sábado, 7 de junio de 2008

Que debemos hacer

El origen etimológico del término crisis proviene del griego krisis y significa "elegir" o "decidir". Es decir, se refiere al proceso habitual en el que surge una encrucijada y nos vemos obligados a decidir y, en consecuencia, a modificar los comportamientos que veníamos manteniendo.Pero ocurre que la tendencia del ser humano es hacia la inmovilidad y, mientras las cosas funcionan más o menos bien, se conforma y prefiere acomodarse a la rutina. Por eso, muchas veces ignoramos los síntomas de crisis cuando éstos comienzan a aparecer; preferimos no reconocerlos para no alterar la tranquilidad de la que disfrutamos, e incluso nos molestamos con los agoreros que nos la quieren arrebatar anunciando los problemas.En cualquier caso, en la situación actual de la economía está claro que hay que elegir y decidir en qué dirección hay que correr. Lo primero que hay que decidir es en qué dirección se puede avanzar y por dónde no hay que hacerlo. Está claro que la dirección hacia donde hay que correr es hacia la industria. Pero hacia unas industrias que estén relacionadas con las del conocimiento. Durante el siglo XX las mayores fábricas de automóviles del mundo se ubicaban en Detroit. Hoy se han deslocalizado y desparramado por todo el mundo, pero los centros de investigación, de marketing y, sobre todo, la toma de decisiones se continúa haciendo en Detroit. Igual pasa con la producción de frutas y hortalizas en Europa. Si bien a principios del siglo pasado gran parte de la producción se llevaba a cabo en Holanda, hoy ésta ha disminuido y a Europa llegan productos de todo el mundo, pero Holanda sigue manteniendo gran parte del control sobre la distribución a los mercados consumidores y sobre los inputs necesarios para la producción y su comercialización. No se deben confundir los procesos industriales con la producción de conocimientos industriales.

El fuerte de la Argentina son los alimentos, pero no hay que confundir producir alimentos en basta escala a producir conocimiento sobre alimentación. Esta es la dirección en que debe ir la “política agraria” por la que tanto claman los ruralistas.

Hoy, la demanda de alimentación presenta tres frentes distintos pero altamente relacionados con la investigación, la innovación y el desarrollo.El primero proviene de la intima relación entre alimentación y salud, que hace que cada vez sea mayor la demanda alimentos nutraceúticos o funcionales, dietéticos, enriquecidos o bajos en calorías. Situación que, sin duda, irá a más y que permitirá la incorporación de valor añadido a los productos agrarios. Un segundo campo de oportunidades que se abre en esta industria es el relacionado con la manera de preparar los alimentos, que está muy influida por la forma de vida de los consumidores. Los precocinados, deshidratados, envasados al vacío demandan importantes desarrollos tecnológicos. Ahí es donde debemos apuntar. No a sembrar soja para alimentar cerdos chinos. Por Dios, seamos mas ambiciosos.Finalmente, otro de los aspectos que ofrecen oportunidades creativas viene determinado por las nuevas formas de distribución, que exigen, indivisiblemente unidos a los alimentos, servicios de logística, códigos de barras, etiquetado nutricional, merchandasing, etc.; lo que también requiere tecnología, al tiempo que incrementa el valor de los productos.Si a lo anterior le añadimos la fabricación de los inputs necesarios para todo el proceso de producción y distribución, resulta que investigar en ciencia y tecnología de los alimentos es hacerlo en los campos más avanzados del conocimiento actual. Conclusión: lo que propongo es lo siguiente: invertir todo el dinero que generan las retenciones, sean estas las que sean (10, 35, 50 %), todo, absolutamente todo en investigaciones científicas sobre tecnología alimentaria.

1 comentario:

Javier dijo...

Estoy totalmente de acuerdo! Creo que el único problema sería convencer a los ruralistas sobre el destino de los fondos.
Excelente entrada!!

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