lunes, 28 de febrero de 2011
Wisconsin no se rinde
La policía se opuso a retirar por la fuerza a los manifestantes de Wisconsin que permanecían en el Capitolio para protestar contra la medida de recortes de los derechos laborales. La agencia estatal que se encarga del Capitolio había pedido a la multitud de manifestantes que acamparon dentro del edificio desde el 15 de febrero que se marcharan para las 4 de la tarde, indicándoles que era urgente limpiar el lugar. Sin embargo, la mayoría de los manifestantes se opuso a desalojar el lugar y la policía decidió no obligarlos a marcharse. El jefe de la policía del Capitolio de Wisconsin, Charles Tubbs, indico que ningún manifestante sería arrestado siempre y cuando continúen obedeciendo la ley. "La gente aquí ha actuado legal y responsablemente. No hay razón para considerar su arresto", dijo Tubbs. La única orden que recibieron los manifestantes es la de reubicarse en la planta baja del edificio, y además la policía permitirá que funcionarios de los sindicatos traigan alimentos al edificio para los manifestantes durante la noche. Los manifestantes duermen en el interior de la sede del poder legislativo desde el pasado 15 de febrero y buscan eliminar una iniciativa de ley impulsada por el gobernador republicano Scott Walker. La iniciativa restringe los derechos de los trabajadores sindicalizados del gobierno estatal, negándoles su derecho a negociar colectivamente y limita condiciones laborales e incrementos salariales. Los dirigentes sindicales y legisladores demócratas afirman que la propuesta busca socavar a los sindicatos y debilitar la base de votantes del Partido Demócrata. Miles de personas se congregaron en Columbus, Ohio, donde los legisladores consideran una iniciativa similar. También hubo movilizaciones en las ciudades de Topeka, Kansas; Harrisburg, Pensilvania; y Olympia, en el estado de Washington. La protesta en Madison (Wisconsin) atrajo la mayor multitud a la fecha: unas 70.000 personas.
sábado, 26 de febrero de 2011
Lecciones de Islandia
En 2007 la renta media de Islandia era casi de 70.000 dólares anuales, la quinta más alta del mundo. Las tiendas de Reikiavik rebosaban de productos de lujo y los coches deportivos atascaban sus estrechas calles. Los islandeses eran el pueblo más feliz del planeta, de acuerdo con un estudio de 2006. Buena parte de su prosperidad reposaba sobre el crecimiento ultrarrápido de tres bancos islandeses, que habían pasado de ser pequeñas instituciones con vocación de servicio público en 1998 a colarse entre las filas de los trescientos mayores bancos del mundo ocho años más tarde. Cuando el valor de sus viviendas creció, los islandeses se endeudaron correspondientemente, y lo hicieron también en monedas extranjeras. La crisis golpeó a finales de septiembre de 2008, cuando los mercados de dinero se congelaron como consecuencia del hundimiento de Lehman Brothers. En el plazo de una semana, los tres grandes islandeses colapsaron y pasaron a ser propiedad pública. En noviembre de 2008 la corona islandesa había caído a un cambio de 190 coronas por 1 euro, de un tipo de cambio previo en torno a las 70 coronas, lo cual implicaba una reducción drástica del poder adquisitivo de los islandeses. El mercado de divisas dejó de funcionar y las divisas mundiales pudieron utilizarse únicamente para las importaciones aprobadas por el gobierno. Desde principios de la década de 1990 el país fue gobernado por celosos neoliberales que creían que los mercados financieros eran «eficientes» y autorregulados. En el relajado clima regulador del mundo atlántico de principios de la década de 2000, los banqueros islandeses llegaron a adquirir marcas de renombre de primera fila en Gran Bretaña, Dinamarca y otros países, apalancando sus balances de situación gracias a garantías dudosas o incluso ficticias. La debilidad de la regulación trasnacional permitía a los bancos una gran laxitud. Ante las crecientes preocupaciones mostradas por los mercados, los financieros islandeses lanzaron una campaña bien organizada de relaciones públicas, contratando a economistas de gran renombre para que afirmasen que el sistema financiero islandés era básicamente sólido. El Estado islandés, entre tanto, carecía de los recursos necesarios para asegurar los bancos dado el tamaño que les había permitido adquirir, aunque por mucho tiempo logró asegurar a los inversores y gobiernos extranjeros que lo haría. Pero remontémonos más hacia atrás para narrar cómo Islandia pasó de ser uno de los países más pobres de Europa occidental en 1945 a convertirse en uno de los más ricos en la década de 1990; y cómo entonces, lo cual resulta todavía más extraordinario, creó tres de los bancos internacionales más importantes. El capitalismo islandés estuvo dominado desde el principio por un bloque de aproximadamente catorce familias, popularmente conocidas como El Pulpo, que constituían la elite política y económica dominante. Además del sector importador, El Pulpo controlaba el transporte, la actividad bancaria, el sector asegurador y la pesca, y posteriormente los suministros a la base de la OTAN. Durante más de medio siglo, suministró el personal gubernamental de Islandia y repartió los empleos del sector público y otros puestos entre sus familias, que vivían como clanes tribales tardíos. A finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 el orden tradicional fue desafiado desde dentro por una facción neoliberal conocida como el grupo Locomotora, conformada a principios de los setenta, cuando determinados estudiantes de Derecho y de Administración de Empresas de la Universidad de Islandia se hicieron con el control de una revista, La Locomotora, para promover las ideas de libre mercado y también, sin duda, para abrirse oportunidades profesionales para sí mismos en vez de esperar el patronazgo de El Pulpo. Cuando concluyó la Guerra Fría comprobaron que su posición se había fortalecido material e ideológicamente ante la pérdida de apoyo público por parte de comunistas y socialdemócratas. El futuro primer ministro del Partido de la Independencia Oddsson era un preeminente miembro del grupo. Nacido en 1948, Oddsson era un chulesco bon viveur de clase media que fue elegido como consejero del Partido de la Independencia al Consejo Municipal de Reikiavik en 1974; en 1982 era ya alcalde de la ciudad y dirigió las campañas de privatización –incluida la venta de la flota pesquera del municipio– en beneficio de sus colegas del grupo La Locomotora. En 1991 Oddsson dirigió al Partido de la Independencia a la victoria en las elecciones generales. Reinó –y no es una palabra demasiado fuerte– como primer ministro durante los siguientes catorce años, supervisando el espectacular crecimiento del sector financiero islandés, antes de instalarse como gobernador del Banco Central en 2004. Su protegido del grupo La Locomotora, Geir Haarde, ministro de Finanzas entre 1998 y 2005, ocupó el puesto de primer ministro poco después. La liberalización de la economía islandesa comenzó en 1994, cuando la incorporación al Área Económica Europea –el bloque de libre comercio de los países de la UE más Islandia, Liechtenstein y Noruega– eliminó las restricciones sobre los flujos trasnacionales de capital, bienes, servicios y personas. El gobierno de Oddsson se embarcó a continuación en un programa de venta de activos públicos y de desregulación del mercado de trabajo. Hasta finales de la década de 1990, sin embargo, el sector financiero fue pequeño y estuvo formado básicamente por bancos de propiedad pública. La privatización comenzó en 1998, implementada de acuerdo con la lógica de las camarillas por Oddsson y por Halldor Ásgrímsson, el líder del Partido del Centro: el Landsbanki fue asignado a los grandes del Partido de la Independencia; el Kaupthing a sus contrapartes del Partido
del Centro, su socio de coalición; los postores extranjeros fueron excluidos. El sistema bancario resultante presentaba un alto grado de concentración, que excedía con creces el de los restantes países nórdicos; no se enfrentaba a ninguna competencia interna de bancos extranjeros; y, a pesar de ser «privado», seguía estando estrechamente ligado a los políticos. A comienzos del tercer milenio, Islandia se precipitó a las finanzas internacionales coadyuvada por dos condiciones globales –crédito barato abundante (gracias a los déficits estadounidenses) y libre movilidad del capital– y tres condiciones domésticas: un fuerte respaldo político para los bancos; la fusión de los bancos de inversión con los bancos comerciales de modo que los primeros compartieran las garantías que el gobierno ofrecía a los segundos; y una reducida deuda soberana, que otorgó a los bancos islandeses el crucial imprimátur de una alta puntuación de las agencias internacionales de calificación crediticia. Fortalecidos de este modo, los accionistas más importantes del Landsbank, del Kaupthing, del Glitnir revirtieron la previa predominancia política sobre las finanzas: la política pública se hallaba, ahora, subordinada a sus fines. Oddsson y sus amigos relajaron a continuación las normas que regulaban las hipotecas concedidas por el Estado, permitiendo la concesión de préstamos por el 90 por 100 del valor de la propiedad. Los bancos recientemente privatizados se apresuraron a ofrecer condiciones todavía más generosas. A principios de 2006, sin embargo, comenzaron a hacerse perceptibles en la prensa financiera las primeras preocupaciones sobre la estabilidad de los grandes bancos islandeses, que estaban empezando a tener problemas a la hora de obtener fondos en los mercados de dinero. El déficit por cuenta corriente de Islandia había pasado del 5 por 100 del PIB en 2003 al 20 por 100 en 2006, convirtiéndose en uno de los mayores del mundo. El Landsbanki, el Kaupthing y el Glitnir estaban operando mucho más allá de la capacidad del Banco Central de Islandia de sostenerlos como prestamista en última instancia. El Banco Central de Islandia suscribió préstamos para doblar las reservas extranjeras, mientras la Cámara de Comercio –dirigida, por supuesto, por compinches y representantes del Landsbanki, del Kaupthing y del Glitnir y sus diversas entidades participadas– respondió con una campaña de relaciones públicas. Se encargó un caro informe al economista de la Business School de Columbia Frederic Mishkin, que afirmó la estabilidad de los bancos introduciendo un reducido número de reparos. Aunque habían sobrevivido a la minicrisis de 2006, el Landsbanki, el Kaupthing y el Glitnir todavía presentaban enormes descompensaciones entre sus activos –fundamentalmente no líquidos y con largos vencimientos– y sus pasivos a corto plazo. Continuaron teniendo problemas para obtener dinero para financiar sus compras de activos y reembolsar la deuda viva, en gran parte denominada en monedas extranjeras. Los bancos recurrieron a dos métodos para resolver este problema. El primero, explorado inicialmente por el Landsbanki, fue Icesave, un servicio gestionado por Internet para obtener depósitos al por menor mediante la oferta de tipos de interés más atractivos que los bancos convencionales. Icesave, establecido en el Reino Unido en octubre de 2006 y en Holanda dieciocho meses más tarde, suscitó la atención de las páginas web financieras que pretendían ofrecer las mejores opciones de inversión y pronto recibió cuantiosos depósitos. Decenas de millones de libras llegaron de la Universidad de Cambridge, la Autoridad de la Policía Metropolitana de Londres e incluso de la Comisión de Auditoría del Reino Unido, organismo responsable de la supervisión de los fondos públicos locales. Los responsables del Landsbanki apenas podían creer en su buena fortuna cuando comprobaron cómo crecían las cifras en las pantallas de sus ordenadores. Solo en Reino Unido había 300.000 depositantes. Con anterioridad al lanzamiento de Icesave en Holanda en mayo de 2008, el Landsbanki publicó un folleto en el que el presidente de la Autoridad de Supervisión Financiera de Islandia también declaraba su confianza en la estabilidad del sector. Sin embargo, en este momento, tras muchos meses de contracción crediticia, los bancos centrales europeos y el FMI percibieron con absoluta claridad la crisis que se avecinaba en Islandia y los riesgos internacionales que planteaba. En mayo de 2008, los Bancos Centrales de Dinamarca, Suecia y Noruega, conscientes de las consecuencias que acarrearía una implosión en Reikiavik para sus propios sectores financieros, respondieron con reticencia a las desesperadas llamadas islandesas para que concedieran líneas de crédito, obteniendo a cambio una promesa secreta de los ministros y de los gobernadores del Banco Central de Islandia de aplicar un programa similar al propuesto por el FMI el mes anterior. El 15 de septiembre de 2008, cuando cayó Lehman Brothers, no se había dado prácticamente un paso al respecto. La caída de los bancos islandeses llegó dos semanas más tarde. Los depositantes en las sucursales exteriores de Icesave comenzaron a retirar masivamente sus ahorros. Miles de millones abandonaron la moneda islandesa durante esas horas. El FMI llegó a Reikiavik en octubre de 2008 para preparar el programa de gestión de la crisis. Ofreció un préstamo condicional de 2,1 millardos de dólares para estabilizar la corona. El FMI respaldó también las demandas de los gobiernos británico y holandés de que Islandia los recompensase por su rescate de los depositantes de Icesave. La habitualmente plácida y consumista población islandesa se levantó en un movimiento de protesta enfurecido y enrabietado, cuyos objetivos eran fundamentalmente Haarde, Oddsson y sus compinches. Miles de personas de todos los grupos de edad se reunieron en la principal plaza de Reikiavik durante las heladoras tardes de los sábados para cantar, golpear cacerolas, y escuchar discursos y canciones. Los manifestantes rodearon con sus brazos unidos el Althing para exigir la dimisión del gobierno y arrojaron yogurt y fruta contra las paredes del edificio. Todos los lunes por la noche, un millar de personas se reunía en el mayor cine de la ciudad para debatir la situación. Los petulantes ministros del gobierno fueron forzados a responder a sus preguntas. Sin embargo, la elite gobernante se obstinó en intentar demostrar que la situación pareciese «normal» ocultando sus conflictos de intereses como meras coincidencias personales. Finalmente, en enero de 2009, la coalición Partido de la Independencia- Alianza Socialdemócrata se rompió, cuando los líderes socialdemócratas se hicieron eco de las demandas populares para que Oddsson dimitiera como gobernador del Banco Central. Hasta la fecha, el de Islandia sigue siendo el único gobierno que ha renunciado como consecuencia de la crisis financiera mundial y el único país que ha girado hacia la izquierda como resultado de septiembre de 2008.
del Centro, su socio de coalición; los postores extranjeros fueron excluidos. El sistema bancario resultante presentaba un alto grado de concentración, que excedía con creces el de los restantes países nórdicos; no se enfrentaba a ninguna competencia interna de bancos extranjeros; y, a pesar de ser «privado», seguía estando estrechamente ligado a los políticos. A comienzos del tercer milenio, Islandia se precipitó a las finanzas internacionales coadyuvada por dos condiciones globales –crédito barato abundante (gracias a los déficits estadounidenses) y libre movilidad del capital– y tres condiciones domésticas: un fuerte respaldo político para los bancos; la fusión de los bancos de inversión con los bancos comerciales de modo que los primeros compartieran las garantías que el gobierno ofrecía a los segundos; y una reducida deuda soberana, que otorgó a los bancos islandeses el crucial imprimátur de una alta puntuación de las agencias internacionales de calificación crediticia. Fortalecidos de este modo, los accionistas más importantes del Landsbank, del Kaupthing, del Glitnir revirtieron la previa predominancia política sobre las finanzas: la política pública se hallaba, ahora, subordinada a sus fines. Oddsson y sus amigos relajaron a continuación las normas que regulaban las hipotecas concedidas por el Estado, permitiendo la concesión de préstamos por el 90 por 100 del valor de la propiedad. Los bancos recientemente privatizados se apresuraron a ofrecer condiciones todavía más generosas. A principios de 2006, sin embargo, comenzaron a hacerse perceptibles en la prensa financiera las primeras preocupaciones sobre la estabilidad de los grandes bancos islandeses, que estaban empezando a tener problemas a la hora de obtener fondos en los mercados de dinero. El déficit por cuenta corriente de Islandia había pasado del 5 por 100 del PIB en 2003 al 20 por 100 en 2006, convirtiéndose en uno de los mayores del mundo. El Landsbanki, el Kaupthing y el Glitnir estaban operando mucho más allá de la capacidad del Banco Central de Islandia de sostenerlos como prestamista en última instancia. El Banco Central de Islandia suscribió préstamos para doblar las reservas extranjeras, mientras la Cámara de Comercio –dirigida, por supuesto, por compinches y representantes del Landsbanki, del Kaupthing y del Glitnir y sus diversas entidades participadas– respondió con una campaña de relaciones públicas. Se encargó un caro informe al economista de la Business School de Columbia Frederic Mishkin, que afirmó la estabilidad de los bancos introduciendo un reducido número de reparos. Aunque habían sobrevivido a la minicrisis de 2006, el Landsbanki, el Kaupthing y el Glitnir todavía presentaban enormes descompensaciones entre sus activos –fundamentalmente no líquidos y con largos vencimientos– y sus pasivos a corto plazo. Continuaron teniendo problemas para obtener dinero para financiar sus compras de activos y reembolsar la deuda viva, en gran parte denominada en monedas extranjeras. Los bancos recurrieron a dos métodos para resolver este problema. El primero, explorado inicialmente por el Landsbanki, fue Icesave, un servicio gestionado por Internet para obtener depósitos al por menor mediante la oferta de tipos de interés más atractivos que los bancos convencionales. Icesave, establecido en el Reino Unido en octubre de 2006 y en Holanda dieciocho meses más tarde, suscitó la atención de las páginas web financieras que pretendían ofrecer las mejores opciones de inversión y pronto recibió cuantiosos depósitos. Decenas de millones de libras llegaron de la Universidad de Cambridge, la Autoridad de la Policía Metropolitana de Londres e incluso de la Comisión de Auditoría del Reino Unido, organismo responsable de la supervisión de los fondos públicos locales. Los responsables del Landsbanki apenas podían creer en su buena fortuna cuando comprobaron cómo crecían las cifras en las pantallas de sus ordenadores. Solo en Reino Unido había 300.000 depositantes. Con anterioridad al lanzamiento de Icesave en Holanda en mayo de 2008, el Landsbanki publicó un folleto en el que el presidente de la Autoridad de Supervisión Financiera de Islandia también declaraba su confianza en la estabilidad del sector. Sin embargo, en este momento, tras muchos meses de contracción crediticia, los bancos centrales europeos y el FMI percibieron con absoluta claridad la crisis que se avecinaba en Islandia y los riesgos internacionales que planteaba. En mayo de 2008, los Bancos Centrales de Dinamarca, Suecia y Noruega, conscientes de las consecuencias que acarrearía una implosión en Reikiavik para sus propios sectores financieros, respondieron con reticencia a las desesperadas llamadas islandesas para que concedieran líneas de crédito, obteniendo a cambio una promesa secreta de los ministros y de los gobernadores del Banco Central de Islandia de aplicar un programa similar al propuesto por el FMI el mes anterior. El 15 de septiembre de 2008, cuando cayó Lehman Brothers, no se había dado prácticamente un paso al respecto. La caída de los bancos islandeses llegó dos semanas más tarde. Los depositantes en las sucursales exteriores de Icesave comenzaron a retirar masivamente sus ahorros. Miles de millones abandonaron la moneda islandesa durante esas horas. El FMI llegó a Reikiavik en octubre de 2008 para preparar el programa de gestión de la crisis. Ofreció un préstamo condicional de 2,1 millardos de dólares para estabilizar la corona. El FMI respaldó también las demandas de los gobiernos británico y holandés de que Islandia los recompensase por su rescate de los depositantes de Icesave. La habitualmente plácida y consumista población islandesa se levantó en un movimiento de protesta enfurecido y enrabietado, cuyos objetivos eran fundamentalmente Haarde, Oddsson y sus compinches. Miles de personas de todos los grupos de edad se reunieron en la principal plaza de Reikiavik durante las heladoras tardes de los sábados para cantar, golpear cacerolas, y escuchar discursos y canciones. Los manifestantes rodearon con sus brazos unidos el Althing para exigir la dimisión del gobierno y arrojaron yogurt y fruta contra las paredes del edificio. Todos los lunes por la noche, un millar de personas se reunía en el mayor cine de la ciudad para debatir la situación. Los petulantes ministros del gobierno fueron forzados a responder a sus preguntas. Sin embargo, la elite gobernante se obstinó en intentar demostrar que la situación pareciese «normal» ocultando sus conflictos de intereses como meras coincidencias personales. Finalmente, en enero de 2009, la coalición Partido de la Independencia- Alianza Socialdemócrata se rompió, cuando los líderes socialdemócratas se hicieron eco de las demandas populares para que Oddsson dimitiera como gobernador del Banco Central. Hasta la fecha, el de Islandia sigue siendo el único gobierno que ha renunciado como consecuencia de la crisis financiera mundial y el único país que ha girado hacia la izquierda como resultado de septiembre de 2008.
Wisconsin: la chispa de la que brotará la llama
La Cámara baja de Wisconsin ha aprobado la ley que recorta los derechos sindicales de 170.000 empleados del Estado. Es el último episodio en una serie de eventos que arrancaron cuando miles de personas ocuparon el Senado estatal para protestar contra la propuesta. Al mismo tiempo se fugaban los 14 senadores demócratas, para impedir la votación de la ley, y todavía no han aparecido. Después de 61 horas de debate, la ley ha superado la primera votación. Los legisladores republicanos abandonaron la Cámara entre gritos de "¡Vergüenza, Vergüenza!" por parte de los manifestantes. La ley todavía deberá superar la barrera del Senado. Pero sin demócratas no hay votación. La lucha que libran los trabajadores y el Gobierno es la más importante de los últimos 30 años. En Wisconsin y en el resto del país. Republicanos y demócratas chocan en una estrategia que empieza en la lucha contra el déficit, continúa en los intereses políticos y económicos de cada partido. Wisconsin ha sido el primer Estado en representar la gravedad de la situación que afecta prácticamente a todos los gobiernos locales. Los 150.000 millones de dólares del plan de estímulo se han acabado. Ya no pueden tapar más agujeros. La crisis económica ha reducido la recaudación de impuestos, el balance presupuestario para este año sigue en números rojos y los estados estrenan obligaciones impuestas por la reforma sanitaria. Los recortes en educación y programas financiados por el estado como Medicare, así como la privatización de servicios públicos son algunas de las soluciones propuestas. El déficit que amenaza a las cuentas estatales y nacionales obliga a replantear la financiación pública y las compensaciones a los trabajadores. "Esta propuesta de ley es imprescindible para equilibrar el presupuesto estatal", declaró el gobernador republicano Scott Walker en su defensa. "Esta ley es sobre el empleo. Si no la aprobamos, tendremos que despedir a más de 2.000 empleados públicos", sentenció. Los demócratas, que perdieron las pasadas elecciones legislativas en Wisconsin el pasado noviembre, defienden que la ley terminará con derechos sindicales de los empleados. Pero unos y otros podrían esconder otros intereses. La última campaña electoral de Walker estuvo financiada principalmente por los hermanos David y Charles Koch, dos multimillonarios ultra conservadores con especial influencia en el partido republicano gracias a su conglomerado de empresas Koch Industries. Los Koch han creado en los últimos años organizaciones como Americanos por la Prosperidad, el Instituto Cato y o la Fundación Razón. Todas ellas han abogado por la erradicación de los sindicatos y los recortes, dentro de un objetivo global para rebatir todas las propuestas del partido demócrata -desde los recortes presupuestarios hasta la lucha contra el cambio climático- e impedir que Obama renueve mandato. Industrias Koch posee además una empresa subsidiaria de explotación de carbón, seis plantas de procesamiento de madera y una importante red de tuberías en el estado de Wisconsin. Los 14 senadores de la oposición siguen en su exilio voluntario en Illinois mientras las autoridades de Wisconsin han llegado a enviar a la policía a sus casas, sin encontrarlos. Siguen en el Estado vecino haciendo proposiciones como una mayor contribución de los empleados a las arcas del Estado, pero Walker se niega. Sólo le vale su propuesta.
martes, 22 de febrero de 2011
La revolución silenciada de Islandia
La información ha sido siempre un arma de poder. Controlar la información es controlar lo que la gente conoce y, por lo tanto, condicionar su visión de la realidad y, con ella, sus acciones. En nuestras sociedades mediáticas, la información se ha convertido en el centro de la batalla política, pues el acceso de los ciudadanos al mundo, a la realidad, se realiza a través de los medios de comunicación. Lo que no aparece en los medios, no sucede. Esa es la máxima que se ha debido de aplicar con el extrañísimo caso de Islandia. Sí, Islandia. Islandia debería ser noticia, portada de informativos. ¿Por qué? Pues porque en Islandia, la población ha tomado las calles, cacerola en mano, para mostrar su radical oposición a su gobierno. Y la movilización ciudadana no solo ha provocado dos crisis de gobierno, sino que ha forzado un proceso constituyente, la redacción de una nueva Constitución que evite que se repitan situaciones como las que se han producido a lo largo de esta crisis global. ¿Y qué situaciones son esas? Los tres bancos principales de Islandia se lanzaron, al abrigo del neoliberalismo rampante, a una política de compra de activos y productos fuera de sus fronteras. Como ha ocurrido con numerosas entidades bancarias, esos productos resultaron ser basura, de esa que a Rodrigo Rato le parecía una estupenda apuesta financiera cuando era director del FMI, lo que llevó a las citadas entidades a la bancarrota por sus deudas en Holanda y Gran Bretaña. El gobierno islandés procedió a nacionalizar los bancos y a asumir sus deudas. Ello supuso que cada ciudadano de Islandia se encontrara con una deuda de 12.000 euros. Como ocurre por todas partes del planeta, la mala gestión de entidades privadas debe ser enjugada por instituciones públicas y, por lo tanto, por la ciudadanía en su conjunto. La diferencia radica en que los ciudadanos islandeses, ante el escándalo de la situación -escándalo que es asimilable al que sucede en todos los países occidentales- se rebelaron contra su gobierno. Así, se lanzaron a la calle, exigiendo que no se pagara la deuda de otros. Unos otros que cuando tienen beneficios no se acuerdan de los ciudadanos y los estados, pero que recurren ansiosos a ellos cuando se encuentran en situaciones de apuro. El gobierno, que insistía en pagar la deuda, por la presión del FMI y de los gobiernos de Holanda y Gran Bretaña, se vio forzado a convocar un referéndum, en el que el 93% de la población se negó a pagar la deuda de otros. Ello provocó una crisis política de profundas dimensiones que ha desembocado en dos crisis de gobierno y en la creación de una comisión de ciudadanos de a pie encargados de redactar una nueva Constitución. Los islandeses se han hartado de que les tomen el pelo y han decidido tomar su destino en sus propias manos. El caso es sorprendente. Pero lo que quizá sea más sorprendente es que este proceso, que se viene desarrollando en los dos últimos años y que está en plena efervescencia, con una ofensiva del Partido Conservador para declarar ilegal el proceso constituyente (¡qué miedo tienen los conservadores de toda laya a la ciudadanía!), que este proceso, insisto, no haya merecido un solo comentario en los informativos. Cuando los volcanes de Islandia estallaron hace meses, sus cenizas cubrieron Europa y provocaron un enorme caos aéreo. Probablemente, el temor de que las cenizas del volcán político islandés provocaran efectos sociales en Europa es una explicación plausible de este silencio. El efecto contagio, lo hemos visto en el Magreb, es una de las características de la sociedad mediática. Los islandeses nos muestran un camino diferente para salir de la crisis. Tan sencillo como decir basta y recordar que la política, y quienes la ejercen, debe estar al servicio de la ciudadanía, y no de los intereses de entidades privadas cuya voracidad, cuyo egoísmo, cuya falta de ética está en el origen de esta crisis. En Islandia se ha cursado orden de detención contra los ejecutivos de las entidades en cuestión. En Islandia, arrinconando a los partidos sistémicos, empeñados, como aquí, en someterse a los dictados de los mercados, la ciudadanía se ha convertido en protagonista. Los islandeses lo han dicho claro: que las deudas las paguen los que las generan, que la crisis la pague los que la han producido.
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Terapia de choque para el Servicio Público Británico
La llamada “la doctrina del shock” tiene su origen en la Universidad de Chicago hace ya más de cincuenta años. Está diseñada por un grupo de economistas encabezados por el ideólogo de derechas Milton Friedman. Friedman y sus seguidores tenían una fe casi religiosa en una utopía de mercado libre no reglamentado al estilo “laissez faire” y su idea era sencilla; la mejor forma de implantar la privatización de todo el sistema e instaurar un mercado libre sin restricciones en cualquier esfera es a través del caos. Aunque en sus orígenes se trata de una teoría académica, es una metodología que se ha puesto en marcha de forma práctica en numerosas ocasiones al rededor del mundo en los últimos años. Pero con consecuencias desastrosas en cada ocasión. Pero a pesar de todo, las pruebas no bastan para disuadir a los fanáticos. Justo después de la caída de la Unión Soviética, estos mismo economistas viajaron al antiguo bloque comunista y aconsejaron a Yeltsin de que el sistema necesitaba “terapia de choque”. Lo convencieron para que vendiera la práctica totalidad de las industrias estatales de un sólo golpe. Incluso Thatcher tardó once años en privatizar una parte relativamente pequeña de la economía del Reino Unido, pero los rusos – siguiendo el camino marcado por la terapia de choque – lo hicieron de la noche a la mañana, emitiendo bonos de participación a los ciudadanos. De repente, los rusos de a pie perdieron estabilidad laboral, ingresos provenientes del estado, prestaciones y pensiones, y en su lugar iban por ahí con unos certificados que para ellos no significaban nada. Así que empezaron a venderlos a precio de ganga a las pocas personas dentro de ese sistema (antiguos miembros de la KGB o funcionarios del Partido Comunista) que tenían algo de dinero. Y así, prácticamente de la noche a la mañana, nació toda una clase de Oligarcas. Desde entonces, es bien sabido que Rusia ha estado plagada por la desigualdad y por la corrupción inevitable que se produjo ante un estado tan mutilado. La historia moderna está llena de otros ejemplos de cómo se ha implementado la doctrina del choque. En el periodo posterior al huracán Katrina, en el que unas 2,000 personas perdieron la vida y muchos miles más perdieron sus hogares, escuelas y medio de sustento, los ideólogos del mercado libre volvieron a la carga. El Friedmanite American Enterprise Institute se mostró entusiasmado de que “Katrina conseguiría en un sólo día… lo que algunos reformistas llevaban años queriendo hacer en las escuelas de Louisiana.” Insistieron en que, en lugar de dedicar una parte de los miles de millones de dólares dispuestos para la reconstrucción de Nueva Orleáns en reconstruir y mejorar el sistema de educación pública existente, el gobierno debería ofrecer bonos a las familias que éstas pudieran canjear en instituciones privadas. Los profesores de la escuela pública advirtieron de que el plan de Friedman suponía una “apropiación de tierras de la educación pública”. Al observar lo que a luces vistas parecía ser una estrategia deliberada, la periodista Naomi Klein acuñó la frase “capitalismo de desastre,” en el sentido de que se aprovechan los acontecimientos catastróficos para organizar ataques a lo público. Este fenómeno lo describió con todo detalle en su excelente libro, “La doctrina del shock”. Klein da ejemplos del uso de esta doctrina en lugares tan diversos como Chile e Irak, y lo que muchos economistas del mercado libre han descubierto desde entonces es que, en vez de esperar a que ocurra un desastre, también es posible crear las condiciones ideales para ese tipo de revolución. Ahora Gran Bretaña se apresta a sufrir una "terapia de shock friedman". Como la única forma de conseguir una privatización tan drástica es provocar un choque intenso y agudo al sistema, Nick Boles, el Diputado del partido Conservador británico y partidario de Cameron, lo puso así de crudo: “En nuestro léxico, ‘caótico’ es algo bueno”. Friedman estaría orgulloso. El primer ministro británico, David Cameron, quiere que todos los servicios públicos del país sean gestionados por compañías privadas. Se permitiría a entidades privadas gestionar escuelas, hospitales o servicios municipales como el mantenimiento de parques y carreteras y el cuidado de ancianos. Por ahora se excluye del plan a la seguridad nacional y la justicia pero próximamente se verá que en Inglaterra solo existirán policías privados que ofrezcan protección privada a quienes puedan pagarla. Y jueces que solo atenderán a los que dispongan de medios económicos que le permitan acceder a la justicia, es decir, comprarla. Los cambios "liberarán" al sector público "de las riendas del control del Estado", y quedarán en manos de empresas guiadas por el lucro y el enriquecimiento. Como diría Hamlet: "No esta bien, ni puede acabar bien" (Acto I, Escena II). Gran Bretaña se apresta a representar una tragedia.
lunes, 21 de febrero de 2011
Protestas masivas en favor de los derechos: En ¿Egipto? No, en Wisconsin
Las imágenes muestras a miles de personas concentradas en las calles para reclaman sus derechos y la marcha de quienes les gobiernan. No se trata de una capital de Oriente Medio ni es la Argentina del 2001. Es Wisconsin, en el norte de Estados Unidos, de donde las protestas amenazan con extenderse a otros estados de la Unión. El nuevo gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, ha propuesto un proyecto de ley presupuestaria que elimina los convenios colectivos con los empleados públicos. Walker argumenta que esta medida es necesaria para equilibrar las cuentas del estado, muy perjudicadas, como en casi todo el país, por la crisis económica de la que Estados Unidos. El proyecto de ley requiere que los funcionarios del estado paguen una cuota mayor de su seguro médico y de sus fondos de pensiones y elimina el derecho de los sindicatos, excepto el de bomberos y policías, para cualquier negociación colectiva que no sea estrictamente la salarial. La medida ha enfurecido a los empleados públicos, que desde hace cuatro días se han echado a las calles de Madison, capital estatal, para protestar y exigir la marcha de Walker. Cientos de estudiantes se han unido a las protestas, que más de uno ha comparado con las manifestaciones de El Cairo que provocaron la caída del presidente Hosni Mubarak tras treinta años en el poder. El presidente de la mayor central sindical del país, Richard Trumka, de AFL-CIO, tenía previsto desplazarse a Madison, donde está previsto que continúen las concentraciones a lo largo de este fin de semana. Y los partidarios de la medida, miembros del ultraconservador movimiento Tea Party, que la respaldan con el argumento de que es necesaria para enfrentar el déficit fiscal del Estado, planean desarrollar sus propias manifestaciones. Las similitudes con Egipto no han escapado a los propios manifestantes, algunos de las cuales, en las imágenes distribuidas por televisión, muestran pancartas en las que se lee "Camina como un Egipcio". Mientras tanto, las escuelas públicas de Madison se encuentran cerradas, por huelga de los maestros en protesta por la ley. Las manifestaciones se han extendido a la ciudad de Milwaukee, donde también permanecen cerrados los centros educativos públicos ante la ausencia de enseñantes. Las protestas amenazan con extenderse a otros estados donde se manejan proyectos de ley similares. Miles de personas también protestaron ante la cámara legislativa de Ohio, en Columbus, contra un proyecto de ley presentado por el gobernador republicano, John Kasich, que busca la eliminación de la negociación colectiva con los empleados públicos. "La batalla de Wisconsin" se extenderá como un reguero de pólvora por todos los estados de la unión. Los norteamericanos también se cansaron de que los estafen.
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domingo, 20 de febrero de 2011
Los egipcios se cansaron de que los estafen
Egipto está buscando un nuevo modelo económico que será diferente del sistema neoliberal que se ha promovido durante años por las instituciones financieras como el Banco Mundial, el FMI, y la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), bajo el gobierno del derrocado presidente Hosni Mubarak. Los egipcios, después de la revolución, se dieron cuenta de que han sido estafados por muchos años. Desde mediados de los años 80, el Banco Mundial, el FMI, y la USAID impusieron las políticas que limitaban el papel del gobierno en la economía, obligaban a reducir el déficit presupuestario y daban más influencia al sector privado y las empresas. Tras el éxito de la revolución iniciada el 25 de enero que culminó con la renuncia de Mubarak y la muerte de 365 manifestantes, el gobierno del primer ministro Ahmed Shafiq, ha comenzado a revertir algunas de estas políticas controversiales. El nuevo gobierno ha anunciado que todos los ciudadanos tienen derecho a las porciones mensuales de arroz, azúcar y aceite. El gabinete anterior, que estaba compuesto por empresarios y ex directivos de empresas, habían congelado las raciones y sólo las proporcionaban para aquellos que probaban su pobreza a través de un largo proceso de papeleo y burocracia.
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jueves, 17 de febrero de 2011
Islandia: La revolución silenciada
Recientemente nos han sorprendido los acontecimientos de Túnez que han desembocado en la huida del tirano Ben Alí, alumno ejemplar del FMI. Sin embargo, otra “revolución” que tiene lugar desde hace dos años ha sido convenientemente silenciada por los medios de comunicación. Ha ocurrido en Islandia, donde se hizo dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su execrable política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución. Y todo ello de forma pacífica: a golpe de cacerola, gritos y certero lanzamiento de huevos. Esta ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido hasta la crisis actual. La "prensa libre" ha dado a conocer apenas estos hechos durante dos años o ha informado frívolamente. ¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo?. Esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de los responsables de la crisis, reescritura de la constitución por los ciudadanos y un proyecto de blindaje de la libertad de información y de expresión. ¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación ? ¿Se ha comentado en las repugnantes tertulias radiofónicas de politicastros de medio pelo y mercenarios de la desinformación? ¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no. Algunos dirán que Islandia es una pequeña isla de tan sólo 300.000 habitantes, con un entramado político, económico y administrativo mucho menos complejo que el de un gran país europeo, en el que es más fácil organizarse y llevar a cabo este tipo de cambios. Sin embargo es un país que, aunque tienen gran independencia energética gracias a sus centrales geotérmicas, cuenta con muy pocos recursos naturales y tiene una economía vulnerable cuyas exportaciones dependen en un 40% de la pesca. También los hay que dirán que han vivido por encima de sus posibilidades endeudándose y especulando en el casino financiero como el que más, y es cierto. Igual que lo han hecho el resto de los países guiados por un sistema financiero liberalizado hasta el infinito por los mismos gobiernos irresponsables y suicidas que ahora se echan las manos a la cabeza . El pueblo islandés es un pueblo culto, solidario, optimista y valiente, que ha sabido dar una lección de democracia al resto del mundo. Lección que los medios de comunicación intentan hacer invisible.
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Islandia revoluciona a la prensa
Islandia, un casi olvidado país alojado en una isla solitaria, próxima al Artico, sembrada de volcanes y de glaciares, ha sido durante estos últimos meses noticia obligada en muchos diarios del mundo. Primero fue la crisis bancaria que movilizó a su población y obtuvo de su gobierno la decisión de realizar un referendo destinado a decidir si el Estado debía o no acudir a solventar el default de sus bancos con los impuestos de los ciudadanos. En dicha ocasión los gobiernos británico y holandés, luego de resarcir inconsulta y unilateralmente a los clientes locales de los bancos islandeses estaban requiriendo a Islandia el subsiguiente reembolso. El pueblo de Islandia dijo masivamente: NO. Luego la erupción del volcán Eyjafjalla que cubrió con un manto de cenizas la atmósfera del Atlántico Norte y de varios países del occidente europeo y obligó a cancelar miles de vuelos aéreos durante un período de tiempo que obligó a mantener el nombre de Islandia en los titulares de los diarios. Y últimamente una noticia poco menos que revolucionaria: Islandia se ha declarado “puerto franco” para la libertad de información, una propuesta de Wikileaks que fue aprobada por unanimidad por el parlamento islandés. ¡Viva Islandia, carajo!
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La revolución de Islandia
Ahora que el pueblo egipcio ha triunfado, o al menos lo parece, es buen momento para hablar de otra revolución mucho más desconocida: la de Islandia, ese país que el FMI de Rato ponía como ejemplo a seguir y que acabó completamente quebrado, hundido por los escombros de una banca cancerígena que convirtió la isla en un inmenso hedge fund y dejó una deuda equivalente a todo el PIB de ocho años y seis meses. La solución islandesa a esa condena pronto se apartó de la ortodoxia. La Fiscalía abrió una investigación penal contra los banqueros responsables del colapso; algunos han huido del país y están en busca y captura por la Interpol. En 2009, el gobierno tuvo que dimitir en bloque, acorralado por las protestas ciudadanas; fue el primero y casi el único en caer por la crisis (si excluimos a Túnez y Egipto). Después los islandeses forzaron un referéndum para bloquear el pago de la deuda de la banca y lo lograron: ganó el no con más del 90% de los votos. Y hace un par de meses, Islandia arrancó una ambiciosa reforma constitucional que, por primera vez en la historia del mundo, será fruto de un proceso de democracia directa, al margen de los partidos. La Asamblea Constituyente está formada por 31 ciudadanos corrientes, elegidos en las urnas entre 523 candidaturas que sólo necesitaban 30 firmas para poder presentarse. Hoy Islandia está creciendo. El año que viene, su presupuesto público estará en superávit; su situación económica es bastante mejor que la de otros países igualmente desarbolados, como Grecia o Irlanda. ¿El secreto? Algo revolucionario, aunque se suponía que era una de las reglas ensenciales del capitalismo: Islandia se negó a socializar las pérdidas y dejó que la banca irresponsable simplemente quebrase. En "dos palabras": impresionante...
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martes, 15 de febrero de 2011
Islandia, “revolución” contra malos banqueros
Con aires de revolución oyéndose desde el borde meridional de Europa, algunos analistas traen a mentas otra, de tipo muy distinto. La lejana isla nórdica, en su momento de breve esplendor, llegó a presentarse como “ejemplo al resto de mundo”. Igual que a la Argentina, que antes de quebrar, los mismos crápulas la presentaron como ejemplo ¿se acuerdan?. El parangón, en el caso de Islandia estuvo a cargo de Rodrigo Rato, entonces director gerente del FMI. Justamente, deslices retóricos como ése explican que el funcionario durase apenas cuatro años al frente del organismo multilateral. El ejemplo del banquero acabó entre los escombros sembrado por “bancas cancerígenas” que transformaron la ínsula en un inmenso fondo de cobertura –o sea, una fuente de derivados. La deuda dejada por los ídolos de tantos admiradores equivale –a fin de 2010- al producto bruto interno de ocho años y medio. Pero la salida fue afortunadamente heterodoxa: la fiscalía abrió una causa penal (2008) contra los avispados banqueros, culpables del colapso, que habían huido. En general, con el mismo destino, Gran Bretaña. Más tarde, en 2009, el gobierno debió dimitir en bloque. Todavía, es el único caso de renuncia en masa. Por ejemplo, a nadie se le ocurrió en Estado Unidos echar a Henry Paulson o Benjamin Bernanke, por malgastar dos billones de dólares en dinero de los contribuyentes para rescatar a grandes banqueros con amigos bien ubicados. La cosa no terminó allí. Hace dos meses, ante el silencio de quienes solían aplaudir en 2006/07, Islandia aprobó una ambiciosa reforma constitucional (con 90% de votos). Por primera vez en la historia occidental, de paso, las pérdidas financieras no se han socializado, como en EE.UU. o la Eurozona, sino que se dejó que los bancos quebrasen y sus responsables sean resorte de Interpol.
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lunes, 14 de febrero de 2011
China ya es la segunda economía del mundo
China le arrebató a Japón el estatus de la segunda economía más grande del mundo que ostentó durante 42 años. Japón en todo 2010 creció 3,9%, frente a un apabullante 10,3% de China. La economía nipona se ha visto golpeada por una caída en las exportaciones y de la demanda de los consumidores, mientras que China disfruta de un auge en la fabricación de productos. Ahora China va por EEUU, en 10 años, si matiene el actual ritmo de crecimiento, pasa el primer puesto. El producto interno bruto de Japón fue de US$ 5,39 billones en 2010, mientras que cifras preliminares de China indican que su PIB el año pasado fue de US$ 5,75 billones. La mayor parte del crecimiento de China fue financiado por la inversión en la fabricación y por la expansión de las industrias nacionales, además de obras de infraestructura. Estas actividades condujeron a un aumento de las exportaciones luego de que China se convirtiera en un centro de producción para las marcas multinacionales que querían beneficiarse de los bajos costos laborales, además de las carreteras en expansión y los enlaces ferroviarios. Hubo un énfasis en la infraestructura. Con una astucia increible construyeron muy por arriba de la demanda esperada y como la infraestructura estaba allí, las empresas fueron allí. Mientras que la economía de China creció, se crearon nuevos puestos de trabajo que hicieron que la gente dejara las zonas rurales y la agricultura y buscara trabajos mejor remunerados en los centros urbanos. Al mismo tiempo, la inversión en China desde el extranjero creció, ayudando a impulsar el valor de las mercaderías y los bienes a nuevos máximos. El nivel de inversión en China es impresionante, en 2009, creció un 25%, y asi, año tras año, en términos reales, la inversión ha venido creciendo a un ritmo galopante. Esto no tiene precedentes en la historia económica mundial. Por el contrario, Japón ha estado luchando para lidiar con lo que muchos analistas llaman una "década perdida". En la década de 1980 los productos japoneses -como los electrónicos y los vehículos- tenían demanda a nivel mundial, y en su momento de mayor apogeo la economía creció más del 7% anual. Pero esto a su vez alimentó un gasto desmesurado y un enorme endeudamiento, y hacia la década de 1990 se habían desarrollado burbujas en los mercados de valores y la propiedad. El valor de la tierra no era realista y el gobierno trató resolver el problema aumentando la deuda. La productividad de la economía se hundió. ¿Pero la comparación con China es justa? Mientras que China en su conjunto está creciendo, y la persona promedio es cada vez más rica, el sólo comparar el tamaño de su economía con la de Japón no pinta un cuadro exacto. El PIB per cápita en China es cerca de US$ 4.500, pero en Japón es aproximadamente US$ 40.000. La mayoría de la gente en China todavía es pobre, hay más personas viviendo en el campo que en las ciudades. El japonés promedio es mucho más rico que el chino medio. Tampoco China está exenta de problemas. Su rápido ritmo de expansión está acelerando la inflación, y los analistas advierten de una posible burbuja gestándose en el mercado inmobiliario. El gobierno, por su parte, se enfrenta a crecientes críticas internacionales por su política monetaria y es acusado de mantener el yuan infravalorado. Frente a estos problemas, los economistas esperan que el crecimiento económico de China pueda desacelerarse. China debería seguir creciendo por varios años, pero el crecimiento se reducirá un poco a 7,8%. Cuanto más grande se es, más difícil es seguir creciendo muy rápido. Pero incluso a un ritmo más lento, China alcanzaría el primer puesto en poco tiempo.
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domingo, 13 de febrero de 2011
¿Por qué no se previó la crisis?
¿Por qué los economistas académicos no previeron la crisis? Existen varias respuestas. Una es que los economistas carecían de un modelo que pudiera explicar el comportamiento que condujo a esta crisis. Otra es que los economistas estaban cegados por una ideología según la cual un mercado libre e irrestricto no haría nada mal. Finalmente, otra respuesta es que el sistema sobornó a los economistas para que guardaran silencio. No es cierto que los académicos no contaban con modelos útiles que explicaran lo sucedido. Si la idea es que la crisis fue causada por una falta de liquidez, existen muchos modelos que analizan la escasez de liquidez y sus efectos sobre las entidades financieras. Si la idea es que fue culpa de banqueros codiciosos e inversores irreflexivos mecidos por la promesa de un rescate estatal, o que la causa fue un mercado enloquecido por la exuberancia irracional, también todo eso ha sido estudiado. La economía analizó incluso las políticas económicas de regulación y desregulación, de manera que se habría podido entender por qué algunos políticos estadounidenses empujaron al sector privado a la financiación de viviendas de bajo precio mientras otros desregulaban las finanzas privadas. Pero la razón fue la ideología: la idea fija de que los mercados son eficientes, los actores son racionales y un precio alto se justifica por los fundamentos económicos. Los economistas creyeron que los precios inmobiliarios, aunque altos, no caerían de modo general. Esta creencia estaba distorsionada por la ideología. ¿Pudo deberse a la corrupción? Si, los economistas académicos asesoran a bancos o calificadoras, reciben su pago a cambios de decir lo que sus patrones quieren oir. Los economistas deben declarar cuales son sus intereses monetarios cuando hacen un determinado análisis, es decir, deben declarar quién les paga. Muchas universidades están yendo en esa dirección.
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sábado, 12 de febrero de 2011
Taleb aconseja desprenderse de los bonos del Tesoro de EEUU
El autor de la teoría del "Cisne Negro", Nassim Taleb, esbozó su estrategia de inversión desde Moscú en un momento en que los movimientos geopolíticos y una recuperación con escaso equilibrio marcan la pauta de la economía mundial. En este sentido, Taleb, uno de los principales consejeros del hedge fund Universa Investments, dejó en claro desde la capital rusa que "primero hay que alejarse de los bonos del Tesoro de EE.UU." y "seguidamente del dólar". Desde su punto de vista, es preferible tener euros en cartera en lugar de la moneda estadounidense. "Al fin y al cabo, el euro siempre tendrá el respaldo alemán mientras que el dólar carece de ningún soporte", explicó. De esta manera, una vez más, Taleb se subió al inmenso buque de expertos que critica con dureza las políticas de la Reserva Federal. "Todo ser humano debería apostar por la caída de los bonos del Tesoro, simplemente por las políticas llevadas a cabo por la FED", señaló en una conferencia. Asimismo, aseguró que, "pese al escepticismo que mantengo sobre Europa, prefiero invertir en el Viejo Continente que en EE.UU.". Así, el libanés reconoció que existe una situación muy difícil también del otro lado del Atlántico y aseguró que "cada día que pasa empeora". Por supuesto, sus polémicas declaraciones vinieron acompañadas de recomendaciones drásticas. "Lo mejor que le podría pasar a EE.UU. en estos momentos es una rebelión en su mercado de bonos", donde, según Taleb, los inversores deberían abandonar en masa sus inversiones.
¿Quién fue Vilfredo Pareto?
Pareto fue un destacado sociólogo y economista italiano. De origen aristocrático (era hijo de un marqués exiliado en Francia por pertenecer al movimiento revolucionario de Mazzini), Pareto estudió ingeniería en Turín y desarrolló una carrera brillante como ejecutivo de empresas ferroviarias e industriales. Su vocación por las ciencias sociales fue tardía: hacia 1890 pasó de los aspectos prácticos a los teóricos de la economía, siguiendo la línea de Léon Walras. Rechazado en el mundo académico italiano, encontró acogida en Suiza, sucediendo a su maestro Walras en la cátedra de Economía de Lausana (1893). En los trece años que la desempeñó, hizo aportaciones muy relevantes a la teoría del equilibrio, desarrollando los principios de una teoría utilitarista del bienestar (óptimo de Pareto); a partir de análisis estadísticos llegó a la conclusión de que la distribución de la renta en cualquier sociedad responde siempre a un mismo modelo, por lo que serían inútiles las políticas encaminadas a redistribuir la riqueza (ley de Pareto). En 1906 se retiró de la enseñanza para dedicarse sólo a la investigación, al tiempo que desplazaba su atención de la economía a la sociología. Partiendo de un análisis psicologista de los motivos de la conducta humana (entre los cuales incluyó ampliamente móviles irracionales que no había tenido en cuenta en su pensamiento económico), desarrolló una teoría de las elites que planteaba el carácter inevitable de la desigualdad social y de la dominación de las masas por una minoría selecta. Su esfuerzo por analizar la vida política prescindiendo de las apariencias ideológicas para profundizar en la realidad descarnada de la lucha por el poder hacen que se le considere, junto con Gaetano Mosca, uno de los iniciadores de la «ciencia política»; en todo caso, su análisis refleja una nostalgia por el mundo liberal europeo en crisis frente a los avances de la política de masas. En sus escritos criticó y ridiculizó las ideas de progreso, democracia, igualdad y socialismo, poniendo en primer plano el componente de fuerza y de engaño que existe en la historia de la humanidad. Esta visión le convirtió en un predecesor ideológico del fascismo; efectivamente, Mussolini intentó apropiarse del prestigio intelectual de Pareto, el cual nunca criticó al fascismo italiano e incluso aceptó que le nombraran senador poco antes de morir. Entre las principales obras de Pareto cabe señalar el Curso de Economía Política (1896-97), el Manual de Economía Política (1906) y el Tratado de sociología general (1916).
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