viernes, 9 de febrero de 2007

En Irlanda ¿que hicieron?

Irlanda demuestra que las limitantes no son económicas, sino mentales y políticas. A los irlandeses, las oportunidades económicas se le abrieron casi por arte de magia recièn cuando estuvieron dispuestos a enfrentar sus carencias y a organizarse para aprovechar su potencial. Es decir, que para progresar tuvieron que repensar todas sus instituciones y actuar en consecuencia. Lo impresionante del éxito irlandés es lo fácil que resultó su resurgimiento. Lo primero que reconocieron fue que el desarrollo no se construye con cemento y varilla, sino una enorme inversión en capital humano. El secreto último de la transformación irlandesa consistió en convertir a su población en el factor medular de competitividad. En lugar de invertir en puentes y carreteras, el gobierno reconoció que la esencia del desarrollo residía en la preparación de su gente, en lo que los economistas llaman el "capital humano". Es decir, el gobierno comprendió que la inversión física, obviamente necesaria, es irrelevante si no existe una población capacitada que la pueda explotar. De esta manera, se dedicaron ingentes recursos a transformar al sistema educativo con el fin de que se elevara la calidad de la formación de la población y para ofrecerle las habilidades necesarias para competir en el mundo del siglo XXI.

El ejemplo de Irlanda

Irlanda hace 20 años tenía una tasa de paro del 17%, estando hoy en el pleno empleo (4,6%). La economía irlandesa ha crecido a una media anual del 8% durante los noventa frente a una media del 2% en el conjunto de Europa. De estar en el furgón de la cola en renta por habitante, hoy Irlanda es la segunda renta per capita más alta de la Unión Europea (29.000 euros). Hoy el 60% del software que se vende en Europa se fabrica en Irlanda. La estrategia de Irlanda ha estado basada en: a) La atracción de empresas relacionadas con las nuevas tecnologías de la información y del conocimiento. b) Altos niveles de formación universitaria y profesional asumiendo que la principal fuente de riqueza de una economía parte del desarrollo de la sociedad del conocimiento. La universidad es la mayor receptora de los fondos públicos. c) Una apuesta clara y explícita del gobierno a favor de la sociedad de la información y del conocimiento que se ha traducido en una confianza empresarial de país que "mira al futuro". La respuesta de otros grupos como el financiero no se ha hecho esperar, respaldando esta política. Hay que recordar que estos logros se han alcanzado en un país que todavía hoy padece deficientes carreteras, ausencia de transporte público, elevado precio de la vivienda, sistemas de pensiones o sanidad deficientes, etc. Pese a estas desventajas, el peso y la dirección de su apuesta han dado resultados. Irlanda no es un caso único. La reconversión de Finlandia, el empuje oriental de Corea, el progreso de la India… vienen a corroborar la importancia que tiene invertir en educación y apoyar con fondos publicos a la Universidad.


Fuente: Euroresidentes

martes, 6 de febrero de 2007

Nueva Zelanda y el kiwi

Cuando la Comunidad Británica de Naciones abandonó su política proteccionista, una nación de apenas cuatro millones de habitantes se enfrentó valientemente al desplome inminente de su economía: Nueva Zelanda. Todos sus productos de exportación iban antes a la comunidad, pero ahora había que competir en el mercado mundial. Se reestructuró la política de ciencia y tecnología creando departamentos de investigación especializados en los ramos de exportación: quesos, mantequillas, carnes de carnero. La meta era lograr una industria de exportación de calidad basada en la alta reputación del producto neozelandés. Por ejemplo, los científicos descubrieron una fruta indígena exclusiva del país, y la desarrollaron y promovieron para el mercado internacional. Le pusieron “kiwi” para identificarla con Nueva Zelanda, y así lograron generar una nueva fuente de ingresos para el país.

En Venezuela las empresas deberán invertir en ciencia

Las grandes empresas venezolanas deben aportar entre 0,5 y 2 por ciento de su ingreso anual a programas de ciencia, tecnología e innovación, según estipula una ley que comenzó a regir la primera semana de 2007. Se espera que la nueva ley estimule la inversión, particularmente en sectores de la economía que últimamente se han visto estancados.

La Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación se aplica desde el 1 de enero de 2007 a todas las empresas cuyos ingresos brutos anuales superen US$ 1,5 millón. El porcentaje aportado dependerá del tipo de empresa: dos por ciento para las de hidrocarburos, uno por ciento para las de minería y electricidad y 0,5 por ciento para otros sectores.

Los fondos podrán dirigirse a programas de ciencia y tecnología en universidades, centros de investigación e instituciones públicas y privadas. También podrán beneficiar a instituciones dependientes del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Venezuela. Los aportes podrán, además, destinarse a programas ejecutados por las propias empresas y a la prestación de servicios o suministro de bienes para proyectos de ciencia, tecnología e innovación. Esto incluye financiamiento para becas, patentes e, incluso, capacitación de su propio personal.

La nueva ley busca promover la modernización de sectores clave de la economía, e incentivar la formación de redes empresariales y los vínculos entre la industria y los académicos e investigadores.


Fuente: Peripecias

lunes, 5 de febrero de 2007

Un informe señala la incapacidad de Francia para potenciar la transferencia de resultados de investigación

Según un informe publicado por el Ministerio francés de Educación Superior e Investigación, la explotación de resultados de investigación ha quedado estancada en Francia a pesar de las medidas introducidas para fomentar la innovación e investigación básica del país.

Los autores del informe obtuvieron esta conclusión comparando y contrastando las estructuras de los laboratorios públicos y privados de Francia y del extranjero y su capacidad para potenciar sus resultados de investigación.

En lo que se refiere a las asociaciones de investigación público-privadas, uno de los indicadores clave empleados, el estudio señala que el volumen de contratos entre institutos de investigación públicos y la industria no ha aumentado desde 1992. De los contratos que han sido redactados, la mayoría son destinados a tan sólo un pequeño porcentaje de institutos de investigación públicos de Francia. Esto ha producido un debilitamiento de la competitividad de Francia que, según los autores del estudio, ha tenido repercusiones sobre la participación del país en el programa marco de investigación de la UE.

La situación presenta un estancamiento similar en lo referente a las ganancias obtenidas por los institutos de investigación de su propiedad intelectual. A pesar de que el número de solicitudes de patentes realizadas aumentó en los últimos 10 años, duplicándose prácticamente a partir de 1996, Francia ha obtenido como resultado muy pocos beneficios económicos. El estudio sostiene que el aumento de patentes es debido, en primer lugar, a un deseo de proteger inventos, no de explotarlos. En segundo lugar, la causa de la falta de beneficios obtenidos podría ser el hecho de que muchas patentes son compartidas entre institutos de investigación.

Por otra parte, el estudio juzga la capacidad de Francia para potenciar su investigación por el número de empresas innovadoras creadas por institutos de investigación públicos. A primera vista, las cifras son alentadoras, con un total de 90 empresas que se ponen en funcionamiento anualmente por iniciativa de institutos de investigación públicos.

Pero la situación resulta menos alentadora si se observa el crecimiento de estas empresas. El estudio estima que menos de 1 de cada 10 empresas alcanza un volumen de negocios de 1 millón de euros al cabo de cuatro años. Entre los factores del retraso del desarrollo de estas empresas, el estudio señala una serie de estructuras que no consiguen facilitar una rápida transferencia de tecnología y la no participación por parte de la industria.

Por último, el estudio analiza el movimiento de investigadores entre laboratorios públicos y la industria y sostiene que es la forma más eficaz de transferir y explotar conocimiento y resultados de investigación. En este aspecto encontramos de nuevo mucho espacio libre para la mejora. En 2004 sólo el 38% de los jóvenes doctorados encontraron empleo en la industria, en comparación con el 62% que encontró trabajo en el sector público.

Para cambiar la situación, los autores del estudio piden grandes cambios en la forma de organización y realización de la investigación. También recomiendan el desarrollo de mecanismos, como por ejemplo oficinas de transferencia de tecnología que permitan una mejor colaboración entre la industria y los institutos de investigación públicos. No obstante, los autores del estudio expresan que ninguna medida cuyo objetivo sea aumentar estos vínculos debe emprenderse a costa de la investigación básica.

Fuente: Cordis Noticias

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