martes, 31 de marzo de 2009
¿Qué son los swap?
Argentina selló un convenio con China por el cual se aprobó un acuerdo de intercambio recíproco cambiario por 70.000 millones de yuanes. Es decir, unos u$s 10.200 millones para evitar que, cualquiera sea el escenario económico mundial, no se corte el comercio entre ambos países. Se trata de una operación de canje de monedas, técnicamente conocida como "swap", por la que cada parte accede a la divisa de la otra entregando a cambio una suma equivalente en su propia moneda. Ninguna parte paga un costo (tasa de interés) mientras la liquidez (montos en moneda del otro país) no es utilizada. De esta forma Argentina garantiza su acceso a una moneda internacional (en este caso el yuan y no el dólar) en caso de eventual iliquidez. Después de 200 años de hacer estupideces económicas, Argentina parece haber adquirido la astucia de lobo y la decisión de un tiburón a la hora de hacer negocios. En medio de la crisis financiera internacional y cuando el país se encuentra fuera del mercado voluntario de deuda por su incumplimiento con los holdouts y el Club de París, el país no tendrá que pagar en dólares las importaciones chinas. Y los engreídos anglosajones tienen que comerse esta doblada. China sólo había firmado este tipo de acuerdos con países asiáticos (Malasia, Corea del Sur, Hong Kong, Belarús e Indonesia). Ahora pone el pie en América latina y la Argentina es el primer país sudamericano en formar parte de esta nómina. (Brasil tiene acuerdos similares, pero con… la Reserva Federal de los EE.UU). Esto es mucho más que un pacto financiero en medio de aguas turbulentas. Presionado por la suba del dólar, Kirchner (Nestor, por supuesto) lleva tranquilidad al mercado interno. Jintao está embarcado en una disputa estratégica y geopolítica. En momentos en que los países desarrollados quieren reforzar el rol del dólar e insertar al DEG (derechos especiales de giro) –la moneda del FMI– como unidad de cuenta a nivel mundial, Pekin juega su carta para la pelea que tendrá un round clave en la Cumbre del Grupo de los 20 que se inicia esta semana en Londres. El objetivo es, nada menos, desplazar al dólar, aprovechando la actual debilidad de la economía estadounidense. Pergaminos no le faltan: el yuan es una de las divisas con mayor potencial de desarrollo y el dragón chino es la economía emergente de mayor dinamismo en los últimas tres décadas. lo que le ha permitido ganar una participación creciente en la economía mundial. Importar bienes de China será más sencillo en el futuro utilizando directamente la moneda de este país. Aunque, claro, Kirchner tiene bloqueadas buena parte de las importaciones de ese país para cuidar el erosionado superávit comercial. Pero eso a los chinos no los inquieta. Su mira está puesta en el largo. Para un país con 5.000 años de historia tres años de crisis mundial es un periodo insignificante. El Gobierno argentino acordó con China, pero –aunque no lo admitan– el objetivo más preciado es sellar un swap cambiario similar con la Fed de los Estados Unidos. Ello implicaría la llegada inmediata de miles de millones de dólares directamente a las reservas del BCRA. Sin necesidad de pasar por el yuan o ninguna otra moneda previamente. Y, en silencio y extrema reserva, se está negociando. Y como dice Pio Baroja en una de sus novelas: Hijo mío, irás a la guerra, pero no estarás con estos ni con aquellos, ¡al negocio, hijo, al negocio!.
sábado, 28 de marzo de 2009
La dictadura neoliberal
Los neoliberales pregonan que la economía debe dominar a la política y esto significa restringir la democracia. Pero esto no lo dicen asi directamente, lo que dicen es que la "democracia" sólo funciona con reglas de juego estables si la política se subordina al mercado. El marco de la política económica debe ser independiente de la inspiración doctrinal de los gobiernos, es decir, de las preferencias colectivas expresadas por los electores. Por lo tanto el mercado no es compatible con la democracia. Para la teoría de los "mercados perfectos" toda intervención del Estado reduce la eficacia de la economía. La función de gobernar interfiere por naturaleza con los mecanismos del mercado. Por ese motivo, el discurso de los defensores del mercado es antiestatal, afirmando que el gobierno es un mal necesario y, por lo tanto, hay que limitar su imperio. A partir de esa base estructural expresan diferentes latiguillos, como la excesiva cantidad de empleados públicos, la existencia de elevados impuestos, la permanencia de un generoso sistema de protección social o el abuso de las regulaciones estatales. Cuanto menos gobierne el gobierno, mejor le irá al mercado. La principal consecuencia de esa concepción radica en que ésta se traduce en una negación global de la política en general y de la democracia en particular. No es la política, ni el derecho ni el consenso democrático los que deben gobernar la sociedad, sino el mercado lisa y llanamente. Los bolcheviques tomaron el poder gritando: todo el poder a los Soviets. Estos extremistas, estos fundamentalista, estos infames que llevaron al mundo al desastre lo tomaron gritando: todo el poder al mercado.
jueves, 26 de marzo de 2009
El Este Europeo en la lona
Los nuevos socios de la UE, antiguos satélites de la extinta URSS, que lograron la adhesión comunitaria en 2004 y 2007 fruto de decisiones adoptadas a comienzos de los años 90, están atravesando dificultades políticas y económicas de enorme magnitud. Ayer, la Comisión Europea anunció la concesión de un crédito de 5.000 millones a Rumania, los cuales, junto con otros 13.000 procedentes del FMI, cuyas reservas han sido reforzadas también por la Unión la semana pasada mediante una decisión de su Consejo Europeo, más 1.000 del Banco Mundial y otros tantos del Berd, eran buscados por las autoridades de Bucarest para restaurar la liquidez del país, a punto de entrar en bancarrota. Que un socio de la UE suspenda pagos no forma parte del imaginario del club. Por eso, a Bucarest le han llenado el bolsillo, aunque con condiciones. Antes que Rumania fueron Hungría y Letonia. El primero obtuvo 6.500 millones del fondo de la Unión para apoyos a las balanzas de pagos de países que no son miembros del euro y el segundo 3.100. Sarkozy le calló la boca al primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, con ese préstamo en una reciente cumbre. Cuando uno está bajo perfusión financiera externa no puede levantar la voz igual que los que no lo están. Pero Gyurcsany no será nuevamente interlocutor de Sarkozy en una cumbre europea próxima. Dimitió hace tres días, incapaz de corregir la desastrosa situación económica de su país. Lo mismo que el actual presidente de la UE, el primer ministro checo, Mirek Topolanek, víctima el martes de una moción de censura en su Parlamento, que ha mandado a la coalición gobernante a la oposición. Ayer, ante el Parlamento Europeo, Topolanek intentaba calmar a las instituciones europeas, asegurando que los quehaceres de la presidencia comunitaria, que hasta el 30 de junio conciernen a Praga, no se verán afectados por la situación interna checa. No le creyeron. La crisis del Este no era inimaginable, pero parecía imposible en una economía dopada por crecimientos prodigiosos de burbujas cuya existencia los responsables del sistema negaban. La mayor parte de los nuevos socios de la UE fundamentaron su crecimiento económico en una mano de obra cualificada y barata, que producía bienes de consumo, como automóviles, para consumidores europeos occidentales que ahora no compran porque están asustados o en paro. Pero, además, se trata de economías pequeñas en volumen. El dinero que necesitan equivale casi a sus reservas de divisas. En casos, las rebasan. Y los bancos de lo que antes se denominaba la Europa occidental, es decir, la Europa rica, tienen asumidos grandes riesgos en el Este. La banca austriaca, por ejemplo, está expuesta a la economía de los nuevos socios, y de otros países de la zona, a nivel de un 70% del Producto Interior Bruto (PIB) austriaco. El riesgo bancario occidental equivale al 49% del PIB de Polonia, el 55% del de Rumania, el 70% de Eslovenia, el 85% de la República Checa o el 88% de Hungría. En Letonia, Croacia y Estonia, ese riesgo bancario rebasa ampliamente el PIB de esos países. Estados Unidos, las inyecciones de la Fed en el sistema financiero interior han servido, entre otras cosas, para honrar compromisos asumidos con grandes bancos europeos. Otro tanto, sin duda, va a pasar con el dinero que está yendo a parar a Rumania, Hungría o Letonia, y con los que negociarán después con el Ecofin y con la Comisión. Polonia está con el agua al cuello, como los demás bálticos. Serbia, se supo ayer, negocia 3.000 millones. Europa presta para que se le devuelva lo que se le debe, y si no es así, no habrá más. Volver a encadenar una secuencia virtuosa de generación de riqueza y crecimiento económico como la que se ha vivido estos últimos quince años es difícil, pero más sobrevivir a flote en medio de una crisis como la actual. Los socios del euro, que han sacrificado crecimiento estos últimos años (España, por ejemplo), porque otras economías menos alegres, como la alemana o la francesa, no querían ir tan rápido, están relativamente protegidos ahora por una moneda sólida y, sobre todo, por un entorno económico más o menos homogéneo. Pero las divisas flotantes de Rumania, la República Checa, Bulgaria, Polonia o Hungría han conocido una depreciación muy importante. De poco les está sirviendo su mejora relativa de competitividad, porque nadie les compra. Letonia, Estonia y Lituania, cuyas divisas están en cambio fijo con el euro, lo tienen aún peor: sufren una parte del rigor de la Unión Monetaria, sin lucrarse de sus beneficios.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Hyman Minsky, el economista del momento
En 1974 el economista estadounidense Hyman Minsky advirtió que los ciclos económicos podían significar una bomba de tiempo. Seguidor de Keynes, y enemigo de las desregulaciones que por esos años comenzaba a promover Milton Friedman, Minsky advirtió que la economía podía ser arrastrada al abismo si los gobiernos no construían sólidas defensas para la estabilidad financiera.
Minsky señaló que en tiempos de prosperidad se desarrolla una euforia especulativa que hace aumentar el volumen de crédito hasta que los beneficios producidos no pueden pagarlo. Y este momento del impago es el que desata la crisis. El resultado es una contracción del préstamo, incluso para aquellas empresas o personas que sí pueden pagarlo, momento en que la economía entra en colapso. Hace 35 años, Minsky señaló lo siguiente: “Una característica fundamental de nuestra economía es que el sistema financiero oscila entre la robustez y la fragilidad, y esa oscilación es parte integrante del proceso que genera los ciclos económicos.”
Ridiculizado por Friedman y Hayek, quienes a la postre ganaron el premio Nobel y tomaron las riendas del mundo, este keynesiano radical argumentaba que dichas oscilaciones con sus auges y caídas eran inevitables en una economía de mercado, a menos que los gobiernos intervinieran fuertemente para evitar el descontrol excesivo. Por ello se opuso tenazmente a las desregulaciones que marcaron la tónica de los años 80. Pero nadie quiso escuchar sus advertencias.
Minsky murió en 1996, un año antes que comenzara a cumplirse su pronóstico con la crisis asiática, hoy considerada un breve prolegómeno de la crisis actual. Uno de sus principales aportes teóricos fue su Hipótesis de la Inestabilidad Inherente, fundamentada en la fragilidad de los mercados financieros. Según él, los períodos largos de estabilidad económica llevan a los inversionistas a asumir riesgos en forma creciente y a los bancos y empresas a apalancarse en forma excesiva. Por ello desarrolló su idea de tres tipos de empresas:
* La empresa cubierta: aquella cuyo flujo de caja permite pagar las deudas contraidas y enfrentar el costo de la deuda y gradualmente amortizar el capital de la misma.
* La empresa especulativa: aquella cuyo flujo de caja permite pagar los intereses de la deuda, pero no amortizar el capital. Este tipo de empresas requieren refinanciamiento.
* La empresa “Ponzi”: aquella cuyo flujo de caja no permite ni siquiera pagar los intereses de la deuda. Este tipo de empresas requiere aún más financiamiento.
El predominio de las primeras implica un sistema financiero robusto; el de las últimas un sistema financiero frágil. Cuando la tasa de interés es inferior a la tasa de beneficio las empresas experimentan la tendencia de cambiar del tipo cubierto al tipo Ponzi. Todo sistema financiero robusto, según Minsky, experimenta una tendencia natural a convertirse en un sistema financiero frágil, debido a los incentivos que supone el endeudamiento cuando la tasa de interés es baja: mayor rentabilidad, posibilidad de inversión y revalorización de activos. La fase de euforia suele ir acompañada de sobrevaloración, apalancamiento y operaciones de compraventa rápidas.
En un contexto inicial de crisis, las empresas cubiertas pueden enfrentar sus pagos, pero las empresas especulativas y Ponzi sufren un colapso por la contracción del crédito (credit crunch) que comienza a desestabilizar el sistema. Los valores entran en un ciclo de gran volatilidad y muchas empresas se ven obligadas a vender sus activos más productivos para encontrar liquidez. Frente al desarrollo de los sofisticados instrumentos financieros para crear liquidez, Minsky señaló que constituían un gran riesgo para la estabilidad global por la dificultad de su control. ¿Le resulta conocido todo ésto?
Fuente
Minsky señaló que en tiempos de prosperidad se desarrolla una euforia especulativa que hace aumentar el volumen de crédito hasta que los beneficios producidos no pueden pagarlo. Y este momento del impago es el que desata la crisis. El resultado es una contracción del préstamo, incluso para aquellas empresas o personas que sí pueden pagarlo, momento en que la economía entra en colapso. Hace 35 años, Minsky señaló lo siguiente: “Una característica fundamental de nuestra economía es que el sistema financiero oscila entre la robustez y la fragilidad, y esa oscilación es parte integrante del proceso que genera los ciclos económicos.”
Ridiculizado por Friedman y Hayek, quienes a la postre ganaron el premio Nobel y tomaron las riendas del mundo, este keynesiano radical argumentaba que dichas oscilaciones con sus auges y caídas eran inevitables en una economía de mercado, a menos que los gobiernos intervinieran fuertemente para evitar el descontrol excesivo. Por ello se opuso tenazmente a las desregulaciones que marcaron la tónica de los años 80. Pero nadie quiso escuchar sus advertencias.
Minsky murió en 1996, un año antes que comenzara a cumplirse su pronóstico con la crisis asiática, hoy considerada un breve prolegómeno de la crisis actual. Uno de sus principales aportes teóricos fue su Hipótesis de la Inestabilidad Inherente, fundamentada en la fragilidad de los mercados financieros. Según él, los períodos largos de estabilidad económica llevan a los inversionistas a asumir riesgos en forma creciente y a los bancos y empresas a apalancarse en forma excesiva. Por ello desarrolló su idea de tres tipos de empresas:
* La empresa cubierta: aquella cuyo flujo de caja permite pagar las deudas contraidas y enfrentar el costo de la deuda y gradualmente amortizar el capital de la misma.
* La empresa especulativa: aquella cuyo flujo de caja permite pagar los intereses de la deuda, pero no amortizar el capital. Este tipo de empresas requieren refinanciamiento.
* La empresa “Ponzi”: aquella cuyo flujo de caja no permite ni siquiera pagar los intereses de la deuda. Este tipo de empresas requiere aún más financiamiento.
El predominio de las primeras implica un sistema financiero robusto; el de las últimas un sistema financiero frágil. Cuando la tasa de interés es inferior a la tasa de beneficio las empresas experimentan la tendencia de cambiar del tipo cubierto al tipo Ponzi. Todo sistema financiero robusto, según Minsky, experimenta una tendencia natural a convertirse en un sistema financiero frágil, debido a los incentivos que supone el endeudamiento cuando la tasa de interés es baja: mayor rentabilidad, posibilidad de inversión y revalorización de activos. La fase de euforia suele ir acompañada de sobrevaloración, apalancamiento y operaciones de compraventa rápidas.
En un contexto inicial de crisis, las empresas cubiertas pueden enfrentar sus pagos, pero las empresas especulativas y Ponzi sufren un colapso por la contracción del crédito (credit crunch) que comienza a desestabilizar el sistema. Los valores entran en un ciclo de gran volatilidad y muchas empresas se ven obligadas a vender sus activos más productivos para encontrar liquidez. Frente al desarrollo de los sofisticados instrumentos financieros para crear liquidez, Minsky señaló que constituían un gran riesgo para la estabilidad global por la dificultad de su control. ¿Le resulta conocido todo ésto?
Fuente
sábado, 21 de marzo de 2009
Déme 100
Jiabao dijo que esta "inquieto" por las inversiones que hizo China en los bonos del Tesoro yanqui, y reclamó a Obama que vele por la "seguridad" de esos activos. "Hemos prestado mucho dinero a EE.UU. Claro que estamos inquietos por la seguridad de nuestros activos", declaró en una conferencia de prensa. "Para ser sincero, estoy un poco inquieto. Por eso querría instar a EE.UU. a cumplir su palabra y sus compromisos y preservar la seguridad de los activos chinos", añadió.¿A qué vino esa advertencia? ¿Está China pensando en vender parte de esos títulos? ¿Qué pasaría si la crisis se agrava?: China se vería obligada a venderlos antes de que no valgan nada. China es el mayor acreedor de EE.UU. Tiene aproximadamente 730.000 millones de dólares en títulos estadounidenses. EE.UU. necesita que China no sólo se guarde esos bonos del tesoro sino que siga comprando bonos nuevos para poder sobrevivir. Pero China muy inteligentemente esta gastando todo lo que puede en infraestructura. Por ejemplo, le encargo a Siemens 100 trenes de alta velocidad por un valor de 750 millones de euros. Los trenes serán ensamblados en China con piezas hechas en fábricas alemanas, austríacas y chinas de Siemens y entrarán en funcionamiento a finales de 2010. Por supuesto pagan esos trenes con los dolares que le estan quemando en las manos. Aquí se quiso instalar un tren y los bolu de siempre se opusieron como fieras a semejante desatino. Son los mismos que ahora compran dolares cuando el resto del mundo huye de esa moneda muerta. Son los mismos que quieren voltear el gobierno en medio de un cataclismo universal, en vez de dar gracias de que este gobierno mantenga todavía alejada la crisis. En fin, como decia el Viejo: he visto muchos malos volverse buenos, pero no he visto a ningún tonto volverse inteligente. Y en este pais nace un tonto por minuto… que cuando es grande se dedica a hacer política liberal...
El Euro, China y la Caca-Cola
El euro dio un batacazo al alcanzar los $5, valor al que no se acercaba desde hace varios meses. Así mientras los ahorristas argentinos corrían detrás del dólar, los inversores mundiales fueron tras el euro después de que la Fed dijera que echaría a andar la imprenta de dólares a toda máquina para comprar bonos del Tesoro y títulos hipotecarios por más de US$1 billón. Mientras los yanquis no hacen más que estupideces, los chinos, con los pies en la tierra manejan la economía con una inteligencia fuera de serie. Por ejemplo, el Ministerio de Comercio chino ha rechazado el intento de Coca-Cola de adquirir el grupo Huiyuan Juice, la mayor empresa de Jugos/zumos del país. Coca-Cola había ofrecido US$ 2.500 millones por la empresa en una oferta que hizo saltar las alarmas en China y que habría representado la mayor adquisición en el extranjero de la compañía. Para los chinos lo de libre mercado, ¡¡¡minga!!!!. Por otra parte, China seguirá reduciendo la compra de bonos del Tesoro de USA y hace muy bien. Detras del libre mercado se esconden los especuladores, los estafadores, los monopolistas que acaparan la oferta en los países débiles. El ministerio chino la tiene clara: la transacción crearía una situación injusta en el mercado que contraviene la ley anti-monopolio china. "En virtud de la ley antimonopolio, el ministerio de Comercio decidió prohibir" la operación. "Si la compra de Huiyuan tuviera efecto, Coca-Cola muy posiblemente se colocaría en una posición dominante en el mercado nacional, y los consumidores podrían tener que aceptar unos altos precios fijados por la compañía, ya que no tendrían otra opción", señala el comunicado emitido por el ministerio. Eso, Señores, es saber manejar la economía. Hacéle entender eso a los liberales argentinos, que son capaces de vender a su madre si un comprador extranjero hace una buena oferta. Ahora quieren inmolar el país entero porque la soja se vende bien. Volviendo al tema, el gigante chino emplea el paquete de US$ 590.000 millones en incentivos con mayor sensatez que los 700.000 millones del contemporáneo rescate financiero yanqui. Los chinos subsidian empresas capaces de competir dentro y fuera, retener mano de obra proveniente del campo o fomentar investigación y desarrollo. Entretanto, se construyen rutas y se tienden ferrocarriles para abaratar el transporte en un territorio de 9.300.000 km2.
domingo, 8 de marzo de 2009
¿EEUU es irrompible?
El presupuesto que presentó Obama contempla para 2010 un déficit estimado del 12 por ciento del PIB. Los niveles de este déficit lucen insostenibles a la luz de una buena parte de la teoría económica. Hay una corriente de opinión para la cual las preocupaciones sobre la magnitud del déficit son infundadas. EEUU es un pais inquebrable. El riesgo de un default norteamericano es nulo. ¿Por que?. Por que la deuda la paga con el dinero que imprime la FED a una tasa que está controlada, y las actuales perspectivas de deflación y apreciación del dólar confirman que existe un deseo por activos públicos norteamericanos que no da signos de aflojar. Desde los tiempos de Bretton Woods el dólar es la moneda más utilizada a nivel mundial, concediéndoles a los Estados Unidos el poder de realizar políticas desconociendo las restricciones externas y fiscales. En contra de lo que puede sugerir el sentido común, la política fiscal norteamericana no requiere de ningún tipo de “financiamiento previo”. Sus déficit no importan. Norteamérica es inmortal. Las erogaciones estatales no se pagan con billetes extraídos del público. A diferencia de lo que le ocurre a la mayor parte de los gobiernos, si el norteamericano desea realizar una política expansiva, simplemente pone en movimiento fondos que posee en su cuenta en la FED y en los distintos bancos privados para realizar el gasto. Mientras, Norteamerica al igual que Jesucristo puede milagrosamente multiplicar el pan y los peces, el resto de las economías no pueden emplear la política fiscal de esta forma ni hacer magia economica. Las bancas centrales del resto de los países deben sostener las tasas en niveles compatibles con el equilibrio de las cuentas externas, por lo que las políticas fiscales expansionistas pueden generar sospechas sobre la capacidad de repago y forzar a la autoridad monetaria a subir la tasa para evitar una devaluación. La FED, en cambio, puede fijar la tasa prestando atención exclusivamente a las condiciones internas, y el Tesoro norteamericano gasta más y más, sin que se produzcan fugas masivas contra el dólar. Yanquilandia es un país sobrenatural, ajenos a las leyes de la economía que gobierna el resto de los países mortales..Las FED imprime dinero mundial y la demanda de títulos públicos del Tesoro no tiene límites; aun en contextos críticos, a pesar de sus bajísimos rendimientos y de la “mala” evolución de la economía de los Estados Unidos. El valor del dólar puede sufrir bruscas modificaciones sin grandes saltos en la inflación y en el grado de fragilidad financiera de la economía estadounidense, dado que la mayor parte de las mercancías y activos financieros que se transan internacionalmente están denominados en su propia moneda. Los únicos perjudicados por una devaluación del dólar son los países que le venden o son acreedores de los Estados Unidos. Por lo tanto Yanquilandia es un país divino e inmune. Estoy grande para creerme este tipo de historia…
Los nuevos Nostradamus
La crisis no tiene forma de V, será una U larga. Es decir, las cosas se pondrán mucho peor. El estallido de las burbujas apenas comenzó dicen Roubini y Shiller, dos tipos que son capaces de voltear la moral de cualquiera. Si uno anda flojo de ánimo mejor no acercarse a estos tipos, que ahora la van de Nostradamus. Según la prensa nadie mas fue capaz de pronosticar la calidad y profundidad de esta crisis. No es cierto, ya en 2004 se podía recopilar posts de innumerables fuentes que anunciaban casi con precisión el advenimiento de este diluvio universal, advertencias existían en todas partes en la red, solo que era muy difícil creerlas: ¿quien podía tomar en serio un anuncio de una bancarrota total de EEUU en 2004?, nadie. Por eso hoy todos ante estos tipejos bajan los ojos: sienten la responsabilidad de no haber prestado atención a sus predicciones. En agosto de 2006, Optimisto Roubini estuvo en una reunión con la elite del Fondo Monetario Internacional (FMI) y les comunicó lo que veía: la burbuja inmobiliaria estaba a punto de estallar, el mercado petrolero estaba a punto del colapso y el índice de confianza de los consumidores era insostenible. No le creyeron. Este señor no utiliza modelos matemáticos en su presentación, usa algo hoy muy despreciado: la lógica. Shiller se graduó de clarividente en marzo de 2000 cuando su libro “Exuberancia irracional” llegó a las librerías. Pronosticó el estallido de la burbuja de las empresas puntocom y la crisis bursátil que marcaría el final de esa década. Su vocación de Casandra no paró con esa experiencia. Shiller fue el primer economista que demostró con modelos econométricos por qué era insostenible el boom inmobiliario. Los precios de un bien no pueden subir a una tasa superior a la inflación en un contexto en el que hay un crecimiento sostenido de la oferta de ese bien. ¿Cómo es que las casas siguen subiendo de valor si hay un incremento sustancial en la inversión para construcción de vivienda?. Se puede ir contra la logica durante mucho tiempo, pero no se puede uno librar de las consecuencias de avanzar en esa direcciòn. Aveces la logica es mas importante que lo observable. Lo observable puede demostrar a los ojos que todo va bien y no hay motivos para inquietarse. Pero el razonamiento prende luces rojas de alarma una y otra vez. “La pandemia financiera que viene”, se llama el más reciente trabajo de Roubini. El fenómeno subprime no se agotó en el sector inmobiliario. El sistema financiero completo está sostenido en pilares que tienen la misma lógica de las hipotecas chatarra, argumenta. No creo que tenga fuerzas para leerlo, la economía se me esta haciendo algo deprimente.
sábado, 7 de marzo de 2009
Si el problema es un exceso de deuda, ¿la solución es más deuda?
Uno siente la tentación de preguntarse qué ha pasado con toda la elaboración teórica de la ciencia económica durante las últimas décadas. Parece haberse borrado. El impetuoso resurgimiento de John Maynard Keynes y su Teoría General concentra los únicos esfuerzos por entender la nueva realidad y por encontrar curas al actual estado de cosas. Nadie –excepto tal vez Nouriel Roubini y otros pocos (todos ellos recibieron curiosos epítetos en su momento por pregonar el desastre)– fue capaz de pronosticar la calidad y profundidad de la crisis. (Correción: esto no es cierto, ya en 2004 se podía recopilar posts de innumerables fuentes que anunciaban casi con precisión el advenimiento de esta crisis, advertencias existían en todas partes en la red, solo que era muy difícil creerlas: ¿quien podía tomar en serio un anuncio de una bancarrota total de EEUU en 2004?, nadie, lo sorprendente fue que haya tardado tanto en llegar).
Ahora que es evidente que se trata de un terremoto como no se veía en 100 años, los mismos que no lo vieron venir anuncian su finalización.
Hay quienes tranquilizan: a mediados de año se empieza a salir de la recesión. Otros, más rigurosos, dicen que ello no ocurrirá hasta avanzado el año próximo. No falta quienes sostienen que China e India serán los motores del resurgimiento. Ninguno explica demasiado cómo se ha llegado a estas conclusiones.
Los mismos que hace meses se escandalizaban por exceso de gasto público, déficit fiscal, falta de austeridad de los Gobiernos, ahora claman para que los Estados inyecten masas impresionantes de dinero en la economía, aunque la deuda que se acumule deba ser pagada por varias generaciones de contribuyentes.
Tal vez este sea el único punto donde no hay discusión: todos están a favor del gasto excepcional. Los matices son en cuanto al tope de los recursos a inyectar y si además es conveniente al mismo tiempo intentar reducir el déficit.
Con diferencias, hay tres posiciones: a) inyectar todo lo que haga falta –no importa cuánto resulte– hasta que el sistema financiero esté estabilizado y se pueda retomar el crédito a la economía real; b) aportar los recursos necesarios –sin exagerar– pero con criterio selectivo y no a mansalva; y c) suplir la necesidad de efectivo razonable y a la par delinear una estrategia para lograr una reducción progresiva del déficit.
Esa es la primera línea de discusión. Luego está la otra. A quién se le da apoyo.
Para unos, lo más urgente es normalizar el sistema financiero. Para eso, dicen, hay que aportar todos los recursos que hagan falta hasta que los bancos no estén en peligro. La crítica es: se trata de salvar a los bancos o a los accionistas y gerentes que han sido –al menos– imprudentes. Hasta ahora los masivos aportes a los bancos parecen insuficientes. Por eso se abre paso con firmeza la idea de estatizar los bancos. Está claro que los accionistas han perdido su capital. Por tanto es un beneficio insólito sanear los bancos para dueños irresponsables.
Cuando los íconos industriales reclaman también ayuda, el panorama se complica. La cuestión es: ¿cómo negarle US$ 15.000 ó 20.000 millones a General Motors, cuando al Citigroup se le han asignado US$ 50.000 millones?
Orígenes del terremoto
Por otra parte, ¿cómo fue que se inició todo este desastre? Al principio la explicación era sencilla. El otorgamiento masivo y sin respaldo de hipotecas dudosas. La crisis subprime, como se la bautizó. Lo que no quedó claro al inicio es que ya había –sobreextendido– un sistema financiero paralelo (hedge funds, fondos derivativos) que había escapado al control de los Gobiernos y de los bancos centrales de todo el mundo.
Desmantelar esa inmensa red de operaciones no controladas llevará todavía meses. Eso explica que nadie pueda precisar aún el monto del desastre, y además que los Gobiernos inyecten masivos recursos y se sienten a esperar si las medidas funcionan. Cuando se revelan insuficientes, vuelven a lanzar otro paquete de estímulos. Nadie sabe todavía cuántos más paquetes de este tipo serán necesarios. Lo peor es que al principio era solamente una crisis financiera. Ahora, contagió la economía real.
Ante los ojos inexpertos, de los que no son economistas, la realidad es que existe un endeudamiento planetario de tal magnitud como nunca antes.
El sentido común dice que siempre que pasó algo similar, hubo pérdidas y hubo perdedores. Y no solamente los que arriesgaron con instrumentos financieros especulativos. También los accionistas de empresas que ven derrumbar de un día para el otro el valor de sus activos. Sin hablar de los que tienen hipotecas que no pueden cancelar.
En el mejor estilo bíblico viene un gran jubileo. Una condonación forzada de las deudas, al menos en forma parcial. Para tener una idea: se estima que la deuda individual de los ciudadanos de Estados Unidos es igual a 141% del ingreso disponible del país. La deuda de algunos bancos representa hasta 100 veces su capital. Y algo parecido ocurre en toda Europa. Para Roubini, la pérdida total que al final tendrán los bancos será de US$ 1,8 billones (millones de millones).
Entonces, preguntan algunos, si el problema es un exceso de deuda, ¿la receta para salir del marasmo es aumentar mucho más la deuda? Todos los Gobiernos creen que la respuesta es por la afirmativa.
A fin de este año, el déficit de Estados Unidos puede ser de 10% del PBI. Un dato que no parece inquietar es que la Reserva Federal tenga en su balance pasivos que de US$ 900.000 millones hace pocos meses, pasaron hoy a US$ 2 billones (millones de millones).
El verdadero valor del dólar
Es claro que, en teoría, esta enorme emisión haría descender el valor del dólar frente a otras divisas. Pero lo cierto es que la divisa estadounidense sigue siendo santuario donde los inversionistas buscan seguridad, y ese deterioro no se percibe. Entre otras cosas porque ninguna otra moneda (como el euro) quiere tomar la posta.
Si en el futuro cercano se llegara a la conclusión de que mayor deuda no es la solución, mejor no imaginar lo que pasaría con los países que tienen enormes sumas de dólares en sus reservas, como todas las del Sudeste asiático.
Lo que da un buen argumento a los que sostienen (cierto que son pocos) que hay que transitar el camino opuesto. Es decir, avanzar en el camino de reducir la deuda.
¿Y cómo se logra esto? Una idea es estatizar los bancos –siempre se dice por un tiempo, pero con el actual estado del pensamiento en la materia podría resultar por décadas, o definitivo– con lo que los accionistas perderán su capital, y reconocer el crédito de los que tienen títulos a cobrar, pero con una quita importante. Como si fuera el procedimiento que entre nosotros llamamos concurso preventivo de acreedores. Se suele citar la crisis bancaria en Suecia, a principios de la década pasada, como el mejor antecedente.
El segundo paso que se sugiere es reformular todas las hipotecas existentes dando mayor plazo de vencimiento y con menores intereses. Hay 2,3 millones de viviendas que enfrentan la posibilidad de remate si no se mejora la situación en Estados Unidos.
Capitalismo y democracia
El escenario está listo para toda clase de teorías apocalípticas. La preferida de algunos autores es que el resultado de esta crisis es un golpe mortal al capitalismo. La evaluación es correcta en el sentido que habrá que repensar las relaciones entre Estado y mercado, el nuevo poder de los reguladores y un sentimiento popular anticodicia que afecta la imagen de los banqueros y en forma genérica a Wall Street y todo lo que representa.
De ahí a pronosticar el fin del capitalismo, media un largo trecho. Pero en el plano del pensamiento político, abundan las preguntas sobre el axioma de que el libre mercado es sinónimo de sociedades libres, y de que capitalismo y democracia van siempre de la mano.
Para muchos, ambos conceptos esenciales comienzan a divergir. El temor es que cuanto más aguda sea la crisis, más se resienta la estabilidad democrática. Idea que se suma a la certeza de muchos analistas sobre la existencia de economías prósperas con democracias formales o sólo de nombre.
El telón de fondo, sin embargo, es la contradicción entre crecimiento desequilibrado, con brecha creciente de pobreza y desigualdad, y empresas y gerentes cada vez más ricos como premio a la codicia y –en muchos casos– a conductas en el filo de la navaja de la legalidad.
Justo esta crisis ocurre en medio de un sentimiento de descreimiento de la ciudadanía de las principales economías desarrolladas sobre la eficacia de la democracia para controlar los excesos del capital.
Lo que preanuncia una ola reguladora de largas proporciones para los próximos años.
Fuente: Mercado
Ahora que es evidente que se trata de un terremoto como no se veía en 100 años, los mismos que no lo vieron venir anuncian su finalización.
Hay quienes tranquilizan: a mediados de año se empieza a salir de la recesión. Otros, más rigurosos, dicen que ello no ocurrirá hasta avanzado el año próximo. No falta quienes sostienen que China e India serán los motores del resurgimiento. Ninguno explica demasiado cómo se ha llegado a estas conclusiones.
Los mismos que hace meses se escandalizaban por exceso de gasto público, déficit fiscal, falta de austeridad de los Gobiernos, ahora claman para que los Estados inyecten masas impresionantes de dinero en la economía, aunque la deuda que se acumule deba ser pagada por varias generaciones de contribuyentes.
Tal vez este sea el único punto donde no hay discusión: todos están a favor del gasto excepcional. Los matices son en cuanto al tope de los recursos a inyectar y si además es conveniente al mismo tiempo intentar reducir el déficit.
Con diferencias, hay tres posiciones: a) inyectar todo lo que haga falta –no importa cuánto resulte– hasta que el sistema financiero esté estabilizado y se pueda retomar el crédito a la economía real; b) aportar los recursos necesarios –sin exagerar– pero con criterio selectivo y no a mansalva; y c) suplir la necesidad de efectivo razonable y a la par delinear una estrategia para lograr una reducción progresiva del déficit.
Esa es la primera línea de discusión. Luego está la otra. A quién se le da apoyo.
Para unos, lo más urgente es normalizar el sistema financiero. Para eso, dicen, hay que aportar todos los recursos que hagan falta hasta que los bancos no estén en peligro. La crítica es: se trata de salvar a los bancos o a los accionistas y gerentes que han sido –al menos– imprudentes. Hasta ahora los masivos aportes a los bancos parecen insuficientes. Por eso se abre paso con firmeza la idea de estatizar los bancos. Está claro que los accionistas han perdido su capital. Por tanto es un beneficio insólito sanear los bancos para dueños irresponsables.
Cuando los íconos industriales reclaman también ayuda, el panorama se complica. La cuestión es: ¿cómo negarle US$ 15.000 ó 20.000 millones a General Motors, cuando al Citigroup se le han asignado US$ 50.000 millones?
Orígenes del terremoto
Por otra parte, ¿cómo fue que se inició todo este desastre? Al principio la explicación era sencilla. El otorgamiento masivo y sin respaldo de hipotecas dudosas. La crisis subprime, como se la bautizó. Lo que no quedó claro al inicio es que ya había –sobreextendido– un sistema financiero paralelo (hedge funds, fondos derivativos) que había escapado al control de los Gobiernos y de los bancos centrales de todo el mundo.
Desmantelar esa inmensa red de operaciones no controladas llevará todavía meses. Eso explica que nadie pueda precisar aún el monto del desastre, y además que los Gobiernos inyecten masivos recursos y se sienten a esperar si las medidas funcionan. Cuando se revelan insuficientes, vuelven a lanzar otro paquete de estímulos. Nadie sabe todavía cuántos más paquetes de este tipo serán necesarios. Lo peor es que al principio era solamente una crisis financiera. Ahora, contagió la economía real.
Ante los ojos inexpertos, de los que no son economistas, la realidad es que existe un endeudamiento planetario de tal magnitud como nunca antes.
El sentido común dice que siempre que pasó algo similar, hubo pérdidas y hubo perdedores. Y no solamente los que arriesgaron con instrumentos financieros especulativos. También los accionistas de empresas que ven derrumbar de un día para el otro el valor de sus activos. Sin hablar de los que tienen hipotecas que no pueden cancelar.
En el mejor estilo bíblico viene un gran jubileo. Una condonación forzada de las deudas, al menos en forma parcial. Para tener una idea: se estima que la deuda individual de los ciudadanos de Estados Unidos es igual a 141% del ingreso disponible del país. La deuda de algunos bancos representa hasta 100 veces su capital. Y algo parecido ocurre en toda Europa. Para Roubini, la pérdida total que al final tendrán los bancos será de US$ 1,8 billones (millones de millones).
Entonces, preguntan algunos, si el problema es un exceso de deuda, ¿la receta para salir del marasmo es aumentar mucho más la deuda? Todos los Gobiernos creen que la respuesta es por la afirmativa.
A fin de este año, el déficit de Estados Unidos puede ser de 10% del PBI. Un dato que no parece inquietar es que la Reserva Federal tenga en su balance pasivos que de US$ 900.000 millones hace pocos meses, pasaron hoy a US$ 2 billones (millones de millones).
El verdadero valor del dólar
Es claro que, en teoría, esta enorme emisión haría descender el valor del dólar frente a otras divisas. Pero lo cierto es que la divisa estadounidense sigue siendo santuario donde los inversionistas buscan seguridad, y ese deterioro no se percibe. Entre otras cosas porque ninguna otra moneda (como el euro) quiere tomar la posta.
Si en el futuro cercano se llegara a la conclusión de que mayor deuda no es la solución, mejor no imaginar lo que pasaría con los países que tienen enormes sumas de dólares en sus reservas, como todas las del Sudeste asiático.
Lo que da un buen argumento a los que sostienen (cierto que son pocos) que hay que transitar el camino opuesto. Es decir, avanzar en el camino de reducir la deuda.
¿Y cómo se logra esto? Una idea es estatizar los bancos –siempre se dice por un tiempo, pero con el actual estado del pensamiento en la materia podría resultar por décadas, o definitivo– con lo que los accionistas perderán su capital, y reconocer el crédito de los que tienen títulos a cobrar, pero con una quita importante. Como si fuera el procedimiento que entre nosotros llamamos concurso preventivo de acreedores. Se suele citar la crisis bancaria en Suecia, a principios de la década pasada, como el mejor antecedente.
El segundo paso que se sugiere es reformular todas las hipotecas existentes dando mayor plazo de vencimiento y con menores intereses. Hay 2,3 millones de viviendas que enfrentan la posibilidad de remate si no se mejora la situación en Estados Unidos.
Capitalismo y democracia
El escenario está listo para toda clase de teorías apocalípticas. La preferida de algunos autores es que el resultado de esta crisis es un golpe mortal al capitalismo. La evaluación es correcta en el sentido que habrá que repensar las relaciones entre Estado y mercado, el nuevo poder de los reguladores y un sentimiento popular anticodicia que afecta la imagen de los banqueros y en forma genérica a Wall Street y todo lo que representa.
De ahí a pronosticar el fin del capitalismo, media un largo trecho. Pero en el plano del pensamiento político, abundan las preguntas sobre el axioma de que el libre mercado es sinónimo de sociedades libres, y de que capitalismo y democracia van siempre de la mano.
Para muchos, ambos conceptos esenciales comienzan a divergir. El temor es que cuanto más aguda sea la crisis, más se resienta la estabilidad democrática. Idea que se suma a la certeza de muchos analistas sobre la existencia de economías prósperas con democracias formales o sólo de nombre.
El telón de fondo, sin embargo, es la contradicción entre crecimiento desequilibrado, con brecha creciente de pobreza y desigualdad, y empresas y gerentes cada vez más ricos como premio a la codicia y –en muchos casos– a conductas en el filo de la navaja de la legalidad.
Justo esta crisis ocurre en medio de un sentimiento de descreimiento de la ciudadanía de las principales economías desarrolladas sobre la eficacia de la democracia para controlar los excesos del capital.
Lo que preanuncia una ola reguladora de largas proporciones para los próximos años.
Fuente: Mercado
Pro y contra del proteccionismo, un viejo debate que renace
No hay gobierno, en todas las naciones del planeta, que no mantenga o imponga algún tipo de regulación sobre el comercio internacional. El gran interrogante reside en saber cuál es el límite adecuado de esa intervención. Los partidarios del "libre comercio" proponen un sistema abierto, sin trabas. Los proteccionistas creen que el gobierno debe regular en materia comercial y subsidiar las industrias y productos para proteger la economía interna.
Históricamente, todos los gobiernos fueron proteccionistas alguna vez, desde la Gran Bretaña imperial, propagandista de la libertad comercial con las demás naciones, la Alemania de Bismarck; hasta los Estados Unidos del siglo XIX y, como se acaba de comprobar, también del siglo XXI. El objetivo final de la discusión es decidir con qué énfasis y durante cuánto tiempo se debe aplicar proteccionismo para alcanzar los objetivos de largo plazo de una economía. La polémica no se da únicamente entre naciones que compiten por porciones del comercio mundial. Muchas veces es más intenso y apasionado el debate interno, especialmente en un país como Estados Unidos.
Posiciones enfrentadas
Aunque la intensidad de la participación del gobierno en el comercio varía de país en país y de producto en producto, en general podría decirse que las barreras al comercio se han reducido mucho desde la Segunda Guerra Mundial. Pero todos los gobiernos practican cierta medida de proteccionismo. El debate se centra en si habría que aplicar muchas o pocas medidas proteccionistas, cuáles y de qué manera para que un país logre sus objetivos macroeconómicos de largo plazo.
Una situación de comercio totalmente libre permitiría:
- ofrecer a la población casi todos los bienes y servicios al menor costo posible;
- dar a los consumidores la libertad de comprarle a quienquiera que produzca los bienes y servicios con mayor eficiencia; y
- generar una competencia por las industrias nacionales que podría provocar desempleo y menor crecimiento en las empresas menos eficientes.
Si los autos se pueden fabricar con más eficiencia en otro país y los consumidores tienen la libertad de comprarlos en cualquier parte, la industria automotriz nacional perderá su negocio y puede pedir al gobierno que la proteja limitando la importación de autos más baratos.
Argumentos en favor de la protección
Son muchos los argumentos que presentan los defensores del proteccionismo:
- Mano de obra barata: Los países menos desarrollados tienen una ventaja de costos natural porque los costos laborales en esas economías son bajos. Pueden producir bienes más económicos que las economías desarrolladas, bienes que son más competitivos en los mercados internacionales.
- Industrias nacientes: Los proteccionistas dicen que las industrias nuevas deben ser protegidas para darles tiempo a crecer y fortalecerse lo suficiente como para competir internacionalmente, especialmente aquellas que pueden brindar una sólida base para el crecimiento futuro, como por ejemplo, computación y telecomunicaciones. Los críticos, por su parte, responden a eso que algunas de esas industrias nacientes nunca "crecen".
- Preocupaciones de seguridad nacional: Cualquier industria clave para la seguridad nacional, como la producción de equipamiento militar, debería ser protegida. Así la nación no tendrá que depender de proveedores extranjeros durante crisis políticas o militares.
- Diversificación de la economía: Si un país canaliza todos sus recursos hacia unas pocas industrias, se arriesga demasiado a depender de la suerte que corran. Mantener competitivas industrias más débiles mediante protección, contribuye a diversificar la economía de la nación
- Degradación del nivel ambiental: En el apuro por satisfacer la demanda mundial para sus exportaciones, más países pueden comprometer la seguridad del medio ambiente. Esto es especialmente cierto en el caso de los países menos desarrollados, que no tienen en vigor leyes claras de protección ambiental.
Métodos de protección
Los gobiernos usan una serie de herramientas para manejar la posición de sus países en el comercio internacional.
- Aranceles: Son impuestos a las exportaciones. Las hacen más caras a los consumidores, reduciendo de esa forma la demanda.
- Cuotas de importación: A veces los gobiernos restringen la venta de productos extranjeros aplicando cuotas a la importación. Ellas limitan la cantidad de unidades que se pueden importar y ayudan así a los productores nacionales limitando la cuota de mercado que pueden cubrir los productos extranjeros.
- Restricciones voluntarias: Otras veces los gobiernos negocian acuerdos mediante los cuales un país acepta voluntariamente limitar sus exportaciones de un determinado producto.
- Subsidios: Otra forma de lograr los objetivos del proteccionismo es hacer más competitiva a la industria nacional. Los subsidios, que son subvenciones del gobierno a una industria, son una manera de conseguirlo. Un subsidio puede ser:
- directo (pago liso y llano);
- indirecto (el gobierno otorga exenciones impositivas especiales o incentivos, compra excedentes, da préstamos a bajo interés o garantiza préstamos privados). Por ejemplo, Estados Unidos subsidia, entre otros, el azúcar y los productos lácteos.
- Veda comercial: A veces los gobiernos prohíben el comercio con ciertos países por razones políticas (en tiempos de guerra o de crisis política). También vedan la importación de ciertos productos para proteger a sus industrias nacionales. Por ejemplo, Japón prohíbe la importación de arroz para proteger a su industria arrocera nacional.
- Imposición de normas: Los niveles sanitarios, ambientales y de seguridad varían según el país. Esos niveles pueden actuar como obstáculo al comercio libre y como herramienta útil al proteccionismo. Por ejemplo, la Unión Europea exige niveles muy estrictos de seguridad y salud a todo país que quiera vender sus productos en ese mercado.
- Otros: Aparte de las restricciones legales puede haber otros obstáculos menos formales que impiden el comercio. Uno de ellos es el factor cultural.
Argumentos en favor del comercio libre
El debate sobre hasta dónde debería llegar la libertad del sistema comercial es de larga data, con posiciones y argumentos que fueron evolucionando con el tiempo. A los defensores del comercio libre de Estados Unidos les gusta decir que los consumidores se benefician con la libertad de comercio y dan muchas razones para respaldar su teoría:
- El comercio libre y la resultante competencia extranjera obliga a las empresas estadounidenses a mantener bajos sus precios.
- Los consumidores tienen una mayor variedad de bienes y servicios para elegir en los mercados abiertos.
- Las empresas nacionales tienen que modernizar sus plantas, técnicas de producción y tecnologías para mantenerse competitivas.
- Cualquier tipo de medida proteccionista, como los aranceles, suele provocar acciones de contraataque de los gobiernos extranjeros, lo cual puede restringir la venta de bienes estadounidenses en esos mercados. Eso puede dar como resultado inflación y desempleo en Estados Unidos, porque las industrias de exportación sufren y suben los precios de las importaciones.
- Un sistema comercial abierto crea mejor clima para la inversión y los emprendimientos empresariales, que otro donde exista el temor de que el gobierno corte el acceso a ciertos mercados.
- El costo de la protección es casi siempre más alto que sus ventajas.
Fuente: Mercado
Históricamente, todos los gobiernos fueron proteccionistas alguna vez, desde la Gran Bretaña imperial, propagandista de la libertad comercial con las demás naciones, la Alemania de Bismarck; hasta los Estados Unidos del siglo XIX y, como se acaba de comprobar, también del siglo XXI. El objetivo final de la discusión es decidir con qué énfasis y durante cuánto tiempo se debe aplicar proteccionismo para alcanzar los objetivos de largo plazo de una economía. La polémica no se da únicamente entre naciones que compiten por porciones del comercio mundial. Muchas veces es más intenso y apasionado el debate interno, especialmente en un país como Estados Unidos.
Posiciones enfrentadas
Aunque la intensidad de la participación del gobierno en el comercio varía de país en país y de producto en producto, en general podría decirse que las barreras al comercio se han reducido mucho desde la Segunda Guerra Mundial. Pero todos los gobiernos practican cierta medida de proteccionismo. El debate se centra en si habría que aplicar muchas o pocas medidas proteccionistas, cuáles y de qué manera para que un país logre sus objetivos macroeconómicos de largo plazo.
Una situación de comercio totalmente libre permitiría:
- ofrecer a la población casi todos los bienes y servicios al menor costo posible;
- dar a los consumidores la libertad de comprarle a quienquiera que produzca los bienes y servicios con mayor eficiencia; y
- generar una competencia por las industrias nacionales que podría provocar desempleo y menor crecimiento en las empresas menos eficientes.
Si los autos se pueden fabricar con más eficiencia en otro país y los consumidores tienen la libertad de comprarlos en cualquier parte, la industria automotriz nacional perderá su negocio y puede pedir al gobierno que la proteja limitando la importación de autos más baratos.
Argumentos en favor de la protección
Son muchos los argumentos que presentan los defensores del proteccionismo:
- Mano de obra barata: Los países menos desarrollados tienen una ventaja de costos natural porque los costos laborales en esas economías son bajos. Pueden producir bienes más económicos que las economías desarrolladas, bienes que son más competitivos en los mercados internacionales.
- Industrias nacientes: Los proteccionistas dicen que las industrias nuevas deben ser protegidas para darles tiempo a crecer y fortalecerse lo suficiente como para competir internacionalmente, especialmente aquellas que pueden brindar una sólida base para el crecimiento futuro, como por ejemplo, computación y telecomunicaciones. Los críticos, por su parte, responden a eso que algunas de esas industrias nacientes nunca "crecen".
- Preocupaciones de seguridad nacional: Cualquier industria clave para la seguridad nacional, como la producción de equipamiento militar, debería ser protegida. Así la nación no tendrá que depender de proveedores extranjeros durante crisis políticas o militares.
- Diversificación de la economía: Si un país canaliza todos sus recursos hacia unas pocas industrias, se arriesga demasiado a depender de la suerte que corran. Mantener competitivas industrias más débiles mediante protección, contribuye a diversificar la economía de la nación
- Degradación del nivel ambiental: En el apuro por satisfacer la demanda mundial para sus exportaciones, más países pueden comprometer la seguridad del medio ambiente. Esto es especialmente cierto en el caso de los países menos desarrollados, que no tienen en vigor leyes claras de protección ambiental.
Métodos de protección
Los gobiernos usan una serie de herramientas para manejar la posición de sus países en el comercio internacional.
- Aranceles: Son impuestos a las exportaciones. Las hacen más caras a los consumidores, reduciendo de esa forma la demanda.
- Cuotas de importación: A veces los gobiernos restringen la venta de productos extranjeros aplicando cuotas a la importación. Ellas limitan la cantidad de unidades que se pueden importar y ayudan así a los productores nacionales limitando la cuota de mercado que pueden cubrir los productos extranjeros.
- Restricciones voluntarias: Otras veces los gobiernos negocian acuerdos mediante los cuales un país acepta voluntariamente limitar sus exportaciones de un determinado producto.
- Subsidios: Otra forma de lograr los objetivos del proteccionismo es hacer más competitiva a la industria nacional. Los subsidios, que son subvenciones del gobierno a una industria, son una manera de conseguirlo. Un subsidio puede ser:
- directo (pago liso y llano);
- indirecto (el gobierno otorga exenciones impositivas especiales o incentivos, compra excedentes, da préstamos a bajo interés o garantiza préstamos privados). Por ejemplo, Estados Unidos subsidia, entre otros, el azúcar y los productos lácteos.
- Veda comercial: A veces los gobiernos prohíben el comercio con ciertos países por razones políticas (en tiempos de guerra o de crisis política). También vedan la importación de ciertos productos para proteger a sus industrias nacionales. Por ejemplo, Japón prohíbe la importación de arroz para proteger a su industria arrocera nacional.
- Imposición de normas: Los niveles sanitarios, ambientales y de seguridad varían según el país. Esos niveles pueden actuar como obstáculo al comercio libre y como herramienta útil al proteccionismo. Por ejemplo, la Unión Europea exige niveles muy estrictos de seguridad y salud a todo país que quiera vender sus productos en ese mercado.
- Otros: Aparte de las restricciones legales puede haber otros obstáculos menos formales que impiden el comercio. Uno de ellos es el factor cultural.
Argumentos en favor del comercio libre
El debate sobre hasta dónde debería llegar la libertad del sistema comercial es de larga data, con posiciones y argumentos que fueron evolucionando con el tiempo. A los defensores del comercio libre de Estados Unidos les gusta decir que los consumidores se benefician con la libertad de comercio y dan muchas razones para respaldar su teoría:
- El comercio libre y la resultante competencia extranjera obliga a las empresas estadounidenses a mantener bajos sus precios.
- Los consumidores tienen una mayor variedad de bienes y servicios para elegir en los mercados abiertos.
- Las empresas nacionales tienen que modernizar sus plantas, técnicas de producción y tecnologías para mantenerse competitivas.
- Cualquier tipo de medida proteccionista, como los aranceles, suele provocar acciones de contraataque de los gobiernos extranjeros, lo cual puede restringir la venta de bienes estadounidenses en esos mercados. Eso puede dar como resultado inflación y desempleo en Estados Unidos, porque las industrias de exportación sufren y suben los precios de las importaciones.
- Un sistema comercial abierto crea mejor clima para la inversión y los emprendimientos empresariales, que otro donde exista el temor de que el gobierno corte el acceso a ciertos mercados.
- El costo de la protección es casi siempre más alto que sus ventajas.
Fuente: Mercado
domingo, 1 de marzo de 2009
La maldición de los recursos naturales: ¿mito o realidad?
Una larga tradición entre los economistas desconfía de los recursos naturales. Adam Smith consideraba que era absurdo "enterrar" mucho capital en las minas de su país, en lugar de dedicarlo a la industria. Prebisch se hizo famoso con la teoría de que los precios de los productos básicos necesariamente tendían a la baja y que por ello, y por otras razones, había que darles la espalda y proteger a la industria. De allí nacieron las políticas de "sustitución de importaciones" y "proteccionismo industrial". En épocas mas recientes, Jeff Sachs se hizo conocido por trabajos en que intentaba demostrar que los países ricos en recursos naturales crecían menos como consecuencia de la llamada "enfermedad holandesa". Según esta teoría, la apreciación cambiaria, como consecuencia de un boom de precios de recursos naturales, conducía a la postración de la industria y a un menor crecimiento en el largo plazo. Posteriormente ha habido muchos otros teóricos de la "maldición" de los recursos naturales que consideran que los países con riquezas naturales acaban por desarrollar culturas "rentistas", instituciones débiles e incluso conflictos internos (Paul Collier) que a la postre conducen a la miseria. ¿Qué hay de verdad en estas teorías? Y, en caso de ser ciertas, ¿hay manera de evitar la "maldición"?. Para comenzar, algunos argumentos teóricos y empíricos de la "maldición" no resisten mayor análisis. La realidad muestra que ha habido periodos de precios altos y otros de precios bajos, pero sin tendencia de largo plazo. A su turno, la teoría de la "enfermedad holandesa" se basa en un supuesto de que la industria en su conjunto es más intensiva en tecnología y que su productividad crece más rápido que la de la agricultura o la minería. Basta con considerar la revolución de los transgénicos y la biotecnología, que ha conducido a que aumento más rápidamente la productividad agrícola que la industrial, o los enormes progresos en la geo-interpretación y la eficiencia de la exploración petrolífera y minera. La causa de la maldición es en mucho casos de África y América Latina que se han enfrascado en luchas por las rentas del petróleo y otros minerales y no han sido capaces de desarrollar otros sectores ni buenas instituciones. Hay países que se cuentan hoy entre los más ricos de la tierra gracias al uso juicioso que hicieron de su riqueza natural. Tal es el caso de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y los países escandinavos que, aun hoy en día, son grandes exportadores netos de recursos naturales. Estados Unidos basó también su período de mayor crecimiento, entre 1820 y 1930, en sus recursos mineros y agrícolas y solo después se convirtió en una gran potencia industrial. ¿Qué es lo que ha hecho la diferencia entre los casos exitosos y los 'malditos'?. Los exitosos han sido capaces de construir instituciones sólidas, tanto sectoriales (petroleras, mineras o agrícolas) como fiscales y monetarias, que han permitido captar las rentas de la explotación y utilizarlas productivamente. Han evitado la corrupción y la apropiación indebida de las rentas por unos grupos u otros y las han invertido bien en infraestructura física y social (especialmente en educación), lo que ha permitido diversificar la base productiva y exportadora. Asimismo, han logrado manejar bien los ciclos de los precios de los productos básicos, ahorrando recursos fiscales y divisas en épocas de vacas gordas para hacer política contracíclica en épocas de vacas flacas. Los más exitosos de todos invirtieron también mucho en investigación y desarrollo, crearon empresas petroleras, mineras y agrícolas (privadas o públicas) de clase mundial y exportan hoy tanto o más servicios tecnológicos asociados con estas actividades que los propios recursos naturales. Todos los países ricos en recursos naturales que han tenido éxito en convertirlos en la base de su prosperidad actual se han empeñado en construir instituciones sólidas, han sido juiciosos en la política sectorial y macroeconómica y han invertido bien las rentas de los recursos naturales. Los 'malditos' han sido incapaces de captar las rentas de sus propios recursos naturales, otros han tenido gobernantes inescrupulosos que se han enriquecido y han enriquecido a sus amigos a costa del resto del país; en algunos la lucha por las rentas ha degenerado en conflictos y guerras civiles y en varios otros las rentas se han dilapidado en proyectos y programas mal estudiados y peor ejecutados.
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