jueves, 26 de julio de 2007

La Argentina desperdicia su conocimiento

Vivimos la mayor bonanza económica de los últimos cien años. Esta situación puede resultar efímera -así ocurrió otras veces- si no atendemos a un aspecto siempre relegado: el fortalecimiento de nuestra debilitada industria, que aún no produce mayor valor agregado.

Cuatro nuevos indicadores muestran si la industria está tecnológicamente avanzada: las patentes, la tasa de dependencia, la de autosuficiencia y el coeficiente de invención. Esta novedosa estadística, que habría que incorporar al análisis económico, la desarrollan la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología ( www.ricyt.org ) y el Conicet ( www.caicyt.gov.ar ).

Tales indicadores nos muestran rezagados por no haber incorporado el conocimiento a la economía.

Los países que lo hicieron crecen sostenidamente, con industrias avanzadas, y hasta subsidian al sector agropecuario cuando factores externos lo amenazan. En la Argentina, en cambio, el campo subsidia el transporte, la electricidad, la energía y otras industrias y servicios para frenar la inflación.

En 2006 se gastaron $ 4418 millones con ese fin. Criticamos los subsidios, pero los aplicamos de manera inversa.

Siendo el conocimiento el mayor valor económico, protegerlo parecería una verdad de Perogrullo. Sin embargo, nuestras empresas siempre patentaron, poco y el sistema científico, menos aún. En el último decenio medido (1995-2004), el promedio anual de patentes solicitadas en el país por residentes (empresas, instituciones y personas argentinas) fue de sólo 841, y las otorgadas, 191. Brasil, máximo exponente de la región, solicitó 8648 y obtuvo 2936 (10 y 15 veces más, respectivamente); Estados Unidos, el mayor exponente del mundo, solicitó 154.163 y logró 77.456.

Las patentes marcan la dimensión de la economía y su relación con la ciencia.

La Universidad de Buenos Aires (UBA), creada hace 186 años (en 1821), es la que mayor presupuesto, aunque siga resultando exiguo, destina a la investigación. Sus científicos publican más de mil trabajos por año. A pesar de que la ley 111, de patentes, (reformada en 1995) tiene casi un siglo y medio (1864), en ese lapso la UBA no registra patentes vigentes, salvo ocho otorgadas en el país y siete en el exterior, en la última década.

Sin política de propiedad intelectual, la universidad regala conocimiento cuando publica y no protege su producción inventiva. Invertir en educación, universidad y ciencia y no apropiarse del conocimiento es un contrasentido. Aunque no todo debe patentarse, la protección retroalimenta al sistema científico y a la economía de un país por los beneficios de las regalías.

Patentar localmente tiene un costo menor, y hacerlo en otros países no constituye el mayor gasto científico. Se presume que las patentes en el extranjero son las de mayor potencialidad, pero nosotros registramos muy pocas: en la plaza más fuerte (Estados Unidos), nuestra curva fue de 15 patentes otorgadas en 1990 a 49 en 2000, para descender a 17 en 2005. Corea del Sur, con políticas serias, elevó su curva de 213 (1990) a 3285 (2000) y a 4416 patentes en 2005.

Otros dos indicadores miden la dependencia o autosuficiencia económica, con relación al conocimiento patentado. La tasa de dependencia muestra el coeficiente entre las patentes solicitadas por residentes y no residentes (filiales extranjeras en el país, con residencia en el exterior). Un valor mayor a uno señala dependencia, por la preeminencia de patentes solicitadas desde el exterior; un valor entre cero y uno indica autosuficiencia, por la preeminencia local.

La Argentina tiene una alta dependencia: 5,5 puntos, ya que los no residentes solicitaron, en el decenio 1995-2004, un promedio de 4604 patentes por año, frente a las 841 de los residentes.

Brasil se acercó a la tasa deseable: 1,5 puntos, pues las patentes de no residentes promediaron 13.126 por año y las de residentes, 8648. En los EE.UU., la tasa es de 0,8 puntos, con 125.070 patentes solicitadas por no residentes y 154.163 por residentes.

La tasa de autosuficiencia, contracara de la anterior, muestra el coeficiente entre las patentes solicitadas por residentes y el total de las solicitadas. Crece en la medida en que la participación local es mayor. En la Argentina, esta tasa siempre fue chata: en el mencionado decenio, el promedio anual fue de 0,15 puntos. En Brasil, llegó a 0,40 y en los EE.UU., a 0,55.

Aplaudir la inversión sin atender de dónde proviene y a quién y cómo beneficia es un error. La industria argentina se extranjerizó y debilitó por la transferencia de activos al exterior y la consecuente pérdida de espacios creadores de conocimiento y tecnologías. La inversión extranjera no se vuelca al logro de mayor valor agregado nacional y la argentina crece fuera del país y del sistema: en 1992 sumaba US$ 44.258 millones y hoy, US$ 109.932 millones. Se ha dicho que esto ocurre por nuestra baja calidad institucional.

Un reciente análisis de Rosendo Fraga -sin desconocer este dato- indica que la inversión "se ha hecho más cínica": China es el mayor receptor de inversión extranjera; Vietnam del Norte, Rusia, Cuba y Venezuela reciben inversiones y crecen a tasas elevadas. Faltaría analizar por qué los argentinos no invierten en su país.

Finalmente está el coeficiente de invención: cuanto mayor sea, mayor será la capacidad innovadora de una nación. El indicador mide la relación entre el número de patentes solicitadas por residentes, cada 100 mil habitantes. Nuevamente estamos rezagados: en el decenio analizado, nuestro coeficiente promedio fue de 2,36 por año. Brasil lo duplicó, con 5,05, y los EE.UU. estuvieron al tope, con un impresionante 55,16. La capacidad de invención del sector científico puede ser alta, como en nuestro caso, pero desaprovechada. Las universidades y centros científicos favorecen el crecimiento humano y cultural, pero para crecer económica y socialmente la ciencia y la industria no deben estar de espaldas.

Hay iniciativas en la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y en algunas universidades, pero no tenemos una cultura y estrategias de apropiación del conocimiento, ni presupuestos y equipos para evaluar los trabajos y negociar su transferencia a la industria. Por eso hay centenares de patentes fuera del sistema, solicitadas por investigadores o, lo que es más grave, financiadas por empresas y universidades del exterior, que se benefician. Ante esto se hace la vista gorda, pues al dejar libre un espacio no se puede exigir que nadie lo ocupe.

Si agregamos la emigración de científicos, concluimos que la Argentina es donante de conocimientos. Así podemos importar lo que ayudamos a producir y perdemos la oportunidad de exportarlo. Así la actual bonanza seguirá siendo un espejismo que esconde la fragilidad de nuestra economía. Prescindir del conocimiento en la industria y no tener una política de protección de la propiedad intelectual es un desatino. Creer que el campo puede y debe sostenerlo todo es injusto y riesgoso.

Por Arturo Prins
Para LA NACION

Arturo Prins es director ejecutivo de la Fundación Sales y secretario de la Fundación Criterio.

Raramente copio literalmente un artículo, casi siempre hago un resumen y luego cito la fuente, en este caso, excepcional, lo copie tal cual debido a que lo extraordinariamente importante de la informacion que aporta asi lo exigía.

Fuente


domingo, 22 de julio de 2007

¿Que es la competitividad hoy?

Cualquier proyecto de país que ignore la necesidad de impulsar su competitividad estará destinado al fracaso. Sólo sobrevivirán aquellos paises que desarrollen una estrategia de competitividad efectiva, que cuente con la participación activa de gobierno, empresarios y sociedad civil, para hacer frente al cambio continuo y la competencia global en los mercados internacionales. En la actualidad vivimos en la era del conocimiento, en la que el capital intelectual es el factor estratégico de la competitividad. Las sociedades han ido evolucionando desde la época en que la propiedad de la tierra era el factor estratégico, pasando por las dos revoluciones industriales en los que la maquinaria y la tecnología eran el elemento clave de la competitividad. Hasta el siglo pasado, el país que no tenía acceso a la maquinaria o la tecnología no podía salir de la pobreza. Pero en esta era del conocimiento, quien mejor desarrolle el capital intelectual será el que mayores ventajas competitivas tendrá. La competitividad se refiere a la capacidad que tiene una economía de producir bienes y servicios de forma eficiente, manteniendo una ventaja comparativa sobre sus competidores. Desarrollar la competitividad consiste en buscar diferentes formas de hacer lo mismo, pero de manera más eficiente, para estar un paso delante los competidores. En la vieja economía de los negocios la empresa más grande se comía a la más pequeña, pero en la nueva economía la empresa más inteligente, veloz y ágil se come a la más grande, lenta y rígida. Los gobiernos deben trabajar con ahínco para fomentar la eficiencia del mercado mediante la modernización e implementación de leyes, regulaciones y procesos necesarios para que la economía cuente con bases que le den movilidad, dinamismo y que aseguren el buen funcionamiento de las empresas, instituciones y organismos nacionales. Si el gobierno esta ausente, tal como recomiendan los liberales, la competitividad no surge espontáneamente. La República Dominicana ha demostrado que se pueden lograr grandes avances en materia de competitividad cuando el gobierno muestra liderazgo y tiene visión a largo plazo, siempre y cuando cuente con el apoyo y la participación decidida del sector privado.

Fuente: www.pa-digital.com.pa

viernes, 6 de julio de 2007

Irlanda: impresionantes logros en cincuenta años

En la década de 1950 la incapacidad de generar empleos para satisfacer las necesidades de los irlandeses provocó que 400,000 personas emigraran de Irlanda. El gobierno atravesaba por una seria crisis fiscal y los servicios de salud y educación no satisfacían a la ciudadanía. Pero hoy, los irlandeses regresan a su país y la República de Irlanda se ha convertido en uno de los países más ricos de la Unión Europea, superando incluso, en ingreso per cápita, a su antigua potencia colonial, Gran Bretaña. También, los irlandeses han logrado un nivel de vida mejor, mediante la priorización en la educación, la salud y el bienestar social en el presupuesto de gobierno. ¿Cómo los irlandeses lograron en medio siglo esos impresionantes avances económicos y sociales?. ¿Cuál fue la fórmula que ellos utilizaron, cómo lograron este cambio tan dramático de ser el país más pobre de Europa a convertirse en el país de avanzada que es en la actualidad?. A principios de la década del setenta, Irlanda ingresa a la Comunidad Europea –hoy la Unión Europea–, y empieza paulatinamente a instituir ciertos programas de industrialización, pero muy poco a poco. En la década del sesenta, todavía 36% de la fuerza trabajadora estaba en la agricultura, desarrollada en fincas pequeñas e ineficaces, con un cruel desempleo estacional. La emigración todavía seguía pesando. El cuadro comienza a cambiar con un programa titulado sencillamente “Desarrollo Económico”, el cual tenía dos aspectos centrales. Uno era la mecanización y consolidación de las empresas agrícolas. Se procuraba ser más competitivo en el mercado de alimentos de Europa, y exportar alimentos allá. Se trata de mecanizar y consolidar empresas agrícolas para hacerlas competitivas y poder exportar alimentos. El aumento de la producción en la agricultura, gracias a la mecanización, provocó naturalmente una reducción de empleos en el sector agrícola: más producción, menos empleo. Por lo tanto, se tuvo que acompañar esta mayor producción con un segundo aspecto que fue la atracción de inversión extranjera directa que generara nuevos empleos sobre bases industriales. Ellos siempre tenían la idea de atraer inversión del exterior para fortalecer su economía, pero con el propósito también de generar capacidad empresarial nacional. Para 1980, cuando todavía Irlanda no había despegado como la conocemos hoy al menos, las empresas exclusivamente manufactureras de propiedad irlandesa ya proveían dos terceras partes del empleo. Sin embargo, no eran protagonistas en la actividad de exportación; solamente generaban poco más o poco menos de una tercera parte de las exportaciones manufactureras. ¿Qué hizo Irlanda de 1980 al 2007? Algo hizo, porque no se quedó únicamente en la mecanización de la agricultura, que estuvo bien hecha, ni en la atracción del capital extranjero. En 1982 hizo un estudio inclusivo y abarcador de la situación, que produjo un documento: el Informe Télesis. Se realizó una evaluación de la política industrial de Irlanda desde la década del cincuenta hasta 1982, que es cuando se hizo el informe, y encontraron lo siguiente: primero, los incentivos gubernamentales son de alto costo. Dicen: “Aquí estamos dando subsidio, aquí estamos dando exenciones contributivas y, sin embargo, las empresas vienen y se van: ocurre una fuga de empresas una vez expira su exención contributiva”. Se registra un bajo nivel de destreza en la fuerza trabajadora, carencia de investigación y desarrollo en las plantas manufactureras, y falta de eslabonamiento y vínculos entre las empresas extranjeras y las empresas nacionales. Empezaron a elaborar medidas sencillas. Para estimular las empresas nacionales, hicieron algo. Primero, les dijeron a las empresas nacionales: “Vamos a hacer el mercadeo de ustedes en conjunto para que logren exportar a mercados exteriores en conjunto también. Y vamos a establecer almacenes en el exterior: digamos en España, si es el mercado que nos interesa, en Alemania o en Estados Unidos. Ahí ustedes llevan sus productos y de ahí entonces se realiza la distribución. Eso lo realiza el Estado. Estableceremos almacenes conjuntos. Ustedes nos ayudan a nosotros, las empresas que van a participar, y nosotros los ayudamos a ustedes en el establecimiento de esos almacenes, para estimular la exportación hacia mercados extranjeros porque, después de todo, los mercados de estos países son relativamente pequeños”. Aquí vemos la clásica alianza entre el Estado y las Empresas que se produce en los países que salen adelante. De manera que no es la ausencia de Estado lo que estimula la economía, sino al revés, es la presencia de un Estado que alienta los resortes económicos lo que produce el despegue, en contradicción con los que dicen tozudamente todos los liberales recalcitrantes. Ademas,Irlanda puso énfasis en el capital nacional –sin descuidar la promoción del capital del exterior– y en la exportación de capital nacional con vías a desarrollar los almacenes. Se establecieron unas metas y las han logrado. Y el cambio de 1982 al siglo XXI –ya en el 2000 a Irlanda se le llamaba el Tigre Celta– ha sido realmente extraordinario. En Irlanda han tenido éxito en el estímulo del capital nacional sin descuidar, obviamente, la inversión directa extranjera. Significa también que han tenido éxito en los eslabonamientos y vínculos entre el capital nacional y el capital extranjero. Esto es algo que los liberales argentinos, permanente escollos para el desarrollo de nuestro pais, no entienden ni quieren entender. Recordemos una cosa. Una de las políticas claves para desarrollar un país es que el capital extranjero sirva de estímulo al desarrollo del capital nacional. ¿Cómo se logra eso? Vinculando unos con otros; es decir, que unos les vendan a otros, que unos les presten servicios a otros: el local por un lado y el extranjero por el otro. Irlanda se propuso, de manera explícita, estimular los eslabonamientos entre el capital nacional y el capital extranjero. Ese Informe Télesis también le dio una gran prioridad a la investigación y desarrollo en la tecnología de la información. Estamos hablando de la década del ochenta. Darle prioridad a este renglón viabiliza que Irlanda se convierta en una potencia exportadora de tecnología de la información; y todo esto realizado conjuntamente con el desarrollo de centros de educación especializados en ciencia y tecnología. Entre los servicios públicos prioritarios en Irlanda, está la salud y la educación. Pues en el campo de la educación, les dieron un empujón enorme, a partir de 1982, a centros de desarrollo y estudio de tecnología. Es el Programa Télesis el que explica este enorme desarrollo de Irlanda.


Fuente: Claridad

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