En franjas que abarcan no sólo paneles solares, sino también energía eólica, redes de telecomunicación, transmisión eléctrica y trenes de alta velocidad, las empresas orientales se ubican ya a la par con sus contrapartes occidentales, a menudo tras “reinnovar” técnicas absorbidas vía emprendimientos conjuntos. Otto von Bismarck inspiró la reforma Meiji en Japón (1868). Hoy ambas experiencias son objeto de estudio y emulación en China. El punto es claro: ¿cómo hizo Alemania para cambiar y crecer en el siglo XIX? ¿cómo se explican los nexos del siglo XX entre Berlín y Beijing? Beijing supera a Berlín como máxima exportadora de valor agregado y su superávit comercial con los teutones rozaba en 2010 casi 17.000 millones de euros. De hecho, los chinos se han lanzado al asalto de la fortaleza económica europea –Alemania- y apunta a las áreas industriales claves. En otras áreas, por ejemplo máquinas para la construcción, máquinas herramientas, vehículos o ingeniería eléctrica, también se destacan. Así, compañías como Sany (equipos para la construcción) o Shanghai Electric se aprestan a competir. A primera vista, pues, parece como si la mayor economía de la UE perdiese posiciones en actividades tradicionales centrales. En ingeniería mecánica –sector que emplea 910.000 trabajadores, uno de cada veinte en Alemania-, China ha tomado la delantera. Su participación en el mercado global (25% en 2009) prácticamente dobla la de los germanos. Pero la historia de los nexos sinoalemanes es compleja, como lo subraya el caso Tognum, fabricante de insumos de primera calidad para buques, trenes y la industria petrolera. Cuando la neocelandesa KiwiRail se convirtió en la primera del mundo emergente en comprar locomotoras chinas, insistió en que los motores fuesen provistos por Tognum. ¿Por qué? Porque los chinos aún no tienen redes de servicio y mantenimiento fuera de su propia región, o sea el punto fuerte de los alemanes. Esta clase de factores puede ser una amenaza para algunos, pero una ventaja para otros, como en el caso de Tognum. La clave reside en características típicas de la industria germana desde Bismarck en adelante: ingeniería, inventiva y especialización en nichos de mercado y productos de avanzada tecnológica. Eso cubre autos Porsche o Mercedes Benz, cortadoras Trumpf, químicos y siderurgia. Existen historias en común. Por ejemplo, Heidelberger Druckmaschinen, líder mundial en impresoras que acaba de producir su milésima máquina cerca no de Heidelberg sino de Shanghai. Allá la firma fabrica unidades de similar calidad a las entregadas en la Unión Europea, pero menos complejas y a precios más competitivos. Hay otro factor que remite al pasado: Alemania no sólo es el mayor socio comercial de China, también es su primer proveedor de tecnología. Con un inconveniente: los ejecutivos europeos se quejan por la proliferación de “transferencias compulsivas”, las presiones para subcontratar empresas locales o entregar a organismos estatales información detallada sobre proyectos. Sin embargo, las antiguas y presentes relaciones con China resultan finalmente valiosas para Alemania. Tal es el caso de Bosch, que viene haciendo negocios durante más de cien años y hoy emplea 30.000 personas en 46 plantas y talleres.
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miércoles, 26 de enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
China y el nuevo orden mundial
Estados Unidos y China tienen enormes intereses comunes. El comercio mutuo (ahora de 500.000 millones de dólares anuales) puede proporcionar productos a bajo costo para los norteamericanos y alimentos y fabricaciones avanzadas para los chinos. Pero los objetivos de China y Estados Unidos difieren drásticamente. Estados Unidos desea ampliar y prolongar el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. En cambio, China persigue un nuevo orden mundial, en el que sus necesidades son prioridad -un orden en el que China subsidia las exportaciones, controla las importaciones esenciales (petróleo, alimentos, minerales) y fuerza la transferencia de tecnología avanzada. Metódicamente se esta produciendo una transferencia de puestos de trabajo, tecnología y poder económico norteamericanos a China, mientras los funcionarios norteamericanos actúan como si no pudieran hacer mucho para cambiar la situación. El New York Times recientemente informó que Evergreen, un fabricante de paneles solares, está cerrando su fábrica de Massachussets, mudando su producción a una operación conjunta en China y despidiendo 800 operarios norteamericanos. A pesar de los 43 millones de dólares de asistencia del Estado de Massachussets, el jefe ejecutivo de Evergreen expresó que los subsidios de China -principalmente préstamos con bajo interés de bancos controlados por el Estado- eran demasiado grandes para dejarlos pasar. De esa manera, la producción china de paneles solares se elevó 50 veces de 2005 a 2010. Los préstamos baratos a empresas de paneles solares suman unos 30.000 millones de dólares, pero no está claro si se pagarán en su totalidad. ¡Podría ser dinero gratis!. Pero gracias ese “dinero gratis” la porción de China de la producción mundial saltó de un 9 a un 48 por ciento. En 2010, alrededor del 95 por ciento de los paneles solares de China se exportaron. Consideremos, ahora, la transferencia tecnológica. Las grandes empresas multinacionales quieren estar en China, pero el costo de ello a menudo consiste en la pérdida de importante tecnología mediante acuerdos de licencias requeridos, operaciones conjuntas obligatorias, ingeniería inversa o, directamente, robo. Las empresas de software norteamericanas estiman que entre un 85 y 90 por ciento de sus productos son pirateados en China. Veamos los proyectos de ferrocarriles de alta velocidad de China (que no tienen desperdicio). Inicialmente, firmas extranjeras tales como Siemens de Alemania obtuvieron la mayoría de los contratos; en 2009, el gobierno comenzó a requerir que las firmas extranjeras establecieran operaciones conjuntas minoritarias con empresas chinas. Tras haber dominado las “tecnologías básicas”, las compañías chinas han captado el 80 por ciento o más del mercado local y compiten con firmas extranjeras para las exportaciones. Lo mismo está ocurriendo en la fabricación de aeronaves comerciales. China está construyendo un competidor del Boeing 737 y del Airbus 320; General Electric ha entrado en una operación conjunta que proveerá la aviónica, es decir la electrónica de aviación. Ahora veamos el aspecto financiero. Las reservas en moneda extranjera de China -obtenidas principalmente mediante enormes excedentes de exportación- se acercaron a 2,9 billones de dólares a fines del año 2010. Estos enormes fondos (que aumentan en cientos de miles de millones anualmente) permiten a China expandir su influencia repartiendo préstamos de bajo costo en todo el mundo o realizando inversiones estratégicas en materia prima y empresas. El Financial Times reportó recientemente que China -mediante el Banco de Exportaciones-Importaciones de China y el Banco de Desarrollo de China- ha prestado más dinero a otros países en desarrollo en los últimos dos años que el Banco Mundial. Señores, estoy de pie y aplaudiendo.
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La economía británica se contrajo bruscamente
La economía británica se contrajo un 0,5% en el cuarto trimestre de 2010, una brutal e ¿inesperada? caída que reaviva los temores de una nueva recesión, según datos oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS). Esta contracción del Producto Interior Bruto (PIB), que ningún analista liberal había anticipado (o advertido), es la primera que registra la economía británica desde el tercer trimestre de 2009, el último de una larga y profunda recesión. En el tercer trimestre de 2010, se había registrado un crecimiento del 0,7%. Los efectos de la receta ultra ortodoxa Cameron-Osborne comienzan a sentirse.
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lunes, 24 de enero de 2011
China y EEUU: una relación compleja
Es una relación de amor-odio que viene creciendo con el tiempo. Por un lado, los amores surgen de la demanda por parte de negocios y consumidores norteamericanos que quieren mano de obra, productos y servicios a bajo costo. Por el otro lado, China dispuesta a darle lo que quiere con tal de poder aumentar el poder económico de un estado mercantilista con ganas de ser jugador mundial. Pero, tanto dulce parece que empalaga. Estados Unidos le incomoda que China sea dueña de aproximadamente $1.5 billones de activos en el país - cerca de 11% del PIB-, y a la vez ver incrementar la dependencia con China para financiar el creciente déficit fiscal. China siente la misma molestia. Enfrenta la cruda realidad que depende de Estados Unidos para alimentar su estado mercantilista y que 65% de sus reservas internacionales están concentradas en dólares. Ante este ambiente cae la crisis económica. Varios sectores de la población norteamericana como políticos, hombres de negocios, economistas, uniones e individuos piden buscar una solución: proteccionismo contra China. Pero el asunto no es tan sencillo ni la guerra comercial es la solución. Basta analizar la comercialización de uno de los productos más populares en los EEUU y el mundo: el iPhone 3G. Por un lado esta Apple, la empresa dueña, creadora y diseñadora del producto. Por el otro lado esta una compañía localizada en china, que exporta el teléfono. O sea, Apple importa la producción desde China. Pero, lo que aparenta ser una relación bilateral no lo es, el famoso teléfono se produce a través de una compleja red de nueve compañías que van desde Europa hasta Asia y no sólo los chinos. Toshiba y Murata de Japón, por ejemplo, se encargan de producir la memoria, el panel; Samsung de Corea del Sur el procesador; Infenion y Dialog de Alemania producen la cámara, receptors; Micron y Cirrus Logic de Estados Unidos tienen la responsabilidad del audio, el Bluebooth. Cada parte producida por estas compañías es enviada a Foxconn, una compañía taiwanesa localizada en Shenzhen, China. ¿La función de la compañía? Ensamblar todas las partes y enviar el producto final a cada rincón del mundo que Apple venda el teléfono. Como se ensambla en China, y de ahí sale el producto final hacia Estados Unidos, la balanza comercial aparece como que China exporta $179 dólares por unidad. Luego, la balanza comercial yanqui muestra un déficit de casi $2 mil millones para EEUU en beneficio de China. Pero, la realidad es que el costo del ensamblaje es solo $6.50, un 4% del costo total se estaría realizando en China. China solo exporta el 20% de lo que importa Estados Unidos de China. El otro 80% viene de otros países antes de llegar a China. O sea, que la balanza comercial yanqui no esta desbalanceada solo con respecto a los chinos, lo esta tambien respecto de Corea, Alemania, Japón e infinitos paises mas. Esta desbalanceada respecto al mundo. Los yanquis piensan con tal simplicidad que no es de extrañar que cometan torpezas al declarar guerras militares unilaterales y preventivas o… comerciales proteccionistas unilaterales.
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sábado, 22 de enero de 2011
La “globalización” china
Beijing quiere ser punto de convergencia para todos los caminos financieros, comerciales, económicos y políticos del mundo. En suma, busca forjar una globalización posnorteamericana o postoccidental. En octubre, el gigante indio Reliance Power le compró a Shanghai Electric US$ 10.000 millones en equipos generadores. Fue uno de los negocios de 2010 y tal vez el mayor en la historia sectorial o de la relación económica entre India y China. El volumen no era el aspecto más notorio. La compañía china ofrecía sus equipos a 30-40% bajo el precio habitual de General Electric, el líder norteamericano. Además, el financiamiento del Banco Chino de Desarrollo (BChD) llevaba ese descuento a cerca de 60%. Esto forma parte de la “globalización estilo Beijing”. El mensaje de la segunda economía mundial, en producto bruto interno, es claro: acelerar la integración planetaria, pero en sus propios términos. Durante decenios, China ha aprovechado sistemáticamente su inserción en un mundo cuyas reglas las escribían Estados Unidos o, si se quiere, Europa occidental y Japón. El gigante en ciernes empezó fabricando ropa, siguió con electrodomésticos y hoy exporta iPods. En años recientes, un conjunto de países relevantes va descubriendo que China, no ya EE.UU, es su mayor socio comercial. El elenco abarca desde los vecinos Japón y Surcorea hasta Australia y Brasil, tan ricos en productos primarios. En algunos tramos de 2010, la importación china de hidrocarburos saudíes excedió los embarques a Estados Unidos. El Reino del Medio está profundizando estos vínculos. Sus bancos contribuyen a expandir infraestructuras y oferta energética de países en desarrollo. Su meta es acelerar su crecimiento y acercarlos a la economía china. El gigante también persigue consolidar un papel activo para su moneda –en parte a expensas del dólar- y eventualmente convertirla en divisa opcional en el este, el sudeste y el sur de Asia. Por cierto, China funciona como centro de gravedad para una creciente red de conexiones, cuyo sino inexorable está en ese arco Pacífico-Índico. En un plano más ambicioso, se apunta a una arquitectura económica –sin Norteamérica- que trascienda África, Latinoamérica y Levante. Una clave de estos planes es el Banco Chino de Desarrollo (BChD), motor del impulso internacional. Sólo en materia de energía y combustibles, la entidad ha concedido préstamos a gobiernos y empresas de países emergentes o en desarrollo por más de US$ 65.000 millones en 2009/10. Si se incluye el EximBank (BEI), el monto supera los US$ 110.000 millones, una cifra mayor que la del Banco Mundial. El BChD es un híbrido único, un “banco político” cuya misión es asistir a los fines del desarrollo nacional sin sacrificar la rentabilidad ni la expansión exterior. Los chinos parecen haber descubierto un sistema económico híbrido, compuesto por empresas estatales (de cualquier naturaleza: financiera, alimentaria, industrial) que funcionan en base a la productividad y la ganancia (característica exclusiva, hasta hace poco, del capitalismo). Lo impresionante es que estas empresas a medio camino entre lo estatal y lo privado parecen funcionar mucho mas eficientemente que las viejas empresas capitalistas totalmente privadas. Durante unos diez años, el BchD organizó su impulso global asignando divisiones específicas, responsables de diversas partes del mundo. Por ejemplo, la oficina de Henan está a cargo de África meridional, mientras la de Chongqing cubre la península de los Balcanes. A fin de 2010, había equipos en 142 países o regiones, entre ellas cuarenta africanas. En la etapa iniciada ahora, los emprendedores chinos deben marchar a Sudamérica y quedarse ahí mucho tiempo. Por ejemplo, el BEI firmó hace poco con Petrobrás un acuerdo de crédito por US$ 10.000 millones. Poco antes, la compañía había subscripto con el Eximbank estadounidense una línea por apenas US$ 2.000 millones. Fue mucho más fácil obtener el préstamo chino que el norteamericano. Algunos de esos créditos tienden a acelerar la integración china con sus vecinos vía proyectos infraestructurales. Tales como poliductos en Rusia, Kazajstán o Birmania, en construcción o ya operando, y ferrocarriles que vinculan la última con Vietnam, Laos, Kampuchea y el lejano sur chino. En resumen, una gama de objetivos que representan desafíos explícitos al liderazgo global de EE.UU. Uno de ellos, es la internacionalización de su moneda que viene acelerándose desde mediados de 2009. El primer paso de los meticulosos chinos consiste en hacer del yüan una “divisa” comercial dominante en Asia del este, el sudeste y el sur. El segundo paso es avanzar sobre el resto del planeta.
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Aristóteles y la Economía
En la antigua Grecia, los pensadores, que realizaron aportes de gran valor en el estudio de diferentes ciencias, no dedicaron mayor tiempo al análisis de los hechos económicos. Una posible razón de tal desinterés podría ser el origen mismo del término “Economía”. Etimológicamente, proviene del griego Oikonomia, cuya creación se atribuye al historiador, filósofo y militar Jenofonte (431-354 AC), quien además fue discípulo de Sócrates. Oikos significa Casa y Nomos quiere decir Ley, Norma o Administración, de manera tal que se puede inferir que la economía probablemente ocupaba un espacio secundario en el pensamiento helénico y se limitaba a las cuentas hogareñas. En rigor, el análisis económico en las denominadas Ciudades Estado (Polis) y zonas rurales de Grecia, encuentra un obstáculo insoslayable como la esclavitud, cuya existencia anula la investigación de temas claves de la economía como los salarios y los costos de producción. Sin embargo, Aristóteles (384-322 AC), dentro de su vasta producción intelectual, se refirió a determinados asuntos que, con el transcurso de los siglos, han mantenido indiscutible actualidad. En primer término, según relata John Kenneth Galbraith en su libro Historia de la Economía, la mirada de Aristóteles apuntó a los precios, a la naturaleza del lucro y del interés. Se preguntó si los precios eran justos, si a cambio de algún bien o servicio se requería la cantidad adecuada de dinero. Atenas, por entonces, acuñaba la tetradracma de plata, que era la moneda más apreciada de Grecia. El planteo sobre los precios sería uno de los ejes centrales del pensamiento económico en los dos milenios siguientes. En efecto, una parte muy importante de la doctrina económica, históricamente se ocupó de explicar que el precio de mercado –que resultaría de la interacción de oferta y demanda- tenía una justificación superior a cualquier preocupación ética. Habiendo identificado la naturaleza de la moneda y de la acuñación, pasó a considerar el lucro, que en su forma pura le resultó abominable (empero justificó la reducción a la servidumbre del extranjero y no lo consideró sujeto sino objeto de la economía) y en el Libro I de La Política señala: “Hay hombres que convierten cualquier cualidad o cualquier arte en un medio de hacer dinero, lo toman por un fin en sí y creen que todo debe contribuir a alcanzarlo”. Galbraith cree que un gran ejemplo moderno de ese razonamiento lo constituye, indudablemente, el joven operador financiero que dedica todos sus esfuerzos personales y toda su conciencia al lucro pecuniario y que mide por los resultados su logro personal y afirma: “Quizá convendría que en Wall Street leyeran a Aristóteles.” En lo que se refiere al desarrollo comercial, se preocupó, como los romanos que le sucedieron, en formular sugerencias en materia de organización y prácticas agrícolas. Por otra parte, Aristóteles narra en La Política, una anécdota de Tales de Mileto que da cuenta de la existencia de Opciones, que hoy conocemos como contratos en los que se pactan a futuro, ventas de materias primas, metales, acciones o moneda extranjera, entre otros instrumentos disponibles. Cuenta Aristóteles que un invierno, Tales advirtió, por medio de sus investigaciones meteorológicas, que la cosecha de aceitunas del otoño siguiente sería excelente y, motivado en demostrar la utilidad de sus estudios, visitó a todos los propietarios de prensas de aceitunas de la zona. Con el escaso dinero que llevaba consigo, los convenció para que tomaran un depósito que le permitiera tener una opción al uso de las prensas cuando llegase el otoño. La cosecha resultó ser como Tales pronosticó y los agricultores debieron pagarle la cifra que él fijó para usar las prensas. Si nos detenemos a observar como funcionan hoy estos mercados, tomando como ejemplo la tonelada de trigo, que a principios de enero de 2011, vale alrededor de 162 dólares en el Mercado a Término de Buenos Aires y que se la negocia para el mes de julio en 201,50 unidades de esa moneda (es decir, se proyecta una suba cercana al 21%), deduciremos que, aunque con otro volumen de operaciones e información, la estructura del negocio, con el riesgo como elemento preponderante, no se diferencia tanto de la descripta por Aristóteles.
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viernes, 21 de enero de 2011
Las tormentas de los gurúes que jamás llegaron
Desde el inicio del gobierno de Néstor Kirchner hasta la actualidad, toda una serie de economistas se dedicó a mostrarse en los medios masivos de comunicación para disparar duros pronósticos respecto de la supuesta debilidad del “modelo”. La realidad los desmiente cotidianamente y los posiciona como operados políticos, charlatanes, patanes, imbéciles, o peor aun: agente pagados con el fin de interrumpir el crecimiento. Dijeron que la Argentina iba a entrar en default, que nunca se aceptaría en el exterior el canje de deuda, que el desempleo jamás bajaría, que el gasto social iba a hacer explotar las cuentas, que el sistema financiero iba a colapsar con el fin de las AFJP, que terminaríamos importando leche… Anunciaron todo tipo de cataclismos, recesiones, inflaciones descontroladas, disminuciones brutales de la tasa de inversión. Es decir, se ganaron el sueldo, cumplieron empeñosamente su trabajo de traidores, de gusanos inmundos, de escoria repugnante. El grueso de los “economistas ortodoxos” sigue sosteniendo que el crecimiento sostenido de los últimos siete años es una combinación entre el tan mentado "viento de cola" y una devaluación inicial que aportó el empuje productivo necesario. Pero esa teoría terminó por derrumbarse en 2009, cuando se vieron economías sólidas desintegrarse, mientras que la Argentina atravesó la crisis con soltura. Los pronosticadores liberales advertían a comienzos de 2009 que la Argentina iba camino al default, pero con el agravante de un proceso inflacionario que no se detendría, sino que los precios irían en alza mientras el PBI se derrumbaba. La realidad fue otra. Mejor dicho, la realidad fue al revés: los paises que ellos defienden a capa y espada va por ese camino, no la Argentina. El siguiente punto más criticado por esta bosta liberal es el crecimiento del gasto del Estado en las partidas sociales. "Jamás en la historia, los gobiernos gastaron tanto y con tan pocos resultados", alcanzó a decir el economista de La Rural Ernesto Ambrosetti. Parte del balance es cierto: En 2004 la inversión social apenas si pasaba los 5 puntos del PBI, mientras que 2010 cerró con un gasto superior a los 10 puntos. Pero el modelo económico no va rumbo a derrumbarse por culpa del dinero que el Estado destina a partidas sociales. El motor en el crecimiento de la economía argentina viene por el lado de la demanda, y en todo este último período la existencia del gasto social implicó mantener una dinámica de consumo que favoreció el crecimiento del Producto, así como también al despegue del Producto potencial de la economía. Algo que Europa y EEUU intenta hacer desesperadamente, sin mayores resultados…
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La Reforma Agraria Que Nunca Tuvimos
En agosto de 1926, arribaba al país uno de los líderes de la principal cooperativa de agricultores de Canadá, Mr. Jackman. Su misión: convencer a las autoridades y a los líderes agrarios locales de la conveniencia de formar un cartel internacional del trigo. ¿Por qué la iniciativa? Allá por entonces, las cooperativas agrícolas de Canadá, Australia y la URSS advertían en el Estado a un aliado natural y estratégico, y en las corporaciones privadas de los agronegocios a su verdadero enemigo. Pero la iniciativa multiestatal fracasó. Jackman calificó de “primitiva” la situación agraria de nuestro país al basarse en el “sistema de tenencia de la tierra, con su masa de rentistas y concentración de la propiedad”, todos ellos eran “grandes obstáculos para la adopción de un pool en la Argentina”. Haberse plegado a la ambiciosa propuesta hubiese significado dar un gran paso hacia una reforma agraria en el país, una opción que ni los gobiernos de Alvear e Yrigoyen, la Federación Agraria (FAA) y mucho menos la Sociedad Rural tenían en mente. 200 años después, la Mesa de Enlace repite igual comportamiento reaccionario y le recuerda al pueblo argentino no sólo lo anacrónico y obsoleto de su ideología inmovilista y subdesarrollada, sino también su rol como barrera estructural al desarrollo ascendente y exponencial de las fuerzas productivas y la justicia social en la Argentina. La Sociedad Rural, CRA, CARBAP y la actual dirigencia de la FAA no son más que resabios de la Argentina “granero del mundo”. Resabios, sí, pero con suficiente poder de fuego al no haberse eliminado de cuajo los pilares económicos de su poderío –acrecentados desde la visita de Jackman–. En un año donde la inversión pública deberá cumplir un papel cardinal; en un año donde las presiones inflacionarias internacionales en alimentos habrán de ser espectaculares; en fin, en un año electoral cuya resolución definirá los próximos 50 o 100 años, las medidas populares estratégicas se reducen, una vez más, a la resolución de la cuestión agraria. Pero, ¿cómo seguir combatiendo la desregulación y privatización del “campo” sin reiterar los errores cometidos durante la 125? ¿Cómo quebrar el frente entre la FAA, la UATRE, buena parte de los productores y la oligarquía neoliberal? Es hora de dar el gran paso histórico y avanzar donde no se pudo o no se quiso en tiempos del IAPI. Se impone trabajar en la elaboración de una ley agraria a imagen y semejanza de esta Argentina real. Una ley superadora de la 20.573 de 1973 (sancionada bajo la gestión de H. Giberti), oportunamente respaldada por la FAA, pero aniquilada entre 1983 y 1995.
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Los grandes mitos de la economía
En el año 1993 el historiador económico Paul Bairoch (1930-1999) escribió un libro con el título Mythes et paradoxes de l´histoire économique. El libro trata de cuestionar varios mitos que se mantienen sin contrastar y que además duran bastante tiempo en la historia económica y la economía. El primer mito que cuestiona es el de que fue el proteccionismo el que provocó la crisis de 1929, y esto le conduce a examinar otra leyenda más repetida y más importante en lo que supone la historia en el largo plazo de las políticas comerciales. Se expresa de esta forma: “El libre cambio es la regla, el proteccionismo la excepción”. Este es uno de los dogmas de la economía neoclásica. La verdad es que, en la historia, el libre cambio es la excepción y el proteccionismo la regla. Mantiene Bairoch que lejos de ser un obstáculo al crecimiento, las fases proteccionistas han coincidido con una considerable expansión económica y de los intercambios. El conocimiento riguroso de la historia económica, aunque ésta también es objeto de interpretaciones distintas, es muy útil para que no se mantengan determinados mitos que se basan no en el conocimiento de los que sucedió, sino en especulaciones teóricas no sustentadas en el comportamiento real de los hechos económicos y sociales. Aparte de la insistencia que se ha puesto en la eficiencia de los mercados, se ha subrayado la importancia de la liberalización financiera y económica como garantía de éxito, y se ha hecho una gran apología de la globalización como el mejor modo de conseguir una adecuada senda de crecimiento para los países avanzados, y lograr el desarrollo para los que se encuentran en los niveles intermedios y bajos de la escala económica. Pero además de ello la ortodoxia ha condenado el déficit público, y se han estimulado políticas económicas basadas en el equilibrio presupuestario, o con bajo déficit, o mejor para lograr el superávit. Se ha mantenido la idea de que lo más adecuado es conseguir la independencia de los Bancos Centrales en relación con los gobiernos para hacer una política monetaria, cuyo objetivo principal es la lucha contra la inflación, al tiempo que se asegura que los Bancos Centrales actúan con neutralidad y no sometidos a los vaivenes de la política e intereses partidistas. La aplicación de estas políticas económicas, se afirmaba, es una garantía para avanzar hacia un futuro de prosperidad y sin sobresaltos, pues las crisis económicas eran cosas del pasado. Se han magnificado los resultados económicos que se han obtenido en los últimos años y no se ha expresado con suficiente claridad que el crecimiento económico que se estaba obteniendo, no sólo estaba sembrando las semillas de su propia destrucción, sino que era enormemente desigual. Al tiempo que era menor que el obtenido en las décadas de los años cincuenta, sesenta y primeros años de los setenta del siglo pasado, los conocidos como “los treinta años gloriosos”, en los que la economía no estaba tan integrada a escala global como ahora. Los economistas, por lo general, mantenían la creencia infundada de que se había conseguido, profundizando en la globalización y con estas políticas económicas, una senda de crecimiento estable y con base firme. Lo que la crisis ha puesto de manifiesto es que la senda de crecimiento no era tan firme, no era tan rápida, y por si fuera poco desembocaba en un barranco. Si no hemos caído en el barranco ha sido por la actuación de los gobiernos que han evitado lo peor, pero no la caída en una gran recesión.
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domingo, 9 de enero de 2011
Falta inversón: deberían volcarse al año US$ 10.000 millones más para crecer sin inflación
La economía llegó al tope de su capacidad instalada y todo crecimiento adicional se traduce en subas de precios; la oferta no da abasto para satisfacer el consumo. Luego de la gran crisis, se pudo aprovechar el resto ocioso de una capacidad creada en épocas de bonanza. Hasta aquí, todo bien, pero ahora se encuentra con que el ritmo de crecimiento que un día la benefició con una demanda recalentada, le exige más inversión que la hecha para poder sustentarlo. Así está la Argentina hoy. Con un ritmo de crecimiento del 8% anual, ya no le basta con una inversión del 22% del producto bruto interno (PBI) para satisfacer un consumo voraz, que sube nominalmente al 23% por año y provoca un desajuste entre oferta y demanda, que esta generando la temida inflación. Se necesitan, al menos, tres puntos más de inversión para salvar este cuello de botella y sostener un crecimiento razonable del 5% anual; ya ni hablar de una expansión del 8%, como la de 2010. Corea del Sur crece al 8 % e invierte el 35% de su PBI, mientras que China se expande al 10% y desembolsa el equivalente al 40% de su PBI. Esos tres puntos más que se requieren equivalen a US$ 10.000 millones, cifra con la que se podrían construir cada año cuatro centrales hidroeléctricas como la de Yacyretá, 25 fábricas de autos, 166 hornos para fundir vidrio, 10 autopistas Rosario-Córdoba o 48 terminales portuarias multipropósito con capacidad para 500.000 contenedores al año. ¿Se invierte en la Argentina? Sí, pero no lo suficiente. Hasta ahora se creció a tasas chinas, pero con inversión de América latina, sólo suficiente para acompañar la demanda y usufructuar la infraestructura existente. Se ha llegado a un punto que no queda otra que invertir para aumentar la oferta y no perder negocios. El empresario que no lo haga, se verá obligado a importar o subir los precios. Si hace lo primero, tarde o temprano no le darán los costos y deberá cerrar o vender, y si opta por lo otro, fogoneará una espiral inflacionaria. ¿Habrá más desembolsos? ¿Se superarán los US$ 72.700 millones de inversión interna fija que hubo en 2010? Con los US$ 12.000 millones que pone por año, el Estado no puede escarbar más en su caja. La inversión que falta la tienen que hacer los privados. ¿La harán? Los liberales dicen que no, desean que no lo hagan, esperan que no se animen por el cuento de siempre: que la mala experiencia en diversos rubros de la "industria argentina"… bla, bla, bla, hace a los empresarios reacios a invertir… bla, bla, bla. Pero la codicia supera al miedo. Ese empresario que perdió en otras epocas si olfatea la ganancia en un pais que se ha transformado en una locomotora a toda marcha, invertirá. Si tengo una empresa a la que le llueven pedidos, lo que invierto en producir tiene una venta asegurada ¿cómo no voy a invertir?. Hay ejemplos de empresas que apostaron, como la fabricante de lavarropas Alladio, que provee al retail con Drean, Patriot y marcas blancas. Su director, Agustín Roberi, detalla que en 2007 invirtieron US$ 10 millones para convertirse en el único productor de lavarropas de sistema europeo carga superior, el Drean Gold.
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sábado, 8 de enero de 2011
China y su estrategia inversora internacional
A veces merece la pena contemplar ciertos procesos desde su perspectiva histórica: echando la vista atrás dos siglos, hasta 1820- la época en la que la dinastía Qing se encontraba en plena florecimiento-, nos encontramos con que China generaba aproximadamente el 30 por ciento del Producto Interior Bruto mundial, según estimaciones de la OCDE. En 1978, antes de que Pekín iniciara su política de apertura y reformas, la cifra se había reducido a no más del 5 por ciento. Pero hoy, China parece haber recuperado el ritmo y encontrarse otra vez camino de convertirse en gran potencia económica internacional. En los últimos 20 años, ha venido presentando niveles de crecimiento que rondaban el 10 por ciento y se ha colocado a la cabeza de los países exportadores. El comercio exterior le trae a China un superávit de unos 200.000 millones de dólares sólo el año pasado. A finales de julio de 2010, Bank of China dio a conocer que las reservas de divisas nacionales alcanzaban los 2,4 billones de dólares. La mayor parte de éstas se destinan a la compra de bonos estatales, principalmente estadounidenses. Pero ése no es el único uso que China hace de este tesoro: en 2009, unos 50.000 millones de dólares chinos fueron invertidos en compañías de todo el planeta. Con el estallido de la crisis financiera internacional, China se lanzó a la caza de gangas en todos los mercados. Especial interés muestra el país por los recursos naturales. De esta manera, asegura el suministro de su creciente industria y fija a la vez su independencia. En lo más alto de la lista de la compra china se sitúa todo lo que tenga que ver con el gas y el petróleo, seguido de las compañías mineras. Gran creatividad demuestra China a la hora de invertir en países en vías de desarrollo. En África, por ejemplo, ha patentado el modelo de construcción de infraestructuras a cambio de explotación de recursos naturales: China erige calles, puertos y redes de ferrocarril y obtiene por ello hierro, cobre y crudo. Sólo en 2008, la inversión china en el ámbito de los recursos naturales africanos creció un 75 por ciento. Los asiáticos utilizan inteligentemente sus inversiones para desarrollar su propia economía. El país ya no se contenta con ser "el centro de producción del mundo", el sitio al que las empresas occidentales trasladan su producción. China quiere mucho más que eso. China domina en el segmento de los productos de bajo precio, pero en el de la calidad, el alto costo y los amplios márgenes de ganancia siguen mandando los occidentales. El establecimiento de una marca es un proceso largo. Mejor aún, por lo tanto, que también las marcas se puedan comprar. Por ejemplo, la automotriz Geely compró de la sueca Volvo. La transacción le costó alrededor de 1.500 millones de dólares. Pero después de hacerse con la sueca Volvo, Geely será una automotriz que contará con modelos también en la "Clase Premium". La adquisición de firmas occidentales no sólo aporta un nombre, de ella también se obtiene know-how: se consiguen las patentes y los ingenieros necesarios para mantener y desarrollar el crecimiento. Y se recibe toda una estructura de servicios ya creada: gracias a Volvo, Geely contará con una amplísima red de concesionarios y podrá beneficiarse de la confianza de los consumidores que los suecos se han ganado en una labor de años. La estrategia inversora de China le va a permitir producir todo tipo de productos, para todos los mercados y todos los segmentos. Algunos conseguirán dar el salto al escalafón en el que se mueve la calidad. Otros continuarán con las copias y el material barato, para el que, sin duda, seguirá habiendo clientela suficiente.
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viernes, 7 de enero de 2011
Goolsbee versus Gross
Timothy Geithner, el Secretario del Tesoro dijo: “Estados Unidos está al borde de la insolvencia”. Con esas palabras, Timothy ha pedido al Congreso de Estados Unidos la urgencia de elevar el techo de la deuda, actualmente situado en 14.300.000 millones de dólares (14.300.000.000.000). Y es que Estados Unidos se encuentra a centímetros de ese techo, y necesita una nueva inyección de liquidez que le permita mirar cara a cara a los hechos. Estados Unidos se encuentra a tan solo 400 mil millones de dólares de ese techo. La insolvencia de Estados Unidos fue advertida también por el asesor económico de Obama, Austan Goolsbee. Goolsbee señaló que si el techo de la deuda no era modificado, “las consecuencias serían catastróficas para la economía de Estados Unidos, y mucho peores a lo visto desde el 2008”… ¿peores todavía?. Si, Goolsbee tiene razón. Durante 30 años Estados Unidos consumió más de la cuenta al vender a los estadounidenses la idea del crédito barato propugnado por Reagan en 1981. Desde esa fecha, Estados Unidos no hizo más que consumir, consumir y consumir… a costa de todo el mundo. El consumo indiscriminado fue patrocinado por los defensores del libre mercado, quienes aseguraban de que sería el propio mercado el que se encargaría de reequilibrar ese gasto. Algo que no ocurrió. Porque justo cuando se esperaba la presencia de la mano invisible, esta brilló por su ausencia. La situación de Estados Unidos es muy complicada y está atravesada por dos grandes frentes: aquellos que ven que la única salida es endeudarse un poco más y aquellos que ven que todo incremento de la deuda agravará aún más la probabilidad de incumplir con su pago, como lo ha declarado el director de Pimco, Bill Gross. Asi como existe la advertencia de Austan Goolsbe sobre los peligros de no elevar el techo de la deuda, también está la de quienes niegan toda opción de crédito y dejan la prioridad de los ajustes a los recortes presupuestarios. Bill Gross dice que los recortes presupuestarios son la única manera de restaurar una economía convalesciente. Para esta linea de pensamiento sólo los recortes y nada mas que los recortes pueden restaurar una economía potencialmente enferma y causante de la mayor crisis financiera de la historia. En el otro rincón del cuadrilátero, Goolshee y sus muchachos dicen lo contrario: hay que endeudarse mas.
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martes, 4 de enero de 2011
China y el euro, un salvataje por conveniencia
China apareció como salvador en la crisis del euro. La segunda economía del mundo apoyó a países como España, Portugal o Grecia mientras seguía comprando sus bonos estatales. Sólo el anuncio tranquilizó a los nerviosos mercados monetarios y fortaleció al euro. Pero la ayuda no es de ningún modo desinteresada. China quiere obtener capital político de la crisis de deuda europea. Y es que al líder exportador del mundo le interesa una estabilización de la eurozona y un euro fuerte. Su masivo superávit comercial le permitió acumular las mayores reservas de divisas del mundo por 2,6 billones de dólares. Desde hace tiempo es el mayor acreedor de Estados Unidos y ahora también financia la deuda de los europeos. Una extensión de la crisis del euro frenaría con fuerza las exportaciones chinas. Europa es el mayor socio comercial de Pekín y una caída del euro afectaría a la competitividad de las exportaciones chinas. Pekín necesita la demanda extranjera de sus productos para generar crecimiento, pues el consumo interno no basta para hacer crecer al gigante asiático. Pero ello no le impide esperar al mismo tiempo contraprestaciones a su ayuda por parte de los europeos. En su lista de prioridades está el deseo del levantamiento del embargo armamentístico vigente desde la represión del movimiento democrático en 1989. Además, China quiere finalmente recibir el estatus de economía de mercado para poder defenderse de las acusaciones de dumping. Y finalmente saludaría, y mucho, el fin de las limitaciones a las exportaciones de productos de alta tecnología a su país.
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domingo, 2 de enero de 2011
Inflación
La Argentina ostenta el récord mundial de años consecutivos con una inflación anual de más del 100 por ciento. Fueron 18 años entre 1975 y 1991. En el período que va de mayo de 1989 a marzo de 1990, sufrió una hiperinflación de 11 meses de duración con una tasa acumulada de 15.167 por ciento (una inflación mensual promedio de 58 por ciento). De esta forma, la Argentina sufrió de inflación crónica e hiperinflación. Ahora bien, los períodos inflacionarios de las décadas del '70, '80 y principios de los '90 pueden explicarse por la monetización del déficit fiscal. No obstante, esta interpretación no es aplicable a la Argentina de los últimos años. ¿Qué dice la teoria económica hasta hoy conocida? En la situación de alto desempleo de 2002, había un amplio margen para ejecutar políticas públicas keynesianas que fomentaran la demanda agregada. En efecto, en un escenario donde la economía subutilizaba sus recursos, un incremento de demanda aumenta la producción prácticamente sin impacto sobre los precios. No obstante, una vez que la economía alcanza una situación de relativo pleno empleo, la oferta agregada tendería a ser vertical. Es decir, el aumento de la demanda agregada no genera un incremento en la producción sino que, como sostiene la teoría monetarista, se reflejaría mayormente en aumentos de precios. Podría suponerse que esta es la inflación que aqueja a la Argentina. De manera que según el contexto tendria razon uno u otro pensamiento. Pero para la lógica de pensamiento económico neoliberal un “excesivo” gasto público y una “descontrolada” emisión de dinero de parte del Banco Central son los responsables excluyentes de la inflación, independiente del contexto. La receta que ofrecen –aunque no explicitan– para limitar los aumentos de precios es siempre la misma: contraer la demanda agregada, es decir, una política similar a la aplicada durante los años de convertibilidad. Desde la visión neoliberal, la inflación es consecuencia unica y exclusiva de un exceso de demanda y por eso proponen reducir el gasto público en salud, educación y los subsidios. En otras palabras, la inflacion es consecuencia de un exceso de demanda de los pobres. La única medida antiinflacionaria es generar desempleo y bajar salario real de los mas necesitados. La culpa de todo la tienen los pobres y como culpables tienen que pagar con sufrimiento. Los ricos no, por supuesto. Todo el neoliberalismo es pura politica reaccionaria de favoritismo hacia los acaudalados. El unico camino del progreso economico es privilegiar a los millonarios. Toda esta ideologia de protección al propietario acaudalado por sobre el miserable tiene su origen en ese psicópata de Hayek, quien sin pudor se jactaba que a él la injusticia no le importaba.
Viento en popa
El año 2010 ha sido un año de recuperación del crecimiento perdido con la crisis internacional del año 2009, cerrando con un alza del 7,5% del PBI. La crisis quedó atrás, los principales indicadores macroeconómicos han mejorado, la producción industrial, agropecuaria, el consumo y la recaudación fiscal creció más del 35% interanual. ¿Quién se acuerda del efecto de usar reservas para pagar deuda externa? La Argentina se convirtió en una economía a la que le sobran dólares, lo que no es un dato menor ya que no hay que olvidar que las híper-crisis domésticas de los últimos 30 años se dieron como resultado de falta de la divisa norteamericana. Desde el punto de vista estructural, lo más relevante es el exceso de oferta de dólares en nuestro país. La causa recurrente de las crisis de las últimas décadas ha sido siempre la falta de divisas ("estrangulamiento externo") y cada episodio de espiralización descontrolada de los precios tuvo que ver con la fuga de dólares en un contexto de déficit comercial y bajo nivel de reservas en el Banco Central. La probabilidad de ocurrencia de hechos de estas características, con un nivel de reservas superior a los 50.000 millones de dólares y entrada neta de dólares, es prácticamente nula para el 2011. Otro karma que desapareció es el de la deuda pública. Un poco con el canje, otro poco con desengancharse del sistema financiero internacional, se logró que hoy la deuda externa pública represente menos del 20% del PBI. La sumatoria de factores favorables como los buenos precios globales para los productos que se exportan, tasas de interés internacionales cercanas a cero y el hecho de que –reestructuración de la deuda mediante– se necesitan cada vez menos divisas –sumado esto a la posibilidad de recurrir en última instancia al mercado voluntario de crédito (recurso hasta ahora no utilizado)– hace que la Argentina vaya con viento en popa.
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