jueves, 31 de agosto de 2006

¿Qué hacer?

A diferencia de otros países del mundo, donde la colaboración entre las universidades y las empresas ha sido la clave del éxito, en la Argentina no existe esa colaboración y hay desconfianza mutua entre las empresas y universidades y una visión utilitaria de cada una de ellas. El contacto con los creadores de la ciencia y la tecnología es muy importante porque genera una corriente de ideas y de creación fundamentales en la producción y la investigación. Las empresas pueden trasmitirles a los centros de investigación y a las universidades los temas que importan al mercado. Todos los casos exitosos de empresas tecnológicas en el mundo han girado en torno a esta fuerte cooperación entre compañías y universidades o centros académicos. Las ventajas son evidentes, ya que la universidad dispone de recursos humanos y conocimientos y es capaz de cumplir con la función de interfase entre los grupos de investigación y desarrollo con el medio productivo buscando las soluciones al desarrollo tecnológico que necesita el sector de la producción. En este caso es fundamental la participación de las universidades, las empresas y el gobierno trabajando para un proyecto que dé lugar a la creación de empresas nuevas. Los países que quieren crecer a partir de la innovación tienen que darles ventajas a las empresas tecnológicas, una de ellas es disminuirle los impuestos, otra puede facilitarle la instalación en lugares donde les puedan dar muchos conocimientos y otorgarle financiamiento y créditos. Esto ya ocurre en la India, España, Francia, Estados Unidos y Brasil; en muchos países mas... pero acá no. Para que esto pueda ser posible deberíamos derrotar los criterios economicistas en la selección natural de los recursos financieros destinados a ciencia y tecnología. Es necesario evitar la entronización de funcionarios que a veces no son más que la interfase descarada con las instituciones financieras internacionales y los graves daños que causan no son reconocidos como una prueba fragante de que los enfoques exclusivamente economicistas son un despropósito. Cuando el Estado se encuentra contaminado de un profundo analfabetismo científico provoca que la ciencia no se desarrolle y el crecimiento del país se detenga indefinidamente. ¿Qué es lo que hay que hacer?. Hacer uso amplio e intensivo de la ciencia y tecnología moderna e incorporarla al proceso de modernización e incremento de la productividad existentes, incentivando mediante acertadas medidas económicas la innovación tecnológica y consecuentemente el incremento de la productividad y calidad de las industrias. Estimular las investigaciones en ciencia aplicada en aquellas áreas que pueden ser más productivas para el desarrollo del país. Realizar un estudio detenido, con el asesoramiento de científicos, ingenieros, industriales y economistas de las distintas prioridades de desarrollo industrial y científico, con el objeto de acelerar el progreso integral, reformando la enseñanza secundaria y universitaria para hacerlas más útiles a los propósitos indicados.

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Producir cientificos

En la Argentina la producción de ingenieros y científicos es baja en proporción a la de otros profesionales. La matriculación en ciencias duras ha disminuido en los últimos diez años. Con esta situación es casi imposible reducir el technological gap entre los países desarrollados y el nuestro y deberíamos revertir esta situación e incrementar la producción de ingenieros y científicos de gran capacidad y con habilidad para innovar y tecnólogos. Esto obliga a crear centros de enseñanza de alto nivel para las disciplinas científicas como ya sucedió en Alemania con el surgimiento de las Escuelas Técnicas Superiores (Technischen Hochschulen) y de ellas salieron los que crearon el "milagro alemán". Basta citar también el Imperial College of Science and Technology de Londres, las Ecoles Nationales Superiures de Ingeniería de Francia, el Instituto Politécnico de Zurich de Suiza, el Technische Hagesschool de Delf de Holanda, el Massachustts Institute of Technology, el Case Institute of Technology de los Estados Unidos, el Instituto Politécnico de Milán, el Politécnico de Turín, el Technion de Israel, los Politécnicos de Rusia, Japón y China y nuestro Instituto Balseiro.

El caso de Brasil

En Brasil la política de promoción de la industria informática comenzó hace más de diez años con la aparición de los polos tecnológicos, las incubadoras de empresas de tecnología de la información acompañado con la voluntad y el espíritu emprendedor de los brasileños. En la década de los ‘90, el gobierno decidió apoyar la industria del software al percibir que Brasil tenía una base como para convertirse en un país exportador, resistiendo las presiones que fueron hechas por gobiernos de otros países, lo que permitió la creación de miles de industrias y capacitó a muchas personas. Lo más importante fue la combinación creativa de tres factores clave: las instituciones científicas y tecnológicas, una industria que iba a demandar la tecnología creada y la organización de la sociedad para que los órganos políticos lo apoyen. Como resultado de esa combinación el software brasileño triplicó su participación en el producto interno y hoy Brasil está levemente atrás de la arrasadora China y de la India, el paradigma de los países en desarrollo de fabricantes de software, con la diferencia que en lugar de meras líneas de código compradas como commodities, foco de la producción india, las empresas brasileñas fabrican el producto completo. Según un estudio comparativo realizado por el MIT en 2001 Brasil vendió 7700 millones de dólares en software, contra 7900 millones de China y 8200 millones de la India. Brasil tiene hoy poco más de cinco mil empresas para programación y su sector emplea 176.000 trabajadores. El último parque tecnológico creado es en Recife, bautizado Puerto Digital, una especie de Silicon Valley en incipiente formación, que destaca el papel fundamental de las incubadoras brasileñas y parques tecnológicos. Brasil tiene actualmente en funcionamiento 207 incubadoras y siete parques tecnológicos. De las incubadoras tecnológicas en funcionamiento en Brasil, el 84% está vinculada con centros académicos de investigación y universidades, siempre con algún tipo de asistencia del poder público y todas bajo el paraguas del Ministerio de Ciencia y Tecnología. ¿Y por lo Argentina como andamos?. No andamos, aquí se teme “aumentar el gasto publico” por eso no se gasta en investigación... en fin, cuando caminamos nos las vamos pisando y encima, nos creemos vivos....

Alemania no se duerme

La política de Estado que está implementando actualmente Alemania tiene el plan de aumentar cada año un 3%, hasta el 2010, su inversión en sus grandes centros de investigación. Los dieciséis Estados federados han firmado un acuerdo, bautizado como “pacto por la investigación y la innovación” para aumentar sus inversiones a pesar de las dificultades financieras que atraviesa el país, en el 2005 destinó la cantidad de 3800 millones de euros a la Sociedad Max Plank, los Institutos Frunhofer y el Instituto Leibniz. Y otros 1300 millones de euros fueron a la Comunidad Alemana de Investigadores para financiar actividades en la universidad y a la creación de treinta universidades de élite por un total de 1900 millones de euros, acordando que la administración federal financie el 75% de los costos como fomento a la investigación. En este contexto, el gobierno alemán está dando un nuevo impulso a la industria de la biotecnología y farmacéutica, promoviendo mejores condiciones para investigar y desarrollar nuevos medicamentos frente a la competencia extranjera convencido de quien quiera sobrevivir en la industria de los medicamentos tiene que ocupar posiciones de liderazgo en las tecnologías biológica y genética de avanzada. Alemania es un país que apoyó fuertemente la industria y el desarrollo de la tecnología en el campo automovilístico y esto le ha valido ser premiado con un gran desarrollo en el campo de la tecnología óptica –es líder mundial en equipos láser para usos industriales delante de Japón y los Estados Unidos–, últimamente han entrado fuertemente en el campo de la nanotecnología, construyendo seis centros de investigación concentrados en el estudio de revestimientos ultra finos, empleo de nanoestructuras en la óptica electrónica, elaboración de superficies ultrafinas y máquinas nanométricas. Pero como ha desatendido campos como el de la electrónica para el tiempo libre y no ha podido enfrentarse a colosos como Sonny, perdió posición en el sector y los centros de investigación y desarrollo se encuentran ahora no en Alemania sino en Corea del Sur, Taiwán, China y Japón, pero de todos modos ha despertado, reaccionando con importantes financiamientos en proyectos de investigación en ese campo. Alemania no se duerme. Invertir es investigación tiene una larguísima tradición que en Alemania, que comenzó con la gran Reforma Universitaria liderada por von Humboldt en la Universidad de Berlin allá por... 1840.

Japón: hacer negocios

Una estrategia que han seguido algunas de las naciones desarrolladas ha sido la de seleccionar y apoyar económicamente ciertos campos de la ciencia y de la tecnología teniendo en cuenta su importancia con vistas al desarrollo del país y de su inserción en el contexto de la economía mundial. Esa estrategia ha sido seguida por países como Holanda, Finlandia, Malasia, Irlanda, Australia, Suecia, Gran Bretaña, China, India, Taiwán, Corea del Sur, Brasil, entre otros. Sólo pocos países –como los Estados Unidos, Japón, ahora China y antes Rusia– pueden proponerse una estrategia de avance integral en muchos y amplios campos de la ciencia y de la tecnología. Japón, por ejemplo, gastó en el período 1954-1965, 650 millones de dólares en la compra de patentes y procesos extranjeros, lo que era mucho dinero en esa época, y esa tecnología importada le permitió, con gran capacidad de trabajo y habilidad, obtener una fabricación de productos por catorce mil millones de dólares. O sea, invirtieron 650 millones y ganaron 14.000 millones. Eso es lo que se llama hacer negocios. Por supuesto que Japón no se limitó solamente a importar tecnología y reproducir productos iguales a los producidos del extranjero sino que supo adoptar las nuevas tecnologías a sus conveniencias nacionales e internacionales e imprimirles un sello de innovación propio. Esto último se pudo hacer porque el proceso de selección y adaptación de tecnologías extranjeras estuvo a cargo de científicos e ingenieros japoneses de talento.

Tecnología y PBI

De acuerdo a los datos internacionales para tener un sistema de ciencia, tecnología e innovación productiva en funcionamiento requiere una inversión –pública y privada – de por lo menos el 1% del PBI por año y, lo realmente grave, es que mientras Brasil aumentó un 46% la inversión en ciencia y tecnología siguiendo el camino de los países del Primer Mundo, la Argentina no tiene ninguna vocación de hacerlo. Si alguna vez la Argentina fue comparable a Canadá es deprimente comprobar que este último país invirtió en investigación y desarrollo experimental (I+D) durante 1999 diez veces más que el nuestro y que, con más de doce mil millones de dólares, superó en forma significativa a los países latinoamericanos, los cuales en conjunto apenas alcanzaron los diez mil millones. Hay quien argumenta que la inversión en I & D está directamente relacionada con la riqueza del país. No es tan evidente que sea así. Por ejemplo, el PBI de los Estados Unidos quintuplicó a los países de América latina, pero su inversión en I & D fue veinticinco veces mayor que la latinoamericana. En definitiva, cabe la lectura de que los países latinoamericanos realizan en ciencia y tecnología un esfuerzo inferior al que cabría esperar, dado el valor de su producto. El sector privado en la Argentina dedica aún menos atención a la ciencia, la tecnología y la innovación: apenas la cuarta parte de la inversión I + D es financiada por las empresas, en tanto que el grueso es presupuesto público. Esta estructura de financiamiento es inversa a la de los países industrializados, en los cuales aproximadamente las dos terceras partes de los recursos para estas actividades provienen de las empresas.

Producción y tecnología

Lamentablemente, los logros de la Argentina en ciencia y tecnología han sido poco alentadores,a pesar del trabajo sostenido, solitario y sin mayores apoyos y recursos a su aparato científico y tecnológico. Esto ha sucedido porque la educación, la ciencia y la tecnología no han sido temas prioritarios ni han sido puestos en el centro de una estrategia de desarrollo ni ocuparon los primerospuestos en la inversión pública o privada. La Argentina creó casi todas sus instituciones científicas y tecnológicas en la década del cincuenta. Por aquellos años, el desarrollo era una utopía movilizadora en la cual la ciencia y la tecnología cumplían un papel relevante, que les daba sentido. Pero el esfuerzo puesto en práctica a partir de entonces fracasó en su intento de resolver el problema de la producción local de tecnología. Y ese fracaso se debió a la falta de vínculos entre la ciencia, la política y la producción. Sólo en ciertos sectores, vinculados fundamentalmente con las prioridades estratégicas definidas por los gobiernos militares (y continuadas en algunas etapas democráticas) tales como la energía atómica y la investigación espacial, se alcanzó una capacidad tecnológica importante que todavía hoy permite logros como el de la licitación ganada por INVAP en Australia o el desarrollo del satélite SAC-C. Basta observar lo que el Estado Nacional destina a investigación y desarrollo para darnos cuenta que no existe una política de Estado que promueva la actividad científico-tecnológica en comparación a los países desarrollados del Primer Mundo. El desarrollo científico-tecnológico deben ser una cuestión de Estado. Es necesario que la Argentina invierta en la producción de conocimiento y que la política científica deba ser atendida como una cuestión de principal importancia para que la producción de ciencia, tecnología e innovación productiva esté articulada con la actividad de los científicos, tecnólogos y productores industriales y no sea una labor desintegrada y solitaria de los diferentes sectores del conocimiento y de la producción.

miércoles, 30 de agosto de 2006

Ideología antindustrial argentina

La industrialización tiene un pecado original: no es parte integrante del proyecto del 80. Nace como actividad secundaria relativamente dependiente del desarrollo del sector agroexportador y goza de escaso prestigio social. Se inserta marginalmente en una cultura, en una sociedad y en un sistema político consolidados. La modernización social no es generada por la industrialización; además las primeras actividades manufactureras son obra casi exclusivamente de extranjeros, lo que refuerza la imagen de marginalidad de la industria en el contexto socio-cultural del país. Se crea por lo tanto en Buenos Aires una cultura “moderna” y urbana que no reposa en la industrialización. Perón no concibe el crecimiento industrial como eje de la modernización económica, sino como instrumento para la afirmación de la autonomía nacional y la creación de empleo e incorporación de las masas urbanas. A la inversa de lo ocurrido en otras experiencias históricas; se constituye en la Argentina un movimiento obrero organizado, aguerrido, y vinculado al poder político del Estado antes que la emergente clase industrial lograra consolidarse políticamente y obtener una representación autónoma de sus intereses en el ámbito del Estado. El proyecto industrialista del desarrollismo, elaborado por una tecnocracia política sin una base social propia, cae en un vació político al ser rechazado por el movimiento obrero y por agudizar tensiones y conflictos en el ámbito de los sectores económicamente dominantes. El Proceso de Reorganización Nacional pretende cerrar un ciclo de historia nacional que arranca desde la crisis del 30. Viejos prejuicios antindustriales se engarzaron y reforzaron en el ámbito del diagnóstico político-militar, que asigna a la industrialización protegida la paternidad de todos los males argentinos. La industria, que mas que cualquier otra actividad económica requiere de estabilidad, largos tiempos de maduración para sus inversiones, riesgo calculado, capacidad de previsión y programación, ha sido, sin lugar a duda, la actividad que mas ha sufrido el impacto negativo de este remolino institucional. Además, la inestabilidad institucional ha tenido graves y negativas repercusiones sobre el normal desenvolvimiento de las tareas administrativas del Estado: no solo cambian radicalmente las orientaciones de política económica, sino que cambian también la conducción política y los equipos técnicos jerárquicos de los aparatos burocráticos, estableciendo nuevas normas, reglamentos y pautas de actuación. Todo ello acompañado por la destrucción y el desmantelamiento de organización, reglas, registros, estadísticas establecidas en los períodos precedentes. El resultado es falta de continuidad administrativa, irracionalidad de las decisiones, ineficiencia y a menudo corrupción, falta de articulación y desconfianza entre los sectores medios y bajos de la burocracia -que logran una cierta permanencia en sus puestos-y la dirigencia alta, que cambia continuamente. Cuando la ocupación del poder por grupos excluyentes es la norma, y los cambios de reglas de juego son frecuentes y erráticos, los actores económicos actúan acordes con la siguiente lógica: no es posible hacer previsiones que vayan más allá del corto plazo y, por lo tanto, orientan sus acciones a maximizar sus beneficios; sin preocuparse de las consecuencias negativas que ellas suelen generar para otros sectores. Estas actitudes son racionales porque se basan sobre la premisa que la inestabilidad institucional y el carácter rotativo del ejercicio del poder aseguran que otros se comportaran de igual manera. Cada cual aprovecha la oportunidad que le brinda el control momentáneo de los resortes del poder. En términos económicos, un sistema de esta naturaleza tiende a crear una economía de saqueo, cuyas características centrales son la especulación financiera, la fuga de capitales y la suspensión del ingreso de nuevos capitales desde el exterior. Es claro que en una economía de esta naturaleza las actividades industriales que se sustentan en inversiones productivas de mediano y largo plazo son las más golpeadas.


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¿Por qué no despega el Mercado de Capitales?

Desde hace una década, la cantidad de empresas cotizantes en Bolsa se viene reduciendo, y por el momento el mercado de Capitales en la Argentina no parece acompañar en volumen y dinámica a los indicadores económicos. Para la financiación de proyectos a largo plazo, el crédito bancario no es suficiente. Es necesario contar con un mercado de capitales desarrollado, que permita a las empresas ampliar su capital, y a los inversores participar de los beneficios y no sólo de los riesgos. A pesar del buen ritmo de crecimiento de la economía durante los últimos cinco años, el mercado de capitales argentino es inferior al de otros países de la región. Uno de los indicadores para medirlo es la capitalización bursátil respecto del PBI. En la Argentina es del 26% contra el 126% de Chile o el 74% de Brasil. Otro de los indicadores del fenómeno es la cantidad de empresas que cotizan en la Bolsa de Valores. Y en el país, desde inicios de los ’90, hubo una constante reducción en la cantidad de empresas cotizantes. En los últimos 15 años se retiraron de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires 75 empresas. En comparación por cantidad, Argentina es el país que menos empresas listadas tiene, seguida por Colombia. La debilidad del mercado de capitales local se relaciona con una gran volatilidad de la economía, producto de dos grandes crisis en los últimos 15 años (la hiperinflación del 1989/90 y la crisis 2001/02). De las 75 empresas que se retiraron de la Bolsa, el 40% lo hizo por quiebra, y otro tanto se fueron por transnacionalización. Y los grupos que tomaron control (como en el caso de varias privatizadas de servicios), prefirieron cotizar en mercados extranjeros. La baja capitalización bursátil en el país no se debe a la falta de instrumentos, ni a los excesivos requisitos para acceder; sino a la escasez de emprendimientos viables. Alguien que tiene un buen proyecto y necesite financiación no lo deja de realizar en la Argentina simplemente por no cumplir con formalidades o tramites burocráticos. La pregunta es: ¿Por qué se retiraron las empresas, y hacia dónde fueron? Con cada crisis se fueron retirando empresas y en la década del 90 era más barato conseguir capital afuera. Este año podrían ingresar nuevas empresas al recinto, y quebrarse la tendencia negativa que empezó en los 90. Los actores del Mercado de Capitales son muchos: AFJP, Compañías de Seguros, bancos comerciales y de inversión, ahorristas, empresas y fondos de capital de riesgo. Todos estos jugadores existen la Argentina, pero no se animan. Existe poca predisposición a hacer inversiones importantes. Por otra parte, las recurrentes crisis hicieron que para el empresario mediano endeudarse resulte peligroso. Entonces hay una baja demanda de crédito, porque las empresas prefieren autofinanciarse. De hecho, casi la totalidad de las inversiones que realizaron las empresas durante los últimos 3 años, se llevaron a cabo sin recurrir al sistema bancario y financiero, y fueron producto del autofinanciamiento y la reinversión de utilidades. De manera que el circulo vicioso es perfecto: los que tienen capital no se animan a prestarlo y los que tienen empresas no se animan a tomar prestado. El PBI de la Argentina creció el año pasado algo más del 9%, y para este año se espera un 8%. Pero para seguir creciendo a tasas cercanas a los dos dígitos, se necesita más inversión. El año pasado, la inversión bruta interna fija se ubicó en algo más del 22% del PBI. El número no es malo, pero, al decir de los especialistas, no es suficiente. En la Argentina, la Tasa de Inversión es hoy del 22%, mientras que en China es casi 50%, y nunca fue más baja del 30% en los últimos años. La referencia al gigante asiático no es casual. Se trata de un país que ha crecido a tasas del 10% acumulativo anual en los últimos 25 años, un hecho sin precedentes históricos. El capital es cobarde y el pasado argentino inspira terror. Solo cuando vean que la Argentina crece y crece sin sufrir crisis recurrentes volverán animarse a invertir. Y es necesario que lo hagan porque el escaso desarrollo del mercado de capitales limita las posibilidades de expansión de las empresas, ya que están atadas al financiamiento externo o de más corto plazo.

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lunes, 28 de agosto de 2006

Competencia imperfecta

El ideal de Adam Smith esta enfocado en la agricultura, donde observaba a mercados operando casi en forma de competencia perfecta. Smith fallaba en observar las implicaciones organizacionales y distributivamente potenciales en la división del trabajo. La misma división del trabajo parece en sí misma resultar un factor clave para el desarrollo de economías de escala, barreras a la entrada, competencia imperfecta y, consecuentemente, variación en la ‘calidad’ de las actividades económicas. Un alto grado de ‘división de tareas’ causa la competencia imperfecta, el principal fundamento para la competitividad. En contraste con la línea de pensamiento anglosajona, el pensamiento económico alemán generalmente dada por sentado el hecho de que las distintas actividades económicas poseían cualidades diferentes, inherentes a cada mercado en particular. Dado que algunas actividades dan mayor ‘potencia productiva nacional’ o ‘competitividad’ que otras los economistas del siglo XIX de Alemania, Estados Unidos y Japón se vieron en la necesidad de recomendar a su clase política la creación de un sólido ‘sistema nacional de política económica’ en contrapartida de la, por ellosdenominados, visión inglesa de cosmo-política económica. Todos los países industrializados, empezando por Inglaterra, han crecido con una ideología ó estrategia específica donde las actividades que proveían de una capacidad de competencia imperfecta eran protegidas y aisladas del sector externo. Estas actividades ‘buenas’ para el crecimiento proveían riqueza de la cual se beneficiaba el resto de la nación. Ellas proveían de competitividad y poderío al estado. Todas las naciones con imperio colonial tendían a prohibir las manufacturas en sus colonias maximizando la competitividad de la metrópolis en sus relaciones comerciales. En el Siglo XIX Inglaterra, que devino en dominadora de actividades de alto valor agregado, gradualmente se convirtió al libre comercio. Hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial las naciones tendían a asegurar su competitividad, es decir el acceso a actividades económicas de alto valor agregado, a través de la protección de sus manufacturas. El éxito de la teoría del libre comercio en la profesión económica no se reflejó en los círculos comerciales y políticos hasta ese momento. En el mundo de hoy con tanta prédica del libre comercio los objetivos son los mismos, aunque los medios son más sutiles, por lo menos en los tres grandes bloques comerciales, Estados Unidos, Europa y Japón. De todos modos los países industrializados mantienen mecanismos para proteger actividades que poseen alto valor agregado y algunas de bajo valor agregado, como agricultura ó pesca, aunque por las razones opuestas. Así en el nombre de la competitividad –elevar el ingreso nacional a través de la competencia imperfecta- la Unión Europea financia el proyecto Airbus . En el nombre de la cohesión (distribución del ingreso) la misma Unión subsidia a los agricultores que están involucrados en actividades cercanas a la competencia perfecta, sin la protección de las ‘rentas industriales’ que sus compatriotas del sector manufacturero disfrutan. Si bien el término competitividad es relativamente nuevo, representa básicamente un nuevo término para determinar cuales actividades económicas permitirán a nueva nación ganar la carrera del comercio mundial. Estas se remontan hasta el Siglo XIV, y la República de Venecia con su estructura tarifaria y medidas protectoras representan un ejemplo que se repetiría en los siglos siguientes. Incluso el ejemplo de los países de Sudeste asiático representa el ejemplo de un eficaz sistema de tarifas implementado para proteger industrias de base exportable. De todos modos, una vez alcanzado un alto índice de calidad de las actividades comerciales las naciones industrializadas devienen en defensoras del libre comercio. Debido a las economías de escala, el comercio libre es beneficioso para ambas partes cuando los productos que se intercambian mantienen un mismo nivel de calidad. Un índice de calidad de la producción explica muy bien porque la industrialización es importante para una economía. El proceso completo de desarrollo de una economía puede ser vista como un ascenso hacia actividades de competencia imperfecta altamente dinámicas y hacia el aprovechamiento de las rentas que ésta genera. Recientemente asistimos a la observación de cómo algunas naciones han alcanzado un alto nivel de desarrollo a través de sus industrias expodirigidas (Taiwán y Corea del Sur son buenos ejemplos). Estos países asiáticos han trepado en la escalera de desarrollo a través del apoyo que explícitamente han brindado a actividades de alto contenido tecnológico (y por tanto cualitativo), como la industria electrónica. Esto, de todos modos, no sugiere que hoy resulta la estrategia de crecimiento para el resto de los países en vías de desarrollo (los de Europa del este y los del Tercer Mundo). Sin embargo plantea un nuevo de campo de investigación para el hallazgo de una nuevas vetas de incremento en la calidad de producción que ayude a éstos a trepar en el largo camino del desarrollo económico.

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El sistema japonés

Hay dos puntos cruciales en la historia de la política económica japonesa, dos momentosen el tiempo en los cuales la elección de una política estratégica decidiría la calidad del desarrollo económico nipón: uno fue la edad de restauración Meiji en 1868 y el otro lo representó el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. En ambas los japoneses hubieron de decidirsefrente a dos escuelas de pensamiento económico las cuales por su origen geográfico erandenominadas en japonés eigaku (inglesa) o doitsugaki (alemana). En ambos casos la escuela alemana fue la elegida para representar el ideal de desarrollo económico. List en 1868 y el austríaco Schumpeter en 1945 plasmaron el concepto de competitividad nacional deseado por la clase política nipona. Nuevamente en Japón el concepto cosmopolita y universalista del pensamiento económico inglés fue observado con escepticismo. Los economistas británicos buscaban leyes económicas de carácter universal como las que se podrían buscarse en las ciencias naturales, mientras que la escuela histórica alemana concebía a las ciencias sociales y económicas como específicas a un tiempo y lugar. En esos días, el traductor de la obra de List en Japón, Oshima Sadamasu escribía al respecto “Si todas las manzanas cayeran al suelo en Inglaterra, podría suponerse que todas las manzanas caen al piso en todos los países del mundo. Pero en el caso de la política, las leyes o la economía lo que es adecuado en Inglaterra podría no ser aplicable en Francia, para algunas naciones puede ser visto como nuevo o viejo, para otras como débil o fuerte, y dependería también de su ubicación geográfica, clima, clientes comerciales y las costumbres locales”. En el manifiesto de fundación de la Asociación Económica Nacional de Japón en 1890 el mismo Sadamasu expresada, al estilo de la escuela alemana y de la estrategia americana, la necesidad de construir un poder productivo nacional. El autor japonés observó la lógica extensión de la teoría de comercio ricardiano según la cual las naciones agrícolas deben permanecer siendo agrícolas y las naciones industriales deben permanecer industriales. Pero ninguna nación agrícola había llegado a construir una potencia productiva en el ámbito internacional. A su vez la potencia productiva de una nación estaba cercanamente relacionada con su grado de independencia. La conclusión era que el proceso de industrialización debía ser encarado a fin de dotar poder económico y, consecuentemente, independencia política. Fue 55 años después, al final de la Segunda Guerra Mundial, que Japón otra vez quedó inmerso en un intenso debate acerca de su futura estrategia económica. Los oficiales del Banco del Japón eran de la opinión que Japón debería cultivar industrias de baja tecnología y buscarventajas competitivas de sus bajos costos laborales, siguiendo de éste modo las recomendacioneseconómicas neoclásicas. Los oficiales del Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI)-armados con los escritos de Schumpeter- argumentaron que Japón debería construir industrias de alta tecnología. Otra vez la teoría económica alemana -con su modelo de competencia imperfecta representando el motor de crecimiento como núcleo de la teoría- se impuso en la tierra del Sol naciente. Ningún país ha abrazado la teoría schumpeteriana como el Japón lo ha hecho. Cuando a Schumpeter no le era posible hallar empleo en ningún lugar de Europa a principios de los años 1930 en el único lugar que le fue ofrecido trabajar fue en la Universidad de Tokio en Japón. Justo antes de partir a Tokio, la Universidad de Bonn le ofreció una cátedra y la aceptó. Pero nunca olvidó la oferta japonesa. La otra anécdota nos refiere al testamento del economista austríaco. Por éste su biblioteca personal hoy descansa en la Universidad Hitotsubashi de Tokio -antiguamente la Escuela de Comercio de Tokio- la cual ha establecido desde finales del siglo pasado las mismas pautas de formación que la Escuela Superior de Comercio Internacional de la Viena de Schumpeter.

El sistema alemán

Diferentes autores coinciden en afirmar que el pronunciado crecimiento de la producción la economía alemana entre 1870 y 1914 debido a sus altos índices de productividad y su creciente participación en el mercado mundial de las exportaciones de constituyeron una de las causas de la Primera Guerra Mundial. Luego de la unificación de los reinos alemanes lograda tras la guerra franco-prusiana de 1870 y la conformación del Imperio Alemán, la política económica alemana se tradujo en medidas tendientes a armonizar los diferentes regímenes arancelarios vigentes. Las razones del crecimiento de la productividad son generalmente atribuidas a un aprovechamiento eficiente de los recursos, una protección fuerte del sector manufacturero así como a una disciplina y ética laboral muy marcada. En contraste con Inglaterra es importante recordar queAlemania de aquel período se componía de muchos estados, algunos de cuales eran muy pequeños. Hacia la primera parte del siglo XIX éstos abarcaban cerca de treinta y dos estados ó reinos cada uno de los cuales era extremadamente proteccionista. El creciente desarrollo de la economía alemana no pasó desapercibida en el resto de los países coloniales los cuales veían en ello una creciente amenaza a su participación en la economía mundial. Mientras que la mayoría de los primeros economistas en Inglaterra provenían de la rama de mercaderes y comerciantes, en Alemania éstos provinieron principalmente del sector público. Los cameralistas alemanes -el equivalente de los mercantilistas- eran generalmente empleados para el mantenimiento y protección del tesoro del reino ó principado. Su expresión alemana es Schatzkammer, del que provino el término cameralista. La literatura de los cameralistas alemanes es tan amplia como poco conocida fuera de Alemania. Como los mercantilistas ingleses, los cameralistas favorecían la protección de las manufacturas. Hacia la primera parte del siglo XIX éstos abarcaban cerca de treinta y dos estados ó reinos cada uno de los cuales era extremadamente proteccionista. Casi desde el siglo XVII encontramos que los libros de economistas ingleses eran traducidos a muchos idiomas incluido el alemán, pero los libros alemanes apenas si eran traducidos a otros idiomas. Esto significaba que los economistas alemanes tenían acceso a, y podían discutir extensivamente sobre, el pensamiento de economistas tanto franceses como ingleses circunstancia que no se daba a la inversa. Como consecuencia la economía política impartida en Alemania era como a una ciencia extranjera, y los profesores simples discípulos de un dogma que no adhería a la realidad económica alemana de su tiempo. Dichas realidades serían reinterpretadas por otro economista alemán, cuyas ideas tendrían una amplia cabida en los sectores políticos del naciente imperio. Friedrich List fue el hombre que proveyó la teoría que lideraría la unificación de los estados alemanes bajo el liderazgo de la burocracia prusiana. Originalmente un predicador de las ideas de Adam Smith y Jean Baptiste Say, List había sido testigo directo de los efectos económicos del ‘sistema continental’ de Napoleón y del ‘sistema americano de manufacturas’. También había sido testigo de los efectos perversos de la liberación comercial luego de la caída de Napoleón en Francia. Para List sí bien Smith no estaba equivocado en sus deducciones acerca del funcionamiento de las relaciones económicas si equivocaba la dimensión del análisis. Sus razonamientos eran los adecuados para interpretar un sistema universal pero las naciones debían primero construir un sistema nacional de política económica. List utilizaba como representativo de la competitividad de la economía el término ‘potencia productiva nacional’. Según su concepción las naciones deben construir su ‘potencia nacional’ y List daba ejemplos de como la industria manufacturera ayudaba a crear esa potencia y como la agricultura no, aunque esencialmente fallaba en la explicación de las razones de ello. De acuerdo con el autor alemán para liberar la poder de la producción nacional las tarifas internas alemanas debían ser eliminadas y debía ser establecida una tarifa externa común, política que sería imitada cien años mas tarde por toda la comunidad europea con la firma del Tratado de Roma. De este modo dentro de Alemania List fue visto como una liberal, mientras que en el resto del mundo era catalogado como la encarnación del proteccionismo. Su argumento de un comercio liberado dentro de una más amplia área geográfica sugiere un entendimiento de la importancia de la escala de producción dentro del sector manufacturero. Su influencia abarcó a sólo algunos profesores norteamericanos que habían estudiado en universidades alemanas pero sobre todo su incidencia más fuerte se apreció en... Japón.

El sistema americano

Alexander Hamilton en su ‘Reporte sobre las manufactures’ de 1791 daba cuenta del conocimiento de las enseñanzas de Adam Smith sobre el libre comercio pero al mismo tiempo, y basado en la experiencia inglesa, explayaba en trazos gruesos su propia perspectiva del asunto: debía ser llevada adelante una política de industrialización de las materias primas. Hamiton fue mucho más influenciado por el mercantilista Malachy Posthletwayt que por el autor escocés. Esto se observaba en su tendencia recurrente al establecimiento de un sistema de tarifas protectoras de la industria local, el cual recién en 1819 sería establecido firmemente en los Estados Unidos. Estas "tarifas educadoras" llevarían al desarrollo de la incipiente industria metalúrgica norteamericana. Hacia esa época esta política de protección de la industria sería tomada por otro economista americano, Daniel Raymond. En su punto de vista lo que debía erigirse era un sistema en donde el incentivo hacia el desarrollo de una ‘capacidad productiva’ de la nación jugaba un papel central. Bajo esta concepción el sistema de tarifas debería actuar permanentemente a fin de aislar de una competencia ruinosa a la naciente industria local. Unos pocos años más tarde Alemania bajo la influencia de las ideas de List adoptaba un concepto similar de protección de manufacturas como base para el despegue económico. Raymond argüía que las diferentes actividades económicas brindaban al sistema económico diferentes grados de competitividad. Así, no todas brindaban a la economía la misma ganancia. Raymond suponía, dentro de la línea de pensamiento naturalista de Adam Smith, que distintas ‘leyes naturales’ interactuaban dentro de cada sector económico. Es de este modo que se explica que la competencia casi perfecta explicaba bien el comportamiento de los mercados agrícolas pero fallaba en la explicación de los mercados industriales. Asimismo el autor norteamericano observa que es a través de sus manufacturas que Inglaterra había desarrollado su fuerte presencia económica en el mundo y no a través de su comparativamente pobre sector agrícola. Otro concepto interesante en la obra de Raymond es el de que las ganancias potenciales del proteccionismo compensaría las pérdidas de bienestar del consumidor por el aumento del precio final al añadírsele la tarifa. Es decir, que el aumento del salario por trabajar en una industria protegida sería mayor que la pérdida provocada por comprar bienes manufacturados más caros. Durante el Siglo XIX las políticas de tarifas tanto en Europa como en los Estados Unidos fueron fluctuantes, con recurrentes endurecimientos y políticas de apertura, porque lo que se buscaba era hacer presión sobre el sector manufacturero para incrementar el cambio técnico y la calidad de sus productos. De este modo se lograba no adormecer en los laureles de sus rentas al sector industrial autóctono e implementar de ese modo incentivos selectivos a fin de dinamizar un sector tan vital para el desarrollo de una economía. Esta protección debía ser, según lo expuso List , de carácter temporario. La idea era en su momento alcanzar el desarrollo industrial inglés para luego superarlo. La estrategia consistía en cerrar la economía para crecer hasta capturar un porcentaje importante del comercio mundial, a partir del cual proclamar el libre comercio.

El enfoque de Prebisch

Prebisch optó por un enfoque de industrialización deliberada, con participación del Estado, en respaldo del sector privado. Prebisch se educó en la tradición de la economía clásica y durante los primeros años de su vida profesional fue un economista ortodoxo. En su experiencia como joven subsecretario de Hacienda de su país, a principios de los años treinta, recomendó al gobierno aplicar políticas ortodoxas en materia monetaria, fiscal, comercial y cambiaria. Pero pronto sus ideas comenzaron a cambiar, bajo el impulso de su experiencia de gobierno iniciada en este período y continuada en el Banco Central de la República Argentina. Dos aspectos principales marcaron este cambio: i) llegó a la conclusión de que, frente a la crisis mundial, la economía argentina no se recuperaría con las recetas ortodoxas, en vista del deterioro constante de las exportaciones que contrastaba con la tendencia al fuerte crecimiento de las necesidades de importación; ii) el fracaso de la Conferencia Económica Mundial de 1933 y la acogida casi nula que tuvieron entre los países europeos las ideas de cooperación internacional de Keynes, lo convencieron de que Argentina no podía esperar una solución gracias a la reactivación de la demanda mundial. La dura negociación bilateral del tratado Roca-Runciman con Gran Bretaña le mostró los límites que imponía la alta dependencia de la exportación de productos primarios concentrada en unos pocos mercados externos. Fruto de esa experiencia fue el convencimiento de que era preciso cambiar la estructura de la producción y de las exportaciones del país por medio de la industrialización, y que para ello era necesario conjugar el juego de las fuerzas del mercado con la acción estatal encaminada a impulsar y orientar la gestión del sector privado. Prebisch pudo comprobar las profundas repercusiones que tenían en los países en desarrollo las crisis originadas en los países desarrollados, y que poco podían hacer para evitarlas. Según Prebisch, los países en desarrollo, que están en la periferia, se especializan en la producción de bienes primarios. De ahí resulta una estructura asimétrica de sus relaciones comerciales y financieras con los países desarrollados. Exportan bienes de bajo contenido tecnológico e importan otros de tecnología avanzada. Sus exportaciones contienen mano de obra de baja calificación y de débil organización sindical, con una demanda caracterizada por su baja elasticidad-ingreso. Resulta de allí una demanda de crecimiento poco dinámico para sus exportaciones; obtienen salarios y márgenes de beneficio reducidos e inestables. Sus importaciones, en cambio, contienen mano de obra calificada con alto grado de organización sindical y elasticidad-ingreso elevada, lo que implica salarios y márgenes de beneficio más altos, así como un crecimiento más acelerado para los países proveedores. A consecuencia de esta estructura asimétrica de las relaciones externas de los países en desarrollo se limita su potencial de crecimiento. La heterogeneidad estructural económica y social se traduce en desigualdad en la distribución del ingreso, cuyos rasgos más evidentes, aunque no únicos, son la pobreza y la marginalidad. La piedra angular de las recomendaciones que derivan de esta diagnosis es el proceso de industrialización que permitiría modificar la estructura productiva interna y las relaciones externas. Este proceso no podría lograrse al ritmo indispensable por efecto de las fuerzas del mercado libradas a su suerte, sino que requeriría políticas públicas activas de protección y promoción en materia de comercio, tributación y crédito. Esta política varió con el tiempo, cambiando de acento según las variaciones de la situación económica internacional y el desarrollo de la industria de la región. En la posguerra los mercados de los países desarrollados estaban cerrados por altas barreras proteccionistas. Por lo tanto, la política se orientó preferentemente al mercado interno, con la sustitución de importaciones. Pero Prebisch pensaban que, dada la pequeña dimensión de esos mercados, la sustitución de importaciones implicaba ineficiencia, por lo que recomendaron la integración entre los países latinoamericanos para agrandar los mercados y crear una competencia más intensa. Para que avanzaran las políticas de apoyo a la producción de manufacturas se necesitaba una política de tecnología para que el Estado apoyara la adaptación creadora de tecnología proveniente del exterior a las condiciones singulares de los países de América Latina y ayudara a acelerar el proceso de innovación. Con esto aumentaban la eficiencia, bajaban los costos y mejoraba la calidad de los bienes producidos para adaptarse mejor a la demanda de los mercados externos.

Fuente

John Stuart Mill y la teoría neoclásica

John Stuart Mill legitimó la política de industrialización, incorporando el argumento de la industria incipiente a la teoría clásica. En Mill se basó la versión más pragmática y acotada de Hamilton antes que en la de List. Mill dice: ‘El único caso en que, aplicando sólo los principios de la economía política, serían defensibles los derechos de protección aduanera es cuando se aplican temporalmente (sobre todo cuando se trata de una nación joven y pujante) con la esperanza de dar carta de ciudadanía a una industria extranjera que se adapta perfectamente a las condiciones del país. La ventaja de un país sobre otro en una rama de producción a menudo deriva sólo de haberla comenzado antes. Puede no haber una ventaja intrínseca de un país, o una desventaja de otro, sino sólo una superioridad presente derivada de las habilidades y experiencias adquiridas. Un país que todavía no tiene esa capacidad y esa experiencia puede estar mejor dotado en otros aspectos para la producción que los que entraron primero en este campo; además, no hay nada que refuerce más el mejoramiento en cualquier rama de la producción que el hecho de ensayarla en un nuevo conjunto de condiciones. Pero no puede esperarse que los individuos introduzcan una nueva manufactura por su propia cuenta y soporten el peso de continuarla hasta que los productores adquieran un nivel de capacitación equivalente al de los productores tradicionales. Un derecho de aduana prolongado por un tiempo razonable puede, a veces, ser el modo menos inconveniente por el cual una nación puede aplicar un gravamen para apoyar un experimento. Pero es esencial que la protección se limite a casos que ofrezcan bastante seguridad de que la industria protegida podrá, después de un tiempo, sostenerse sola’. La teoría neoclásica ha refinado el argumento de la industria incipiente y ha aclarado su validez. Pero al mismo tiempo ha contribuido a limitar su aplicación. Examina el caso de las economías externas, en que la empresa que efectúa la inversión no capta todos sus beneficios. Una parte de ellos puede derivar a otras empresas por el desplazamiento de la mano de obra entrenada, o por medio de empresas proveedoras de la que ha hecho la inversión de insumos no transables, o por adquirir sus productos. En estos casos podrá ser necesario compensar a esa empresa por los beneficios de la inversión que ella no capta. Asimismo la teoría neoclásica considera el caso en que tienen lugar economías externas recíprocas en el cual ninguna de las empresas capta el resultado total de la inversión. En la corriente neoclásica se expresa cierto escepticismo con respecto a la aplicación de las políticas de industrialización. Si bien suele aceptarse la validez del argumento de la industria incipiente, se considera que esas políticas no son la alternativa óptima sino la primera o segunda solución subóptima. Se sostiene que antes de aplicar políticas industriales activas resulta más eficiente mejorar la información de que dispone el empresario para tomar sus decisiones o procurar el mejoramiento de los mercados de capitales, y dejar que sea el mercado libre de interferencias el que asigne los recursos. Esto daría a las políticas industriales un margen de maniobra más reducido que el que le atribuían los autores clásicos que influyeron en los procesos de industrialización de Estados Unidos y de Alemania. En la aplicación reciente de la teoría neoclásica a la política económica para el mundo en desarrollo y para América Latina pueden distinguirse dos posiciones principales: Por un lado, el punto de vista más ortodoxo, que asigna a las políticas públicas un papel muy reducido y deja la asignación de recursos productivos librada al funcionamiento irrestricto del mercado. Se da importancia decisiva al mantenimiento del equilibrio fiscal y monetario, se propicia la jibarización del sector público, la privatización de las actividades estatales y la desregulación. Los partidarios de esta postura son francamente hostiles a las políticas activas de desarrollo productivo y de cambio de la estructura económica, como la promoción industrial, las políticas de apoyo al avance tecnológico y las políticas comerciales de protección y de promoción de exportaciones. Durante la administración de Reagan en Estados Unidos, esta corriente ideológica, promovida por la economía de la oferta, tuvo un auge notable. Pero aun después de terminado ese período presidencial sigue teniendo fuertes partidarios, sobre todo entre grupos conservadores, entre los acreedores privados internacionales de América Latina, y en los sectores internos de los países latinoamericanos asociados con esos círculos financieros. En las palabras de Feinberg: “Aquellos que apoyan el modelo restrictivo reganiano piensan que el Estado debe cuidar la defensa nacional, establecer las condiciones macroeconómicas apropiadas, y hacer mutis por el foro”. Por otro lado, hay también una postura neoclásica menos rígida, que acepta cierto margen de política activa que promueva el desarrollo industrial y tecnológico y apoye las nuevas exportaciones. En ella se fijan límites bastante estrictos a estas políticas, tanto en cuanto a los instrumentos como a la intensidad con que se apliquen en uno u otro sector, y también en la duración de su aplicación a cada sector productivo. En general, aunque no siempre, se admite una excepción al ideal de libre comercio, a saber, las industrias incipientes, que pueden merecer gran protección aunque siempre temporal. En otro párrafo Williamson se refiere a su propia posición con respecto de los subsidios: “...a mi entender, no se justifica el odio generalizado por los subsidios. Estoy totalmente de acuerdo en cuanto a la inconveniencia de los subsidios indiscriminados, pero creo que en ciertas circunstancias hay subsidios que, cuidadosamente dirigidos, pueden ser instrumentos útiles para mejorar la asignación de los recursos o la distribución del ingreso. Stiglitz también tiene un criterio más amplio sobre las políticas económicas que pueden aplicarse sin distorsionar el funcionamiento de los mercados.

El caso de Alemania

La política de industrialización de Alemania fue planteada en términos similares, aunque más amplios, por Frederick List en el siglo diecinueve. Este afirma que, durante el período inicial del desarrollo de una industria en un país nuevo, la ayuda del gobierno a la producción incipiente puede ser esencial para equiparar las condiciones de la competencia. Sostiene que “El sistema de protección es el único medio por el cual las naciones menos avanzadas pueden elevarse al nivel de la nación que va a la cabeza de la industria manufacturera, con un monopolio no conferido por la naturaleza, sino obtenido por ser pionera en ese campo. El sistema de protección, visto desde este punto de vista, será el promotor más eficaz de la asociación universal entre las naciones, y, en consecuencia, del libre comercio”. Aunque reconoce que al comienzo la protección aduanera aumenta el precio de las manufacturas, sostiene que “con el tiempo, en una nación capaz de un gran desarrollo industrial, la producción de esos bienes podrá resultar más barata que su importación”. El sacrificio inicial “es ampliamente compensado por la adquisición de una capacidad de producción que asegure no sólo una mayor riqueza en el futuro, sino también una mayor independencia industrial. Citando a Say, acepta que el Estado pueda proteger a la industria nacional siempre que en pocos años ésta pueda subsistir sin ayuda, en forma similar al “aprendiz de zapatero al que se le otorgan algunos años de enseñanza y de apoyo hasta que aprenda su oficio y pueda vivir sin el sostén de sus padres”. Los planteamientos de List van más allá que los de Hamilton. El no sólo se refiere a la mayor independencia en materia industrial que esta política permite al país, sino que señala que el avance de la industria en un país predominantemente agropecuario tiene consecuencias más generales sobre el desarrollo. Estimula el crecimiento urbano, ejerciendo una influencia positiva sobre el desarrollo social y político, así como sobre el avance intelectual y cultural, y sobre la capacidad creadora. El desarrollo industrial permite el aumento de la productividad en toda la economía y el desarrollo de los medios de transporte. Señala la interdependencia entre el desarrollo industrial y el agropecuario al indicar que el desarrollo industrial estimula y diversifica la demanda de los productos del agro. Durante el proceso de desarrollo industrial, una industria nueva apoya el desarrollo de otras. Esta afirmación destaca el carácter intersectorial, y no sólo individual, de las políticas industriales. List insinúa el carácter estructural del proceso de desarrollo económico al afirmar que el desarrollo de las manufacturas sólo se alcanza lentamente, en forma gradual. Demora mucho tiempo mejorar los equipos, los procesos productivos y los sistemas de distribución. Es más fácil perfeccionar y ampliar una empresa ya iniciada que comenzar una nueva. Industrias antiguas, que fueron desarrolladas por generaciones, se impulsan con mayor facilidad que las nuevas. Es más difícil hacer avanzar una empresa cuando sólo ha habido unas pocas o ninguna similar en el país, pues en las nuevas empresas los gerentes y los obreros tienen que ser entrenados o traídos del exterior, y las perspectivas no son suficientemente halagüeñas como para inspirar en los capitalistas el grado de confianza necesario para asegurar su participación. A través de las generaciones se logra mejorar el precio, la calidad y la cantidad de la producción. Estas ideas presentan un panorama más amplio que el del mero sector industrial y se adelantan a planteamientos técnicos posteriores. Las manufacturas de un país de industrialización reciente “pueden compararse con el joven que lucha contra un adulto plenamente desarrollado. Las manufacturas de la principal potencia industrial y comercial tienen mil ventajas con respecto a las naciones nuevas o que no han alcanzado la madurez. Tienen mano de obra calificada y con experiencia en gran número y con salario bajo, hombres con aptitudes y experiencia especiales para la gerencia,.instituciones financieras, transporte, almacenamiento y distribución eficientes, un mercado interno que les sirve de apoyo para conquistar mercados externos”. En estas condiciones sería inútil que el país nuevo confiara sólo en la evolución natural de la economía para desarrollar una industria en libre competencia con las más desarrolladas. List, como Hamilton y otros clásicos, señaló límites a las políticas de promoción y de protección a la industria. La protección y el apoyo debían ser de nivel no excesivo, mantenidos sólo por un plazo prudencial y aplicados a actividades para las cuales el país tuviera una vocación competitiva. Los derechos de aduana deben considerarse y aplicarse sólo en beneficio de sectores que ofrecen ventajas básicas para el país.

El caso de los Estados Unidos

Las ideas sobre industrialización de Estados Unidos fueron expuestas por Alexander Hamilton en 1791. Este autor puso en duda la validez de las objeciones a las políticas de promoción de las manufacturas y la afirmación de que —sin la ayuda gubernamental — la industria crecería tan rápidamente como lo requiere el estado natural de las cosas y los intereses de la comunidad. Según Hamilton, esta afirmación no siempre es válida. La inercia y el espíritu de imitación se traducen “en el temor al fracaso que pueden tener empresas nuevas, las dificultades intrínsecas de los primeros ensayos de entrar en competencia con quienes se han perfeccionado en las actividades que se busca penetrar... y los otros alicientes artificiales con que los países extranjeros apoyan a sus connacionales”. “La experiencia muestra que aun las innovaciones más simples y evidentes en las ocupaciones más corrientes son adoptadas con titubeos, reticencia y por etapas pequeñas”. “La evolución espontánea hacia empresas nuevas es aun más difícil”. “Estos cambios probablemente serán más lentos que lo aconsejable por el interés de los individuos y la sociedad. y en muchos casos no ocurrirán. Continúa diciendo que producir los cambios necesarios tan pronto como sea posible “puede requerir el estímulo del gobierno. “El miedo de fracasar en nuevas iniciativas es quizá un impedimento serio; es esencial que quienes las inicien cuenten con la aprobación y el apoyo del gobierno necesarios para superar los obstáculos que supone toda experiencia nueva”. “La superioridad de que ya gozan los países que han ocupado y perfeccionado una rama de la industria es un obstáculo más formidable para introducir esa misma industria en un país en que antes no existía; mantener entre ambos la competencia en calidad y precio en un pie de igualdad sería imposible sin una ayuda y protección extraordinarias de parte del gobierno. La ayuda del gobierno a la producción incipiente en un país nuevo puede ser esencial para compensar las desigualdades de la competencia en el período inicial. Gracias al informe de Hamilton y de algunos de sus seguidores, como H. B. Carey, que era partidario de estas ideas en 1865, esos conceptos se difundieron e influyeron fuertemente sobre la política comercial e industrial aplicada por los Estados Unidos durante su proceso de industrialización.

Ideas motrices de la industrialización

En su versión más ortodoxa, la teoría económica neoclásica sostiene que el mecanismo del mercado, al operar en forma totalmente libre, asigna los recursos productivos en la forma más eficiente posible. Cualquier interferencia de la política estatal con esa asignación conduce a una pérdida de eficiencia y a una disminución del ritmo de crecimiento de la economía con respecto al óptimo que podría obtenerse mediante el libre juego de las fuerzas del mercado. Esto, simplemente, no es verdad. En el período histórico en que iniciaron sus procesos de industrialización, los países actualmente desarrollados aplicaron políticas de participación activa del Estado, combinadas con el libre funcionamiento del mercado, y elaboraron teorías que dieron respaldo técnico a esas políticas. Es decir, pusieron en práctica políticas que combinaban la acción estatal y la privada.

domingo, 27 de agosto de 2006

Proteccionismo yanqui

Hacia 1870 EEUU se volcó decididamente hacia el proteccionismo. Los territorios del Sur, exportadores de algodón, se declararon en pro del libre comercio, mientras los del Norte reclamaban aduanas proteccionistas para defender su incipiente industria contra la concurrencia inglesa. La guerra civil terminó con la victoria de los Estados del Norte; entonces los EEUU se rodearon de una muralla de elevadas tarifas con el fin de cubrir sus gastos de guerra; tarifas que continuaron en vigor, en beneficio de los interesados, aun después de haber cesado la causa financiera que las motivó. Por lo tanto, de la misma forma que la inmensa mayoría de los demás países avanzados, los EEUU fue un pais esencialmente proteccionista durante la mayor parte de su historia (un siglo y medio, por lo menos), coincidente con la prolongada fase en que defendían sus industrias nacientes, contra la competencia inglesa. En el auge de la Primera Revolución Industrial, cuando los británicos predicaban y practicaban el libre comercio, los americanos preferían seguir los consejos del primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, autor de la obra pionera del proteccionismo industrial considerada la primer gran crítica de Adam Smith, el "Report on Manufactures" (1791). En ciertos momentos, el nivel de protección alcanzó las nubes como en ocasión de la "tarifa de abominación" (1828-1831), con una media de 52 % o la "tarifa de guerra", en la Guerra de Secesión (1861-1871), siendo entonces la media de 41 %. Incluso después de la guerra civil, la media tarifaria de los productos no excentos era aún de 46 % (tarifa Dingley, 1898-1909) y 51 % en la "infame" tarifa Hawley-Smoot, en la Gran Depresión (1930-1934). La historia tarifaria americana puede ser dividida en dos grandes fases. En la primera, la de la Independencia hasta 1934, el Congreso retuvo celosamente el poder de establecer la protección comercial, manteniéndola en una dimensión constantemente elevada. En la segunda, el Legislativo inició la práctica de delegar la autorización para negociar tarifas al Ejecutivo, que, desde entonces, a lo largo de nueve sucesivas etapas (1935 a 2000), fue reduciendo las barreras tarifarias hasta llegar a la situación actual, en el cual la media tarifaria sobre todas las importaciones es de cerca de 2% y la media sobre todos los productos no exentos es de 4%. A pesar de ser notable, esa reducción, común al conjunto de los países avanzados, debe ser corregida por dos indispensables calificaciones. La primera es que se trata de una media estadística. Esto es, la mayoría de las importaciones paga tarifa baja o ninguna, lo que no impide que algunos productos (no un o dos, sino algunas centenas) sean gravados por tasas considerablemente más onerosas que la media. Lo más grave es que, las tarifas pesadas se concentran justamente sobre los artículos exportados por los subdesarrollados, a veces por los más pobres entre ellos. La segunda calificación es que las tarifas están lejos de constituir un arma única o más temible del arsenal proteccionista. A medida que las tarifas sufrían reducción, fueron siendo sustituidas, incluso con ventaja, por las medidas de "protección comercial" (salvaguardas, anti-dumping, derechos compensatorios contra subsidios) y por barreras teóricamente destinadas a fines legítimos específicos pero que, en la práctica, se ven desviadas para propósitos proteccionistas (requisitos sanitarios y fitosanitarios para alimentos y productos agrícolas, barreras técnicas para manufacturas, exigencias ambientales, etc.). A mediados de los años 80', Finger, entonces economista del Banco Mundial, utilizó modelos matemáticos de investigadores del MIT para concluir que en aquel momento, cuando la media tarifaria americana era de 5,3%, el nivel efectivo de protección subía a más del 20% al ser convertidas en cifras las barreras de las cuotas de textiles y vestimenta, los derechos anti-dumping contra calzados y acero, las "restricciones voluntarias de exportación" entonces vigentes en materia de automóviles y acero. Para analizar el sistema comercial de un país se ha propuesto en lugar de fijarse apenas en la altura de la barrera aduanera, fijarse mas bien en un volumen con tres dimensiones. La primera, la altura, mide el grado de intervención estatal en el comercio, principalmente por medio de barreras a las importaciones (tarifas, cuotas, medidas no tarifarias, etc.). La segunda, en ancho, evalúa el nivel de discriminación aplicado a los diferentes socios de forma diferenciada. La tercera, la profundidad, depende de la amplitud de los temas incluidos en el sistema comercial en años recientes (servicios, propiedad intelectual, inversiones, competencia, medio ambiente, cuestiones laborales, tal vez uniformización de impuestos en el futuro). De ese modo, en vez de la dicotomía maniqueísta, proteccionismo versus libre comercio, es posible afirmar que los EE.UU. evolucionaron de un régimen comercial que era alto (tarifas y barreras elevadas), estrecho (todos eran tratados más o menos igual) y poco profundo (solo abarcaba el comercio de mercaderías) a un sistema que es bajo (tarifas pequeñas), ancho (proliferan los regímenes discriminatorios de acuerdo a la naturaleza de los socios) y profundo (cada vez más abarcativo).

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El papel del MITI

Respecto al papel desempeñado por el Gobierno desde la postguerra hemos de decir que si bien en un principio su intervención fue directa y, así por ejemplo, a través del ministerio de Comercio Internacional e Industria (en adelante MITI) en la década de los 50 participa muy activamente en la configuración de los keiretsu en torno a la banca, como nuevos conglomerados nacidos de los antiguos zaibatsu y como herederos de la actividad de aquellos; posteriormente pasa a desempeñar un papel de indicador de tendencias deseadas, perdiendo la mayoría de los poderes formales de que gozaba pero conservando una fuerte autoridad moral. Este último papel de indicador de tendencias es desempeñado por él de varias formas:• A través de la constitución de comités integrados por representantes de la Administración, de las universidades y de las organizaciones empresariales.• Emitiendo informes.• Poniendo en marcha grandes campañas de difusión.• Llevando adelante proyectos de investigación con otras partes interesadas.El MITI nace en 1949 con tres objetivos claros e importantes, entre otros: reorganizar la economía de postguerra, conseguir la liberalización del sistema económico japonés e incrementar la competitividad de las empresas japonesas en un entorno internacional. Nace para ayudar a la economía japonesa en un oscuro periodo de confusión, destrucción y pobreza. Posteriormente ha sido el instrumento de promoción del desarrollo económico del país. En la política industrial del Japón se da una utilización pública de los intereses privados. Desde el MITI se han hecho y se hacen sistemáticamente prospecciones tanto a largo como a muy largo plazo sobre lo que deberá ser la industria japonesa. Estas prospecciones se apoyan en largas discusiones y profundos estudios. Las proyecciones (planificación) resultan ser mucho más importantes que toda la amplia gama de intervenciones del Gobierno en materia de I+D+i, crédito, competencia, mercado, etc. La participación del Gobierno en estas tareas suele hacerse a través del MITI. El ministerio fue el encargado de formular, durante muchos años, las políticas conducentes a elevar las cifras de crecimiento industrial, a la vez que para evitar que aparecieran procesos industriales destructivosgeneralizados. Sea como sea el MITI interviene en los mercados, y esta intervención la realiza de varias formas, algunas ya comentadas, que configuran las políticas industriales del país:• Protegiendo sectores emergentes o con problemas.• Procurando recursos financieros para los sectores considerados como prioritarios.• Mediante el aseguramiento de operaciones comerciales.• Incentivando la racionalización en el consumo de recursos.• Estableciendo flujos tecnológicos.• Proporcionando recomendaciones y orientaciones a medio y largo plazo.• Permitiendo, cuando no promoviendo, la formación de cárteles industriales en periodos de recesión.• Proporcionando financiación tanto nacional como internacional.• Promoviendo -buscando- las exportaciones.

Causas del crecimiento japonés

El crecimiento obtenido en la postguerra fue muy alto y estuvo originado por factores tales como:• Las altas tasas de ahorro de la sociedad japonesa.• Los altos niveles educativos de la población.• La capacidad de la economía japonesa para transformarse.• La fuerte agresividad comercial.• La identidad de objetivos entre la gran empresa y el Gobierno.• El papel desempeñado por el Gobierno.• La estandarización de una producción masiva.• Las elevadas moral y disciplina de los trabajadores.Este crecimiento que tuvo como base la ayuda norteamericana de postguerra también estuvo basado principalmente, entre otros factores ya comentados, en la alta capacidad de ahorro de los japoneses, ahorro fomentado desde el Gobierno a través de una política económica clara y muy definida. Otro hecho importante a destacar para entender la espectacular desarrollo de la economía es la disolución de los zaibatsu por las autoridades de intervención lideradas por el general Douglas Mac Arthur al finalizar la Segunda Guerra Mundial debido a su complicidad, cuando no papel activo, con la sangrienta política imperialista depreguerra, con lo que se produce una transformación del tejido empresarial del Japón; las grandes empresas pasan a ser controladas por gestores y burócratas, antes lo eran por familias.

¿Japón marxista?

Hemos de tener en cuenta al analizar los éxitos de la postguerra basados en la estrecha colaboración empresa-Gobierno que la mayor parte de los economistas japoneses desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los inicios de la década de los 70 eran marxistas por lo que defendían al Estado como gran planificador de la actividad económica del país tanto para una distribución justa de la riqueza como para conseguir una asignación eficiente de los recursos productivos. El resto de los economistas no marxistas aunque eran conocedores del importante rol que debería representar el sector privado, también confiaban en el papel preponderante que debían desempeñar las distintas administraciones públicas. El marxismo tuvo una gran y cierta influencia en la economía japonesa por lo menos hasta la década de los 60.

Japón crece

A partir de 1955 Japón comienza una etapa de aceleración del crecimiento económico, en la que se dan unas altas tasas de crecimiento de la economía con el fuerte apoyo del sistema financiero. Este periodo dura hasta mediada la década de los setenta, cuando se produce la primera gran crisis generalizada del petróleo. Los comienzos de la primera etapa (de recuperación en la postguerra) están caracterizados por la falta de equipos e instalaciones productivos -habían sido destruidos- y ausencia casi absoluta de primeras materias, materiales y recursos naturales de todo tipo que imponían unos severos límites al crecimiento económico; era unaeconomía con grandes desequilibrios básicos. En este periodo se da una prioridad total a las inversiones en instalaciones industriales y bienes de equipo, siendo estos últimos adquiridos, al igual que las primeras materias, materiales y demás recursos naturales deficitarios, con una expansión de las exportaciones, tema éste que también era prioritario. En la siguiente etapa, la de aceleración del crecimiento económico, se consigue resolver los desequilibrios básicos, a la vez que se alcanza un crecimiento sostenido de la economía. Durante la década de los 60 la tasa de crecimiento anual en términos reales se aproximó al 11 %, crecimiento que fue imparable durante las siguientes décadas, llegando a alcanzar dicha tasa un 12 % en 1970 (en 1968 el Japón ya se había colocado como el segundo país industrial, tras los Estados Unidos). Este crecimiento que tuvo como base la ayuda norteamericana de postguerra también estuvo basado principalmente, entre otros factores, en la alta capacidad de ahorro de los japoneses, ahorro que fue fomentado desde el Gobierno a través de una política económica clara y muy definida. En la década de los 60 el Gobierno acomete lo que podríamos denominar primera fase de una profunda reestructuración industrial. En esta etapa se ponen en marcha, entre otras, las siguientes medidas:• El fomento de los cárteles.• La limitación de la inversión extranjera en empresas japonesas. Se fija un tope máximo del 20 % del capital social.• La limitación de la inversión extranjera en las joint-ventures formadas con empresas japonesas. Se fija un tope máximo del 50 % del capital social de las empresas conjuntas.• La liberalización selectiva de la economía japonesa. Sólo se abren al exterior los sectores japoneses menos vulnerables a la competencia internacional.

Las pymes japonesas

El modelo económico japonés no hubiera sido posible sin la participación activa de los keiretsu en los que se integran las grandes compañías de seguros y la gran banca, y las especiales relaciones de coplanificación industrial de aquellos con el MITI. Éste es creado en 1949 cuando el comercio exterior es sentido en el Japón como una prioridad nacional. La estructura y funcionamiento de éste tampoco hubiera sido posible sin las relaciones, por no decir connivencia, entre los burócratas de la empresa y los de las administraciones públicas, típicas de la economía japonesa que no tienen parangón en Occidente. En la postguerra, la expansión militar fue sustituida por políticas de desarrollo pacífico, políticas que se beneficiaron de la situación propiciada por la Guerra Fría, políticas que se enmarcaron dentro de una amplia intervención estatal. El modelo económico japonés implantado tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial es un modelo híbrido, capitalista y planificado, que sabe captar las ventajas de ambos sistemas económicos. Otro hecho a destacar es el papel representado por las pequeñas y medianas empresas tanto en las exportaciones como en las inversiones directas en el exterior japonesas. En Occidente el grueso de estas inversiones y de las exportaciones es realizado por las grandes empresas mientras que en el Japón una parte importante de ambas es realizada por las PYMEs. En Europa, Canadá y Estados Unidos sólo las grandes empresas industriales tienen los contactos, las redes y el personal necesarios para acometer las prospecciones necesarias para iniciar una posterior actividad comercial internacional. Por el contrario, en el Japón las PYMEs han podido configurar una extensa red de sociedades comerciales creando empresas conjuntas con diversos socios extranjeros y con una propiedad de éstas repartida entre una PYME, un banco, una sociedad general de comercio japoneses y el socio local de turno.

Los zaibatsu

Las radicales transformaciones iniciadas por el Gobierno Meiji, propician la aparición de los zaibatsu como conglomerados industriales privados de carácter monopolista, resultantes de la acumulación de grandes capitales familiares, con intereses en todos los sectores y con estrechas relaciones con la Administración. Los señores feudales del Japón ceden el poder político y militar al emperador Mitsu-Hito y en contrapartida van recibiendo poco a poco las riendas de un nuevo poder económico. Así, las relaciones zaibatsu-Gobierno fueron tanto obligadas como razonablemente interesadas. Estos conglomerados financiero-industriales tenían siempre en la cabeza del holding a una empresa de carácter familiar. Estos holding obtuvieron del Gobierno grandes concesiones -ventajas- para sus negocios tales como:• Una cesión, a título gratuito, de los negocios puestos en marcha con fondos públicos.• Una financiación gubernamental con un coste nulo.• Una concesión monopolista tanto en el mercado interior como en los territorios conquistados en la etapa de expansión del periodo imperialista del Japón.• La obtención de garantías gubernamentales para sus inversiones, con lo que el riesgo de éstas era nulo.• La permisividad para realizar actividades especulativas comerciales tanto en el mercado interior como en las colonias.Ante una demanda interna muy limitada, los zaibatsu comenzaron a dar salida a sus productos a los mercados exteriores a través de la exportación; productos que eran muy competitivos debido fundamentalmente a los bajos costes de la mano de obra, al frecuente recurso al dumping y a la depreciación del yen. Así entre 1880 y 1913 las exportaciones crecieron a razón de un 8 % anual de promedio pasando de representar un 3 % del PNB a ser de un 12 %. Al objeto de alcanzar la independencia económica y política, la expansión en los mercados exteriores se convirtió en tarea prioritaria para el Gobierno y ésta se realizó a través de los zaibatsu. En la etapa imperial del Japón, el expansionismo seguido por Asia va a significar un fortalecimiento del poder de los zaibatsu debido, en parte, a la implantación de sus actividades en todas las zonas ocupadas. Tal era el poder de estos que en el año 1945 sólo los cuatro grandes zaibatsu -Mitsui, Mitsubishi, Sumitomo y Yasuda- llegan a representar la cuarta parte del capital desembolsado de la economía. Los zaibatsu, tras la rendición del Japón son disueltos por el general Douglas MacArthur, al frente del Mando del Comando Supremo Aliado. Esta disolución es interpretada por muchos analistas como la expresión del monopolista capitalismo norteamericano.

La Reinstauración Meiji

Se considera que la sociedad moderna en un determinado país aparece cuando se da el salto de una sociedad agrícola a otra industrial. Para algunos analistas, en el Japón, el salto se produce con mucho retraso respecto a los países occidentales. Este paso se da con la Reinstauración Meiji de 1868. El país se abre económicamente al exterior con la caída de la familia Tokugawa y la Reintauración del poder imperial en la persona del
emperador Mitsu-Hito, o Meiji, básicamente como consecuencia de las presiones exteriores militares -que en el fondo van a ser fundamentalmente comerciales-. En este nuevo periodo, se produce una asimilación precipitada y forzada del sistema capitalista pero de un modo programado desde la Administración política al objeto de sacar al Japón de la situación de atraso y miseria. Se siente la necesidad de realizar una rápida
transformación del régimen feudal imperante hasta el momento en un Estado capitalista asimilable a los países occidentales, al objeto de mantener la independencia del Japón frente a las presiones de estos. Así, ya en los comienzos de la era Meiji, un tercio de los presupuestos de las autoridades locales eran destinados al capítulo educación. Los logros así conseguidos en materia educativa posibilitaron la asimilación tanto de las nuevas ideas como del conocimiento tecnico-tecnológico occidentales. Este proceso de reformas fue dirigido desde arriba, desde el Poder, es la culminación de un proceso de carácter político que ha sido dirigido programáticamente desde la cúspide del poder establecido. En este periodo es cuando surgen los zaibatsu al privatizar las factorias que el gobierno, con el objeto de industrializar al pais, se vio obligado a establecer.

Japón: una economía diferente

En Occidente, el capitalismo fue fruto de un proceso que se inició en el Renacimiento y que duró varios siglos. En Japón, por el contrario, el fenómeno fue muy distinto. Las reformas técnicas, políticas y económicas se implantaron desde el poder en un periodo muy corto de tiempo. Para muchos analistas, el sistema económico del Japón de la postguerra ha sido un híbrido entre el capitalismo y el socialismo. En este modelo a la japonesa se conjugaron a la vez la jerarquía y la competencia como base del modelo. En Japón se sumaron, entonces, la jerarquía y la competencia, consiguiendo que el espíritu competitivo no aniquilara las estructuras jerarquizadas, y que la jerarquía se estableciera en gran medida a partir de una competencia meritocrática lo menos autodestructiva posible. Algunas de las características de este capitalismo de estilo japonés que se podrían resumir perfectamente en una sola, la ausencia de verdadera competencia, son, entre otras:• El férreo control del ministerio de Finanzas sobre el sistema financiero.• La existencia de empresas ineficientes, ya sean públicas o privadas, a las que se permite seguir desarrollándose.• La descarada connivencia entre la Administración Pública y las empresas al objeto de controlar las actividades empresariales de determinados sectores.• La existencia de considerables trabas para la entrada de nuevos competidores al objeto de proteger determinados sectores de actividad.• La consecución de un Estado de bienestar basado fundamentalmente en el igualitarismo económico-social de la población.Los japoneses no tienen las mismas nociones occidentales de «libre competencia», «mano invisible» del mercado o libertad de inversión y flujos financieros. Los japoneses poseen un tipo de desarrollo diferenciado del norteamericano. Las japoneses siempre estuvieron y siempre estarán cooperando y el mismo tiempo compitiendo. En Japón siempre hubo connivencia y cooperación entre las empresas y la Administración Pública. Así, la planificación económica realizada por el Gobierno ha podido ser el motor tanto para generar consenso en los sectores planificados como para que las empresas que los integran realicen inversiones sectorialmente consistentes tendentes a conseguir que estos sectores sean globalmente competitivos. La economía japonesa es una economía dual tendente a mediar-arbitrar entre los intereses privados y el interés público.

sábado, 26 de agosto de 2006

El Banco Mundial

En la década del 80, los economistas del Banco "descubrieron" el milagro de Corea del Sur y lo presentaron como un caso de un "mercado libre" y una "economía abierta" que producía elevadas tasas de crecimiento e industrialización. Pero varios académicos serios, prestigiosos y objetivos "investigaron" la experiencia coreana y observaron que en el éxito intervenían una serie de condiciones externas que no existían en otros países en desarrollo, además de UN ESTADO MUY INTERVENCIONISTA. En el ámbito del Directorio, el director ejecutivo de Japón cuestionó las cambiantes versiones anglosajonas del papel del Estado en la economía, y presentó un informe detallado del protagonismo del gobierno de su país en la promoción de la industria y el fomento del ahorro público, y su encauzamiento a través de políticas de crédito y tasas de interés diferenciadas. A pesar de la evidencia incontrovertible que hay sobre causas verdaderas del desarrollo económico, el Banco Mundial se muestra ambiguo en sus opiniones sobre el protagonismo del Estado y se aferra a su línea rectora de privatización y liberalización.

Conclusiones sobre Asia

En los diversos países del Asia Oriental, aunque el Estado ha tenido y tiene una activa participación en la economía, el motor del desarrollo es la empresa privada. El Estado ha apoyado y promovido la actividad privada, como se vio en la venta de las primeras empresas creadas por el gobierno nipón a fines del siglo XIX, o en los muy usados financiamientos a bajas tasas de interés por organismos financieros controlados por el Estado, como en Corea, que promovió de esta manera el crecimiento de los «chaebols». El Estado actuó promoviendo la actividad privada también a través de la protección de la competencia extranjera. Sin embargo, lo más importante ha sido que el Estado dio las facilidades para el desarrollo de la actividad privada, coordinando con ella el desarrollo de ciertos sectores de la economía. Éste es quizás el rasgo más distintivo de la experiencia asiática, la cooperación entre el sector publico y privado. Para que la participación del Estado haya sido por lo general exitosa se requirió entre otras cosas, el tener una administración civil, una burocracia, hábil y eficiente. La meritocracia en la administración civil es un rasgo distintivo en la región asiática, particularmente en los países del Noreste Asiático: Japón, Corea, Taiwan y también Singapur. En estos países ha sido especialmente notoria la participación de la administración civil en el manejo de la economía y además la más exitosa. Hay sin embargo el peligro de la llamada colusión entre el sector gubernamental y algunas empresas privadas grandes que se ha dado a veces en desmedro del resto de las empresas y con efectos negativos en la economía. Esto ha sido señalado especialmente como una de las razones de la crisis asiática que se inicio en 1997. Se señaló que los gobiernos de algunos países, por ejemplo Japón y Corea, no prestaron atención o ignoraron los síntomas de la crisis económica que se estaban dando. Es interesante ver que en estos dos países, donde se supone (y realmente hay) burocracias muy hábiles y eficientes, no se pudo prever y remediar a tiempo una crisis grave como la que se presentó.

Malasia

Malasia era hace 30 años un país eminentemente exportador de materias primas y poco industrializado. En 1969 ocurren conflictos étnicos, cuando la mayoría indígena malaya, que comprendía el 60% de la población, se enfrenta a la minoría china, la adinerada del país. Ante esto, el gobierno de Malasia, en manos de la mayoría malaya, se ve en la necesidad de adoptar una política económica activa para mejorar el nivel de vida de la mayoría pobre malaya. Malasia también adopta los Planes Nacionales de Desarrollo. Pero en 1971 introduce su «Nueva Política Económica », en que comienza un proceso que favorece expresamente a la mayoría malaya. El objetivo era que en el período 1971-1990 con la «política de bumiputra» (bumiputra=los hijos de la
tierra, se refería a los malayos), se debería tener altas tasas de crecimiento económico para expandir el empleo y hacer disminuir o eliminar la pobreza. En 1990 se siguió con una Nueva Política de Desarrollo para el período 1990-2000. Se estima que gracias a estas políticas el nivel de pobreza de la población disminuyó del 50% al presente 7%, y el porcentaje de riqueza nacional en poder de los «bumiputra» subió del 1%-2% en 1970 a 19% en 1990. Malasia alcanzó lo anterior a través de la activa participación del Estado en la economía. Por ejemplo, para mejorar el nivel de los campesinos pobres malayos se ganó tierra a la selva de Malasia, haciéndola apta para la agricultura. Mucha de esta tierra el gobierno la dio a los campesinos a bajos precios o gratis, con la condición de que sea explotada por éstos. Asimismo se financió la compra de insumos y maquinarias para que los campesinos puedan producir la tierra, muchas veces subvencionando la compra de sus productos y protegiéndola de la competencia extranjera. En el desarrollo del empleo fuera de la agricultura se favoreció claramente a la etnia malaya a través del sistema de cuotas, donde el empleo debería darse en la misma proporción que cada etnia malaya era la mayoritaria, ellos obtenían la mayor parte de los empleos. Pero la elevación del nivel de vida de la población pasó por el dar educación universal y casi gratuita a la mayoría de los malayos. Un aspecto muy importante del accionar del Estado malayo ha sido el haber creado una burguesía nacional malaya. Se crea una clase empresarial indígena, a través de la acción del Estado al favorecer a las empresas de los malayos y ahora con la privatización de las varias empresas que el Estado tiene, se privilegia al adjudicar primero estas empresas a empresarios de origen malayo, antes que a los de origen chino o extranjeros, por ejemplo. El gobierno de Malasia sigue siendo muy activo en la economía, y en la crisis asiática que se desató en 1997 se negó a acatar las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, que fueron seguidas por varios países asiáticos. Mas bien en setiembre de 1998 Malasia impuso controles de capital para evitar lo que llamaba una fuga de capitales y que los especuladores internacionales ataquen su moneda y hagan que ésta se devalué. En todo caso, el gobierno malayo tiene desde hace algunos años un Plan llamado «Visión 2020», para convertir al país en uno totalmente industrializado para el año 2020. Este Plan fue lanzado en 1991, junto con su Sexto Plan Nacional de Desarrollo. Actualmente ya sus exportaciones en un 83% son de productos manufacturados y la manufactura constituye el 34% de su PBI.

Taiwán

Taiwan es una pequeña isla que ha alcanzado un desarrollo económico impresionante en las últimas 5 décadas. En 1945 cuando los japoneses abandonaron la isla después de 50 años de dominio colonial la economía era principalmente agrícola, ahora es el lugar donde se fabrican el 30% de las computadoras personales en el mundo. En 1949, el nuevo gobierno taiwanés asumió sus funciones después del término de la guerra civil en China. El nuevo gobierno expropió las empresas de los japoneses, que tenían en muchos campos, como los de fertilizantes, textiles, tabaco, etc. Después el gobierno establece otras empresas en otros campos, de tal forma que en 1988 de las 25 empresas manufactureras más grandes, 7 empresas eran del Estado (las dos empresas más grandes, Chinese Petroleum y Taiwan Tobacco and Wine, eran del Estado). Hacia 1998 esas dos mismas empresas y China Steel Corporation, también del Estado, son las tres más grandes, en ese orden, aunque de las 25 primeras más grandes sólo esas 3 son del Estado. Taiwan también adopta los Planes Nacionales de Desarrollo. El primero fue el Plan Económico de 1953 a 1956, de cuatro años. El actual es el de 1997 al 2000. La verdad es que en Taiwan la mayor parte de la actividad empresarial es conducida por el sector privado. Las pequeñas y medianas empresas constituyen la columna vertebral de la economía. Para esto el Estado brindó el marco legal y la infraestructura necesaria. El gobierno otorga créditos en condiciones ventajosas para el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Asimismo, el sistema educativo de Taiwan, con su red de escuelas de vocación técnica, de escuelas de mando medio, y sus institutos de educación superior que privilegian las especialidades de Ingeniería y Ciencias Básicas, son conducentes al desarrollo de una industria de manufactura. Un ejemplo bastante claro de lo que el gobierno de Taiwan ha hecho para el desarrollo de una industria nativa se ve en el desarrollo del Parque Industrial de Ciencia y Tecnología de Hinschu. Fue creado a mediados de la década de 1980 con el fin de fomentar una industria de alta tecnología en los campos de la informática, biotecnologia, electro-óptica, instrumentos de precisión, etc. En 1984 el gobierno da incentivos tributarios para que las empresa se establezcan en este campo y dediquen un porcentaje más alto de sus ingresos a la investigación y desarrollo. Se empieza a reclutar mano de obra altamente calificada del extranjero a través del ofrecimiento de salarios competitivos a los residentes chinos en el exterior y el otorgamiento de subsidios a las empresas de los chinos de ultramar que se establezcan en este parque industrial.

Mas sobre Corea del Sur

A decir del Banco Mundial en su estudio de 1993, Corea ha tenido un gobierno muy activo en política industrial, donde el Estado se involucró directamente en el manejo de la actividad económica. Corea del Sur empezó su desarrollo económico moderno después de la Segunda Guerra Mundial. A inicios de la década del 60 los militares toman el control del gobierno e inician una política agresiva de industrialización. Se instaura una dictadura militar que restringe el derecho de los sindicatos laborales a organizarse y se da a los empresarios todas las ventajas para producir y exportar. El gobierno establece desde el comienzo los Planes Nacionales de Desarrollo para dibujar el futuro del país. Estos Planes van cambiando de acuerdo al entorno nacional e internacional y sirven de guía para establecer prioridades en el desarrollo de las diversas industrias que se dieron en el país. Estos Planes fueron quinquenales y el primer «Plan Económico Quinquenal» fue de 1962 a 1966. Corea adopta una Política de Industrialización Orientada al Exterior, esto es producir para el mercado externo ante las limitaciones de su mercado interno pequeño. Para esto el gobierno adopta una serie de medidas para apoyar al sector exportador, como dar subsidios a los productos exportados, financiamiento a bajas tasas de interés, el no pago de aranceles a las importaciones de maquinarias e insumos a utilizar en la fabricación de esos productos, facilidades a la inversión extranjera que llegaba a establecer industrias de exportación, etc. El Estado toma un rol más activo cuando a fines de los años 60 se decide por el establecimiento de una industria pesada. Así a fines de esta década crea la industria del acero al establecer la fabrica POSCO, contra la opinión del Banco Mundial que le niega un préstamo para este fin aduciendo que Corea no tenía ventaja comparativa para crear una industria del acero. Esta industria ha sido muy exitosa y ahora está entre las más grandes y competitivas del mundo. Sin embargo, es en la década del 70 cuando se nota en forma creciente la participación del Estado en la economía del país. En su afán de crear una industria pesada el Estado da facilidades a los grandes grupos empresariales, los «chaebols» para incursionar en la industria naviera, de automóviles, petroquímica, etc. Estos grupos, como Hyundai, Daewoo, Samsung (que no eran grandes en ese momento) incursionan en todas esas industrias merced al financiamiento a bajas tasas de interés que recibían de los bancos, todos en manos del gobierno. Para llevar a cabo lo anterior el gobierno se endeudó en el extranjero y esto lo canalizó al sector privado a través de los bancos en manos del Estado. Recién en la década del 90 se empezaron a privatizar algunos bancos. Asimismo el gobierno protegió su industria por medio del uso de todos los instrumentos de política industrial y comercial disponibles, como subsidios, altos aranceles (o prohibición de importar en muchos casos). Por ejemplo, recién en julio de 1999 Corea levanta la prohibición de importar autos, maquinarias, entre otros, de Japón, su principal competidor en esos rubros.

Japón

Desde la Restauración Meiji, de 1868 en adelante el Estado nipón empezó el proceso de industrialización con el lema «país rico ejército fuerte». Japón iniciaba su proceso de industrialización en un entorno en que las potencias occidentales estaban colonizando Asia. Japón incluso fue forzado por EE.UU. a abrir su economía sumida por más de 220 años en un proceso de aislamiento nacional. El nuevo gobierno, en manos de los antiguos samurais, la tradicional clase guerrera japonesa, vio la necesidad de enriquecer al país y, al mismo tiempo, tener un ejército fuerte para resistir la arremetida occidental. Una de las primeras cosas que hizo el nuevo gobierno nipón para sacar al país de una situación de economía semifeudal, fue adoptar las modernas técnicas del capitalismo en uso en Occidente. El Estado en los primeros años de la Restauración mandó misiones de estudio a Europa y EE.UU., integrada mayormente por funcionarios del gobierno para ver la realidad económica de esos países y ver qué era lo más conveniente para Japón. Estas misiones sirvieron para traer lo mejor de las técnicas modernas de Occidente para la industria y la organización de un Estado moderno. Así, el sistema educativo fue adoptado de EE.UU., las técnicas de la manufactura de Inglaterra, la organización del ejército de Alemania, etc. No sólo eso, el gobierno también trajo muchos técnicos del extranjero para que enseñen a los japoneses cómo usar las modernas maquinarias en uso en Occidente. En esto el Estado gastó bastante dinero. Por ejemplo, en el año 1879 el Ministerio de Industria nipón tenía empleados 130 expertos extranjeros cuyos salarios representaban el 60% de los gastos fijos del Ministerio. Pero los japoneses aprendían rápido y a fines de ese siglo no quedaban expertos extranjeros en el país. El Estado japonés también estableció al comienzo del período Meiji algunas «fábricas modelo» en las ramas de la industria del vidrio, textil, cemento, etc. para introducir la tecnología moderna. Estas fábricas fueron vendidas al cabo de algunos años al sector privado. El Estado durante los primeros años de su modernización no pudo imponer, por ejemplo, aranceles altos para defender su industria nativa (esto sucedía pues los Tratados internacionales que firmó al comenzar la Restauración Meiji le comprometieron a aplicar aranceles muy bajos a los productos extranjeros). Los aranceles altos son un tradicional instrumento de política industrial. Sin embargo, en 1911 al recuperar su capacidad de imponer aranceles propios, usó esta medida para proteger su industria. Un caso claro de esto se dio en la industria del acero, donde el Estado nipón prácticamente creó esta industria, estableciendo la primera fábrica moderna de acero, la «Yawata Iron Works», que empezó a producir en 1901, y después dando una serie de medidas para que ésta crezca, como desde 1911 cuando impuso altos aranceles al acero importado. Otro caso de activa protección es en el desarrollo de la industria del automóvil, cuando en la década de 1930 dicta medidas que forzaron la salida de Japón de la fábricas de General Motors y Ford, que dominaban en ese momento su mercado interno, permitiendo el desarrollo acelerado de Toyota y Nissan. En la década de 1930 cuando los militares prácticamente toman el control del país el Estado protege fuertemente su industria nacional, especialmente la de acero, barcos, automóviles, aviones, en un esfuerzo por prepararse para la guerra a la que se lanzó en la Segunda Guerra Mundial. El Estado se convierte en el mayor comprador de la producción de esas industrias. La Segunda Guerra Mundial termina con la derrota de Japón en 1945. El Estado durante los primeros años siguientes también ejerce un fuerte control de la actividad económica a través del manejo de las escasas divisas disponibles. Japón queda en un estado calamitoso y al carecer de materias primas propias tiene que importar casi todo. El Estado privilegia el desarrollo de la industria del acero, petroquímica, naviera, a través del control de los permisos que las empresas privadas necesitaban para usar las escasas divisas. En los años 60 y 70 con la economía japonesa en crecimiento las industrias tradicionales ya no requieren del apoyo del Estado. Pero aquí el gobierno nipón se plantea el desarrollo y promoción de nuevas industrias. En lo que se ha dado en llamar «Política Industrial y Comercial Estratégica», para desarrollar industrias de alta tecnología, el Estado promociona el desarrollo de las industrias de computadoras y de semiconductores, por ejemplo. Esa política ha servido para posicionar a Japón como líder en esos campos.

Japon y el Banco Mundial

Entre las causas del acelerado desarrollo económico alcanzado por los países del Asia Oriental ha estado la participación del Estado en el quehacer económico. Esta participación fue especialmente resaltada en el libro que el Banco Mundial publicó en setiembre de 1993, donde este organismo reconoce la participación del Estado, algo que había ignorado hasta ese momento en su análisis del desarrollo económico de esos países. El Banco Mundial en su estudio de 1993 reconoce, entonces, el papel activo que las políticas gubernamentales jugaron en el desarrollo económico de los países del Asia Oriental. Es interesante conocer cómo surgió este estudio. Este estudio se originó porque el Banco Mundial se quejaba continuamente de que Japón prestaba dinero a varios países de Asia para que éstos financien a bajas tasas de interés a sus empresas, especialmente las pequeñas y medianas. El Banco Mundial indicaba que el prestar a tasas de interés por debajo del nivel de mercado significaba dar un subsidio, una distorsión de las fuerzas del mercado y exigía a los japoneses que dejen de hacer esto. Japón tuvo que explicar al Banco Mundial que para desarrollar la pequeña y mediana empresa era necesario muchas veces hacer esto y que en el caso de Japón se usó esta política en forma frecuente. Éste era un caso en que era necesario que el Estado intervenga en la economía. Ante la insistencia del Banco Mundial en su crítica a estos préstamos, Japón le sugirió que estudie en detalle la experiencia de desarrollo de las economías del Asia Oriental para que vea que a veces en esta región el Estado tuvo que intervenir, distorsionando las fuerzas del mercado, para alcanzar ciertos objetivos que permitieron el desarrollo de determinadas empresas o industrias. El Banco Mundial aceptó esta propuesta y Japón financió parte del estudio, que dio origen al libro mencionado. En resumen, el Banco Mundial subsanó el poco conocimiento que tenía de la experiencia de desarrollo económico del Asia Oriental y tuvo que admitir las políticas gubernamentales fueron efectivas para facilitar el desarrollo económico de la región.

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