domingo, 31 de octubre de 2010

Los emergentes licuan su deuda y los desarrollados la aumentan

La carga de la deuda ha operado como una pesada mochila sobre la realidad del subdesarrollo, limitando las posibilidades de expansión en las pasadas décadas. El siglo XXI parecería haber invertido el sentido de la relación, siendo ahora los “desarrollados” quienes se encuentran más comprometidos con el “círculo vicioso” del endeudamiento. Sus economías exhiben magras tasas de crecimiento y el estado se ve obligado a compensar el ajuste en la decisión de consumo e inversión privada con mayores programas de estímulo fiscal. La deuda crece. El FMI proyecta que en 2010 China terminará creciendo un 10,5%, India un 9,4%, Brasil un 7,1% y Rusia un 4,3%; mientras que Estados Unidos lo hará a una tasa de 3%, Alemania 1,4%, Francia 1,4%, Italia 0,9%, Reino Unido 1,2% y Japón 2,4%. Este diferencial no sólo se destaca por la nómina de la tasa sino por el origen del crecimiento. Mientras que en los BRIC sobresale la evolución del consumo interno y la exportación, en los países del G-7 es el dinero proveniente de los gastos estatales, financiado con endeudamiento, el que impulsa la recuperación. De esta manera, con un PBI creciendo a tasas elevadas y un gasto público moderado, los BRIC tienden a reducir el ratio “DEUDA/PBI” si se proyecta esta situación en el tiempo. Están licuando su deuda en términos reales al mismo tiempo que el mundo desarrollado se carga cada vez más compromisos. Si bien en 2009 todos los países recurrieron a la política estatal “contracíclica”, el esfuerzo representó diferente magnitud para los BRIC. Brasil cerró el año con un déficit financiero equivalente a 3,9% de su PBI, China 1,2%, India 2,3% y Rusia 3,4%. Todos ellos consiguieron crecimiento económico. Para el mismo periodo de análisis, los llamados PIIGS cerraron con importantes déficits fiscales. Portugal marcó un número rojo de 9,7%, Italia 5,3%, Irlanda 14,3%, Grecia 13,6% y España 11,2%. Actualmente ninguno de ellos ha logrado salir de la recesión y recuperar los niveles pre-crisis. En algunos casos la situación ha pasado a ser “insostenible”, como en el caso de Grecia o “decepcionante” si tomamos a Japón como referente. El país asiático se hundió en la recesión en la década del ´90 para mantenerse en una suerte de “mediocre crecimiento” con constantes alzas en el stock de sus compromisos financieros. Actualmente exhibe una de las deudas más grandes del mundo, equivalente a casi el 200% de su PBI en dólares. Las autoridades internacionales y algunos líderes políticos parecen haber advertido que se encuentran en un “círculo vicioso” de endeudamiento del cuál es conveniente escapar cuanto antes. La Primer Ministro alemana Ángela Merkel decidió recortar el déficit de su país señalando que “lo que nosotros hacemos es gastar un poco menos del dinero que no tenemos”. Por lo pronto los emergentes escalan posiciones dentro del concierto mundial, mejorando su posición relativa y aumentando su poder. Los que antes eran deudores están pasando a convertirse en acreedores.

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viernes, 29 de octubre de 2010

Nestor Kirchner (1950-2010)

Nestor Kirchner ha sido, sin lugar a dudas, el MEJOR presidente de TODA la Historia Argentina, no hubo otro que haya defendido con tanta decisión y firmeza los intereses de nuestro país (y ademas los intereses de TODA Latinoamérica), he repasado y vuelto a repasar la historia de este país, plagada de lamentables ejemplos y traidores en serie, nunca tuvimos un estadista tan inteligente como Kirchner, y espero de todo corazón que Don Nestor sea el primero de un larga lista de gobernantes que honren estas tierras...

miércoles, 27 de octubre de 2010

La maldición de los recursos naturales

El problema de desindustrialización y de inequidad que generan los auges de recursos naturales se puede evitar construyendo mejores instituciones. La riqueza en recursos naturales puede traer para algunas economías una maldición para su crecimiento y desarrollo. Esta maldición se conoce como la “enfermedad holandesa” ya que grandes descubrimientos de petróleo en los países bajos a principios de la década de los 60 generaron una fuerte apreciación de la moneda y la desindustrialización de la economía. Este efecto se dio a través de la monetización de los ingresos por exportaciones de petróleo. Las economías con abundancia de recursos naturales sufren la enfermedad holandesa. Estas economías crecen menos, son más volátiles y más desiguales. También encontramos que esta maldición puede convertirse en una bendición a través de buenas instituciones. De hecho, algunos países ricos en recursos naturales, como Noruega, tienen buenas instituciones mientras que otros, como Nigeria, tienen muy malas instituciones. Y esto se traduce en mejores o peores índices de crecimiento y desarrollo.

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Economía K

Néstor Kirchner agarró el país tras el colapso de 2001 y la crisis de 2002. En sus cuatro años de mandato la Argentina creció 44% y sin dudas uno los hitos de su gestión fue la restructuración de la deuda en default, en la mayor operación de este tipo realizada en los historia de los mercados mundiales. El crecimiento del PBI entre mayo de 2003 y diciembre de 2007 (fin de la presidencia de Kirchner) bordeó el 50%. A un promedio de más de 9% por año. Récord para la historia contemporánea de la Argentina. El salto en el precio de los commoditties se sumó a la decisión oficial de sostener un tipo de cambio competitivo, que relanzó las exportaciones e impulsó a la industria interna que creció alimentada por la recuperación en los niveles de consumo interno (postergados por la crisis) y el boom de algunos sectores, como la construcción. Otro punto de inflexión en su gestión fue 2005, cuando reestructuró la deuda en default de la mano de su entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna. Los mercados rieron cuando Néstor anunció que iba a realizar la mayor quita en la historia financiera moderna. La deuda en cesación de pagos que pesaba sobre la Argentina sumaba nada menos que u$s 100.000 millones. Luego de meses de negociación con acreedores de todo el mundo, se cerró la operación con un recorte del 65%. Lo aceptó el 74% de los bonistas, y la deuda pasó de representar 166% el PBI del país en 2002 a equivaler al 74% del producto en 2005. Los "mercados" dejaron de reírse. Apenas unos meses más tarde, a comienzos de 2006, Néstor volvió a sorprender al mundo con otra movida con su sello personal: canceló toda la deuda con el FMI en un solo pago por u$s 9.500 millones. ¿Querés ver/guita?, le dijo al FMI. Tomá, agarrá de acá y no vuelvas a joder!!!. Impresionante...

martes, 26 de octubre de 2010

El Gran Licuador de Deudas: EE.UU.

Quién compra un bono del Tesoro Americano con una TIR de X%, para que gane en términos reales, es decir que pueda comprar más bienes y servicios una vez que el Estado le devuelve el capital, la inflación transcurrida en el periodo tiene que ser necesariamente menor al X% (también anualizada). A los precios actuales, quién compra un bono del tesoro americano a 10 años, con una TIR del 2,5% anual, para ganar en términos reales, es porque supone que en los próximos 10 años la inflación será, anualizada, menor al 2,5%. Ello deja en evidencia que quién compra un bono hace una apuesta a futuro. En la actualidad, un bono americano a 10 años, paga 2,5%. Quién apueste ingenuamente a que los países desarrollados no quieren licuar sus deudas con inflación, esa tasa les parecerá correcta. Pero como EE.UU. efectivamente quiere licuar la deuda, como ya lo hizo tantas veces en el pasado (salir del patrón oro, y eliminar la conversión del dólar al oro), comprar a 2,5% es simplemente perder plata como un gil. Por ello una persona racional prefiere deuda emergente, entre ellas, la Argentina.

Fuente: Los Tres Chiflados

lunes, 25 de octubre de 2010

China-Latinoamérica: una oportunidad... ¿para quién?

La presencia china en latinoamérica es cada vez mayor. Desde hace tiempo estamos siendo testigos de la cantidad de operaciones que China hace en la región. Se han firmado acuerdos de inversión y explotación con países productores de petróleo como Venezuela, México, Brasil, Colombia, Argentina, etcétera. Pero esas operaciones e incremento de las relaciones entre ambas economías ¿son a largo plazo tan positivas como pueden parecer en un corto plazo? China se acerca en busca de materias primas y no sólo las relacionadas con la energía y con la industria. No cabe duda de que el objetivo de China es convertirse en una gran industria manufacturera y para ello necesita recursos. A corto plazo, estas exportaciones de recursos están permitiendo a países como Brasil sortear la recesión económica mundial. China, por su parte, con grandes cantidades de dinero debido al continuo superávit comercial que mantiene con países como Estados Unidos, no tiene inconveniente en comprar recursos que pueda llevar a su territorio y así desarrollar una amplia industria manufacturera. Pensemos a futuro. Recursos como granos, cobre, soja, petróleo viajan en grandes cantidades a China, que los utiliza para convertirlos en productos terminados, con un valor tecnológico cada vez más alto y un costo bajo, lo que le permitirá venderlos posteriormente a precios muy competitivos. ¿Nos hemos preguntado dónde los venderá China? Sin duda alguna una importante cantidad de esos productos ya elaborados se venderán a países latinoamericanos. Esto es una llamada de atención a países hasta hoy suministradores de recursos a ese país, pues se trata de que China también invierta en infraestructura, industria, etcétera, que permita a la zona competir con productos de alto valor añadido. De no ser así la consecuencia puede ser que en unos años países como Brasil, México y Venezuela se encuentren exportando grano u otros recursos a China para importar después productos elaborados con un costo muy inferior respecto a un producto local. Latinoamerica debe adoptar estrategias de exportación de productos preferidos por el consumidor chino, que les haga incrementar sus ventas a ese país y por tanto equilibrar su balanza comercial. La fórmula de las joint ventures o alianzas entre empresas de ambos territorios permiten impulsar el comercio de ambos lados, apostar por la industria y llegar a conocer a un consumidor “poco conocido” en occidente. Solo una adecuada estrategia en estos momentos puede llevar a ambas economías a una cooperación a largo plazo.

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sábado, 23 de octubre de 2010

China y EE.UU con Keynes, Gran Bretaña en contra

Al frente del crecimiento mundial, Beijing prioriza el consumo y, junto con Washington, mantiene estímulos sistémicos. Por el contrario, Londres proclama –otra vez- el fin de John Maynard Keynes y adopta una receta monetarista para evitar la recesión. China pondrá más énfasis en el gasto de las personas que en las exportaciones, aunque sin dejarlas de lado. Mientras tanto, el gabinete de coalición británico encabezado por el conservador David Cameron aferrado a la ortodoxia neoclásica lanza un programa de austeridad más duro que los de Alemania, Francia o España. George Osborne, ministro de economía, sostuvo el miércoles que “Keynes es sólo una memoria y sus ideas ya no cuentan en Europa occidental. Los británicos hoy deben aceptar un aumento de la edad jubilatoria de 65 a 66 años en esta fase y una reducción de US$ 130.000 millones en el gasto fiscal”. Ello significa casi 500.000 despidos en el sector público, inclusive el militar. Por supuesto, el extremismo monetarista de Albión no tiene el peso de los ensayos keynesianos de China o EE.UU. En verdad, en volumen esa economía va a la zaga de Alemania, Francia y aun Italia.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Una de piratas

George Osborne, el titular de Finanzas de la Isla de los Piratas, señaló que aplicará una reducción del gasto público equivalente a unos 100.000 millones de euros, y una pérdida estimada de medio millón de puestos de trabajo públicos. La situación de las cuentas es complicadísima. El déficit fiscal ronda el 11%, la deuda pública un 70% del PIB y el pago de intereses es de unos 160 millones de euros diarios o 55.000 millones al año. Osborne no anda con chiquitas, apunta a reducir este déficit de alrededor de un 11% a un 2% en 2015. El golpe más fuerte es para el sistema de seguridad social, que consume unos 240.000 millones de euros anuales. La reducción del gasto en este segmento será de unos 37.000 millones. Es una apuesta temeraria, suicida mas bien. Esta estrategia llevará a una nueva recesión que hará inalcanzable el objetivo que se propone alcanzar —la reducción del déficit— por la inevitable caída de la recaudación impositiva y el aumento del gasto por el desempleo. Por su parte, los economistas liberales aseguran que no habrá una nueva recesión ya que el sector privado reemplazará al sector público en la generación de empleo. Irlanda, hace dos años, también decidió que la prioridad era domar el déficit fiscal a toda costa. Hoy se encuentra sumergido en una profunda recesión y anda por su cuarto ajuste fiscal. Osborne planea aplicar recortes en el gasto por 83.000 millones de libras (u$s 131.452 millones). Es una apuesta a todo o nada. Es una reducción colosal para una economia aún débil. Pero los piratas prefirieron esto al peligro alternativo de que los inversores empiecen a huir de los bonos del gobierno británico. Osborne espera que el sector privado cubra la brecha, pero no explico qué va hacer si esa esperanza no se cumple. Los recortes serán introducidos en prácticamente todos los departamentos del Estado y van desde un 5 hasta a un 41% (con un promedio total del 19%) del gasto durante el período 2010-2014. Esto provocará la partida forzada de 490.000 empleados públicos en los próximos cuatro años. Le están haciendo pagar al sector público por las malas acciones de los banqueros privados. Las tasas universitarias se van a multiplicar. Los ejércitos británicos van a perder efectivos humanos y materiales. Conseguir una vivienda social va a ser mucho más caro. Hombres y mujeres van a tener que trabajar hasta los 66 años antes de poder cobrar una pensión pública. Osborne adoptó tonos dramáticos al presentar el ajuste: "Hoy es el día en que Gran Bretaña da un paso atrás al borde del abismo”. ¿Un paso atrás o un paso adelante?...

domingo, 17 de octubre de 2010

La guerra cambiaria global

En lugar de cooperación sobre los ajustes de las tasas de cambio y las cuentas externas, EE.UU. busca imponer su voluntad, a través de la emisión sin límites de dólares. Detrás de esta guerra cambiaria global, hay un desafío enorme: cómo gestionar el ajuste económico global. Para salir de esta crisis hay que realizar dos reequilibrios económico fundamentales y difíciles. El primero es un rebalanceo interno: es volver a depender de la demanda privada en países avanzados y una disminución de los déficit fiscales que se abrieron en la crisis. El segundo es un rebalanceo externo: que EE.UU. y otros países avanzados dependan más de las exportaciones netas y que algunos países emergentes, en especial China, dependan más de la demanda interna. Este rebalanceo tiene dos dimensiones. Primero, los países de alto gasto y alto déficit deben desapalancar sus sectores privados. Segundo, los tipos de cambio reales de economías con posiciones externas robustas, oportunidades de inversión fuertes, o ambas, deben apreciarse, mientras la expansión de la demanda interna compensa el lastre consecuente de las exportaciones netas. Esto en un mundo ideal, idílico. ¿Qué es lo que sucede en la realidad?. Hay una política monetaria agresiva de países emisores de monedas de reserva, en especial Estados Unidos. Por eso se escuchan gritos de dolor en todo el planeta, a medida que los mercados hacen subir las monedas frente al dólar, reflejando el impacto desparejo de la política estadounidense. Más aún, reflejan la obstinada resistencia a aceptar los cambios necesarios; cada país que recibe capital trata de desviar el ajuste indeseado a otros lugares. En palabras crudas, EE.UU. quiere inflar al resto del mundo, mientras que éste trata de desinflar a EE.UU. Y los yanquis creen que tienen agarrado a Dios por las bolas, puesto que tienen municiones infinitas: no hay límites a los dólares que puede crear la Reserva Federal. Para ellos, lo unico que hay para discutir son los términos en que se rinde el mundo: los cambios necesarios en los tipos de cambio nominales y las políticas internas en todo el resto de mundo, no de EEUU. Pero su actual inflación baja y en descenso puede ser calamitosa. La economía norteamericana puede sucumbir a la deflación de la deuda. Los rendimientos e inflación estadounidenses ya están siguiendo el camino de Japón en los ’90, La Fed quiere detener esta tendencia. Es por eso que parece inminente otra ronda de emisión monetaria. En pocas palabras, las autoridades estadounidenses harán lo que se necesite para evitar la deflación. De hecho, a la Fed no le preocupa que significa ese esfuerzo para el resto del mundo. Las consecuencias globales son evidentes: la política elevará los precios de activos de largo plazo y animará el flujo de capitales hacia países con políticas monetarias menos expansivas (como Suiza) o retornos más altos (como las economías emergentes). Esto es lo que está pasando. Se prevé que las economías emergentes recibirán ingresos netos de capital extranjero superiores a u$s 800.000 millones en 2010 y 2011. Los receptores de la entrada de capitales, sean países avanzados o emergentes, deben tomar decisiones incómodas: permitir que el tipo de cambio se aprecie, por lo que cae su competitividad externa; intervenir en los mercados cambiarios, acumulando dólares indeseados y amenazando la estabilidad monetaria interna y disminuyendo la estabilidad externa; o limitar la entrada de capitales, a través de impuestos y controles. Históricamente, los gobiernos combinaron los tres. Sucederá lo mismo en esta ocasión. En lugar de cooperación sobre los ajustes de las tasas de cambio y las cuentas externas, EE.UU. busca imponer su voluntad, a través de la imprenta. Estados Unidos inflará al resto del mundo u obligará a subir sus tasas nominales frente al dólar. Desafortunadamente, el impacto será disparejo; las economías menos protegidas (como Brasil o Sudáfrica) se verán obligadas a ajustarse y otras, protegidas por controles cambiarios (como China) serán capaces de manejar mejor el ajuste.

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viernes, 15 de octubre de 2010

Argentina, un negocio seguro

A finales de agosto la Reserva Federal de EE.UU. había anticipado que vendría una nueva inyección de dinero en el intento de aventar una recuperación en la primera economía del mundo que nunca termina de consolidarse. Así, un nuevo baño de dólares a nivel mundial comenzó a desparramar consecuencias sobre el planeta. El dólar se devaluó y con excepción de la moneda estadounidense todo comenzó a subir. Algunos capitales buscaron refugio en el oro, que tocó nuevos niveles récord (US$ 1370 la onza), se fortificó el euro y treparon los precios de las materias primas en general y de los granos en especial. Los precios del maíz y la soja subieron 24 por ciento en lo que va de octubre, sentando buenas bases para el proceso de siembra que se está concretando en este momento. El baño de dólares sobre la economía mundial mostró otra cara de la realidad: la tasa de interés de referencia de los EE.UU. En otras palabras, la mayor parte del dinero que está dando vueltas por el mundo desarrollado no tiene costo. Con ese dato en el bolsillo, inversores y especuladores internacionales desataron una frenética carrera para encontrar rentabilidad y, ahí estan los bonos argentinos ofreciendo rendimientos superiores al 10% anual. Diez por ciento contra cero es una operación muy atractiva para que los inversores apuesten parte de su capital. Cristina afirmó, en Alemania, que la Argentina quiere pagarle la deuda al Club de París, el club de los países más ricos del planeta. Los buscadores de rentabilidad con bajo riesgo sacaron cuentas rápido: si la Presidenta dice que quieren pagar, si tienen US$ 51.500 millones en reservas y encima producen soja y la tonelada de ese grano subió a US$ 433, la posibilidad de ganar es alta. Con esas bases y la zanahoria del 10% anual, cualquier inversor tardan muy poco en convencerse en que los bonos argentinos son una alternativa válida. Con el marco que ponen la tasa cero, el maíz, la soja y la buena demanda internacional de alimentos y la decisión oficial de que el precio del dólar crezca muy por debajo de la inflación, el sendero económico para 2011 se presenta muy favorable. Sólo en septiembre, la suscripciones de bonos de gobiernos y empresas a nivel mundial representaron US$ 150.000 millones, algo así como medio PBI de la Argentina.

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jueves, 14 de octubre de 2010

La guerra de monedas

La “guerra de devaluaciones” tiene sus orígenes en las sucesivas expansiones de las bases monetarias de Estados Unidos. Este irresponsable pais, con rídiculas pretensiones de liderazgo mundial, no hace mas que arrastrar a la humanidad de desastre en desastre. Los orígenes de esta nueva “guerra” con que nos obsequian los yanquis se remontan a mediados de 2008 cuando, tras la caída de Lehman Brothers, Estados Unidos impulsó una enorme emisión de dólares en el marco de programas expansivos. En concreto, durante el segundo semestre de 2008 la base monetaria en dólares creció a una tasa acumulada del 13%. Si bien ésa fue la etapa más agresiva de la política estadounidense, durante el 2009 y 2010 también se registran importantes emisiones. Hoy en día, los billetes en circulación representan un 21,5% más que dos años atrás. Esto quiere decir que la cantidad de dólares aumentó en el mundo, forzando una devaluación del billete verde contra sus principales competidores. Los efectos de la devaluación del dólar y su liquidez repercuten indefectiblemente en el resto de las economías, modificando el valor de las monedas y sobre todo la competitividad de las exportaciones. La entrada de divisas en las diversas economías tiende a apreciar el tipo de cambio y fomentar las importaciones. De ahí, que tras la política expansiva de Estados Unidos, la Eurozona haya también tomado en 2008 cartas en el asunto. Nadie quiere terminar siendo el país que pague los costos de la crisis, importando más y exportando menos debido al incremento del valor real de su moneda. Lo que se observó por aquél entonces fue una mayor cantidad de euros en circulación. El bloque europeo expandió su base monetaria pero, en un principio, a un menor ritmo que la economía estadounidense, es decir, con una política más moderada. La situación es distinta hoy en día. Finalmente Japón está interviniendo. Esta economía, que durante 2008 y 2009 mantuvo la emisión en niveles muy bajos, recién desde principios de 2010 está expandiendo su base monetaria. No obstante, parece que la política llegó tarde y no se pudo evitar la apreciación de la moneda. El yen japonés no para de subir y en lo que va del año se revaluó un 7,5%. En tanto, la Zona Euro queda en un segundo plano. Lo que se concluye es que Estados Unidos es quien marca la tendencia de las políticas monetarias a nivel mundial. La emisión de divisas en el bloque europeo y Japón es un salvavidas que tiran al mar mientras que los yanquis intentan perforarle la carcaza con misiles monetarios. Al final de cuentas, los pretendidos “paises serios” no resultan ser mas que tristes payasos de circo…

miércoles, 13 de octubre de 2010

Causas y efectos de la "guerra de las monedas"

El mundo financiero sigue en llamas. Ante la paralizacion de sus economias los “paises serios” aplican sucesivos “planes de estímulo” reduciendo las tasas de interés, que en muchos casos, llegan incluso hasta el 0 por ciento. El objetivo buscado sigue siendo el mismo: reactivar sus economías a partir de la inyección de grandes dosis de dinero y de abaratar fuertemente el costo de los créditos. Estos mecanismos debilitan de manera notable el valor de sus divisas. Las naciones industrializadas están buscando nuevas formas para evitar la deflación e impulsar el crecimiento, mientras que los paises emergente tratan de mantener la ventaja competitiva que les permitiría salir triunfadores de la crisis crediticia. El mundo desarrollado en conjunto se se ha embarcando en una devaluación crónica y constante contra las divisas de países emergentes. El Viejo Continente como los EE.UU. intentan evitar a toda costa un fortalecimiento de sus divisas. Es una reacción inevitable al crecimiento de los emergentes y a la necesidad de los países exportadores de mantener su competitividad. Dos tercios del consumo privado mundial está en manos de los EE.UU., la Eurozona, Japón y Reino Unido, y las perspectivas de crecimiento que encuentran para el próximo lustro resultan ser muy inferiores a las de las dos últimas décadas. Ante este panorama varios de esos países buscan depreciaciones para poder crecer en el envío de sus productos al mundo.
En cambio, la fortaleza de los emergentes genera que les ingresen grandes flujos de capitales por parte de inversores que buscan mayores retornos a los obtenidos en los países desarrollados, lo cual deriva en una enorme presión alcista para sus monedas y en una mayor dificultad para vender lo que producen fronteras afuera. Los Bancos Centrales de los países desarrollados continúan bajando las tasas de interés y comprando todo tipo de activos para volcar más liquidez al mercado, todo ello con el doble objetivo de promover el consumo interno y no dejar apreciar la moneda local. Para aquellos en desarrollo en general y en Latinoamérica en particular, este escenario se traduce en el desafío de administrar un significativo ingreso de capitales en busca de mayores rendimientos. Para mantener el tipo de cambio en niveles competitivos los bancos centrales deben comprar el exceso de divisas, que trae como consecuencia una mayor emisión monetaria. Para acotarla, se intenta esterilizarla a efectos de evitar una repunte en la inflación. Cuando todos los gobiernos empiezan a depreciar sus monedas, se entra en una espiral de devaluaciones donde nadie consigue ganar competitividad con respecto al resto, sino que se desvalorizan todas las monedas en su conjunto. Si esto no se detiene todos sabemos cómo termina: brusca caída del comercio mundial y mayor probabilidad de recesión.

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domingo, 10 de octubre de 2010

La infame historia del FMI

Cuando en 1944 se reunieron en Bretton Woods (EE.UU.) los representantes de 45 países a fin de aprobar la creación del FMI y el Banco Mundial, se planteaban, entre sus objetivos iniciales, posibilitar el crecimiento equilibrado del comercio internacional, impulsar la estabilidad cambiaria, otorgar créditos para solucionar los desequilibrios externos de sus miembros y, sobre todo, facilitar la expansión de sus economías y el restablecimiento de un sistema multilateral de pagos. Uno de los propósitos era evitar definitivamente la recurrencia de una depresión profunda como la de la década de 1930, cuyas características principales fueron, en la mayoría de los países capitalistas, la caída de la producción, la deflación y la desocupación. Pero los naipes estaban marcados. Por una parte, tanto el FMI como el Banco Mundial estuvieron desde un principio controlados en su administración por los gobiernos de los países poderosos, que aportaron más dinero: EE.UU. y las potencias de Europa Occidental. Por otra, los propósitos iniciales se alteraron, ya que ambos organismos se transformaron en verdaderos “guardianes del dinero” de la comunidad financiera internacional. El dólar adquirió un rol hegemónico a nivel mundial ante el establecimiento de un sistema de cambios fijos entre oro y dólar. Esto implicaba que todos los países debían tener sus reservas monetarias en dólares, lo que aseguraba el predominio financiero de los EE.UU. Sin embargo, a fines de la década de 1960 el dólar comenzó a debilitarse y el sistema monetario presentó sus primeros signos de agotamiento, aumentando los movimientos especulativos a nivel mundial. El delegado francés Valery Giscard d’Estaing decía en la Asamblea de Gobernadores del FMI del 28 y 29 de septiembre de 1965, celebrada en Washington, que existía “una diferencia de situación entre los países que emiten una moneda de reserva y los otros, cuando se encuentran en déficit. Un país que no tiene moneda de reserva y está en déficit se ve obligado a echar mano a sus propias reservas y dar su oro a otros. O acogerse al crédito internacional, que viene acompañado de un cierto número de condiciones y retrasos. Por el contrario, un país que dispone de moneda de reserva puede prolongar indefinidamente su déficit, ya que lo salda remitiendo a los demás su propia moneda. Ningún gran país en el mundo ha podido permanecer con un gran déficit a lo largo de más de tres años, mientras que los Estados Unidos han podido”. Y continuaba: “Estados Unidos tiene que corregir su balanza de pagos. Una vez corregida podrá discutirse la reforma del sistema monetario internacional. El organismo adecuado para realizar estas reformas no es el FMI, donde EE.UU. y Gran Bretaña tienen el 35 por ciento de las cuotas de aporte y controlan además las decisiones de muchos países”. A raíz de esta situación se llegó a un nuevo acuerdo monetario internacional y se sustituyó, en 1971, el patrón oro-dólar por el patrón dólar. El aumento de la cantidad de dólares en circulación y el estancamiento de los países centrales impulsaron el incremento de la oferta internacional de créditos hacia los países subdesarrollados. Las políticas del FMI mutaron también al compás del predominio global del capital financiero. El Fondo se despreocupó, en cambio, del destino de esos créditos y de la capacidad de repago de los países receptores; la deuda externa de estos últimos aumentó en forma exponencial, como la crisis de deuda de los países latinoamericanos reveló en 1982. En esta instancia, el FMI fue el principal encargado de presionar a los países deudores para que cumplieran con los pagos de la deuda mediante el gran sacrificio que implicaban los planes de ajuste. En la década de 1990, en un momento de alta liquidez, el Fondo pasó a avalar nuevamente la liberación de los movimientos de capital impulsando, a través de gobiernos neoliberales, las llamadas “reformas estructurales”. Como consecuencia de la política económica de esos años se desencadenaron distintas crisis en los países emergentes. Joseph Stiglitz denunció “la grave responsabilidad de las líneas predominantes (en el FMI y el Banco Mundial) en los ‘males’ causados por el proceso de globalización y particularmente en las crisis del sudeste asiático y de Rusia”, aunque “la Argentina de la crisis 2001-2002 es un ejemplo demostrativo de la naturaleza destructiva de tales políticas”. Para él, las decisiones del FMI no suelen encuadrarse sólo en modelos económicos sino, sobre todo, en las líneas principales de la política mundial, fundamentalmente ligadas a los intereses de las potencias centrales. Las condiciones que acompañan siempre la concesión de préstamos por parte del FMI, “convierten el préstamo en una herramienta de política”. Esas políticas se caracterizan por un notable doble estándar: sus gestores, en nombre de la libertad de mercado, se oponen a establecer controles para los capitales especulativos, dan lugar a la existencia de paraísos fiscales y permiten o promueven el endeudamiento externo de los países pobres. Pero exigen a las naciones deudoras rigurosas políticas de ajuste, que restringen el consumo y aumentan la desocupación y la pobreza. La crisis de 2007-2010 puso nuevamente en escena al FMI cuando parecía que ya no tenía rescate, pues no había servido a los propósitos de Bretton Woods: su rol había sido jugado por los Estados. Pero, excepto para unos pocos países amigos, las condiciones de austeridad fiscal y monetaria siguen siendo las mismas de siempre, y no parece que estos cambios marquen otra cosa que la adaptación temporaria a una coyuntura de crisis, con la diferencia de que ahora los países que tienen mayor influencia sobre las políticas del FMI se encuentran seriamente comprometidos y, en especial, su principal sostenedor: el país más endeudado del mundo.

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sábado, 9 de octubre de 2010

Guerra Mundial en los Mercados Cambiarios

Ha estallado una guerra financiera mundial y lo ha hecho en el mercado de divisas. La batalla es por una moneda barata. Cada país está mirándose el ombligo en lugar de pensar en el crecimiento global. Estan todo de acuerdo en que la recesión se superará en buena parte gracias a la mejora del comercio internacional, pero cada país se ha lanzado a «controlar» su moneda para dar un impulso a sus economías. Unos más que otros han recurrido al viejo truco —legal, por otra parte— de devaluar sus divisas para favorecer sus exportaciones y ser así más competitivos. Por primera vez en seis años, las autoridades de Japón decidieron el pasado mes de septiembre intervenir el yen, ante su alarmante apreciación frente al dólar, lo que lo llevó a niveles récord en más de 15 años y a los empresarios nipones a exigir tal medida al Gobierno japonés para recuperar sus ahora maltrechas ventas en el exterior del país. USA, por ejemplo, piensa en solucionar su elevado déficit comercial construyendo una verdadera bomba de relojería para las cuentas del Estado, mientras que China se niega a dejar subir al yuan como le exigen para no perjudicar a su tejido industrial. Ningún país quiere reconocer su participación en esta guerra. Pero después de haber agotado todos los métodos tradicionales de políticas fiscales y monetarias, los países desarrollados están buscando nuevas formas de impulsar el crecimiento mientras que los emergentes tratan de mantener su ventaja competitiva que les hizo salir triunfadores de la crisis crediticia. China es el principal acusado en esta áspera lucha que divide básicamente a las monedas que flotan libremente en el mercado y a las que están sujetas a controles gubernamentales. USA critica a China, pero a su vez no deja de ser agriamente atacado por la Unión Europea, que ve como el euro vuelve a apreciarse frente al dólar. China es acusada de mantener de forma artificial la infravaloración del yuan limitando las ganancias frente al dólar a cerca del 2% desde el pasado mes de junio. A esto, Jiabao ha asegurado que "Europa no debería formar parte del coro, si el yuan no es estable, será un desastre para China y para el mundo. Si aumentamos el yuan en un 20% y un 40% como algunas personas están pidiendo muchas de nuestras fábricas se cerrarán y la sociedad será un caos". Por su parte, Geithner dice que la subvaluación de yuan “concede una ventaja enorme a las exportaciones chinas a USA: 15% a 20% menos elevadas que sus competidores de USA”, y que además los pérfidos chinos congelan una enorme masa de ahorro en dólares con los ingresos de sus exportaciones. La crisis ha desembocado en una progresiva aplicación de políticas monetarias proteccionistas al grito de «sálvese quien pueda». La balanza comercial estadounidense es una de las principales damnificadas. Obama ha presionado a China para que permita la apreciación del yuan frente al dólar. El régimen de Pekín lo ha hecho, pero sólo tibiamente. En ese contexto, la Reserva Federal de EE UU y el Banco de Inglaterra mantienen sus tipos de interés en niveles históricamente bajos (inferiores a los del euro) y prevén reactivar medidas de liquidez excepcionales para empujar a la baja sus monedas. No sorprende que los países traten de elevar sus exportaciones en un entorno económico frágil. Trasladar el peso del crecimiento a los consumidores extranjeros es más fácil, política y económicamente, que estimular demanda interna. Pero si bien manejar los tipos de cambio es una manera sencilla de darle una ventaja a los exportadores nacionales, desde la perspectiva global no funciona si todo recurren a lo mismo al mismo tiempo.

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