domingo, 17 de junio de 2012

Verde desteñido

Cada vez se opera menos con la moneda norteamericana y por lo tanto cada vez habrá menos demanda de ella. La segunda y la tercera economías mundiales, China y Japón, desde este mes empezaron a hacer transacciones bancarias en yuanes y en yenes, evitando el dólar. El intercambio en bienes y servicios de los dos gigantes asiáticos es monumental. Son, respectivamente, el primero y el cuarto exportador mundiales (en el medio se ubican Alemania y Estados Unidos). Del total que importa Japón, más del 20 por ciento proviene de China, lo cual es el doble de lo que importa de Estados Unidos. A su vez, de lo que China le vende al mundo, 8 por ciento se dirige a Japón. El 60 por ciento del intercambio sinojaponés se pactaba en dólares hasta ahora, por lo tanto pagaba esa intermediación y beneficiaba indirectamente a Estados Unidos. Eso ya no ocurrirá así. Si, como probablemente sucederá, la decisión de Beijing y Tokio se extiende al Asia Pacífico, región con la cual la imbricación comercial de ambos se eleva casi a la mitad del total, en promedio, y en la cual hay varios acuerdos subregionales, como el de Asean, la demanda de dólares será todavía inferior. En el terreno comercial mundial, aunque de menor importancia relativa, otros socios siguen ese camino desdolarizador. Argentina tiene con Brasil un sistema de pagos en moneda local, lo que permite voluntariamente a importadores y exportadores de ambas naciones pagar y cobrar respectivamente las transacciones comerciales en pesos y reales, a través de las bancas centrales que se encargan de la intermediación cambiaria. Es un sistema incipiente, que en 2011 no llegó al 2 por ciento del total de un comercio bilateral que ronda los 40.000 millones de dólares anuales y en el cual tienen un fuerte peso relativo grupos transnacionales que se mueven en la economía global dolarizada. Pero un tercio del comercio argentino-brasileño corresponde a operaciones menores a los 10 mil dólares, de modo que el sistema podría ir siendo cada vez más aceptado por las empresas ajenas a la cúpula de exportadores transnacionales. Además de otros ejemplos de comercio en monedas locales, también en algunos mercados internacionales o en reservas monetarias el billete verde va destiñendo. Por ejemplo, en el petróleo. Varios países petroleros están buscando cotizar su producción en otra moneda distinta del dólar, algunos con mejor suerte que otros. Saddam Hussein quiso intentarlo y poco después Irak fue invadido y él, derrocado por tropas estadounidenses. Varios países árabes, aun la propia OPEP institucionalmente, estaban mutando o evaluando mutar hacia la cotización en euros, aunque la crisis europea y de la propia moneda común congeló esa posibilidad. Lo mismo sucede con las reservas monetarias. No obstante, un factor que justamente la crisis del euro revela y que hace más lento el declive del dólar es la ausencia de una moneda global alternativa. El G-20 comenzó a discutir el asunto en sus primeras reuniones tras el estallido de la crisis en 2008, pero, como pasó con otras iniciativas prometidas, aquella idea se fue desdibujando por la presión norteamericana, la debilidad europea y la ausencia –todavía– de pretensiones mayores por parte del yuan, al menos en lo inmediato. En materia de inversiones extranjeras directas, las de flujo Sur-Sur ya son casi 50 por ciento del total, con China por sí sola representando 30 por ciento, de acuerdo con la Cepal. El dólar ya no es necesariamente el patrón de esas radicaciones. Finalmente, el mercado de créditos mundiales también irá disminuyendo la necesidad de dólares. Asia Pacífico ya es la segunda región con más comercio con América latina, luego de Estados Unidos. Ese comercio asiático-latinoamericano es el más dinámico: en 2006-2010 creció sólo con China al 33 por ciento anual, contra el 1 por ciento del que aumentó el concretado con EE.UU. Todos estos datos auguran una menor demanda mundial de dólares como moneda de reserva y referencia de todo tipo de intercambios. Desde luego no será algo inmediato ni esa divisa va a desaparecer. Cuando Gran Bretaña perdió su hegemonía mundial, la libra dejó también su reinado, pero hoy mantiene un poderío importante, aunque limitado a un territorio específico. Salir del dólar no es fácil. Hasta el gobierno de Rafael Correa en Ecuador, que heredó una dolarización, quiere pero sabe que no puede aún dejar ese esquema.

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