martes, 30 de mayo de 2006
Inversiones en Argentina
lunes, 29 de mayo de 2006
Una espada con dos filos
domingo, 28 de mayo de 2006
Galbraith
Kirchner y la inflación
El control de precios es visto como la presencia misma del diablo en economía. Se dice que el control de precios nunca tuvo éxito. Pero no se menciona que Francia tuvo control de precios desde 1936 hasta 1986 y en esos 50 años creció en forma espectacular. El recientemente fallecido economista norteamericano Kenneth Galbraith fue el encargado del control de precios en EEUU, que lo aplicó en forma generalizada entre abril de 1942 y 1945 con asombroso éxito. La inflación fue mantenida en el 2% anual. La lucha de Krichner contra la suba de precios es una pelea que no respeta ninguna de las reglas de la economía ni de la experiencia internacional más exitosa y esta lucha heterodoxa parecería empezar a mostrar signos inequívocos de éxito. No se trata de pases de magia, ni de cuestiones que no se puedan explicar desde la estadística, pero el formato de presión insoportable sobre los sectores responsables de la producción, distribución y comercialización de los productos y servicios que más influyen en el índice general de precios puede rumbear hacia un 2006 con tasas de inflación del orden del 11 a 12 por ciento, una cifra mucho más que aceptable para la perspectiva que –apenas seis meses atrás– dibujaban economistas liberales. Además, si la economía confirma un horizonte de crecimiento anual que estaría en un piso del 8 por ciento, aquella tasa de inflación será no sólo mucho más que digerible, sino que se habrá roto la certeza de los analistas más críticos, que auguraban a fin del 2005 un crecimiento en pendiente, particularmente afectado por la performance proyectadamente negativa de indicadores como la inflación. Los acuerdos de precios, en otras palabras, parecen estar funcionando mucho mejor que lo esperado, tanto por el efecto de desarticulación en las expectativas inflacionarias y en la ruptura del fenómeno de “anticipo inflacionario” que siempre mencionó Felisa Miceli, como en su capacidad para demostrar que la relación de tirantez entre un poder político fuerte y sectores económicos con tendencia a la domesticación parcial no genera hecatombes económicas ni huidas masivas de capital. Kirchner entendió antes que nadie en su gobierno que la mera irrupción del fantasma de la inflación pondría en jaque a su gestión. Dedujo de eso que no habría otra preocupación central en su día a día, y enfocó ese tiempo a una estrategia generalmente criticada de control de precios vía acuerdos temporales y siempre forzados. Kirchner decidió enfrentar los problemas de escasez de oferta y explosión de la demanda mediante EL POCO ORTODOXO RECURSO DE VOLCAR SU INMENSO PODER POLÍTICO CONTRA LOS SECTORES PRODUCTIVOS, para bloquear una salida lógica dentro del capitalismo: los aumentos de precios son una consecuencia natural de la sobredemanda. A Gelbard no le funcionó el control de precios, o le funcionó apenas un año, por el descontrol fiscal de esos años, por la crisis del petróleo y por el atraso cambiario, pero Kirchner puede haber sentado las bases para una inflación manejable por varios años, con alto crecimiento de la economía manteniendo el superavit fiscal y escudándose en el alto precio de las materias primas. El “plan K” no explica su probable éxito solamente en los acuerdos de precios y en la dureza contra los sectores productivos: el crecimiento de la importación que muestra la estadística es una demostración que los excesos de demanda se están cubriendo con mercados externos, evitando en parte una estampida de precios. Respecto de las inversiones, aunque toda la teoría y la evidencia del comportamiento de las empresas extranjeras demuestra que los controles de precios ahuyentan la llegada de capitales productivos, el Gobierno puede contar como válido un factor que ya reflejan las estadísticas: para no perder participación de mercado, las empresas argentinas, que mejor conocen la idiosincrasia social y política, no han dejado de invertir, justificando en parte la subsistencia de una tasa relativamente aceptable.
sábado, 27 de mayo de 2006
Los hechos y la teoría
Hacer ciencia, al fin de cuentas, es una tarea de comparación. ¿Qué se tiene que comparar?: los hechos con lo que la teoría dice. El neoliberalismo afirma que es un hecho que han desaparecido los espacios nacionales como ámbito de la actividad económica. Y en los lugares donde “no han desaparecido” debe forzarse su desaparición, porque hay que reprimir los hechos con la fuerza para ajustarlos a la teoría. Las personas serían hoy individuos integrados por redes internacionales que son gobernadas por distantes centros del poder global. Y si hay individuos que todavía se resisten a esta realidad deben ser forzados a obedecer. Los estados nacionales constituyen un anacronismo del viejo orden y deben ser desarticulados por completo. Argentina aplicó, hasta sus últimas consecuencias, este fundamentalismo globalizador puramente teorico. Pero los hechos terminaron por imponerse. El fundamentalismo globalizador prospera con el aumento de la demanda de crédito aunque no tengan nada que ver con la actividad real de la producción, inversiones, comercio y empleo. Por eso nos veíamos forzados a tomar y tomar créditos de los centros financieros. Por eso, es en la actividad financiera donde proliferan los más fervientes epígonos del neoliberalismo. ¿Cuáles son los hechos que se resisten?. La globalización de las finanzas, el comercio, las inversiones y la información coexisten en la realidad con los estados nacionales. Dentro de estos de estos estados nacionales se realiza el 90% del producto total de la economía mundial que, a su vez, se destina en un 80% a los propios mercados internos. 9 de cada 10 trabajadores en el mundo produce para el mercado interno de sus respectivos países. Dicho de otro modo, solo el 10% del producto mundial corresponde a las actividades transnacionalizadas, SOLO EL 20% DE LA PRODUCCIÓN MUNDIAL TRANSPONE LAS FRONTERAS NACIONALES y apenas entre 1 de cada 10 ocupados trabaja para la economía global. En cuanto a la inversión, MÁS DEL 90% DE LA INVERSIÓN MUNDIAL SE FINANCIA CON EL AHORRO INTERNO DE LOS PAÍSES. O sea, que las inversiones de las filiales de las corporaciones transnacionales solo aportan el 10% de la inversión total. A su vez, el 95% de la inmensa masa del movimiento de capitales financieros, que se refleja en movimientos diarios de los mercados cambiarios, del orden de los dos billones de dólares, son de carácter especulativo no vinculados a la economía real. Estos son los hechos económicos verdaderos, lo demás, como decía Verlaine, solo es literatura.
miércoles, 24 de mayo de 2006
Inflación y tasas de interés
Las tasas de interés al sector privado son más bajas que en la década de los noventa a pesar de la inflación. Este abaratamiento del crédito bancario fue posible por el incremento del volumen de depósitos. Hay un aumento sostenido de los depósitos a pesar de que el pago de intereses está por debajo del nivel de inflación. ¿Cómo?. ¿Me pueden explicar esto Sres. Liberales?. ¿La gente deposita a pesar de que la inflación supera los intereses?. Esta confianza irracional en los depósitos bancarios genera una gran liquidez en el sistema financiero y esto le permite al sector privado contar con tasas del 11% para los créditos hipotecarios y de un 9 por ciento anual, para los prendarios. ¡¡¡¡Todo en medio de una economía muestra signos de inflación!!!!. Las tasas de interés de los préstamos al sector privado se mantienen prácticamente sin variantes y se ubican por debajo de los niveles que tenían durante la década de los noventa en prácticamente todas las líneas de crédito. Pero resulta que en aquella década infame se suponía que, al no haber expectativas inflacionarias, había un buen clima para las inversiones y este clima dependía de la adhesión a los principios neoliberales. Vale decir: desmantelamiento del Estado, apertura incondicional de las importaciones, sobrevaluación del tipo de cambio y desregulación indiscriminada de los mercados. Pero aplicando esta receta para el desastre los depósitos se fugaron, las industria se destruyó y las tasas de interés subieron hasta lo absurdo. Ahora que nos se practica esa política extremista y suicida LA GENTE PONE LA PLATA EN LOS BANCOS AUNQUE LA INFLACIÓN SUPERA LAS TASAS DE INTERES. Ya voy viendo de los ahorristas no son tan irracionales como parecen... los que son irracionales son Uds. jejejejejeje.
lunes, 22 de mayo de 2006
¿Cuál es el plan económico?
Como casi todo en la Argentina surgió de la improvisación y la casualidad. No hay planes, hay respuestas a las circunstancias. Y las respuestas circunstanciales quedan como planes fijos aun cuando la situación que le dio origen y lo justifica pasa definitivamente. Y después nadie se atreve a modificar lo que resolvió el problema que hubo (y que fue resuelto) varios años atrás. La convertibilidad tal vez haya sido útil para salir de la hiperinflación, pero después se mantuvo durante 10 años a pesar de que se veía como se destruía toda la producción industrial. El fenómeno se repite con otro esquema simple y al parecer mágico. Han transcurrido casi cinco años desde la puesta en marcha de un modelo basado en el tipo de cambio real alto, como señal de precios relativos que orienta la producción, y en el superávit fiscal persistente, como señal de solvencia que apunta a reducir el costo financiero, para la producción privada. Buena parte del ciclo de recuperación económica local está impulsado, desde 2002, por el auge de la economía mundial. América latina, en general, y la Argentina en particular, son beneficiarias del fuerte crecimiento del déficit comercial externo estadounidense, que este año superará seguramente los u$s 800.000 millones y de las demandas de commodities (materias primas, combustibles, metales, etc.) por parte de los países asiáticos, China en particular. Las perspectivas son halagüeñas ya que, si bien el ciclo económico mundial podría modificarse a la baja (si sigue creciendo el precio del petróleo y subiendo la tasa de interés internacional), todo indica que la lógica intrínseca que estimula el crecimiento argentino no se verá sustancialmente alterada, al menos en el corto plazo. Si bien el gobierno nacional ha intentado mantener alto el tipo de cambio nominal, enfrenta crecientes complicaciones para detener la suba de los precios locales de productos estacionales, evitar el ajuste de las tarifas por servicios regulados o arbitrar en la puja por mejoras salariales. Está claro que el precio local de los combustibles no refleja para nada la situación del mercado internacional (vigencia de altos derechos de exportación). Por ende, es esperable que en algún momento del tiempo, y pese a controles, retenciones, o subsidios a ciertos consumidores, EL TIPO DE CAMBIO REAL TENDERÁ A BAJAR DE MANERA MÁS PRONUNCIADA, pese a los ajustes en el valor nominal. Dicho de otra manera, los crecimientos a “tasa china”, tenderían a normalizarse hacia 2007 y parecerse mucho más a los esperados para América latina, o sea 4% anual, sin efecto arrastre. A medida que se reduzcan los incentivos a exportar (menor tipo de cambio real) el empresariado local tenderá a demandar, la instauración de un “nuevo” modelo competitivo de desarrollo industrial. Hay que apostar a la ciencia ahora para que la ciencia en un futuro proximo introduzca valor agregado a nuestra producción y no esperarlo todo de un tipo de cambio que mantenga al dólar alto. No veo a los políticos obsesionados con la ciencia, lo cual es un tragedia.
Un Tigrecito alimentado a base de pymes
domingo, 21 de mayo de 2006
El tigrecito sudamericano
sábado, 20 de mayo de 2006
Parar a China a cualquier precio
El extraordinario crecimiento chino se ha acelerado a un ritmo del 10% anual en el último trienio. Su economía es la cuarta a nivel mundial y cada vez tiene más peso a través del comercio y de sus excedentes financieros. Las potencias industriales quieren frenar este crecimiento a toda costa. Por eso presionan para que China revalúe la yuan o cambie su estrategia económica. Quieren que China aumente su consumo interno reduciendo el ahorro preventivo. La estrategia de crecimiento china es liderada por la inversión y las exportaciones. Quieren que China consuma y deje de ahorrar. Porque China tiene un problema poco común: tiene un nivel de ahorro excesivo.
Los chinos ahorran excesivamente porque no tienen un sistema de seguridad social que los proteja de la enfermedad y la vejez y porque tienen un acceso limitado a los seguros y al crédito bancario. Pero, ¿cómo es posible considerar como problema ahorrar mucho, cuando ello permite invertir y crecer mucho y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas?. ¿No es un contrasentido hablar de estrategia de crecimiento basada en un mayor consumo?. Producida la crisis de 1930, la devaluación fue la respuesta natural de los países que veían caer sus exportaciones, tenían que evitar la quiebra generalizada de la actividad económica y ajustar el consumo a las disminuidas posibilidades externas. Pero los países que devaluaron fueron acusados de "exportar recesión" con el argumento que, con una demanda mundial escasa, le robaban mercados y exportaban recesión a los países centrales. Hoy China es acusada de manipular un tipo de cambio ultra competitivo para exportar agresivamente y acumular enormes reservas. Pero ya no puede ser acusada de exportar recesión. Esta idea tuvo cierta validez en el mundo posterior a la crisis de 1930, cuando los mercados financieros centrales paralizados por sus corridas bancarias y donde consecuentemente ahorrar significaba atesorar billetes que no retornaban demanda al circuito económico. Pero en las actuales circunstancias, los países superavitarios como China vuelcan sus ahorros al mercado financiero mundial, permiten aumentar el crédito y bajan las tasas de interés en todo el mundo. En circunstancias normales, más ahorro significa más inversión y más crecimiento global. La economía mundial se encuentra en un período excepcional de crecimiento gracias a los países que ahorran mucho, no gracias a los que consumen mucho. Los ahorros chinos contribuyen por otro lado a bajar la tasa de interés y mantener el auge mundial de la construcción. China es una locomotora que contribuye a un crecimiento económico mundial con muy pocos antecedentes históricos. Los neoliberales quieren que China revalúe abruptamente su moneda, como se logró que Japón hiciera en 1986. Cosa que fue el punto final del milagro japonés. Quieren que China también se haga un harakiri económico. El crecimiento económico ha permitido un crecimiento espectacular de la recaudación impositiva en China, que ha pasado en sólo seis años del 12% al 20% del PBI. Por otro lado la excepcional tasa de ahorro china (¡que ya llega al 50% del PBI!) produce un enorme crecimiento en los depósitos de la banca estatal, que puede así sostener con crédito barato al sistema de empresas públicas. El viejo sistema estatal se sigue fortaleciendo con el crecimiento privado.
Parar a China a cualquier precio
El extraordinario crecimiento chino se ha acelerado a un ritmo del 10% anual en el último trienio. Su economía es la cuarta a nivel mundial y cada vez tiene más peso a través del comercio y de sus excedentes financieros. Las potencias industriales quieren frenar este crecimiento a toda costa. Por eso presionan para que China revalúe la yuan o cambie su estrategia económica. Quieren que China aumente su consumo interno reduciendo el ahorro preventivo. La estrategia de crecimiento china es liderada por la inversión y las exportaciones. Quieren que China consuma y deje de ahorrar. Porque China tiene un problema poco común: tiene un nivel de ahorro excesivo. Los chinos ahorran excesivamente porque no tienen un sistema de seguridad social que los proteja de la enfermedad y la vejez y porque tienen un acceso limitado a los seguros y al crédito bancario. China necesitaría un Estado Benefactor (gastando más en Educación, Salud y Previsión Social). La idea es que si los chinos no tuvieran que prever por su salud y su vejez y tuvieran un fácil acceso al crédito, se preocuparían menos por sus contingencias futuras y consumirían más. China consumiendo mas exportaría menos y se atenuaría la destrucción que esta haciendo de las industrias de los países tradicionalmente ricos. Pero, ¿cómo es posible considerar como problema ahorrar mucho, cuando ello permite invertir y crecer mucho y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas?. ¿No es un contrasentido hablar de estrategia de crecimiento basada en un mayor consumo?. Producida la crisis de 1930, la devaluación fue la respuesta natural de los países que veían caer sus exportaciones, tenían que evitar la quiebra generalizada de la actividad económica y ajustar el consumo a las disminuidas posibilidades externas. Pero los países que devaluaron fueron acusados de "exportar recesión" con el argumento que, con una demanda mundial escasa, le robaban mercados y exportaban recesión a los países centrales. A partir de esta experiencia histórica, el objetivo de la creación del FMI en 1944 fue evitar que en tiempos de crisis se reiteraran las devaluaciones competitivas que perjudicaban a los demás países. Una función central que se le asignó al FMI fue otorgar préstamos a los países en dificultades financieras transitorias para evitar que recurrieran a devaluaciones y medidas proteccionistas que aumentaran su producción y bajaran su consumo (en definitiva, que aumentaran su ahorro). Hoy China es acusada de manipular un tipo de cambio ultra competitivo para exportar agresivamente y acumular enormes reservas. Pero ya no puede ser acusada de exportar recesión. Esta idea tuvo cierta validez en el mundo posterior a la crisis de 1930, cuando los mercados financieros centrales paralizados por sus corridas bancarias y donde consecuentemente ahorrar significaba atesorar billetes que no retornaban demanda al circuito económico. Pero en las actuales circunstancias, los países superavitarios como China vuelcan sus ahorros al mercado financiero mundial, permiten aumentar el crédito y bajan las tasas de interés en todo el mundo. En circunstancias normales, más ahorro significa más inversión y más crecimiento global. La economía mundial se encuentra en un período excepcional de crecimiento gracias a los países que ahorran mucho, no gracias a los que consumen mucho. La explicación proteccionista Desde el año pasado existe un proyecto de ley en el Congreso americano para establecer un arancel uniforme del 27.5% a todas las importaciones chinas si China no revalúa significativamente su moneda. El hecho es que las industrias más afectadas por el aluvión chino tienen poder de lobby y están detrás de esta medida. Pero son muchos los sectores que también se benefician pudiendo exportarle a China e invirtiendo en ese país. Los ahorros chinos contribuyen por otro lado a bajar la tasa de interés y mantener el auge mundial de la construcción. China es una locomotora que contribuye a un crecimiento económico mundial con muy pocos antecedentes históricos. También es cierto que una medida unilateral contra las importaciones chinas estaría en contra de las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Por eso prefieren que China revalúe abruptamente su moneda, como se logró que Japón hiciera en 1986. Cosa que fue el punto final del milagro japonés. Ahora quieren los países ricos de occidente que China también se haga un harakiri económico, que se suicida por la continuidad del alto bienestar de los privilegiados tradicionales. El crecimiento económico ha permitido un crecimiento espectacular de la recaudación impositiva en China, que ha pasado en sólo seis años del 12% al 20% del PBI. Por otro lado la excepcional tasa de ahorro china (¡que ya llega al 50% del PBI!) produce un enorme crecimiento en los depósitos de la banca estatal, que puede así sostener con crédito barato al sistema de empresas públicas. El viejo sistema estatal se sigue fortaleciendo con el crecimiento privado.
viernes, 19 de mayo de 2006
La falacia del libre comercio
jueves, 18 de mayo de 2006
Modelo de desarrollo
miércoles, 17 de mayo de 2006
El secreto de la reactivacion
En el 2006 Argentina crecer por cuarto año consecutivo a tasas chinas. La recuperación acumulada desde el 2002 es ya mayor que la recuperación ocurrida desde comienzos de la convertibilidad hasta el tequila. ¿Por qué se ha recuperado tanto la economía con políticas económicas intervencionistas?. Según la teoría liberal esto no debería ocurrir. Y sin embargo ocurre. Frente a una expectativa generalizada de que el crecimiento se desaceleraría en el 2005, Argentina volvió a crecer al 9% y el consenso para el 2006 es que podemos crecer 7.5%. Si estas expectativas se cumplieran, a fines del 2006 EL PBI ARGENTINO SUPERARÁ EL DE 1998 EN 20%. Esta recuperación ha permitido un aumento sustancial del empleo, una reducción significativa de los indicadores de pobreza e indigencia y todo esto se ha producido con una inflación creciente pero aún moderada para estándares argentinos. Hay expectativas positivas en el sector privado: los individuos continúan desatesorando dólares para cambiar el automóvil o comprar una vivienda y los empresarios deciden reinvertir sus utilidades en vez de fugarlas al exterior. La sorpresa positiva ha sido que la inversión creció en el 2005 hasta el 21% del PBI. Lo ocurrido es un desafío intelectual serio para la ortodoxia financiera, que no creyó posible evitar la hiperinflación tras la devaluación del 200%. Tampoco creyó que la economía se podía recuperar fuertemente con una intermediación financiera famélica (consecuencia del congelamiento de depósitos), sin crédito internacional (consecuencia del default) y sin un tipo de cambio flexible y apreciado. Los liberales no pueden explicar este crecimiento. La realidad los supera. La capacidad ociosa tuvo que ver pero no lo explica todo. El crecimiento de la demanda debe explicar el fenómeno y en este sentido las condiciones externas favorables para nuestras exportaciones fueron un elemento fortuito importante. Pero el empuje más importante fue LA REVERSIÓN DE LOS CAPITALES PRIVADOS, que pasaron de fugar $ 12,500 millones de dólares en 2002, a ingresar $ 3,000 millones de dólares en el 2005. Este comportamiento ha estado sin duda favorecido por las bajas tasas de interés internacionales, pero no hubiera ocurrido sin la confianza que despertó la consolidación de la estabilidad cambiaria post devaluación. La pregunta relevante entonces es qué política permitió la estabilización cambiaria y la respuesta es clara: una política fiscal ortodoxa que transformó déficits fiscales de 5% del PBI en superávits del orden de 2% del PBI. Al adoptar adoptar esta prudencia fiscal empezó el círculo virtuoso de la estabilidad cambiaria, la confianza progresiva y el retorno de los capitales que fugaban al colchón y al exterior. Al gobierno le ha bastado con superávit fiscales y un tipo de cambio estable y competitivo para recuperar la actividad económica. No es una fórmula inédita, Chile también la implementó con éxito entre 1984 y 1990. Lo que en Argentina jugó a favor es la enorme masa de ahorros que los argentinos atesoran aquí y en el exterior y revierten rápidamente CON UN MÍNIMO DE CONFIANZA. Prudencia fiscal: parece ser todo el secreto de este éxito. El endeudamiento externo y la intermediación financiera contribuyen al crecimiento sólo cuando financian inversiones rentables a tasas bajas, pero son nefastos e insostenibles cuando financian consumo privado o gasto público improductivo a tasas altas. La imprudencia fiscal fue la socia estratégica de los intereses financieros durante la Convertibilidad, ya que el déficit fue la contracara del endeudamiento externo y el financiamiento bancario al sector público. Prudencia fiscal y crecimiento sostenido parece ser la formula. La inversión no pide seguridad jurídica, solo pide una economía en crecimiento sostenido, eso es lo que la atrae. China después de crecer 20 años al 9 por ciento no sabe como parar la avalancha de capitales que quieren invertir allí. ¿Por qué quieren hacerlo?. Porque hace mucho tiempo que crecen y eso les da a los capitales la seguridad de la ganancias, que es la única seguridad que buscan...
Para que los eunucos bufen
domingo, 14 de mayo de 2006
Los cobredolares inundan Chile
La economía chilena enfrenta un singular problema: qué hacer con la avalancha de dólares tras el espectacular incremento en el valor del cobre, su principal producto de exportación. El precio del metal se triplicó en los últimos tres años. Partiendo de 80 centavos de dólar por libra física en 2003, hasta el promedio de 1.67 dólares que alcanzó en 2005 y las cotizaciones récord rozando los cuatro dólares por libra en los últimos meses. Por cada centavo que sube el precio promedio anual, el Estado chileno recibe 120 millones de dólares adicionales, provenientes principalmente de la Corporación del Cobre (Codelco, estatal), el mayor productor mundial. Pero tantos dólares crean un singular problema. En los últimos tres años la moneda chilena se apreció cerca de 30 por ciento, desde los 751 pesos por dólar en febrero de 2003 hasta los 514 actuales. El fortalecimiento del peso le esta haciendo contraer a Chile la "enfermedad holandesa", que se produce cuando el valor del principal bien de exportación de un país sube demasiado, AFECTANDO LA COMPETITIVIDAD DEL RESTO DE LOS ENVÍOS AL EXTERIOR. El cobre representa 45 por ciento del total de las exportaciones de Chile. La Bachelet ha decidido ahorrar la casi totalidad de los excedentes, creando un fondo de estabilización para épocas de "vacas flacas". Por lo tanto, el tipo de cambio será en la primera “crisis económica” que tendrá que enfrentar la chilota. Para explicarlo en pocas palabras, como consecuencia del alto valor del cobre, entran una montañas de dolares a Chile, eso hace que el precio de la moneda chilena suba, por lo tanto, las exportaciones que no son cobre son mas caras, eso terminarà por hacer que las exportaciones disminuyan. Y todo esto en un contexto en que el dólar se desinfla. O sea el dólar se desinfla por si mismo y el peso chileno se infla por la entrada masiva de dolares devaluados. Como consecuencia de los compromisos contraídos por sus acuerdos de libre comercio Chile no puede intervenir para detener la subida de su moneda, Chile no tiene soberanía sobre su economía y asistirá impotente a la destrucción de todo lo que sea producción que no sea cobre.