sábado 6 de febrero de 2010

¿Error de cálculo?

EE.UU. probablemente ha aceptado el surgimiento de China como gigante económico porque los políticos norteamericanos creyeron erróneamente de que la apertura económica llevaría a la liberalización política en China. Tal vez imaginaron un derrumbe similar al ruso. Tanto Bill Clinton como George W. Bush creían firmemente que el libre comercio y, en especial, la era de la información, harían inevitable el cambio político en China. Hasta el momento, los hechos se niegan a cumplir esa teoría. China siguió censurando nuevos y viejos medios de comunicación, pero no se puede decir que esto lo haya condenado a un “estrepitoso fracaso económico”. Por el contrario, China es hoy la tercera economía del mundo y la primera potencia exportadora, con reservas extranjeras superiores a los u$s 2.000 millones. Para la mayoría de las empresas, el mercado chino es demasiado grande y tentador como para ignorarlo. Por eso, probablemente el sector empresario de EE.UU. hará un fuerte lobby a favor de mantener la relación con China. Las presiones de ruptura procederán de activistas sindicales, defensores de la seguridad y políticos, especialmente en el Congreso.

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jueves 4 de febrero de 2010

La depresión americana

El abandono de la misión en la Luna es sólo el símbolo más reciente de la depresión. Quizá su verdadero interés científico siempre haya sido menor, pero cuando el presidente Kennedy anunció en 1961 el proyecto Apolo, se dirigía a una nación sacrificada, optimista y emprendedora que apenas entraba en la segunda década de su preeminencia mundial. Casi 50 años después, un país más cansado, cínico y pesimista escucha la retirada de la carrera espacial con fatalismo europeo. Estados Unidos sufre una crisis de identidad. La esperanza desatada por la victoria de Barack Obama se consumió en la batalla de Massachusetts. El presidente sobrevive pero el mito ha caído. La realidad del paro y la deuda vuelve a centrar crudamente la atención de los norteamericanos, entre los que un 58% cree que las cosas van por mal camino. La presentación, de los presupuestos federales y la constatación de que la economía norteamericana tendrá que soportar un alto déficit durante un largo periodo de tiempo han sido las últimas llamadas de atención sobre el declive inevitable. El Gobierno prevé un gasto de 3,8 billones de dólares en 2011 y un déficit de 1,56 billones de dólares (el 10,6% del PIB) en 2010. Con suerte, el déficit será todavía alrededor del 4% del PIB en 2020. De repente ha cundido el pánico. The New York Times abre sus ediciones de hoy con un alarmante análisis en el que compara la situación norteamericana con el hundimiento de Japón en la década pasada y se pregunta qué posibilidades tiene este país de seguir siendo una gran potencia con semejante déficit. En un editorial titulado "Las duras decisiones pendientes", The Washington Post advierte que EE UU está abocado a "un futuro insostenible". El propio Obama, al anunciar sus cuentas, admitió: "Son unos presupuestos que reflejan la gravedad de los problemas a los que hacemos frente: estamos en guerra, nuestra economía ha perdido siete millones de puestos de trabajo y el Estado está sumergido en una profunda deuda". Dramático panorama, en efecto, para una potencia que después de la Segunda Guerra Mundial representaba una tercera parte de todas las exportaciones mundiales, poseía dos tercios de las reservas de oro y producía la mitad de todos los bienes manufacturados. La preocupación sobre el declive americano no es nueva. La Guerra Fría, Vietnam o el Watergate fueron episodios que dieron lugar a esta misma reflexión. Pero esta vez el entorno es más sombrío: la polarización política es mayor que nunca, la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas alcanza mínimos históricos, los problemas económicos acabarán obligando a reducir la maquinaria militar. En un libro de 2008 titulado "Los Límites del Poder, El Fin del Excepcionalismo Americano", Andrew Bacevich advertía que si los líderes norteamericanos no imponían una política exterior "humilde y realista" el fracaso del papel internacional de EE UU está garantizado. Ese realismo es más urgente que nunca después de ocho años de fantasías imperiales. Cuando le preguntaron a Dick Cheney cómo pretendía pagar dos guerras sin subir los impuestos, contestó: "El déficit no importa ahora". En consecuencia, Bush y Cheney tomaron un país con 200.000 millones de superávit y lo dejaron con 1,3 billones de déficit. Como en el juego, Estados Unidos sólo puede en este momento seguir jugando para tratar de recuperar pérdidas. Obama tiene ahora que seguir endeudándose para pagar las empresas militares heredadas -Afganistán es, además, una cuestión de prestigio y honor- y para sofocar la crisis económica. "El imperativo en estas circunstancias es crear empleo y acelerar el crecimiento a corto plazo", ha explicado el principal asesor económico del presidente, el inepto Lawrence Summers. Sobre el terreno, eso se traduce en una gran batalla ideológica en la que nadie, en realidad, actúa con la responsabilidad que exige al contrario. La derecha no quiere subir los impuestos, la izquierda no quiere reducir el gasto público, aunque es evidente que ambas cosas son necesarias a la vez para atajar el déficit. 

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EE.UU. ataca en tres frentes a China

Es célebre el carácter reposado de la cultura china. Trate de alterar sin motivo a uno de sus ciudadanos y recibirá a cambio la más absoluta indiferencia. Pero no se le ocurra pincharle donde le duele, y si lo hace, al menos esté preparado. Igual es la diplomacia de su gobierno: más allá de sus fronteras es pacífica y negociadora, un ejemplo de "poder blando" siempre más atento al gesto que a la palabra. Pero que a nadie se le ocurra cuestionarla sobre sus asuntos internos, y menos aún sobre su integridad nacional, la legitimidad del Partido Comunista o la libertad política y social, pues en ese caso la cólera del régimen no tendrá fin. EE.UU. y Europa solían permitirse esos lujos en el pasado, pero desde que China maneja los hilos de la economía mundial (en silencio, fiel a su carácter) las críticas a los puntos débiles del régimen fueron remitiendo hasta casi desaparecer. El riesgo de perder miles de millones de dólares en contratos e intercambios comerciales es ya demasiado elevado, y hasta Barack Obama fue acusado de servil en su visita de hace dos meses a Beijing. Por eso sorprende tanto que Estados Unidos haya abierto la caja de Pandora china tan de repente y con tal vigor. Se trata de un bombardeo sin precedentes, un ataque inesperado e intolerable para China. Primero fue el caso Google y las críticas de Hillary Clinton a la censura informativa en el gigante asiático. La semana pasada el Congreso norteamericano hizo resurgir el conflicto de Taiwán al aprobar una importante venta de armas, lo que dificulta aún más el sueño de Beijing de reintegrar la isla a su mandato. Y ahora es la eterna figura del Dalai Lama, considerado un terrorista por el gobierno chino, la que aparece para reunirse con Obama en Washington a invitación de la Casa Blanca. ¿Casualidad o provocación? Una u otra, de lo que no hay duda es de que EE.UU. ha agarrado el pacífico avispero chino y lo ha agitado con furia, apretando donde más le molesta.

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miércoles 3 de febrero de 2010

El lobo pierde el pelo, pero no las mañas

El FMI sigue fiel a sus viejas consignas. Ahora acaba de decir, a través de su economista jefe Olivier Blanchard, que se necesitan "grandes sacrificios" en España, Portugal y Grecia. Esto es, por supuesto, "bajar salarios", aclaró. Blanchard leyó en el manual del buen fondomonetarista y repitió que "restablecer la competitividad" en esos países "implica ajustes penosos" … para los asalariados. El titular del FMI, el también francés Strauss-Kahn, llegó al sillón principal de la entidad para, dijo, reformarla. No parece haberlo logrado. En plena explosión de la crisis, el FMI salió a "socorrer" al Este europeo, donde estaban muy expuestos bancos de Europa Occidental. Obviamente llamó a un gran tijeretazo a sueldos y jubilaciones. A Rumania, para citar un caso, le indicó que debía hacer una "reforma del sistema de salarios del sector público", así como de "las jubilaciones que ejercen enorme presión" al presupuesto. Argentina lo supo desde siempre. Su primer crédito stand by (el país fue al Fondo tras el golpe militar de 1955) se concedió al gobierno de Arturo Frondizi y en un año, si el dólar subió 190% y la inflación 135%, el salario lo hizo sólo 58%. En 1962, Argentina no pagó y el FMI cortó el chorro hasta que Federico Pinedo (abuelo del actual diputado) lo restituyó en 1962. Ese año, el desempleo saltó al 10% y la capacidad fabril cayó 50%, recuerda Aldo Ferrer en su clásico "La economía argentina". Todo siguió así hasta 2005. Ahora le toca el turno a España, Portugal y Grecia, que como estan con "problemas en sus finanzas públicas", reciben la conocida receta fondomonetarista, es decir, un salvavidas de plomo. La Cadena de Ondas Populares de España (Cope), que suele expresar opiniones del conservador y opositor Partido Popular y de la Iglesia, entrevistó a Blanchard. Esas naciones, indicó, "deben bajar sueldos para ser competitivos", al no poder devaluar por sí mismas por estar ligados al euro. Blanchard, que además del FMI es un académico del instituto MIT de Cambridge, explicó: "Ahora Portugal, España y Grecia tienen serias dificultades" que "implican ajustes muy penosos". Opinó que la Eurozona tiene "un problema presupuestario" en especial en ese trío. En efecto, si se miran las estadísticas de la UE, mientras el déficit fiscal promedio fue en 2009 de 7% del PBI, en España fue de casi 12% y en Grecia, de 13%. Para tomar como parámetro, en EE.UU. el déficit ronda el 10% del PBI. En Latinoamérica, en cambio, hubo superávits de casi 8% promedio. Ellos coincidieron con la etapa en la que prácticamente no hubo vínculo crediticio con el Fondo Monetario. Desde luego esto no es casual. En la crisis argentina de 2002, otro célebre MIT, un h.d.p llamado Rudi Dornbusch, fallecido ese mismo año, sugirió que en vez de la Casa Rosada debía gobernar aquí un comisionado extranjero, como en Austria después de la II Guerra Mundial. Entonces, los liberales argentinos lo aplaudieron de pie y hoy todavía, lo lloran.

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Islandia Globalizada

Visto desde la Argentina, Islandia es un país exótico ubicado en el Atlántico Norte, del que se conoce bastante poco, más allá de sus volcanes, glaciares y la cantante Björk. Pero los problemas financieros que está teniendo la han ubicado en el incómodo papel de candidato a un proximo colapso. Hoy, la economía está muy endeudada, la inflación alcanza el 7% anual (con una meta del 2,5%), la moneda (el krona) se depreció 22% contra el euro desde principios de año y el banco central acaba de subir la tasa de interés al 15% anual como mecanismo para sostener la moneda y contener la inflación. Encima, el país tiene sólo u$s 2.000 millones de reservas para defenderse de un ataque especulativo. Islandia tiene una superficie y población similares a las de La Pampa y un PIB como el de Santa Fe. Islandia es uno de los países que mejor supo "aprovechar" la globalización financiera y ahora está pagando las consecuencias de su propia estupides. En los últimos años, la economía creció al 5% en promedio (muy alto para Europa), gracias a la llegada de capitales externos y a una política de compras de empresas sostenida con alto endeudamiento. Sus tres principales bancos (Kaupthing, Landsbanki y Glitnir), que financiaron la expansión, aprovecharon las bajas tasas de la era Alan Greenspan para salir a comprar activos en el exterior. Sólo en 2007, gastaron u$s 10.000 millones en adquisiciones, lo que favoreció el crecimiento, pero al mismo tiempo hizo que se convirtieran en propietarios de activos por un valor récord, similar a ocho veces el PIB de Islandia, como si el Nación, el Francés y el Santander Río salieran a comprar empresas latinoamericanas por el equivalente de dos bolsas de San Pablo. Además, las compras que se hicieron fueron cruzadas, por lo que cualquiera de estos grandes bancos islandeses tiene participaciones en los demás y en casi todas las empresas importantes del país. Lo que significa que si cae uno, arrastra al resto de la economía. Y el gobierno no cuenta con reservas suficientes para convertirse en prestamista de última instancia. Por otra parte, ningún país puede soportar demasiado con un déficit en cuenta corriente superior al 10% del PIB sin caer en una crisis general. EEUU va por el 6 %, en el caso de Islandia, este déficit supera hoy el 16% del producto. Con la escasez de crédito por la crisis subprime, las calificadoras comenzaron a rebajar las notas de la deuda soberana y de los principales bancos, que en pocos meses pasaron de tener un spread de menos de 50 puntos a 800 puntos (similar al de la deuda del Bear Stearns antes del salvataje). La reacción lógica del banco central se vio cuando decidió llevar su tasa al 15%, como forma de defender la moneda y frenar la inflación. Pero el reducido tamaño de la economía y la falta de recursos hacen que Islandia pueda ser presa de un ataque especulativo, por lo que los analistas se preguntan si el gobierno será capaz de rescatar a sus bancos, altamente endeudados, sin recurrir a los mercados internacionales de crédito, hoy virtualmente cerrados. Sin embargo, a pesar de encontrarse en una situación parecida a la de la Argentina de fines de los ‘90, Islandia sigue siendo un país misterioso para la mayoría de los argentinos: cuesta imaginarse que la mitad de sus habitantes haya leído la última novela de su escritor más famoso (¿quien es hoy el escritor argentino mas famoso y si existe alguno cuantos los han leido aqui?) o que no existan mafias, corrupción, y que en el último año se hayan reportado solamente dos homicidios. Pero tal vez la crisis subprime termine con todo esto y les aporte costumbres más globalizadas.

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martes 2 de febrero de 2010

Guerra Comercial

EE.UU. importa millones de dólares en productos chinos cada año, lo que le repercute en la Balanza de Pagos por cuenta corriente teniendo un impacto negativo de un 6% aproximadamente en relación con su PIB (Esto es la diferencia negativa entre los bienes y servicios que exporta e importa Estado Unidos). Actualmente al estar cada día el dólar más débil, el Gobierno chino interviene directamente sobre su moneda devaluándola a la par que el dólar, y de esa forma no dejar de exportar productos baratos a los EE.UU. Esta es la causa por la cual los yanquis han dejado de importar muchos productos europeos, donde los bienes y servicios se han ido encareciendo en los últimos meses por la fortaleza del euro y la debilidad del citado dólar. Además de seguir exportando los productos igual de baratos a EE.UU., China consigue que las empresas americanas sigan introduciendo inversiones directas en el gigante asiático. Consecuencias de estas inversiones, la creación de empleo y riqueza en China en detrimento de la creación de los mismos puestos de trabajo en el país norteamericano. Por estas razones de peso, la reacción del Gobierno americano no se ha hecho esperar, y ya ha amenazado a China con sancionarla comercialmente sino aprecia el yuan. Pero la respuesta del Gobierno chino ha sido tajante: Si se ataca a los productos chinos China respondería con la “opción nuclear”, esta opción no es otra que una guerra económica. Por todos es sabido que con el mismo dinero americano que se pagaban las importaciones chinas, China ha ido adquiriendo deuda estadounidense se calcula que por valor cercano a 1.000 millones de dólares y que ha ido manteniendo el déficit americano. Ahora China no se deja amedrentar por la primera gran potencial mundial, y ante una posible sanción económica, China vendería de golpe todos los bonos americanos, por lo que las consecuencias económicas a nivel mundial serían catastróficas, de ahí que la comparación con una “opción nuclear” no parezca tan desmesurada. Las principal consecuencia sería que el dólar caería en picado, por lo que el precio de muchos productos que importa EEUU se tornarían prohibitivos y como esos productos no los podrian fabricar en el interior mediante un mágica y repentina sustitución de importaciones, esto iría acompañado de grandes tasas de inflación. ¿Se atreverá China a llevar a cabo tal opción si sigue el acoso americano?.

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lunes 1 de febrero de 2010

China imparable

En 2009, China se puso a la cabeza de sus antiguos competidores -Dinamarca, Alemania, España y Estados Unidos- al convertirse en el mayor productor mundial de turbinas eólicas, y está preparada para expandirse aún más durante el presente año. En los últimos dos años, China dejó a atrás a Occidente en la fabricación de paneles solares y se posicionó como el mayor fabricante del mundo. El país también pone gran empeño en la construcción de reactores nucleares y las más eficientes centrales eléctricas de combustión de carbón. Esos esfuerzos para dominar la tecnología de las energías renovables plantean la posibilidad de que en un futuro Occidente deje de depender del petróleo de Medio Oriente para volcarse en los paneles solares, turbinas eólicas y otros equipos de fabricación china. La mayoría de los equipos de energía llevarán la inscripción Made in China. Estados Unidos y otros países han comenzado a ofrecer incentivos para el desarrollo de sus propias industrias de energía renovable. Sin embargo, muchos ejecutivos chinos y occidentales pronostican que China ganará la carrera de tecnologías energéticas. En esa carrera, el país asiático cuenta con la ventaja de ser el mayor mercado mundial de equipamiento energético. Las corporaciones multinacionales han respondido al veloz crecimiento del mercado de China con la construcción de grandes fábricas en territorio chino. La danesa Vestas acaba de completar en el nordeste de China, el mayor complejo manufacturero de turbinas eólicas del mundo y ha transferido la tecnología para construir generadores y controladores electrónicos de última generación. El gobierno chino espera que para 2020, el 8% de la energía que produce el país provenga del viento, el sol y la biomasa. En la actualidad, en China y Estados Unidos esa producción es inferior al 4%. La política energética es una prioridad central de los máximos dirigentes chinos. El gobierno anunció la semana pasada la creación de la Comisión Nacional de Energía, un "superministerio" integrado por miembros del consejo de ministros y encabezado por el propio primer ministro, Wen Jiabao. La principal ventaja de China es su demanda interna de electricidad, que crece a un ritmo del 15% al año. Para cubrir esa demanda en la década en ciernes y según las estadísticas de la Agencia Internacional de Energía, China deberá aumentar su capacidad de generación energética casi nueve veces más que Estados Unidos. Así que mientras los estadounidenses suelen pensar que tienen el mercado más grande del mundo en muchas industrias, el mercado chino de equipamiento energético eclipsa holgadamente al de Estados Unidos. En Estados Unidos, con frecuencia las empresas de energía se enfrentan a la disyuntiva de adquirir equipos de energía renovable o seguir operando plantas que se alimentan con hidrocarburos que ya han comprado, pagado, y ya están construidas. En China, por su parte, las empresas de energía tienen que comprar grandes cantidades de equipo nuevo todo el tiempo para satisfacer el imparable aumento de la demanda, y las energías alternativas, en especial la eólica y la nuclear, tienen precios cada vez más competitivos.

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domingo 31 de enero de 2010

Toda la culpa la tiene China

China reveló el otro día que sus reservas en moneda extranjera alcanzaron a US$ 2,4 billones en 2009, lo que implica un incremento de US$ 453.000 millones para ese año. Estas formidables cifras —y la probabilidad de que las reservas del país se eleven en forma similar este año— se han convertido en una realidad financiera, económica y geopolítica de importancia incomparable. La importancia no radica, como muchos supondrían, en el hecho de que China podría “deshacerse” del dólar y destronarlo como la principal moneda internacional del mundo, socavando el poder económico y el prestigio de USA. Se estima que 2/3 o más de las reservas chinas se mantienen en dólares. Como estrategia económica, deshacerse del dólar tendría un efecto de boomerang. Equivaldría a una declaración de guerra económica en la que todos —chinos, estadounidenses, y muchos otros— perderían. Consideremos lo que ocurriría, hipotéticamente. China vendería primero los valores en los que están invertidos sus dólares. Se estima que entre ellos habría unos US$ 800.000 millones en bonos y títulos del Tesoro de los Estados Unidos y miles de millones más en acciones y bonos corporativos norteamericanos. Tras deshacerse de los títulos y cobrar los dólares, China vendería los dólares en mercados de moneda extranjera, comprando otras monedas: euros, yens y quién sabe qué más. El desparramo masivo de dólares desencadenaría otro colapso económico global. A medida que se conocieran las ventas de China, otros inversores extranjeros y estadounidenses harían lo mismo, abandonando los títulos en dólares y cambiando de moneda. Si se produjera un pánico, los mercados caerían abruptamente. Los bancos e inversores presenciarían la erosión de su capital y riqueza. La reanudación de la recesión global, incluso de una depresión, restringiría los mercados extranjeros para las exportaciones de China (en 2009, sus exportaciones cayeron un 16%). Para proteger las fuentes de trabajo, otros países podrían imponer cuotas o tarifas sobre las importaciones chinas. ¿Por qué querría China perjudicarse a sí misma?. Los yanquis apuestan todo a que los chinos no lo haran. Ademas los yanquis culpan a China por mantener artificialmente bajo el renminbi (RMB), para darle a sus exportaciones una ventaja competitiva en el mundo de los mercados. Como resultado se han producido enormes excedentes comerciales. Cuando China recibe dólares, podría utilizarlos para comprar importaciones, pero no, los chinos no hacen eso, los chinos tienen una mania (de la cual carecen en absoluto los argies): quieren fabricarlo todo ellos mismo, cuando ven una marca extranjera desconfian, quieren bienes “made in China” para sentirse comodos (absolutamente al revés del argentine dream). Por eso los chinos se cuidan como de la peste el limitar el flujo de dólares para permitir que el RMB incremente su valor, y asi sus exportaciones sean más caras y sus importaciones más baratas. Así pues, China acumula dólares que deben invertirse. Y los utilizan para hacer inversiones en materias primas (petróleo, alimentos, minerales) y en importantes tecnologías en todo el mundo; o compran influencia política con asistencia extranjera o préstamos favorables. De hecho, China tiene US$ 2,4 billones para utilizarlos como le plazca. Y lo que les place es crear puestos de trabajo mediante las exportaciones y lograr estar protegidos de la escasez de materias esenciales. China está tratando de generar un mayor crecimiento mediante el consumo interno; aún así, está promoviendo fuertes exportaciones hasta que ello ocurra. Según los yanquis, las enormes reservas de China —invertidas en bonos públicos estadounidenses— es el motivo que provocó las tasas de interés bajas, que a su vez desencadenaron la crisis financiera. Esta crisis no se debe al despilfarro yanqui, nooo, a su ineptitud, de ninguna manera. Toda la culpa la tienen los chinos, por supuesto.

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jueves 28 de enero de 2010

China se reactiva mas de los esperado

Producto del colapso de la economía mundial, en 2009 las exportaciones de China se redujeron un 23%, aproximadamente. Si bien el dato está en línea con lo observado en el mundo, para un país cuyo PBI depende en un 40% de las ventas al exterior, el impacto es mayor. El gobierno chino intentó defenderse de este golpe a través del mercado interno, por una parte, mediante políticas fiscales, aprovechando la cómoda situación que le dio los superávit fiscales de varios trimestres seguidos y su posición acreedora en el mundo. Así, el Estado implementó un paquete de estímulo fiscal de US$ 505 mil millones, volcado principalmente a la obra pública. Por otra parte, en el terreno monetario se aplicaron políticas para facilitar el acceso al crédito y de esta manera impulsar el consumo. La eficiencia de dichas medidas se observó en el último trimestre de 2009, ya que la economía china creció un 10,7% en este período y cerró el año con un crecimiento del PBI de 8,7%. Sin embargo, al observar el acelerado repunte económico, los temores acerca de un posible recalentamiento de la economía comenzaron a surgir entre los inversores, ya que los paquetes de estimulo del Gobierno ayudaron a que la economía creciera por encima del 8% anual. Uno de los problemas visibles es la inflación, ya que en el mes de noviembre alcanzó un 4,2%. A pesar de la fuerte aceleración de los precios a fin de año, el nivel de los precios al consumidor aún se mantiene por debajo de lo observado en tiempos de pre-crisis, ya que en los meses de mayor impacto de la crisis internacional el país atravesó una fuerte deflación. Sin embargo, este movimiento de los precios provocó preocupación en el Banco Popular de China respecto a una posible burbuja financiera debido a la alta exposición de los bancos en la actualidad. Es por esto que el Gobierno del país asiático ya implementó medidas para “enfriar” la economía tales como aumentar los encajes bancarios, y así lograr un aumento de tasa de interés, y aumentar las restricciones al crédito.

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