sábado, 31 de enero de 2009

El ajuste del consumo americano

El gobierno saliente sostuvo la demanda interna sobre la base del gasto público deficitario vinculado con las aventuras militares de su presidente. A esto se le sumó, en los últimos años, el creciente gasto de las familias en los Estados Unidos.

Esto funcionó tanto para viviendas como para consumo durable. Así se logró simultáneamente sobreexpandir: el consumo familiar, el gasto público y el precio de los activos reales y financieros. Crecieron fuertemente el valor de las acciones y las propiedades. De ahí que no sólo los americanos consumieron más de lo que ganaban sino, además, se consideraron más ricos que antes dado el incremento en el valor de sus propiedades.

En el agregado, es decir si sumamos todo, tenemos una economía que en lugar de ahorrar desahorra. Su contrapartida fue que el resto del mundo tuvo que ahorrar demás para compensarlo. Desde el punto de vista macroeconómico esto se expreso en los Estados Unidos con crónicos déficit gemelos tanto fiscal como extemo, mientras que el resto del mundo tuvo, en las mismas cuentas, superávit.

¿Cómo se sostuvo por tanto tiempo esta dinámica? Básicamente porque todo el mundo estaba conforme con la situación descripta. El resto del mundo ""disfrutó"" un buen nivel de demanda, buenos precios internacionales, acumulación de reservas, etcétera, a tal punto que hasta el FMI cayó en desuso y estuvo al borde de su liquidación.

La crisis comenzó cuando alguien, en los Estados Unidos, descubrió que las propiedades que habían sido compradas con hipoteca no valían el monto del crédito otorgado. De ahí que la crisis comenzó por los bancos y/o tenedores de obligaciones hipotecarias y alcanzó a todos los planos de la economía.

La crisis bancaria gatillo los primeros despidos y la caída en el valor de los activos de propiedad de los americanos. En un contexto de incertidumbre acerca del mantenimiento de las fuentes de trabajo y la pérdida en el valor de los ahorros, las familias americanas comenzaron a reducir rápidamente su consumo. En este contexto las empresas responden con ajustes de gastos que implican, entre otros, despidos y congelamiento salarial. Y así sucesivamente.

La inusitada velocidad en el ajuste del consumo privado se explica porque los directivos de las grandes empresas americanas necesitan mostrarles a sus accionistas que hacen todo lo posible por recuperar sus niveles de ganancias para sostener el valor de las acciones. En los Estados Unidos casi no existe indemnización por despido, lo cual facilita la decisión de despido por parte de las empresas y agudiza la tendencia a ahorrar por parte de los consumidores que, obviamente, son también asalariados.

En un contexto de caída de la demanda y por ende la posibilidad de perder el empleo, las decisiones de gasto se reducen de manera notable. Del mismo modo los bancos tampoco están proclives a financiar posibles futuros desocupados. Esta dinámica explica no sólo la velocidad con que cae el empleo en los EE.UU. sino además que, naturalmente y sin intervención estatal, puede ser muy profunda. Claramente ésta recién comienza y lo peor está por verse.

viernes, 30 de enero de 2009

Keynes, Keynes, Keynes

Durante la Gran Depresión, se produjo una crisis brutal en la que la mano invisible del mercado no apareció a corregir el desajuste. Fue entonces que Keynes propuso que la mano visible del Gobierno sustituya al sector privado y tirara de la demanda para que la economía no siguiera cayendo en una espiral de contracción y desempleo. Ahora, hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI), el baluarte de la austeridad presupuestaria, mantiene que es necesario un estímulo fiscal a nivel mundial de más de un billón de dólares. Para el FMI, la nueva postura es en realidad una vuelta a los orígenes, pues la entidad fue cofundada por Keynes en 1944. Un busto suyo adorna la sala de reuniones de su Consejo Ejecutivo, el cual posiblemente cerró los ojos en las últimas décadas cuando ese órgano exigió recortes presupuestarios a países inmersos en crisis profundas. El Fondo recomienda más gasto sólo a los países que se lo pueden permitir, porque cuentan con un nivel de deuda sostenible y los inversores no les reclaman unos intereses prohibitivos. ¿Y el resto que puede hacer?. Reventar, claro. Friedman, el monetarista, decía que si durante la Gran Depresion, el banco central hubiera bajado los intereses rápidamente, se habría evitado todo el dolor. Actualmente, sin embargo, la Reserva ha situado el precio del dinero en prácticamente cero y aún así la crisis pervive. Con el tirón monumental que dio al gasto público estadounidense, la Segunda Guerra Mundial avaló a Keynes al acabar finalmente con la Gran Depresión una década después del octubre fatídico de 1929 en que un plomo se colgó del cuello de la bolsa. Sus ideas resultaron aparentemente tan correctas que algunos creyeron que "el gobierno podía estimular la economía permanentemente", pese a que Keynes nunca llegó a afirmar tanto. El resultado del gasto público continuo fue una inflación desbocada en todo el mundo en los años 70 y la caída en desgracia del pensador británico y la vuelta a la carga de los liberales que decian que todas las ideas de Keynes estaban equivocadas.

jueves, 29 de enero de 2009

Un sueño color rosa

En la depresiòn del ‘30, hubo tres categorías de países: los que prácticamente no sufrieron la crisis, los que la sufrieron medianamente y los que sintieron un impacto muy fuerte. La primera categoría está formada por países (Japón; China y España) cuyos bancos centrales comenzaron a hacer política monetaria expansiva apenas se desató el derrumbe de los mercados. Estos países no sufrieron prácticamente efectos negativos en sus economías. Hay un segundo grupo (Inglaterra y los países escandinavos) que tardaron dos años en hacer política monetaria expansiva y, durante todo ese tiempo, padecieron fuertemente el impacto de la crisis. Sin embargo, comenzaron a recuperarse dos trimestres después de haber comenzado a emitir dinero para compensar los problemas de iliquidez y deflación. Finalmente, hay un tercer grupo (EE.UU.; Francia; Alemania; Austria; Hungría; Rumania, entre otros) en los cuales el impacto fue extremadamente duro y se prolongó por más de cuatro años. Estos países contrajeron fuertemente la oferta monetaria durante la ‘Gran depresión’. Los yanquis hoy culpan de aquella crisis a la Reserva Federal que no emitió dinero y permitió la deflación. Hoy en día el principal objetivo del Banco Central de EE.UU. es, en primer lugar, evitar la deflación de precios y, en segundo termino, parar la deflación de los activos. Para lograr estas dos metas, está buscando inflacionar la economía americana mediante la inyección de dinero. Observando como se incrementa la base monetaria mes a mes, esta más que claro que al Banco Central de EE.UU. no le tiembla la mano a la hora de emitir dinero para evitar la deflación. No dudan de que la deflación permite hacer una agresiva política monetaria expansiva. La respuesta de los precios a la emisión de dinero no es instantánea, por lo que los precios negativos persistirán varios meses. Revertir la deflación de activos tardaría un poco más. En cuanto al nivel de actividad los resultados no serán inmediatos pero hacia fines de 2009 el nivel de actividad económica de EE.UU. debería comenzar lentamente a responder. Esta es la versión rosa de recuperaciòn con la que sueñan los yanquis. ¿Será todo tan fácil, tan simple, tan suave, tan tipo “sueño americano”?

miércoles, 28 de enero de 2009

Davos: el mito de la globalización de capa caida

Desde el extinto consenso de Washington (1989), un grupo de potencias, banqueros, transnacionales y académicos promovían la globalización económica como instrumento clave del crecimiento. Mejor dicho, de atender sus intereses tras esfumarse la guerra fría. Tras el colapso soviético, Occidente erigió al sector privado como motor globalizante. Esta comparsa de intereses se encarnaba en el Foro Económico Mundial, Davos. Políticos, analistas, burócratas, banqueros y empresarios hablaban el mismo idioma. Pero la edición 2009 demuestra que la globalización ingresa a su propia crisis. Lo que las turbulencias internacionales ponen en tela de juicio es que la integración económica fomente prosperidad real. En realidad, parece surtir el efecto opuesto: dispersa virus peligrosos y amenaza con una depresión peor que la de los años 30. En anteriores oportunidades, las estrellas de Davos eran banqueros de inversión, magos de las finanzas cuyas especulaciones aceitaban los engranajes globalizadores. Esta vez, muchos de ellos no acudirán. Sea porque se quedaron sin trabajo, optan por el perfil bajo o están en la cárcel. Por el contrario, los políticos asisten en número récord. Sin el presidente norteamericano en la lista, las estrellas serán Jiabao y Putin, primeros ministros chino y ruso, nunca afectos a globalizaciones convencionales. Washington envía al general James Jones (consejo de seguridad nacional) y Lawrence Summers, asesor económico presidencial. Putin dijo que la crisis financiera ha destruido el viejo sistema capitalista. “El año pasado, los delegados estadounidenses destacaron, en este mismo podio, la estabilidad económica de su país y sus rosadas perspectivas. Hoy, los bancos de inversión, el orgullo de Wall Street, prácticamente han dejado de existir”. Pero el daño, dijo Putin, va más allá de Wall Street. Todo el sistema de crecimiento económico, en el cual un centro regional imprime billetes sin parar y consume riqueza material, mientras otro centro regional fabrica bienes baratos y ahorra moneda acuñada por otros gobiernos, ha sufrido un gran tropezón.” Por su parte el chino (Jiabao) no dejó dudas de que acusa a Estados Unidos del desastre económico. “Políticas macroeconómicas inadecuadas, un modelo insostenible de desarrollo caracterizado por bajos ahorros y alto consumo durante mucho tiempo, una búsqueda ciega de ganancias y el fracaso en la supervisión financiera. Todo eso contribuyó a la crisis”, dijo Jiabao. Sin embargo, su gobierno se ha puesto el objetivo de un crecimiento anual de 8% para este año, una meta lograble con trabajo duro.

Estados Irresponsables y Delincuentes Unidos

Hay quienes suponen que en el origen de la crisis esta un grupo de especuladores que se dedicó a prestarle irresponsablemente a gente que quería comprar una vivienda pero no estaba calificaba para un crédito. ¿Pueden una pandilla de delincuentes codiciosos llevar el mundo a la quiebra usando como arma créditos incobrables?. ¿Tan frágil es el universo económico?. Esto sólo pasa cuando la liquidez abunda y, esta liquides solo la pueden generar una imprenta que imprime billetes sin respaldo. ¿Cómo sucedió? En el año, 2000, la economía de EE.UU. amenazaba con iniciar un proceso de ajuste. Por ello, la Reserva Federal, dirigida por Greenspan, en pos de alentar la demanda interna, empezó a inyectar fuertes dosis de liquidez, bajando su tasa de referencia hasta un 1%. Por otro lado, Bush empieza a desandar el camino de superávit fiscal de la administración Clinton y aumenta la colocación de deuda del Estado. Luego, en 2003, el nivel de actividad comenzó a crecer y el sector privado, también, incrementó su demanda de crédito. Ante dichas presiones al alza sobre la tasa de interés de mercado y para evitar que subiera por encima de la que había fijado como referencia, la FED respondió comprando, con emisión, bonos del Tesoro de los EE.UU. La gente y el gobierno demandaban crédito para gastar y la Fed les daba dólares recién salidos de la imprenta y con la tinta fresca. Desde 2004, la FED decidió combatir la aceleración de la inflación aumentando muy gradualmente la tasa de interés. Pero con Bernanke a la cabeza, la FED decidió detener, en 5,25%, la suba de su tasa de referencia por temor a las señales de debilidad del sector inmobiliario de los EE.UU. y su impacto negativo en la economía. Al bajar la tasa de interés incrementó los excedentes de liquidez existentes, respondiendo complacientemente a los ruegos de los inversores, que querían seguir ganando con el alza de los mercados, y de los políticos, deseosos de sostener un crecimiento económico artificial. Esta es la eterna ilusión que hace creer a los yanquis que se puede crecer “mágicamente” más allá de las propias posibilidades. ¿Por qué EEUU, un caso inverosímil de pais con irresponsabilidad política y económica, puede darse el lujo de llevar al desastre al mundo?. Historia viene así: En la época de Nixon, Francia (o más exactamente el General de Gaulle) decidió cambiar sus reservas en dólares por oro. Hasta ese momento y desde los pactos de Bretton Woods se había acordado que el oro y el dólar, con una equivalencia fija (US$35 la Onza Troy), serían el patrón de cambio internacional (antes la libra esterlina y la plata habían tenido la misma categoría); la respuesta americana fue enviar las toneladas de oro que correspondían, y declarar que su moneda no estaba respaldada en las reservas que tenía de ese metal, sino en la capacidad productiva de su economía, y que por lo tanto, en adelante, comenzarían una "nueva política económica"; así, faltando a los compromisos de Bretton Woods, determinó eliminar la convertibilidad del dólar, para tener las manos libres y emitir y emitir billetes verdes y con eso financiar su economía y sus guerras. El resultado fue que por más de treinta años el dólar se convirtió en el verdadero patrón de valor universal (el oro subió de precio comparativamente pero las reservas de los países se guardaron mayoritariamente en dólares). Fue ese poder hegemónico de su divisa -más que el de sus fuerzas armadas- lo que le permitió llegar a ser el imperio que se impuso al mundo: los últimos 25 años de déficits fiscales y comerciales de la nación americana han sido absorbidos en una parte (pequeña) por su fuerza productiva pero en otra parte (mayor) subsidiados por la devaluación que asumen los demás países a través de las reservas que mantienen en la divisa americana. Eso hoy no es posible, y por eso se generó esta crisis. El viejo truco ya no funciona. ¿Por qué?. Los dos déficits gemelos -el fiscal y el de la balanza comercial- podían mantenerse siempre y cuando la economía americana mantuviera su pujanza y representara la proporción del PIB mundial que en ese momento tenía; pero en los últimos 15 años el PIB americano ha crecido menos de la quinta parte del chino o del tercio del promedio del resto del mundo, y Estados Unidos está pasando en este momento por la recesión más grande desde la Gran Depresión. Hasta hace unos diez años esa operación era por lo menos concebible. Pero desde entonces tienen también valor y sirven de reserva el euro, un poco otras monedas como el yen, la libra, el franco suizo y sobre todo el verdadero valor de referencia se volvió el precio del petróleo. Algo similar está pasando con el comercio con China, cuando ya empezaron a comprar empresas americanas, al punto que el gobierno de Bush tuvo que prohibir la venta del puerto de Nueva York y de las compañías petroleras. El Gobierno chino en vez de vender o soltar al mercado los bonos del Gobierno americano que tiene, los trata de usar para hacer esas compras. Pero además el Gobierno chino es hoy el mayor poseedor de reservas en oro del mundo; por eso lo previsible es que la moneda china -el Yuan- será la que sacuda al mundo el día en que se desbarate el sistema actual. Antes el valor de las monedas de los diferentes países lo fijaba el resultado de la economía americana, al manejar (con la emisión de dólares) tanto el valor de sus reservas como el de los productos que intercambiaban con el extranjero. Sin embargo, Estados Unidos vivía de su economía interna con una mínima dependencia del comercio internacional (entre 4% y 7% en los 80´s) en contraste con las naciones europeas (Alemania, Francia, Suiza, Suecia, etc.) o Japón, que manejaban entre el 20% y el 30% de su PIB en intercambios internacionales. De ahí la idea de la 'globalización' (léase TLC's) promovida o impuesta por los gobiernos americanos para aprovechar esa estructura en la cual la moneda universal era el dólar y los déficits comerciales americanos se disimulaban y reducían con su pérdida de valor, ya que bajo el libre mercado quien manejaba la emisión tendría el mejor negocio al cambiar papel por materias primas (petróleo, por supuesto) y por productos elaborados en otros países. En el futuro, otros manejarán el valor del dólar: China, que por ser la más perjudicada con la caída del dólar, deberá respaldarlo porque la desestabilización consecuente le rompería todo su esquema de desarrollo e integración con el mundo; los países petroleros, que seguirán convirtiéndose en dueños de empresas americanas; y Europa que, como dueña del euro, fijará la paridad de este con el dólar. El reinado del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial terminará al mismo tiempo y por las mismas razones que la hegemonía del dólar.

martes, 27 de enero de 2009

El cepo neoliberal

Con las dos grandes crisis del siglo XX se iniciaron nuevos modelos económicos. A la Gran Depresión del ‘30 le siguió una industrialización sustitutiva con gran protagonismo del Estado. Y el agotamiento de ese modelo en los ‘70 abrió camino a políticas económicas ortodoxas que alcanzaron su punto culminante con el Consenso de Washington. El modelo económico que vemos en el mundo es producto de la dominación de una ideología neoliberal y fundamentalista de mercado, cuya estrategia para los países en desarrollo, llamada “ortodoxia convencional”, se basa en una teoría económica monetarista. La estabilidad macroeconómica no es sólo estabilidad de precios, sino además una tasa de interés moderada y un tipo de cambio competitivo o equilibrado competitivamente. Esto es lo que la teoría neoclásica y la ortodoxia convencional no quieren; pretenden una tasa de interés alta y un tipo de cambio sobrevaluado. ¿Por qué?. Porque representa los intereses de los países más ricos, que obtienen ventajas con ello: sus multinacionales ganan en pesos aquí y envían muchos más dólares a sus países de origen cuando el tipo de cambio está retrasado. Además, así podrán exportar más a la Argentina e importar menos si el tipo de cambio aquí estuviera retrasado. Cuando uno fija el tipo de cambio y éste se aprecia, los salarios reales aumentan y la inflación baja; el consumo aumenta y está todo el mundo feliz y va a Miami excepto por los que tienen buen gusto, que van a París. Pero después de unos años, viene la quiebra. En Argentina, el Plan de Convertibilidad duró diez años y después quebró. ¿Qué es la globalización?. Es la apertura de todos los mercados. En un contexto de globalización, un país rico con una gran influencia sobre su competidor, presionará al país pobre para que se endeude internacionalmente, pague altas tasas de interés, esté cerca de la quiebra o quiebre y haga todo lo que ellos (el o los países ricos) quieren, recomienden o resuelvan. Que las tasas de interés altas son absolutamente necesarias para mantener la estabilidad de precios es absurdo. El tipo de interés alto sólo interesa a los rentistas internos, que viven de intereses, y a agentes de los mercados financieros, que obtienen comisiones enormes.

lunes, 26 de enero de 2009

Keynesianos y monetarista

Stiglitz se preocupa por el déficit fiscal. Propone: “Bajarles los impuestos a los pobres, aumentar los beneficios de desempleo, aumentar los impuestos a los ricos para: estimular la economía, reducir el déficit y disminuir la desigualdad”. Siempre la preocupación por el déficit. ¿Será keynesiana tal preocupación?. Keynes y Friedman ya no se oponen sino que “interactúan”: el Estado interviene en el plano fiscal (Keynes) y la política monetaria se encuentra en manos “independientes” (Friedman). Los monetaristas sostienen que crecer solo es posible con “ahorro previo”, Keynes decía al revés: la inversión determina el ahorro. Por lo tanto hay que estimular la demanda efectiva por medio del gasto público deficitario. ¿Pueden ser ambas cosas verdad?. ¿Puede en un caso la causa ir delante del efecto y en otro caso el efecto ir por delante de la causa?. Desde el punto de vista lógico no. La causa siempre debe preceder al efecto. Krugman, un neo-keynesiano festejaba el superávit de los tiempos de Clinton, porque pensaba –como Stiglitz– que eso estimularía la inversión privada. En la Argentina la promesa de un mayor gasto público, como en el anunciado plan de obras del Gobierno destinado a estimular la economía, recibe críticas instantáneas y diagnósticos sombríos de “insustentabilidad”, destilando que tras tal intento se escondería en verdad una concepción populista, irresponsable, etcétera. Con aires de suficiencia y seriedad, la sentencia se pronuncia bajo la forma de una pregunta cuasi retórica: “¿Hay billetera para hacer políticas keynesianas?”. Se responde: “Muchos dudan de que el Estado cuente con el presupuesto necesario para afrontar tal gasto...”. Impera aquí la lógica de Doña Rosa, es decir, la racionalidad de una economía familiar. Pero el tamaño del gasto público, e incluso del déficit público, no tiene nada que ver con esta racionalidad pre-keynesiana, según la cual cuando uno gana 1000 su gasto no puede ser 1500. Desde Keynes y Kalecki se sabe que esta regla, aplicada a la economía en su conjunto, es errónea. Resulta obvio que si la economía se desacelera (existe capacidad ociosa y desempleo) no sólo es factible sino deseable “recaudar 1000 y gastar 1500”. Hay algo incluso previo a esto, y es la verdadera naturaleza de la relación entre gasto público e impuestos. Contablemente, los ingresos del Estado representan flujos de fondos desde el sector privado hacia el Tesoro. Tales flujos reducen la cantidad de dinero disponible en la economía. Análogamente, todo gasto público representa un flujo de fondos desde el Tesoro hacia el sector privado y significa un aumento de la cantidad de dinero. El gobierno intenta así coordinar sus ingresos y gastos para mantener un nivel adecuado de liquidez en la economía (el asunto es complejo). Si el gobierno intentara financiar sus gastos con los impuestos (como sugiere la receta ortodoxa), el sector público se pararía por entero y no estaría disponible ningún bien y servicio. La noción de “financiación del déficit” resulta, en rigor, incorrecta. A diferencia del sector privado, mientras exista un banco central que tenga capacidad de financiar los gastos del gobierno, el Estado no se regirá nunca por los criterios de solvencia que rigen para las empresas privadas. En la concepción ortodoxa de las finanzas “sanas”, en cambio, se afirma que los impuestos son la fuente principal de financiación del gobierno y que deben evitarse la “creación monetaria” y el recurso al crédito. Es la misma lógica de una economía familiar. Un Estado “grande” necesita así mayores impuestos, que vendrían a ser recursos sustraídos de otros usos privados, como la inversión. Así, un Estado “chico” (mínimo) es requisito del crecimiento y el desarrollo. Por eso los gobiernos de los países como la Argentina se abstienen de comprometer gastos públicos en proyectos de infraestructura o en planes sociales. Se aduce, como hoy, que no hay recursos fiscales para financiarlos. Esto ciertamente obstaculiza la recuperación y el crecimiento, y mantiene altos niveles de pobreza, no porque los impuestos sean necesariamente bajos sino porque los gastos del gobierno están arbitrariamente ligados a los impuestos, y por ende son comprimidos arbitrariamente. El enfoque correcto es evaluar el gasto (déficit) público por su funcionalidad con relación al conjunto de la economía y especialmente a su nivel de empleo. Cualquier déficit mayor será inflacionario y cualquier déficit menor será recesivo. La defensa histérica del superávit fiscal es una costra que han dejado los monetaristas hasta en los keynesianos actuales.

sábado, 24 de enero de 2009

La trampa de la liquidez

La crisis global ha obligado a todos los gobiernos a bajar estrepitosamente el precio del dinero hasta situarlo, en el caso de Estados Unidos, entre el 0% y el 0,25%.La Fed está regando de dólares, desde un helicóptero, a todos aquellos sectores que lo necesitan. Siguiendo así aquel consejo de Friedman de que si las bajadas de tipos de interés no funcionaban, para reactivar la economía habría que inundar el mercado de billetes. ¿Cómo?. Dando crédito a los bancos a tipo 0% . Concediendo créditos a las empresas. Comprando títulos en el mercado a través de terceros. Y esto se esta haciendo pero el dinero sigue sin llegar a la gente. ¿Por qué?. Porque los bancos reciben esa liquidez de la Reserva Federal y, en vez de utilizarla para dar crédito, la dedican a aumentar sus reservas bancarias. Esto es lo que Keynes llamaba la trampa de la liquidez. Por más dinero que se inyecte a los bancos estos no darán créditos y por más que se bajen los tipos de interés para que la gente consuma y los empresarios inviertan todos prefieren guardar esa liquidez antes que gastarla. En este caso reactivar la economía a través de la creación de dinero no funciona. Keynes sostenía que en condiciones de depresión, cuando los tipos de interés son muy bajos, los cambios en la oferta monetaria tienen pocas consecuencias sobre la economía. La lógica era la siguiente: cuando los tipos de interés son del 4% o del 5%, nadie quiere que su dinero quede ocioso. Pero cuando el tipo de interés de las letras del Tesoro es muy bajo, hay muy poco incentivo para asumir el riesgo de poner el dinero a trabajar. El banco central podría tratar de estimular la economía acuñando grandes cantidades de moneda adicional; pero si el tipo de interés es ya muy bajo, es probable que el efectivo adicional languidezca en las cámaras acorazadas de los bancos o debajo de los colchones. En consecuencia, Keynes sostenía que la política monetaria de un cambio en la oferta de dinero circulante para gestionar la economía, sería ineficaz. Y por eso, él y sus seguidores creían que hacía falta una política presupuestaria -en especial un aumento del gasto público- para sacar a los países de la depresión. Ahora ¿qué pasaría si el aumento del gasto publico se hace sobre un déficit publico ya existente de proporciones monstruosas como el que existe hoy en Norteamérica?. Esta situación no la analizó Keynes, ni al parecer ningún otro hasta la fecha. La realidad presenta situaciones nuevas para las cuales no hay ningún manual escrito al que consultar.

La burbuja de la deuda pública norteamericana

En pocos meses el dólar se derrumbará y un escenario hiperinflacionista hará quebrar a los EEUU. Es decir, lo peor de la crisis aún está por llegar. El incremento del gasto público hasta niveles récord, tal y como refleja el actual déficit presupuestario de EEUU, y la creciente emisión de dinero por parte de la FED causará un histórico incremento de impuestos, vía deuda pública. La reciente bajada de tipos en EEUU, hasta un interés próximo al 0%, y la decisión de la Fed de comprar deuda pública al Gobierno mediante la emisión de nuevos billetes provocará una elevada inflación a corto plazo. Las promesas económicas de Obama incrementarán aún más la deuda y el déficit estadounidense, provocando una venta masiva de bonos. Para evitar el colapso de la deuda pública, la Fed se verá obligada a adquirir gran parte de estos activos. Sin embargo, el único modo que tiene la Fed para comprar bonos es imprimiendo dinero sin respaldo alguno, ya que esta institución está en quiebra. Esta nueva emisión de billetes generará la inflación. La llegada de una espiral inflacionista hundirá aún más el precio de los bonos. La Fed tendrá así un nuevo incentivo para incrementar la adquisición de deuda en un desesperado intento por evitar el derrumbe de las letras del Tesoro. Como resultado, la Fed comprará todos los bonos del Tesoro. De hecho, para evitar un aumento de los tipos de interés, la Reserva Federal tendrá que comprar "todo tipo de deuda"(empresarial, municipal, etc). En ese momento, la inflación se terminará convirtiendo en “hiperinflación”. El dolar moneda carecerá de valor y la economía norteamericana se arruinará. Para evitar esta “pesadilla”, la Fed deberá “salir del mercado de bonos antes de que sea demasiado tarde” y dejar que los precios caigan hasta que empiecen a ser atractivos para los inversores. Para ello, el rendimiento de los bonos del Tesoro tendría que alcanzar los “dos dígitos”. En la actualidad, la rentabilidad de la deuda pública roza mínimos históricos, muy próximos al 0%, ante la gran demanda de los últimos meses. Y es que, hasta el momento, la deuda está sirviendo como valor refugio ante las pérdidas bursátiles y bancarias. Sin embargo, el “estallido” de la “burbuja” de la deuda pública tendrá las consecuencias más temidas: elevada inflación y tipos de interés mucho más altos. El aumento del coste crediticio disparará las quiebras y la morosidad a todos los niveles y encarecerá, en gran medida, la financiación del propio Gobierno. En este momento, el propio Estado necesitará ser rescatado. El rescate de todos los rescates dependerá entonces de los contribuyentes y de los acreedores extranjeros. El problema es que si no están dispuestos a comprar deuda pública, la única opción será el impago (default) de la misma. En ese momento, EEUU entrará en quiebra.


viernes, 23 de enero de 2009

Los ingleses muerden el polvo

En tierra inglesa se han encendidos todas las luces rojas y suenan todas las alarmas ante el descenso de la libra a niveles inauditos en relación con el dólar estadounidense y el euro. La libra, cuyo valor ha descendido un 25 por ciento desde mediados de 2007, recibió un duro golpe cuando esta semana uno de los mayores bancos británicos, el Royal Bank of Scotland, estimó haber registrado en 2008 pérdidas récord de hasta 28.000 millones de libras (31.000 millones de euros o 41.000 millones de dólares). Las perspectivas de un derrumbe total de la libra siguen siendo poco probable, dada la debilidad de otras monedas, pero es real. Al igual que EEUU y bajo las instrucciones liberales, durante de más de una década Inglaterra experimentó un crecimiento económico basado en un engañoso boom inmobiliario, un enorme consumo y masivos préstamos a tasas irreales. Cito cometarios de algunos economicas porque sin imperdibles: "Yo instaría a vender toda libra esterlina. Se ha acabado. Odio decirlo, pero yo no pondría dinero en el Reino Unido", afirmó el gurú estadounidense de las inversiones Jim Rogers. Las declaraciones despectivas de un hombre conocido por beneficiarse apostando contra monedas débiles no fueron bien recibidas en Londres.  "A mi juicio, la idea de que un período de un excesivo pedido de préstamos y de excesivos niveles de consumo puede ser solucionado pidiendo aún más préstamos e incentivando a un mayor consumo es absurdo", señaló Rogers. “La economía del Reino Unido está en estos momentos arruinada", afirmó el economista Charles Davis, del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales, en Londres. La creciente incertidumbre de cuán larga y profunda será la caída de la economía hizo que el director del Banco de Inglaterra, Mervyn King, alertara esta semana de que es posible que los "recursos tradicionales" para enfrentar la recesión se hayan acabado. Mientras las tasas de interés, actualmente de un 1,5 por ciento, muestran cierta tendencia al descenso hacia el cero, es probable que haya llegado el momento de que el Banco tome "medidas poco convencionales", señaló King, que admitió que la recesión estaba poniendo a la entidad bajo presión. El Banco, señaló, consideraría la posibilidad de recurrir a la "flexibilización cuantitativa", el equivalente moderno a la impresión de dinero: miles de millones son inyectados en la economía a través de la compra de bonos de bancos, de empresas y del Tesoro. La pregunta más planteada por los británicos es por qué hasta ahora ninguna de las drásticas medidas tomadas por el gobierno (desde la capitalización masiva de bancos hasta los seguros en contra de las deudas tóxicas) han dado resultados. El gobierno de Brown ha intentado paliar la crisis hasta ahora con dos paquetes de rescate económico para el sector bancario, que prevén desembolsos millonarios y fuertes reducciones tributarias para estimular el consumo. El principal problema, sin embargo, sigue siendo la suspensión de los créditos por parte de los bancos, tanto entre ellos mismos como a clientes privados. Gran Bretaña "corre el riesgo" de verse obligada a acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para apuntalar su economía. Permítanme: jajajajajajajaja. El desmoronamiento de la libra, el aumento del desempleo y los temores a un posible colapso del sistema bancario han hundido las, hasta ahora, excelentes clasificaciones de riesgo del país. Permítanme otra vez: jajajajajajajajajaja.

miércoles, 21 de enero de 2009

Se quebró el pacto

Todo indica que se rompió el acuerdo de China con EEUU por el cual EEUU garantizaba el mantenimiento de las compras a cambio de que China continuara adquiriendo dólares y títulos públicos norteamericanos para engrosar sus reservas y poder asi financiar su déficit y sostener el dolar. Por un lado China no quiere comprar mas deuda yanqui y por el otro la caída en el nivel de actividad económica en EEUU a partir de la crisis financiera determinó una retracción de las importaciones que hace que EEUU no pueda seguir comprando las exportaciones chinas. El referente comunista tiene influencia directa en toda Asia y en los principales bloques económicos de Occidente. Las últimas estadísticas detallan que el valor de los bienes y servicios de China se elevó en el 2007 hasta los 3,7 billones de dólares, cifra hoy sólo superada por EEUU y Japón. Junto con Alemania, estos cuatro países representan el 51% de la economía del planeta. El coloso asiático, a diferencia de EEUU, dispone de herramientas suficientes para sortear la crisis y seguir creciendo al 7%. En otras palabras, China puede sobrevivir sin EEUU, EEUU no puede sobrevivir financieramente sin China. El proceso de reforma lanzado por Deng Xiaoping hace 30 años convirtió literalmente al país en una fábrica para el mundo. Con una moneda débil (yuan) y mano de obra barata, sus productos inundaron los mercados de Occidente generando un superávit comercial que permitió, hasta ahora, sostener un modelo económico.

Cerrado por quiebra

La crisis crediticia ocasionará daños millonarios en EE.UU. “Un país no puede prosperar durante mucho tiempo favoreciendo solamente a los más prósperos” dijo Obama y tiene razón: eso es lo que quiso hacer yanquilandia con Bush a la cabeza. Obama deberá quemar muchos cartuchos para revivir la banca si es que lo logra. El Bank of America reportó la semana pasada pérdidas trimestrales por u$s 1.800 millones y recibió 138.000 millones en fondos de emergencia del gobierno, en tanto el Citigroup marcó una baja de u$s 8.300 millones en el cuarto trimestre. El sistema bancario yanqui esta quebrado definitivamente y por lo tanto es insolvente. Obama debería usar hasta u$s 1 billón de los fondos públicos para recuperar la capitalización del sector bancario, luego de los 350.000 millones inyectados por la administración Bush. Es decir, para sacar la banca de la quiebra debe hacer quebrar los fondos públicos. Y asi sucesivamente, es como una reacción en cadena, igual que el de la explosión de una bomba atómica. No tienen salida. Están fritos. Los inversores lo saben y reacciona mal. No se conforman con las bonitas palabras y los discursos reconfortantes del Oba. Tienen pánico de lo que se avecina en términos económicos. Así, mientras Obama se convertía en el presidente número 44 de los Estados Unidos, la Bolsa de Nueva York estaba más atenta a los desastrosos resultados corporativos de las empresas financieras y tecnológicas que de los discursitos inspirados del nuevo mandatario. De hecho, ayer el Dow Jones cerró con una caída de 4 %, y se ubicó por debajo de los 8.000 puntos. Asimismo, el Nasdaq se desplomó 5 % y el S&P500, 5 %. Con estas cifras, el mercado estadounidense tuvo la peor caída de su historia en el día de la asunción de un presidente. Los yanquis conocerán los rigores de la pobreza. La justicia tarda pero llega.

lunes, 19 de enero de 2009

Magoya Investment Group

Irlanda sufre el peor colapso inmobiliario en Europa occidental, inclusive peor que el de España. Como en Islandia, todo va mal. Una recesión temprana se ahonda. Los precios de viviendas caen 50%, el desempleo roza 10% y las acciones bancarias se derrumban 90%. Esto es lo que queda del “milagro económico irlandés”. Un “milagro” hecho a medida de los mercados financieros y bursátiles. La receta presuponía, entre otros, rebajar impuestos y gravámenes a la importación a la mitad, para promover inversiones extranjeras y una fiebre tercerizadora sin paragones que no se vio siquiera en la India, campeona en la materia. El tigre celta y su clon islandés se convirtieron en las economías europeas más “abiertas”, ante las cuales los liberales se babeaban. Pero, tras las luces de colores, comenzó a formarse una burbuja inmobiliaria. Intereses bajos y bancos complacientes inflaron el sector financiero. Y de repente los bancos -que habían volcado más de 60% de préstamos a bienes raíces- dejaron de dar crédito y se desplomó el valor de los activos. Por su parte, Gran Bretaña vuelve a la carga con un segundo plan de rescate para sus atribulados bancos, el cual busca protegerlos de activos malos en un esfuerzo para impulsar el préstamo. El gobierno no señaló cuánto costaría el nuevo plan, pero algunos expertos advirtieron que éste podría presionar las finanzas públicas. Con el nuevo plan, al ofrecer asegurar los préstamos bancarios, el gobierno está exponiendo a los contribuyentes a pérdidas potenciales por miles de millones de libras esterlinas. Los bancos también tendrían que firmar convenios obligatorios por ley que les exigen prestar más dinero a solicitantes. ¿Cómo? ¿Qué el gobierno exige que se preste? ¿y la libertad de mercado? ¿y la oferta y la demanda? ¿y la inviolabilidad de los depósitos? ¿y la propiedad privada?. ¿No era Gran Bretaña un país serio, flemático y neoliberal?. El primer rescate, anunciado en octubre con un costo de 37.000 millones de libras esterlinas (cerca de 55.000 millones de dólares) no pudo impulsar la economía y restablecer los préstamos bancarios. Es muy probable que este rescate tampoco lo pueda hacer. Es que los "créditos tóxicos" de los bancos alcanzan los 200.000 millones de libras, equivalentes a 294.000 millones de dólares. ¿Quién va a levantar el muerto?: Magoya Investment Group, claro.

sábado, 17 de enero de 2009

La hora señalada

Los yanquis no tienen la autoridad moral para poder seguir dándose el lujo agradable de sermonear a otros acerca de la importancia de manejar siempre la economía con prudencia, "no hay almuerzos gratuitos" les advertían a sus súbditos, a sus victimas, es decir, a nosotros, y con ello querían significar que tarde o temprano es necesario pagar por los errores cometidos. Y eso es lo que efectivamente tendrán que hacer ahora ellos: pagar caro sus errores. Puede que las medidas "keynesianas" con las que el gobierno saliente de Bush y las aún más ambiciosas que han sido propuestas por el entrante Obama sean las indicadas, pero las sumas barajadas son tan colosales que si bien podrían ayudar a asegurar que la recesión sea relativamente breve, en los años siguientes tanto Estados Unidos como la Unión Europea tendrán que resignarse a décadas de crecimiento muy lento, o peor aun, a un período prolongado signado por el estancamiento combinado con una alta tasa de inflación o, peor aun, por un proceso deflacionario similar al experimentado por el Japón en los años noventa. Mientras que por el otro lado, los países emergentes, con China a la cabeza (¡Oh! un país comunista! ¡que horror!) continuarán creciendo, quizás aceleradamente, quizás de forma imparable. Y mientras en el primer mundo muchas empresas caerán en bancarrota, en el primer mundo la tasa de desocupación aumentará cada vez más y el consumo se mantendrá en niveles sumamente bajos, impulsando así una espiral viciosa de la que les será muy difícil salir. Yanquilandia necesitará paquetes de estímulo todavía mucho mayores a los ya anunciados que han alcanzado la friolera de casi 800.000 millones de dólares, pero la deuda resultante será tan enorme, tan gigantesca, tan monstruosa que tendrían que transcurrir muchas décadas antes de que Estados Unidos pueda sanear sus cuentas. Como en las películas del oeste, al final los malos reciben su merecido. Aunque la crisis internacional comenzó con el estallido de la burbuja inmobiliaria norteamericana que fue creada juntamente por financistas deseosos de aprovechar oportunidades para ganar más dinero y políticos que querían asegurar que hasta los menos capaces de devolver préstamos pudieran comprar viviendas caras, es en el fondo la consecuencia de una serie de desequilibrios estructurales. En los años últimos, los norteamericanos dejaron de ahorrar porque el crédito era abundante e imaginaban que por tener una vivienda, hipotecada o no, disfrutaban de un patrimonio envidiable. Mientras tanto, al igual que los países de Europa y el Japón, la población norteamericana envejecía al caer la tasa de natalidad, con el resultado de que ha crecido la proporción de personas que dependen de jubilaciones y necesitan tratamientos médicos muy caros y se ha reducido la de quienes siguen en actividad. Y para colmo, hay señales de que a causa del deterioro del sistema educativo a los países actualmente ricos, entre ellos Estados Unidos, les será más difícil mantener su ventaja competitiva frente a China y la India. Por lo tanto, además de hacer frente al problema planteado por una crisis económica amenazadora, el próximo gobierno norteamericano tendrá que pensar en las consecuencias a mediano y a largo plazo de lo que se ha propuesto hacer. Por fuerte que sea la tentación de concentrarse sólo en lo inmediato, a menos que consiga revertir las tendencias negativas supuestas por el endeudamiento generalizado, la evolución demográfica y las deficiencias educativas, los perjuicios ocasionados al "país rector" por haber vivido durante tanto tiempo por encima de sus medios reales incidirán profundamente en el orden geopolítico mundial.

viernes, 16 de enero de 2009

Verdades y mitos del libre comercio

Entre los temas principales de debate en la historia económica y en las relaciones internacionales, el dilema entre el proteccionismo y el libre cambio es uno de los más controvertidos. Las naciones que lideran el planeta han sido alternativamente partidarias del libre cambio o del proteccionismo cuando les convino y siempre en defensa del tipo de productos que querían proteger. Gran Bretaña se hizo librecambista a mediados del siglo XIX (más precisamente en 1846, con la abolición de las leyes de granos), cuando ya era la principal potencia industrial del mundo y podía colocar ventajosamente sus manufacturas y bienes de capital. El caso más importante de proteccionismo en la historia del capitalismo es el de los Estados Unidos. Allí, los industrialistas y proteccionistas del Norte necesitaron una guerra civil para eliminar a los librecambistas sureños, cuya base de sustentación económica era el sistema esclavista. La defensa de las industrias norteamericanas, utilizando altas barreras aduaneras, duró prácticamente hasta la década de 1930 y nunca se abandonó la protección a los bienes agropecuarios. La diferencia es que lo que antes defendía con tarifas o embargos (como el embargo de carnes de 1926 a la Argentina, que sentó las bases de un largo distanciamiento entre los dos países), hoy se hace con subsidios directos a los agricultores y leyes antidumping, aunque se retorne también, cuando se cree necesario, a la protección de productos industriales. Un ejemplo a volver a estudiar es la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Empleo, que se reunió en la Habana desde el 21 de noviembre de 1947. Convocada en 1946 por iniciativa del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, buscaba plasmar los acuerdos angloamericanos presentes en la Carta del Atlántico de retorno pleno a un mercado mundial “libre y abierto”. Este estaba fundamentado en el diagnóstico que hacían los EE.UU.: eran el nacionalismo económico, las barreras comerciales y el bilateralismo los que habrían estado en el origen de la Segunda Guerra Mundial. Para evitar una depresión en la posguerra, se debía volver rápidamente al multilateralismo, reducir aranceles aduaneros y bajar barreras comerciales. La potencia del Norte buscaba así, olvidando su pasado anterior, el libre acceso a las materias primas del mundo y a la colocación de sus bienes y capitales. La Conferencia se basó en un borrador norteamericano previo y las sesiones se prolongaron largamente hasta el 24 de marzo de 1948. El convenio final con ochocientas enmiendas no fue firmado por la Argentina y en Washington el propio Congreso no lo ratificó debido a la dilución de sus objetivos iniciales. Si bien constituyó el origen del GATT, de alcances mucho más limitados, allí naufragaron los planes de una primera Organización Mundial de Comercio. Las contradicciones surgidas en torno de este proyecto reflejaban la realidad económica del mundo. Por un lado, los EE.UU., los países escandinavos y Canadá, buscaban el retorno rápido al multilateralismo y la no discriminación. Por otro lado, Gran Bretaña y Francia alegaban su coincidencia con ese objetivo para el largo plazo, pero planteaban que primero había que reconstruir las economías europeas. Los países de Europa Oriental –sin la Unión Soviética, que no participaba– defendían, a su vez, la planificación económica por parte del Estado y exigían un acuerdo que la contemplara. Las naciones periféricas reclamaban políticas a favor del desarrollo industrial, con aranceles protectores, cuotas de importación y restricciones cuantitativas. Desde un principio, la Argentina expresó posiciones encontradas con el borrador presentado por los Estados Unidos. Era delegado del gobierno peronista el senador Diego Luis Molinari, antiguo yrigoyenista y nacionalista. Dentro de América latina sus planteos confluyeron con los de la delegación mexicana. Molinari, sobre la base del principio de defensa de la soberanía y autodeterminación de las naciones, reivindicó el derecho al comercio a través de instituciones estatales y la acción sin restricciones de las empresas públicas. En el caso argentino, habría que recordar el cuestionamiento del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, que regulaba el comercio exterior) por parte de EE.UU. Según Molinari, se debía excluir a las empresas estatales de las regulaciones antimonopólicas, pues expresaban el interés superior del Estado en la doctrina argentina. Las intervenciones del delegado argentino tuvieron un perfil nacionalista, que alcanzó su expresión más significativa cuando reivindicó el uso del español en la Conferencia. Molinari condicionó también el proceso de apertura comercial mundial a la recuperación simultánea de todas las naciones, no sólo de las europeas, criticando oblicuamente el Plan Marshall, que colocaba en un plano privilegiado a las primeras en el comercio con EE.UU. Sus discursos tuvieron un pronunciado filo antiyanqui, denunciando al capitalismo norteamericano por su intento de impedir la industrialización de América latina. Según él, durante el conflicto bélico las jóvenes industrias del continente se habían expandido y reclamaban ayuda o cooperación, algo que la principal potencia mundial no estaba dispuesta a darles. En la Conferencia hubo también múltiples alusiones, recurrentes desde entonces, a la doble política de Estados Unidos con respecto al mercado mundial y a su mercado interno, que iba a contracorriente del fin proclamado. Especialmente se cuestionaban los subsidios agrícolas, las restricciones cuantitativas que el país del Norte establecía a las exportaciones e importaciones, la contradicción existente entre el discurso librecambista y las políticas concretas de los países más desarrollados. Pero los planteos latinoamericanos de enmiendas al proyecto inicial fueron rechazados. Cuba, que dependía de las compras de azúcar por parte de EE.UU., rompió el frente común y otras naciones de Centroamérica la acompañaron, votando con Washington. En aquel momento se denunciaron presiones sobre esos países por parte de la diplomacia norteamericana. De todos modos, el documento de La Habana resultó inconsistente y ambiguo. Por un lado, preconizaba el librecambio para las manufacturas, pero por otro permitía acuerdos intergubernamentales para las materias primas, que la Argentina se negó a firmar. Como se ve en este caso, en el debate libre cambio-proteccionismo el discurso está alejado de la realidad. Los países que defienden el libre cambio y se benefician más con él son los que se han industrializado y tienen claras ventajas en productos de mayor valor agregado, lo que no les impide defender también actividades productivas más ineficientes. Como señala Wallerstein, “los países verdaderamente débiles en lo económico son por lo común naciones también débiles políticamente” y no pueden defender sus industrias. La más completa libertad de comercio resulta así un mito o una falacia, y aquella Conferencia de La Habana así lo demostró.

Mario Rapoport, Economista e historiador. Investigador Superior del Conicet

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miércoles, 14 de enero de 2009

El problema argentino

Los años entre las guerras fueron difíciles para Argentina, como lo fueron para todos los países exportadores de recursos. En los años veinte los precios de los productos agrícolas eran bajos y se derrumbaron en los treinta. La situación empeoró por la deuda acumulada en días más felices. Pero a Argentina no le fue tan mal como era de esperarse durante la depresión. El gobierno demostró ser menos doctrinario que los de aquellos países avanzados resueltos a defender sus normas monetarias a toda costa. Gracias a un peso devaluado, a los controles sobre la fuga de capitales y a una moratoria sobre el pago de la deuda, Argentina pudo en realidad lograr una recuperación razonablemente fuerte después de 1932. En efecto, en 1934, los europeos estaban emigrando una vez más hacia Argentina porque aquí tenían mejores posibilidades de conseguir trabajo que en sus propios países. A EEUU, le costó 10 años salir de la depresión y recién lo hizo cuando la 2 º guerra destruyo la capacidad productiva de Europa y los yanquis quedaron como únicos proveedores industriales del mundo. Argentina salio bien parada, durante la depresión, gracias a políticas heterodoxas. El fracaso que vino después es otra historia, pero nadie puede discutir que safamos esa vez gracias a la heterodoxia. Pero Argentina tiene un problema muy serio: convierte en permanente programas de emergencia que son temporales y adecuados para una situación particular. Cuando la situación cambia, Argentina sigue aplicando el mismo esquema que venia dando resultado aunque ya sea evidente que no resulta. Eso se ve una y otra vez a lo largo de la historia económica nacional. Las barreras temporales a las importaciones se convirtieron en barreras permanentes detrás de las cuales sobrevivieron industrias ineficientes, cuando esas barreras debieron ir gradualmente bajando al mismo tiempo que se iba apoyando planificadamente, desde el ámbito político, el desarrollo y la supervivencia una industria nacional eficiente y competitiva. A medida que la situación económica cambiada se debería haber ido cambiando la estrategia. Esa falta de adaptabilidad, esta rigidez en el apego al sistema que una vez funciono aunque ya no lo haga es típicamente argentino. Mientras por un lado los nostálgicos y conservadores han luchado a sangre y fuego por hacer retroceder las agujas del reloj y volver a ser “el granero del mundo”, los que quedan del otro lado siempre han considerado las exportaciones agrícolas del país como oro líquido a las que se les debe grabar con impuestos prohibitivos con el fin de subsidiar todo lo demás. Pero desarrollar la industria a ninguno le preocupa. De esta forma ni unos ni otros se sientan a discutir y negociar la búsqueda de alternativas económicas viables, de una forma de salir de este círculo vicioso, todo en nombre de lo que alguna vez funcionó pero ya hace mucho que no lo hace.

lunes, 12 de enero de 2009

La puerta 12 financiera

Washington emite cantidades récords de deuda para, desesperadamente, intentar superar la recesión. Y de esta forma yanquilandia, el supuesto “pais serio” por antonomasia, se endeuda a niveles astronómicos para pagar el rescate de su economía, y si bien una fuga hacia la calidad generó una fuerte demanda de valores del Tesoro a fines del año pasado, los inversores empiezan a preocuparse seriamente de que los precios de los títulos hayan subido muy rápido, muy lejos. Los inversores institucionales domésticos y los extranjeros, entre ellos los bancos centrales de Asia, ya tienen miles de millones de dólares en deuda del Gobierno de Estados Unidos y podrían sufrir enormes pérdidas de capital, llevándolos a vender ante el primer indicio de problemas. Si esos bancos centrales extranjeros e individuos, que tienen más de la mitad de la deuda del Gobierno estadounidense por 5.8 billones de dólares, repatriaran los fondos el dólar caería. Un declive del dólar incrementará aún más el riesgo de tener en cartera títulos yanquis, pues los inversores pierden cualquier beneficio cuando se pasan a sus propias monedas. El miércoles surgieron señales de una menor demanda de la deuda del Gobierno estadounidense, cuando las cuentas extranjeras compraron menos de lo habitual en una colocación récord de 30,000 millones de dólares en notas a tres años. Nadie quiere comenzar una fuga y ver luego cómo sus tenencias pierden valor, pero también es cierto que nadie quiere ser el último en vender y sufrir las mayores pérdidas. Muy pronto una rápida pérdida de confianza en la deuda de yanquilandia hará que todo el mundo salga corriendo hacia la puerta al mismo tiempo. Hasta ahora, la compra de deuda estadounidense de parte de extranjeros ha sido considerada positiva para el dólar, dado que ayuda a financiar el déficit comercial. Los extranjeros, adquirieron 34.000 millones de dólares en bonos del Tesoro. Muchos de ellos quedaran atrapados en esa “puerta 12 financiera”. China y Japón, los dos mayores tenedores de valores del Tesoro de Estados Unidos, con 652.000 millones de dólares y 585.000 millones de dólares respectivamente, incrementaron sus tenencias en octubre. ¿Por qué el dólar tuvo un leve repunte?. Porque como los inversores primero tienen que comprar la moneda estadounidense para pagar los bonos, esas adquisiciones ayudaron a impulsar al dólar con una ganancia anual de 4.3 por ciento contra el euro en el 2008. Se trató del primer incremento desde el 2005, y puso fin a siete años de amplios declives del dólar. La amenaza de que los inversores extranjeros vendan bonos locales desde hace tiempo es una constante preocupación. La actual turbulencia económica y el costo de salvar a la mayoría de las instituciones financieras y compañías estadounidenses hacen que los inversores teman que el monto del endeudamiento sea demasiado grande. Sólo para este año se anticipa una emisión de deuda de 2 billones de dólares. El más mínimo éxodo que se produzca actualmente detonará ventas generalizadas. Los tenedores extranjeros de deuda repatriarán su dinero inmediatamente para reducir el riesgo de ser los últimos en convertir la moneda. Basta con que uno solo venda dominado por el pánico para que el dólar se acabe.

jueves, 8 de enero de 2009

Wall Street reincidente

Hasta el día de hoy siguen sin conocerse en su totalidad las verdaderas causas de la Gran Depresión que detonó en 1929 y afectó al mundo. Se sabe que jugaron un papel importante el desorden monetario y bursátil, así como las excesivas reparaciones de guerra impuestas a Alemania y que varias de las medidas que se tomaron para enfrentarla fueron errores muy costosos. Parte de esa historia sobre las verdaderas causas, actores y factores de esa crisis que afectó no sólo a los Estados Unidos sino al mundo entero, desde 1929 hasta principios de los años 40, se encuentra documentada en los expedientes del Comité de Banca y Moneda del Senado de los Estados Unidos, donde se celebraron las audiencias para investigar las causas del crack bursátil de 1929. En esas audiencias el abogado Ferdinand Pecora, ex fiscal de Nueva York, actuó como consejero legal del Senado estadounidense para desahogar una investigación sin precedentes, como fue sentar a Wall Street en el banquillo de los acusados. Los senadores quedaron estupefactos con los datos expuestos en esas históricas audiencias, cuando el ex fiscal Pecora desenterró la historia financiera secreta de los Estados Unidos mostrando la cadena de fraudes y abusos que llevaron a la quiebra de la Bolsa de Valores en 1929. La investigación sobre las causas de la quiebra financiera de 1929 mostró datos desconocidos por el Gobierno y el Congreso, exhibiendo los fraudes cometidos por un grupo de poderosos banqueros que eran vistos por el público de Estados Unidos como semidioses. Ante la avalancha de documentos y pruebas obtenidas por Ferdinand Pecora y sus asistentes John T. Flynn y Max Lowenthal, la opinión pública estadounidense acuñó desde entonces el mote de "banksters" como sinónimo de gángsters. Esas audiencias de investigación realizadas por el Senado estadounidense, sirvieron al Congreso para preparar la legislación que introdujo la reforma financiera de los Estados Unidos con nuevos mecanismos de regulación y supervisión, mecanismo que fue abolido hasta sus raices por los neoliberales. En mayo de 1934 concluyeron esas audiencias y el 2 de julio Rossevelt nombró a Ferdinand Pecora como Comisionado de la recién creada Comisión de Bolsa y Valores (Securities and Exchange Comisión). La Ley Glass-Steagall que nació de esas audiencias fue por mucho tiempo la columna vertebral del sistema financiero de Estados Unidos, hasta que la derogó Clinton en 1999 bajo el influjo de la filosofía desrregulatoria promovida por el senador republicano de Texas, Phil Gramm, y funcionarios demócratas del Departamento del Tesoro como Robert Rubin y Larry Summers, los mismos que ahora vuelven al poder. "Durante muchos años Wall Street actuó de forma equivocada", dijo Obama y después llama a los hicieron posible esas "equivocaciones".

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sábado, 3 de enero de 2009

Cuando los ricos son demasiado ricos algo no funciona

Actualmente el 1% de los americanos tienen mas del 20% de la riqueza. Es llamativo el parecido de la situación actual en términos de la distribución de la riqueza en los Estados Unidos, con la situación de finales de los felices años 20. Según un estudio de Thomas Piketty de la Paris School of Economics y Emmanuel Saez de la University de California en Berkeley, después de un prolongado periodo de bonanza económica, tanto a finales de los años 20 como en los últimos años, la renta nacional se ha ido concentrando en el 1% de los mas ricos, los cuales tienen mas del 20% de la renta nacional americana. En cambio el 90% de la población norteamericana con menor renta solo suponen el 50% de la renta nacional. Es normal que exista diferencia de riqueza entre las capas de la población, pero cuando el desequilibrio se convierte en exagerado (mas del 20% en los USA en manos del 1% de la población), es una clara señal que algo no funciona bien en el sistema. Por otra parte ya son clásicos los estudios que demuestran que cuanto menor es la diferencia entre los mas ricos y los mas pobres, menos corrupción hay en el sistema político del país. Dios parece ser un socialista moderado, al estilo escandinavo.

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