miércoles, 29 de septiembre de 2010

La mesa esta servida

Apenas pasa un día o dos sin que la presidenta, el ministro de Economía, la titular del Banco Central o algún otro funcionario de peso destaquen el fuerte crecimiento de la economía previsto para este año: 9 %. En lo que va del año el cupón atado al crecimiento del PBI subió nada menos que 120%. Este activo se convirtió en la zanahoria para atraer al mercado de capitales local a inversores de todo el mundo. Para los inversores escuchar hablar de tasas de crecimiento del 9% es música para sus oídos. Y aunque resulte paradójico, el pago con reservas del BCRA de los vencimientos de deuda para este año y el próximo también les arranca una disimulada sonrisa. Si al fuerte crecimiento de la economía y a la garantía de pago de la deuda para los próximos 18 meses (con reservas del BCRA) se le suma un de cambio con un dólar casi fijo en torno a los cuatro pesos, el escenario que se termina de configurar es claro: “la mesa está servida” habrá pensado más de un inversor. Sobre todo porque activos de la Argentina, como los bonos, continúan con un rendimiento en torno al 11% anual en dólares, ganancia poco frecuente a nivel mundial donde abunda la liquidez y las tasas pisan sus mínimos históricos. Reflejo de ello, se pasó de una fuga de capitales de u$s 7.500 millones el año pasado, a un ingreso neto de u$s 330 millones durante la primera mitad de 2010.

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sábado, 18 de septiembre de 2010

El mito agrario

En su discurso de inauguración de la 124ª Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria, el máximo exponente y promotor de una Argentina dependiente señaló: “Hace 100 años, el debate era si debíamos ser como los grandes países de Europa o como Estados Unidos. En el centenario éramos el granero del mundo y una de las naciones más prósperas del planeta. En el bicentenario somos un país vapuleado por la corrupción, la imprevisión, la exclusión y la pobreza”. Esta vez le tocó a Hugo Biolcati, titular de la Sociedad Rural Argentina, formular el mito agrario, mito que desde el inicio del conflicto por la Resolución 125 ha vuelto a pisar fuerte en la política nacional. Lo hizo porque no hay mejor argumento para ganarse los afectos de las clases medias que reivindicar al modelo agroexportador de la supuesta época dorada argentina (1880-1930). Sin embargo, el mito agrario estaría incompleto y adolecería de una grave falla sin el ocultamiento de las leyes que originaron el verdadero desarrollo socioeconómico de las naciones industrializadas. Experiencias a las que Biolcati hace obligada mención. Estados Unidos, los “grandes países europeos”, Canadá y Australia son los casos predilectos para los representantes de la Argentina “granero del mundo”. Según dictamina la fisiocracia argentina, mientras que en nuestro país la industrialización de la década del ’30 y luego el populismo industrialista de Perón interrumpieron el tránsito al desarrollo, esos países entonces potencias agroexportadoras (como se cree era la Argentina) no se desviaron de tales modelos de acumulación sino que los profundizaron. Nada más alejado de la realidad. Un brevísimo repaso a la historia colonial de Australia ayuda a conocer sus grandes encrucijadas y definiciones; tiempos que recuerdan las fricciones que hoy vive Argentina. La actual Australia moderna e industrial fue no hace mucho tiempo un conjunto de colonias desorganizadas y desvinculadas entre sí. Estaban regidas por un sistema económico arcaico y funcional a las apetencias laneras de la pujante industria textil de la época. Gran Bretaña, potencia industrial, política y militar del siglo XIX, fue dueña de las capacidades productivas y económicas australianas durante la mitad de ese siglo. Capacidades que utilizaba para sus propios fines al insertar a sus colonias de Australasia en la división internacional del trabajo a gusto de las chimeneas de Manchester y Yorkshire. Desde su colonización, en 1788, hasta la primera mitad del siglo XIX, las colonias australianas pasaron de ser un simple depósito de convictos y del excedente poblacional británico e irlandés, a ser el principal proveedor de lana del imperio. Para las clases sociales dominantes, ligadas a la exportación de lana –la aristocracia de los squatters o squattocracy–, esa Australia colonial lanera significaba lo que para las oligarquías agropecuarias argentinas el modelo agroexportador entre 1880 y 1930. Pero si en nuestro país ese modelo de acumulación –interrumpido transitoriamente entre 1930 y 1955– logró reimponerse por la fuerza con la Revolución Libertadora, proseguir casi invariablemente hasta diciembre de 2001 y retroceder desde 2003 a la fecha, no ocurriría lo mismo con la “época dorada” de la oligarquía pastoril australiana. En la isla-continente una serie de factores internos y externos convergieron en determinado momento de su experiencia colonial para torcer definitivamente el rumbo a favor de un desarrollo diversificado y moderno, democrático e industrial. El principio del fin del atrasado sistema pastoril en Australia, esto es, el sistema dominante de uso y tenencia de la tierra que había regido durante la primera mitad del siglo XIX (específicamente entre 1820 y 1850) comenzó su ocaso a partir de 1840, extendiéndose al menos durante tres décadas gracias a la lenta pero progresiva ejecución de profundas transformaciones políticas, sociales y económicas. Dichas transformaciones implicaron, en una primera etapa, la democratización e industrialización de la agricultura, en una segunda una profunda reforma agraria, y en una tercera la federación de las seis colonias británicas ubicadas en el actual territorio australiano. Según el sociólogo e historiador australiano Philip McMichael, autor del libro Colonos y Cuestión Agraria en Australia (1984), el sistema pastoril fue un tipo de acumulación precapitalista que al monopolizar las tierras (viejas y nuevas) frenaba la aparición de un capitalismo dinámico y progresivo, y con él, el desarrollo del mercado interno y mejores condiciones materiales para la mayoría de la población. La continuidad de semejante statu quo resultaría imposible de sostener ante el avance de las clases y sectores emergentes impulsados por la crisis internacional de la lana, el auge minero y el fin de la mano de obra rural semiesclava (convictos) en la colonia. Aglutinados en un gran frente de clases las burguesías comerciales de las grandes ciudades, miles de nuevos inmigrantes, obreros, profesionales y técnicos, mineros y pequeños agricultores rompieron el dique de contención oligárquico. La aristocracia lanera que pregonaba convertir al campo australiano en el “ovejero del mundo” fue avasallada por un orden social superior, incluyente, moderno y democrático. En el presente argentino en tránsito hacia la modernización económica esconder la verdadera historia de países como Australia, Canadá, Estados Unidos es para la Sociedad Rural Argentina una cuestión de supervivencia. Porque cada una a su modo (aunque todas en el período comprendido entre mediados y fines del siglo XIX) supieron barrer sus propias estructuras socioeconómicas y políticas ligadas a un modelo de acumulación atrasado que obstaculizaba el desarrollo económico. Prueba de ello es que las naciones emblema para la oligarquía argentina carezcan hoy de sociedades rurales. Por eso mismo, en su discurso Biolcati sólo mencionó en calidad de invitados a los presidentes de las sociedades rurales o federaciones de agricultura de Chile, Brasil, estado de Río Grande del Sur (Brasil), Paraguay y Uruguay. ¿Y las sociedades rurales de Estados Unidos, Canadá y Australia?. No pudieron ser invitadas: no existen.

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lunes, 13 de septiembre de 2010

En EEUU las deudas de préstamos a estudiantes ya superan a las deudas con tarjetas de crédito

Sin duda algo no va bien en los EEUU, cuando las deudas por préstamos concedidos a estudiantes para que puedan cursar sus estudios superan al volumen total de deudas que soportan los ciudadanos y consumidores de dicho país en concepto de tarjetas de crédito. Según FastWeb.com y Find Aid, el saldo vivo de préstamos a estudiantes supera ya los 850 mil millones de dólares, contra los 828 mil millones de dólares de deuda emitida por tarjetas de crédito. Es cierto que la deuda con tarjeta de credito es una deuda revolving a corto plazo, y la deuda para estudios suele ser un préstamo a varios años, pero no deja de ser paradójico que se esté concediendo semejante volumen de créditos a estudiantes, créditos que sólo podrán ser pagados bajo dos premisas básicas. La primera que el estudiante acaba con éxito sus estudios y quizás la más importante que podrá encontrar un trabajo decente para poder devolver el préstamo. Y la tendencia sigue al alza a una velocidad de 2.853 dólares por... segundo. El sistema cada vez es más perverso. Antes la gente quedaba encadenada a la deuda cuando se compraba una casa y se casaba con la hipoteca. Ahora cada vez más, en los EEUU, incluso antes de empezar a estudiar quedan ya atados a una deuda que según como van las cosas, muy poco podrán pagar. Los yanquis siguen de joda haciendo sonar los pitos y las matracas...

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domingo, 12 de septiembre de 2010

La Argentina que viene

En 1995 las exportaciones totales llegaban a 21.000 millones de dólares y en el 2008 a 70.000 millones de dólares; en un poco más de una década las exportaciones aumentaron un 233%. Tres grandes acontecimientos explican este gran salto exportador. El primero de ellos es la revolución tecnológica y la expansión de la frontera agropecuaria que tiene lugar a partir de la segunda mitad de la década del noventa. Detrás de ello esta la aparición de la soja transgénica, la minería y la industria automotriz asociada con la expansión económica brasilera. Pasamos de una producción de 45 millones de toneladas en 1995 a una producción de 95 millones en el 2010. El área sembrada aumentó un 41% y los rendimientos por hectárea aumentaron un 70% en maíz y un 43% en soja. La aparición de China y la India como actores importantes en el comercio internacional, muy especialmente como demandantes de productos agrícolas, permitió un aumento muy significativo en sus precios internacionales. El fuerte aumento del precio del petróleo permitió la entrada al mercado de alternativas renovables de energía a partir del maíz y la soja. En la actualidad la demanda de biocombustibles representa la tercera parte de la producción mundial de cereales y oleaginosas. En el período 2003/10 el superávit comercial acumulado fue de 105.000 millones de dólares. Los cincuenta años anteriores se caracterizaron por sostenidos procesos de desequilibrio externo. En efecto, en esos años a medida que el país crecía, las importaciones aumentaban más rápidamente que las exportaciones. Para frenar las importaciones el gobierno combinaba devaluación y contención salarial con una política fiscal y monetaria muy restrictiva. La devaluación no era suficiente por si sola para corregir el déficit externo. Se requería, además, deprimir la actividad productiva para contraer las importaciones. Este conjunto de medidas creaba las condiciones para lograr el equilibrio externo al mismo tiempo que daba lugar a importantes desequilibrios internos: caída del salario real, aumento del desempleo y desequilibrio fiscal. Por ello, una vez que la contracción de la actividad económica permitía alcanzar el equilibrio externo vía disminución de las importaciones, la sociedad comenzaba a reclamar políticas orientadas a corregir los desequilibrios internos. Ello llevaba al gobierno a aumentar los salarios y el gasto público. Pero a medida que se expandía la actividad productiva volvían a reaparecer las condiciones que conducían a un nuevo desequilibrio externo y con ello las exigencias de frenar la economía mediante una nueva devaluación, contención salarial y política fiscal-monetaria restrictiva con la finalidad de disminuir las importaciones. Pero ahora, el superávit comercial y las elevadas reservas internacionales dan a la Argentina una solvencia externa que contrasta con los desequilibrios externos de los cincuenta años previos. Hay un conjunto de factores positivos que colocan a la Argentina en una posición que pocas veces tuvo. En el 2010 el superávit comercial será de 13.500 millones de dólares y en el 2011, si Dios nuevamente es argentino, seguirá siendo positivo. El nivel de reservas internacionales ya superó los 50.000 millones de dólares. La deuda pública neta es del 30% del PBI. La mitad esta en pesos y la otra mitad en dólares, euros y yenes. Este monto de deuda es claramente inferior a la de los países europeos: Alemania (73%), Francia (78%), Italia (116%), España (53%), Portugal (77%), Grecia (115%). El canje de la deuda para salir del default permitió un prolongado período de gracia. En efecto, el primer pago de vencimientos de capital será en el 2024 para el bono descuento y en el 2029 para el bono par. En el 2010 los intereses de la deuda representan el 1,1% del PBI (medidos en dólares suman 3.600 millones) y los vencimientos de capital el 1,9% del PBI (6.400 millones de dólares). En el 2001 sólo los pagos de intereses representaban el 3,8% del PBI (u$s10.000 millones) y actualmente en Brasil llegan al 6% del PBI. En otras palabras, la Argentina se va para arriba como un “dope” de buzo. Solo hace falta que Dios siga jugando con la camiseta azul y blanca.

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