Si los inversores extranjeros no residentes moderaran sus compras de activos estadounidenses esto no podría ser compensado con un aumento del ahorro interno. Nadie podría levantar el muerto si los inversores extranjeros se retiran. Y tiene buenos motivos para hacerlo. El déficit presupuestario de Estados Unidos registró en febrero su mayor nivel histórico en un solo mes, al alcanzar los 119.000 millones de dólares. El dato se difunde un día después de que se supiera que el déficit comercial del país marcó un nuevo récord en enero, al alcanzar los 68.500 millones de dólares, un 5,2% más que en el mes anterior, como consecuencia de los desajustes provocados por la importación de petróleo y de productos chinos. El dólar sufrió un nuevo retroceso frente a las principales monedas internacionales, después de conocerse el nuevo aumento del déficit récord por cuenta corriente en Estados Unidos en el cuarto trimestre del año pasado. El déficit por cuenta corriente en el cuarto trimestre del año pasado aumentó 21 por ciento en Estados Unidos y alcanzó la cifra sin precedentes de 224.900 millones de dólares. El año pasado el déficit por cuenta corriente marcó el noveno récord anual en los últimos 10 años al llegar a 804.900 millones de dólares, o sea, 6,4 por ciento del Producto Bruto Interno. Si bien algunos analistas dicen que el déficit en cuenta corriente simplemente refleja el hecho de que Estados Unidos gasta más, ahorra menos y tiene un crecimiento mayor que el del resto del mundo, otros argumentan que hace al país vulnerable al cambiante apetito de los inversionistas extranjeros. Lo principal es que el déficit en cuenta corriente de esta magnitud sin paralelo es insostenible y no hay esperanza de que se resuelva sólo por medio de un aumento de las exportaciones. En cambio, se requerirá una gran depreciación del dólar, junto con una demanda doméstica de importaciones mucho más débil.
miércoles, 15 de marzo de 2006
domingo, 5 de marzo de 2006
El fin del milagro Japones
Para 1949 el gobierno de los EEUU no estaba satisfecho con los progresos económicos que había impulsado el gobierno de las tropas de ocupación, por lo que mandó a Joseph Dodge, un reconocido banquero de Detroit. En un período breve, de aproximadamente 3 meses, Dodge impulsó una serie de medidas económicas duras que si bien lograron controlar la inflación, empujó al Japón a una mayor recesión económica. Otra cosa que hizo Dodge fue la fijación del tipo de cambio de 1 dólar estadounidense = 360 yenes. El plan era mantener esta relación inalterada por los próximos 22 años, inclusive si las condiciones económicas se tornaban favorables para Japón. La tasa de cambio fijada por Dodge, según varios analistas, DEJÓ AL YEN SUBVALUADO CON RESPECTO AL DÓLAR, lo que le permitió a Japón tener precios competitivos (sumados a la fabricación de alta eficiencia que fue adquiriendo) para los mercados externos. Todo esto termino treinta años despues cuando EEUU presionó a Japón para que apreciara el yen con la excusa que era el culpable de su déficit comercial. En la década de los ochenta las críticas dirigidas a Japón eran un pasatiempo favorito en Washington. El pecado de Japón era su gran “contribución” a un creciente déficit comercial estadounidense. Para resolver este “problema”, EE.UU. demandó que Japón o fortalezca su yen o se enfrente a sanciones comerciales. Japón obedeció de mala gana y apreció el yen. Pero aquella política no consiguió su objetivo. Tanto el déficit comercial estadounidense como el superávit de Japón continuaron creciendo. Sin embargo, el yen “fuerte” no era benigno. Este creó un problema monstruoso en Japón: una depresión deflacionaria. Japón dejo de crecer inmolándose inútilmente ante el capricho yanqui. Hoy, el déficit comercial estadounidense es casi el doble de lo que era cinco años atrás. Japón abandono la política que lo había llevado al éxito: bajas tasas de interés y yen subvaluado. En la época de crecimiento el Banco de Japón, que regulaba el sistema financiero, mantenía UNA TASA DE INTERÉS BAJA. El otro elemento que hacia la fabulosa capacidad exportadora que tenía Japón era su tipo de cambio, fijado en 1947 por Dodge, QUE PUSO AL YEN SUBVALUADO CON RESPECTO AL DÓLAR; y esto permitió hacer más competitivos los productos nipones. El "milagro" japonés se detuvo bruscamente en 1989 cuando presionado por EEUU Japón aprecio el yen y aumento las tasas de interés para “combatir la inflación”. Los resultados fueron para Japón catastróficos. EL INCREMENTO EN LAS TASAS DE INTERÉS DETUVO EL CRECIMIENTO ECONÓMICO. Por consejo de los neoliberales practicaron también una reducción de impuestos para impulsar la demanda interna. Los ponjas pagaron menos impuestos, pero lo que no le entregaron al fisco lo depositaron en los bancos atraídos por las altas tasas de interés. Las inversiones que los neoliberales les pronosticaron no se produjeron. Las japoneses preferian ahorrar a invertir. Entonces, la situación fiscal se deterioró rápidamente, pasando de un superávit equivalente al 3% del PIB a un déficit cercano al 10%. El formula neoliberal que acabo con el milagro japonés fue la siguiente: altas tasas de interés, yen apreciado y descenso en los impuestos.
Japón vuelve
El espectacular desarrollo económico chino de las últimas tres décadas ha sorprendido a la mayoría de los analistas. Lo mismo había sucedido en las tres décadas anteriores con el llamado "milagro" económico japonés que llevó a una sorprendente transformación económica y social de este país. Este éxito se detuvo bruscamente en 1989 y la economía japonesa se estancó durante casi tres lustros. Diversos datos confirman que la inversión y al consumo están mejorando a tal punto que los analistas se preguntarse si no estamos en los inicios de un nuevo florecimiento de la economía de ese país. Japón inició su espectacular crecimiento económico en 1955 y duplicó el tamaño de su economía, de sus exportaciones y su participación en el comercio mundial EN SÓLO ONCE AÑOS. Durante los siguientes veinte años el vigoroso crecimiento económico permitió una nueva duplicación del tamaño de su economía llegando a representar casi el quince por ciento del PIB mundial medido en dólares. El crecimiento de sus transacciones internacionales fue aún mayor, llegando las exportaciones japonesas a representar casi el ocho por ciento del total del comercio mundial. En comparación, China inició su desarrollo en 1979, duplicó el tamaño de su economía también en sólo once años y creció aún más fuerte en los siguientes 15 años. El crecimiento de sus exportaciones durante los primeros años fue muy inferior al del Japón, pero se cuadruplicó durante los siguientes quince años, superando ampliamente el desempeño del Japón. El "milagro" japonés se detuvo bruscamente en 1989 cuando los países desarrollados decidieron detener una incipiente inflación restringiendo en forma colectiva sus demandas agregadas. En esos momentos Japón registraba un superávit tanto en sus cuentas públicas como en sus cuentas externas. La decisión de acompañar las políticas de los demás países industrializados fue claramente errónea. Los resultados para Japón fueron catastróficos. EL INCREMENTO EN LAS TASAS DE INTERÉS DETUVO EL CRECIMIENTO ECONÓMICO, se desplomó la Bolsa de Valores, cayeron los precios de las propiedades y Japón entró en una recesión (acompañada por deflación) de la que recién ahora parecería estar recuperándose. El crecimiento acumulado del PIB entre 1990 y 2004 fue de sólo el 10 %, valores muy inferiores al de la mayoría de los países, incluyendo la Argentina. Los intentos para reflotar la economía japonesa fueron infructuosos. Por consejo de los neoliberales practicaron una reducción de impuestos para impulsar la demanda interna. Los ponjas pagaron menos impuestos, pero lo que no le entregaron al fisco lo depositaron en los bancos atraídos por las altas tasas de interes. Las inversiones que los neoliberales les pronosticaron no se produjeron. Entonces, la situación fiscal se deterioró rápidamente, pasando de un superávit equivalente al 3% del PIB a un déficit cercano al 10%. La caída del sistema financiero y del precio de las propiedades afectó la "riqueza" de las familias y las expectativas de sus ingresos futuros. La población entró en pánico y se volvió extremadamente conservadora en términos financieros. El estancamiento económico fue acompañado por una reducción de precios (deflación) y por un debilitamiento de la confianza con respecto al futuro económico del país. Estos datos pueden aparecer contradictorios cuando se los asocia con el hecho de que Japón tiene al mismo tiempo las reservas internacionales más elevadas del mundo (cerca de novecientos mil millones de dólares), pero esta aparente contradicción es el resultado de que los ingresos privados exceden a sus gastos en cerca de 13% del PIB (600 mil millones de dólares) por año. Esto se explica fácilmente por las altas tasas de interés: los japoneses preferían ahorrar a invertir. Mientras los japoneses ahorraban la economía languidecía, pero eso si, no tenían inflación, es mas, tenían lo inverso: los precios bajaban. Pero algo ha cambiado en la economía japonesa porque los inversores japoneses han comenzado a vender sus bonos extranjeros y a invertir en acciones en Japón. Lo mismo sucedió en 1999 con el resultado de un incremento en el precio de las acciones. Este fenómeno duró dieciocho meses y luego retornó el pesimismo. En esta oportunidad la mejora parece haberse extendido tanto a la inversión como al consumo. El PIB creció a una tasa superior al 2% durante los últimos dos años y algunos analistas consideran que la tasa de crecimiento en el Japón podría superar a la de los Estados Unidos. ¿Habrán vuelto a ser lo que eran?. Tal vez se dieron cuenta que nunca debieron abandonar su vieja política que fue imitada con tanto exito por todo el sudeste asiático y han vuelto a ella.
jueves, 2 de marzo de 2006
Mittal y Arcelor
¿Cual es la historia?
Fuente: Revista Mercado
miércoles, 1 de marzo de 2006
¿Dónde funciona mejor el capitalismo de hoy?
El enigma del crecimiento económico
Fuente: La Prensa de Nicaragua