domingo, 21 de octubre de 2007

Historia del Ministerio de Economía de Argentina

La historia de lo que hoy es el Ministerio de Economía permite comprobar que los vaivenes en su conformación son de larga data. Hasta 1898, todo quedaba concentrado en el Ministerio de Hacienda, en una organización estatal que recién comenzaba a delinearse. Entonces, con el inicio de la segunda Presidencia de Julio A. Roca, se divide el hasta entonces inalterado Ministerio en tres: Hacienda, Agricultura y Obras Públicas. Una distribución funcional que se extendió por 48 años y es, hasta el momento, la que más perduró. Los cambios que representó la gestión de Juan Domingo Perón en 1946 tuvieron su correlato en un nuevo organigrama. A lo largo de su Presidencia, se valió de los ministerios de Hacienda, Agricultura, Finanzas, Industria y Comercio, Asuntos Económicos, Transporte y Obras Públicas. Tras el golpe de 1955, la brevedad de la gestión de Eduardo Lonardi no fue un obstáculo para que el área económica tuviera siete ministerios: Hacienda, Finanzas, Industria, Agricultura y Ganadería, Comercio, Obras Públicas y Transporte. Un esquema parcialmente respetado por su sucesor Pedro Aramburu, quien fusionó las carteras de Industria y Comercio. Arturo Frondizi presentó en 1958 una reestructuración que, a grandes rasgos, es la que se mantuvo en la cinco décadas siguientes. Concentró todas las áreas en el Ministerio de Economía (por primera vez tuvo esa denominación), con la excepción de Obras y Servicios Públicos, que continuó con rango ministerial. Hacienda, Finanzas, Comercio, Industria, Agricultura y Ganadería pasaron a ser secretarías del primero, en tanto Obras Públicas, Transporte, Energía y Comunicaciones secundaron a Obras y Servicios Públicos. El esquema fue mantenido por Arturo Illia (José María Guido había concentrado todo en el Ministerio de Economía), hasta que el golpe de 1966 marcó el inicio de nuevas alteraciones. Los tres dictadores de la denominada “Revolución Argentina” no coincidieron en la materia. Juan Carlos Onganía concentró todo en el Ministerio de Economía y Trabajo; para Roberto Levingston hubo dos carteras: Economía y Trabajo y la de Obras y Servicios Públicos, en tanto el cambio de Alejandro Lanusse consistió en denominar "Hacienda y Finanzas" al primero de los ministerios mencionados. Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Juan Domingo Perón y María Estela Martínez volvieron a las fuentes y dejaron todo en manos del Ministerio de Economía, postura que mantuvo el dictador Jorge Videla, si bien por un breve lapso creó el Ministerio de Planeamiento. Su sucesor Roberto Viola dejó sin efecto la concentración iniciada por Frondizi y tuvo cinco ministerios: Economía, Hacienda y Finanzas; Agricultura y Ganadería; Industria y Minería; Obras y Servicios Públicos y Comercio e Intereses Marítimos.Leopoldo Galtieri retomó la división en dos ministerios (Economía y Obras y Servicios Públicos), que se mantuvo hasta el primer año de la gestión de Carlos Menem, con una interrupción con Reynaldo Bignone, con quien Economía volvió a absorber todo. A partir de 1991, Menem fusionó todo en el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos, mientras que su sucesor, De la Rúa, implantó la división en Economía por un lado e Infraestructura por otro. El resto es historia reciente: Duhalde tuvo los ministerios de Economía y de Producción y Kirchner el de Economía y Producción por un lado y el de Planificación, Federal, Infraestructura y Servicios por el otro. Para una clase dirigente que suele confundir los anuncios con los hechos, los cambios en las denominaciones y organigramas cobran más importancia que lo que esas reparticiones puedan llegar a concretar. Como si la actividad rural o fabril vaya a potenciarse si Agricultura o Industria pasen a ser ministerios. En el tramo final de la campaña electoral, que desembocará en el recambio presidencial del 10 de diciembre, el área económica vuelve a ser el centro de las versiones sobre posibles cambios en su organigrama. ¿Se mantendrá la división entre Economía y Planificación como dos ministerios autónomos? ¿O se retomará la cartera de Producción, de efímera vida durante la Presidencia de Eduardo Duhalde?. Hasta el momento, los candidatos con mayores posibilidades para suceder a Néstor Kirchner no han dado mayores precisiones al respecto, más allá de las versiones extraoficiales que circularon en un momento que postulaban al actual ministro de Economía, Miguel Peirano, al frente de una eventual cartera de Producción, en una futura Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. La funesta experiencia de Viola puede ser un ejemplo a no seguir. Y a quien no le baste para convencerse, no está de más recordar que el origen de los años más oscuros de la historia argentina tuvo lugar en un Ministerio con la angelical denominación de “Bienestar Social”.

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sábado, 20 de octubre de 2007

El Premio Nobel de Economía: ¿matemáticas o ideología?

El Premio Novel de Economía no fue establecido por Alfred Nobel —el creador de la dinamita— sino creado en 1968 por el Banco Central de Suecia “en Memoria de Alfred Nobel” para ser otorgado por la Academia Real de Ciencias de Suecia. Desde entonces se constata la tendencia a premiar teorías e interpretaciones destinadas a desvincular la economía de la política, a hundir la economía política e instaurar la econometría y el uso de las matemáticas en una pretendida ciencia inapelable, cuando es bien sabido que la economía es el arte del uso de la política y por lo tanto del forcejeo entre desiguales fuerzas económicas y sociales, para crear y distribuir recursos.

Una lectura de los 40 Nobel de economía otorgados desde 1969 confirma esa sospecha, y sobre todo que nunca le haya sido otorgada esa distinción a John Kenneth Galbraith, el gran economista y pensador canadiense que sirvió en cuatro gobiernos en EU y contribuyó a crear algunos de los programas sociales y los principios de gobernabilidad para la redistribución de la riqueza.

Por eso es comprensible que el Nobel de este año a los economistas estadunidenses Leonid Hurwicz, Eric S. Maskin y Roger B. Myerson es otro más a los que hacen posible que el modelo [neoliberal] siga funcionando. Estos economistas fueron premiados por una “teoría” sobre el proceso de toma de decisiones que permita, en mercados imperfectos, crear “mecanismos de funcionamiento más eficientes” y llegar a la “competencia perfecta en el campo real”.

Un ejemplo de esta “teoría” del “diseño de mecanismos” para llegar a la competencia perfecta, como explicó uno de los Nobel, es asegurar que el “pastel” de los recursos sea dividido de manera justa, lo que se lograría dejando que una persona corte el pastel, y que la segunda elija la parte con la cual quiere quedarse.

George A. James, de Port Hope, Ontario, que quién sabe no sea economista pero es muy perspicaz, envió una cartita al diario Globe and Mail comentando este ejemplo usado para elogiar la teoría premiada con el Nobel: “Quizás esta teoría sea verdad. En mi casa, empero, mi esposa siempre corta el pastel y yo siempre escojo la porción más pequeña, porque es ella quien tiene el cuchillo en la mano”.

Dicho de otra manera, en el mundo real las supuestas “decisiones racionales” fundamentadas en las matemáticas y la física que sustentan la teoría de los “mercados perfectos” de los economistas neoclásicos, están sujetas a las influencias y amenazas potenciales de los poderes, a la especulación y el delito, a los necesarios forcejeos y compromisos entre contradictorios intereses.

En 1999 los economistas estadunidenses Robert C. Merton y Myron S. Acholes, recibieron el Nobel por su método para determinar el valor de los derivados, esos instrumentos financieros que ahora están en el epicentro de la crisis financiera provocada por la especulación inmobiliaria y las hipotecas subprime en EU. Ambos eran directores del fondo especulativo Long-Term Capital Managment (LTCM) que daba ganancias de 40 por ciento, hasta que en 1998 perdió 4.6 mil millones de dólares en pocos meses, para fundirse en el 2000 en medio de una crisis que para ser contenida necesitó de la intervención de la Reserva Federal. Y no devolvieron el Nobel.

O podemos recordar las teorías sobre el equilibrio (win-win) que defendió el Nobel (1970) Paul Samuelson, para justificar la liberalización total de los mercados mundiales, aduciendo que nadie perdía porque cada uno de los actores tenía lados fuertes y débiles, y lo que se perdía por un lado (empleos y salarios) se ganaba por el otro (bajos precios en artículos importados), hasta que apareció China, que ahora Samuelson reconoce no tiene lados débiles. Y ni que hablar del resultado social, político y económico de las teorías y políticas del Nobel (1976) Milton Friedman o, en el descalabro actual del sistema basado en el dólar estadunidense, del armazón teórico del monetarista y Nobel (1999) Robert J. Mundell.

La manía de simplificar la realidad para adaptarla a su propio modelo es una practica constante de los economistas neoliberales. Este es el tipo de economistas que la Academia Sueca acostumbra a premiar.

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martes, 16 de octubre de 2007

La experiencia económica de Asia Oriental

Se pueden encontrar valiosas lecciones en la experiencia del este asiático, como el caso de Japón, que contradicen la tesis del Banco Mundial según la cual la apertura, la competencia internacional y la integración a la economía mundial son necesarios para lograr un crecimiento rápido y a largo plazo. ¿Cómo creció tan rápido Asia oriental?. Hoy existe consenso en cuanto a que los gobiernos de estos países tuvieron una intervención decisiva en todas las esferas de la economía para lograr un crecimiento económico acelerado y una rápida industrialización y, durante el curso de su desarrollo, estos países no tuvieron un sistema de mercado libre o flexible de productos internos o externos o de capital. Y si bien estuvieron orientados a la exportación, evitaron mantener una estrecha integración con la economía internacional en términos de importaciones, inversiones extranjeras directas y corrientes de capital. La experiencia de este tipo de países del este asiático contradice así una tesis central del Banco Mundial en cuanto a que es necesario tener mercados internos y externos libres, flexibles y competitivos para lograr rápidamente un crecimiento económico a largo plazo. Durante los períodos de crecimiento rápido, en lugar de una integración profunda o incondicional a la economía mundial, estos países buscaron una integración "estratégica". Se integraron en el grado que les convenía hacerlo para promover el crecimiento económico nacional. El momento y la secuencia de la apertura también fueron esenciales y pudo haber "pérdidas graves e irreversibles" si se hubiera intentado un tipo de apertura equivocada o el momento y las secuencias no hubieran sido las correctas. Es necesario que el gobierno cumpla un papel en la promoción del ahorro y la inversión por parte de las empresas y en la forma en que se usa el ahorro doméstico. La inversión extranjera directa (IED) no fue significativa en el desarrollo económico de Japón o Corea y, contrariamente a lo que sostienen los economistas del Banco Mundial, la falta de promoción de la IED por parte de los gobiernos de estos países pudo haber tenido efectos generales positivos, más que negativos. Al rechazar la inversión extranjera como medio de transferencia de tecnología, las empresas se convirtieron en las responsables de la asimilación de la tecnología importada, lo que provocó mejoras en todo el sistema.

lunes, 15 de octubre de 2007

¿Los capitales extranjeros hacen a las grandes naciones?

De las 500 empresas líderes de Argentina, el 72 por ciento, es decir, 360 de ellas, pertenece a capitales extranjeros. En los últimos dos años la tendencia de desnacionalización de empresas se acentuó a pesar de la prédica del gobierno a favor de una mayor y mejor “burguesía nacional”. En 1993, del total de 500 eran sólo 219 las empresas propiedad de capitales extranjeros en Argentina, pero la desnacionalización siguió creciendo. En 2000 las extranjeras eran 318, para llegar a 335 en 2004. En la actualidad ya son 360. Segun los liberales, eternos apologistas de los capitales extranjeros, deberiamos estan florecientes, con sueldos altos y sin pobreza a la vista. Como ven, las consecuencias practicas de la teoria liberal contrastan con las consecuencias teoricas. En fin, pero el dato más llamativo de la ola de extranjerización es el papel de Brasil como nuevo inversor en toda Latinoamérica. En ese marco, se conoció que la tradicional empresa argentina Alpargatas, un emblema de la industria nacional, pasará, definitivamente, a manos de Brasil. El escenario de las compras y ventas cambió desde los noventa, pero la tendencia se acentuó. En esa época, cuando las empresas argentinas eran vendidas los capitales provenían de Europa y América del Norte. Aquellas empresas vendidas eran de servicios y financieras. El escenario actual tiene como protagonista a países de otros bloques económicos vecinos y muchas de las empresas vendidas son manufactureras. El notable proceso de desnacionalización de nuestra economía que comenzó con el gobierno de Menem no se ha interrumpido en la gestión Kirchner. La Argentina sigue careciendo de una estrategia industrial. La prueba esta en que Pérez Compac, Swift, Loma Negra, Quilmes, Acindar y Aceros Bragado y la textil Graffa pasaron a manos brasileñas. Que el capital extranjero venga a fundar nuevas empresas es bueno como una ayuda, pero que venga a comprar empresas argentinas ya existentes que se venden y se desnacionalizan por la ausencia de una política nacional que las contenga es una estupidez, largamente pregonada por los liberales como un acto de sin igual astucia economica. Brasil no hace esto empujado por la fuerzas del mercado, lo hace porque tiene una estrategia nacional y un estado brasileño que apoya, financieramente, estas adquisiciones en el exterior. En cambio, la Argentina sigue siendo, en estos temas, un barco al garete, porque aqui se sigue creyendo que es mejor que decida el “mercado”, la “mano invisible”, “la globalización”. Argentina crece porque en el mercado mundial está alto el precio de lo que exportamos y porque están bajísimas las tasas de interés internacionales; no crece por la existencia de una política de crecimiento, crece a pesar de su política, que está centrada excluyentemente en cobrar altos impuestos para lograr superávit. Si los capitales extranjeros fueran los forjadores de las grandes naciones, las principales empresas de USA no serian de capital yanqui, sino extranjero, las empresas mas fuertes de Alemania no serian Alemanas y las empresas mas famosas de Japon no serian de capital japones sino de capital foráneo. Pero los liberales vernáculos jamas aceptarán la evidencia de la realidad.

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