Estos son los tres posibles escenarios de cara a la fecha clave del 2 de agosto:
No existe acuerdo
Si republicanos y demócratas no elevaran el techo de endeudamiento, el Gobierno no podría hacer frente a sus obligaciones de pago. Los ingresos fiscales en el mes de agosto serán de unos 172.000 millones de dólares, mientras que los gastos ascenderán a 306.000 millones. Así pues, habría un agujero de exactamente 134.000 millones de dólares (unos 92.000 millones de euros). La administración Obama sólo podría cumplir entre un 40% y un 45% de sus obligaciones de pago, por lo que debería tomar decisiones tan difíciles como escoger si deja de pagar los intereses sobre la deuda, las facturas de la sanidad pública, o las prestaciones de paro. Está previsto que el gobierno envíe el 3 de agosto 29 millones de cheques para pagar la pensión de los jubilados. Ante este escenario, probablemente, se produciría un hundimiento de la bolsa en Wall Street que volvería a situar a EEUU en una dura recesión, pudiendo arrastrar al resto del mundo. Además, las agencias de calificación degradarían los bonos del Tesoro de EEUU, por lo que aumentarían los tipos de interés que paga el Gobierno, y de rebote, también los de las hipotecas, y préstamos de las empresas.
Un acuerdo de mínimos
A estas alturas, quizás el escenario más probable es el de un acuerdo de mínimos a última hora, que evite el desastre, pero no resuelve a medio plazo el problema de la deuda de EEUU. Este pacto pasaría por el incremento del techo de la deuda de unos 2 billones de dólares, y una reducción del gasto público durante los próximos diez años por un valor parecido. Las últimas propuestas de republicanos y demócratas, los planes 'Boehner' y 'Reid', entrarían dentro de esta categoría. Con un acuerdo de este tipo, se conseguiría aplazar el actual debate sobre el tamaño de la reducción del gasto público hasta después de las elecciones presidenciales del 2012. Tanto republicanos como demócratas confían en poder vencer en la próxima cita con las urnas, lo que les permitiría volver a la mesa de negociaciones desde una posición de fuerza. No obstante, no está claro que un acuerdo de mínimos de este tipo pueda evitar la degradación de los bonos del Tesoro de EEUU por parte de las agencias de calificación. Por ejemplo, Moody's advirtió en este sentido, al argumentar que se habría demostrado que la clase política estadounidense es incapaz de hacer los sacrificios para reconducir el volumen de la deuda hacia un nivel sostenible de cara al futuro.
Un acuerdo ambicioso
Este es el escenario preferido por Obama, que propuso un plan de reducción de la deuda durante los próximos 10 años de 4 billones de dólares (cerca de 3 billones de euros), a partir de una combinación de recortes en el gasto social, y de incrementos de impuestos en las rentas altas. Con este objetivo, las negociaciones con el líder republicano, John Boehner, se encontraban muy avanzadas, pero la revuelta de los miembros del Tea Party lo hizo imposible. Es este escenario, la deuda de EEUU conservaría la triple A durante la próxima década, otorgando confianza a los inversores en la solidez del billete verde. Ahora bien, los recortes serían profundos y dolorosos para la población. Entre otras cosas, se modificarían los programas de salud pública, y se reducirían las prestaciones sociales para los jubilados.
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domingo, 31 de julio de 2011
Leer los labios de China
Por largo tiempo, los chinos han admirado el dinamismo económico de Estados Unidos. Sin embargo, han perdido confianza en el gobierno estadounidense y su disfuncional administración económica. Puesto que ocurre tan poco tiempo después de la crisis de las “hipotecas basura”, el debate sobre el techo de la deuda y el déficit presupuestario representa la gota que derrama el vaso. Los altos funcionarios chinos ven horrorizados cómo EEUU permite que la política se las arregle para afectar la estabilidad financiera. China no es un espectador inocente en la carrera de Estados Unidos hacia el abismo. A raíz de la crisis financiera asiática de finales de los 90, China acumuló US$ 3,2 billones en reservas en moneda extranjera para aislar su sistema de las perturbaciones externas. Invirtió las dos terceras partes -alrededor de US$ 2 billones- en activos denominados en dólares, principalmente bonos del Tesoro de EEUU y de valores de agencias (por ejemplo, Fannie Mae y Freddie Mac). Como resultado, China superó a Japón a finales de 2008 como el mayor tenedor extranjero de activos financieros estadounidenses. No sólo en China se sentían seguros con una gran apuesta por los componentes una vez relativamente libres de riesgo de la moneda de reserva del mundo, sino su política de cambio le dejaba pocas otras opciones. A fin de mantener una estrecha relación entre el yuan y el dólar, China tuvo que reciclar una parte desproporcionada de sus reservas de divisas extranjeras en activos basados en dólares. Esos días han terminado. China reconoce que ya no tiene sentido mantener su actual estrategia de crecimiento, que se basa principalmente en una combinación de exportaciones y una gran cantidad de reservas de divisas extranjeras en dólares. China ha adoptado una respuesta muy transparente. Su Duodécimo Plan Quinquenal lo dice todo: un cambio a favor de consumo en la estructura económica china aborda de frente los desequilibrios insostenibles de esta nación. Al centrarse en la creación de empleo en el sector de servicios, la urbanización masiva y la ampliación de su red de seguridad social, habrá un gran impulso a los ingresos laborales y el poder adquisitivo de los consumidores. Como resultado, la proporción de consumo de la economía china podría aumentar en al menos cinco puntos porcentuales del PIB para 2015. Un reequilibrio impulsado por el consumo aleja el crecimiento económico de una excesiva y peligrosa dependencia de la demanda externa, mientras pasa a apoyar una demanda interna sin explotar. Además, quita parte de la presión a una moneda subvaluada como un refuerzo al crecimiento de las exportaciones, dando a China un margen considerable para acelerar el ritmo de las reformas monetarias. Sin embargo, al aumentar la proporción de consumo de su PIB, China también va a absorber gran parte de su ahorro excedente, lo que podría llevar su cuenta corriente a un equilibrio -o incluso un ligero déficit- para 2015. Eso reducirá notablemente el ritmo de acumulación de divisas y cortará la interminable demanda china de activos denominados en dólares. Así, China, el mayor comprador extranjero de bonos públicos en EEUU, pronto dirá “basta”. Sin embargo, otro acuerdo sobre el presupuesto vacío de contenido, junto con un ritmo de crecimiento para la economía de EEUU en los próximos años menor de lo esperado, permite esperar un prolongado período de grandes déficits públicos. Esto plantea la pregunta más importante de todas: sin la demanda china de bonos del Tesoro, ¿cómo se va a financiar la economía de EEUU, de por sí escasa de ahorros, sin sufrir una fuerte caída del dólar y/o un aumento importante en las tasas reales de interés a largo plazo? La respuesta que se escucha de la gente de Washington es que los chinos no se atreverían a iniciar un escenario así. Después de todo, ¿sobre qué podrían hacer sus apuestas en activos? ¿Por qué habrían de arriesgar enormes pérdidas en su gran cartera de activos denominados en dólares? La respuesta de China a estas preguntas es clara: ya no está dispuesta a arriesgar la estabilidad económica y financiera debido a las falsas promesas y la deficiente administración económica de Washington. Finalmente, los chinos están listos para decir que no. Lean sus labios.
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¿Los “mercados” atacan los paises católicos?
La versión oficial sobre los repetidos ataques especulativos a España, Portugal, Irlanda, Italia parece ser lo suficientemente consistente como para no dejar lugar a dudas, y más aún cuando es repetidamente respaldada por un buen número de expertos: los mercados atacan estos paises porque han fracasado en el control del gasto, porque tienen un déficit elevado y porque generan poca confianza respecto de las posibilidades de pagar las deudas. Eso hace que los mercados tengan que prestarles más caro como contrapartida: cuanto mayor riesgo, España por ejemplo, genera mayor interés. Además, el gobierno español habría contribuido a ese escenario al actuar de modo débil y sin ideas claras, introduciendo incertidumbre en un contexto que demanda certezas. Estos paises son gobernados por catolicos poco cualificados e incapaces de tomar decisiones duras que favorezcan a los empresarios. Pero esa verdad oficial no es la única que se maneja a la hora de explicar los motivos de los ataques, que pueden ser interpretados de formas muy diferentes. Para una de ellas, la crisis no sería producto del exceso de gasto, sino del déficit de ingresos. La deuda española es relativamente reducida si la comparamos con la de países como Alemania o Francia o EEUU, y muy reducida si tenemos a Italia y Grecia como referente, de modo que el problema no es el volumen. Las explicaciones no son sólo de corte económico. También hay factores psicológicos, relacionados con la imagen que se proyecta al exterior que podrían explicar cómo esa desconfianza de los mercados anglosajones se traduce en un mayor tipo de interés. Para los anglos los paises catolicos son dados al engaño. Además, lo ocurrido con Grecia, un estado que falseó su contabilidad, refuerza esa desconfianza en la picardía de los pueblos del Mediterráneo. Hay la sensación de que estan siempre escondiendo algo. Las causas del ataque tienen que ver con prejuicios que no se corresponden con la realidad. Los prejuicios aumentaron cuando Kissinger y Nixon tomaron las riendas de la política exterior estadounidense, ya que los americanos entendían que los pueblos de la Europa mediterránea no sabían gobernarse a sí mismos y por eso les hacía falta alguien con mano dura al frente, lo cual explicaba su apoyo a las diferentes dictaduras militares que imperaron en la zona. Estos prejuicios siguen vigentes, pero ahora en forma económica. La desconfianza hacia la Europa meridional puede ser explicada en clave religiosa. No hay que olvidar que los países que están bajo la lupa de los mercados son católicos (Irlanda, Portugal, Italia y España, además de los ortodoxos griegos), y que los bancos y los fondos de inversión que forman ese colectivo impersonal que llamamos mercados son de origen anglosajón, y que entidades como JP Morgan o Goldman Sachs, que son sus actores más relevantes, han tenido y tienen intensos vínculos con otras religiones. Esos mismos bancos y esos mismos fondos de inversiones siguen confiando en EEUU a pesar de que este país muestre un comportamiento que responde mas al esteriotipo católico y mediterráneo.
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¿Obama sigue llevando las riendas en el drama de la deuda?
Hasta hace pocos días, Obama parecía mantener cierto control sobre la pugna por la deuda pública estadounidense. Pero ahora la decisión está en manos del Congreso y el mandatario ha limitado sus apariciones. ¿Cederá terreno o demostrará que aún tenía un as en la manga? Obama se presentaba hasta hace poco como el hombre dispuesto a forzar un acuerdo, convocaba reuniones diarias de las partes en la Casa Blanca. Pero hace una semana, Boehner rompió las negociaciones y desde entonces, Obama parece más un mero espectador que un actor del drama de deuda y se concentra en hacer llamados para que la población inste a que se logre un consenso. Pero, ¿por cuánto tiempo podrá sostener esta situación? Desde hace días, los republicanos reclaman que el presidente intervenga más en los detalles de las negociaciones. Incluso el hombre fuerte de los republicanos en el senado, Mitch McConnell, se negó a seguir negociando con su colega demócrata Harry Reid y exigió que sea Obama quien se siente a la mesa de negociaciones. De ahí que no se descarte que Obama salga al ring públicamente en el transcurso del fin de semana. La pregunta es si aún tiene un triunfo en la manga o si está dispuesto a ceder para alcanzar un compromiso. En la Casa Blanca no se sabe a ciencia cierta cuál sería el mejor papel para Obama e impera la incertidumbre sobre si debería implicarse con mayor fuerza y visibilidad, más directamente en las negociaciones, o más bien apartarse y esperar. El caso recuerda al enfrentamiento presupuestario entre el ex presidente Bill Clinton y los republicanos en 1995. Por entonces, la oposición también bloqueó el dinero público para obligar incluso al gobierno a cerrar parte de la administración estatal y enviar al personal a unas vacaciones forzosas. Pero Clinton se mantuvo firme y salió vencedor. Y después fue reelegido. Sin embargo, es más que cuestionable que vaya a ocurrir lo mismo con Obama. Porque además de las enormes deudas del país, a Obama le afectan otros problemas económicos: el desempleo inusualmente alto y la débil coyuntura. Y en cuestión de economía y finanzas, Obama no tiene buena fortuna.
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sábado, 30 de julio de 2011
Fondos de argentinos se van de EE.UU. ante la posible quiebra del país del norte
Miles de argentinos que viven en distintas ciudades del país del norte ya retiraron sus fondos de los principales bancos ante la falta de seguridad jurídica que hoy tiene ese país y por el posible default que vienen anunciando los analistas económicos. El pasado viernes, el líder del Congreso, el republicano John Boehner, anunció el retiro de su partido de los diálogos con la Casa Blanca, que buscaban un acuerdo sobre elevar el techo del endeudamiento. Pero, aun si eso se resuelve a ultima hora, muchos opinan que el daño ya está hecho, la confianza ha caído y no será fácil de recuperar. Puede que de momento los bonos del Tesoro se sigan manteniendo y que el castigo del mercado no sea tan evidente, pero sucederá tarde o temprano.
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Faltan 100 horas
A puertas del plazo para evitar una devastadora cesación de pagos estadounidense, en el Capitolio prevalece una atmósfera tensa, mientras los líderes demócratas acusaron a sus pares republicanos de negarse a negociar con ellos luego de que el líder de los republicanos del Senado, Mitch McConnell, dijera que quería dialogar directamente con la Casa Blanca. La dramática saga por el límite de deuda se movilizó al Senado el viernes por la noche, después de que la Cámara de Representantes - controlada por los republicanos - aprobara un proyecto de ley sobre recorte del déficit, poniendo fin a semanas de inercia política. Tal como se esperaba, el Senado de mayoría demócrata rechazó de inmediato el proyecto de ley, pero la veloz aprobación del texto en la Cámara baja aumentó la esperanza de que pueda formar parte de un compromiso final. El líder demócrata del Senado, Harry Reid, modificó su plan, añadiendo elementos de una propuesta previa de McConnell con la esperanza de reunir más votos entre los republicanos. No obstante, rechazó la oferta de McConnell de someterlo a votación de inmediato, una señal de que Reid aún no cuenta con el apoyo suficiente para el texto legal. Ahora se espera que el Senado realice aquella votación a primera hora del domingo, con una aprobación final que estaría prevista para la mañana del lunes, poco antes de la apertura de los mercados financieros de Estados Unidos. El Gobierno se quedará sin fondos para pagar todas sus cuentas el martes. McConnell quiere estar seguro de que la Casa Blanca garantice que cualquier plan final sobre el déficit será promulgado por Obama. La propuesta revisada de Reid, que recortaría 2,2 billones de dólares en un periodo de 10 años, incorpora partes del "plan de respaldo" propuesto primero por McConnell. La nueva versión esencialmente daría a Obama la autoridad para elevar el límite de deuda en tres etapas, a fin de cubrir las necesidades de préstamo de Estados Unidos hasta las elecciones de 2012, cuando el mandatario buscará ser reelecto. Obama y los demócratas esperaban evitar votaciones y negociaciones múltiples sobre el límite de deuda antes de las elecciones presidenciales. Los mercados estadounidenses afrontaron su peor semana en un año, cuando la incertidumbre llevó a los inversores a alejarse de activos riesgosos e hizo que el dólar se derrumbara a un nivel récord frente al franco suizo, una moneda considerada estable. El panorama podría ser mucho peor si el acuerdo sobre la deuda estadounidense no está casi aprobado para el momento en que los mercados abran el lunes. Obama ha rechazado sugerencias de que podría tomar medidas de emergencia para elevar unilateralmente el límite de deuda en caso de que los partidos no logren superar sus drásticas diferencias ideológicas sobre los impuestos y el gasto. Con un acuerdo final aún en duda, el Gobierno ha empezado a preparar a los bancos en Wall Street para los efectos posibles de una moratoria. Una de las primeras víctimas podría ser una planeada venta trimestral de 42.000 millones de dólares en nuevos bonos del Tesoro, que podría tener que ser postergada o cancelada. Algunas compañías y firmas de inversión privadas en Estados Unidos también están poniendo en pausa los acuerdos, por el temor a un fracaso en llegar a un acuerdo, lo que podría elevar los costos del financiamiento. "Está definitivamente teniendo un impacto escalofriante sobre la capacidad de las personas de concretar los acuerdos ahora mismo", dijo un importante banquero de inversión, que pidió reserva de su nombre.
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El default o el ajuste perfecto
Algunas frases de la disputa entre demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense parecen extraídas, sin adaptación siquiera, de los archivos de diarios de la Argentina del 2001. El título del conflicto en Washington es la ampliación de la autorización de endeudarse para el gobierno federal, pero el eje político del conflicto está en otro lado: cómo será el ajuste de las cuentas públicas que deberá aplicar el gobierno de Obama para que los representantes (diputados) de la oposición le otorguen la mencionada autorización. “Recorte de gastos”, “reducción de partidas para la seguridad social”, “cumplir con los compromisos de deuda para no perder credibilidad”, son algunas de las frases que las crónicas ponen en boca de congresistas o funcionarios del gobierno norteamericano en esta disputa, generando una rara sensación de mal recuerdo a los oídos de los argentinos. La derecha estadounidense, el Partido Republicano (considerado en su conjunto), ya ganó la primera batalla: en el debate político ya se impuso como verdad absoluta que “lo que todos quieren” es que el gobierno federal se ajuste el cinturón, reduzca “gastos excesivos”, busque “equilibrar las cuentas”. Tan impuesto está este criterio que ni Obama ni el Partido Demócrata lo enfrentan. Se hacen cargo de que el déficit presupuestario de 1,5 billón (millones de millones) de dólares debe ser intervenido quirúrgicamente en lo inmediato. Y llevan la discusión a “de qué forma” y “en qué partidas”. Tan ostensible es el triunfo político en este plano de la derecha que hasta la propuesta “progresista” de los demócratas en el Congreso incluye una reducción de partidas de gastos sociales, “pero no tan abrupta” como la que proponen los republicanos. Lo que quedó relegado a segundo plano es que Estados Unidos aún no salió de la depresión que le produjo el pico de la crisis financiera y arrastra con una enorme masa de habitantes que vive de subsidios del Estado. Cualquier recorte del gasto social tendrá un efecto recesivo sobre la economía. Cualquiera de los proyectos en danza (republicano, demócrata o uno consensuado) recortará, en mayor o menor medida, el gasto social. Si no hay acuerdo y se declara el default, la primera medida que deberá adoptar el gobierno federal es postergar pagos de beneficios sociales (el miércoles 3 tiene vencimientos de la seguridad social por 23 mil millones de dólares). En todos los escenarios, los gastos sociales pierden. Primera batalla ganada por la derecha. En esta particular crisis estadounidense el tema que da título a la disputa, el monto autorizado de endeudamiento, en realidad no le importa a nadie y es una simple excusa para debatir otra cuestión, que es el uso de los recursos del presupuesto. La elevación del tope de deuda por el Congreso ha sido un trámite durante décadas, sin que por lo general se planteara que era eso “o el default”. En 78 ocasiones se subió el tope de deuda desde 1960 a la fecha, 49 veces bajo gobiernos republicanos. Para los republicanos, 14,3 billones de dólares de deuda no es hoy mucho ni poco, sino la excusa perfecta para dejar a Obama sin autorización presupuestaria para seguir aplicando su política. Y plantar una discusión acerca de en qué medida debe hacerse el recorte presupuestario. Pero como no se discute el porqué del monto de la deuda, tampoco se debate en Estados Unidos acerca de las razones que llevaron a este nivel de endeudamiento. Obama asumió en enero de 2009 con una deuda pública de 10,6 billones de dólares, que ya venía creciendo en forma aritmética en los últimos dos años de la administración Bush. En 30 meses la llevó a 14,3 billones, es decir con un crecimiento del 35 por ciento. ¿Por qué? Tanto el actual presidente como su antecesor utilizaron ingentes recursos públicos para salvar a corporaciones industriales y financieras, seriamente comprometidas por el desbarranque de la economía dominada por la lógica financiera. Habían sido los líderes de la economía especulativa, fueron los beneficiarios del rescate pero no serán ahora los que paguen los costos, que recaerán sobre las espaldas de los beneficiarios de planes sociales. ¿Será el actual “peligro de default” en Estados Unidos otro ejercicio de cargar el costo de la crisis sobre las espaldas de las clases sociales medias y bajas? Si hubiera acuerdo para un recorte presupuestario o saliera votada cualquiera de las propuestas de los dos partidos con representación parlamentaria, en todos los casos habría reducciones en las transferencias a las clases más vulnerables en los rubros de salud, seguridad social y educación. La diferencia es que la poda demócrata es un poco menos directa y reparte con gastos militares y eliminación de exenciones impositivas a corporaciones y grandes fortunas. Pero como estas últimas propuestas no pasarán, la orientación general del ajuste va en el mismo sentido que el de la oposición.
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Nadie puede creerlo pero no hay acuerdo en USA ¿como se veria afectada la Argentina?
Ambas cámaras del Congreso estadounidense se muestran incapaces de sacar adelante una ley que evite la suspensión de pagos, ninguno de los dos partidos ofrece una alternativa válida para el otro y Obama no tiene el liderazgo suficiente como para imponerla. USA se encuentra, como consecuencia, a la espera de un milagro que le salve del cataclismo que puede representar una quiebra de la potencia que domina la economía mundial. Ese milagro tiene que llegar antes del 02/08 en la forma de un acuerdo parlamentario. ¿Como se vería la Argentina perjudicada por el default? La reducción de la riqueza en el mundo (precios de los bonos y acciones a la baja) implicaría menos nivel de actividad, menos comercio mundial, y por ende, menores precios de commodities. Consecuentemente, dado que Argentina es un país exportador de materias primas, menores precios internacionales implicarían menos exportaciones y menor entrada de dólares a la economía doméstica. Lo que impactaría negativamente en el consumo y en el dinamismo del nivel de actividad local. El menor nivel de exportaciones se vería compensado en parte por la caída de las importaciones que son sensibles al nivel de actividad. A su vez, también traería aparejado menores ingresos por Retenciones a las exportaciones, comprometiendo el frente fiscal. Si se cortase la entrada de capitales a Brasil, probablemente, el Real se devalúe para equilibrar la cuenta corriente (y la balanza comercial) y para recuperar la competitividad perdida con la apreciación de su moneda. En este escenario, la industria argentina -y el resto de los sectores vinculados- perdería protección.
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viernes, 29 de julio de 2011
EE UU en quiebra política
Estados Unidos está a punto de sumergir al mundo en un grave periodo de incertidumbre económica por culpa de la ingobernabilidad en la que ha entrado su sistema político. Ambas cámaras del Congreso se muestran incapaces de sacar adelante una ley que evite la suspensión de pagos, ninguno de los dos partidos ofrece una alternativa válida para el otro y, aunque Obama pidió ayer urgentemente una solución bipartidista, él mismo no dispone de los instrumentos y el liderazgo suficiente como para imponerla. El país se encontraba ayer, como consecuencia, a la espera de un milagro que le salve del cataclismo que puede representar una quiebra de la potencia que domina la economía mundial. Distintos intentos de solución siguen en marcha, pero ninguno con buenas perspectivas. Después del fracaso del jueves por la noche, Boehner, trataba de nuevo de sacar adelante, con más concesiones a la extrema derecha, una ley para permitir que el Gobierno aumente su endeudamiento para cumplir con sus pagos hasta final de año. Pero esta es una iniciativa que, en el caso de consumarse, nace ya muy debilitada por el obstruccionismo manifestado por el Tea Party y el rechazo anunciado por la Casa Blanca y los demócratas, que controlan el Senado. Corresponde, pues, a los demócratas ofrecer una alternativa más viable, pero éstos tampoco parecen tenerla. El líder demócrata en el Senado, Harry Reid, anunció ayer una ley que recorta una cantidad del gasto público similar al proyecto de Boehner y eleva el techo de deuda hasta finales de 2012. Esta propuesta, sin embargo, no ha encontrado hasta ahora el respaldo de los senadores republicanos, que son suficientes como para impedir que sea incluso votada por el pleno. Los demócratas necesitan el apoyo al menos de siete escaños de la oposición para aprobar el texto de su líder. Solo queda, por tanto, la opción de un pacto bipartidista, para lo que los demócratas deberían de hacer concesiones que, probablemente, les privaría del apoyo de la izquierda, y los republicanos se verían, seguramente, obligados a romper con el Tea Party en la Cámara de Representantes. Ese pacto tendría que establecerse sobre la base de una extensión del techo de deuda hasta después de las elecciones a cambio de un mayor recorte del déficit, por supuesto sin elevar los impuestos, algo a la que ya han renunciado los demócratas. Sería, por decirlo así, el pacto de los moderados. Los hay suficientes en ambas Cámaras como para poner fin a esta crisis. Pero eso exige una actitud muy decidida de parte de los dos partidos, especialmente de los republicanos, algo que no se contempla en absoluto en estos momentos. El Partido Republicano nunca midió las consecuencias de su pacto con el movimiento Tea Party para ganar las elecciones legislativas de 2010. Nunca entendió la naturaleza anárquica de los 40 congresistas que se incorporaban en esa fecha a la Cámara de Representantes. Nunca calculó el grado de fanatismo, amateurismo e intransigencia de un puñado de políticos que vino a Washington a limpiar el sistema y no tiene escrúpulos en llevarse por delante lo que sea preciso para conseguirlo. Probablemente, Boehner, lo entendió por fin en la azarosa noche del jueves mientras buscaba uno a uno los votos que necesitaba para sacar adelante su propuesta sobre el levantamiento del techo de deuda. Lo hizo como se han hecho tradicionalmente esas negociaciones, ofreciendo cargos y compensaciones a cambio del voto. Pero se encontró con un muro en el que la defensa de los principios puede más que la credibilidad de EE UU o las urgencias de la economía mundial. "Yo no vine aquí buscando favores ni un puesto en un comité, así es que amenazarme con eso no tiene ningún efecto", advirtió uno de los representantes de ese sector, el congresista de Carolina del Sur, Trey Gowdy. Los congresistas no estaban solos en esa aventura revolucionaria. Mark Meckler y Jenny Beth Martin, los fundadores de los Tea Party Patriots, se habían apostado con un grupo de los suyos a las puertas del Capitolio para impartir instrucciones a sus congresistas, en un ejemplo de ese modelo de democracia directa que ellos patrocinan. En el teléfono, Richard Armey, el líder de FreedomWorks, se aseguraba la lealtad de los congresistas de Tejas que controla. En Facebook, Sarah Palin hizo una declaración estimulando a los miembros del Congreso a mantener la palabra dada a los electores y resistir todas las presiones. En Twitter y otras redes sociales, miles de activistas recordaban a sus representantes parlamentarios lo que tenían que hacer si querían ser bien recibidos en sus distritos electorales. Paralelamente, Rush Limbaugh y otros comentaristas en la radio y en la cadena Fox vigilaban inquisitorialmente el comportamiento de cada uno de los congresistas de la derecha. Estos fanáticos son los que dieron vitalidad a los republicanos después de su derrota en las elecciones presidenciales de 2008 y estos fanáticos son los que hoy imponen su ley dentro del partido. Boehner ha perdido fuerza para conducir ese proceso. Reid nunca ha tenido demasiada. En cuanto a Obama, su posición es más difícil aún. Después de varias semanas de esfuerzos personales que concluyeron, sin frutos, en el discurso auto exculpativo del lunes pasado, ha tratado de protegerse en el hecho cierto de que la responsabilidad de elevar el techo de deuda corresponde exclusivamente al Congreso para tratar de quedar relativamente al margen de la situación. Misión imposible. El pésimo espectáculo que Washington ofrece a la nación afecta decisivamente a la imagen del presidente.
El Tío Sam es de otro planeta
El gobierno de Estados Unidos tiene menos dinero en sus arcas que Apple en su Tesorería. Al débil gobierno del país más poderoso del mundo le quedan 73,800 millones de dólares. Apple tiene 76,200 millones. Por si fuera poco, la corporación gasta menos de lo que recibe y la administración pública todo lo contrario. El tamaño de la deuda pública estadounidense es otro cuadro de la misma exposición de terror: 14’342’841,083,049.67 dólares. No es fácil encontrar una cantidad para compararla. Pero en macroeconomía tiene un equivalente: es casi igual a la suma de los PIB de Japón, Alemania y China: US14.3 billones. No se trata de una abstracción. Es dinero real que se le debe a acreedores reales, aunque 30% de la deuda es intragubernamental. Lo que se debe a acreedores que están fuera del gobierno asciende a alrededor de 10 billones de dólares (trillions, dicen ellos). Sin embargo, no habrá default a 100 por ciento. Pase lo que pase en el Congreso, la administración pública pondrá en marcha un plan para hacer frente a una parte de sus pagos. En ella tendrán prioridad las obligaciones financieras de EU frente a cualquier compromiso, por ejemplo: sueldos de los trabajadores del gobierno, gasto para el funcionamiento de las oficinas públicas y seguridad social. Poner en primer lugar las obligaciones financieras no es políticamente correcto, pero es la única forma de evitar el efecto tsunami en los mercados financieros internacionales. En agosto, el gobierno estadounidense enfrenta compromisos por US29,000 millones para el pago de intereses. US49,200 millones para el pago de la seguridad social. US50,000 millones para Medicare y Medicaid. US31,700 millones ante contratistas de la Defensa y US12,800 millones de seguro de desempleo. Más de la mitad de los compromisos no podrán ser cubiertos. En consecuencia la realidad será caótica: la Tesorería escogerá ganadores y perdedores (en la lotería de la cobranza). Los tenedores de bonos integran el grupo que tiene menos riesgo de impago. El Tesoro de EU emitirá bonos para poder honrar los compromisos financieros que tiene con ellos. Lo curioso del caso es que, a pesar de todo, sabiendo lo que pasa, siendo conscientes de lo que sucede, EEUU conseguirá compradores (giles) que quieran tener bonos "garantizados" por el gobierno estadounidense. Suena raro y lo es. Para cualquier otro país del mundo sería imposible conseguir algunos pocos millones de dólares en una situación como la que enfrentan EEUU, pero el Tio Sam vive una realidad que es de otro planeta. Ayer (28 de julio), los inversionistas dejaron en claro que siguen prefiriendo los bonos de Estados Unidos antes que los emitidos por países europeos. Quizá eso cambie cuando venga la baja en la calificación. Por lo pronto, el Tío Sam mantiene sus privilegios a prueba de balas. A estas alturas, nadie necesita ser convencido de la irracionalidad de los inversionistas y los mercados; sin embargo, esto es casi siniestro. Como si estuviéramos viendo una película donde la chica amenazada fuera a buscar refugio a la casa del principal sospechoso. Es Caperucita Roja hablando con el lobo feroz y preguntando: “¿Por qué tienes un déficit tan grande?”.
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EEUU: la dimensión real de una deuda de 15 billones de dólares
¿Cuánto debe realmente EEUU? El actual nivel de deuda de EEUU es una cifra gigantescas que sobrepasa lo contabilizable para el común de los mortales. Oto Godfrey, diseñador e infografista con sede en Los Ángeles, ha puesto imágenes a esos números y a las millones de toneladas de billetes que están detrás para hacernos a la idea de la dimensión física de la deuda de EEUU. Su web wtfnoway.com arrasa tras construir virtualmente el mayor rascacielos de Nueva York con dólares. Tomando como referencia el billete de 100 dólares, 100 millones de dólares llenarían un palé de carga con la altura de una persona adulta. 1.000 millones de dólares formarían 10 palés de este tipo, mientras que con 1 billón de dólares (1.000 pales) se superaría la superficie de campo de fútbol (100 por 45 metros). "Si te gastases un millón de dólares diario desde el nacimiento de Jesucristo no habrías llegado a gastar un billón", señala Godfrey. Con 15 billones, el diseñador ha construido un rascacielos con una base superior a un campo de fútbol y una altura superior a la Estatua de la Libertad. Pese a que la deuda pública estadounidense tiene un alcance colosal, lo que deben realmente los ciudadanos y empresas de EEUU sumado a la 'hipoteca' federal multiplica por diez. Los 114,5 billones de dólares formarían un super-rascacielos de billetes de 100 dólares con más de 500 metros de altura en la ciudad de Nueva York, superando a dos edificios emblemáticos como el Empire State y a las extintas Torres Gemelas, destruidos en el 11-S.
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jueves, 28 de julio de 2011
La verdad, estos tipos ya resultan aburridos…
Todo parece indicar que el proyecto Boehner para reducir el déficit fiscal e incrementar el techo de la deuda contaría con los votos necesarios en la Cámara Baja, lo que aumentaría la presión al Gobierno de Barack Obama, que se opone a los drásticos ajustes que éste plantea. El plan de este psicópata prevé una reducción del déficit de 915 mil millones de dólares en 10 años, a cambio de un aumento en el límite de endeudamiento de 900 mil millones antes del 2 de agosto y otro similar a principios de 2012, en plena campaña de las elecciones presidencial y legislativa de noviembre. El proyecto esta condenado al fracaso. Es un ejercicio de teatro político, carente de significación, una maniobra inútil, ya que los demócratas, que la rechazan por considerar que no hace más que postergar el problema, no la aprobarán en el Senado. El miércoles 53 de los 100 senadores que componen la Cámara Alta se pronunciaron en contra del plan de Boehner. Además, en caso de que superara esa instancia, la Casa Blanca lo vetaría. Otro plan fue presentado en el Senado por Reid. La propuesta ahorraría 2,2 billones de dólares en 10 años y los demócratas esperan que ese proyecto esté acompañado por un aumento del techo de la deuda suficiente como para llegar a 2013. Pero, a la inversa de lo que ocurrirá con el plan de Boehner, será la mayoría republicana de la Cámara de Representantes la que objetará ese proyecto. Según los republicanos, esto equivaldría a otorgarle "un cheque en blanco" Obama, candidato a la reelección. Durante el debate de los últimos días, algunos legisladores y economistas señalaron que la Reserva Federal (Fed) podría financiar por una vez al Tesoro y permitir que el país continuara honrando sus compromisos. Esa versión, fue replicada por un dirigente de ese organismo. "No se confundan, la Fed no tiene una varita mágica para que la economía atraviese una crisis de esta gravedad sin dificultades", advirtió John Williams.
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Golpea a los mercados el temor al default
Lo inimaginable está sucediendo. A estas alturas, crece la impresión de que sólo una maniobra desesperada evitará que Estados Unidos caiga en default, mientras los mercados empiezan ya a castigar la incapacidad de sus políticos para superar la crisis que tiene en vilo a la economía global. La Casa Blanca insiste en que "aún hay espacio" para alcanzar un acuerdo para evitar que, el próximo martes, este país entre en default. La moratoria, de alcances imprevisibles, sucedería si para entonces no se lograra el necesario acuerdo político que destrabe el permiso parlamentario para emitir deuda pública. Fuentes de la Casa Blanca sugieren que hay un "plan B" para evitar el default. Hay aquí quienes creen que eso podría ser un eufemismo para aludir al recurso extremo de un decreto para superar la situación. Lejos del pánico, los mercados castigaron ayer la incertidumbre con una virulencia mucho más evidente que en los días previos. Las principales bolsas del mundo reflejaron la tensión: Wall Street cerró con una caída del 1,59% en el Dow Jones. El estancamiento de las negociaciones hizo caer las bolsas de Fráncfort, Londres, París y Madrid; repercutió de forma negativa en las bolsas latinoamericanas, y llevó el precio del oro a un nuevo récord. Pese a que las conversaciones están en punto muerto y a que ayer se demoró en la Cámara de Representantes un cuestionado plan republicano para reducir el déficit, los analistas afirman que, por debajo del tembladeral, existe la convicción de que "de una manera u otra" se evitará el quebranto. Hubo ayer marchas ciudadanas y hasta un rap para demandar lo que nunca antes había pedido una melodía: "Que se suba el techo de deuda". Curioso título para una canción de protesta.
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¿Pudiendo endeudarse más, por qué EEUU habla de default?
La famosa palabra en inglés default hace referencia a una cesación de pagos. Lo interesante del caso de Estados Unidos es que siempre los default de deuda soberana se han dado por la imposibilidad de un país de refinanciar sus vencimientos de deuda, al no encontrar nadie dispuesto a prestarle dinero. Sin ir más lejos la voz crédito denota la fama o reputación que goza un agente de satisfacer sus compromisos. Pero al analizar el caso de Estados Unidos, se puede ver a simple vista que si este quisiera emitir más deuda, el mundo está dispuesto a prestarle a tasas muy bajas, en niveles mínimos en términos históricos. Por ejemplo, un bono del Tesoro de Estados Unidos a 5 años paga menos de 1,5% anual, a 30 años menos de 4,5%. E incluso estas tasas se encuentran bajando (es decir que hay presión de demanda por deuda norteamericana). Entonces, ¿por qué Estados Unidos puede defaultear? La respuesta en este caso no está en la economía sino en la política. El Tesoro enfrenta un techo o límite de deuda que es determinado por el Congreso, como muchos habrán oído ese techo ya ha sido alcanzado, y el 2 de Agosto se debería emitir nueva. ¿Por qué el Congreso no aumenta el techo de la deuda? Aquí se encuentra el centro de la discusión. En la actualidad la Cámara de Representantes se encuentra dominada por los republicanos, quienes están dispuestos a hacer “sufrir” al presidente demócrata para lograr la aprobación de un nuevo límite. En busca no sólo de arruinar la imagen de Obama, sino también de vengarse por el duro golpe que fue para los republicanos la reforma al sistema de salud impuesta por los demócratas. Por lo pronto la discusión se da en un punto de confrontación histórica entre republicanos y demócratas, mientras los primeros quieren ajustar la economía por medio de reducción del gasto, los últimos lo quieren hacer mediante subas en los impuestos. Los republicanos defienden a sus electores y los demócratas a los suyos. ¿Cómo terminará esto? Probablemente se llegue a un acuerdo sobre el abismo de la fecha límite, donde los republicanos lograrán algunos de los ajustes que demandan y deberán ceder en otros ya que esta estrategia empieza a arruinar la imagen de ellos mismos ante el electorado. Electorado que empieza a ver que este peligroso “juego” hace tambalear a la economía. ¿Qué pasa si no hay acuerdo? Aparentemente el Tesoro cuenta con un plan B contable para poder mover partidas presupuestarias y seguir adelante, aunque esta estrategia sin dudas dispararía una disminución de calificación por parte de las calificadoras de riesgo. Otros hablan de la posibilidad de tomar la enmienda 14 de la Constitución y declarar inconstitucional el techo de la deuda actual, algo poco probable y engorroso. No llegar a un acuerdo sería una gran irresponsabilidad por parte de los políticos, que afectaría el crédito del país a futuro. Por lo pronto el mercado de bonos del Tesoro no parece tener miedo, aunque en el mercado de renta variable se ven algunas bajas que demuestran que los inversores empiezan a perder la paciencia ante este peligroso juego de poderes políticos.
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miércoles, 27 de julio de 2011
De la nueva fiebre del oro o de cómo Estados Unidos está quebrando
Desde noviembre del 2010 y hasta finales de junio el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, el señor Bern Bernanke, lanzó una iniciativa financiera llamada “quantitative easing”, (respiro cuantitativo), en su segunda fase, QE2, con la finalidad de que el gobierno comprara alrededor de $600,000 millones de dólares de los bonos del tesoro (treasury bonds) emitidos precisamente por el mismísimo gobierno, los cuales representan millones de dólares regados por todo el mundo, es decir deuda.
Así, en promedio, se adquirieron $75,000 millones mensuales de dichos papeles bursátiles, todo para evitar un muy probable colapso de tales bonos, así como para evitar o aminorar otro nuevo, fuerte descalabro de la economía estadounidense, peor, incluso, del que ha estado sufriendo desde el 2008, como veremos.
El déficit fiscal federal estadounidense suma ya $1.6 billones de dólares y una manera de, digamos, “financiar” ese déficit (o más bien ocultarlo y tratar de prevenir el desastre que viene), ha sido a través de la venta de tales bonos del tesoro, desde hace muchos años (algo que normalmente hacen todos los gobiernos, pero que el de Estados Unidos, aprovechando su declinante dominio económico, en los años recientes, ha sobrevendido dichos bonos y ya ha sobrepasado su capacidad de pago, ya no digamos para recomprarlos, sino ni siquiera para pagar los intereses que devengan dichos bonos).
Obviamente que en esos viejos tiempos, con la entonces digamos que aceptable economía estadounidense (por lo menos, no tan deficitaria y débil, al borde del colapso, como lo es en la actualidad), era muy atractivo adquirir bonos del tesoro, pues se trataba de una muy sólida manera de asegurar una futura, cómoda y aceptable inversión, sobre todo en ese país, tan dado a la “fiebre inversionista”, en donde los ávidos inversionistas están siempre a la caza de las mejores “oportunidades” de invertir su dinero y sacar rápidas y muy buenas ganancias.
Sin embargo, las constantes crisis y recesiones económicas habidas desde entonces, especialmente la iniciada en el 2008 (que aún no concluye, y, al contrario, está empeorando), provocada por la burbuja inmobiliaria, han tenido el efecto de disminuir gradualmente el interés que han rendido tales bonos, que llegó a ser de un 7%, y que actualmente se ubica en un magro 3%, teniéndolos 10 años como mínimo (las tasas de interés bajan durante las crisis como una manera de alentar tanto el consumo, así como la inversión. Por ejemplo, otro país que no ha remontado la crisis económica que sufre desde mediados de los 90’s es Japón, provocada también por una burbuja inmobiliaria, el cual ahora, con el temblor, tiene muchos más graves problemas económicos. Desde hace muchos años, mantiene su tasa de interés cercana al 1%, pero ni así ha salido de la hecatombe financiera y económica).
Parecería absurdo que el propio gobierno se compre sus bonos del tesoro, pero eso es para, en primer lugar, no haber tenido que pagar los intereses prometidos, especialmente durante la “peor” fase de la crisis. En segundo lugar, es una manera artificial de elevar el atractivo que dichos bonos tengan entre los posibles compradores, que consideren que invertir su dinero en documentos fiscales tan aparentemente seguros, sigue siendo una “gran oportunidad”.
Sin embargo, como cada vez son menos atractivos o de plano ya no, por esa razón Bernanke se puso a comprarlos, a ver si la gente se anima. Sobre todo porque el 3% ofrecido a diez años de tenerlos, es, según los analistas, de reírse. Comparado tal rendimiento con la inflación promedio al consumidor, de 3.6%, o la de los fabricantes, de 7.2% (ésta, se pasa a los consumidores), no es negocio (además, con tantas especulativas inversiones privadas, que pueden ofrecer intereses muchas veces superiores y en menor plazo, y que a pesar de la crisis siguen existiendo, ¡pues menos!).
Pero esos bonos tan masivamente comprados, ahora, de nueva cuenta, requieren venderse, con tal de que el gobierno pueda financiar su déficit fiscal (esto, en pocas palabras, significa que el gobierno de Estados Unidos está gastando más de lo que puede pagar).
El problema que tiene Bernanke es que sus tradicionales compradores, que eran China y Japón, fuertes tenedores en el pasado de los bonos del tesoro, ahora ya no están dispuestos a seguir cargando con el déficit fiscal del gobierno de Estados Unidos, sobre todo, en vista de que no tiene caso meter más dinero bueno al malo, como se dice, pues es claro que Estados Unidos no tiene ya capacidad de pago, está quebrado (Estados Unidos está actuando como un banco sin fondos o una empresa en bancarrota, que pueden seguir emitiendo y vendiendo sus acciones, prometiendo altos intereses, sólo para pagar sus deudas con el dinero obtenido, pero si en determinado momento los tenedores de dichas acciones solicitan su dinero, más los intereses prometidos, entonces el engaño se cae, junto con la empresa generadora del fraude). De hecho, China se ha desecho de más del 8% de los bonos del tesoro estadounidenses que tenía, como medida de precaución por lo que pueda venir. Japón no lo ha hecho, pero ahora con sus incrementados problemas económicos, sobre todo por el terremoto (que le va a costar unos $300,000 millones de dólares en gastos de reconstrucción y unos diez años), mucho menos podrá comprar más de esos bonos (que ya casi son chatarra, según señalan algunos analistas).
Así que al prácticamente no haber compradores, el déficit de Estados Unidos no podrá aliviarse y se avizora lo que se ha dado en llamar en la jerga de Wall Street un “colapso del mercado de los bonos” (bond market crash), que algunos ubican tan cercano como este próximo diciembre. Eso, señalan en Wall Street, será el comienzo de la cuenta regresiva para que los problemas económicos generados por la actual crisis empeoren aún más y generen más graves complicaciones, entre otras una inflación sin precedentes en la historia de Estados Unidos.
En teoría, sólo puede haber circulante, o sea, papel moneda, en un monto similar, es decir, esos cien millones de dólares, con tal de que exista un equilibrio financiero. Esto es lo mismo a que si se tratase de un trabajador que sólo gastara lo que realmente tuviera de dinero. Pero si en cierto momento, ese gobierno gasta cada vez más y más, su momentánea ventaja es que puede imprimir dinero, a diferencia del trabajador, que no puede hacerlo. Y si el gobierno cada vez aumenta la impresión de dinero, llegará el momento en que éste sea tanto, que el valor nominal de cada billete no corresponda con su valor real. Siguiendo con el ejemplo dado, si el gobierno imprime 200 millones de dólares, cada billete de a cien dólares, en realidad valdrá cincuenta. Si el gobierno imprime 400 millones, cada billete de a cien, valdrá ahora 25… y así por el estilo.
Un Apocalipsis estadounidense se aproxima. Desmedido gasto gubernamental, deudas enormes, descontrolada impresión de dinero, inimaginable cobardía política, están por perpetrar un enorme impacto en los ciudadanos estadounidenses. Ahora que esas enormes deudas están comenzando a implosionarse, y que el dólar está devaluándose en todo el mundo, el estilo de vida estadounidense cambiará radicalmente. Millones de estadounidenses están por perder su ingreso, sus ahorros, su poder adquisitivo y sus casas (ya de por sí muchos perdieron sus casas con el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, el origen de la actual crisis o hasta sus fondos de pensiones, por los desfalcos financieros).
Y en efecto, muchos ciudadanos de ese país comienzan ya a sentir los efectos devastadores que la crisis provocó, agravados por la manera tan elitista en que Obama trató de “resolverla”, rescatando sólo a los bancos: han perdido cientos de miles sus trabajos, sus casas, sus fondos de pensión, sus ahorros… el tan presumido “american way of life” es cosa del pasado, algo que en la actualidad no es ni remotamente vigente para las grandes mayorías.
Aun así, hasta de crisis como la actual, hay pequeños grupos que le sacan jugo a todo y sólo ven la oportunidad de hacer más dinero y enriquecerse.
Como es un hecho que el dólar como divisa de pago y de ahorro está dejando de serlo, esos especuladores, sectores pertenecientes a las elites de Wall Street, ahora aplican sus esperanzas de enriquecimiento en los metales preciosos, en particular el oro.
Y esta fiebre por proteger las fortunas comprando oro, en todas sus formas, es algo que nos está llevando a los tiempos antiguos, cuando el atesoramiento se hacía almacenando oro o plata.
El problema es que la presente crisis no se está resolviendo, sino, al contrario, tiende a profundizarse, con eventos como el enorme déficit y endeudamiento fiscal estadounidense. Hablando de su deuda, tanto pública, como privada, asciende a $14,850,000 dólares, o sea, casi el 95% de su PIB, lo que muestra que Estados Unidos está endeudado hasta los dientes, como se dice, y eso lo ha logrado, hasta ahora, por el reconocimiento de divisa fuerte que tenía el dólar.
Pero es en medio de la crisis que se está viendo la debilidad estructural de la antes “sólida economía estadounidense”, y en todo el mundo o se están deshaciendo de sus bonos del tesoro basura o ya no se está aceptando al dólar como medio de pago.
Y la única “esperanza” que Estados Unidos tiene en estos momentos de evitar la brutal recaída está en el famoso debate sobre su “techo de endeudamiento”, es decir, que se le permita endeudarse al gobierno de Obama con dos billones de dólares más ($2,000,000,000,000) para que se tenga un presupuesto para el año entrante “adecuado”. Ese dinero representa casi 14% de su deuda actual, que, como ya dije, es de casi $14.9 billones de dólares, 95% del PIB del presente año. Así, de darse ese endeudamiento extra, Estados Unidos estaría entrando al reino en donde las deuda de un país, supera su capacidad económica de un año, como en el caso de Grecia.
El déficit fiscal federal estadounidense suma ya $1.6 billones de dólares y una manera de, digamos, “financiar” ese déficit (o más bien ocultarlo y tratar de prevenir el desastre que viene), ha sido a través de la venta de tales bonos del tesoro, desde hace muchos años (algo que normalmente hacen todos los gobiernos, pero que el de Estados Unidos, aprovechando su declinante dominio económico, en los años recientes, ha sobrevendido dichos bonos y ya ha sobrepasado su capacidad de pago, ya no digamos para recomprarlos, sino ni siquiera para pagar los intereses que devengan dichos bonos).
Obviamente que en esos viejos tiempos, con la entonces digamos que aceptable economía estadounidense (por lo menos, no tan deficitaria y débil, al borde del colapso, como lo es en la actualidad), era muy atractivo adquirir bonos del tesoro, pues se trataba de una muy sólida manera de asegurar una futura, cómoda y aceptable inversión, sobre todo en ese país, tan dado a la “fiebre inversionista”, en donde los ávidos inversionistas están siempre a la caza de las mejores “oportunidades” de invertir su dinero y sacar rápidas y muy buenas ganancias.
Sin embargo, las constantes crisis y recesiones económicas habidas desde entonces, especialmente la iniciada en el 2008 (que aún no concluye, y, al contrario, está empeorando), provocada por la burbuja inmobiliaria, han tenido el efecto de disminuir gradualmente el interés que han rendido tales bonos, que llegó a ser de un 7%, y que actualmente se ubica en un magro 3%, teniéndolos 10 años como mínimo (las tasas de interés bajan durante las crisis como una manera de alentar tanto el consumo, así como la inversión. Por ejemplo, otro país que no ha remontado la crisis económica que sufre desde mediados de los 90’s es Japón, provocada también por una burbuja inmobiliaria, el cual ahora, con el temblor, tiene muchos más graves problemas económicos. Desde hace muchos años, mantiene su tasa de interés cercana al 1%, pero ni así ha salido de la hecatombe financiera y económica).
Parecería absurdo que el propio gobierno se compre sus bonos del tesoro, pero eso es para, en primer lugar, no haber tenido que pagar los intereses prometidos, especialmente durante la “peor” fase de la crisis. En segundo lugar, es una manera artificial de elevar el atractivo que dichos bonos tengan entre los posibles compradores, que consideren que invertir su dinero en documentos fiscales tan aparentemente seguros, sigue siendo una “gran oportunidad”.
Sin embargo, como cada vez son menos atractivos o de plano ya no, por esa razón Bernanke se puso a comprarlos, a ver si la gente se anima. Sobre todo porque el 3% ofrecido a diez años de tenerlos, es, según los analistas, de reírse. Comparado tal rendimiento con la inflación promedio al consumidor, de 3.6%, o la de los fabricantes, de 7.2% (ésta, se pasa a los consumidores), no es negocio (además, con tantas especulativas inversiones privadas, que pueden ofrecer intereses muchas veces superiores y en menor plazo, y que a pesar de la crisis siguen existiendo, ¡pues menos!).
Pero esos bonos tan masivamente comprados, ahora, de nueva cuenta, requieren venderse, con tal de que el gobierno pueda financiar su déficit fiscal (esto, en pocas palabras, significa que el gobierno de Estados Unidos está gastando más de lo que puede pagar).
El problema que tiene Bernanke es que sus tradicionales compradores, que eran China y Japón, fuertes tenedores en el pasado de los bonos del tesoro, ahora ya no están dispuestos a seguir cargando con el déficit fiscal del gobierno de Estados Unidos, sobre todo, en vista de que no tiene caso meter más dinero bueno al malo, como se dice, pues es claro que Estados Unidos no tiene ya capacidad de pago, está quebrado (Estados Unidos está actuando como un banco sin fondos o una empresa en bancarrota, que pueden seguir emitiendo y vendiendo sus acciones, prometiendo altos intereses, sólo para pagar sus deudas con el dinero obtenido, pero si en determinado momento los tenedores de dichas acciones solicitan su dinero, más los intereses prometidos, entonces el engaño se cae, junto con la empresa generadora del fraude). De hecho, China se ha desecho de más del 8% de los bonos del tesoro estadounidenses que tenía, como medida de precaución por lo que pueda venir. Japón no lo ha hecho, pero ahora con sus incrementados problemas económicos, sobre todo por el terremoto (que le va a costar unos $300,000 millones de dólares en gastos de reconstrucción y unos diez años), mucho menos podrá comprar más de esos bonos (que ya casi son chatarra, según señalan algunos analistas).
Así que al prácticamente no haber compradores, el déficit de Estados Unidos no podrá aliviarse y se avizora lo que se ha dado en llamar en la jerga de Wall Street un “colapso del mercado de los bonos” (bond market crash), que algunos ubican tan cercano como este próximo diciembre. Eso, señalan en Wall Street, será el comienzo de la cuenta regresiva para que los problemas económicos generados por la actual crisis empeoren aún más y generen más graves complicaciones, entre otras una inflación sin precedentes en la historia de Estados Unidos.
Estados Unidos está en las primeras fases de una crisis que sacudirá sus fundamentos esenciales. El colapso económico estadounidense comenzó a generarse desde el 2008, cuando el gobierno decidió “resolver” la crisis de enorme deuda y déficit fiscal, simplemente imprimiendo billones de dólares, sin un apoyo económico real. Para que se comprenda mejor esta parte, supongamos que lo que un gobierno vale, sus activos, digamos, son cien millones de dólares.
En teoría, sólo puede haber circulante, o sea, papel moneda, en un monto similar, es decir, esos cien millones de dólares, con tal de que exista un equilibrio financiero. Esto es lo mismo a que si se tratase de un trabajador que sólo gastara lo que realmente tuviera de dinero. Pero si en cierto momento, ese gobierno gasta cada vez más y más, su momentánea ventaja es que puede imprimir dinero, a diferencia del trabajador, que no puede hacerlo. Y si el gobierno cada vez aumenta la impresión de dinero, llegará el momento en que éste sea tanto, que el valor nominal de cada billete no corresponda con su valor real. Siguiendo con el ejemplo dado, si el gobierno imprime 200 millones de dólares, cada billete de a cien dólares, en realidad valdrá cincuenta. Si el gobierno imprime 400 millones, cada billete de a cien, valdrá ahora 25… y así por el estilo.
Como cada vez el dinero valdrá menos, todo lo que se deba de comprar costará más caro (la gente seguirá ganando lo mismo) y eso comenzará a incrementar los índices inflacionarios más y más… hasta llegar a procesos de incrementos de precios tan fuertes, como los que caracterizaron a muchas economías latinoamericanas en los 80’s.
Un Apocalipsis estadounidense se aproxima. Desmedido gasto gubernamental, deudas enormes, descontrolada impresión de dinero, inimaginable cobardía política, están por perpetrar un enorme impacto en los ciudadanos estadounidenses. Ahora que esas enormes deudas están comenzando a implosionarse, y que el dólar está devaluándose en todo el mundo, el estilo de vida estadounidense cambiará radicalmente. Millones de estadounidenses están por perder su ingreso, sus ahorros, su poder adquisitivo y sus casas (ya de por sí muchos perdieron sus casas con el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, el origen de la actual crisis o hasta sus fondos de pensiones, por los desfalcos financieros).
Y en efecto, muchos ciudadanos de ese país comienzan ya a sentir los efectos devastadores que la crisis provocó, agravados por la manera tan elitista en que Obama trató de “resolverla”, rescatando sólo a los bancos: han perdido cientos de miles sus trabajos, sus casas, sus fondos de pensión, sus ahorros… el tan presumido “american way of life” es cosa del pasado, algo que en la actualidad no es ni remotamente vigente para las grandes mayorías.
Aun así, hasta de crisis como la actual, hay pequeños grupos que le sacan jugo a todo y sólo ven la oportunidad de hacer más dinero y enriquecerse.
Como es un hecho que el dólar como divisa de pago y de ahorro está dejando de serlo, esos especuladores, sectores pertenecientes a las elites de Wall Street, ahora aplican sus esperanzas de enriquecimiento en los metales preciosos, en particular el oro.
Y esta fiebre por proteger las fortunas comprando oro, en todas sus formas, es algo que nos está llevando a los tiempos antiguos, cuando el atesoramiento se hacía almacenando oro o plata.
El problema es que la presente crisis no se está resolviendo, sino, al contrario, tiende a profundizarse, con eventos como el enorme déficit y endeudamiento fiscal estadounidense. Hablando de su deuda, tanto pública, como privada, asciende a $14,850,000 dólares, o sea, casi el 95% de su PIB, lo que muestra que Estados Unidos está endeudado hasta los dientes, como se dice, y eso lo ha logrado, hasta ahora, por el reconocimiento de divisa fuerte que tenía el dólar.
De eso se ha valido el gobierno de aquel país para seguir imprimiendo dólares sin un verdadero respaldo, apoyando sobre los hombros del resto del mundo su colapso financiero y económico, vendiendo, además, los mencionados bonos del tesoro, que también han contribuido a solventar su parasitismo. Otro factor en contra de Estados Unidos es que se ha ido desindustrializando. Por ejemplo, en 1953, poco más del 28% de las actividades se concentraban en el sector manufacturero, y actualmente sólo un 11.7% tienen que ver con dicho sector. Las corporaciones han preferido irse a lugares con materias primas y mano de obra más barata, como China. Por tanto al vender mucho menos de lo que exporta, no existe, en realidad, una base sólida para dicho intercambio comercial.
Pero es en medio de la crisis que se está viendo la debilidad estructural de la antes “sólida economía estadounidense”, y en todo el mundo o se están deshaciendo de sus bonos del tesoro basura o ya no se está aceptando al dólar como medio de pago.
Y la única “esperanza” que Estados Unidos tiene en estos momentos de evitar la brutal recaída está en el famoso debate sobre su “techo de endeudamiento”, es decir, que se le permita endeudarse al gobierno de Obama con dos billones de dólares más ($2,000,000,000,000) para que se tenga un presupuesto para el año entrante “adecuado”. Ese dinero representa casi 14% de su deuda actual, que, como ya dije, es de casi $14.9 billones de dólares, 95% del PIB del presente año. Así, de darse ese endeudamiento extra, Estados Unidos estaría entrando al reino en donde las deuda de un país, supera su capacidad económica de un año, como en el caso de Grecia.
Y si se le concede ese “techo de endeudamiento”, eso no quiere decir que los problemas económicos de Estados Unidos – o del mundo entero – ya estén resueltos, no, sino que ese dinero sólo servirá para solventar deudas, no para impulsar un crecimiento económico real. Esto equivale a que un trabajador sumamente endeudado pidiera prestado no para seguir viviendo y haciendo mejoras para su familia o su hogar, sino simplemente para pagar sus deudas. Y si no se le concede el endeudamiento, según los analistas, lo peor del recrudecimiento de la crisis estallaría inmediatamente. Es decir, si los ambiciosos y voraces barones del dinero le conceden más créditos a Estados Unidos, la recaída de la crisis se retardará por unos meses más, pero de todos modos aquélla no podrá evitarse, la que será mucho peor de lo que se ha vivido en los pasados tres años.
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Greenspan, el pavote y Adam Smith, el socialista
Alan Greenspan, quien presidiera el Banco Central de los Estados Unidos durante 18 años, declaró en el Congreso que la súbita crisis lo había tomado por sorpresa y que no la entendía. Al preguntársele si se arrepentía por haber preconizado y logrado la eliminación de controles estatales a la actividad financiera, admitió haberse equivocado y reconoció que es precisa alguna intervención estatal en la actividad económica privada. El caso de Greenspan tiene especial interés para los economistas, porque este individuo fue un fiel discípulo de la escuela austriaca de economía, encabezada por Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek y Murray Rothbard. Esta escuela se hizo famosa en los Estados Unidos gracias en parte a la campaña de Ayn Rand (el seudónimo de Alisa Rosenbaum). Esta mujer fue una novelista y ensayista enormemente popular, aunque sin otra credencial académica que una licenciatura en pedagogía obtenida en la Universidad de San Petersburgo, poco antes de emigrar a los Estados Unidos. El joven Greenspan fue miembro del círculo íntimo de Ayn Rand en Nueva York. De ella aprendió su “egoísmo racional”, así como su “anarco-capitalismo” y su oposición visceral a toda reforma social. Greenspan declaró que siempre había creído que el egoísmo que aprendió de su admirada Ayn Rand, y tan natural en quienes manejan dinero ajeno, les impediría a los banqueros asumir riesgos irracionales. Ni la maestra ni su mejor alumno entendieron que una sociedad de egoístas es tan imposible como un partido anarquista, ya que no hay convivencia sin toma y daca. Además, la expresión “ética egoísta” es contradictoria, porque la ética se ocupa de la conducta moral, la que es pro social, no antisocial. Tampoco entendió el banquero de banqueros que los bancos no pueden prosperar si no gozan de la confianza de sus clientes, y que para merecer tal confianza deben limitar su codicia, su afán por explotar y su estupidez.
Adam Smith, fundador de la teoría económica moderna y paladín del mercado libre, era partidario del impuesto a la renta y a la vivienda, y en particular al progresivo, al que aumenta exponencialmente con la riqueza. En efecto, en su obra La riqueza de las naciones, de 1776, Smith alega elocuentemente en favor del impuesto a los ricos. En el Volumen 2, Capítulo V, Parte II, Artículo 1 de su manual del capitalismo, Smith escribió: “Los artículos de primera necesidad ocasionan la mayor parte del gasto de los pobres. Les resulta difícil conseguir alimentos, y gastan la mayor parte de lo poco que ganan en obtenerlos. Los lujos y las vanidades de la vida ocasionan los principales gastos de los ricos; y una casa magnífica embellece y exhibe de la mejor manera los demás lujos y vanidades que poseen. Por consiguiente, un impuesto a las rentas provenientes de la vivienda pesaría más sobre los ricos; y tal vez una desigualdad de esta clase no sería nada irrazonable. No es muy irrazonable el que los ricos contribuyan al gasto público, no sólo en proporción a su ingreso, sino en algo más que en esa proporción”. En resumen, Adam Smith era favorable a la imposición progresiva, de modo que le hubiera escandalizado la política impositiva de los gobiernos reaccionarios. Esta postura de Smith no debe extrañar, ya que, antes de dedicarse a la teoría económica, había sido profesor de ética y se había especializado en los sentimientos morales, en particular la simpatía y la empatía, a los que consideraba la raíz de la conducta moral. Por esto, no sorprende que se horrorizase de los sufrimientos de los pobres de su época, en particular de los campesinos sin tierra, cuyos hijos no llegaban a cumplir 10 años de edad debido a la grave desnutrición. Tampoco le hubiera gustado saber que Gran Bretaña sigue siendo, de todas las naciones prósperas, la de mayor pobreza infantil, a la par que los Estados Unidos es uno de los de mayor mortalidad infantil. En resumen, Adam Smith no fue el conservador que imaginan quienes no lo han leído. Al contrario, fue progresista en su lucha contra los terratenientes, en su denuncia de la miseria, en su defensa del impuesto progresivo a la riqueza y en su denuncia de la ausencia de libertad sindical. Al fin y al cabo, todos sus grandes discípulos, los grandes economistas clásicos –David Ricardo, John Stuart Mill y Karl Marx– fueron socialistas. Posiblemente, si viviera hoy, el escocés sería tildado de socialista.
Consecuencias del default de EEUU
1. Crisis de confianza mundial
Los papeles del Tesoro de EE.UU. son la inversión más confiable del mundo y la columna vertebral del mercado de bonos mundial. Si Washington se viera forzado a suspender el pago de esas obligaciones a los tenedores, se crearía una crisis de confianza mundial. Aunque esos bonos están mayormente en manos de grandes inversores y de gobiernos, muchos ciudadanos, a través de sociedades de bolsa y fondos de pensiones, compran "canastas" de productos financieros en la que casi siempre hay papeles estadounidenses. Si, por ejemplo, una persona está afiliada a un fondo de pensiones privado, es posible que ellos tengan parte de su portafolio en bonos estadounidenses. En ese caso, sería posible que una situación que afecte estos títulos del Tesoro estadounidense pueda deteriorar el valor de su pensión.
2. Caída del dólar y aumento del costo de vida
Se teme que los problemas crediticios puedan afectar la credibilidad del dólar estadounidense, hasta ahora la gran moneda de reserva del mundo. Dicho de otra manera, puede que los ciudadanos de otros países puedan sentir que el dólar ya no les ofrece seguridad y dejen de comprarlo. Eso, en principio, podría llevar a que el precio de la moneda estadounidense cayese.
Para varios países latinoamericanos que escogieron adoptar el dólar como su moneda nacional, como Ecuador, Panamá y El Salvador, eso puede presentar problemas. Si el precio de la divisa empieza a caer, también aumentará el precio que se debe pagar por los bienes importados, que se pagan con la moneda estadounidense y aumentará el costo de vida.
3. Reducción del gasto público y efecto bolsillo
Un cese de pagos por el gobierno estadounidense probablemente haría más complejo y costoso para ese país volver a pedir prestado, lo que, con alta probabilidad llevaría a una sustancial reducción en el gasto gubernamental, actualmente dependiente en gran medida del crédito. Del mismo modo, el probable aumento en las tasas de interés en el crédito disponible a los ciudadanos privados estadounidenses llevaría a que ellos también redujeran su consumo. Considerando que la base de la economía es el consumo, la lógica empresarial mandaría a reducir la producción, lo que eventualmente les forzaría a dejar de contratar personal y hasta reducir las plantillas. En cuanto al sector público, el gobierno federal podría dejar de hacer transferencias de recursos a los estados que tendrían que empezar a reducir sus burocracias despidiendo a policías, maestros o bomberos.
4. Colapso crediticio
Los optimistas, que nunca faltan, apuntan que una breve cesación de pagos, que llevara a una caída en la calificación crediticia de Estados Unidos, no sería el fin del mundo. Pero por otra parte, algunas voces aseguran que el efecto del "default" podría ser similar o peor al de la caída del banco de inversiones Lehman Brothers en 2008, cuyo devastador resultado fue el congelamiento temporal de los mercados de crédito, al generalizarse la desconfianza entre los bancos y otros agentes de mercado, que por unas horas, dejaron de prestarse dinero. Cuando las autoridades estadounidenses restablecieron la confianza en el sistema financiero horas después, no pocos dijeron que la economía mundial había estado al borde de un colapso similar al de la Gran Depresión de los años '30 del siglo pasado, la misma que empobreció a decenas de millones de personas y que eventualmente contribuyó a que ocurrieran calamidades globales tales como la Segunda Guerra Mundial. Esta semana el banco central estadounidense llevó a cabo un ejercicio para simular justamente ese escenario, esta vez como resultado de un hipotético "default" de Washington.
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Los papeles del Tesoro de EE.UU. son la inversión más confiable del mundo y la columna vertebral del mercado de bonos mundial. Si Washington se viera forzado a suspender el pago de esas obligaciones a los tenedores, se crearía una crisis de confianza mundial. Aunque esos bonos están mayormente en manos de grandes inversores y de gobiernos, muchos ciudadanos, a través de sociedades de bolsa y fondos de pensiones, compran "canastas" de productos financieros en la que casi siempre hay papeles estadounidenses. Si, por ejemplo, una persona está afiliada a un fondo de pensiones privado, es posible que ellos tengan parte de su portafolio en bonos estadounidenses. En ese caso, sería posible que una situación que afecte estos títulos del Tesoro estadounidense pueda deteriorar el valor de su pensión.
2. Caída del dólar y aumento del costo de vida
Se teme que los problemas crediticios puedan afectar la credibilidad del dólar estadounidense, hasta ahora la gran moneda de reserva del mundo. Dicho de otra manera, puede que los ciudadanos de otros países puedan sentir que el dólar ya no les ofrece seguridad y dejen de comprarlo. Eso, en principio, podría llevar a que el precio de la moneda estadounidense cayese.
Para varios países latinoamericanos que escogieron adoptar el dólar como su moneda nacional, como Ecuador, Panamá y El Salvador, eso puede presentar problemas. Si el precio de la divisa empieza a caer, también aumentará el precio que se debe pagar por los bienes importados, que se pagan con la moneda estadounidense y aumentará el costo de vida.
3. Reducción del gasto público y efecto bolsillo
Un cese de pagos por el gobierno estadounidense probablemente haría más complejo y costoso para ese país volver a pedir prestado, lo que, con alta probabilidad llevaría a una sustancial reducción en el gasto gubernamental, actualmente dependiente en gran medida del crédito. Del mismo modo, el probable aumento en las tasas de interés en el crédito disponible a los ciudadanos privados estadounidenses llevaría a que ellos también redujeran su consumo. Considerando que la base de la economía es el consumo, la lógica empresarial mandaría a reducir la producción, lo que eventualmente les forzaría a dejar de contratar personal y hasta reducir las plantillas. En cuanto al sector público, el gobierno federal podría dejar de hacer transferencias de recursos a los estados que tendrían que empezar a reducir sus burocracias despidiendo a policías, maestros o bomberos.
4. Colapso crediticio
Los optimistas, que nunca faltan, apuntan que una breve cesación de pagos, que llevara a una caída en la calificación crediticia de Estados Unidos, no sería el fin del mundo. Pero por otra parte, algunas voces aseguran que el efecto del "default" podría ser similar o peor al de la caída del banco de inversiones Lehman Brothers en 2008, cuyo devastador resultado fue el congelamiento temporal de los mercados de crédito, al generalizarse la desconfianza entre los bancos y otros agentes de mercado, que por unas horas, dejaron de prestarse dinero. Cuando las autoridades estadounidenses restablecieron la confianza en el sistema financiero horas después, no pocos dijeron que la economía mundial había estado al borde de un colapso similar al de la Gran Depresión de los años '30 del siglo pasado, la misma que empobreció a decenas de millones de personas y que eventualmente contribuyó a que ocurrieran calamidades globales tales como la Segunda Guerra Mundial. Esta semana el banco central estadounidense llevó a cabo un ejercicio para simular justamente ese escenario, esta vez como resultado de un hipotético "default" de Washington.
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martes, 26 de julio de 2011
Si Estados Unidos quebrara…
Los primeros en padecer el catastrófico impacto financiero serían los estadounidenses que reciben subsidios de la administración de Obama y, en segundo lugar, los funcionarios del Gobierno, incluido el personal militar que existe en diferentes partes del mundo para sofocar conflictos o para provocarlos. ¿Qué pasará en Irak o en Afganistán cuando los portaviones, submarinos y acorazados no tengan ni para gasolina o los soldados no reciban mensualmente su sueldo? ¿Qué pasaría si no hubiera ni para los salarios de los soldados que se juegan la vida sin saber qué defienden? Empezaría a darse un desastroso efecto dominó puesto que las agencias finalmente cumplirían sus amenazas de bajar la calificación de aseguradoras, cámaras compensadoras e instituciones hipotecarias. Por si fuera poco, la deuda aumentaría con el disparo de los intereses y los repuntes en dichas tasas afectarían el mercado inmobiliario, así como al comercio en general. Los inversores de bonos abandonarían los mercados, el dólar se derrumbaría y la inflación explotaría. Si la economía más grande del mundo no puede hacer frente a sus facturas no sólo devastaría a la Unión Europea, atenazada por otra crisis de deuda, sino que provocaría una recesión global de consecuencias imprevisibles. La misma receta dolorosa que se le aplica a Grecia, a España y a Italia, se le tendrá que administrar a EU. Es decir, se tendría que recortar el presupuesto federal de egresos en 111 mil millones de dólares, una medida dolorosa que disgustará a muchos ciudadanos que jamás han conocido lo que significa tenerse que apretar el cinturón.
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El crecimiento argentino es resistente al default de EEUU
Al margen de que el gobierno de EE.UU. logre o no un acuerdo en los próximos días para elevar su techo de deuda, y aunque persista la volatilidad y haya un impacto más duradero en la economía mundial, hay factores importantes que hacen que la Argentina esté relativamente inmunizada. Como la Argentina no está saliendo a los mercados voluntarios y sus necesidades financieras son reducidas y se cubren internamente, no opera la exposición a los mercados financieros, que es donde impacta la crisis. Estas situaciones de inestabilidad financiera impactan fundamentalmente en los países que tienen que refinanciar sus deudas en el mercado. En 1998 la Argentina padeció la crisis internacional porque tenía déficits fiscal y de cuenta corriente, y se financiaba a través de emisiones en el mercado, con lo cual, cuando se cortó el financiamiento entró en crisis. Hoy no existen esas urgencias y en cambio Argentina cuenta con fortalezas como la posición cómoda de reservas monetarias y los superávits gemelos. El sostenimiento del ciclo económico de la Argentina no es una cuestión ligada sólo al precio de la soja, como quieren hacer creer los liberales. Un país que depende de las exportaciones de commodities podría verse impactado si se reduce la demanda del resto del mundo, pero lo cierto es que 80% de los factores que determinan el ciclo económico de la Argentina están dados por la demanda interna. Las causas que motorizan la expansión argentina tienen que ver con el sostenimiento del consumo interno y el fuerte aumento de la inversión pública. Esos dos factores son el resultante de decisiones de política económica que se mantuvieron aún en el último trimestre de 2008 y la primera mitad de 2009, cuando la crisis financiera mundial operaba a pleno. De manera que no es el “viento de cola” el que sostiene a la Argentina, sino lo que la sostiene son las consecuencias de decisiones que demuestran ser correctas por sus resultados. El hecho de que la Argentina se apoye en sus propios recursos genera una clara vitalidad, frente a otros países donde el ciclo económico depende de las remesas de los migrantes o del comercio con algún país desarrollado.
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Una original versión china de imperialismo
Beijing invade el mundo vía fusiones y adquisiciones. No sólo mediante acuerdos “amistosos”, como el firmado por el grupo estatal Cnooc y la norteamericana Chesapeake en materia de gas natural. Surgen también señales menos suaves. Por ejemplo, Xinmao –firma establecida en Tianjin- acaba de confirmar una oferta hostil (€ 1.000 millones) por la holandesa Draka, especializada en fibra óptica. La movida busca bloquear a la italiana Prysmian. Los chinos se proponen pagar alrededor de € 20,5 por acción en efectivo y su competidora milanesa no sube de € 17,2, pero con parte en títulos. Inclusive, apoyan a Prysmian los accionistas dominantes (48% del paquete), la familia Flint. Pero aparece Xinmao, una firma más chica pero respaldada por dos nombres fuertes: Minsheng y China Construction. China encara un “neoimperialismo” y pretende un papel similar al desempeñado por Gran Bretaña hasta 1914. En aquel momento, Londres detentaba 45% de las inversiones exteriores en el mundo. China tambien piensa en el precedente de Estados Unidos. Hacia 1967, la superpotencia representaba la mitad de las colocaciones internacionales. Para no remontarse a 1662/1722, cuando el emperador Kangxi (dinastía Qing) gobernaba el reino más rico de la Tierra. En la actualidad, China está lejos de esos parangones, pues sólo controla 6% de la inversión internacional aunque, por otra parte, ningún país llega hoy a los picos británico o norteamericano de los siglos XIX y XX. Pero esto no desvela al gigante, que ya muestra el segundo producto bruto interno del mundo. Ahora bien ¿qué persigue esta oferta hostil? Probablemente, consolidar al país como usuario de fibra óptica, pues ya absorbe 50% de las redes existentes, sin necesidad de desarrollar ulteriormente las tecnologías de Draka. Este aspecto en realidad interesa a Prysmian. En el fondo, el temor en Milán es de otra naturaleza y se relaciona con lo ocurrido cuando la estadounidense Lucent-Alcatel copó la italiana Telettra o la alemana Thyssen hizo lo mismo con Terni. En otro plano ¿cómo saber si los fondos extrabursátiles que manejan Prysmian no la venderán a los chinos, tentados por su oferta? Después de todo, esas entidades se dedican a compras apalancadas, sin poner dinero propio, con la idea de revender al mejor postor. El nuevo “peligro amarillo” refleja en verdad fallas del sistema capitalista, merced a las cuales los activos circulan con extrema libertad. Tal como funciona al presente, el contexto jurídico mundial es por demás pragmático. Nadie puede saber, entonces, si la faltriquera de Goldman Sachs es políticamente más correcta que la de los lejanos sucesores del emperador Kangxi.
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Desesperado pedido de Obama para evitar que EEUU entre en default
“El mundo entero nos está observando” dijo el presidente Obama anoche en el dramático discurso que pronunció por televisión para advertir sobre los serios riesgos que enfrenta EE.UU. si los líderes republicanos y demócratas en el Congreso no logran ponerse de acuerdo para elevar el techo del endeudamiento y el país cae en default. En su mensaje, Obama advirtió que los jubilados, militares retirados y empresas que tienen negocios con el gobierno podrían no recibir dinero del mismo. "Las tasas de interés podrían dispararse en las tarjetas de crédito, las hipotecas y los préstamos para comprar automóviles, lo que equivale a un enorme aumento de impuestos para el pueblo estadounidense. No tendríamos suficiente dinero para pagar todas nuestras cuentas", indicó. “No podemos permitir que los norteamericanos se conviertan en daño colateral de la guerra política de Washington", enfatizó y agregó: "Esta no es forma de gobernar el país más grande de la Tierra". Obama dijo que los únicos que se interponen en el camino para llegar a una solución a la crisis de deuda son los legisladores republicanos, que insisten en implementar únicamente recortes del gasto. Obama suma a los recortes, aumentos de los impuestos, rechazados de plano por los opositores. Explicó que si se reducen los beneficios de programas sociales como Social Security, Medicaid o Medicare destinados a proteger a los más pobres es justo que los más ricos también contribuyan en el esfuerzo. Recordó que durante su mandato el ex presidente Ronald Reagan, uno de los líderes mas venerados por el partido de oposición, también defendió el mismo tipo de enfoque. Finalmente, apeló a los ciudadanos a que presionen al Congreso mediante el "envío de mensajes". En la cornisa del quebranto, ése fue el único recurso que pudo presentar a los mercados, que vienen reclamando señales "concretas" de que se supera la crisis de deuda. La respuesta del presidente de la Cámara de Diputados, el republicano John Boehner, fue virulenta. Durante el discurso que pronunció justo después del de Obama, Boehner dejo en claro que su partido no hará ningún compromiso. Dijo que aumentar los impuestos, como lo está proponiendo Obama va en contra de la reactivación económica y la creación de empleos. A la acusación de Obama de que los republicanos están provocando una "guerra política" con su postura intransigente Boehner contraatacó diciendo que “la triste verdad es que el presidente quería un cheque en blanco hace seis meses, y hoy sigue queriendo un cheque en blanco. Esto simplemente no va a ocurrir”. Bohener insistió en que el presidente acepte el proyecto impulsado por los republicanos. “Si lo hace, la atmosfera de crisis que ha creado simplemente desaparecerá”, dijo inconmovible. “Es hora de que sepa que la fiesta del gasto se terminó", dijo, desafiante, Boehner. "La mejor manera de que Washington no gaste plata es que no la tenga", bramó, en un discurso de barricada, de fuerte tono político. A juzgar por ambos discursos, a menos que se produzca un verdadero milagro y una de las dos partes ceda, EE.UU. va derecho a la quiebra. Sin embargo, hasta ahora la reacción de los mercados ha sido muy moderada. Pese a que frente a la falta de acuerdo muchos pronosticaron que ayer tendría lugar un nuevo “lunes negro” y la bolsa se derrumbaría como se derrumbo durante la crisis del 2008, las pérdidas del Dow Jones fueron de sólo 80 puntos. Todo indica que los operadores siguen pensando que a último momento habrá un acuerdo.
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lunes, 25 de julio de 2011
Dos de agosto
Si para esta fecha, tan próxima, no decreta el Congreso de Estados Unidos, con la mayoría republicana que es imprescindible, un aumento en el techo de endeudamiento, esa Nación, la más poderosa de la tierra, la que a lo largo del Siglo XX ha marcado la pauta económica, la que responde por un porcentaje sustancial del Producto Interno Bruto del mundo, dejaría de pagar sus deudas. Los tenedores de bonos del Gobierno, que los compraron como la inversión más segura de las que el mercado mundial ofrece, se encontrarían con un papel sin rendimiento, que no merece confianza de ningún tomador. Y querrán venderlos y los compradores los pagarían como deuda mala. Y nadie querrá tomar otros y los Estados Unidos dejarían de tener financiadores, o los conseguirían a grande costo. Con lo que desaparecerán los bonos como punto de partida para medir cualquier riesgo financiero. ¿A dónde se irá el mercado que en busca de seguridad? Algunos se refugiarán en el oro. Otros querrán bonos de países más seguros. Que es el que no se ve en el horizonte. La China es la gran nación emergente del momento. Pero, vaya problema, su dinámica depende de las ventas que le hace a los Estados Unidos. Y si los Estados Unidos no le pagan, la China no pasará de ser una ilusión que se desvanece. Los países fuertes de Europa, Alemania, Francia y Gran Bretaña, tienen bastante problema con poner a flote las economías de los socios calaveras de la Unión Europea. No nos engañemos. Nos guste mucho o poco, la economía de este planeta descansa en la solidez de la economía norteamericana. Y el próximo dos de agosto, si Obama o los Republicanos, o ambos, no dan su brazo a torcer, se habrá desmoronado el cimiento y quedaremos como edificio en ruinas. Entonces los mercados sin brújula serán una feria de remates, de gente que corre despavorida a reducir sus pérdidas. El problema es que nadie sabrá hacia dónde correr. Como pasa en los naufragios. Y este dos de agosto, el Titanic, en que todos vamos, podrá darse un golpe mortal contra el iceberg que está a la vista.
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Asia estudia alternativas para invertir sus reservas
Asia, que posee cerca de 3 billones de dólares en deuda del Gobierno estadounidense, tiene un enorme interés en que Washington encuentre una salida viable. La estrategia política 'suicida' de los yanquis golpea hoy las bolsas del mundo. Sólo quedan 8 días hasta el 2 de agosto, justo cuando el Departamento del Tesoro estima que el país se quedará sin fondos para pagar sus compromisos. Los encargados directos de operaciones con reservas estan cada vez más nerviosos, pero si no llegaron a la histeria es porque todavía no pueden creer que los estadounidenses hallan decidido suicidarse. Fuentes en Asia dijeron que hallar una solución principalmente es un tema de voluntad política más que de asegurar una financiación de emergencia. China y Japón son los mayores tenedores extranjeros de deuda estadounidense con más de 2 billones de dólares. No hay otro mercado en el mundo que sea lo suficientemente profundo para absorber ese volumen de inversión. Mark Mobius, consejero delegado del grupo de mercados emergentes de Templeton Asset Management, dijo que podría dirigirse más dinero hacia las monedas y bonos asiáticos si las negociaciones por la deuda estadounidense fracasan. "La gente verá eso como una alternativa más segura", dijo Mobius. "Ya se está comenzando a ver esa tendencia", agregó.
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El daño en la confianza ya está hecho
Algo sucedió entre la noche del jueves y este lunes que demócratas y republicanos pasaron de tener un principio de acuerdo a través del plan de La Pandilla de los Seis, hasta los rompimientos e intimidaciones de ayer entre las partes. ¿Qué tenía de malo el plan de Los Seis? Algo básico y muy sencillo para los republicanos: dejaba ver al presidente Barack Obama como el gran negociador que había logrado liderar a su país hacia la solución de una crisis que habría salido cara para todos. Eso fue demasiado para muchos republicanos, que optaron por la vía difícil de encarecer los acuerdos. Pero eso es algo muy irresponsable. Los republicanos amenazan a la Casa Blanca de irse solos en un plan que permita aumentar el techo de la deuda de Estados Unidos si no logran que los demócratas apoyen su visión del problema. Esta posición daría un plan de manufactura cien por ciento republicana que podría ser presentado a los mercados como una salida y a los votantes como un éxito de ellos y solamente de ellos: los republicanos. Falta solo una semana antes de que Estados Unidos esté imposibilitado por ley para hacer frente a sus compromisos crediticios y aun suponiendo que a estas horas o durante el transcurso de hoy se pueda dar un acuerdo que permita elevar el techo del endeudamiento, aunque sea de manera temporal, lo cierto es que el daño en la confianza ya está hecho. Por eso, las agencias de calificación advierten que, aunque se llegue a un acuerdo, es muy probable que se rebaje el rating de Estados Unidos. Haber llegado al límite de las deudas en Estados Unidos implica que tienen problemas estructurales que hoy, con estas soluciones aceleradas, no se están atendiendo. No se trata de poder pagar el próximo lunes lo que deben, sino de dejar en claro que no seguirán con este tipo de incertidumbres durante los años por venir. Ese tipo de comportamiento no puede ser premiado más por un entorno financiero al que no le gustan los sobresaltos. Por eso es que, independientemente de que no se incumpla con los pagos, una degradación en la calificación crediticia estadounidense es casi inevitable. El rompimiento de las negociaciones, hablar de últimas ofertas, amenazar con irse solos sin acuerdo bipartidista, la desesperación de los funcionarios de la Casa Blanca, en resumen todas estas expresiones de comportamiento irresponsable e irracional ya han dejado en el mercado una desconfianza que no se puede borrar fácilmente con solo elevar el techo de la deuda.
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domingo, 24 de julio de 2011
Los chiflados de la extrema derecha
Obama se reunió con el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Herry Reid, y la líder de la minoría de su partido en la Cámara de Representantes Nancy Pelosi por poco más de una hora la noche del domingo. Reid estaría trabajando en una nueva propuesta, que recogería una reducción del gasto de 2,5 billones de dólares y no incluiría subidas de impuestos hasta 2013. Además, se comprometería a un aumento de la deuda igual que el de la reducción del gasto, que incluiría una recorte en el presupuesto de varias agencias del gobierno -incluido el Pentágono- de 1,2 billones de dólares. Por su parte, Boehner dijo hoy a los miembros de su partido que presionará para seguir adelante con su plan para aumentar el techo de la deuda en dos fases, opción que rechaza Obama. El plan del republicano consiste en permitir al Departamento del Tesoro que aumente la deuda un billón de dólares adicional hasta final de año, que no será suficiente, y obligará a un nuevo debate sobre la deuda en 2012, en medio de la campaña presidencial. "Se que el presidente está preocupado por las próximas elecciones", dijo "¿no deberíamos estar preocupados por el país?", ironizó. El mandatario estadounidense se opone a lo que ha llamado una solución a "corto plazo" para extender el límite de la deuda, por considerar que no es suficiente para dar seguridad a los mercados y vetará cualquier incremento que no extendiera la capacidad de endeudamiento del país hasta 2013. Un ministro británico, Vince Cable, expresó su frustración por la falta de acuerdo, al decir que unos pocos chiflados de extrema derecha en el Congreso están poniendo en riesgo la economía mundial. En pocas horas se abren los mercados financieros asiáticos, y los inversores se preparan para tener su primera oportunidad de dictar sentencia sobre el estancamiento político en Washington, desde que las negociaciones entre Obama y sus adversarios republicanos se derrumbaron la noche del viernes.
La percepción de las cifras por el mercado y los inversores
Cuando se analiza el riesgo de endeudamiento de un país, es clave realizar una comparación entre el monto de su deuda y la cifra del PBI (Producto Bruto Interno), o sea lo que produce su economía. A lo largo de la historia, los países más pobres fueron siempre los que cargaron con el mayor peso de los pasivos mundiales. En la actualidad, las naciones más poderosas tienen las cifras más altas de endeudamiento y, además, arrastran los peores niveles en relación con su PBI. En Estados Unidos, el presidente demócrata Barack Obama debe enfrentar el 2 de agosto una crucial sesión del Congreso -dominado por los republicanos-, que deberá decidir si concede o no una ampliación del endeudamiento -14,3 billones de dólares-. Una medida a favor provocará un alivio en la política económica del Gobierno, pero una en contra podría precipitar una debacle financiera sin retorno, que impactará en la economía de todo el planeta. En Europa, las cosas no están mejores. Los planes de rescate que se implementaron en Grecia, Portugal e Irlanda no dieron resultados positivos. Y en la lista de naciones con serios problemas están Italia, España, Bélgica, y hasta las poderosas Alemania y Gran Bretaña. Vale aclarar que la percepción del riesgo de cesación de pagos no siempre tiene relación con lo que muestran las cifras. Japón es el país con la situación de deuda más complicada del mundo. El país oriental acumula un pasivo de 12 billones de dólares, que es equivalente al 225,8% de su PBI anual. Si bien la calificadora de riesgo Moody´s advirtió sobre este elevado porcentaje, le otorgó la cuarta calificación de riesgo más segura (AA-), incluso después del tsunami que le costará a la economía 300.000 millones de dólares. Los inversores consideran que es poco probable un default japonés. El segundo lugar de esta lista lo ocupa una isla turística de América Central: San Cristóbal y Nieves, con el 196% de deuda en relación al PBI. La caída del turismo internacional impactó en los números de la ex colonia británica. Luego siguen Líbano (150,7% del PBI), Zimbawe (149%) y Grecia (144%). Italia (120% del PBI, el octavo país más endeudado del mundo, con 2,2 billones de dólares) anunció otro plan de ahorro de 40.000 millones de euros para convencer a los mercados de que puede cumplir con sus obligaciones. Otro país que está en la cuerda floja, Bélgica, con una deuda de 1,2 billón de dólares (el 137,2% por arriba del PBI), ocupa el décimo lugar. Está en peor situación que Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, pero los inversores no se desprenden de los bonos soberanos belgas como si fueran papeles sin valor. Veamos ahora el caso de España. Tiene una deuda relativamente manejable de 800.000 millones de dólares, o sea el 60,1% de su PBI anual. Pero los inversores castigan a los bonos españoles, que pagan una tasa récord por encima del 6%, la más alta desde el inicio del euro, en 1999. Portugal tampoco está tan mal (83% del PBI, 497.000 millones de dólares), pero los mercados y las calificadoras le bajaron el pulgar y tuvo que ser rescatado con 78.000 millones de euros por la UE y el FMI. El ranking de países más endeudados se completa con Islandia (6to.), Jamaica (7mo.), Singapur (9no.), Irlanda (11), Sudán (12), Sri Lanka (13) y Francia (14).
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sábado, 23 de julio de 2011
Obama pide que se dejen los "juegos políticos" y los republicanos dicen que el que juega es él
La reunión de hoy duró a penas una hora. Participaron, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Boehner; el líder de la mayoría demócrata del Senado, Reid; la líder de la minoría demócrata en la Cámara de los Representantes, Pelosi; el líder de la minoría republicana en el Senado, McConnell y el vicepresidente, Biden. Aunque vestidos de manera más informal y sin corbata, el lenguaje corporal revelaba tensión entre los asistentes. Obama reiteró, durante la reunión, su oposición tajante a una extensión a corto plazo de la deuda y exige que este aumento sea suficiente para dos años, es decir, hasta después de las elecciones presidenciales en noviembre de 2012, en las que él será candidato. Fundamenta su exigencia en que una extensión a corto plazo podría provocar una reducción de la calificación de la deuda y en que dada la situación actual, sería "irresponsable" volver a poner la economía estadounidense "en riesgo" en tan sólo unos pocos meses con otra "batalla" para elevar el techo de la deuda. Por su parte Boehner considera que la insistencia de Obama por un aumento en el techo de deuda a largo plazo es solo porque esa situación favorecería sus posibilidades de reelección el año próximo. "Sería terriblemente desafortunado si el presidente estuviera dispuesto a vetar un incremento en el límite de la deuda sólo porque el cronograma indicado no sería el ideal para su campaña de reelección", expresó su asesor. Los congresistas acordaron volver al Capitolio para debatir con sus miembros de sus respectivos partidos el camino a seguir, y, según la Casa Blanca, las conversaciones continuarán a lo largo del día de hoy.
Los republicanos rompen el diálogo con Obama sobre la deuda (se pudrió todo)
Boehner anunció que su partido rompía el diálogo con Obama, en quien dijo no se podía confiar para esto. Obama mostrando su enfado le contestó "Me van a tener que explicar cómo vamos a evitar la suspensión de pagos. No puedo creer que el Congreso vaya a ser tan irresponsable". Boehner detalló que la negociación había fracasado porque la Casa Blanca insistió en subir los impuesto. Cargando la responsabilidad sobre el mandatario, Boehner dijo: “El presidente enfatiza que hay que subir los impuestos. Como un ex hombre de negocios, sé que subir los impuestos destruye el empleo”. Y dejó, en cambio, abierta la posibilidad de una negociación con los demócratas en el Senado. Pero no con la Casa Blanca, a la que descalificó con la idea de que "negociar algo allí es tan cambiante que uno tiene la impresión de que se dialoga con un pote de gelatina". De esta manera, la Casa Blanca y la oposición republicana declararon fracasadas las negociaciones que venían manteniendo. Tan extrema es la situación que, por primera vez desde que esta crisis empezó, Obama barajó públicamente el escenario de una moratoria de pagos que, en caso de ocurrir -según dijo- sería responsabilidad del partido opositor. "Si entramos en moratoria, entonces vamos a tener que hacer ajustes'', advirtió Obama y acusó a Boehner de no poder gobernar a su propio bloque, de ser incapaz de comprometerse con una propuesta y de jugar con la economía de los norteamericanos al abandonar la negociación. "No me preocupa tanto que no me conteste las llamadas; mucho más me inquieta escuchar lo que pasará si no encontramos una solución a esto", dijo Obama. Presionado, el presidente emplazó a todos los líderes parlamentarios -incluido Boehner- a que hoy a las 11 estén en la Casa Blanca para que le expliquen cómo se evitará el default. Anoche, pese a su enojo, el líder republicano confirmó que asistiría. Lo hizo con un lacónico yes y sin dar precisiones sobre qué pensaba decir cuando llegue el momento del cara a cara con Obama.
viernes, 22 de julio de 2011
Los tres planes para salvar a EU de la cesación de pagos
Faltan escasos días para el 2 de agosto, fecha en la que el gobierno federal podría cerrar por falta de fondos y entrar en una cesación de pagos a sus acreedores que, según los analistas, causaría pánico en los mercados bursátiles, elevaría las tasas de interés, devaluaría el dólar y sumiría la economía en una recesión, mientras la calificación crediticia de EE.UU. se degradaría. Hay varios planes sobre la mesa, todos suponen concesiones de parte de los legisladores de ambos partidos y del propio presidente Obama, pero ninguno tiene la garantía de ser aprobado. Los planes son los siguientes:
Plan del "Grupo de los Seis"
Quién lo presenta: Un grupo bipartidista de tres senadores republicanos y tres demócratas.
Propuestas clave:
• Ahorro de US$3,7 billones en 10 años.
• Reformulación de programas sociales como el Seguro Social y salud pública Medicare y Medicaid
• Recorte al gasto de la Defensa
• Recaudo fiscal de US$1, 2 billones a través de la restructuración del Código Impositivo para cerrar las fisuras o lagunas fiscales sin aumentar impuestos.
Aceptación: Obama reconoce que es un paso positivo sin endosar el plan. El líder republicano en el senado, Lamar Alexander, resalta la importancia de que los tres senadores republicanos en el grupo sean del ala más conservadora.
Obstáculos: El plan fue creado por senadores y la legislación realmente tiene que iniciarse en al Cámara de Representantes. Demócratas liberales se opondrán a los recortes en los programas sociales y los republicanos a la reducción del gasto militar, además de no querer que se toquen los impuestos.
Plan de "Cortes, límites y equilibrio"
Quién lo presenta: Legisladores republicanos recién electos y apoyados por el Tea Party, que buscan reducir el tamaño del gobierno y la creación de nuevos impuestos.
Propuestas clave:
• Ahorro de US$6 billones en 10 años.
• Aprobación de una enmienda constitucional en ambas cámaras que requiera presentar un presupuesto balanceado como condición para subir el techo de la deuda.
• Elevar el techo de la deuda en US$2,4 billones
• Recortes inmediatos del gasto público de US$111.000 millones
• Congelar los presupuestos operativos de las agencias federales el año entrante
• Fuertes restricciones a la posibilidad de aumentar impuestos. Solo se aprobarían con 2/3 de los votos en el Congreso
Probabilidad de éxito: El proyecto fue aprobado en la Cámara Baja siguiendo líneas partidistas.
Obstáculos: Con seguridad será rechazado en el Senado de mayoría demócrata. El presidente Obama advirtió que utilizaría el veto si se aprueba la legislación.
Plan Alternativo o "asegurado"
Quién lo presenta: el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, secundado por el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid.
Propuestas clave:
• Elevar el techo de la deuda en US$2,4 billones en tres etapas de aquí a noviembre de 2012, fecha de las elecciones presidenciales.
• Recortes al déficit de US$1,5 billones
• Cada una de las tres veces que el presidente solicite elevar el techo de la deuda, debe presentar recomendaciones para recortar el gasto en exceso del aumento en el límite de la deuda.
• Bajo un complejo procedimiento se prevé que, tras cada solicitud, el Congreso emitiría una "resolución de desaprobación" que sería vetada por el presidente. El Congreso, supuestamente, no tendría los votos para anular el veto y la solicitud tendría vía libre a pesar de la oposición de los republicanos y otros conservadores.
Probabilidad de éxito: No se necesitaría el voto a favor de republicanos y otros conservadores para lograr el incremento del nivel de la deuda.
Obstáculos: Las agencias internacionales de calificación de riesgo advierten que los recortes no son suficientes y conducirían a una inevitable degradación de la calificación crediticia de EE.UU.
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Plan del "Grupo de los Seis"
Quién lo presenta: Un grupo bipartidista de tres senadores republicanos y tres demócratas.
Propuestas clave:
• Ahorro de US$3,7 billones en 10 años.
• Reformulación de programas sociales como el Seguro Social y salud pública Medicare y Medicaid
• Recorte al gasto de la Defensa
• Recaudo fiscal de US$1, 2 billones a través de la restructuración del Código Impositivo para cerrar las fisuras o lagunas fiscales sin aumentar impuestos.
Aceptación: Obama reconoce que es un paso positivo sin endosar el plan. El líder republicano en el senado, Lamar Alexander, resalta la importancia de que los tres senadores republicanos en el grupo sean del ala más conservadora.
Obstáculos: El plan fue creado por senadores y la legislación realmente tiene que iniciarse en al Cámara de Representantes. Demócratas liberales se opondrán a los recortes en los programas sociales y los republicanos a la reducción del gasto militar, además de no querer que se toquen los impuestos.
Plan de "Cortes, límites y equilibrio"
Quién lo presenta: Legisladores republicanos recién electos y apoyados por el Tea Party, que buscan reducir el tamaño del gobierno y la creación de nuevos impuestos.
Propuestas clave:
• Ahorro de US$6 billones en 10 años.
• Aprobación de una enmienda constitucional en ambas cámaras que requiera presentar un presupuesto balanceado como condición para subir el techo de la deuda.
• Elevar el techo de la deuda en US$2,4 billones
• Recortes inmediatos del gasto público de US$111.000 millones
• Congelar los presupuestos operativos de las agencias federales el año entrante
• Fuertes restricciones a la posibilidad de aumentar impuestos. Solo se aprobarían con 2/3 de los votos en el Congreso
Probabilidad de éxito: El proyecto fue aprobado en la Cámara Baja siguiendo líneas partidistas.
Obstáculos: Con seguridad será rechazado en el Senado de mayoría demócrata. El presidente Obama advirtió que utilizaría el veto si se aprueba la legislación.
Plan Alternativo o "asegurado"
Quién lo presenta: el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, secundado por el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid.
Propuestas clave:
• Elevar el techo de la deuda en US$2,4 billones en tres etapas de aquí a noviembre de 2012, fecha de las elecciones presidenciales.
• Recortes al déficit de US$1,5 billones
• Cada una de las tres veces que el presidente solicite elevar el techo de la deuda, debe presentar recomendaciones para recortar el gasto en exceso del aumento en el límite de la deuda.
• Bajo un complejo procedimiento se prevé que, tras cada solicitud, el Congreso emitiría una "resolución de desaprobación" que sería vetada por el presidente. El Congreso, supuestamente, no tendría los votos para anular el veto y la solicitud tendría vía libre a pesar de la oposición de los republicanos y otros conservadores.
Probabilidad de éxito: No se necesitaría el voto a favor de republicanos y otros conservadores para lograr el incremento del nivel de la deuda.
Obstáculos: Las agencias internacionales de calificación de riesgo advierten que los recortes no son suficientes y conducirían a una inevitable degradación de la calificación crediticia de EE.UU.
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La Fed y el Tesoro de EEUU están listos para un posible impago de deuda
A falta de 12 días para agotar el efectivo restante, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ya han trazado planes de contención en el caso de no poder cubrir las responsabilidades de deuda. Para el común de los mortales, 24 horas serían suficientes para encontrar una solución pero el entramado burocrático e ideológico que anquilosa a la clase política en el Capitolio ha provocado que Ben Bernanke y Tim Geithner tengan que barajar cualquier posibilidad. "Estamos creando un plan de contingencia", reconoció Charles Plosser, presidente de la Fed regional de Filadelfia. Según Plosser, la hoja de ruta a seguir es puramente operativa, es decir, intenta aclarar al Tesoro qué pagos podrán o no llevarse a cabo en el caso de que el límite de endeudamiento no logre ampliarse. "Intentamos concretar qué cheques podrán cobrarse y cuáles no tendrán fondos", reconoció el presidente de la Fed de Filadelfia. Mientras tanto, Obama reculó en su rechazo inicial para alcanzar una solución a corto plazo y temporal, según reconoció su portavoz de prensa, Jay Carney, siempre que se acepten algunas condiciones.
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¿En qué consiste la crisis de la deuda estadounidense?
Estados Unidos está al borde de un potencial default, que hace peligrar los salarios de sus fuerzas armadas y los pagos de la seguridad social.
¿Cómo es que la mayor economía del mundo llegó a esto?
¿Cómo es que la mayor economía del mundo llegó a esto?
En resumen, porque el país no puede pedir más dinero prestado. Por ley, la deuda nacional no puede superar un techo de US$14,29 billones, cifra que se alcanzó en mayo.
¿Qué pasa entonces?
¿Qué pasa entonces?
O EE.UU. sube el techo de su deuda (y así puede emitir más deuda) o no lo hace (y entonces no puede tomar deuda para pagar sus cuentas, tales como la seguridad social y el Medicare).
¿Por qué Obama simplemente no eleva el techo?
¿Por qué Obama simplemente no eleva el techo?
Porque el líder de la economía más grande del mundo no está facultado para hacerlo. Todo cambio en el límite de la deuda debe ser aprobado por el Congreso, y allí la discusión entre demócratas y republicanos está empantanada.
¿Por qué los dos partidos no se ponen de acuerdo?
¿Por qué los dos partidos no se ponen de acuerdo?
Las dos partes creen que hay que poner bajo control a la deuda estadounidense, pero tienen ideas diferentes sobre cómo hacerlo. Obama propone un paquete de US$4 billones, a 10 años, de recortes de gastos y subas de impuestos, incluyendo más impuestos al ingreso. El partido Republicano apoya un paquete de US$2,4 billones de recortes de gastos, pero no está a favor de subas de impuestos.
¿Cómo subsistió EE.UU. desde mayo, cuando se llegó al techo?
¿Cómo subsistió EE.UU. desde mayo, cuando se llegó al techo?
Dejando de pagar ciertos planes de pensiones federales y liquidando algunos activos de los planes. El secretario del Tesoro, Tim Geithner, se ha comprometido a pagar una vez que se suba el techo.
¿Cuán urgente es la situación?
¿Cuán urgente es la situación?
El Tesoro de EE.UU. estima que los fondos se van a agotar el 2 de agosto. Sin embargo, la fecha límite es el 22 de julio para que se redacte y apruebe la legislación.
Sin un acuerdo, ¿EE.UU. entrará inmediatamente en cesación de pagos el 2 de agosto?
Sin un acuerdo, ¿EE.UU. entrará inmediatamente en cesación de pagos el 2 de agosto?
No según Ben Bernanke. El titular de la Reserva Federal le dijo al Congreso el miércoles que la primera respuesta probablemente sería recortar los pagos correspondientes a la seguridad social, Medicare y los sueldos de los militares.
¿Cómo están reaccionando los mercados frente al punto muerto?
¿Cómo están reaccionando los mercados frente al punto muerto?
Hasta hace muy poco, la visión de la City y de Wall Street era que se alcanzaría un acuerdo a tiempo. No obstante, los inversores están empezando a ponerse nerviosos. Moody’s advirtió que un default de EE.UU. ya no es impensado, y le puso en revisión la calificación crediticia. Aun así, en los mercados de bonos, los bonos estadounidenses a 10 años se negocian con un rendimiento, de apenas 2,9%. Presumen que ninguno de los dos partidos quiere cargar con la culpa de empujar a EE.UU. a una nueva crisis financiera.
¿Qué impacto tendría un default?
¿Qué impacto tendría un default?
Algunos expertos pronostican un gran pánico. Standard & Poor’s advierte que hay un 50% de posibilidades de que EE.UU. pierda su calificación AAA en los próximos tres meses. Una categoría baja implicaría que los bancos técnicamente no podrían usar deuda estadounidense como garantía con los bancos centrales. Como dijo Gary Jenkings, de Evolution Securities: “No se van a atrever, ¿no?”. Hasta Bernanke admitió que si no se sube el techo de la deuda, será un tremendo desastre para el sistema financiero.
¿Por qué el presidente no puede decidir sobre el techo de la deuda?
¿Por qué el presidente no puede decidir sobre el techo de la deuda?
El artículo 1, de la sección 8 de la Constitución de EE.UU. establece que sólo el Congreso tiene la facultad de autorizar al país a endeudarse. En un principio, esto significaba que cada préstamo tenía que aprobarse. Pero en 1917 el Congreso acordó un límite por primera vez. Esa ley, llamada Second Liberty Bond Act, solventó la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. El techo de la deuda moderno –el límite de toda la deuda pública– fue creado en 1939, y fijado en US$45.000 millones.
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jueves, 21 de julio de 2011
EE.UU: sin nuevo techo para mayores deudas
La Casa Blanca continúa afirmando que confía en que demócratas y republicanos evitarán que Estados Unidos caiga en una cesación de pagos el 2 de agosto, pero a 16 días de esa fecha límite no se vislumbra posibilidad alguna de un acuerdo. Las negociaciones entre republicanos y demócratas en el Congreso alcanzaron un punto muerto después de una serie de reuniones diarias en la Casa Blanca convocadas por Obama con los líderes republicanos y demócratas. El Tesoro estadounidense advirtió que después del 2 de agosto, a menos que el Congreso vote un aumento del techo legal de la deuda, Estados Unidos no podrá cumplir con sus compromisos y deberá recortar 40% de sus gastos de un día para otro, una situación peligrosamente cercana a la cesación de pagos. Entretanto, los republicanos decidieron trasladar la ofensiva contra los demócratas a la Cámara de Representantes en donde se aprobó por estrecho margen una medida republicana que aumentaría el límite de la deuda nacional en 2,4 billones de dólares, a cambio de mayores recortes fiscales, aunque tiene escasas posibilidades de sobrevivir en el Senado. El domingo la Casa Blanca despachó a los estudios de los canales de televisión a su director del Presupuesto, Jacob Lew, a quien le encomendó ser conciliador. "Todavía hay tiempo para un gran acuerdo" sobre la reducción de la deuda, dijo Lew. Pero no fue preciso en cuanto a qué está dispuesto a aceptar el presidente para pactar con los republicanos. "Hay una franja que cree que es una buena idea jugar con el fin del mundo", insistió Lew en CNN usando el término bíblico de "Armagedón".
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