martes, 30 de mayo de 2006

Inversiones en Argentina

Los anuncios de inversión en la Argentina ascendieron a 7.500 millones de dólares en el primer cuatrimestre del año. Esta cifra representa el 35 por ciento del total recibido en todo el 2005. Asimismo, de las 548 firmas que anunciaron inversiones en el 2005, solo 8 de ellas representaron el 51 por ciento del monto total en dólares. Las empresas de capital nacional fueron las que mayor participación tuvieron en los anuncios destinados a la industria manufacturera y al sector servicios, mientras que los anuncios cuyo destino es la explotación de recursos naturales recayeron casi exclusivamente en manos de empresas extranjeras. El 49 por ciento de los 7.500 millones proviene de tres países: Canadá, Estados Unidos y Brasil. El origen del capital de las firmas que anunciaron desembolsos en el país es el mismo que el del año pasado. El grueso de los anuncios registrados están concentrados en unas pocas empresas. El destino final de esos desembolsos está también reducido a contadas actividades, básicamente primarias y vinculadas al desarrollo de actividades extractivas y a unas pocas industrias cuya competitividad internacional es ya conocida, como la siderurgia, u otras que han demostrado un gran dinamismo durante el año pasado, como es el caso de la industria automotriz. De manera que el capital extranjero no viene a industrializar el país, solo viene a invertir en materias primas que pueden vender fácilmente en el mercado internacional y si invierte en industrias, lo hace en las que ya existen y han demostrado que funcionan. Los capitales que se juegan por nuevas industrias manufactureras y por el sector servicios es el capital nacional. Esta es la realidad, la creación de industrias depende de la iniciativa de los capitales nacionales y del los estados nacionales, si esas industrias llegan a tener posibilidades recién entonces aparecen los capitales extranjeros a apostar a lo ya seguro. Esta es la lógica del capital real. ¿Cómo surgió la siderurgia y la industria automotriz en Argentina?. Después de un período de protección. No fueron creaciones espontáneas del libre mercado, ni producto de la audacia de inversores extranjeros guiados solo por una mano invisible.

lunes, 29 de mayo de 2006

Una espada con dos filos

No nos puede volver a pasar lo que nos sucediera en 1940 y que explica, en parte, porqué la Argentina no pudo seguir la suerte de Australia, de Canadá o de Nueva Zelanda. Nos referimos al Plan de Reactivación Económica, presentado al Congreso de la Nación en 1940 por el Ministro de Hacienda, Federico Pinedo y que, conocido como el New Deal argentino, hacía la pregunta correcta y daba la respuesta correcta. El plan no sólo se orientaba a dar solución a la crisis del sector externo tradicional, a reorientar y aumentar la producción y a elevar los ingresos de los argentinos, sino que trabajaba adecuadamente el tránsito de la hegemonía mundial británica a la estadounidense y, sobre todo, proponía la integración con Brasil (rebaja y/o eliminación de los aranceles recíprocos de importación), por entonces una economía mucho más pequeña que la nuestra. Pinedo entendió absolutamente, 70 años atrás, que la escala del “mercado interno” no era la Argentina sino el “MERCOSUR”, con la diferencia que de haber avanzado entonces en el proceso de integración muy otra sería la realidad de nuestro país y de la región. La historia es conocida, el plan fue aprobado por el Senado, pero los radicales se opusieron a tratarlo en la Cámara de Diputados. Para un programa de mediano plazo la Argentina tiene una ventaja enorme en la que debe apoyarse, cual es el dominio evidente de condiciones de trabajo no reproducibles, LO QUE SE EXPRESA TANTO EN SUS RECURSOS NATURALES COMO EN SU CAPACIDAD DE DESARROLLAR EXITOSAMENTE EMPRESAS INNOVADORAS DE CAPITAL TECNOLÓGICO. Baste citar como ejemplo que la industria argentina de software y servicios informáticos tiene una tasa de crecimiento que duplica a la de América Latina, y que es superior a la de EEUU y a la de Europa, ocupando ya en nuestro país a 32.000 profesionales. Consecuentemente la tradicional idea de que la clave de nuestro futuro consiste en intentar exportar productos con mayor valor es una simplificación, ya que la pelea de fondo es la que se dirige a la obtención de valor diferencial, por tanto, no se define en la producción simple de valor sino en el dominio de las condiciones que aseguran la producción y la reproducción del poder de valorización relativa del capital. En un extremo, los trabajadores chinos que fabrican una camisa para una marca europea indudablemente crean valor, pero la diferencia entre los 3 dólares que obtienen ellos y los 50 dólares por la que se vende la camisa en el mercado mundial son apropiados por quien domina la valorización relativa. En el otro extremo, el trabajo de los creativos o de los innovadores que desarrollan, por ejemplo nuevas técnicas, no crea valor alguno ya que el fruto de su trabajo es irreproducible, pero otorga al trabajo mediado por esa técnica, que sí crea valor, y al capital que se apropia de ese trabajo, la extraordinaria capacidad de producir un valor mercantil por sobre el valor capital comprometido. Creer que nuestro “desarrollo” puede asentarse, por ejemplo, en fábricas pasteras de empresas extranjeras, argumentando sus ventajas en que ya no exportamos materia prima sino un producto con cierto valor agregado, es ir tras la búsqueda de centavos de valor simple es una locura si, además, para producir esos centavos se ponen en riesgo esas inconmensurables condiciones naturales. Igualmente, creer que nuestro desarrollo puede venir de la mano de la instalación de industrias ubicadas en lo más bajo de la jerarquía de un subsistema de acumulación de capital, para producir, por ejemplo, camisas a 3 dólares, como intentó México con las maquiladoras, e incluso Brasil, buscando competitividad con salarios bajos y apalancados en mercados internos importantes (en el caso Brasil, nos transforma, vía MERCOSUR, en consumidores cautivos de productos de baja calidad y alto precio), es una idea condenada al fracaso frente a las condiciones de Asia, y definitivamente a contrapelo de las posibilidades de Argentina. Nadie puede creer, entonces que el desarrollo es equivalente a la simple instalación de fábricas. Si volvemos al ejemplo de la camisa, no se puede sostener que subsidiar a la “burguesía nacional” para que instale plantas de camisas de 3 dólares, ni generar condiciones de “seguridad jurídica” para que el capital extranjero venga a instalarlas, tiene relación alguna con las posibilidades y conveniencias de la Argentina. Lo que deberíamos hacer es participar en la otra punta, es decir tener la capacidad de vender la camisa a 50 dólares (ya hay marcas argentinas que se proponen seriamente incrementar su rol en el mercado mundial) o bien participar como lo hacen muchos creativos argentinos en el tramo de valorización que va de los 3 a los 50 dólares. La Argentina debe pensar su relación con el mercado mundial desde la adecuada utilización de sus ventajas naturales comparativas por un lado, y desde el desarrollo de empresas de capital tecnológico por el otro. Agregar tecnología a las ventajas naturales y crear nuevas ventajas no naturales con tecnología es la espada de dos filos con que la Argentina puede convertirse en uno de los primeros países del mundo.

domingo, 28 de mayo de 2006

Galbraith

Galbraith tuvo la valentía de arremeter contra los mitos del liberalismo y los poderosos intereses que los sostienen. Galbraith vivió las primeras experiencias en el manejo de la realidad durante la Segunda Guerra Mundial (1941) en una misión muy difícil y contra los más sacrosantos dogmas del pensamiento clásico. Convocado por Roosevelt para administrar los precios internos, aprendió que los libros e ideólogos –en línea con las rebeldes reacciones de monopolios y oligopolios– harían fracasar la misión si admitía limitar el control a un cierto número de artículos seleccionados. Pronto comprendió que debía transgredir ese axioma liberal –casi una herejía por aquellos tiempos y en los actuales también– y no vaciló en extenderlo a todos los bienes comercializables. Contra los pronósticos agoreros, el éxito fue total. Consiguió mantener así los precios internos en un nivel inferior al dos por ciento anual, pese al incesante incremento de la demanda y los altos índices de ocupación que acompañaron al período. Lo que sus colegas consideraron un milagro inexplicable, para él era apenas una gran lección que le advirtió sobre la necesidad de someter todo al examen de resultados verificables. Galbraith cuestionó la eficiencia asignativa óptima adjudicada al libre juego de la oferta y la demanda abogando por la participación activa del Estado. En su libro La sociedad opulenta echó por tierra la supuesta acción protagónica de la “soberanía del consumidor” frente a las fuerzas empresarias dominantes de alta concentración que manejan y regulan la oferta con el objeto de maximizar los beneficios. De allí que reivindicara como indispensables el desempeño de funciones indelegables a cargo del sector público, para evitar que aquéllas impusieran su voluntad omnímoda a la población desprotegida. Galbraith decía que lo primero que hay que hacer para entender a un economista es preguntarse: ¿quién le paga?. Si un economista es demasiado alabado por los ricos, hay que ponerse en guardia, decía. En la persecución de sus intereses personales, los ricos están afectados por un vago sentimiento de culpabilidad. Aquel que contribuya a librarlos de él tiene asegurado su apoyo, con lo que acceden rápidamente más a consolidar su apoyo que a indagar la verdad. Con respecto a los revaluados integrantes de la denominada “escuela austríaca” (Von Misses, Harberler, Von Hayek, etcétera) que, entre otros, exaltan nuestros liberales criollos, son certero blanco de su punzante ironía que los descalifica al enfatizar: “Durante los años de 1930 y 1940 partieron todos a predicar con ardor su evangelio neoclásico en Estados Unidos. La economía austríaca, que había funcionado mal durante su permanencia en el país, se recuperó brillantemente después de su partida”.


Kirchner y la inflación

El control de precios es visto como la presencia misma del diablo en economía. Se dice que el control de precios nunca tuvo éxito. Pero no se menciona que Francia tuvo control de precios desde 1936 hasta 1986 y en esos 50 años creció en forma espectacular. El recientemente fallecido economista norteamericano Kenneth Galbraith fue el encargado del control de precios en EEUU, que lo aplicó en forma generalizada entre abril de 1942 y 1945 con asombroso éxito. La inflación fue mantenida en el 2% anual. La lucha de Krichner contra la suba de precios es una pelea que no respeta ninguna de las reglas de la economía ni de la experiencia internacional más exitosa y esta lucha heterodoxa parecería empezar a mostrar signos inequívocos de éxito. No se trata de pases de magia, ni de cuestiones que no se puedan explicar desde la estadística, pero el formato de presión insoportable sobre los sectores responsables de la producción, distribución y comercialización de los productos y servicios que más influyen en el índice general de precios puede rumbear hacia un 2006 con tasas de inflación del orden del 11 a 12 por ciento, una cifra mucho más que aceptable para la perspectiva que –apenas seis meses atrás– dibujaban economistas liberales. Además, si la economía confirma un horizonte de crecimiento anual que estaría en un piso del 8 por ciento, aquella tasa de inflación será no sólo mucho más que digerible, sino que se habrá roto la certeza de los analistas más críticos, que auguraban a fin del 2005 un crecimiento en pendiente, particularmente afectado por la performance proyectadamente negativa de indicadores como la inflación. Los acuerdos de precios, en otras palabras, parecen estar funcionando mucho mejor que lo esperado, tanto por el efecto de desarticulación en las expectativas inflacionarias y en la ruptura del fenómeno de “anticipo inflacionario” que siempre mencionó Felisa Miceli, como en su capacidad para demostrar que la relación de tirantez entre un poder político fuerte y sectores económicos con tendencia a la domesticación parcial no genera hecatombes económicas ni huidas masivas de capital. Kirchner entendió antes que nadie en su gobierno que la mera irrupción del fantasma de la inflación pondría en jaque a su gestión. Dedujo de eso que no habría otra preocupación central en su día a día, y enfocó ese tiempo a una estrategia generalmente criticada de control de precios vía acuerdos temporales y siempre forzados. Kirchner decidió enfrentar los problemas de escasez de oferta y explosión de la demanda mediante EL POCO ORTODOXO RECURSO DE VOLCAR SU INMENSO PODER POLÍTICO CONTRA LOS SECTORES PRODUCTIVOS, para bloquear una salida lógica dentro del capitalismo: los aumentos de precios son una consecuencia natural de la sobredemanda. A Gelbard no le funcionó el control de precios, o le funcionó apenas un año, por el descontrol fiscal de esos años, por la crisis del petróleo y por el atraso cambiario, pero Kirchner puede haber sentado las bases para una inflación manejable por varios años, con alto crecimiento de la economía manteniendo el superavit fiscal y escudándose en el alto precio de las materias primas. El “plan K” no explica su probable éxito solamente en los acuerdos de precios y en la dureza contra los sectores productivos: el crecimiento de la importación que muestra la estadística es una demostración que los excesos de demanda se están cubriendo con mercados externos, evitando en parte una estampida de precios. Respecto de las inversiones, aunque toda la teoría y la evidencia del comportamiento de las empresas extranjeras demuestra que los controles de precios ahuyentan la llegada de capitales productivos, el Gobierno puede contar como válido un factor que ya reflejan las estadísticas: para no perder participación de mercado, las empresas argentinas, que mejor conocen la idiosincrasia social y política, no han dejado de invertir, justificando en parte la subsistencia de una tasa relativamente aceptable.

sábado, 27 de mayo de 2006

Los hechos y la teoría

Hacer ciencia, al fin de cuentas, es una tarea de comparación. ¿Qué se tiene que comparar?: los hechos con lo que la teoría dice. El neoliberalismo afirma que es un hecho que han desaparecido los espacios nacionales como ámbito de la actividad económica. Y en los lugares donde “no han desaparecido” debe forzarse su desaparición, porque hay que reprimir los hechos con la fuerza para ajustarlos a la teoría. Las personas serían hoy individuos integrados por redes internacionales que son gobernadas por distantes centros del poder global. Y si hay individuos que todavía se resisten a esta realidad deben ser forzados a obedecer. Los estados nacionales constituyen un anacronismo del viejo orden y deben ser desarticulados por completo. Argentina aplicó, hasta sus últimas consecuencias, este fundamentalismo globalizador puramente teorico. Pero los hechos terminaron por imponerse. El fundamentalismo globalizador prospera con el aumento de la demanda de crédito aunque no tengan nada que ver con la actividad real de la producción, inversiones, comercio y empleo. Por eso nos veíamos forzados a tomar y tomar créditos de los centros financieros. Por eso, es en la actividad financiera donde proliferan los más fervientes epígonos del neoliberalismo. ¿Cuáles son los hechos que se resisten?. La globalización de las finanzas, el comercio, las inversiones y la información coexisten en la realidad con los estados nacionales. Dentro de estos de estos estados nacionales se realiza el 90% del producto total de la economía mundial que, a su vez, se destina en un 80% a los propios mercados internos. 9 de cada 10 trabajadores en el mundo produce para el mercado interno de sus respectivos países. Dicho de otro modo, solo el 10% del producto mundial corresponde a las actividades transnacionalizadas, SOLO EL 20% DE LA PRODUCCIÓN MUNDIAL TRANSPONE LAS FRONTERAS NACIONALES y apenas entre 1 de cada 10 ocupados trabaja para la economía global. En cuanto a la inversión, MÁS DEL 90% DE LA INVERSIÓN MUNDIAL SE FINANCIA CON EL AHORRO INTERNO DE LOS PAÍSES. O sea, que las inversiones de las filiales de las corporaciones transnacionales solo aportan el 10% de la inversión total. A su vez, el 95% de la inmensa masa del movimiento de capitales financieros, que se refleja en movimientos diarios de los mercados cambiarios, del orden de los dos billones de dólares, son de carácter especulativo no vinculados a la economía real. Estos son los hechos económicos verdaderos, lo demás, como decía Verlaine, solo es literatura.


miércoles, 24 de mayo de 2006

Inflación y tasas de interés

Las tasas de interés al sector privado son más bajas que en la década de los noventa a pesar de la inflación. Este abaratamiento del crédito bancario fue posible por el incremento del volumen de depósitos. Hay un aumento sostenido de los depósitos a pesar de que el pago de intereses está por debajo del nivel de inflación. ¿Cómo?. ¿Me pueden explicar esto Sres. Liberales?. ¿La gente deposita a pesar de que la inflación supera los intereses?. Esta confianza irracional en los depósitos bancarios genera una gran liquidez en el sistema financiero y esto le permite al sector privado contar con tasas del 11% para los créditos hipotecarios y de un 9 por ciento anual, para los prendarios. ¡¡¡¡Todo en medio de una economía muestra signos de inflación!!!!. Las tasas de interés de los préstamos al sector privado se mantienen prácticamente sin variantes y se ubican por debajo de los niveles que tenían durante la década de los noventa en prácticamente todas las líneas de crédito. Pero resulta que en aquella década infame se suponía que, al no haber expectativas inflacionarias, había un buen clima para las inversiones y este clima dependía de la adhesión a los principios neoliberales. Vale decir: desmantelamiento del Estado, apertura incondicional de las importaciones, sobrevaluación del tipo de cambio y desregulación indiscriminada de los mercados. Pero aplicando esta receta para el desastre los depósitos se fugaron, las industria se destruyó y las tasas de interés subieron hasta lo absurdo. Ahora que nos se practica esa política extremista y suicida LA GENTE PONE LA PLATA EN LOS BANCOS AUNQUE LA INFLACIÓN SUPERA LAS TASAS DE INTERES. Ya voy viendo de los ahorristas no son tan irracionales como parecen... los que son irracionales son Uds. jejejejejeje.

lunes, 22 de mayo de 2006

¿Cuál es el plan económico?

Como casi todo en la Argentina surgió de la improvisación y la casualidad. No hay planes, hay respuestas a las circunstancias. Y las respuestas circunstanciales quedan como planes fijos aun cuando la situación que le dio origen y lo justifica pasa definitivamente. Y después nadie se atreve a modificar lo que resolvió el problema que hubo (y que fue resuelto) varios años atrás. La convertibilidad tal vez haya sido útil para salir de la hiperinflación, pero después se mantuvo durante 10 años a pesar de que se veía como se destruía toda la producción industrial. El fenómeno se repite con otro esquema simple y al parecer mágico. Han transcurrido casi cinco años desde la puesta en marcha de un modelo basado en el tipo de cambio real alto, como señal de precios relativos que orienta la producción, y en el superávit fiscal persistente, como señal de solvencia que apunta a reducir el costo financiero, para la producción privada. Buena parte del ciclo de recuperación económica local está impulsado, desde 2002, por el auge de la economía mundial. América latina, en general, y la Argentina en particular, son beneficiarias del fuerte crecimiento del déficit comercial externo estadounidense, que este año superará seguramente los u$s 800.000 millones y de las demandas de commodities (materias primas, combustibles, metales, etc.) por parte de los países asiáticos, China en particular. Las perspectivas son halagüeñas ya que, si bien el ciclo económico mundial podría modificarse a la baja (si sigue creciendo el precio del petróleo y subiendo la tasa de interés internacional), todo indica que la lógica intrínseca que estimula el crecimiento argentino no se verá sustancialmente alterada, al menos en el corto plazo. Si bien el gobierno nacional ha intentado mantener alto el tipo de cambio nominal, enfrenta crecientes complicaciones para detener la suba de los precios locales de productos estacionales, evitar el ajuste de las tarifas por servicios regulados o arbitrar en la puja por mejoras salariales. Está claro que el precio local de los combustibles no refleja para nada la situación del mercado internacional (vigencia de altos derechos de exportación). Por ende, es esperable que en algún momento del tiempo, y pese a controles, retenciones, o subsidios a ciertos consumidores, EL TIPO DE CAMBIO REAL TENDERÁ A BAJAR DE MANERA MÁS PRONUNCIADA, pese a los ajustes en el valor nominal. Dicho de otra manera, los crecimientos a “tasa china”, tenderían a normalizarse hacia 2007 y parecerse mucho más a los esperados para América latina, o sea 4% anual, sin efecto arrastre. A medida que se reduzcan los incentivos a exportar (menor tipo de cambio real) el empresariado local tenderá a demandar, la instauración de un “nuevo” modelo competitivo de desarrollo industrial. Hay que apostar a la ciencia ahora para que la ciencia en un futuro proximo introduzca valor agregado a nuestra producción y no esperarlo todo de un tipo de cambio que mantenga al dólar alto. No veo a los políticos obsesionados con la ciencia, lo cual es un tragedia.

Un Tigrecito alimentado a base de pymes

El caso Rafaela, una ciudad de 70.000 habitantes ubicada en el oeste santafesino es un ejemplo (estudiado a nivel mundial) de desarrollo de pymes. Las industrias lácteas, las fábricas de colchones, de muebles, autopartistas con altos estándares tecnológicos que están instaladas en dos parques industriales. La diversidad industrial de la ciudad se comprueba en que de los 22 sectores del clasificador industrial, 19 de ellos se encuentran en la estructura productiva rafaelina. Una de las rarezas de esa economía local es que durante el proceso de desnacionalización y concentración de los ’90, LAS EMPRESAS LO RESISTIERON Y PERMANECIERON EN MANOS LOCALES, salvo contadas excepciones. El 98 por ciento del patrimonio de las compañías radicadas en Rafaela permanecen con sus dueños originales. La ola de concentración estuvo más ligada a la gran empresa, y Rafaela es un esquema ligado a pymes. Otra diferencia con la media nacional es que en Rafaela cerraron menos firmas. Las razones son varias. Por ejemplo, la existencia de empresas innovadoras, con un segmento que hace años trabaja en mercados externos, con productos de calidad, ayudadas por un esquema territorial con fortaleza institucional donde se derraman acciones que contribuyen a que las compañías funcionen competitivamente. El municipio desde hace más de 15 años trabaja en la construcción de ventajas territoriales para sus empresas, acompaña, articula recursos, ayuda, genera externalidades en forma conjunta con la institucionalidad privada para que haya mejores condiciones de negocios. Este nuevo rol del estado a nivel municipal contribuye al crecimiento y a que los empresarios no se desprendan de sus activos. UN ESTADO PRESENTE MÁS PYMES ES LA FÓRMULA QUE DIO BUENOS RESULTADOS EN RAFAELA. Tenemos que convertir a toda la Argentina es una inmensa Rafaela de dos millones de kilómetros cuadrados. Y así podríamos “tomar el cielo por asalto” en pocos años.

domingo, 21 de mayo de 2006

El tigrecito sudamericano

Durante los primeros tres meses del año las inversiones productivas explicaron casi todo el crecimiento que manifestó la actividad industrial y que terminó el período con una suba de 6,9%. En ese mismo lapso, además, el empleo en el sector fabril aumentó a un ritmo similar a la mejora total de la actividad, al cerrar en 6,3%. Las inversiones fueron las responsables del 97% del avance fabril del primer trimestre del año. En tanto, la utilización de la capacidad instalada en esos meses, que fue apenas 0,2% superior a la del mismo lapso de 2005, EXPLICA SÓLO EL 2,8% DEL SALTO INDUSTRIAL. De manera que los que dicen que la industria crece solo porque se esta reutilizando la capacidad instalada durante la época menemista, mienten. La industria crece porque se invierte y se amplia la capacidad instalada. Para disgustos de muchos profesionales del fracaso esta naciendo un tigrecito asiático en Sudamérica. El proceso de incremento de las inversiones en el sector fabril arrancó a fines del 2003 y, desde entonces, se ha venido intensificando ininterrumpidamente, cosa que los liberales niegan en publico y lamentan en privado. Durante el año pasado, las inversiones explicaron entre el 80% del crecimiento de la actividad fabril. Las inversiones posibilitaron en el primer trimestre de este año el crecimiento a una tasa de 6,7%, sin generar ningún cuello de botella en la producción, como habían presagiado algunos analistas. La Argentina crece desde hace cuatro años a tasas chinas y eso le ha permitido ir logrando mejoras en indicadores sociales (pobreza e indigencia), con reducción en el índice de desocupación. No ha sido usual en los últimos setenta años que la economía argentina crezca tanto y durante tanto tiempo. Esta naciendo un trigrecito asiático en Sudamérica. Los especialistas en pronósticos errados desean con toda su alma que la economía comience a desacelerarse para que este impulso se pierda para siempre. Por eso recomiendan enfriar la economía con subas de tasas de interés y un ajuste fiscal aún mayor para frenar la “inflación”, o la de dejar caer el dólar. Odian la Argentina, y le desean mal. Eso explica sus malos consejos.

sábado, 20 de mayo de 2006

Parar a China a cualquier precio

El extraordinario crecimiento chino se ha acelerado a un ritmo del 10% anual en el último trienio. Su economía es la cuarta a nivel mundial y cada vez tiene más peso a través del comercio y de sus excedentes financieros. Las potencias industriales quieren frenar este crecimiento a toda costa. Por eso presionan para que China revalúe la yuan o cambie su estrategia económica. Quieren que China aumente su consumo interno reduciendo el ahorro preventivo. La estrategia de crecimiento china es liderada por la inversión y las exportaciones. Quieren que China consuma y deje de ahorrar. Porque China tiene un problema poco común: tiene un nivel de ahorro excesivo.

Los chinos ahorran excesivamente porque no tienen un sistema de seguridad social que los proteja de la enfermedad y la vejez y porque tienen un acceso limitado a los seguros y al crédito bancario. Pero, ¿cómo es posible considerar como problema ahorrar mucho, cuando ello permite invertir y crecer mucho y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas?. ¿No es un contrasentido hablar de estrategia de crecimiento basada en un mayor consumo?. Producida la crisis de 1930, la devaluación fue la respuesta natural de los países que veían caer sus exportaciones, tenían que evitar la quiebra generalizada de la actividad económica y ajustar el consumo a las disminuidas posibilidades externas. Pero los países que devaluaron fueron acusados de "exportar recesión" con el argumento que, con una demanda mundial escasa, le robaban mercados y exportaban recesión a los países centrales. Hoy China es acusada de manipular un tipo de cambio ultra competitivo para exportar agresivamente y acumular enormes reservas. Pero ya no puede ser acusada de exportar recesión. Esta idea tuvo cierta validez en el mundo posterior a la crisis de 1930, cuando los mercados financieros centrales paralizados por sus corridas bancarias y donde consecuentemente ahorrar significaba atesorar billetes que no retornaban demanda al circuito económico. Pero en las actuales circunstancias, los países superavitarios como China vuelcan sus ahorros al mercado financiero mundial, permiten aumentar el crédito y bajan las tasas de interés en todo el mundo. En circunstancias normales, más ahorro significa más inversión y más crecimiento global. La economía mundial se encuentra en un período excepcional de crecimiento gracias a los países que ahorran mucho, no gracias a los que consumen mucho. Los ahorros chinos contribuyen por otro lado a bajar la tasa de interés y mantener el auge mundial de la construcción. China es una locomotora que contribuye a un crecimiento económico mundial con muy pocos antecedentes históricos. Los neoliberales quieren que China revalúe abruptamente su moneda, como se logró que Japón hiciera en 1986. Cosa que fue el punto final del milagro japonés. Quieren que China también se haga un harakiri económico. El crecimiento económico ha permitido un crecimiento espectacular de la recaudación impositiva en China, que ha pasado en sólo seis años del 12% al 20% del PBI. Por otro lado la excepcional tasa de ahorro china (¡que ya llega al 50% del PBI!) produce un enorme crecimiento en los depósitos de la banca estatal, que puede así sostener con crédito barato al sistema de empresas públicas. El viejo sistema estatal se sigue fortaleciendo con el crecimiento privado.

Parar a China a cualquier precio

El extraordinario crecimiento chino se ha acelerado a un ritmo del 10% anual en el último trienio. Su economía es la cuarta a nivel mundial y cada vez tiene más peso a través del comercio y de sus excedentes financieros. Las potencias industriales quieren frenar este crecimiento a toda costa. Por eso presionan para que China revalúe la yuan o cambie su estrategia económica. Quieren que China aumente su consumo interno reduciendo el ahorro preventivo. La estrategia de crecimiento china es liderada por la inversión y las exportaciones. Quieren que China consuma y deje de ahorrar. Porque China tiene un problema poco común: tiene un nivel de ahorro excesivo. Los chinos ahorran excesivamente porque no tienen un sistema de seguridad social que los proteja de la enfermedad y la vejez y porque tienen un acceso limitado a los seguros y al crédito bancario. China necesitaría un Estado Benefactor (gastando más en Educación, Salud y Previsión Social). La idea es que si los chinos no tuvieran que prever por su salud y su vejez y tuvieran un fácil acceso al crédito, se preocuparían menos por sus contingencias futuras y consumirían más. China consumiendo mas exportaría menos y se atenuaría la destrucción que esta haciendo de las industrias de los países tradicionalmente ricos. Pero, ¿cómo es posible considerar como problema ahorrar mucho, cuando ello permite invertir y crecer mucho y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas?. ¿No es un contrasentido hablar de estrategia de crecimiento basada en un mayor consumo?. Producida la crisis de 1930, la devaluación fue la respuesta natural de los países que veían caer sus exportaciones, tenían que evitar la quiebra generalizada de la actividad económica y ajustar el consumo a las disminuidas posibilidades externas. Pero los países que devaluaron fueron acusados de "exportar recesión" con el argumento que, con una demanda mundial escasa, le robaban mercados y exportaban recesión a los países centrales. A partir de esta experiencia histórica, el objetivo de la creación del FMI en 1944 fue evitar que en tiempos de crisis se reiteraran las devaluaciones competitivas que perjudicaban a los demás países. Una función central que se le asignó al FMI fue otorgar préstamos a los países en dificultades financieras transitorias para evitar que recurrieran a devaluaciones y medidas proteccionistas que aumentaran su producción y bajaran su consumo (en definitiva, que aumentaran su ahorro). Hoy China es acusada de manipular un tipo de cambio ultra competitivo para exportar agresivamente y acumular enormes reservas. Pero ya no puede ser acusada de exportar recesión. Esta idea tuvo cierta validez en el mundo posterior a la crisis de 1930, cuando los mercados financieros centrales paralizados por sus corridas bancarias y donde consecuentemente ahorrar significaba atesorar billetes que no retornaban demanda al circuito económico. Pero en las actuales circunstancias, los países superavitarios como China vuelcan sus ahorros al mercado financiero mundial, permiten aumentar el crédito y bajan las tasas de interés en todo el mundo. En circunstancias normales, más ahorro significa más inversión y más crecimiento global. La economía mundial se encuentra en un período excepcional de crecimiento gracias a los países que ahorran mucho, no gracias a los que consumen mucho. La explicación proteccionista Desde el año pasado existe un proyecto de ley en el Congreso americano para establecer un arancel uniforme del 27.5% a todas las importaciones chinas si China no revalúa significativamente su moneda. El hecho es que las industrias más afectadas por el aluvión chino tienen poder de lobby y están detrás de esta medida. Pero son muchos los sectores que también se benefician pudiendo exportarle a China e invirtiendo en ese país. Los ahorros chinos contribuyen por otro lado a bajar la tasa de interés y mantener el auge mundial de la construcción. China es una locomotora que contribuye a un crecimiento económico mundial con muy pocos antecedentes históricos. También es cierto que una medida unilateral contra las importaciones chinas estaría en contra de las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Por eso prefieren que China revalúe abruptamente su moneda, como se logró que Japón hiciera en 1986. Cosa que fue el punto final del milagro japonés. Ahora quieren los países ricos de occidente que China también se haga un harakiri económico, que se suicida por la continuidad del alto bienestar de los privilegiados tradicionales. El crecimiento económico ha permitido un crecimiento espectacular de la recaudación impositiva en China, que ha pasado en sólo seis años del 12% al 20% del PBI. Por otro lado la excepcional tasa de ahorro china (¡que ya llega al 50% del PBI!) produce un enorme crecimiento en los depósitos de la banca estatal, que puede así sostener con crédito barato al sistema de empresas públicas. El viejo sistema estatal se sigue fortaleciendo con el crecimiento privado.

viernes, 19 de mayo de 2006

La falacia del libre comercio

La idea de que el libre comercio beneficia siempre y a todos, es simplemente una falacia y no resiste un profundo análisis teórico. Mientras que sin duda una adecuada especialización y comercio entre países con similares niveles de desarrollo puede ser de gran beneficio mutuo, una liberalización comercial a ultranza entre economías con grandes diferenciales de productividad y competitividad, significa graves riesgos para los países de menor desarrollo relativo dada la probable destrucción de su base productiva. El resultado más probable de un aperturismo irracional es la "especialización" de las economías menos desarrolladas en bienes basados en recursos naturales. Algunos plantean la discusión en términos ideológicos, es decir, justifican un aperturismo a ultranza en función de una supuesta supremacía de los consumidores, que lo único que lograrían en el largo plazo sería condenar tanto a consumidores cuanto a productores nacionales a la supremacía de los productores extranjeros. Es decir, mientras que en teoría con esta clase de esquemas los consumidores se benefician en el corto plazo, en el futuro tanto consumidores y productores nacionales se perjudican, ya que, sencillamente, sin producción nacional tampoco puede haber consumo. Teóricamente, los beneficios del libre comercio se fundamentan principalmente en la conocida teoría de las ventajas comparativas. Esta poderosa idea desarrollada por David Ricardo tiene en su simplicidad su mayor fortaleza pero también su mayor debilidad. Sus debilidades teóricas son bien conocidas, entre las principales están SU ENFOQUE ESTÁTICO, LA INEXISTENCIA DE IMPERFECCIONES DEL MERCADO, Y LA AUSENCIA DE CUESTIONES DE PODER. En cuanto a la naturaleza estática de la teoría, si en nombre de las "ventajas comparativas" un país se especializa en producción de bienes agrícolas primarios basados en sus recursos naturales y renuncia a producir bienes manufacturados, muy probablemente jamás tendrá "ventajas comparativas" en estos últimos. Sin embargo, ¿quién garantiza que, de haber persistido en su intento de ser competitivo produciendo bienes manufacturados, lo hubiere logrado exitosamente, en lo que se conoce como ventajas comparativas dinámicas? Tal es el caso de Corea del Sur, que en los años sesenta empezó a construir barcos pese a no tener "ventajas comparativas" en esta industria, y hoy es uno de los más grandes y eficientes productores de barcos del mundo. Si Japón -la segunda economía mundial-, hubiese seguido el principio de las ventajas comparativas como estrategia de desarrollo y no hubiese implementado claras políticas industriales, probablemente sus principales exportaciones aún serían, al igual que en el siglo XIX, seda cruda y té. La existencia de un mercado internacional funcionando en un vacío de fuerzas y dando los correctos precios a todas las mercancías sigue siendo una fantasía. En definitiva está claro que el clásico e idealizado modelo teórico para justificar el libre comercio no es válido. En la práctica, el simplismo de las ventajas comparativas como estrategia de desarrollo para los países más pobres, significa la negación de la mayoría de aquello que conocemos como desarrollo económico.

jueves, 18 de mayo de 2006

Modelo de desarrollo

El modelo de la “generación de 1880” consistió en la incorporación de la Argentina al mercado mundial, abasteciendo de carnes y granos al Imperio Británico. En torno a ese eje, se estableció un sistema extensivo de explotación agropecuaria, con tecnologías avanzadas para la época; se constituyó un esquema de financiamiento, basado en la diferencia entre costos locales y precios internacionales; se proveyó de la mano de obra necesaria, con la inmigración masiva y la instrucción primaria generalizada; se construyó una extensa red de transportes ferroviarios, y se habilitaron silos y puertos. El gobierno, en una primera etapa, quedó en manos de los grupos oligárquicos terratenientes ligados al interés británico; en una segunda fase pasó al partido mayoritario, el radical, en el que predominaba la clase media, que no era la beneficiaria directa del sistema agropecuario predominante pero no intentó alterarlo. Cuando existió el riesgo de cambios más profundos, con motivo de la profunda crisis internacional y nacional de 1930, la oligarquía retomó el gobierno con un golpe de Estado. El modelo conservador intervensionista: en los años ‘30, el gobierno surgido del golpe afirmó un nuevo modelo conservador, con medidas de fuerte intervencionismo estatal. La crisis obligaba a la utilización de un instrumental de política económica muy diferente del estrictamente liberal; fue la época del salvataje de empresas agropecuarias e industriales afectadas por la crisis y de renegociación de vínculos con Gran Bretaña. Se implantaron el control de cambios y el impuesto a la renta; se fundaron el Banco Central y el Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias; se reguló el comercio exterior y se creó un régimen de juntas reguladoras de la producción y comercialización de los principales productos (granos, vinos, yerba mate, carnes y algodón). En el plano político, como no tenía el voto de la mayoría, implantó un sistema de fraude electoral, por el cual en el día de las elecciones se ejercían el fraude y la violencia necesarios para que ganara el partido oficialista, y se respetaba la vigencia de las libertades públicas el resto del año. Los principales grupos de apoyo social fueron los terratenientes, los exportadores agropecuarios y los intereses ligados a Gran Bretaña. El modelo peronista de 1946-1955: sus objetivos fueron la industrialización del país y prevalencia del mercado interno. Su ejecución fue dirigida por el Estado, que la financió con la apropiación de una parte del excedente agropecuario. La mano de obra provino de una importante migración interna hacia los centros industriales; asimismo, existió una significativa inmigración externa, de Italia y España. Cumplió un proceso de recuperación del patrimonio nacional (estatizó el Banco Central, el comercio exterior, los servicios públicos y las fuentes de energía) y canceló la deuda externa. Fue apoyado por la clase obrera y los empresarios nacionales medianos y chicos; electoralmente, contó con el voto de importantes grupos de la clase media, sobre todo su sector más pobre. El desarrollismo: después del primer impulso industrializador realizado por el gobierno peronista (1946-1955), el desarrollismo (1958-1962) intentó una modernización basada en la profundización y diversificación de la industria. Para ello intensificó la industria pesada y comenzó importantes obras de infraestructura. Se planteó como objetivo el desarrollo económico nacional y regional, con eje en la industria. Sólo pudo cumplir en parte con sus objetivos, porque fue depuesto por la presión militar y de los intereses oligárquicos radicionales. El modelo neoliberal se inició en 1976 tuvo como objetivos la modernización regida por el neoliberalismo, con fuerte vinculación internacional, en especial con Estados Unidos. Sus instrumentos fueron la apertura de la economía, en lo comercial y en lo financiero; la estructuración de un fuerte sector financiero; la sobrevaluación del peso; la elevada tasa de interés; y el alto endeudamiento externo; eran también instrumentos de la política antiinflacionaria. Este modelo fue sostenido por el sector financiero, las trasnacionales y los empresarios nacionales grandes; además, contó con la aquiescencia de una parte de la “mayoría silenciosa”, que pudo viajar y comprar productos importados gracias a la “plata dulce”. El modelo que yo propongo es el siguiente: preparar todo el país en función de un modelo de exportación basado en el ciencia. La Argentina debe exportar tecnología, por ello hay que invertir en investigación científica. Todo el poder a las universidades y laboratorios que hagan investigación: el presupuesto debe ir a parar ahí a manos llenas. Todo el sistema bancario debe estar armado con el fin de financiar los productos de los procesos de investigación. Todo el sistema educativo debe estar orientados en post del objetivo estratégico de hacer ciencia y exportar productos científicos. El funcionario mas importante del país después del propio presidente debe ser el director de la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas.

miércoles, 17 de mayo de 2006

El secreto de la reactivacion

En el 2006 Argentina crecer por cuarto año consecutivo a tasas chinas. La recuperación acumulada desde el 2002 es ya mayor que la recuperación ocurrida desde comienzos de la convertibilidad hasta el tequila. ¿Por qué se ha recuperado tanto la economía con políticas económicas intervencionistas?. Según la teoría liberal esto no debería ocurrir. Y sin embargo ocurre. Frente a una expectativa generalizada de que el crecimiento se desaceleraría en el 2005, Argentina volvió a crecer al 9% y el consenso para el 2006 es que podemos crecer 7.5%. Si estas expectativas se cumplieran, a fines del 2006 EL PBI ARGENTINO SUPERARÁ EL DE 1998 EN 20%. Esta recuperación ha permitido un aumento sustancial del empleo, una reducción significativa de los indicadores de pobreza e indigencia y todo esto se ha producido con una inflación creciente pero aún moderada para estándares argentinos. Hay expectativas positivas en el sector privado: los individuos continúan desatesorando dólares para cambiar el automóvil o comprar una vivienda y los empresarios deciden reinvertir sus utilidades en vez de fugarlas al exterior. La sorpresa positiva ha sido que la inversión creció en el 2005 hasta el 21% del PBI. Lo ocurrido es un desafío intelectual serio para la ortodoxia financiera, que no creyó posible evitar la hiperinflación tras la devaluación del 200%. Tampoco creyó que la economía se podía recuperar fuertemente con una intermediación financiera famélica (consecuencia del congelamiento de depósitos), sin crédito internacional (consecuencia del default) y sin un tipo de cambio flexible y apreciado. Los liberales no pueden explicar este crecimiento. La realidad los supera. La capacidad ociosa tuvo que ver pero no lo explica todo. El crecimiento de la demanda debe explicar el fenómeno y en este sentido las condiciones externas favorables para nuestras exportaciones fueron un elemento fortuito importante. Pero el empuje más importante fue LA REVERSIÓN DE LOS CAPITALES PRIVADOS, que pasaron de fugar $ 12,500 millones de dólares en 2002, a ingresar $ 3,000 millones de dólares en el 2005. Este comportamiento ha estado sin duda favorecido por las bajas tasas de interés internacionales, pero no hubiera ocurrido sin la confianza que despertó la consolidación de la estabilidad cambiaria post devaluación. La pregunta relevante entonces es qué política permitió la estabilización cambiaria y la respuesta es clara: una política fiscal ortodoxa que transformó déficits fiscales de 5% del PBI en superávits del orden de 2% del PBI. Al adoptar adoptar esta prudencia fiscal empezó el círculo virtuoso de la estabilidad cambiaria, la confianza progresiva y el retorno de los capitales que fugaban al colchón y al exterior. Al gobierno le ha bastado con superávit fiscales y un tipo de cambio estable y competitivo para recuperar la actividad económica. No es una fórmula inédita, Chile también la implementó con éxito entre 1984 y 1990. Lo que en Argentina jugó a favor es la enorme masa de ahorros que los argentinos atesoran aquí y en el exterior y revierten rápidamente CON UN MÍNIMO DE CONFIANZA. Prudencia fiscal: parece ser todo el secreto de este éxito. El endeudamiento externo y la intermediación financiera contribuyen al crecimiento sólo cuando financian inversiones rentables a tasas bajas, pero son nefastos e insostenibles cuando financian consumo privado o gasto público improductivo a tasas altas. La imprudencia fiscal fue la socia estratégica de los intereses financieros durante la Convertibilidad, ya que el déficit fue la contracara del endeudamiento externo y el financiamiento bancario al sector público. Prudencia fiscal y crecimiento sostenido parece ser la formula. La inversión no pide seguridad jurídica, solo pide una economía en crecimiento sostenido, eso es lo que la atrae. China después de crecer 20 años al 9 por ciento no sabe como parar la avalancha de capitales que quieren invertir allí. ¿Por qué quieren hacerlo?. Porque hace mucho tiempo que crecen y eso les da a los capitales la seguridad de la ganancias, que es la única seguridad que buscan...

Para que los eunucos bufen

La Argentina ha crecido durante tres años consecutivos al 9 por ciento. Es un crecimiento récord poco común en el mundo. Al mismo tiempo ha logrado un “superávit gemelo”, nadie vivo hoy en la Argentina vio algo así en su pasado. En los países que salen de una crisis, en los tres primeros años la inversión normalmente es del 35 por ciento. La Argentina alcanzó el 66 por ciento después de tres años de crecimiento. Y esta inversión se hizo prácticamente sin crédito disponible. ¿A dónde llegaríamos con crédito barato y fácil?. Los liberales tiemblan de solo pensar que este crédito pueda aparecer, y aparecerá, por una razón muy simple, si la economía sigue creciendo llegara un momento en que se convencerán los prestamistas que es negocios invertir en un pais que crece solo a “pulmón”... Ya saben, solo se presta plata a quien no la necesita, es el viejo lema de los banqueros. Broda decía, esperanzado, hace unos pocos días “hay síntomas de desaceleración” y sus seguidores suspiraron aliviados. Cuando empezó la recuperación el mismo imbécil decía que el crecimiento daba para unos meses nomás porque “se estaba usando la capacidad instalada”. Pero vamos por el cuarto año y en el primer trimestre crecimos al 9 por ciento... para que los eunucos sigan bufando... jejejejejejejeje.

domingo, 14 de mayo de 2006

Los cobredolares inundan Chile

La economía chilena enfrenta un singular problema: qué hacer con la avalancha de dólares tras el espectacular incremento en el valor del cobre, su principal producto de exportación. El precio del metal se triplicó en los últimos tres años. Partiendo de 80 centavos de dólar por libra física en 2003, hasta el promedio de 1.67 dólares que alcanzó en 2005 y las cotizaciones récord rozando los cuatro dólares por libra en los últimos meses. Por cada centavo que sube el precio promedio anual, el Estado chileno recibe 120 millones de dólares adicionales, provenientes principalmente de la Corporación del Cobre (Codelco, estatal), el mayor productor mundial. Pero tantos dólares crean un singular problema. En los últimos tres años la moneda chilena se apreció cerca de 30 por ciento, desde los 751 pesos por dólar en febrero de 2003 hasta los 514 actuales. El fortalecimiento del peso le esta haciendo contraer a Chile la "enfermedad holandesa", que se produce cuando el valor del principal bien de exportación de un país sube demasiado, AFECTANDO LA COMPETITIVIDAD DEL RESTO DE LOS ENVÍOS AL EXTERIOR. El cobre representa 45 por ciento del total de las exportaciones de Chile. La Bachelet ha decidido ahorrar la casi totalidad de los excedentes, creando un fondo de estabilización para épocas de "vacas flacas". Por lo tanto, el tipo de cambio será en la primera “crisis económica” que tendrá que enfrentar la chilota. Para explicarlo en pocas palabras, como consecuencia del alto valor del cobre, entran una montañas de dolares a Chile, eso hace que el precio de la moneda chilena suba, por lo tanto, las exportaciones que no son cobre son mas caras, eso terminarà por hacer que las exportaciones disminuyan. Y todo esto en un contexto en que el dólar se desinfla. O sea el dólar se desinfla por si mismo y el peso chileno se infla por la entrada masiva de dolares devaluados. Como consecuencia de los compromisos contraídos por sus acuerdos de libre comercio Chile no puede intervenir para detener la subida de su moneda, Chile no tiene soberanía sobre su economía y asistirá impotente a la destrucción de todo lo que sea producción que no sea cobre.

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