jueves, 14 de agosto de 2014

Las inversiones en América Latina superan los $93.000 millones en el primer semestre del año

El número de fusiones y adquisiciones realizadas en Latinoamérica en lo que va de año asciende a 829 transacciones. Lo que ha supuesto un volumen de inversión de 93.321 millones de dólares, cifra que representa ya el 70 % de lo invertido en todo el año 2013 (132.252 millones). En el mes de julio se han contabilizado 138 transacciones que han implicado un volumen de 9.514 millones, lo que supone un incremento del 144,5 % respecto a los 3.890 millones registrados el año pasado, según el último informe de la consultora TTR. Del total de adquisiciones y fusiones, 45 fueron realizadas por compañías extranjeras en Latinoamérica, 14 de empresas locales hacia el exterior y el resto entre sociedades de la región. Brasil, país que suele estar en los primeros puestos del ránking, ha recibido casi el 80 % del volumen de inversión total por fusiones registrado en julio (7.535 millones). Entre las operaciones efectuadas en el país carioca destaca el anuncio de compra de la suiza BSI Bank por el Banco BTG Pactual por un importe de 1.683,87 millones de dólares. Tras Brasil, se sitúan por volumen de inversión en adquisiciones y fusiones Colombia, con 881 millones, México (392 millones), Argentina (389 millones), Chile (288 millones) y Perú (29 millones). En cuanto a las fusiones clasificadas dentro de capital riesgo (private equity), en julio se han realizado un total de 14 operaciones con un valor total de 1.309,44 millones. Los sectores de distribución y retail, finanzas y seguros, y tecnología, han sido los que más operaciones de private equity han apuntado en lo que va de año.

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Los países ricos suelen pontificar sobre el manejo "irresponsable" y "corrupto" de muchas naciones, pero lideran de lejos la tabla de los países más endeudados

LOS 12 PAÍSES MÁS ENDEUDADOS por PIB en 2012:

1) Japón: 237%
2) Zimbabue: 202%
3) Grecia: 158%
4) Jamaica: 146%
5) Eritrea: 125%
6) Italia: 126%
7) Portugal: 122%
8) República de Irlanda: 117%
9) Granada: 112%
10) Estados Unidos: 106%
11) Islandia: 99,3%
12) Bélgica: 99%
13) Reino Unido: 90,3%
14) Francia: 90,29%
Fuente: Global Economic Outlook, Fondo Monetario Internacional (FMI)

Japón encabeza el ránking por amplio margen y entre los 14 países más endeudados del planeta, sólo Zimbabue, Jamaica, Eritrea y Granada pertenecen a los más pobres.
Estados Unidos, Grecia, Italia, Portugal e Islandia están entre los países desarrollados con deudas por encima del 100% de su Producto Interno Bruto (PIB), es decir, de todo lo que produce la economía nacional en un año.

Según una autoridad mundial en temas de deuda, Robert Pollin, co-director del Political Economy Research Institute(Peri) de Massachussets, EE.UU., este endeudamiento es un privilegio de los países ricos que, sin embargo, tiene un precio.

"Muchos países desarrollados pueden endeudarse en sus propias monedas y acceder a los mercados financieros a muy bajas tasas de interés. Endeudarse de esta manera para financiar el crecimiento o salir de una crisis es una gran ventaja, pero no es un viaje gratis. Todo depende de las circunstancias de cada país". 

El problema es que la deuda ha crecido a pasos agigantados en muchos países desarrollados en los últimos 20 años.

Japón pasó el umbral del 100% del Producto Interno Bruto en 1997: hoy se sitúa alrededor del 240% del PIB.

En Grecia era un 115% en 2007 y se acercará a 200% a fin de este año. Portugal y España duplicaron su deuda en seis años. En Italia pasó del 112% hace siete años a más del 130% hoy.

El manejo de la deuda depende sobre todo de la tasa de interés. Hoy está a niveles muy bajos históricamente tanto en Estados Unidos como en Europa y Japón, pero tarde o temprano, aumentará.

"Un aumento de las tasas de interés puede complicar las cosas. Esto sucedió en Estados Unidos en los 80 con Ronald Reagan, porque se pagaba un 10 o 11% a diferencia de hoy que pedimos prestado a un 1 o 2%. De modo que en aquella época una buena parte del presupuesto se destinaba al pago de intereses", indicó Pollin.

Es uno de los peligros de un aumento exponencial de la deuda: América Latina conoció el problema de primera mano.

 

Deuda de América Latina por PIB 2012

1) Brasil: 68%
2) Venezuela: 57%
3) Uruguay: 53%
4) El Salvador: 52,1%
5) Nicaragua: 52%
6) Argentina: 44%
7) México: 43%
8) Honduras: 34,6%
9) Costa Rica: 34%
10) Bolivia: 33%
11) Colombia: 32%
12) Guatemala: 25%
13) Perú: 19%
14) Ecuador: 18%
15) Paraguay: 11,3%
16) Chile: 11,2%
Fuente: FMI

En los años 80 la deuda fue un albatros que ahogó la economía regional y condujo a lo que hoy llamamos la década perdida, dice Justo.

La "salida" de esta crisis incluyó varias reestructuraciones de deuda, mucha ingeniería financiera (Plan Baker, Plan Brady), cesaciones de pago y heridas que no terminan de cerrarse como se puede ver en el caso de Argentina y los fondos buitre.

Según el Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (Obela) y académico de la UNAM en México, Oscar Ugarteche, el precio económico regional fue muy alto.

"El servicio de la deuda se llevó una porción cada vez más grande del presupuesto que se robó a la inversión pública en infraestructura o en educación o salud. El impacto de esta desinversión fue un menor crecimiento económico que dificultó aún más el pago de la deuda y que a mediano y largo plazo creó problemas de competitividad por la falta de inversión en la infraestructura que necesita toda economía para desarrollarse", indicó a BBC Mundo.

Esta penosa experiencia no pasó en vano, como señala un informe sobre la finanzas públicas de la región publicado este año por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

"En 2013 el promedio de deuda se mantuvo cercano al 31% del PIB para la región. La caída del pago de intereses ha sido significativa en los últimos años en América Latina. Se trata de una tendencia de gran relevancia en la perspectiva de la calidad de las finanzas públicas, al permitir espacios para una mayor inversión y para el gasto social", señala el informe.

En términos de porcentaje del PIB la mayoría de los países tienen una deuda pública que se sitúa entre el 20 y 40 % del PIB con Brasil, El Salvador y Nicaragua entre los más endeudados en términos porcentuales y Chile y Paraguay entre los que menos deben.

Fuente: Mercado

martes, 8 de julio de 2014

Los buitres van por España

El fondo buitre NML Capital, que junto a otros tiene a Argentina al borde de la suspensión de pagos, ya está devorando carroña en el mercado español. Elliott Management, fondo oportunista del multiespeculador estadounidense Paul Singer, ya se ha hecho con mil millones de euros en créditos fallidos de Bankia y con 300 millones de euros del Santander. Se estima que por ambas carteras apenas ha pagado 50 millones, según Auraree.com. En marzo de 2013, la prensa económica española informaba de que Elliott había adquirido al Grupo Santander una cartera de 300 millones de euros de créditos al consumo morosos de Santander Consumer Finance, con un descuento que ronda el 96%. El precio que pagó fue de risa: alrededor de 12 millones de euros. En agosto del mismo año 2013, Bankia, la entidad nacionalizada más beneficiada por el rescate a la banca española, lo que ha elevado considerablemente la deuda pública, informaba de que había vendido tres carteras de créditos fallidos por un volumen total de deuda de 1.353,9 millones de euros. En el hecho relevante comunicado a la CNMV, no informaba sobre a quién había vendido los préstamos, ni a qué precio. Pese a la evidente falta de transparencia, la prensa económica ha puesto nombres y números a la operación, de la que estima que puede llevar un descuento del 95%. Los compradores de las tres carteras fueron el buitre Cerberus –a quien asesora el hijo del expresidente del Gobierno, José María Aznar Jr.–, Elliott y la empresa de recobros no­ruega Lindorff. “La cartera estaba valorada en 1.354 millones, pero sólo apoquinaron 68”, publica Finan­zas.com. Nos hemos puesto en contacto con Bankia para confirmar estos extremos, y su respuesta ha sido que “por confidencialidad” nunca dan las cifras y “los compradores no quieren ser identificados”. Pocos meses después, trascendía que Elliott compraba la firma de recuperación de deudas doméstica Gesif para convertirla en su base de operaciones en el mercado español. Su directora general era Melania Sebas­tián, exresponsable de Ges­tión de Información de Banca Co­mercial de Caja Madrid, quien seguiría en la usurera Gesif. Nótese cómo una exdirectiva de Caja Ma­drid hace de intermediaria entre la ya nacionalizada Bankia y el fondo buitre Elliott. Los fondos buitre hacen dinero aprovechándose de países en dificultades, como Argentina durante la crisis de 2001, para comprar deuda a bajo precio. Luego esperan el momento oportuno para obligarles a devolverla a un precio más alto vía judicial incluyendo intereses de demora y costas judiciales. Así especulan sobre deuda pública, comprometiendo los gastos sociales que benefician a la gran mayoría de la población. Estos buitres eligieron el litigio tras haberse negado al formar parte del 93% de acreedores que aceptaron el canje con el Gobierno. Y ahora el juez del distrito de Nueva York, Thomas Griesa, prioriza el pago a los fondos buitre, lo que abre la puerta a una avalancha de demandas que podría desembocar en la suspensión de pagos en Argentina el 30 de julio. ¿Quién está detrás de estos fondos buitre? NML Capital es una filial del fondo de inversión Elliott Management Corporation registrado en el paraíso fiscal de las Islas Caimán. Es el imperio del millonario defensor del Partido Republicano estadounidense y cercano al ultraconservador Tea Party, Paul Singer. Elliott especula, entre otras cosas, con deudas públicas, violando cualquier soberanía de los Estados y sus pueblos. Pero especula también con deudas privadas y llegó en 2011 a poseer dos millones de dólares de la de Lehman Brothers. Singer fue el mayor financiador de la campaña presidencial de George W. Bush en 2004; también aportó a la campaña de Mitt Romney en 2012 y a la del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Además, es el mayor financiador privado de la Policía de Nueva York. Así pues, como uno de los principales financiadores del Partido Republicano, juega un papel importante en la política estadounidense y, por lo tanto, también en la política internacional. La fundación que lleva su nombre, The Paul E. Singer Foundation, lo elogia por su filantropía, su liderazgo en la expansión del libre comercio y su gestión a favor de la seguridad nacional de EE UU. Además, Sin­ger es el presidente del think tank conservador Manhattan Insti­tu­te for Policy Research. Respecto al caso argentino, NML es el principal financiador de la organización, American Task Force Argentina (AFTA), lobby que influye en el Congreso y la Justicia estadounidense perjudicando a Ar­gen­ti­na. Para hacernos una idea del poder de estos buitres, NML llegó incluso a embargar la Fragata Liber­tad argentina en Ghana en octubre de 2012, exigiendo al Estado argentino alrededor de 370 millones de dólares por bonos impagados. Lo que esta pasando en Argen­tina es emblemático de lo que empieza a vivir Grecia, donde operan buitres como Dart Manage­ment, con sede en islas Caimán, que también actúa en el país latinoamericano. Ya en 1999, NML consiguió, por una sentencia de EE UU, el pago por parte de Perú de 58 millones de dólares por una deuda que el fondo había comprado por 11 millones. Hizo también negocio con la República Democrática del Congo. La actuación de los buitres en Argentina ha despertado una ola de indignación por todo el mundo contra la especulación que juega con la soberanía y la vida de la gran mayoría de los pueblos endeudados. Lo que está pasando no es sólo un problema argentino, sino, más bien, un conflicto donde está en juego la superioridad del poder de las finanzas por encima de la soberanía de los pueblos.

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lunes, 7 de julio de 2014

Los cuatro hombres que arruinaron al mundo (en 1929)

Durante un cuarto de siglo, Liaquat Ahamed ha sido administrador de inversiones. Graduado en Economía por Harvard y Cambridge, trabajó por un tiempo para el Banco Mundial y actualmente ocupa un cargo de relieve en la Brookings Institution. Poniendo a salvo su currículo, hay que añadir que Ahamed es un consumado historiador económico, dueño de una prosa narrativa cautivante y de una erudición sobrecogedora, que en 2010 le valieron el premio Pulitzer con su libro Los Señores de las Finanzas: Cuatro Hombres que Arruinaron al Mundo (Deusto S.A. Ediciones, 2010). Un día de 1999, Ahamed vio en la portada de la revista Time la foto de Alan Greenspan (por entonces "chairman" de la Reserva Federal estadounidense) junto a la de Robert Rubin (el secretario del Tesoro de entonces) y otra de Lawrence Summers (ex rector de Harvard y, en aquel tiempo, subsecretario del Tesoro). Ahamed cuenta en una entrevista que el título de aquella edición le dio mucho en qué pensar. El título era: "El comité que salvará al mundo". En aquel preciso momento germinó lo que, luego de casi una década de investigación, sería este libro que releí en los días finales del año pasado y que hoy recomiendo con entusiasmo. La portada de Time hizo recordar a Ahamad que hubo en los años veinte del siglo pasado, un grupo selecto de hombres que encarnaban a los ojos de la prensa y del público la misma dimensión mítica de salvadores del mundo al borde de un colapso global. Señores de las finanzas se concentra en las figuras de cuatro hombres cuyas decisiones, tomadas en el temprano período de entreguerras, dieron forma a la "tormenta perfecta" que fue el crack del 29. Eran nada menos que los presidentes o directores ejecutivos de la Reserva Federal (Benjamin Strong), del Banco de Inglaterra (Sir Montagu Norman), la Banque de France (Émile Moreau) y el Banco Central de Alemania ( Hjalmar Schacht). Se trata de un relato histórico, hecho desde una muy abarcadora perspectiva y narrado con un aliento narrativo sumamente poderoso. Ahamed logra trasmutar la historia económica del período más trepidante del capitalismo moderno en el retrato mental y moral de cuatro personalidades, cuatro banqueros de élite que afrontaron el reto de reconstruir la economía mundial luego de la catástrofe que significó la Primera Guerra Mundial. Cada uno de ellos fue una personalidad vigorosa traspasada por un humano registro de fortalezas y debilidades, de perspicacia, intuición y excentricidad. Puesto que el libro se ocupa del cómo fueron tomadas decisiones que a la postre resultan cruciales para reconstruir históricamente el período, el autor da en el clavo al escoger esos cuatro personajes como "locomotoras" del relato. Ahamed logra darles vida de un modo tal que Strong, por ejemplo, ya deja de ser un asterisco y un nombre al pie de página y podemos ver en él al americanote de temperamento dominante. Schacht es el laborioso, callado y arrogante alemán, muy pagado de su brillantez; Moreau y Norman son dos europeos conservadores y maliciosos de todos los demás. Strong y Norman llegaron a ser grandes amigos y su correspondencia, comentada por Ahamed, nos devuelve vívidamente un rasgo de aquellos tiempos: la perplejidad teórica acerca de qué era lo que realmente pasaba con la economía mundial y su más lancinante pregunta: ¿era posible en 1920 detener la marcha hacia el abismo? Aquellos "banqueros del mundo" eran prisioneros de la ortodoxia económica de sus tiempos: los paralizaba la firme creencia en el patrón oro. Hoy sabemos a lo que condujo tan desacertada obstinación. ¿No serán los actuales responsables de manejar la crisis global igualmente prisioneros de sabidurías convencionales y de una ortodoxia inactual, ambas rebasadas por la gravedad de lo que ocurre en la zona del euro, por ejemplo? Un elemento fascinante del libro es el modo en que traza paralelos con el actual desarreglo de las finanzas mundiales. El lector se estremece al topar en sus páginas con esta cita de Lord Keynes: "Nos hallamos en un colosal atolladero luego de fallar en controlar una máquina delicada, cuyo mecanismo, sencillamente, no comprendemos". Los años que siguieron a la Gran Guerra y a la Conferencia de París deparan al estudioso sugestivas similitudes con el momento actual. Una de ellas es que, a pesar de lo graves que se tornan las cosas día a día; a pesar de los sorpresivos vaivenes de los "índices macro", prevalecía en todos los interesados la certeza de que todavía no se llegaba al orilla del precipicio, que todavía existía una posibilidad y se contaba con tiempo suficiente de aprovecharla antes de detenerse al borde del abismo. Con jugadas acertadas por parte de la banca mundial y un poco de suerte -se pensaba- todo volvería al cauce anterior a 1914. Ahora, a comienzos de 2012, ¿realmente comprenden los superhéroes financieros del momento el a veces desconcertante mecanismo de la "delicada máquina" mejor que sus antecesores de hace ochenta años?

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miércoles, 4 de junio de 2014

El secreto del poderío industrial alemán

El presidente Barack Obama ha solicitado al Congreso de su país US$ 1.000 millones para financiar una red nacional de institutos de investigación (la Red Nacional para la Innovación Fabril, NNMI, por sus siglas en inglés) que trabajaría con empresas y universidades para desarrollar tecnologías de manufacturación. El plan estadounidense apunta a al menos 15 institutos de este tipo, financiados por el gobierno y el sector privado. Un modelo para el plan de Obama es la Sociedad Fraunhofer, una red de institutos de investigación respaldados por el gobierno que ha ayudado a convertir a Alemania en uno de los exportadores líderes de bienes manufacturados con alta tecnología, a pesar de los salarios relativamente altos y los mayores niveles de regulación del país. "Debido a que es la red de innovación más grande y antigua para una fabricación avanzada, Fraunhofer fue un punto de partida clave cuando empezamos a diseñar NNMI", dijo Mike Molnar, director del programa en EE.UU. Una red importante La Sociedad Fraunhofer -famosa por haber creado el formato de audio MP3- juega un papel crucial en la conversión de los últimos avances de investigación a innovaciones paras las empresas alemanas, suministrando modelos de aplicaciones en una variedad de campos. Fraunhofer tiene miles de patentes a su nombre. La red es particularmente importante para las empresas pequeñas y medianas que conforman la columna vertebral de la economía alemana. Estas compañías son a menudo jugadoras globales pero siguen produciendo de forma local, vendiendo productos especializados que pueden exigir un precio alto. "Fraunhofer apoya un ecosistema para innovación en manufactura que ha ayudado a que Alemania se mantenga como una potencia exportadora", dijo Sujai Shivakumar, experto en políticas de innovación de las Academias Nacionales en Washington. La Sociedad Fraunhofer le debe su nombre a Joseph von Fraunhofer (1787-1826), quien realizó descubrimientos científicos en astronomía y creó una exitosa empresa de telescopios. La sociedad empezó con un instituto en 1954 y se ha expandido a 67 en toda Alemania. Los institutos Fraunhofer investigan de todo, desde algoritmos hasta biología celular y tecnología de la madera. Se concentran en proyectos de investigación a corto plazo con aplicaciones empresariales inmediatas. Las empresas alemanas que se especializan en ciencias de la vida trabajan con el Instituto de Informática Aplicada de Fraunhofer en San Agustín para desarrollar nuevas herramientas de administración de datos y tecnología de escaneo a nivel molecular, en tanto que empresas de construcción han trabajado con el Instituto para Física de la Construcción de Fraunhofer en Stuttgart para desarrollar materiales que eliminen el ruido y para aprender a diseñar edificios más eficientes con base en análisis hidrotérmicos, es decir, la forma en la que el calor y la humedad se mueven a través de las estructuras. El conocimiento científico que Fraunhofer ha adquirido a lo largo de los años ha mantenido competitivas y produciendo a varias compañías pequeñas y medianas en Alemania, señaló Shivakumar, añadiendo que mantener la fabricación en Alemania en lugar de diseñar los productos allí y producirlos fuera del país, ha ayudado a impulsar la innovación. Los institutos han ayudado también a impulsar las economías regionales alrededor de Alemania al trabajar con empresas locales establecidas y atraer nuevas compañías.

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viernes, 30 de mayo de 2014

¿Cómo se originó la deuda argentina con el Club de París?

El Club de París es un foro informal de acreedores y deudores que surgió en mayo de 1956 tras una reunión entre gobiernos con los que el Estado argentino había contraído deuda: en conjunto acordaron renegociar un débito que entonces era de unos U$S 700 millones. El organismo está integrado por 19 naciones: Estados Unidos, Inglaterra, Austria, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Israel, Italia, Japón, Holanda, Rusia, España, Suiza, Suecia, Australia, Noruega y Bélgica; a excepción de los últimos tres países, Argentina les debe a todos. Gran parte de los compromisos financieros se tomó durante la dictadura militar; sin embargo, el déficit se multiplicó bajo la administración de distintos gobiernos democráticos. El Estado nacional logró avances en renegociaciones realizadas en 1962, 1965, 1985, 1987, 1989, 1991 y 1992, pero cayó nuevamente en incumplimiento como consecuencia de la crisis de 2001, cuando -bajo la fugaz presidencia de Adolfo Rodríguez Saá- el país declaró el cese de pagos de la deuda externa. Esa decisión implicó que se dejara de pagarle también al Club de París: en 2001, Argentina le debía a ese organismo internacional unos U$S 1.879 millones que se multiplicaron rápidamente por los intereses y la revaluación de las monedas internacionales. En pocos años, el pasivo llegó a U$S 6.450 millones. En diciembre de 2008 el gobierno de Cristina Kirchner anunció que cancelaría su deuda con ese foro de acreedores, con fondos que saldrían de las reservas del Banco Central. Sin embargo, la crisis mundial que se desató ese mismo año provocó un cambio de planes y dejó vigente la deuda: al 30 de abril último, Argentina debía 9.700 millones de dólares. En los últimos diez años, tras haber renegociado un pasivo de cerca de 100.000 millones de dólares y obtenido reducciones de cerca del 70% por parte de sus acreedores, Argentina ha logrado saldar el 93% de su deuda. El acuerdo con el Club de París para saldar la deuda con sus acreedores públicos en un periodo de cinco años es uno de los últimos pasos para ponerse al día. El esquema apunta a cancelar la totalidad de la deuda en 5 años, pero podría extenderse otros 2 años, dependiendo del ingreso de inversiones. Además, en lo inmediato implica un pago inicial en concepto de capital de 650 millones de dólares en julio de 2014 y de 500 millones de dólares en mayo de 2015, más intereses.

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martes, 27 de mayo de 2014

‘El capital en el siglo XXI’ de Thomas Piketty

¿Han sido los últimos treinta años una pesadilla neoliberal de la que la crisis nos ha despertado y, en cuanto la socialdemocracia recupere la iniciativa política, volveremos a la época dorada de crecimiento y reducción de las desigualdades del Estado social de mediados del siglo XX? Thomas Piketty responde negativamente. No es pesimismo o una conjetura sobre la impotencia de la socialdemocracia, es el resultado de un análisis pormenorizado sobre la evolución de la riqueza y las desigualdades en los principales países desarrollados en los últimos doscientos años. Los hechos son inapelables: el rendimiento del capital (r) ha sido sorprendentemente estable históricamente, en torno al 5 %, mientras que la tasa de crecimiento (g) ha oscilado entre el 1 y el 1,5 %. El crecimiento entre el 3 y el 5 % de las tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial es una excepción. En estas condiciones, donde r>g, los patrimonios tienden a acumularse a un ritmo mayor del efecto redistributivo del crecimiento por el aumento de la producción y los salarios, generándose desigualdades crecientes que, en los últimos años, han superado el pico de desigualdad que se produjo justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el stock de capital equivalía a entre seis y ocho años de la renta nacional total. Hicieron falta dos guerras mundiales y “el suicidio de los rentistas” entre las dos guerras (es decir, vivieron por encima de sus posibilidades en el sentido de que el gasto anual que les generaba su ritmo de vida era mayor que la renta que percibían de su patrimonio) para redistribuir las cartas y empezar casi de cero. Tras la Segunda Guerra Mundial, precedida por la Gran Depresión y las políticas redistributivas que inspiró, el fuerte crecimiento de las economías en reconstrucción y expansión y la agresiva fiscalidad progresiva, con tipos marginales superiores de alrededor del 60-70 % en Europa y del 80-90 % en Estados Unidos, así como el acceso generalizado a la educación y los seguros por enfermedad, desempleo o vejez, aseguraron el acceso de las masas trabajadoras a un pequeño patrimonio, convirtiéndolas en clases medias. Si en 1913 un 10 % de la población acumulaba la práctica totalidad de la riqueza nacional, en la actualidad ese 10 % sigue poseyendo la mayor parte, pero ahora hay un 40 % que disfruta de un pequeño patrimonio, mientras que el 50 % restante cobra un sueldo o una prestación pero no acumula patrimonio y no deja casi nada a sus herederos. Esa emergencia de una “clase media patrimonial” es para Piketty la mayor transformación estructural del reparto de la riqueza en los países desarrollados. Con la ralentización del crecimiento y las rebajas fiscales de la revolución conservadora de los años 1980, la clase alta patrimonial vuelve a emerger: el patrimonio del 10 % más rico crece exponencialmente mientras que el del 1 % más rico lo hace estratosféricamente. La perspectiva para el siglo XXI, una vez que las economías emergentes hayan alcanzado la madurez y la población mundial se estabilice, es una tasa de crecimiento del orden del 1 ó 1,5 %, mientras que el rendimiento del capital seguirá en torno al 5 %. La implicación evidente es que el reparto de la riqueza acentuaría su senda divergente hasta alcanzar cotas social y democráticamente inaceptables. El fuerte impacto del libro de Piketty se explica por varias razones. La primera es el carácter inédito y exhaustivo de un estudio del capital, tanto de las rentas como del patrimonio, en los países desarrollados en la mayor escala temporal que permiten los archivos, es decir, prácticamente, desde la Revolución Francesa que instauró en Francia un censo patrimonial, la Revolución Industrial en Reino Unido y la independencia en Estados Unidos. Sobre otros países, como Alemania, Japón, Canadá o Suecia, las estadísticas fiables disponibles empiezan a finales del siglo XIX. Todos estos datos se pueden consultar en un anexo técnico en internet que constituye una auténtica mina documental. La segunda razón son las conclusiones empíricas que se extraen de este estudio y que contradicen, como veremos a continuación, axiomas de la teoría económica hasta ahora inamovibles. La tercera son las nuevas leyes del capitalismo que se deducen del análisis de los datos. Por último, Piketty, que pertenece a la estirpe de los intelectuales franceses preocupados por el devenir político del mundo en el que viven, ofrece una perspectiva inquietante sobre la evolución previsible del capitalismo patrimonial en el siglo XXI y se moja proponiendo soluciones. El primer axioma que se derrumba a la luz de los datos es el de los rendimientos decrecientes de Ricardo, que serviría a Marx, aplicándolo al capital, para predecir la crisis del capitalismo por la caída de los rendimientos del capital a medida que éste se acumula. Ciento treinta años después de la muerte de Marx, el capital acumulado ha superado cualquier previsión imaginable en la época del ideólogo del socialismo, pero su rendimiento sigue siendo sorprendentemente estable en torno al 5 %. El progreso tecnológico, el crecimiento de la población, el acceso a la educación y, recientemente, la globalización y la sofisticación de los mercados financieros, han permitido al capital encontrar constantemente nuevas oportunidades de fructificar. Piketty no demuestra teóricamente de dónde procede esta sorprendente estabilidad del rendimiento del capital, pero su lectura de lo que nos enseña la historia económica deja poco lugar para la duda. Otro mito que se derrumba es la visión optimista de Kuznets de una reducción de las desigualdades amedida que el desarrollo económico y humano avanza. Kuznets basó su predicción en una serie temporal de datos relativamente corta, entre 1920 y 1950. El paso a la escala del muy largo plazo operado por Piketty demuestra precisamente lo contrario, puesto que la relación r>g se muestra constante en la historia, y que la excepción es el breve periodo entre 1950 y 1970. En este sentido, los datos también hacen tambalearse otro supuesto básico de la economía neoclásica, que implicaría una tendencia hacia la igualación entre las rentas del capital (r) y el crecimiento económico (g). El análisis frío y objetivo de los datos, así como de las dinámicas en juego que los arrojan, ofrece una perspectiva para el siglo XXI poco alentadora, con una economía mundial instalada, desde hace treinta años, en una senda firme de acumulación cada vez mayor de riqueza en lo alto de la pirámide. La ley de hierro de r>g conduce a la victoria del rentismo sobre la meritocracia, en la que “el pasado devora al futuro”. El capitalismo patrimonial ya conoció una evolución similar en el siglo XIX que desembocó en 1913 en niveles de desigualdad sin precedentes. Nadie puede desear un nuevo conflicto mundial devastador para deshacer esa desigualdad, por lo que Piketty se adentra al final con valentía en el terreno de las propuestas para atenuar o corregir dicha evolución. La principal de ellas es la instauración de un impuesto mundial progresivo sobre el capital, tanto de los activos inmobiliarios como mobiliarios y neto de deudas. Piketty no es un profeta feliz de la autodestrucción del capitalismo á la Marx. El acepta la desigualdad “si es de utilidad común”. Sin compartir el optimismo de Keynes, sus aspiraciones son similares: salvar el capitalismo de sus tendencias más negativas. Su preocupación fundamental es que no existe ningún mecanismo automático que corrija la tendencia a la divergencia creciente de los niveles de ingreso y riqueza, lo cual puede socavar las instituciones democráticas y la meritocracia que suponen, generando “un deslizamiento hacia una oligarquía”. La tesis de Piketty confirma que el capitalismo de libre mercado, cuando no interviene el Estado para redistribuir la riqueza, produce oligarquías antidemocráticas y, por supuesto, desigualdad. La causa es que la tasa de retorno del capital siempre supera a la tasa de crecimiento de la renta, cuestión que como señala Piketty es y ha sido la contradicción central del capital.

lunes, 19 de mayo de 2014

La brecha tecnológica entre países

No hay nada mejor que un lenguaje poco claro para sembrar el caos. O facilitar el consenso. Según Ludwig Wittgenstein, los problemas filosóficos no son más que una consecuencia del mal uso de las palabras. Por el contrario, el arte de la diplomacia consiste en encontrar una forma de expresarse que oculte el desacuerdo. Una de las ideas que hoy los economistas comparten de manera casi unánime es que, más allá de la riqueza mineral, la mayor parte de la enorme diferencia de ingresos entre los países ricos y los pobres no se puede atribuir ni al capital ni a la educación, sino a la “tecnología”. Entonces, ¿qué se entiende por tecnología? La respuesta a esta pregunta explica un inusual consenso entre los economistas, puesto que la “tecnología” se mide como si fuera una especie de “ninguna de las anteriores” en un examen de multiple choice. Es decir, es un residuo –al que el Nobel Robert Solow denominó “productividad total de los factores”– que permanece inexplicado aún después de dar cuenta de otros insumos de la producción, tales como el capital físico y el humano. En las acertadas palabras dichas por Moses Abramovits en 1956, este residuo es poco más que “una medida de nuestra ignorancia”. Por ello, estar de acuerdo con la idea de que la “tecnología” explica las diferencias en la riqueza de las naciones suena más significativo que confesar nuestra ignorancia, pero en realidad no lo es. Y es esta ignorancia la que debemos resolver. En una importante obra, W. Brian Arthur define la tecnología como la colección de aparatos y prácticas de ingeniería de las que dispone una cultura. Dado que los aparatos se pueden poner en un contenedor y enviar a cualquier parte del mundo, y que las recetas, planos y manuales de instrucción se pueden poner online y así ser fácilmente accesibles, sería lógico concluir que Internet y el libre comercio deberían hacer que las ideas y los aparatos que llamamos “tecnología” estuvieran disponibles en todo el mundo. De hecho, gran parte de la teoría moderna del crecimiento, que arranca con los estudios de fines de los 1980 de Paul Romer, proviene del concepto de que las ideas son las que causan el crecimiento, pero éstas son difíciles de crear y fáciles de copiar. Por eso es que se requiere proteger a los creadores de ideas con patentes y derechos de autor, o subsidios fiscales. Entonces, dado que es fácil copiar ideas y fácil enviar aparatos de un lugar a otro, ¿por qué persisten las grandes brechas tecnológicas entre los países? Cuando algo perturba un orden natural benévolo, es natural querer escuchar historias de buenos y malos. Por ejemplo, el argumento que defienden Daron Acemoglu y James Robinson en su libro “¿Por qué fracasan las naciones?” es esencialmente que la tecnología no se difunde porque las élites gobernantes no desean que se difunda. Dichas élites imponen instituciones extractivas (malas) en lugar de adoptar instituciones inclusivas (buenas), y como la tecnología podría debilitar su control sobre la sociedad, prefieren prescindir de ella. Como venezolano preocupado por el colapso que sufre mi país en estos momentos, no tengo dudas de que ha habido numerosas instancias en la historia de la humanidad en las cuales quienes ostentan el poder han impedido el progreso. Pero al mismo tiempo, me sorprende la frecuencia con que los gobiernos que adoptan como meta el crecimiento compartido no la logran, como la Sudáfrica posapartheid, por ejemplo. Dichos gobiernos promueven la escolaridad, el libre comercio, los derechos de propiedad, los programas sociales e Internet. Sin embargo, las economías de sus países siguen sin despegar. Si la tecnología es el secreto del crecimiento y es sólo un conjunto de aparatos e ideas, ¿entonces qué les impide progresar?

El problema reside en que un componente clave de la tecnología es el know-how o saber hacer, es decir, la capacidad de llevar a cabo una tarea. Y, a diferencia de las ideas, este know-how no involucra la comprensión ni puede adquirirse a través de ella. El campeón de tenis Rafael Nadal en realidad no sabe bien lo que hace cuando hace un winner al devolver el saque de su rival. Sabe cómo hacerlo, pero ponerlo en palabras le sería imposible y, aunque lo hiciera, ello no haría que los demás fuéramos mejores jugadores de tenis. Sobre este conocimiento tácito, el científico y filósofo Michael Polanyi diría: “Sabemos más de lo que podemos expresar”. Por lo tanto, no es necesario recurrir a las élites extractivas ni a otras fuerzas malignas para explicar el motivo por el cual no se difunde gran parte de la tecnología. Ello sucede porque la tecnología mayormente requiere de knowhow, o sea, de la habilidad para reconocer patrones y responder a ellos mediante acciones efectivas. El know-how es un cableado del cerebro que se logra sólo a través de años de práctica y, por eso, la difusión de la tecnología es muy lenta.

El know-how se desplaza geográficamente cuando se mueven los cerebros que lo contienen. Y sólo cuando esto ocurre, es posible capacitar a otras personas. Más aún, como el know-how se ha ido haciendo cada vez más colectivo en lugar de individual, su difusión se hace aún más lenta. El know-how colectivo se relaciona con la capacidad de realizar tareas que no se pueden llevar a cabo de manera individual, como tocar una sinfonía o distribuir el correo: ni un violinista ni un cartero es capaz de hacerlo por su propia cuenta. Asimismo, una sociedad no puede simplemente imitar la idea de Amazon o de eBay a menos que muchos de sus ciudadanos ya cuenten con acceso a Internet, tarjetas de crédito y servicios de correo. Dicho de otra forma: implementar nuevas tecnologías requiere que otras tecnologías se hayan difundido previamente. Es por esto que ciudades, regiones y países pueden absorber la tecnología solamente de manera gradual, generando crecimiento a través de la recombinación del know-how que ya tienen, quizás añadiéndole algún componente, como un contrabajista para completar un cuarteto de cuerdas. Pero es imposible pasar de golpe desde un cuarteto a una orquesta filarmónica porque faltarían muchos instrumentos y, más importante aún, muchos músicos que supieran tocarlos. El progreso se produce penetrando en lo que el biólogo teórico Stuart Kauffman llama el “adyacente posible”, lo que significa que la mejor manera de descubrir lo que pudiera ser factible en un país es teniendo en cuenta lo que ya existe allí. Es posible que en algunas ocasiones haya causas políticas que impidan la difusión tecnológica pero, en gran medida, la tecnología no se difunde por la naturaleza misma de la tecnología.

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domingo, 20 de abril de 2014

¿Se esta gestando una tercera guerra mundial?

EE.UU. y sus aliados siguen realizando el mayor gasto militar del mundo. A pesar de los anunciados recortes de Defensa, Washington todavía ocupa el primer lugar en la lista de los países que más dinero gastan en ese campo. EE.UU., la OTAN y los aliados estadounidenses fuera de la Alianza representan más del 64% de todo el gasto militar mundial. Los regímenes aliados de EE.UU. en Oriente Medio están aumentando rápidamente su gasto militar, adquiriendo cada vez más armas modernas de alta tecnología. Se trata de Estados que no pueden llamarse ‘democráticos’: Arabia Saudita, Catar, Omán y Baréin son monarquías absolutas donde ni siquiera hay elecciones ni libertad de expresión. En esos países las personas son azotadas, lapidadas y decapitadas de forma rutinaria. Los medios estadounidenses constantemente demonizan a Irán y Siria, mientras que los delitos de los aliados de EE.UU. en Oriente Medio, que no hacen ni la más mínima pretensión de ser democráticos, se ignoran. EE.UU. apuntala a estos Estados autocráticos con miles de millones de dólares de ayuda financiera, al tiempo que las corporaciones petroleras de Wall Street obtienen billones de dólares en ganancias mediante el control de sus recursos naturales. Cuando la población de estos Estados se levanta para exigir derechos democráticos y económicos, los regímenes utilizan sus reservas de armas de producción estadounidense contra los manifestantes, y como resultado mantienen su poder con la ayuda del terror y la violencia. Su cooperación con la Casa Blanca muestra la total hipocresía de cualquier retórica sobre los derechos humanos” de las autoridades de Washington. Pero lo más preocupante, es que estos “títeres” de EE.UU. en Oriente Medio entran gradualmente en el ‘negocio’ mundial de la guerra. Arabia Saudita tiene ahora el cuarto mayor gasto militar del mundo. Riad está acumulando misiles modernos, tanques y otro armamento de alta tecnología de destrucción y muerte. Omán, Catar y los Emiratos Árabes Unidos también están incrementando sus gastos militares. El aumento de los gastos militares en Oriente Medio apunta hacia posibles preparativos para un conflicto más amplio en la región. La agitación en Túnez y Egipto en 2011 que condujo al derrocamiento del títere de EE.UU. Hosni Mubarak, así como el fracaso de la política de Washigton en Siria, apuntan una debilidad real de la influencia de EE.UU. en Oriente Medio. A medida que los Estados autocráticos del Golfo aumentan su poder militar se hace más patente el intento desesperado de EE.UU. por recuperar la influencia perdida. En la zona Asia-Pacífico se destaca el aumento de la actividad militar de EE.UU. que se produce en el mismo momento en el que sus países aliados en la región también incrementan rápidamente su gasto militar. Filipinas, por ejemplo, que ya alberga varias bases militares de EE.UU. en su territorio, ha aumentado su gasto militar en un 17%. Gran parte de la actividad militar en Filipinas tiene como objetivo destruir al Nuevo Ejército Popular, un grupo comunista muy popular entre la población que ha estado librando una “guerra popular” en contra del Estado autocrático apoyado por EE.UU. Corea del Sur, a su vez, es el octavo importador de armas del mundo. Seúl está acumulando misiles, aviones militares y otras armas avanzadas. En el territorio del país también se encuentran bases militares estadounidenses. Por su parte, Australia ha aumentado sus importaciones de armas en un 83%. China y Corea del Norte, dos Estados asiáticos que han desafiado abiertamente a Washington, ahora están rodeados por las fuerzas militares de EE.UU. y sus aliados. No obstante, la creciente influencia económica de China en todo el mundo, especialmente en América Latina y África, es una amenaza para el poder económico de Wall Street. En cuanto al campo militar, en respuesta a la creciente presencia militar hostil en sus fronteras, Pekín también ha aumentado sus gastos en Defensa. En un momento en que la economía mundial sigue sufriendo la crisis, la tendencia de incrementar el gasto militar es motivo de preocupación para muchos. Hoy en día, los conflictos parecen estar desarrollándose a un ritmo muy rápido en todo el mundo, y aunque estos conflictos tienen lugar en diferentes regiones, todos ellos son episodios de la misma confrontación global. En Ucrania, los ultranacionalistas respaldados por Washington tomaron el Gobierno y ahora en la región de Donetsk y otras partes del país los manifestantes están luchando contra Kiev esperando el apoyo de Rusia. Como los aliados de EE.UU. de todo el mundo están acumulando armamento, parece que esta tendencia no va a desaparecer en un futuro próximo, que pueden estar preparándose para una guerra a escala mucho mayor para mantener el control del mundo, ya que su sistema económico se estanca, mientras que los países que buscan un desarrollo independiente siguen prosperando.

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