lunes, 29 de noviembre de 2010
Europa vive hoy lo que Argentina vivió en los noventa
Sin embargo, este tipo de políticas de dura austeridad fiscal en una época en la que la recesión global de 2008 espera todavía la recuperación incrementará aún más el riesgo de una profunda recesión de doble zambullida en 2011 en un mercado dominado por expectativas bajistas. Las voces alarmistas de los halcones del déficit claman por programas de austeridad fiscal especialmente punitivos para los trabajadores de la eurozona, al tiempo que siguen tolerando una abusiva manipulación del mercado financiero que sólo ha de beneficiar a la elite financiera, pasando el sufrimiento al conjunto de la población.
Los déficits fiscales de la eurozona se reducirán recortando salarios en el sector público, así como beneficios sociales y gastos de subsidio, de modo que los acreedores transnacionales cobrarán todo, mientras se hace la vista gorda frente a la descarada evasión fiscal practicada por los ricos con ingresos no salariales que contribuyen a la pérdida recaudatoria y a los déficits fiscales. La disparidad disfuncional del ingreso y la polarización de la riqueza entre las masas asalariadas y la elite financiera con ingresos derivados de beneficios y ganancias de capital constituyen las causas principales de la sobrecapacidad de la economía. En las últimas décadas, la respuesta neoliberal a la sobrecapacidad consistió en evitar la obvia solución del incremento salarial, aprestándose en cambio a inundar la economía con enormes montañas de deuda de consumo y empresarial que terminó en un tsunami de quiebras de los prestatarios y desembocó en una crisis del crédito global. Ofrecer ahora la misma respuesta a la actual crisis llevará sólo a otra crisis global.
Mientras que los culpables del desplome global de 2008 han sido rescatados con dineros públicos procedentes de futuros impuestos, la crisis de la deuda soberana en todo el planeta se imputa ahora a los inocentes asalariados, supuestamente por recibir unos salarios insosteniblemente altos y unos beneficios sociales excesivos que, o eso se pretende, amenazarían la competitividad de las economías en un régimen de comercio globalizado, concebido para deprimir los salarios por doquiera.
La furia con que los ricos y los poderosos se aprestan ahora a castigar a unos trabajadores pobres supuestamente causantes del lío choca, por lo pronto, con una muchedumbre de pruebas que muestran que la actual crisis de la deuda soberana no está causada por un gasto social elevado, sino por una súbita caída del ingreso público debida a la recesión económica, causada a su vez por el desplome de unos mercados crediticios dominados por la contabilidad fraudulenta permitida en las finanzas estructuradas, finanzas de las que es exclusiva y directamente responsable la elite financiera.
A través de retorcidos “vehículos de propósitos específicos” (el único propósito específico de los cuales es tratar las ganancias de emisión de deuda como ingresos de ventas, a fin de eliminar pasivo financiero de la contabilidad gubernamental y poder presentar una imagen engañosamente robusta de las finanzas públicas), beneficios fantasma son succionados de la economía general para ir a parar a los bolsillos de financieros atacados de codicia, mientras se empuja a la economía real al desequilibrio, resultando todo en un elevada deuda pública real, imposible de sostener por un insuficiente ingreso agregado de la población trabajadora. Como porción del PIB, los salarios y los beneficios no han dejado de caer en las últimas décadas, mientras que la deuda pública ha ido en aumento. Las instituciones financieras internacionales generan rutinariamente beneficios mayores que el ingreso público de las economías pequeñas.
A pesar de las distorsiones propagandísticas, el problema de la deuda soberana no ha sido causado por el elevado coste del Estado de Bienestar; ha sido causado por unos mercados financieros desregulados, permitidos por los gobiernos con objeto de tomar prestadas enormes sumas a cuenta de futuros ingresos de las empresas del sector público, sin que constaran como pasivo en la contabilidad pública. Las finanzas estructuradas suministraban liquidez a los gobiernos que en ellas participaban, al tiempo que quedaban ocultas las deudas soberanas que habrían de honrarse en el futuro. Pero el grueso del dinero prestado fue a parar a los bolsillos de los negociadores de la privatización del sector público, mientras que las deudas quedaron para el conjunto de la sociedad. Una buena parte de la riqueza nacional se transfiere de la economía nacional a los especuladores internacionales a través de la manipulación legalizada posibilitada por la desregulada globalización de los mercados financieros. Es una nueva forma de imperialismo financiero sintético practicado contra las economías débiles a través de un esquema de movimientos cortos contra las monedas y los títulos de las naciones vulnerables.
Además, esas punitivas soluciones de austeridad fiscal harán insostenible a la UE como sobrestructura política a causa de la violenta oposición popular que suscitará en los países miembros. El fundamentalismo de mercado ha sido desenmascarado por los malhadados pero predecibles acontecimientos que ayudó a crear como un fracaso tan desorbitante como espectacular. El costo exorbitante de este fracaso espectacular del fundamentalismo de mercado se cargará sobre las inocentes espaldas de los pobres que trabajan.
Hay robustos indicios de que los votantes de países con sistemas políticos democráticos multipartidistas han sufrido un lavado de cerebro que les induce a creer que el capitalismo de libre mercado con mínimas intervenciones públicas es la única vía a la prosperidad. Los votantes han sido subliminalmente condicionados para adquirir una ideología antiestatista en flagrante contradicción con sus exigencias de generosas redes de seguridad socioeconómica, que sólo el Estado puede proporcionar.
Cuando en la vida social el incauto débil resulta convencido por el retorcido fuerte de que el Estado es el problema, y no la solución, los débiles quedan atrapados en un clima político que permite la destrucción de su único protector institucional, puesto que la función existencial del gobierno, con independencia de su color político y económico, es proteger al débil del fuerte.
La no interferencia del gobierno que significan la desregulación y la privatización del sector público lleva a la ley de la selva en unos mercados libres bajo los que la función económica del financieramente débil es servir de carnaza al financieramente fuerte. Históricamente, el Estado evoluciona en la civilización para que las masas débiles puedan resistir a la opresión de la elite fuerte. Por eso los fuertes en la vida social siempre buscan abatir al Estado.
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El caso irlandés
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domingo, 28 de noviembre de 2010
¿Qué hacemos mal los latinoamericanos que no podemos salir de pobres?
América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. En este continente por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad. Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. ¿Qué hicimos mal?. Para comenzar, tenemos una escolaridad de siete años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo 1 termina esa secundaria. Hay países latinoamericanos que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 10. Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y pero esa carga la soportan solamente los pobres porque en Latinoamerica no se les cobra impuestos a la gente más rica. Ser muy rico en Latinoamerica es barato. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Sin embargo, nuestra pobreza no impide que en América Latina se gasten $50.000 millones en armas y soldados. ¿Pero quién es nuestro enemigo y donde esta?. Nuestro enemigo es la desigualdad, la falta de educación; es el analfabetismo; la falta de la infraestructura necesaria, la falta de caminos, la falta de carreteras, de puertos, de aeropuertos, de industrias. Nada de esto se consigue con “armas y soldados”. Cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que a mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el
La caida del dominó europeo
Fuente: Marco Antonio Moreno, El Blog Salmón
Las reformas de Deng Xiaoping
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Un sombrío presagio atormenta a EE.UU
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sábado, 27 de noviembre de 2010
Crónica de cómo la industria alimenticia argentina quedó en manos extranjeras
• Chocolates: Cadbury, Shot, Rhodesia, Milka, Tita y Toblerone.
• Galletitas: Cerealitas, Express, Club Social, Oreo, Pepitos, Melba, Duquesa, Aventura, Manón y Variedad.
• Bebidas en polvo: Clight, Tang y Verao.
• Pastas: Canale, Vizzolini, Don Felipe.
• Premezclas: Royal.
Otro muestra de cuán relevante ha sido el desembarco de este tipo de grandes compañías en territorio nacional está dado por el caso Bagley, que quedó en poder de la francesa Danone. A partir de su absorción, la elaboración de Criollitas, un ícono de las galletitas argentinas, dejó de tener "ADN" argentino. El siguiente movimiento de la compañía europea tuvo lugar en 2005, con la firma de un acuerdo con Arcor mediante el cual no sólo tomó posición dentro de la empresa cordobesa, sino que, además, le permitió hacer pie en mercados regionales como Chile y Brasil. Así, los negocios de galletas, alfajores y barras de cereal de ambas compañías se unieron para constituir la mayor empresa de ese rubro de toda América del Sur: Bagley Latinoamérica. Además de Criollitas, Danone, la dueña de la otrora Bagley, produce Sonrisas, Merengadas, Opera, Traviata, Saladix, Bon o Bon, Tofi y Cabsha, entre tantísimas otras. Pero la presencia de Danone no se agota sólo en el control de Bagley y la sociedad con Arcor.
Muy por el contrario, la francesa también se hizo sentir en el negocio lácteo. Previo pago de u$s22 millones a Mastellone Hermanos, la compañía también pasó a decir presente en el esquema comercial de La Serenísima. En el segmento lácteo la firma es dueña de las marcas Yogurísimo, Actimel, Danonino, Ser y Activia, entre otras. Ambas firmas comparten hoy la logística del abastecimiento de leche cruda y la distribución de varios de sus productos. Además de estos atributos, Danone también ejerce otra condición: es la compañía líder en el mercado local de agua mineral. En 1999, la firma europea pagó u$s135 millones para quedarse con Villavicencio. Mediante esa adquisición, la empresa se transformó en la dominadora absoluta del mercado de agua mineral en la Argentina, con el 64% de penetración en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires y el 44% en el interior.
En el ámbito de las bebidas, el sector cervecero acumula el grueso de las compras más resonantes concretadas por multinacionales. En 2006, el grupo belga-brasileño InBev cerró la adquisición de Quilmes a cambio de 1.200 millones de dólares. La operación se canalizó a través de AmBev, la filial brasileña de InBev, que pasó a controlar casi la totalidad del paquete accionario de Quilmes Industrial (Quinsa), la sociedad holding dueña de la cervecera argentina. Desde hace años, Quinsa es la compañía poseedora de las marcas de cervezas líderes no sólo de la Argentina, sino también de Uruguay, Paraguay y Bolivia. Por fuera del negocio cervecero, Quinsa también es propietaria del agua mineral Eco de los Andes y tiene la licencia para la producción y comercialización de la línea de bebidas de Pepsi en gran parte del territorio argentino. En el mismo segmento, las principales competidoras de la consagrada Quilmes también son controladas por una firma foránea. Así, la chilena Compañía Cervecerías Unidas (CCU) tiene bajo su control la producción de las cervezas Budweiser, Bieckert, Palermo e Imperial.
En el segmento cárnico, frigoríficos brasileños como Marfrig marcaron el ritmo en lo que hace al control de marcas emblemáticas. La firma mencionada concretó en 2007 la compra de Quickfood, controlante de las reconocidas hamburguesas Paty. En su momento, el avance de la brasileña sobre la empresa local conmocionó el negocio de la carne. Sucede que la firma era una de las grandes exportadoras controladas aún por capital nacional. Quickfood elabora cerca del 50% de las hamburguesas que se consumen en el país. También, en octubre de 2007, Marfrig compró Argentine Breeders & Packers, un frigorífico exportador ubicado en la localidad santafesina de Hughes. Su par brasileña JBS-Friboi, en tanto, adquirió en septiembre de 2005 Swift Argentina, que la convirtiera en la multinacional con mayor capacidad de faena del mundo (47.100 cabezas por día).
En lo que hace a los panificados, la mexicana Bimbo concretó en 2004 su desembarco en la local Fargo, dueña de la marca Lactal. Mediante esa adquisición, los aztecas pasaron a dominar sin mayores problemas el mercado de pan lactal de la Argentina. Esta batería de compras y movimientos llevados a cabos por multinacionales se completó con traspasos como el de Gándara que, desde 2009, quedó en poder de los supermercados chinos. La operación abarcó no sólo la planta que tiene Gándara en la localidad bonaerense de Lezama, sino también todas sus marcas, incluyendo Saavedra (quesos blandos), Chascomús (dulce de leche) y Sandy (línea de postres).
El control de la láctea se suma a las incursiones accionarias que ostenta la ya mencionada La Serenísima, y también la santafesina Milkaut que, desde 2006, cuenta con la participación de la francesa Bongrain en su esquema accionario. Antes de esta incursión, la firma europea ya producía -y aún lo hace- en el país algunas de de las marcas más valoradas de quesos como Adler y Bavaria (adquiridas a Nestlé), Santa Rosa, Atuel y Huemul.
Mientras que América latina construye multinacionales, Argentina va en dirección contraria. Hoy por hoy, si hay una buena oferta extranjera es probable que hasta Molinos Río de la Plata termine cambiando de dueños.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
La economía oculta de los piratas
Fuente: Umberto Eco
miércoles, 24 de noviembre de 2010
¿Cuál es el problema de los desequilibrios económicos globales?
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lunes, 22 de noviembre de 2010
China, las nuevas multinacionales
El rescate de Irlanda es de US$ 123.000 millones
La catástrofe perfecta de Ignacio Ramonet
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sábado, 20 de noviembre de 2010
El coreano Ha-Joon Chang elogia la independencia Argentina
–¿Su diagnóstico es la percepción general respecto del país?
–Sí, porque en los últimos siete años, la Argentina fue uno de los que más rápido ha crecido. El problema es que a algunos sólo les interesa cuánto crece China, aunque tampoco les gusta mucho lo que está haciendo China, pero como es tan grande, no pueden ignorarlo.
–Suele decirse que Chile y Brasil crecen más que la Argentina. ¿Es cierto?
–Es un error creer que Brasil vive en auge. Ellos, si bien progresan, están obsesionados con la inflación y su economía, en los últimos años, creció, como mucho, al 1%. Y la Argentina creció entre el 6 y el 9%. Creo que si la Argentina mantiene los lineamientos de este gobierno le va a ir mejor que a Brasil y Chile, porque además no tiene problemas. Chile no hizo nada, en los últimos 20 años, para exportar más que vino, cobre y salmón (con pesca intensiva). Es un modelo primario que lleva a un cuello de botella insalvable. Y con Brasil no hay que engañarse, porque claramente tiene una economía neoliberal, que intenta mantener a toda costa las tasas de interés altas. La tasa de interés real de Brasil (nominal menos la inflación) llegó a ser una de las más altas del mundo. Y esto ha generado que las empresas no inviertan mucho.
–Mencionó la inflación, algo de lo que se habla mucho por estos días. ¿En la Argentina hay inflación o suba de precios?
–Escuché a muchos opinar que la inflación está al 20%, pero realmente no hay ninguna evidencia que respalde esa información.
–Usted es un defensor de la intervención del Estado en la economía. Aquí, las corporaciones aceptan a medias ese control, pero a la vez ejercen un fuerte lobby a favor del libre mercado. ¿Es normal la conducta?
–Pasa en todos lados, pero cuando se meten en problemas corren a pedir salvataje del gobierno. Es hipócrita, si no querés al Estado, no pidas ayuda. De todos modos, creo que los argentinos deberían involucrarse más y entender que en la década de 1990 tuvieron desastrosas experiencias con las políticas neoliberales, que casi destruyeron el país. Y uno, desde afuera, no se explica por qué todavía hay gente que quisiera repetir esos años. Salvo que los argentinos crean en una doctrina filosófica que predique que cuanto más sufre una persona mejor está.
“Todos los que siguen los lineamientos del FMI terminan creando una recesión para reducir la demanda interna y conseguir dinero para pagar a los acreedores extranjeros. La Argentina lo ha hecho varias veces, y lo sabe bien”, explicó Chang sobre el anuncio del rompimiento con Fondo Monetario para negociar con el Club de París.
–¿Podrían otros países copiar el ejemplo?
–Es posible pero no sencillo, los organismos de crédito son un arma de doble filo. Le pongo un ejemplo: supongamos que tengo una empresa con deuda y me declaro en bancarrota. La ley me protege de los acreedores, como en los Estados Unidos, donde los acreedores no pueden exigir pagos durante seis meses, plazo que se utiliza para reestructurar y enderezar la compañía. Eso pasa todo el tiempo en las empresas, pero nos rehusamos a hacerlo con países. El FMI, con mucha injerencia de los Estados Unidos, no da facilidades de recomposición. De hecho, desde la última crisis asiática en 1997, se empezó a pensar en aplicar a los países las mismas leyes de quiebras.
–Ya que menciona a los EE UU, Obama asumió con alto apoyo popular, como Néstor Kirchner en 2003. ¿Por qué no logró cambios?
–Cuando Obama ganó la presidencia, teníamos expectativas injustificadas. El que creó la desregulación financiera y dirigió el Tesoro en la época de Clinton, hoy maneja la economía, es claro que era todo una pantalla. De todos modos, Obama tiene buenas intenciones, pero no conoce de economía. Obama tuvo el mismo problema que Néstor Kirchner al asumir, se enfrentó al desafío de mejorar la economía, pero Néstor tuvo el coraje y el apoyo político para hacer los cambios que eran necesarios. Obama tenía popularidad, pero no lo hizo.
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viernes, 19 de noviembre de 2010
Japón cuesta abajo
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jueves, 18 de noviembre de 2010
Las lecciones de Corea del Sur
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miércoles, 17 de noviembre de 2010
China golpea al monopolio aéreo de Boeing y Airbus
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martes, 16 de noviembre de 2010
Por el camino que provocó la crisis
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Golpes de mercado
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lunes, 15 de noviembre de 2010
EE.UU. analiza un duro ajuste para combatir el déficit fiscal
Despues del 2010, en EEUU, el diluvio
El arsenal inútil del capitalismo
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Los librecambistas no leyeron a Adam Smith
domingo, 14 de noviembre de 2010
Conocimiento, palanca de la riqueza
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viernes, 12 de noviembre de 2010
El Capitalismo Estatal
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jueves, 11 de noviembre de 2010
A los “paises serios” les importa un pito la inflación…
Si tomamos a la zona euro como referencia, la realidad es que sus principales exponentes, Francia y Alemania, nunca se apegaron a un sistema de metas de precios explícitas sino que más bien mantienen un monitoreo de estas variables puertas adentro. El Banco Central europeo no operó nunca bajo un sistema de “inflation targeting”. La situación es diferente para los restantes países del G-7, Canadá, Australia y Reino Unido, ya que allí si se respetaron las reglas en torno a cantidad de dinero y tasas de interés de referencia. El sistema de metas de inflación se sigue aplicando, habiéndose destacado el alza de las tasas de interés en las ex-colonias británicas cuando aparecieron presiones inflacionarias y el relajamiento monetario cuando la crisis forzó la recesión. Este apego a la ortodoxia tiene consecuencias negativas. El alza de las tasas de interés atrae capitales especulativos a estas economías forzando la “sobreapreciación” de la moneda y el auge financiero sin respaldo productivo. Dentro de los emergentes no se han verificados reglas monetarias rígidas y explícitas, a excepción de Brasil. China, India y Rusia no poseen “inflation targeting” y actúan más a favor de objetivos de actividad y tipo de cambio. China ha sido acusada en repetidas ocasiones de manipular “artificialmente” su moneda provocándole un perjuicio a sus competidores en el mercado internacional, su inflación es mucho más elevada que lo que un sistema de metas de inflación permitiría.
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lunes, 8 de noviembre de 2010
Lluvia de billetes desde el Norte
viernes, 5 de noviembre de 2010
¿Adónde va USA? ¿Va a algún lado?
Para ser optimistas sobre las posibilidades de renovación de Estados Unidos conviene ir a Silicon Valley. Para ser pesimistas, basta con llegar a Washington. La lucha por la recuperación del país es la batalla del iPad contra el bloqueo parlamentario. En Silicon Valley, se ve todo lo que la sociedad norteamericana tiene de inspirador: la innovación basada en la ciencia y la libertad intelectual; empresarios y capitalistas que se arriesgan para explotar comercialmente esa innovación; una sociedad dinámica y abierta que atrae a los mejores de todas partes: indios, chinos, europeos. Si se le pregunta a la gente de todo el mundo qué es lo que más admira de Estados Unidos, seguramente incluirán el iPhone, Facebook, Twitter y Google. Ahora bien, si encendemos la televisión o leemos las páginas de política del periódico, se nos hunde la moral. ¿Por qué es tan deprimente la política estadounidense? Porque está al mismo tiempo polarizada y bloqueada. En Silicon Valley, los cambios se producen a una velocidad de ciencia-ficción; en Washington, al ritmo de la Unión Soviética de Brezhnev. Esa disfuncionalidad tiene varios aspectos. Está lo que yo llamo la política de la distracción cultural. Los medios de comunicación dedican millones de horas a discusiones sobre el matrimonio gay, el aborto, la homosexualidad o, en los últimos tiempos, el centro islámico previsto a dos manzanas de la zona cero en Nueva York. Cada vez más, parecen debates sobre qué canción debe tocar la orquesta en la cubierta del Titanic. El movimiento del Tea Party, aunque contribuye a la locura, por lo menos dedica más tiempo a hablar sobre los problemas en la sala de máquinas. Luego está la estridente polarización partidista de las cadenas de 24 horas de noticias por cable : Fox News rugiendo desde la derecha, MSNBC gritando desde la izquierda, y CNN agitándose en medio de las dos. No hay que olvidarse del poder que tiene el dinero en la política estadounidense. Presentarse a la reelección es increíblemente caro, y los miembros de la Cámara de Representantes tienen que hacerlo cada dos años, así que están constantemente en deuda con sus donantes. De acuerdo con una perversa decisión reciente del Tribunal Supremo, ahora, en la práctica, las empresas pueden gastar todo el dinero que quieran en propaganda política. Todos estos factores crean una disfuncionalidad exacerbada. Pero el problema más inmediato y acuciante es la combinación del bloqueo institucional con la falta de cooperación entre los dos partidos, y ambas cosas se refuerzan mutuamente. Pero Estados Unidos no puede seguir permitiéndoselo. No puede seguir así. O, mejor dicho, sí puede, pero en ese caso continuará con su declive, y China estará encantada de beneficiarse de ello.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
Otro "mazazo" deja tendido al dólar en el mundo
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