A mediados de la década de 1980, a pedido del gobierno del presidente Alfonsín, la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (AJCI) organizó un equipo de alto nivel para realizar un estudio sobre el desarrollo económico de la Argentina. El equipo fue liderado por el economista Saburo Okita. El estudio es uno de los más importantes que se han realizado sobre la economía argentina por expertos extranjeros. El informe fue hecho por expertos que provienen de un país cuya experiencia histórica difiere sustancialmente de la observada en otras potencias industriales. En efecto, ningún país ha transitado tan rápidamente como Japón desde el subdesarrollo hasta un puesto de vanguardia en el orden mundial ni seguido, en ese trayecto, políticas tan heterodoxas dentro de un sistema capitalista. El diagnóstico de los problemas y las propuestas de política para la Argentina del informe son coherentes con la experiencia de un país como Japón, que realizó una apertura programada de la economía con fuerte intervención de las políticas públicas, identificó las actividades estratégicas y las impulsó con todos los medios disponibles, privilegió el desarrollo de las empresas de capital nacional y sólo aceptó las extranjeras complementarias y no excluyentes de las nacionales, impulsó la ciencia, la tecnología y la educación como fuentes fundamentales del desarrollo, y vinculó a los bancos al financiamiento de las prioridades del país. Para ejecutar esta estrategia empleó la planificación porque una de las maneras efectivas para asegurar la continuidad y la consistencia de las políticas económicas es la formulación de un plan de mediano y largo plazo fundado en el consenso nacional. El plan es una expresión concentrada del futuro que el gobierno prevé para la sociedad. El plan debe proporcionar el marco de referencia dentro del cual el sector privado puede diseñar sus negocios y tomar las decisiones de inversión. El diagnóstico del informe de 1986 es contundente y discrepa de la versión ortodoxa, la cual atribuye los males argentinos a la pretensión de industrializar el país y a la intervención del estado. En cambio, dice Okita: “La contracción industrial es la causa principal del estancamiento económico global. La liberalización de la economía (durante el régimen de facto 1976-83) y la sobrevaluación del peso provocaron la serie de dificultades actuales de la economía argentina al deprimir la industria manufacturera y provocar la acumulación de una gigantesca deuda externa”. El informe propone una estrategia de desarrollo autosustentado asentada en la movilización de los recursos internos y en la ampliación del acervo científico tecnológico. Agrega: “La promoción de las actividades de investigación y desarrollo tendrá gran impacto en las innovaciones tecnológicas del proceso productivo y el apoyo de las inversiones industriales para la reactivación económica”. Las políticas que recomienda Okita, no sólo son las mismas que impulsaron el desarrollo del Japón, sino también el más reciente de los países de más rápido desarrollo de Asia, como Corea, Taiwan, Malasia, China e India. Okita dio estos consejos hace veinte años y todavía hoy nadie lo escucha en este país. No hay peor sordo que el que no quiere oír.
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jueves, 28 de septiembre de 2006
miércoles, 27 de septiembre de 2006
Educación, investigación y tecnología
El desarrollo de un país es consecuencia directa de la educación, la investigación científica y el desarrollo tecnológico. No podemos argumentar separadamente la importancia que estos factores tienen en el desarrollo de un país, ya que la falla o ausencia de cualquiera de ellos hará imposible llegar al final de la cadena: el desarrollo tecnológico. Podemos decir que el verdadero motor es la cadena: educación + investigación científica = desarrollo tecnológico. Cuando uno de sus eslabones se corta, el desarrollo de cualquier comunidad se ve amenazado, ya que no podrá competir con las otras ni cultural ni económicamente. El desarrollo de una sociedad se ve amenazado cuando sus integrantes no tienen en cuenta la importancia de concretar esta cadena. La misma debe ser motivo permanente de inquietud no sólo en el presente sino también en el futuro. Toda la sociedad debe comprender que es imposible un total bienestar sin un desarrollo tecnológico propio. Esto solo estará garantizado cuando cada integrante de cada comunidad acceda libremente a la educación, otorgándosele conocimiento que despertará en él la necesidad de ampliarlo a través de la investigación científica y generar desarrollo tecnológico para la aplicación concreta de ese conocimiento. Los países que se desarrollan es porque usan sus recursos para garantizar la educación a todos sus habitantes y financiar las investigaciones científicas que dan lugar al desarrollo tecnológico. Es como seguir una ecuación matemática. En nuestro país ningún eslabón de la cadena es debidamente cumplido ni está debidamente estructurado. La educación básica se encuentra en crisis, tanto en el nivel inicial como en el nivel medio. En la Argentina falla cualquier punto de acción que fomente una buena experiencia de los alumnos. En general los maestros y profesores no son bien retribuidos, la mayoría de las escuelas primarias y secundarias no disponen de los materiales e insumos necesarios para llevar a cabo las actividades normales de un establecimiento educativo, la cantidad de alumnos que reciben es cada vez menor, ya que cada vez más adolescentes y niños se ven obligados a trabajar, como consecuencia de la situación económica actual. Estos factores provocan que un alumno que desea llevar a cabo estudios universitarios no se encuentre debidamente capacitado. La decisión gubernamental concerniente a este tema es primordial, el gobierno DEBE FOMENTAR VIOLENTAMENTE LA EDUCACIÓN para que ocurra un gran número de ingresos y para que al final de un ciclo, el país haya “producido” un gran número de personas capacitadas para llevar adelante investigaciones. El sistema de educación básica actual no garantiza un buen pasaje por la universidad que fructifique en un gran número de científicos que den al país desarrollos tecnológicos como consecuencia de los conocimientos adquiridos ya que las fuentes de trabajo para investigadores son cada vez menores. La importación de tecnología es un factor que retrograda el desarrollo tecnológico de nuestro país: en lugar de financiarse proyectos propios se tiende a la importación de tecnologías que han sido desarrolladas en el exterior. Se coarta así el intercambio de conocimientos o tecnologías, tendiéndose a la dependencia tecnológica que inhibe el surgimiento de proyectos nacionales. La combinación de estos factores, que deterioran de forma diferente cada eslabón de la cadena, provoca el decaimiento del desarrollo tecnológico que en nuestro país puede producirse, ya que contamos con el capital humano necesario para llevar adelante una política científica que aspire al desarrollo de tecnologías nacionales. Sólo resta que las políticas gubernamentales nacionales y provinciales financien debidamente cada eslabón, dando a la educación, la investigación científica y el consecuente avance tecnológico la importancia que realmente tienen en el desarrollo de nuestro país.
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I+ D industrial y su relación con los fondos públicos
Los liberales dicen que una disminución del apoyo público a la ciencia tendría como consecuencia mayores desembolsos del sector privado para así mantener este su nivel de innovación y competitividad. El sector privado se vería, de esta forma, en la “necesidad” de invertir en investigación para mantener su competitividad y el estado se ahorraría el derroche de fondos en esa “cosa llamada ciencia”. Analicemos esta hipótesis tomando en cuenta un substancioso estudio de la NSF (National Sciencie Fundation). En este estudio aparecen todas las estadísticas sobre la ciencia y la ingeniería estadounidense y las tendencias de la industria en cuanto al financiamiento de la innovación se refiere. Bueno, resulta que a partir de 1987 y hasta 1995, decayó sensiblemente el apoyo del gobierno federal a la investigación y desarrollo industrial privado. Es decir, que en la década precedente a 1987, de fuerte apoyo federal, la I+D industrial crecía a una tasa promedio de 6,5% para luego decaer a menos del 1,5% cuando se aplica el freno gubernamental. Ese financiamiento directo a la industria (en forma de subsidios o grants), que venía siendo del órden de 30.000 millones de dólares en 1987, cayó a 22.000 millones en 1995. Así que, contrariamente a la hipótesis privatizadora, la disminución del apoyo del gobierno a la industria, produce menos crecimiento y menos... I+D privada.
El financiamiento Público de la Ciencia
El 73% de la base de conocimientos que usan las empresas privadas para formular sus patentes en Estados Unidos provienen de proyectos financiados con fondos públicos. Así lo demuestra la National Science Foundation de ese país a través de un estudio que realizó el instituto CHI Research. El estudio, le llevó a esta firma consultora, 17 años de investigaciones sobre los fundamentos de las patentes industriales en el que se analizaron 397.000 patentes registradas en dos períodos 1987-88, y 1993-94. Los investigadores de CHI se fijaron en las referencias bibliográficas que tienen en su portada cada una de esas patentes y de allí extrajeron 240.000 publicaciones de las cuales el 80% habían sido publicadas en los últimos once años. Luego, usando varios bancos de datos pudieron relacionar a 109.000 de esas referencias con las revistas de mayor impacto científico y con las direcciones de los autores de esos trabajos. Después de eliminar redundancias, los investigadores se quedaron con una lista de 45.000 trabajos claves para ser analizados en la bibliotecas. Allí encontraron varias cosas interesantes. En el sector biomédico, por ejemplo, los trabajos claves citaron como fuentes de apoyo a tres instituciones públicas, como el Instituto Nacional del Cancer, la Sociedad Americana contra el Cáncer y la Marcha de los Diez Centavos (una institución de filantropía). En física, el financiamiento provino principalmente de la propia National Sciencie Fundation, y de la NASA. Los detectives bibliográficos de CHI acotaron aún más su blanco de acción y apartaron todas las patentes provenientes de universidades o institutos públicos o privados, para concentrarse solo en empresas privadas nacionales o extranjeras. De un total de 2.800 patentes registradas entre 1993 y 1994, aparecieron 5.200 citas bibliográficas de las cuales el 73% habían sido escritas en instituciones públicas ya sean éstas universidades, laboratorios, o institutos gubernamentales, tanto de Estados Unidos como del exterior. Lo interesante, además, es que la industria solo citó sus propias contribuciones en un 20 % de todas las referencias bibliográficas. Más sorprendente aún fué el caso específico de IBM, quien a pesar de su reputación de ser una de las mayores productoras de patentes del mundo entero, solo se refirió a su propio trabajo en un 21% de las fuentes bibliográficas. Los hallazgos de CHI, pueden ser sorprendentes para los fundamentalistas de la privatización de la ciencia.
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Houssay, Leloir, Milstein
La ciencia y la tecnología de América Latina carecen de una guía clara de orientación. La investigación científica tuvo un desarrollo modesto pero relativamente temprano en Argentina, Brasil y México, y en particular en el primero. Esto permitió que, en una situación de relativa carencia, destacaran grupos de investigación aislados con capacidad para afrontar los desafíos del momento en la frontera internacional del conocimiento. Esta «excelencia en la periferia», se constituyó como fenómeno posible gracias al contexto de una ciencia internacional todavía dominada, en grandes áreas, por el modo artesanal de hacer ciencia, regida por las pautas dominantes de la ciencia académica. Así, el primer premio Nobel científico de América Latina, Houssay, desarrolló sus investigaciones fisiológicas en su laboratorio de la universidad pública, equivalente al de los principales países científicos. Esta ciencia académica sufrió en varios países latinoamericanos los embates de la inestabilidad política, el oscurantismo ideológico y el autoritarismo anticientífico. Pero la Argentina constituye un caso paradigmático. La historia de los tres premios Nobel argentinos en ciencia reproduce de manera emblemática los efectos de esta política: Houssay desarrolló sus investigaciones en una universidad pública. El segundo, Leloir, aunque comenzó trabajando en ella, debió ampararse en los recursos de una fundación privada para contar con un laboratorio adecuado. El tercero, Milstein, debió migrar directamente a Inglaterra porque, después de una crisis política nacional, fue separado de su cargo como investigador en una institución pública donde había comenzado a crear el primer laboratorio de biología molecular del Continente. Esta sucesión describe la parábola del desdibujamiento de la ciencia académica en la Argentina.
I+D = Patentes
El gasto en actividades de ciencia y tecnología en los países latinoamericanos alcanza poco menos de los 8.000 millones de dólares anuales, lo cual representa el 2,3% del gasto mundial en el sector. De todas formas, si consideramos que todo lo que gasta América Latina en ciencia y tecnología equivale a la mitad de lo que invierte la General Motors en I+D, no podemos dejar de impresionarnos con los desniveles dramáticos que sufre la región en comparación con las áreas desarrolladas. Para los latinoamericanos, los gastos en ciencia y tecnología representan menos del 0,5% promedio del PBI, mientras los países desarrollados se encuentran entre el 2 y el 3% en la mayoría de los casos. La importancia de la actividad en ciencia y tecnología en el caudal ocupacional de los Estados se expresa en la proporción que representan los científicos y tecnólogos en el total de la población económicamente activa. Nuevamente la diferencia entre América Latina y EEUU es drástica: más del 7 por mil para éste país y diez veces menor (0,7 por mil) para los países latinoamericanos. En el plano estrictamente tecnológico, las estadísticas sobre patentes describen un panorama entre el norte y el sur similar a los datos del I+D: el número de solicitudes de patentes es en EEUU del orden de los 200.000 por año, en tanto son más de 50.000 y de 40.000 en España y Canadá, respectivamente. En América Latina, sólo Brasil y México presentan cifras algo significativas: entre 6.000 y 10.000 patentes anuales. Aun así son valores marcadamente inferiores.
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lunes, 25 de septiembre de 2006
¿Por qué se desprecia la ciencia en América Latina? (versión abreviada)
¿Porqué es tan consistente la tendencia a menospreciar, en los hechos, la producción local de conocimiento -eso es lo que hace la política pública- y la utilización del conocimiento localmente generado -eso es lo que hacen las empresas-? Una respuesta plausible sería que no se considera al conocimiento localmente generado como una de las fuentes fundamentales de desarrollo, aunque ello rara veces se diga abiertamente. Dado que ni en los dichos ni en los hechos se desestima al conocimiento como una herramienta fundamental, la conclusión resulta clara: el conocimiento que importa es el que se hace en otras partes y al cual se accede comprando máquinas, procedimientos, consultorías, expertos, etc. No valdría la pena así cultivar el conocimiento dentro de fronteras, asumiendo los importantes esfuerzos que ello implica, por considerar que resulta mucho más rendidor relacionarse de forma rápida y directa con el conocimiento ya existente. Esta manera de ver las cosas es profundamente errónea, en el sentido que da lugar a acciones sumamente ineficientes y que refuerzan la ineficiencia a futuro, entendiendo aquí por eficiencia la capacidad de dar respuestas adecuadas a los problemas que están planteados. Tres razones principales dan cuenta de la ineficiencia de este enfoque. La primera tiene que ver con la necesidad de tener una sólida capacidad propia de generación de conocimientos a efectos de ser capaces de relacionarnos en forma creativa con el conjunto del saber generado a nivel mundial. La cuestión es que para hacer un uso positivo del acervo mundial de conocimientos hay que entender los propios problemas, hay que haber tratado de abordarlos de modo de poder establecer las complementariedades necesarias, hay que conocer en profundidad las direcciones disciplinarias que coadyuvan en las soluciones buscadas: en una palabra, hay que tener capacidad de investigación propia para poder usar los resultados de las capacidades de investigación de otros. La segunda razón de la ineficiencia del planteo puramente “importador” es que lo que se necesita muy raramente está listo para ser importado: si la lógica no es la búsqueda de soluciones sino la importación de soluciones, lo que termina pasando es que se consigue lo que está disponible y no lo que se necesita. Son legión los ejemplos que van desde la inoperancia hasta el desastre cuando en vez de buscar con cabeza propia se delega en otros la oferta de soluciones. La tercera razón está relacionada con el futuro: no hay mejor manera de asegurar para el tiempo por venir una situación de “subdesarrollo voluntario” que no apostar a la investigación propia, pues de ella depende crucialmente la creatividad de los estudiantes de hoy y profesionales, investigadores y trabajadores en general de mañana. Entre los aplicadores de recetas y los trabajadores creativos en el área y posición que sea, se encuentra la ausencia o la presencia de una fuerte valorización social de la investigación propia.
¿Por qué se desprecia la ciencia en América Latina?
En Latinoamérica el discurso acerca de la necesidad de que la investigación sea orientada, evaluada y financiada de acuerdo a su utilidad de relativamente corto plazo ha sido adoptado sin fisuras por gobiernos y agencias de fomento de la ciencia latinoamericanos; los recursos para la investigación siguen siendo muy bajos, situándose en todos los países de la región por debajo del 1% del PBI, las empresas, privadas y públicas, hacen un aporte marginal a la inversión en investigación y desarrollo y no constituyen un referente nacional para la definición de agenda de investigación alguna puesto que su demanda interna es extraordinariamente baja. A la investigación se le exige orientarse hacia problemas más aplicados, tanto a nivel de discurso como de prácticas concretas de las agencias financiadoras, pero los actores productivos que se supone son los que están interesados en ese cambio de rumbos para su mejor desarrollo no plantean cuáles son las aplicaciones que les interesan y no pocas veces dan la espalda cuando desde los ámbitos académicos se proponen acciones conjuntas. Desde el espacio público, entonces, se instrumentan políticas que premian una relevancia que es más discursiva que real, sin atender a revertir uno de los polos -aunque por cierto no el único- de la contradicción: la “debilidad cognoscitiva” de los actores productivos, que los lleva a no reconocer como importante el aporte del conocimiento, a pesar de la inundación de literatura general, incluida literatura empresarial, que apunta en sentido contrario. Resumiendo, tenemos el discurso “aplicacionista” de recibo en el ámbito internacional sin tener la consolidación científica de los países desarrollados; tampoco tenemos las sólidas estructuras productivas de dichos países, lo que hace que la riqueza potencial de las interacciones ciencia-producción no se materialice. Ahora bien, no alcanza con la descripción del problema: hace falta intentar interpretarlo. ¿Porqué es tan consistente la tendencia a menospreciar, en los hechos, la producción local de conocimiento -eso es lo que hace la política pública- y la utilización del conocimiento localmente generado -eso es lo que hacen las empresas-? Una respuesta plausible sería que no se considera al conocimiento localmente generado como una de las fuentes fundamentales de desarrollo, aunque ello rara veces se diga abiertamente. Dado que ni en los dichos ni en los hechos se desestima al conocimiento como una herramienta fundamental, la conclusión resulta clara: el conocimiento que importa es el que se hace en otras partes y al cual se accede comprando máquinas, procedimientos, consultorías, expertos, etc. No valdría la pena así cultivar el conocimiento dentro de fronteras, asumiendo los importantes esfuerzos que ello implica, por considerar que resulta mucho más rendidor relacionarse de forma rápida y directa con el conocimiento ya existente Esta manera de ver las cosas es profundamente errónea, en el sentido que da lugar a acciones sumamente ineficientes y que refuerzan la ineficiencia a futuro, entendiendo aquí por eficiencia la capacidad de dar respuestas adecuadas a los problemasque están planteados. Tres razones principales dan cuenta de la ineficiencia de este enfoque. La primera tiene que ver con la necesidad de tener una sólida capacidad propia de generación de conocimientos a efectos de ser capaces de relacionarnos en forma creativa con el conjunto del saber generado a nivel mundial. No se trata sólode un problema de identificación: al fin de cuentas podríamos dejar dicha identificación en las manos de quienes tengan interés en vendernos máquinas, consultorías y otras formas de “empaquetar” saberes. La cuestión es que para hacer un uso positivo del acervo mundial de conocimientos hay que entender los propios problemas,hay que haber tratado de abordarlos de modo de poder establecer las complementariedades necesarias, hay que conocer en profundidad las direcciones disciplinarias que coadyuvan en las soluciones buscadas: en una palabra, hay que tener capacidad de investigación propia para poder usar los resultados de las capacidades de investigación de otros. La segunda razón de la ineficiencia del planteo puramente “importador” esque lo que se necesita muy raramente está listo para ser importado: si la lógica no es la búsqueda de soluciones sino la importación de soluciones, lo que termina pasando es que se consigue lo que está disponible y no lo que se necesita. Son legión los ejemplos que van desde la inoperancia hasta el desastre cuando en vez de buscar con cabeza propia se delega en otros la oferta de soluciones. La tercera razón está relacionada con el futuro: no hay mejor manera de asegurar para el tiempo por venir una situación de “subdesarrollo voluntario” que no apostar a la investigación propia, pues de ella depende crucialmente la creatividad de los estudiantes de hoy y profesionales, investigadores y trabajadores en general de mañana. Entre los aplicadores de recetas y los trabajadores creativos en el área y posición que sea, se encuentra la ausencia o la presencia de una fuerte valorización social de la investigación propia. Se cuestiona la utilidad social de una producción científica que, en América Latina, se utiliza poco. Se cuestiona el (magro) esfuerzo científico de la región porque sus mejores resultados terminan siendo aprovechados por quienes, desde fuera de ésta, tienen la capacidad de capitalizarlos. ¿Cómo enfrentar estos cuestionamientos, que sumados a la indiferencia, cuando no a la hostilidad cortoplacista, están asfixiando desde hace décadas a la ciencia latinoamericana? ¿Cómo defender y legitimar la imprescindible tarea de hacer investigación básica en América Latina en el marco ineludible del nuevo papel económico del conocimiento con todas las consecuencias que ello acarrea?
Cambios recientes en las políticas hacia la ciencia
Vannevar Bush dijo: “Es obvio que los secretos más básicos de la naturaleza han sido develados por hombres que estaban motivados simplemente por la curiosidad intelectual, que querían descubrir nuevo conocimiento por el conocimiento mismo. La aplicación del conocimiento usualmente viene después, frecuentemente bastante después, y es habitualmente hecha por otro tipo de gente, con otras cualidades y diferentes intereses.” Hoy quienes ven en la pérdida de convocatoria de estas afirmaciones una pérdida para la ciencia mientras otros la consideran una transformación positiva en la relación entre ciencia y sociedad lo que es claro es que la justificación que por décadas tuvo el conjunto de la política para la ciencia, tanto en términos de financiamiento como en términos de fijación de la agenda de investigación, ha dejado de ser globalmente aceptable. Los gobiernos no parecen estar dispuestos a que los científicos, con la “simple motivación de su curiosidad intelectual”, sean quienes definan qué destino darle a los recursos que la sociedad pone en sus manos. Es bueno aclarar que la frase de V. Bush es más una expresión de deseos que una descripción de la realidad: nunca fue sólo la curiosidad intelectual la que definió las agendas de investigación; siempre hubo problemas y direcciones de trabajo que tuvieron más recursos a su disposición que otros porque ciertos agentes sociales -los ejércitos muy particularmente- tuvieron el poder de orientar los esfuerzos de investigación en direcciones específicas. Pero justamente lo que hizo la fuerza de la inspiración política venida del famoso informe de Bush, “Science, the endless frontier”, es que era una expresión de deseos. Que por cierto no terminaba con la reivindicación de la curiosidad intelectual como guía privilegiada en la búsqueda de conocimiento sino que además alertaba sobre los peligros para dicha búsqueda de mezclarla con objetivos más “terrenales”: “Hay una ley que gobierna la investigación: la investigación aplicada siempre desplaza la investigación pura”. Un modelo aislacionista de hacer ciencia quedaba así explícitamente planteado. Quizá el cambio más de fondo que se ha producido en materia de política hacia la ciencia es que estas afirmaciones no sólo no son públicamente reivindicadas por ningún actor, ni siquiera por la comunidad científica organizada, sino que ya están fuera del sentido común. La ciencia como búsqueda de conocimiento, sin haber dejado de ser entendida como tal, no se queda allí: ha pasado a ser concebida como la búsqueda de conocimiento cuya aplicabilidad debe formar parte de la decisión de búsqueda, sin dejar enteramente en manos de “otros”, y sin importar el tiempo que ello implique, la tarea de obtener frutos concretos. Los gobiernos nacionales y los tomadores de decisiones no parecen apreciar la importancia de la investigación básica, tanto como fundamento de nuestra cultura como un prerrequisito para nuestra tecnología. La lógica inercial derivada del Proyecto Manhattan, que mostró de forma espectacular cómo del más arcano de los mundos de la especulación intelectual surgía el mayor poderío alcanzado por el hombre, permitió durante décadas una justificación inapelable para el modelo aislacionista à la Vannevar Bush. El fin de la guerra fría eliminó, entre muchas otras cosas, esta justificación inapelable. Otra batalla ocupó la totalidad del escenario, la de la competitividad, y a colaborar con ella fue llamada, de forma por demás explícita, la investigación científica. Este factor no puede ser visto en forma aislada: si así se hiciera, no podría entenderse que aquí hubiera algo de esencialmente nuevo, puesto que de la investigación científica se derivaron a todo lo largo del siglo XX gigantescas industrias de inmenso impacto en la sociedad que coadyuvaron decisivamente a la generación de riqueza en aquellas naciones que más atención y recursos le prestaron. Debe por tanto combinarse el factor “ayuda directa a la competitividad” con otro, que podría expresarse así: “no pueden explorarse todos los caminos posibles”. Si no puede investigarse todo y, además, se privilegia aquello que puede a más corto plazo dar respuestas en términos de la competitividad de la economía, la política hacia la ciencia pasa a tener un instrumento bastante más preciso de focalización que la sola hipótesis que toda buena ciencia debe apoyarse porque en algún momento dará frutos. Actualmente, ciertos objetivos nacionales son traducidos en objetivos de investigación, que encuentran su camino hacia los laboratorios y el ámbito académico en general vía las agencias que proporcionan fondos en base a llamados a concurso. Así, los gobiernos inciden bastante directamente en la conformación de la agenda. Pero a su vez, los gobiernos en tanto articuladores de intereses, no responden sólo a sus propios objetivos y crecientemente incorporan demandas provenientes de muy diversos ámbitos. El empresarial es uno de ellos.
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¿Cómo se financia la ciencia?
A partir de la Segunda Guerra Mundial la investigación científica y tecnológica sufrió un cambio sustancial cuando los Gobiernos de los países más avanzados adoptaron una política de intervención activa en su financiamiento masivo en áreas estratégicas. Esto se llevó a cabo principalmente a través de la creación de instituciones nacionales dedicadas a la investigación fuera del ámbito universitario. El caso pionero fue el de la Atomic Energy Commission de EEUU que financió una red de laboratorios nacionales de gran envergadura, empleando centenares de científicos y construyendo instalaciones monumentales, en una escala nunca antes vista en los claustros universitarios de la ciencia tradicional. Estas instituciones fueron creadas para abordar problemas específicos y reciben fondos públicos para cumplir con objetivos que fija el Gobierno. Pocos años después, con la creación de la National Science Foundation en 1950, aparece otro mecanismo para financiar Ciencia. En éste los fondos públicos son destinados a apoyar grupos de investigación (en lugar de instituciones) capaces de proponer buenas ideas. Este segundo mecanismo funciona a través de concursos públicos de propuestas que son financiadas mediante subsidios. La iniciativa acerca de qué hacer reside en los propios científicos, que compiten por los fondos, más que en los administradores de las instituciones científicas. Si está bien organizado (con un buen sistema de evaluación de proyectos), este mecanismo tiene la virtud de garantizar la calidad de lo que se financia y de fomentar la creatividad de los propios actores del sistema, y ha mostrado ser muy eficiente para alimentar sistemas sanos y robustos de ciencia y tecnología. Esto ha dado lugar a la creación de "research councils" en la mayoría de los países con cierto grado de desarrollo. En la Argentina, por iniciativa de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, se creó en 1958 el CONICET. Su función principal, aunque no única, fue la de otorgar subsidios a los investigadores capaces de formular buenos proyectos con independencia de la institución en donde realizaran su trabajo. Con los años los "research councils" de varios países (Canadá, España, Reino Unido, Francia, Argentina y otros), con algunas excepciones (caso de la National Science Foundation), extendieron sus funciones para incluir la creación y sostenimiento de centros e institutos de investigación. Al asumir esta doble responsabilidad de otorgar subsidios a investigadores buenos sin importar su afiliación y a la vez administrar institutos se crea una obvia situación de "conflicto de intereses" pues una responsabilidad se opone a la otra. Por eso es que en varios de los países mencionados se han vuelto a recrear "research councils" cuya única responsabilidad es la de "promoción", o sea el mecanismo de otorgar subsidios, separada de la de "ejecutar". La creación de una Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica en la Argentina obedece a la conveniencia de contar con un organismo exclusivamente dedicado a la promoción de proyectos, sin instituciones propias para evitar conflictos de intereses, apta para subsidiar proyectos de calidad en condiciones de plena equidad respecto de todos los grupos de investigación del país con independencia de la institución a la que pertenecen.
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domingo, 24 de septiembre de 2006
El financiamiento de la ciencia
Los liberales, dogmáticos como siempre, dicen: "Los gobiernos no deben financiar la ciencia. Todos creen que es su deber, pero están equivocados. El dinero de los gobiernos dedicado a financiar la ciencia lo que consigue es desplazar el financiamiento privado, y el financiamiento privado lo hace mejor." Las evidencias y hasta la propia historia, sin embargo, son abrumadoramente contrarias a esa "equivocación" del apoyo gubernamental a la ciencia, y al otro dogma sobre del financiamiento privado lo hace mejor. El sector privado se mueve por las fuerzas del mercado, las cuales difícilmente justifican las cuantiosas inversiones que demanda la investigación fundamental que soporta y se alimenta del desarrollo tecnológico, por ello, es sencillamente ilógico pensar que se pueda sustituir al Estado como impulsor de la generación de conocimientos. El financiamiento a la investigación académica por el Estado es una inversión vital para el futuro de una nación. Japón, una de las naciones que más tecnologías produce, se propone, por ejemplo, a través del Instituto de Biociencias y Tecnologías Humanas en la tecnópolis de Tsukuba tratar de "copiar las funciones del procesamiento de información por el cerebro". A inversiones tan revolucionarias y ambiciosas como esas no se les puede calcular una tasa interna de retorno. Las consecuencias de tener una ciencia básica fuerte, apoyada por el Estado, se manifiestan gráficamente en el desarrollo mundial de la biotecnología. Es indudable que el liderazgo lo tiene Estados Unidos, si tomamos en cuenta que de allí provienen casi todos los productos del mercado biotecnológico que, con un millar de empresas biotecnológicas, generaron ventas por 9.600 millones de dólares en 1995 . Este auge, se debe a la estrecha asociación entre Universidades apoyadas fuertemente por el Estado y microempresas formadas por los propios investigadores y gerentes emprendedores que encuentran soporte financiero en un activo mercado de capitales de riesgo. Si el desarrollo de la biotecnología se hubiera dejado enteramente en manos del "financiamiento privado, que lo hace mejor" esa moderna y revolucionaria tecnología no habría nacido, pues las multinacionales Farmacéuticas (que hoy día son las más interesadas en ese negocio) durante muchos años mostraron poco o ningún interés. Los laboratorios, o las empresas privadas estadounidenses no tienen parangón en el mundo desarrollado, porque en ningún otro país hay una contrapartida de ciencia básica financiada e impulsada por el Estado como la de Estados Unidos. Además, hay otro aspecto igualmente importante para el florecimiento de una ciencia básica fuerte, y es la redundancia en las investigaciones que crea un ambiente de alta competición por publicar primero y mejor. Esta afán de publicación y de diseminación del conocimiento le es ajeno a la empresa privada por razones de mercado, pues nadie en su sano juicio quiere revelar de antemano sus ventajas competitivas. Por todas estas razones no es aconsejable dejar el financiamiento de la ciencia en manos privadas sino, más bien hacer como los estadounidenses o los japoneses que establecen relaciones sinérgicas y complementarias entre el Estado y el sector privado. Debe haber un fuerte apoyo gubernamental a la investigación básica y la cooperación en infraestructura y financiamiento público al desarrollo tecnológico privado. Es interesante como hicieron los llamados "tigres" del sureste asiático. Estos países, lejos de desarrollar en paralelo la investigación básica con la aplicada, limitaron su estrategia inicial (de los años sesenta y ochenta) a transferir conocimientos y tecnologías estadounidenses y japonesas, para transformarlos en productos de alto valor agregado que se pudieran exportar. Ahora, países como Taiwán, Hong Kong, Singapur, y China, ya convertidos en potencias tecnológicas y financieras, rectifican el rumbo de las dos décadas anteriores, con un apoyo masivo del Estado hacia la investigación básica, a la vez que tienden puentes entre ésta y la tecnología privada. Para ello aprovechan el reciente e incesante flujo en reverso de sus científicos emigrados hacia Estados Unidos y Europa que regresan atraídos por el boom económico asiático.
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sábado, 23 de septiembre de 2006
Desigualdad y crecimiento económico
Que la pobreza es una maldición histórica inevitable es un mito. Algunos sectores de opinión enarbolan esto diciendo que en todas partes hay pobres. Sin embargo, no es cierto. Noruega tienen 0% de pobreza. La pobreza, entonces, tiene que ver con la forma en que una sociedad se organiza y no con una maldición bíblica. Hay países que han tenido la misma tasa de crecimiento pero se ve que en algunos la pobreza se ha reducido y en otros, en cambio, crece. Es imprescindible que una economía produzca más bienes y servicios, haya competitividad y tener una tasa muy baja de inflación. Todo eso es estabilidad económica, pero el crecimiento solo no garantiza la erradicación de la pobreza y el crecimiento sin reducción de la pobreza termina por detenerse. Esa es la trampa en la que esta América Latina. En América Latina la distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre es de 50 a 1; en Italia es de 13 a 1; en España de 8 a 1; en Noruega es de 1.5 a 1. Cuanto mas distancia hay entre ricos y pobres, menos crecen los paises. Conclusión: la desigualdad es feroz enemiga del crecimiento económico sostenido. Los ministros de Economía y los sectores liberales no llegan a captar que el llamado gasto social no es un gasto sino que es una inversión. Finlandia era un país muy pobre hace 35 años, pero invirtió en educación y salud pública, y ahora su población es de las mejor calificadas del planeta. Irlanda y Japón, igual. Son países que no tienen mucho desde el punto de vista de los recursos naturales, pero calificaron a su gente. La primera razón de nuestra pobreza persistente es que no estamos invirtiendo en nuestra gente. Por lo tanto la gente no se educa, no se alimenta bien y termina por enfermar. El crecimiento en ese momento se detiene. La razón de la pobreza en América Latina es el Estado ausente, o sea, que se aplica a raja tabla la doctrina liberal de que se debe abolir totalmente la política pública y esperar que el mercado resuelva los problemas. Para enfrentar la pobreza tiene que haber una gran alianza entre la política pública, el sector educativo y las empresas privadas, esta alianza estuvo presenten en todos los países que lograron crecimiento sostenido. Hay correlación econométrica muy estrecha entre capital social y crecimiento económico. La tesis liberal del derrame (chorreo) es falsa y no hay un solo país que haya eliminado la pobreza solo a través de “derrame”. El crecimiento es imprescindible, pero no hay un efecto automático. La pobreza no retrocede si no hay una política social activa con una inversión importante. Y si la pobreza no retrocede llega un punto en que la misma pobreza detiene el crecimiento. Y por eso hay países entrampados en la pobreza: porque toleran, consienten y alientan la desigualdad.
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jueves, 21 de septiembre de 2006
Europa quiere ser una potencia científica
Los europeos están preocupados a pesar del éxito de su modelo económico y sus favorables perspectivas para el futuro. Les preocupa su dependencia tecnológica que afecta su competitividad, haciéndoles perder el paso en su carrera contra EEUU y mercados emergentes con China e India. Argentina, naturalmente, no tiene este tipo de preocupaciones, Argentina solo piensa en tasas de interés, en inversiones extranjeras, en tipos de cambio y en otorgar privilegios a quien se digne a traer un miserable peso aquí. El espectáculo de Kirchner mendigando capitales en EEUU es penoso y da vergüenza. Para Argentina la dependencia tecnológica es algo natural e inevitable, lo único que podemos aspirar es a vender soja, petróleo y aceite. Pero Europa tiene otras aspiraciones, por eso en octubre se reunirán en un Congreso sobre Soberanía Tecnológica, que se celebrará en Madrid con el objetivo de debatir los principales aspectos que deberá afrontar el continente si quiere convertirse en una potencia científica y tecnológica. El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial de España junto con el Instituto de la Ingeniería de España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de la Madre Patria y la Universidad Nebrija son los responsables de este evento. Los organizadores quieren hacen tomar conciencia al público que Europa debe ser independiente en cuestiones tecnológicas y científicas. Hay proyectos ambiciosos en la actualidad en el viejo continente como el sistema de localización por satélite Galileo, que cuando esté en marcha -a partir de 2009 al menos- podrá competir con el GPS estadounidense. Europa no se quiere quedar atrás. En cambio, a Argentina no le importa, ya esta acostumbrada a hacerlo.
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miércoles, 20 de septiembre de 2006
Intel y la Universidad de Santa Bárbara
Investigadores de Intel y de la Universidad de Santa Bárbara, en California han creado el primer láser de silicio híbrido eléctrico del mundo, utilizando para ello un proceso estandarizado de fabricación de silicio. Los investigadores fueron capaces de combinar las propiedades de los emisores de luz de fosfato de indio con las capacidades de direccionamiento de la luz del silicio dentro de un único chip híbrido. Cuando se aplica voltaje, la luz generada en el fosfato de Indio entra en la guía de la onda de silicio, creando un rayo láser continuo que puede ser utilizado para conducir otros dispositivos fotónicos de silicio. Aunque todavía está lejos de convertirse en un producto comercial, el láser de silicio híbrido puede representar una futura ampliación de la capacidad de transmitir datos en mayor cantidad y velocidad. El programa de investigación conjunta de Intel y la Universidad de Santa Bárbara es un ejemplo de cómo la industria y el mundo académico pueden trabajar juntos para lograr el avance de la ciencia y la tecnología. Combinando la experiencia en el fosfato de Indio de la Universidad y la de Intel en fotones de silicio pudo, esta alianza universidad-empresa, crear una nueva estructura láser. Ambas partes tenian lo suyo para aportar. La Universidad de Santa Bárbara es líder mundial en la investigación de fotónica, ciencia de los materiales, bioingeniería, ingeniería química e informática, nanotecnología y física. Intel es el líder mundial en innovación de silicio. El desarrollo como vemos, es resultado de una investigación conjunta entre Intel, el fabricante de chips más grande del mundo, y la Universidad de California, en Santa Bárbara, lider en fotónica. La comercialización de esta nueva tecnología podría tardar hasta finales de la década, pero la sola perspectiva de poder poner cientos de miles de rayos de luz cargados de datos sobre chips estándar seguramente va a conmocionar tanto las comunicaciones como la computación. Esta es la forma en que hoy los países crean riqueza futura. No hay ningun motivo para que la Argentina no pueda hacer lo mismo, si lo decidiera.
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domingo, 17 de septiembre de 2006
¿Para qué sirve el conocimiento en la Argentina?
Las políticas científicas en la Argentina suelen apegarse a modelos normativos que son motivados por escenarios coyunturales o de corto plazo. Suelen mirar los casos exitosos y apostar a diversas estrategias de mímesis y trasplante. Y esto por una razón sencilla: falta la producción académica local capaz de asegurar un conocimiento riguroso del propio escenario como condición de posibilidad para la formulación de una política robusta de largo plazo. Por más obvio que resulte la necesidad de conocer la propia realidad nadie intenta hacerlo. ¿Quién dudaría de que son dignos de ser estudiados y comprendidos en profundidad el Instituto Balseiro o la Fundación Instituto Leloir como formas institucionales, la relación de CNEA con las universidades públicas, la construcción de vínculos de la Planta Piloto de Ingeniería Química con el complejo petroquímico de Bahía Blanca, las sucesivas políticas del INTA respecto de la propiedad intelectual o los “estilos” de organización y gestión del INTI en los últimos 30 años?. Sin embargo, nadie lo hace. Es imprescindible mirar y aprender de las experiencias exitosas del extranjero, pero no se deben descuidar el estudio y el análisis de las experiencias propias. Hace falta una mirada mucho más esforzada, elaborada de las necesidades, de las capacidades y de las idiosincrasias propias. La carencia en este terreno es evidente, si se piensa que no existen historias críticas ni estudios sobre el desempeño actual del INTA ni del INTI ni del Conicet, para citar sólo algunos casos que saltan a la vista. Se obliga anualmente a más de 100.000 alumnos a cursar una materia de "epistemología” (Introducción al pensamiento científico) en el CBC de la Universidad de Buenos Aires. Allí se les habla de Popper y Hempel o del método hipotético-deductivo, pero ni palabra de quién fue Bernardo Houssay o Enrique Gaviola, de dónde salió el Conicet o qué es hacer ciencia en América latina. Simultáneamente, la Maestría de Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la UBA hoy no tiene instalaciones ni cargos docentes permanentes ni el apoyo de los cinco decanos de las facultades que se comprometieron a sostener esta carrera. Así, no debe causar sorpresa que la mayoría de los argentinos (62%) no sabe de ninguna institución científica que exista en el país.
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Universidad de Sao Paulo: un ejemplo
La Universidad, en estos tiempos, debe crear conocimiento, no solo transmitirlo. Un ejemplo es la experiencia de la Universidad de Sao Paulo, que a través de su departamento de botánica descubrió el código genético de una bacteria llamada Xylella fastidiosa, la que venía afectando fuertemente a los viñedos del sur de California (Estados Unidos). Esta investigación atrajo la atención de importantes empresas y organizaciones que aportan hoy ingentes recursos a esta universidad y que le permiten proseguir sus investigaciones, atraer a los mejores estudiantes y profesores, solventar sus gastos y colocarse en la vitrina del mundo académico. Ejemplos concretos como estos sirven mas para entender lo que hay que hacer que extensos escritos teóricos.
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domingo, 10 de septiembre de 2006
Politica científica
Entre los elementos centrales que definen las nuevas orientaciones de la política científica en los países más avanzados, en particular Estados Unidos, cabe señalar: la nueva política científica busca renovar la articulación entre la ciencia, el sector privado y el sistema educativo. Un nuevo papel para la ciencia será informar y de esta forma incidir sobre las decisiones públicas, para que éstas se adopten bajo parámetros de una cierta comprensión científica de los objetivos planteados. En esta línea, se debe buscar una mayor coordinación entre científicos, ingenieros y políticos. En algunos países actualmente la investigación se encuentra en una fase de transición, en la cual tanto la investigación académica como la orientada con fines prácticos van convergiendo en términos de los contenidos y la vinculación con el mercado. Se está produciendo un incremento de los vínculos de la investigación académica con los laboratorios públicos orientados directamente hacia los sectores económicos más importantes. De esta forma, los vínculos de la academia con el tejido industrial se han incrementado notablemente desde los años 80, lo cual ha favorecido que los institutos y laboratorios de investigación adopten una orientación más académica en sus investigaciones, rompiendo de ese modo la rígida compartimentación anterior. Hay un crecimiento de las relaciones entre el sector industrial y el sector de la educación superior y un creciente énfasis en la comercialización de los resultados de investigación. Aunque la participación empresarial en la financiación de la I+D ejecutada por las Universidades aumenta de forma generalizada en todos los países, su importancia se mantiene por debajo del 10% de la investigación universitaria, financiada de forma mayoritaria con fondos gubernamentales. Esto es así incluso en Estados Unidos, donde por ejemplo, la industria solamente financia el 7% de los gastos en I+D de las universidades, mientras que los fondos públicos representan más de dos tercios de la financiación de la I+D universitaria. Por otro lado, se requiere establecer un nuevo sistema de relación universidad-empresa, sobre todo por la aparición de nuevos sectores industriales con fuerte contenido científico, que constituyen la base de la innovación productiva. Por un lado, es importante señalar que el uso productivo de los resultados de la investigación científica no es el resultado de un predominio de las prioridades empresariales en la orientación de las investigaciones, ni una adaptación de ésta a los requerimientos del sector productivo, como se tiende a pensar con frecuencia. La experiencia norteamericana muestra cómo las empresas norteamericanas aprovechan la investigación desarrollada en universidades de alta calidad investigadora, a partir de los resultados publicados en revistas académicas, financiadas con recursos públicos y citadas por los propios académicos. Los resultados productivos en sectores como la biomedicina o las tecnologías de la información y las comunicaciones se obtienen después de largos periodos de financiación de investigaciones básicas a cargo mayormente del estado y realizadas en las universidades. Por ello, la vinculación de la investigación científica con el sector productivo requiere ante todo un cambio en los patrones de comportamiento empresariales hacia la I+D y la innovación, con una cultura empresarial que dedique más recursos propios a la mejora de los conocimientos productivos.
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Ventajas comparativas y ventajas competitivas
Un conjunto de industrias pueden explotar las ventajas comparativas, es decir, sacar provecho de aquello que se tiene en mayor abundancia que el resto o a lo cual el resto, por diversos motivos, no tiene acceso. La ventajas comparativas se basan generalmente en recursos naturales. Pero ¿qué hacen las industrias cuando carecen de ventajas comparativas para poder competir? ¡Desarrollan ventajas competitivas! Estas, a diferencias de las comparativas, se basan en capacidades creadas, en formas innovadoras de explotar tecnologías, conocimientos, información, espíritu innovador, materiales modernos. Las ventajas comparativas son, como dicen los economistas, maná del cielo , algo que la naturaleza o el entorno concede sin pedir nada a cambio, que a priori orientan las industrias y los mercados en los cuales se debe participar. Por el contrario, las ventajas competitivas se forjan a pulso , se crean mediante el esfuerzo sostenido, la planificación de largo plazo, la elección explícita de mercados e industrias en los cuales competir y en los cuales no competir, la inversión de importantes recursos en crear capacidades humanas y materiales para competir con expectativas de largo plazo. Sus máximos exponentes en el concierto internacional son Japón y Corea del Sur, los cuales, sin contar con ventajas comparativas, se han esforzado por décadas en construir capacidades competitivas duraderas basadas fundamentalmente en el desarrollo tecnológico, la industrialización y la innovación. Si Finlandia hubiera continuado basando su desarrollo económico en las ventajas comparativas que poseía (madera, cobre y otros minerales) nunca hubiera logrado los elevados niveles de ingreso per cápita que actualmente exhibe. Ahora bien ¿cómo se desarrollan las ventajas competitivas?. De la siguiente manera: A nivel de gobierno se debe elegir un pequeño grupo de industrias en las que centrar el desarrollo económico futuro de largo plazo del país. Establecer líneas de financiamiento universitario discrecional que fortalezcan la capacidad técnica, ingenieril y científica del país en tales industrias. Crear incentivos de impuestos para aquellas empresas que realicen investigación y desarrollo en tales áreas industriales. Por ejemplo, en Australia el gobierno reintegra a las empresas el 125% de lo que ellas invierten en IyD. Crear incentivos de impuestos para aquellas empresas que produzcan bienes relacionados directamente con las industrias seleccionadas. Crear incentivos de impuestos para aquellas empresas que exporten bienes relacionados directamente con las industrias seleccionadas. Otorgar premios, reconocimientos públicos e incentivos a los técnicos, ingenieros y científicos que se destaquen en la investigación y desarrollo de tecnologías y conocimiento relacionado con tales industrias. El desarrollo económico no es el resultado de la casualidad, alcanzar tal meta exige la elección de objetivos sucesivos de largo plazo, hacia los cuales se logra llegar mediante la asignación priorizada y selectiva de recursos en cantidades significativas, y mediante el esfuerzo coordinado y sostenido de todo el estamento productivo del país. Para lograr esto es necesaria una política de Estado explícita y decidida hacia la industrialización moderna, que deje de lado las ventajas comparativas y reconozca en las ventajas competitivas creadas la única alternativa para el crecimiento económico de largo plazo del país.
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sábado, 9 de septiembre de 2006
Tecnología y desarrollo
La historia nos ha mostrado que los procesos exitosos e irreversibles de desarrollo siempre han sido procesos masivos de adquisición de capacidades tecnológicas a nivel social. Eso estaba tan claro cuando los Estados Unidos y Alemania eran países subdesarrollados tratando de alcanzar a Inglaterra, que sus teorías de la época se centran en cómo captar y dominar las tecnologías extranjeras. Los procesos masivos de adquisición de capacidad tecnológica a nivel social son los únicos que garantizan que los esfuerzos de desarrollo sean no sólo exitosos sino sobre todo irreversibles. Porque, ciertamente, la sustitución de importaciones fue muy exitosa, fue un modelo genial, en un momento en que quizás no teníamos ninguna otra opción. América Latina logró crecer a tasas impresionantes que llegaron al 6-7-8, incluso 10%. Ese crecimiento generó una clase media educada y una cantidad de avances en salud, vivienda, infraestructura y capacidad productiva. Eso es preciso reconocerlo y están dogmáticamente cegados quienes, por insistir en la omnipotencia del mercado, se empeñan en negarlo. Pero resulta que esos avances se revirtieron. Muchos de esos logros se degradaron y se perdieron. ¿Saben por qué? Porque no fue un verdadero proceso de apropiación de la tecnología por parte de la sociedad. Ese vasto proceso de apropiación fue lo que hicieron los coreanos, los cuatros tigres asiáticos y los japoneses. Esto nos indica que la tecnología tiene que ser el núcleo dinámico de las estrategias de desarrollo. Sin dominar la tecnología, es posible el crecimiento, pero no es posible el desarrollo. Lo interesante es que en ambos continentes se aplicó una política de sustitución de importaciones con protección estatal pero el modelo nuestro se basó en la transferencia de los ingresos por materias primas en forma de subsidios; el asiático por no poseer materias primas tuvo que generar exportaciones e impuestos para financiar los subsidios. Otro terreno donde se manifiesta el acento en el desarrollo tecnológico es obviamente la inversión en desarrollar capacidad de investigación e innovación. En los diecisiete años que van de 1970 al 87, Corea multiplicó por seis el número de científicos e ingenieros, en sus empresas se instalaron 454 laboratorios de investigación y desarrollo, se quintuplicaron los científicos en el sector publico y se multiplicaron por veintiséis los del sector privado. Y, en un período de alto crecimiento del producto interno, la inversión en ID más que se sextuplicó, llegando casi al 2% del PIB. Nada de eso sucedió ningun país latinoamericano.
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China y la tecnología
China concede máxima prioridad a la alta tecnología. La estrategia de desarrollo económico de China se conoce como las cuatro modernizaciones. Una de ellas es la de la tecnología (junto a las de la agricultura, la industria y la defensa). Deng Xiaoping definió la ciencia y la tecnología como el principal factor de la producción. China es muy consciente de que si se vio convertida en una colonia de facto, de mediados del siglo XIX a mediados del XX, fue a causa de haber quedado descolgada de la revolución industrial. Está decidida a evitar que le vuelva a pasar lo mismo con la revolución de la información. Jiang Zemin, el número uno de China hasta hace un par de años, ingeniero y en su día ministro de la Industria Electrónica, definió así la estrategia económica del país: "China se concentrará en el desarrollo de la alta tecnología y la promoción de la informatización de la economía y la sociedad, la industrialización con tecnología de la información. Tenemos que conseguir un gran salto tecnológico". Honda ha empezado a exportar coches producidos en Cantón a Europa. Varias marcas automovilísticas chinas, como Chery, aparte de producir para el inmenso mercado nacional, van a iniciar en breve la venta de modelos utilitarios en los mercados norteamericano y europeo. Naturalmente, como siempre, a precios imbatibles. La industria china debutó en el sector textil y el del juguete, siguió con el calzado, los electrodomésticos, la cerámica. Ahora desarrolla, entre otros muchos, el sector del automóvil, el más emblemático de las sociedades industriales. China empezó poniendo tornillos, para pasar después a fabricar piezas. Ahora China ya tiene sus propias marcas y diseña sus propios modelos, con los que disputa el mercado interno a las grandes marcas extranjeras, y en breve se lanzará a la conquista del mercado mundial. Por el momento, la calidad y el prestigio de los automóviles chinos están por debajo de los de países con larga tradición en el sector, pero lógicamente irán mejorando, como ocurrió con Japón y Corea. Y probablemente lo harán, como es costumbre en China, muy deprisa. China adquiere tecnología comprándola (adquisición de Thomson por TCL o de la división de ordenadores de IBM por Lenovo), por cesión de empresas extranjeras (la posición negociadora de China es muy fuerte, dado el gran atractivo de su mercado y la concesión de exenciones fiscales y otras ventajas a cambio de transferencia de tecnología), por generación propia (así, Huawei gana concursos internacionales compitiendo con las principales empresas de telecomunicaciones del mundo y Lenovo es un producto de la Academia de Ciencia de China). En el 2004, las universidades chinas registraron 6.000 patentes, cifra similar a la de las universidades norteamericanas y seis veces más que las británicas. China ha creado 53 zonas de desarrollo tecnológico. La principal, Zhong-guancun, el Silicon Valley chino, se encuentra en Pekín. Es una zona de 300 kilómetros cuadrados, cuyo núcleo es Haitian, la zona universitaria de la capital. Estaban ubicadas en ella, en el 2004, 39 instituciones de enseñanza superior y 213 instituciones dedicadas a la investigación. Medio millón de personas se dedican a la investigación en la zona, en la que estaban radicadas, en el 2004, 13.000 empresas, 1.800 de ellas extranjeras. Lenovo tiene su sede en el parque. Entre las cincuenta sociedades extranjeras con centros de I+D se cuentan Microsoft, IBM y Mitsubishi. Zhongguacun aporta el 16% del PIB de Pekín, con 50.000 millones de dólares, lo que supone cerca del 3% del PIB de China. En el 2004 China produjo la mitad de los aparatos DVD y de cámaras digitales del mundo, un tercio de los ordenadores personales y un cuarto de los teléfonos móviles y televisores en color. Asimismo, las exportaciones de alta tecnología, prácticamente inexistentes en 1990, suponían un tercio del total de la exportación china en el 2004. En exportaciones de productos de tecnología de la información y de comunicaciones, China superó a Japón y la Unión Europea en el 2003 y a Estados Unidos en el 2004 (180.000 millones de dólares China, por 149.000 millones Estados Unidos). Cierto que en torno al 60% de la exportación china consiste en productos fabricados por empresas extranjeras, que aportan capital, tecnología, a menudo componentes y luego comercializan el producto. El valor añadido es muy bajo para China, que se dedica básicamente al montaje. Así se empieza y así lo hicieron los tigres asiáticos. El paso siguiente, como en el sector del automóvil y en otros muchos, será que China desarrolle sus propias empresas y marcas. En el 2003 China dedicó el 1,3% del PIB a I+D. La cifra total invertida sólo es superada por Estados Unidos y Japón. Entre científicos, ingenieros y técnicos, China produjo 1,3 millones de graduados en el 2004. Los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó, la máxima instancia del poder, son todos... ingenieros.
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Japón: bajo presión
Japón fue por mucho tiempo la “locomotora económica” del desarrollo industrial del Este de Asia. Hoy en día, mientras Japón atraviesa una crisis industrial doméstica, China, con su creciente industria manufacturera y la emergente industria de alta tecnología, está cambiando el mapa industrial de la región. Japón enfrenta actualmente las presiones de la modernización de las tecnologías manufactureras de China y su aspiración de sobrepasar a EE.UU. en el campo de las industrias de alta tecnología. Japón ha experimentado recesión económica por más de 10 años, como parte de la cual se ha producido la reducción de las empresas manufactureras domésticas y el empeoramiento de desempleo. Sin embargo, sus industrias automovilística y electromecánica, su principal motor de crecimiento económico, se han estado trasladando constantemente al exterior. El alza de la industria manufacturera de China, caracterizada por una mano de obra que sólo consume de una vigésima a una trigésima parte del coste en Japón, puso sobre el tapete el denominado “vacío industrial doméstico” de Japón. Dicho término significa normalmente la transferencia de las bases de producción al exterior. Desde que Japón firmó el Acuerdo Plaza en 1985 para revalorar el yen, su proporción de producción manufacturera se ha desvanecido debido a la transferencia al exterior de las diversas industrias manufactureras, que buscan mantener su competitividad industrial. Según el Ministerio de Comercio Internacional e Industria de Japón, la proporción de la producción manufacturera en el exterior se incrementó del 6 por ciento a principios de la década de los noventa del siglo pasado al 14 por ciento en 2000. Las industrias automovilística y electromecánica han sido testigos de un constante incremento de la producción en el exterior y de una disminución paralela de la producción interna. Por otro lado, las importaciones de Japón desde China se han incrementado constantemente, afectando cada vez más al desarrollo industrial interno de ese país. La reducción continua de bases de producción en Japón ha conducido una caída en los niveles de empleo en el sector manufacturero. Al mismo tiempo, la mano de obra barata de China ha atraído gran cantidad de inversión foránea, incluyendo el capital japonés, a sus industrias manufactureras. A principios de los años ochenta, la reducción de puestos de trabajos en EE.UU., causada por el traslado de las industrias manufactureras al exterior, fue absorbida en gran medida por el sector de servicios. Como resultado, en los años noventa EE.UU. pudo mantener una tasa de crecimiento anual promedio del 3 por cientoy disminuir las tasas de desempleo y de inflación. Según el ministro japonés de Comercio Internacional e Industria, entre 1951 y la primera mitad de 2002, el volumen de inversión directa japonés en China sumó 22.900 millones de dólares. China está convirtiéndose en una potencia manufacturera a un ritmo asombroso. Atraídas por su crecimiento económico sostenido, las corporaciones transnacionales entraron al país, convirtiéndolo en una base productiva global y un centro de investigación y desarrollo tecnológico y de compra internacional. No cabe duda que el crecimiento industrial de China está rediseñando el mapa industrial de Asia. Sin embargo, todavía existen problemas en el proceso industrial chino. El mayor es cómo dotar a sus grandes empresas de propiedad estatal (EE) de superioridad competitiva. En algunos sectores, como la construcción de barcos, China podría desafiar a Japón y la República de Corea (RC), pero en general, el poderío industrial chino no puede igualarse al de las empresas de primer nivel de sus vecinos del Este de Asia. La estructura industrial china consta de las siguientes partes: empresas de industria pesada que carecen de competitividad internacional por razones históricas; empresas de mano de obra intensiva con cierta competitividad gracias a superioridades comparativas; e industrias establecidas por la inversión extranjera con creciente competitividad. Obviamente, el problema reside en las grandes empresas del estado. El gobierno no entregará a las empresas extranjeras sus industrias siderúrgica, petrolera, petroquímica y automovilística. Y está tratando de reestructurar estas empresas y establecer empresas domésticas poderosas. Sin embargo, la reforma de las empresas estatales no es una tarea fácil.
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Analfabetos tecnológicos
Hoy, cada empresa es una compañía dedicada a la tecnología, aunque fabrique sábanas o plástico. En ese contexto, la escasez de trabajadores con conocimientos científicos o tecnológicos afecta globalmente el funcionamiento de las empresas. Hoy existe una brecha entre los que saben cómo funciona una empresa (empresario tradicional) y aquellos empresarios que tienen una capacitación en ciencia o tecnología. Es decir, entre el empresario que solo sabe de economía clásica y el empresario que además sabe de ciencia y tecnología. La compañías podrían ser más competitivas si hubiera más ejecutivos con habilidades tecnológicas. Los gerentes tradicionales no son tan eficientes como deberían serlo por ser analfabetos tecnológicos que pierden oportunidades comerciales debido a su imposibilidad para comprender las consecuencias de nuevas tecnologías, materiales y procesos. Si cuando discuten sobre tecnología no comprenden, esa incomprensión afecta los resultados de la empresa. Porque el papel de los gerentes no es solamente minimizar los costos utilizando una tecnología más eficiente, sino aumentar el valor de la compañía convirtiendo los datos disponibles en potenciales generadores de ganancias. En lugar de ver cómo pueden contener sus costos, las compañías deben también observar la forma en que pueden generar ingresos utilizando las nuevas tecnologías. El tema de la idoneidad tecnológica nada tiene que ver con el funcionamiento de tuercas y tornillos, sino con la capacidad que pueda desarrollar un empleado para utilizar la tecnología -o aprender a usarla- y reconocer el potencial de los avances tecnológicos para el crecimiento de la compañía. Esto significa comprender cómo un material de reciente desarrollo, como un nuevo tipo de plástico o una mejora en el hormigón, puede permitirle ingresar a un nuevo mercado con productos de avanzada. Pero nadie puede mantener el ritmo del cambio tecnológico sin volver a clases alguna vez. Eso significa muchas cosas: los empresarios deben acercarse a las universidades, tomar contacto con los científicos, concurrir a seminarios y conferencias, aun cuando hacerlo requiera una inversión de tiempo y dinero personal. La magnitud de los cambios que se avecinan en el futuro no tiene precedentes. Lamentablemente, mucha de nuestra fuerza laboral actual, y en el futuro, no tendrá la preparación adecuada para los trabajos de la nueva economía si el Estado no decide hacer fuertísimas inversiones en educación a todo nivel.
jueves, 7 de septiembre de 2006
Conocimiento y productividad
El conocimiento ha pasado a convertirse en la materia prima fundamental de los procesos productivos contemporáneos. Existe, de hecho, una nueva brecha tecnológica en la globalización que divide las economías según su capacidad para la generación del conocimiento. Sólo el 20% de la población de la edad correspondiente accede a la Universidad en Latinoamerica, mientras que en los países desarrollados esta proporción alcanza, en promedio, el 50%. El porcentaje de PIB dedicado a I+D en América Latina es de poco más del 0,5%. En la Unión Europea, en cambio, el porcentaje alcanza el 1,9% del PIB (y se ha fijado como meta global alcanzar el 3%), en Estados Unidos alcanza el 2,7% y el 3% en Japón. En Latinoamérica, dos terceras partes del presupuesto de I+D procede de fondos públicos, mientras que en los países desarrollados pertenece en mayor medida a la empresa privada. Los exiguos recursos disponibles coexisten con un insuficiente número de científicos e investigadores dedicados a tiempo completo: apenas 126.000 en toda la región. Esto equivale a la cuarta parte de los profesionales dedicados a la ciencia y la investigación en Europa Occidental. En lo que atañe a las políticas de ciencia, tecnología e innovación, hay una evidente dificultad administrativa de acercamiento del sector público a las empresas y viceversa, esto podrá ser superado solo cuando los gobiernos empiecen a interesarse por la productividad y los empresarios por la competitividad. Por otra parte, nuestras universidades todavía están sujetas a la idea de un “modelo lineal de desarrollo” según el cual, primero hay que invertir en ciencia y luego ella derramará sus beneficios, los que se convertirán automáticamente en innovación. Sin abandonar el ejercicio de la ciencia, es necesario fomentar, por un lado, el apoyo público a la ciencia y tecnología, haciendo ver la importancia de éstas para el desarrollo económico y social. Por el otro, parece decisivo trabajar en el desarrollo y consolidación de sistemas nacionales de innovación que logren transferir el conocimiento logrado por la ciencia básica al sector productivo a través de la utilización tecnológica de ese conocimiento. Es necesario comprender que la ciencia no se convierte automaticamente en innovación. Las novedades cientificas, producto de la investigacion basica, tienen que ser transferidas con un proceso activo al sector empresario.
Ciencia y economía
Hoy es el conocimiento de base científica y tecnológica el que ha adquirido protagonismo central en la economía; y lo ha hecho por ser el factor crucial de la productividad. Esto se debe a que en el ámbito económico, el conocimiento es fuente crucial de valor añadido en la producción de bienes y servicios. La ciencia y la tecnología transforman de modo excepcional el aparato productivo. En estas condiciones, es lógico que cada vez más la ciencia y la tecnología sean objeto de políticas públicas y de estrategias concertadas entre estados y empresas. La gran pregunta que hoy debe hacerse la economía es ¿cómo convertir información en conocimiento util?. La gran mayoría de los países del llamado Tercer Mundo no transitaron un camino similar al de Europa, Estados Unidos y Japón. Éste fue el último en llegar, y por ello mismo, ejemplo notable en la adopción de la ciencia y la tecnología como base del desarrollo y creador de esperanzas en el mundo en desarrollo de entonces. De hecho, algunas sociedades asiáticas lo adoptaron y esto permitió demostrar que sí era posible entrar al círculo privilegiado. Hasta hace pocas décadas estaba por fuera del horizonte de los países del Tercer Mundo alentar estas actividades para propulsar el desarrollo económico. Fue justamente el éxito de la industrialización japonesa el que despertó grandes inquietudes sobre el papel que jugaron la tecnología y la educación en dicho proceso; y sirvió de inspiración en la medida en que los japoneses habían hecho su desarrollo prestando y transfiriendo tecnología más que desarrollándola originalmente. La importancia que tomaron la ciencia y la tecnología en el mundo industrializado, fue un factor que despertó gran interés en los países en desarrollo. En un primer momento, este interés se orientó tanto a identificar instituciones, capacidades y recursos de ciencia y tecnología presentes en los países industrializados y ausentes en los subdesarrollados, como a obtener información sobre cómo lo hacían. Se trató de ver cómo funcionaban allí la I+D, las instituciones de educación superior y los organismos de apoyo a la ciencia. Ciertos documentos aportaron sus luces en el escenario latinoamericano y sentaron las bases conceptuales para orientar las políticas en estos dominios. En 1969, Jorge Sábato y Natalio Botana publicaron un documento de gran influencia: La Ciencia y la Tecnología en el desarrollo futuro de América Latina. Sin Ciencia y Tecnología, advertían Sábato y Botana de manera premonitoria, las naciones latinoamericanas se quedarían sin soberanía, solo con sus símbolos, las banderas y los himnos, pero sin viabilidad histórica. Y así es como efectivamente ha resultado.
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miércoles, 6 de septiembre de 2006
La I+D desde la universidad
En los últimos años no ha dejado de aumentar la intensidad en conocimiento de las economías más desarrolladas del mundo. A comienzos de la década de los 90 el comercio de productos de alta tecnología, tales como aeronaves, ordenadores, fármacos e instrumentos científicos representaba un 20% del comercio mundial total. En la actualidad ese porcentaje ha subido hasta superar el 25%. En lógica consonancia con estas observaciones, no han dejado de aumentar las inversiones en software, en formación superior y en I+D, esto es, en los elementos que se considera mejor reflejan el esfuerzo que realizan las sociedades en generar conocimiento. Es más, en la mayor parte de los paises desarrollados las inversiones de esa naturaleza han aumentado en mayor proporción que la formación bruta de capital fijo, como ha sucedido en paises caracterizados por realizar elevadas inversiones en conocimiento, como son los Estados Unidos, Australia y el Canadá. El país en el que se ha producido un mayor crecimiento en las inversiones en I+D ha sido los Estados Unidos, y se ha tratado de un crecimiento basado fundamentalmente en el sector de las empresas. Los fondos de origen empresarial destinados a I+D han venido aumentando de forma intensa en los Estados Unidos (en 2001 representaron un 68% del total del gasto), de forma moderada en Japón (un 73% en 2001) y de forma muy ligera en Europa (un 56% en 2001). Es claro, por lo tanto, y es éste un asunto profusamente valorado, que existen grandes diferencias entre unas economías y otras en lo que se refiere al origen de los fondos que se utilizan para sostener las actividades de I+D. Se considera investigación básica el trabajo teórico o experimental realizado con el propósito de adquirir nuevos conocimientos sobre los fundamentos de los fenómenos objeto de estudio. Normalmente se suele considerar que la aplicabilidad de los resultados de esta forma de investigación ocurre largo tiempo después de su realización. Sin embargo, hoy hay razones para pensar que esta noción se ajusta cada vez menos a la realidad. Sin ir más lejos, cabe atribuir a la investigación realizada en el marco del Proyecto Genoma Humano las características propias de la investigación básica y sin embargo se cree que no se demorarán en exceso un buen número de aplicaciones industriales derivadas de su conocimiento. Puede resultar de gran interés el analizar el comportamiento de unos países y otros en lo relativo al apoyo que prestan a la investigación básica. De entre los países que realizan un mayor esfuerzo para apoyar a la I+D, Suiza destina un 30% de los recursos gastados con ese propósito en apoyar la investigación básica, y en Estados Unidos ese porcentaje ha venido elevándose desde un 17% en 1991 hasta alcanzar un 21% en 2001. Son estos dos países los que destinan un mayor porcentaje de su PIB a apoyar esta modalidad de investigación, un 0’59% en los Estados Unidos y un 0’74% en Suiza. A la vista de estos datos, a nadie debiera extrañar el hecho de que Suiza y Estados Unidos sean países líderes en producción científica. Sin embargo, lo más llamativo del esfuerzo que realizan estos países en apoyar la investigación básica es la gran y creciente importancia que tienen las empresas como agentes de esta forma de investigación. Así, en Suiza al sector empresas corresponde una ejecución del gasto en investigación básica equivalente a un 0’21% del PIB (1999), y en los Estados Unidos ese porcentaje es de un 0’20% (2001), valor que ha venido creciendo desde un 0’08% en 1995. Tanto en uno como en otro caso a la investigación básica realizada en las universidades corresponde un porcentaje de gasto superior, aunque en los Estados Unidos la ejecución del gasto en investigación básica universitaria representó un 0’28% del PIB. Cabe finalmente señalar que en Corea y en Japón son tan importantes las empresas como las propias universidades como agentes de investigación básica, algo que nos puede resultar sorprendente, pero que tiene mucho que ver con el hecho de que a esos países correspondan los porcentajes de ejecución de gasto I+D en el sector de empresas más altos del mundo. En Argentina si a la investigación que se realiza no se le encuentra cierta utilidad inmediata, sencillamente la consideramos inútil y, por ello, inmerecedora de que se le dedique demasiado esfuerzo. Pero eso es un error, grave además. La ciencia básica es muy útil. El crear conocimiento siempre es útil, porque siempre tiene efectos positivos. La ciencia básica es, en cualquier caso, el germen del que surgirán las grandes ideas del futuro, los nuevos desarrollos, los nuevos productos. De ninguna línea de investigación básica podrá nunca asegurarse que será la llave del crecimiento económico y del desarrollo del futuro. Pero lo que sí puede asegurarse es que sin investigación básica no habrá crecimiento económico en el futuro o éste será limitado e inferior al de los países donde sí se desarrolla ese tipo de investigación. Hay muchas evidencias de que eso es así. La política seguida por los países escandinavos durante la última década del pasado siglo es bastante reveladora al respecto. La causa del declive económico que sufrió el Japón desde comienzos de la pasada década, obedece a que privilegió la ciencia aplicada con fines puramente industriales y permitió el retraso en la ciencia básica y la formación de investigadores. En cuanto Japón se dio cuenta de eso, revirtió la situación y se ve como, actualmente, llegan noticias de que Japón esta saliendo de su prolongada recesión. (Los televisores de plasma tienen algo que ver con eso). La experiencia de Japón demuestra que querer saltearse la investigación básica es un error. De la investigación básica surgen las novedades y recién de la investigación aplicada de esas novedades surge la producción industrial competitiva.
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lunes, 4 de septiembre de 2006
El 84% de la investigación científica se hace en ocho países
De los 193 países del globo, ocho acapararon, entre 1993 y 2001 el 84 % de la producción científica mundial. Esos ocho países, "la primera división de la ciencia", que ha publicando el 84 % del total de los artículos científicos son: Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Japón, Francia, Canadá, Italia y Holanda. Si se analiza la cantidad y el impacto (el número de citas) de las publicaciones científicas de investigadores de cada país en un total de 8.000 revistas científicas en 36 lenguas se ve que los artículos obra de científicos de EE UU recibieron, entre 1997 y 2001, casi 11 millones de citas, cerca de cinco veces más que sus perseguidores inmediatos, el Reino Unido, con 2,5 millones, y Alemania, con 2,2 millones. España, con unas 560.000 citas, se sitúa en el undécimo puesto, dentro ya de la "segunda división" (los nueve siguientes países de la clasificación). Éstos producen el 13% del conocimiento científico. La "tercera división" está formada por 13 países que en conjunto aportan el 2,5% de la producción científica mundial. En esta última categoría se encuentra el único país musulmán de toda la clasificación (Irán), y también el único del continente africano (Sudáfrica). Los 162 países que ni siquiera entran en la lista producen menos del 2% de conocimiento mundial. Con solo fijarse en el volumen de citas se pueden esconder a la vista países con importantes desarrollos, como los de China y la India (en las posiciones 13 y 22). Estos países han desarrollado su ciencia básica de manera rápida y efectiva en los últimos años pero esta evolución todavía no se ha trasladado a sus cifras de producción científica. Esta lista puede tener distorsiones, por ejemplo, un artículo puede ser muy citado precisamente para ser criticado, y no por su valor científico, y también a otros dos factores que pueden distorsionar las cifras: por un lado, los estadounidenses prácticamente sólo se citan a sí mismos; por otro, las naciones que casi no publican artículos científicos en inglés (como Rusia o Japón) son mucho menos citadas. La lista demuestra que el desarrollo económico continuado, dentro de mercados mundiales altamente competitivos, requiere un compromiso para la producción de conocimiento a través de la investigación científica.
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domingo, 3 de septiembre de 2006
Dos mitos sobre Canadá
Sobre Canada existen dos mitos que es necesario disipar. El primero es que Argentina, se parece a Canadá o alguna vez formó parte, junto con Australia, del club al que pertenecía Canadá. Nada está mas lejos de la realidad. Canadá tuvo un desarrollo industrial, científico y tecnológico muy anterior al de Argentina (e incluso Australia). El desarrollo tecnológico de Canadá es mas bien contemporáneo, y paralelo, al de Italia y Japón: los tres empezaron su industrialización acelerada a mediados de los años 1860. Argentina empezó bastante más tarde. El segundo mito es que el crecimiento económico se obtiene liberando los mercados, logrando la "verdad de los precios", y permitiendo a los empresarios explotar los recursos naturales del país. En realidad, los países que se desarrollan hoy no lo hacen sobre la base de recursos naturales (cuyo stock no hará sino decrecer con su uso) sino sobre la base de su desarrollo técnico y científico. El conocimiento tiene esa característica única - a diferencia de los recursos naturales - a saber que su stock aumenta con su uso. Proteger y hacer prosperar los conocimientos científico y técnicos del país es la única manera de crecer a largo plazo, una vez que la "fiesta" de la explotación de los recursos naturales se ha terminado. Pero en el acrecentamiento del stock de ciencia y tecnología, el rol del estado es capital. Dejado a sí mismo, el mercado no producirá nunca demasiados conocimientos, porque el beneficio de las inversiones en I + D no puede ser jamás enteramente acaparado por el inversor privado. Para salir de su historia de lento crecimiento, América Latina tendría entonces que evitar de confundir la política fiscal y monetaria con la política económica, y mirar a los factores de crecimiento a largo plazo. Aquí se encontraría con que tiene que repensar sus universidades y sus políticas de estimulo al desarrollo técnico.
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I + D en Canadá
La riqueza de las naciones depende cada vez menos de sus recursos naturales, o incluso del tamaño de su mercado interno, y cada vez más de su capacidad de generar e incorporar ciencia y tecnología. Las nuevas teorías del crecimiento basadas en análisis empíricos de los hechos sostienen que cerca de 75% del crecimiento económico se explica por el desarrollo tecnológico. Los diversos "milagros" económicos del sudeste asiático no hacen mas que confirmar esta corriente de pensamiento. A pesar del hecho de que Canadá cuenta con un stock muy grande de recursos naturales (bosques, praderas, yacimientos minerales, hidroelectricidad, etc.), gran parte de su prosperidad ya no depende de la simple explotación de esos recursos. Desde hace mas de 75 años, diferentes comités y comisiones federales y provinciales destacaron la importancia de aumentar el esfuerzo en investigación y desarrollo (I + D) para crear nuevos productos que pudieran reemplazar a los yacimientos minerales que no son renovables. Durante el siglo XX, Canadá ha ido creando un sistema nacional de innovación, cuyo núcleo es el sistema de investigación y desarrollo, formado por tres grandes elementos: empresas industriales con laboratorios de investigación y desarrollo, laboratorios públicos, y universidades con capacidad de investigación. Detrás de este núcleo se encuentra un vasto conjunto de instituciones publicas y privadas que financian, reglamentan, y promueven el desarrollo científico y técnico, tales como el Ministerio Federal y los Ministerios Provinciales de Industria, la Oficina de Patentes, el Banco Federal de Desarrollo, y numerosos programas de financiamiento a la innovación privada, pública y universitaria. Canadá produce 2% de la invención del mundo, el 4% de los artículos científicos del mundo y el 2,5% de los programas de computación del mundo. Dado que Canadá posee 0,5% de la población mundial, su sistema de I & D parece portarse bastante bien. El sistema de I + D canadiense gastó en 1995 unos 10 mil millones de dólares. Ese sistema está compuesto por los tres elementos siguientes: El sector privado: hay no menos de 5000 empresas con laboratorios de I + D. En la Argentina hay unas 30 empresas que realizan esa actividad. El número de empresas canadienses con laboratorios de I + D fue creciendo durante el siglo XX: eran unas 37 en 1916, cerca de 1000 en 1939 y unas 3500 en 1980. El objetivo de esas empresas es aumentar su competitividad creando productos nuevos. Esas empresas gastaron unos 5900 millones de dólares en 1995 en materia de I + D. El objetivo de esa actividad es sobre todo, el desarrollo, es decir, el estudio de nuevos productos. La gran mayoría de ellas están en el sector industrial de la fabricación. Los mas grandes incluyen los laboratorios de Northern Telecom (fabricante de equipos de telecomunicación), el productor de motores de avión Pratt & Whitney Canada, la empresa pública federal Atomic Energy of Canada, las empresas públicas provinciales Ontario Hydro y Hydro-Québec, asi como CAE Inc., fabricante de simuladores de vuelo. Todos ellos gastan mas de 100 millones de dólares por año en I & D. Por sector, las industrias que se destacan son los equipos de telecomunicaciones, que insumen 15% de todo el gasto industrial en I + D, la fabricación de aviones (con 11%), las empresas de ingeniería y servicios científicos (9%), otro material electrónico (6%), productos farmacéuticos y medicinales (6%) y computadoras (5%). El sector universitario es hoy el segundo en importancia en materia de I + D. Las universidades ejecutaron en 1995, cerca del 24% del gasto nacional en I + D, o sea unos 2400 millones de dólares. El sistema universitario canadiense está compuesto por unas 60 universidades, de las cuales unas 40 tienen programas de estudios graduados y centros de investigación. Existen tres organismos que distribuyen subvenciones de investigación por mérito: son el Consejo de Investigaciones Médicas de Canadá, el Consejo de Investigaciones en Ciencias Naturales e Ingeniería y el Consejo de Investigaciones en Ciencias Sociales. Estos tres consejos distribuyen más de $1000 millones por año en subvenciones a los profesores de universidad. En segundo lugar, todas las universidades son financiadas en gran parte por los estados provinciales. Además, la industria contribuye ya por 13% de todos los fondos que gastan las universidades en I + D, asegurando que buena parte de las ideas nuevas pasan al sector industrial y se convierten en productos. Las universidades hacen sobre todo investigación básica, no comercial, pero también hacen un poco de investigación aplicada, especialmente en las facultades de ingeniería y ciencias médicas. Los laboratorios públicos constituyen el tercer sector en importancia: este sector está constituido por más de 150 laboratorios federales (unos de los mas grandes es el de Atomic Energy of Canadá) y unos 25 grandes laboratorios provinciales. El sistema de laboratorios públicos se fue formando lentamente a través del tiempo. Los primeros laboratorios del estado fueron creados en el siglo XIX para proveer apoyo a las industrias agrícola, pesquera y minera. En 1916 se creó el Consejo Nacional de la Investigación de Canadá, con fines de asesoramiento e investigación, cuyo primer laboratorio abril en 1932 (hoy cuenta con 19 laboratorios, incluyendo áreas como la construcción, la maquinaria industrial y la biotecnología). Los laboratorios provinciales proveen sobre todo apoyo a la pequeña y mediana empresa, que a menudo tiene poca capacidad de I + D, en áreas como la mejora de productos y procesos. El objetivo de los laboratorios públicos es el acrecentar el stock de conocimientos básicos con aplicaciones comerciales a largo plazo y el de asesorar a la industria y al gobierno en temas científicos y tecnológicos. Canadá invierte cada año 1,5% de su PBI en I + D, es decir mucho menos que los EEUU, Japón, Alemania o Suecia (que invierten cada uno entre 2,5% y 3% de sus PBIs por año). El resto del sistema está compuesto por una variedad de instituciones. El gobierno federal y las provincias de Canadá tienen cerca de 400 programas de estimulo al desarrollo científico y tecnológico, que van desde los créditos para la I + D en las empresas, y el subsidio total o parcial de las actividades de I + D que son consideradas prioritarias, a la transferencia de tecnología de las universidades y de los laboratorios públicos a las empresas. Existe un Banco federal de desarrollo que complementa a las empresas privadas de capital de riesgo en el financiamiento a las nuevas empresas emergentes.
Japón biotecnológico
En Japón el Ministerio de Educación, Ciencia y Cultura apoya la Investigación universitaria; el Ministerio de Salud y Bienestar proporciona fondos para temas relacionados con la Medicina; el Ministerio de Agricultura y Pesca favorece el proyecto sobre el genoma del arroz y la Agencia de la Ciencia y Tecnología tiene a su cargo parte del proyecto sobre el genoma humano. Ahora otro Ministerio, el de Comercio Internacional e Industria, se suma a esos esfuerzos y ha reconvertido uno de sus edificios en Tokio (dedicado antes a controles de componentes automovilísticos) en un modernísimo y completo centro biotecnológico, el Centro de Inspección de Biotecnología, con una plantilla de 460 personas, dedicado a secuenciar moléculas de ADN, comenzando con el genoma de la bacteria Pyrocaccus shinkai, recogida de unos restos volcánicos en las profundidades marinas, esperándose que ello permita aislar y estudiar sus proteínas termorresistentes que podrían tener un uso comercial en la industria biotecnológica.
Universidades modernas
Una de las funciones esenciales de las universidades modernas es la construcción del nuevo conocimiento. Dichas instituciones promueven en tal sentido espacios de investigación, donde los diversos grupos académicos participan en la generación de nuevo conocimiento. Las instituciones de educación superior de los países con alto desarrollo económico han depositado enorme interés en la vinculación entre investigación, docencia y estudio. Es interesante comprender los cambios que se han presentado desde el siglo XIX hasta esta última parte del siglo XX, en la educación avanzada de las cinco principales potencias del mundo occidental: Alemania, Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Japón. Las universidades alemanas en un principio estaban formadas básicamente por institutos. Dichas instituciones desarrollaron nuevas herramientas organizacionales como el laboratorio y el seminario orientados a la investigación con métodos sistemáticos. Así a finales del XIX y principios del XX estas instituciones superiores lograron atraer a importantes núcleos de estudiantes de otros países que deseaban acercarse a estos métodos. Pero cuando las universidades alemanas comenzaron su proceso de masificación, éstas fueron perdiendo el ideal de Humboldt, y en la actualidad en donde se llevan a cabo las tareas de investigación es en institutos externos. Las instituciones universitarias de Gran Bretaña han tenido grandes transformaciones a lo largo de su historia. Así, hasta el siglo XIX las universidades mantenían la forma de colegios y su reducido tamaño era una característica fundamental. Durante la gestión de Margaret Thatcher, las universidades sufrieron considerables cambios, se instituyó el financiamiento uniforme y se fijaron las colegiaturas de las universidades. Para finales de los ochenta, las instituciones empezaron a competir por el gasto gubernamental con base en su desempeño en la enseñanza y en la investigación. En el caso de Francia, a lo largo de los siglos XIX y XX la educación superior estaba representada básicamente por las grandes ècoles. Existen dos sistemas de investigación financiados por el Estado, uno de gran prestigio, organizado alrededor del Centro Nacional para la Investigación Científica, y el otro constituido por un sistema universitario menos estructurado y con menor presencia. En este último ámbito, la investigación es considerada una materia poco desarrollada y aunque ha tenido algunas reformas éstas no han incidido en la mejora sustantiva del sistema, ya que el control gubernamental es cada vez más introvertido y cerrado. De esta manera, la educación se toma principalmente, como un instrumento para producir y mantener élites creadas por el Estado. En lo que se refiere a Estados Unidos a finales del siglo XIX, numerosos estudiantes estadounidenses acudían a instituciones europeas para desarrollar estudios de posgrado. A su vez, en el propio ámbito estadounidense una institución que destacaría por su apoyo a la investigación y al posgrado -llegando a constituirse en un modelo- fue la universidad John Hopkins, la cual proporcionó el modelo de organización en dos niveles, el pregrado y el grado. El financiamiento de estas universidades era interno, más tarde adquirió patrocinadores externos y, posteriormente, el gobierno y algunas agencias como la Administración Nacional para el Espacio y la Aeronáutica (NASA) las apoyaron. Después de algunos desajustes, en 1978 se recuperó el nivel del financiamiento y se establecieron ciertos medios para sostener a la investigación, aumentaron las colegiaturas, se incrementó el financiamiento privado anual y se buscó la ayuda de la industria. Empezaron a crecer los programas doctorales y en la actualidad aproximadamente cien universidades promueven el vínculo investigación-docencia. En cuanto a Japón, la educación de grado es casi tan vieja como la de Estados Unidos, aunque muy distinta, porque ésta nace por decreto gubernamental. En Japón no se dio la búsqueda intensa y competitiva de programas doctorales por parte de las universidades. Así, las propias instituciones centraban su interés más en la industria que en los programas de posgrado, a los que se consideraba una especialización en exceso. La universidad japonesa está formada por varias escuelas, éstas por departamentos y cada departamento por varias cátedras. La base de la investigación en las universidades japonesas es... la industria.
sábado, 2 de septiembre de 2006
Universidades latinoamericanas
La historia de las universidades latinoamericana muestra una larga trayectoria vinculada en su origen al período colonial español. Como ocurre con casi todas las universidades de los siglos XVI, XVII y XVIII, las universidades coloniales tenían como objetivo principal la instrucción y se limitaban a la enseñanza de teología, leyes, medicina y artes; y hasta el siglo XVIII la formación de sacerdotes era su tarea más importante. Consecuentemente con la herencia europea recibida, la actividad docente de las universidades de América Latina se estructura en torno a las cátedras, las que constituyen su unidad académica fundamental. En general, durante todo el siglo XIX las universidades dependen del Estado para su funcionamiento. A diferencia de las universidades europeas, las universidades latinoamericanas incorporaron en forma muy limitada, o no incorporaron, la investigación a la unidad académica básica de la institución, es decir, la cátedra. En este sentido, el concepto de cátedra fue transferido a América Latina en forma parcial, excluyendo de ella el mecanismo a través del cual el catedrático se suponía ampliaba y profundizaba sus conocimientos y hacía partícipe a la comunidad académica de nuevos hallazgos científicos. Aunque en algunos casos las universidades propiciaron la realización de proyectos de investigación, ésta no se convirtió en una actividad sistemática de la universidad, específicamente de los catedráticos, sino que más bien fue el resultado de esfuerzos aislados de personas con inquietudes e inclinaciones especiales. En otras palabras en la región dominó el concepto de instrucción (transmisión de conocimiento) sobre el de investigación (creación de conocimiento) inherente a la universidad europea, particularmente alemana, que desde muy temprano utilizó la investigación con fines didácticos. Esta es la causa de la falta de tradición científica de la mayoría de las universidades latinoamericanas. Ni el modelo europeo ni el modelo de Estados Unidos se llegó a transferirse a los países de América Latina. La investigación como actividad sistemática todavía se encuentra ausente de la mayor parte de las instituciones de educación superior en América Latina. ¿Cuál es la causa de esta ausencia?. Los argumentos más conocidos que dan una explicación plantean un círculo vicioso por medio del cual se afirma que la universidad no hace investigación porque el sector productivo (especialmente la industria) no demanda investigación y éste no demanda investigación porque la tecnología que requiere se transfiere del exterior. En otras palabras lo que se expresa es que los países de América Latina son consumidores y no productores de tecnología y por esta razón las universidades no hacen investigación.
Ciencia, universidad y producción
La aplicación de la ciencia a las distintas actividades del sector productivo es consecuencia de un proceso paulatino en el que en un comienzo no se buscó la utilización consciente del conocimiento científico con fines industriales. La revolución industrial del siglo XVIII sentó las bases para una posterior vinculación de la ciencia al sector productivo como un todo. Por otra parte, la ciencia no se convierte en un objetivo explícito de la educación universitaria prácticamente hasta el siglo XVIII cuando esta surge como una preocupación fundamental en algunas instituciones de educación superior en Francia; y la investigación científica en función de la docencia universitaria sólo se incorpora en forma sistemática a la universidad en Alemania en el siglo XIX. La experiencia de Alemania y sobre todo los logros obtenidos por sus científicos condujo a otros países a imitar el sistema alemán de educación superior. En este sentido el caso más sobresaliente es el de Estados Unidos . De esta forma, la vinculación de las universidades europeas —Alemania, Francia, Inglaterra— con los sistemas científicos y tecnológicos adquiere características definidas al finalizar el siglo XIX, y en Estados Unidos en la segunda década del presente. Sin embargo, la evolución posterior muestra una mayor capacidad de las universidades de Estados Unidos para participar en los procesos científicos y tecnológicos que tienen lugar en la esfera productiva.
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