ciencia y tecnología militar. Ante ello, la UE y Japón están tratando de cerrar la gran brecha que en estos últimos años amplió el intenso gasto público de EUA. Japón por su lado, fortaleció y amplió el impacto de su "Plan Básico de Ciencia y Tecnología" (2002-2006) y desde el cual, entre otras cuestiones, incrementó el financiamiento sujeto a la productividad. Además, desde un paquete de medidas implementadas por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria viene intensificando las relaciones universidad-corporación y con ello, de la comercialización de la investigación.

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