lunes, 31 de octubre de 2005
La mano de obra barata (para Checo)
Ud., Sr. Checo, “dice: prefiero bajos sueldos a desocupados. Se empieza con sueldos bajos, luego estos tienden a aumentar”. Su razonamiento es bueno, pero esta hecho fuera del entorno. ¿En que tipo de país y con que tipo de economía se pagan esos bajos sueldos iniciales habría que preguntarse en primer lugar?. Le hago una pregunta pero le pido que me conteste sinceramente: póngase en el lugar de un poderoso capitalista internacional con intereses en empresas industriales. ¿Dónde invertiría? En un país donde el Estado protege sus industrias y las ayuda y no deja que la competencia extranjera las destruya o en un país que no tiene política industrial, que no se interesa en desarrollar sus industrias y prefiere consumir lo que otros producen a producir localmente, es decir en un país adherido a todo tipo de tratados de libre comercio en el que el Estado esta atado de pies y manos y no puede hacer nada por desarrollar su industria. En pocas palabras: ¿Elegiría la México o China?. Si yo fuera un capitalista industrial trataría de invertir en países que protegen sus industrias para que mi inversión industrial creciera allí sin mayores problemas y luego poder desde ese país empezar a exportar a otros países. Jamás invertiría en un país como la Argentina, por ejemplo, en donde los industriales son despreciados, donde la industria es mala palabra y donde seguramente me dejaran totalmente vulnerable frente a mis competidores instalados en otros países. Las inversiones industriales huyen del libre comercio, quieren protección, subsidios.... y bajos sueldos. Si solo los bajos sueldos fueran la clave de la industrialización el país mas industrializado seria Bangladesh, donde se pagan los mas bajos sueldos del mundo. Los capitales van a los paises que quieren industrializarse y tienen estados fuertes que pueden expresar esa voluntad con medidas concretas, por eso van a China y no vienen a la Argentina. ¿Me entiende?. Solo aplico la lógica, no hay que ser economista para entender esto, solo hace falta sentido común.
EL ALCA
A pesar de las promesas de desarrollo económico en México, sólo la región fronteriza vio incrementada su actividad industrial. Pero este pequeño incremento no trajo prosperidad. Más de un millón de mexicanos trabajan por menos del salario mínimo que antes del NAFTA, y durante el período de aplicación del NAFTA, ocho millones de mexicanos pasaron de la clase media a la pobreza. Aunque es difícil imaginar que alguien pueda querer más de esto, lo poco que se sabe del ALCA es que es muy parecido al NAFTA. ¿Cuáles serán los efectos prácticos del ALCA?. El ALCA contendrá una serie de compromisos de desregulación de servicios. "Servicios" es una categoría difusa en la que se incluyen la educación, el cuidado médico, los servicios sanitarios y ambientales. El ALCA permitiría los juicios de inversores al Estado. Por ejemplo, las corporaciones podrían entablar juicios contra el Estado debido a leyes o regulaciones que protegen la salud pública o la seguridad pero que a éstas podrían elevarles los costos de producción. Por ejemplo, la compañía Metalclad Corp., de los EE.UU., enjuició al estado mexicano para poder instalar un sitio de descarga de desechos tóxicos, alegando que la zonificación ambiental que le impedía hacerlo constituía una afrenta a la propiedad de la compañía. Bajo el ALCA, se conseguirá lo que cada embajador de los EEUU trata de conseguir en Argentina: que se intensifique el control de las patentes farmacéuticas. Así, ya no podrá fabricarse un remedio bajo patente, sólo quien tenga la patente podrá hacerlo. Este control monopólico permitirá que las corporaciones farmacéuticas mantengan altos los precios de las drogas y que bloqueen la producción de genéricos en drogas que pueden salvar la vida de muchos.
Los resultados del NAFTA en México
En 1994 fue promulgado NAFTA entre Canadá, México y Estados Unidos, ¿Cuáles han sido los resultados para México diez años después?. Los resultados han sido negativos para México, aunque hay un sector que ha salido ganando: las grandes compañías. En otras palabras, las grandes compañías cómo Del Monte, Nike, Fruit Of the Loom, Ford y muchas otras han fortalecido sus presencia en México y han generado más empleos, pero LOS SALARIOS NO HAN AUMENTADO EN MÉXICO. La mano de obra barata es un delicioso negocio especialmente para las compañías de extranjeras y las condiciones de trabajo son pésimas. Esto último ya estaba antes de implantarse el NAFTA, pero ahora la situación es igual o peor en gran parte de México. Las condiciones de trabajo son de comienzos del Siglo XX. El 75% de la población vive en la pobreza. Un alto porcentaje de los pequeños negociantes han tenido que cerrar y emigrar debido a la invasión de los productos de Estados Unidos. Los defensores del NAFTA celebran el aumento de las exportaciones mexicanas, que se ven más que nada en sus estados fronterizos del norte, pero no ven que se filtren hacía los estados más pobres del centro y sur del país. La mayoría de los sindicatos independientes son marginados por las grandes empresas. Cualquier medida gubernamental que disminuya las ganancias se considera expropiación de las ganancias esperadas y esto resuelve en instancias internacionales donde Mexico invariablemente pierde.
domingo, 30 de octubre de 2005
Ni Chile, ni Nueva Zelanda, COREA!!!!!!!!
Tradicionalmente, la economía de Corea se basaba en la agricultura, pero desde comienzos de la década de 1960 llevó cabo una industrialización extraordinariamente rápida, el PIB ha crecido más de un 9% anual entre mediados de la década de los 60 y hasta comienzos de los 90. Hoy Corea del Sur es una de los doce mayores Estados comerciales del mundo. La agricultura ha disminuido en las últimas dos décadas. La industria ha crecido hasta los 90, y mantiene su importancia. Respecto al sector de los servicios, hoy día no solo es el sector más importante, también es el sector que más ha crecido. Los planes quinquenales económicos aplicados por Corea se han concentrado en el desarrollo industrial. El sector agrícola ha reducido su importancia a lo largo de las últimas décadas, aportando el 6% del PIB en el 96, empleando casi el 13% de la población trabajadora, cuando apenas hace 25 años empleaba a más del 50% de la población. Cabe destacar que Corea es completamente autónoma por lo que respecta a arroz, porcino, pollo y leche, representando un 50% de la producción agrícola-ganadera interna. Esto garantiza la base alimenticia de la población, que NO DEPENDE DE LAS IMPORTACIONES EXTERNAS. Corea es uno de los estados más importantes del mundo en el sector pesquero, con una moderna flota de más de 780 buques. Desde 1970 Corea puso un mayor hincapié en la industria pesada en un intento para disminuir las importaciones. Son importantes la fabricación de productos químicos, automóviles, equipos eléctricos y electrónicos, maquinaria, barcos, hierro, acero, etc... Corea es un país eminentemente industrial en el que el rápido desarrollo de dicho sector ha actuado de motor de la economía. El desarrollo en los 60 de la industria, dio paso en los 70 a la creación de una industria pesada y química concentrada, teniendo como objetivo reducir la dependencia exterior y sentar las bases para convertir al país en una potencia económica. La creación de una industria naval, petroquímica, siderúrgica y de maquinaria dio paso en los 80 a la producción de bienes de consumo duradero. Todo esto fue logrado gracias A UN FUERTE INTERVENSIONISMO PÚBLICO EN LAS DECISIONES DE ASIGNACIÓN DE RECURSOS, y por la primacía de grandes grupos empresariales nacionales, los chaebols.. Los más importantes son Hyundai, Samsung, Lucky, Goldastar, Sunkyung, Daewoo, etc. Los chaebols o conglomerados de empresas han jugado un papel importante en la economía y desarrollo de Corea, constituyendo la forma de organización empresarial predominante. La mayor parte aparecieron durante la década de los años 70, resultando de la estrategia de crecimiento perseguida por el gobierno basada en la promoción de industrias intensivas en capital. Los chaebols son grandes grupos de compañías que operan en diversos mercados, y que tienen un control financiero y operacional común. Su poder radica en su gran tamaño, basado en la conjunción de activos de diferentes compañías; en su flexibilidad, gracias a la gran movilidad de capital, tecnología y de personal entre las mismas; y en su autosuficiencia, basada en su gran diversificación. En parte por efecto de la industrialización, se ha desarrollado un sector de servicios que tiene un peso muy importante y creciente en cuanto a la población ocupada, (58,5%) y un significado económico parejo, aportando un 49,5% del PIB en 1996. Dentro del sector servicios destacan por su importancia, en primer lugar el sector financiero, seguido por el sector de la distribución y por el de transportes y comunicaciones. Corea del Sur es un país moderno, avanzado y evolucionado, que perfectamente puede hacer sombra a cualquier estado occidental del mundo. Mantiene una economía muy avanzada, y puede competir a escala global con muchos países. Su capacidad para exportar tecnología moderna de calidad es indiscutible. Añadamos a esto su capacidad para importar todo aquello que necesite para mantener su evolución, debido a una gran solvencia y al equilibrio en su saldo comercial. Corea NO TIENE UNA FUERTE DEPENDENCIA ECONÓMICA DE OTROS PAÍSES. La riqueza que se ha producido en Corea del Sur en las últimas décadas se ha distribuido correctamente entre los coreanos, creando una población eficiente y competitiva. En Corea no sucede como en algunos países latinoamericanos, que aunque posee grandes riquezas, este bienestar no llega a todos los ciudadanos. En definitiva, Corea tiene un mercado interior en auge y un nivel de vida en su población muy elevado. Corea no tiene riquezas primarias (casi no tiene agricultura) y tiene necesidad de muchas materias primas esenciales (gas, petroleo...), para satisfacer su mercado interior y su fuerte industria, necesita importar en grandes cantidades. Pero, Corea tiene una gran solvencia para hacer frente a estas importaciones, ya que Corea EXPORTA MATERIALES INDUSTRIALES MODERNOS, DE CALIDAD Y COMPETITIVOS. Es por esto que Corea no tiene una fuerte dependencia exterior. Hoy en día, Corea ha dejado de ser un país dependiente de ayudas e inversiones del extranjero (sobre todo USA y Japón) a ser un país que crea dependencia en el extranjero. Las empresas coreanas se internacionalizan por todos los continentes. Corea es el ejemplo a seguir para los paises latinoamericanos en vías de desarrollo. Corea hace 50 años era un país rural y pobre, hoy en día es un país con no sólo con una economía ejemplar, sino también un país cuya población goza en su conjunto de un bienestar social envidiable.
Proteccionismo: pierden Brasil y Argentina
Chile no va a ninguna parte, nunca dejarà de ser un proveedor de materias primas, de cobre, pescado y madera, no tendra jamàs industrias propias ni tecnologia chilena, Chile esta expuesto a una caida en los precios de las materias primas (como sucedio en 1930 o en 1973) cosas que en el volatil mercado internacional es algo siempre posible. Nosotros tenemos que desarrollar industrias aunque nos cueste caro y producir tecnologia aunque sea dificil, ese es el camino asiatico. Ustedes nos quieren condenar a ser eternamente una factoria y hasta ahora lo han logrado (no hemos sido otra cosa desde 1810), sus ideas y su poder e influencia han travado una y otra vez que salgamos adelante, con balas, con bombas, con fusilamientos, con golpes de estado, con propaganda insidiosa, con eternas campañas publicitarias, con economistas a sueldo de los "organismos internacionales". Uds. dicen: seamos como Chile, seamos como Nueva Zelanda y uno tiene internet y se informa. Ya no nos pueden engañar, ya no pueden sembrar dudas, ya no pueden mentir sin que nadie pueda probarlo.
La paciencia de esperar
Chile se ha resignado a lo que manda el mercado: ser el proveedor del cobre que usan industrias extranjeras. Uds. Dicen: hagamos como Nueva Zelanda: exportemos solo alimentos, como siempre hemos hecho. Pero ¿qué seria hoy de Japón si se hubiera conformado con solo ser lo que siempre había sido: un productor de seda? Hoy Japón no seria la cuna de Mitsubishi, ni de Mitsui, ni Fuji, ni de Hitachi, de Toyota. ¿Dónde estaría Corea del Sur si hubiera dejado que el mercado dictaminara que su destino eterno era vivir de la exportación de tungsteno? Hoy Corea no seria la patria ni de Samsung, ni de Daewoo, ni de Hyundai. ¿Tendría acaso Finlandia hoy una empresa como Nokia si hubiera decidido que lo mas competitivo en el mercado era e iba a ser para siempre la madera de sus bosques?. Por supuesto que no. Pero Uds. siguen insistiendo: Argentina solo debe producir carne, soja y trigo y no atreverse a nada mas. Hay establecer un proteccionismo moderado, transitorio y selectivo para aquel tipo de empresas que queremos hacer crecer y después tener paciencia: las empresas crecen lentamente por lo que hay que darles tiempo. Si hasta ahora hemos tenido la paciencia de ser pobres esperando (durante 200 años) que el liberalismo nos salve, podemos también tener la paciencia de seguir siendo pobres esperando que empresas argentinas crezcan lo suficiente como para convertirse en competitivas y exportadoras, tal y como hicieron los asiáticos.
sábado, 29 de octubre de 2005
Asia: los secretos del éxito
Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia, son ocho países que se han subido al podio de los triunfadores. En conjunto, forman un caso único en la historia de la economía mundial. Nunca un grupo de países había crecido tanto en una sola generación: una media anual del 5,5% entre 1960 y 1990. Lo cual supone un crecimiento el doble de rápido que el del resto de Asia del Este, el triple que Latinoamérica y cinco veces más que el África subsahariana. No sólo han crecido muy rápido, sino que también han logrado repartir bastante equitativamente los dividendos del desarrollo. De modo que las desigualdades de renta han ido a menos y el porcentaje de gente que vive bajo el nivel de pobreza se ha reducido mucho. Por ejemplo, en Taiwán la renta del 20% de hogares más ricos es cinco veces más elevada que la del 20% más pobre, y en Corea es ocho veces mayor. En comparación, la misma proporción en países latinoamericanos es de 20 a 1. ¿Cuál es el secreto de su éxito? Todos tienen algo en común: el intervensionismo estatal en la economía, el activismo estatal en la orientación económica: desde un dirigismo más acentuado en Japón o Corea, hasta un modelo más liberal (o de dirigismo mas atenuado) en Indonesia o Tailandia. Pero el intervencionismo no explica por si solo todo. El intervencionismo ha sido la regla en otros países en desarrollo y ha llevado al desastre. EN EL CASO DE ASIA DEL ESTE LO QUE SE PRODUJO DE UNA ESTRECHA Y EXITOSA COOPERACIÓN ENTRE EL ESTADO Y LOS GRUPOS INDUSTRIALES. Hay otros importantes puntos en común. En primer lugar, un control correcto de la estabilidad macroeconómica: baja inflación (una media del 8% en los últimos 30 años contra un 200% en América Latina), déficit público contenido, deuda exterior moderada. La política monetaria ha procurado mantener unas TASAS DE INTERÉS BAJAS, pero a la vez positivas para recompensar a los ahorradores. Esta estrategia creó un clima favorable para altos niveles de inversión y de ahorro. Así, durante las dos últimas décadas, la parte del PIB dedicada a la inversión del sector privado ha sido casi el doble que en otros países en desarrollo. Si la intervención estatal ha resultado aquí benéfica ha sido porque, a diferencia de lo ocurrido en otros países, se ha mantenido dentro de unos límites financieros rigurosos. Otra característica común, es que estos países han invertido en educación. Y los esfuerzos preferentemente se han concentrado en la enseñanza primaria y secundaria, además de la universitaria. Por ejemplo, Indonesia ha dedicado a la enseñanza básica el 90% de su presupuesto de educación, y Corea y Tailandia, el 80%. A diferencia de Venezuela donde, por poner un caso, a estos niveles se les dedica en torno al 30% del presupuesto educativo. Esta prioridad en el gasto les ha permitido contar con unos trabajadores y profesionales bien formados. Otros rasgo familiar de este grupo de países es que han orientado sus economías hacia la exportación. Mediante la adquisición de tecnologías extranjeras han logrado abrirse paso en el comercio internacional. Ciertamente, no sin el apoyo estatal, manifestado especialmente en las SUBVENCIONES A LA EXPORTACIÓN, LOS CRÉDITOS DIRIGIDOS A EMPRESAS SELECCIONADAS Y UN TIPO DE CAMBIO QUE HACE SUS PRECIOS MÁS COMPETITIVOS. A la vez, protegen su mercado doméstico con aranceles y otras barreras técnicas hasta que sus industrias estén bien implantadas. También es importante destacar el hecho de contar con una burocracia más competente y relativamente menos afectada por la corrupción que les ha dado una ventaja sobre otros países en desarrollo. ¿Este modelo se les puede copiar?. No es fácil. El mundo ha cambiado en los últimos treinta años. En el actual mercado global y sin control de capitales, ya no es tan fácil mantener unas tasas de interés bajas sin el riesgo de que los capitales huyan hacia sitios más remuneradores. Por otro lado, los países en desarrollo que quieren exportar a los países industrializados se encuentran cada vez más con que estos avivados les exigen un acceso recíproco a sus mercados nacionales. Los asiáticos parecen haberse aprovechado de la guardia baja de los países industriales, estos estaban (y están obsesionados) por proteger su producción agrícola, a la que subsidian y protegen, pero se sentían tan fuertes en lo industrial que nunca pensaron que podían ser derrotados en este campo, entonces no se cuidaban tanto de cerrar sus economías a los productos industriales, ahora parecen estar asustados y son industrialmente mas agresivos, tan agresivos como son con los productos agrícolas. Es decir que, ahora, en nombre del libre comercio son mas proteccionistas que nunca.
Las políticas comerciales injustas
Las barreras comerciales más difíciles de salvar se han levantado frente a los países más pobres. En promedio, las barreras comerciales que enfrentan los países en desarrollo cuando exportan a los países RICOS SON TRES VECES SUPERIORES a las que enfrentan los países ricos cuando comercian entre sí. Los países desarrollados, en realidad, han aumentado los subsidios agrícolas. Estos subsidios a la sobreproducción en los países desarrollados ascienden hoy a US$1.000 millones diarios. Los contribuyentes y consumidores de los países ricos están pagando por un sistema que respalda principalmente a los agricultores acaudalados al tiempo que se perjudica a los agricultores más pobres del mundo, quienes deben pagar aranceles más altos para competir en los mercados internacionales. De esa manera, LOS PAÍSES RICOS HAN MANTENIDO EL MONOPOLIO DE SU PARTICIPACIÓN DE LAS EXPORTACIONES AGRÍCOLAS (dos terceras partes del total), la cual no ha cambiado desde 1980. En la actualidad, los países en desarrollo pierden aproximadamente US$24.000 millones al año debido a los subsidios al sector agrícola. En Europa, los subsidios agrícolas han alcanzado US$51.000 millones y, aunque este sector representa menos del 2% de la fuerza laboral, absorbe más de 40% del presupuesto de la Unión Europea. Pongamos un ejemplo, a los productores europeos de azúcar se les paga cuatro veces más que el precio de mercado mundial, lo que crea un superávit de cuatro millones de toneladas de azúcar, las cuales venden a precio mínimo en el mercado mundial gracias al respaldo de US$1.000 millones que la Unión Europea lesentrega para comercializarlas. Esta situación ha convertido a Europa en el segundo exportador mundial de azúcar. Este superávit ha causado que el precio mundial del azúcar caiga en aproximadamente un tercio, situación que le ha costado a Brasil US$494 millones en pérdidas; a Sudáfrica, US$151 millones; y a Tailandia, US$60 millones. Los mismo sucede con USA respecto del algodón. Detrás de la retórica del libre mercado la dura realidad es que los agricultores más pobres del mundo están obligados a competir no con agricultores del Hemisferio Norte, sino con los Ministerios de Finanzas de los países industrializados. Estos mismos países industrializados son los que les piden, exigen, imponen a los paises pobres que abran su economias a sus producciones industriales para que compitan libremente con las “industrias” locales ¿Qué industrias locales? Las inexistentes o las débiles que desaparecerán inmediatamente con la apertura. Asi es el mundo: esos hdp quieren que nos muramos de hambre para siempre: no nos dejan venderles productos agrícolas pero tampoco quieren que nos industrialicemos.
jueves, 27 de octubre de 2005
Nueva Zelanda: el opaco sueño liberal
No es casualidad que el BM coloque a Nueva Zelanda a la cabeza de “los países mas confiables del mundo para los negocios”. Explicare porque esos sinvergüenzas hipócritas dicen lo que dicen. Nueva Zelanda solo son dos islas situadas al sudeste de Australia que tienen 3 millones de habitantes. Históricamente el principal recurso de Nueva Zelanda fue una óptima combinación de clima y tierra para el desarrollo de la ganadería. Cuando en los 70 se produce la caída del precio de las materias primas, el ingreso de su principal comprador Gran Bretañas a la Comunidad Económica Europea y el aumento de los precios del petróleo los neocelandeses vieron como su rentas se redujeron, la inflación se incrementó y el crecimiento prácticamente se detuvo. Entonces, llegó el salvador, el liberalismo económico, es decir, la apertura comercial y las privatizaciones. Esto es lo que se proclama a los cuatro vientos, el resto se calla. Se calla que el Estado se retiró de áreas de la economía que cedió al capital privado pero intervino en todas aquellas necesarias para asegurar la ganancia de las empresas y el funcionamiento del sistema. De esto ni el BM, ni el FMI y los liberales dicen una palabra. Pero los neocelandeses siguieron la receta liberal al pie de la letra: disminuyeron el salario debilitando el poder de negociación de los trabajadores. Los contratos de empleo se empezaron a negociar en forma individual, reduciéndose el número de afiliados a los sindicatos. La participación de los salarios de los trabajadores en el Producto Bruto cayó desde un 49 % en 1987 a 43 % en 1995. Una fuerte devaluación en 1987 al dejar flotar la moneda permitió potenciar la reducción de los salarios. El déficit fiscal se eliminó no por la vía de aumentar la recaudación impositiva sino por la reducción de los beneficios que concedía un fuerte Estado de Bienestar. Los montos percibidos por los beneficiarios del sistema de bienestar se redujeron en valores superiores al 25%. El Estado deja en manos de las empresas locales o extranjeras (y esto último es lo que se da en mayor parte) los sectores económicamente rentables y se encargó de aquellos sectores que los capitales privados no tienen interés por explotar. Nueva Zelanda reforzó su papel como proveedor de productos alimenticios mediante una apertura comercial que eliminó controles de importación desmantelando el “paraguas protector” de la industria nacional. Se redujeron aranceles para productos específicos con muy altas tarifas y se estableció un programa de disminución arancelario general. Se eliminaron todos los subsidios e incentivos directos a la exportación. La inversión en Nueva Zelanda, realizada por un pequeño conjunto de grandes empresas con vinculaciones internacionales, SE CONCENTRÓ EN SU MAYOR PARTE EN SECTORES TRADICIONALES DE SU ECONOMÍA CON ESCASO DESARROLLO DE SECTORES NUEVOS. El sector agropecuario significó el 50% de un total de 17 mil millones de dólares exportados en el 2000, equivalentes a un 29% del PBI. Pero EL CRECIMIENTO LOGRADO EN NUEVO ZELANDA FUE MODERADO, alto en el momentum posterior a la reforma o sea a principio de la década de los 90, disminuyendo luego. En total la tasa promedio de incremento del PBI en la década fue de 2,7% anual, elevada en comparación a las décadas anteriores pero no con respecto a terceros países. El valor del PBI per cápita aumentó tan sólo 0,7% entre 1987. El valor alcanzado en 2001 de US$ 19.000 per cápita es bajo en comparación con los países desarrollados. Las razones para este moderado crecimiento se explican por dos hechos principales: el ahorro nacional que si bien creció se mantuvo en valores bajos si los comparamos con otras economías y las posibilidades de reinversión de esos excedentes. La inversión extranjera que complementó la relativamente escasa inversión doméstica fue sustancial y se dirigió en buena parte a los servicios por lo que NO POTENCIÓ LAS CONDICIONES EXPORTADORAS DEL PAÍS. Las empresas transnacionales que sí se dedicaron a la exportación SE ENFOCARON A LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES DEL PAÍS TALES COMO ALIMENTOS, BEBIDAS Y FORESTACIÓN. Esto reforzó el perfil de inserción internacional de productor primario del país al tiempo que NO DESARROLLÓ EN FORMA IMPORTANTE LAS ACTIVIDADES MANUFACTURERAS, fuentes de valor y crecimiento sostenible. Nueva Zelanda creció sobre la base de sus sectores tradicionales. El Estado facilitó la acumulación de capital en la forma descripta pero NO DESARROLLÓ SECTORES NUEVOS, mediante las políticas adecuadas de búsqueda, formación de clusters, incentivos y apoyo de infraestructura que permitieran invertir con rentabilidad. Nueva Zelanda logró salir de la larga fase de recesión en que se encontraba en los 70, las oportunidades desarrolladas en distintos sectores de la economía primaria le permitió alcanzar un crecimiento moderado. Pero no resultó suficiente para generar tasas de crecimiento que le permitieran converger hacia los países desarrollados con los que hace unas décadas se encontraba en similares condiciones de riqueza: los países del sudeste asiático, que aplicaron una política muy distinta, que una y otra vez he repetido en este blog.
domingo, 16 de octubre de 2005
Argentina-Australia
Tanto en Australia como en la Argentina se gozaba, desde principios del siglo XX, de un elevado nivel de vida debido a que poseían amplios recursos naturales. Pero a finales de este siglo Australia figuraba entre los países desarrollados con un PBI per cápita de u$s 20.000 cuando en la Argentina era de menos de u$s 8.000. Desde la última parte del siglo XIX hasta la década de los años ‘30 del siguiente la economía argentina se caracterizó por una baja protección aduanera respecto de la mayor parte de los bienes. La abundancia de recursos naturales susceptibles de ser colocados a buen precio en el exterior PERMITIÓ PAGAR HOLGADAMENTE POR LAS IMPORTACIONES. Ya antes de la segunda guerra mundial comienzan a perfilarse en la Argentina problemas que aconsejaban tomar medidas correctoras, como diversificar las ventas al exterior y sustituir importaciones. Para entonces el propósito del arancel aduanero era apenas fiscal cuando otros países que por aquellos años tenían una economía de parecido tipo, como Canadá , USARON LA PROTECCIÓN COMO HERRAMIENTA PARA INICIAR EL DESARROLLO INDUSTRIAL. Pero en la Argentina de aquellos años se debatía largamente sobre si convenía, o si era posible, insistir en el esquema liberal o si había llegado el momento de variar de política. (Ese debate todavía hoy continua). Entre los enrolados en la causa del libre comercio estaban los dueños de la tierra, que no veían con buenos ojos un proteccionismo industrial que los obligara a pagar más por los bienes que consumían o utilizaban en sus labores agrícolas. Sumados al punto de vista librecambista estaban políticos y pensadores del socialismo de esos años. Esta coincidencia era el resultado de la defensa que éstos hacían del nivel de vida de los asalariados, ya que entendían que de una alta protección aduanera resultaría un encarecimiento de los bienes de consumo, o sea una baja del salario real. Frente a esta conjunción en favor del comercio libre había otra alianza que abogaba por más protección formada, de un lado, por los intereses agrupados en la Unión Industrial Argentina y del otro por un grupo de estudiosos liderados Bunge. El punto de vista compartido tenía que ver con la necesidad de limitar el libre comercio apoyando el desarrollo de más establecimientos industriales. Bunge creía que la etapa de crecimiento del país a partir de la producción de granos y carnes vacunas para la exportación estaba llegando a su fin. Por ello propiciaba la industrialización de las materias primas locales. En las primeras dos décadas del siglo XX tuvo lugar en Australia un debilitamiento del poder terrateniente a lo que se sumó la acción del movimiento sindical y a la presencia del Partido Laborista. Estas circunstancias permitieron SUPERAR LA OPOSICIÓN TERRATENIENTE A LA PROTECCIÓN A LA INDUSTRIA. Por otra parte en Australia la geografía que jugó un fuerte papel determinante del proteccionismo. El océano era la primera gran barrera comercial por el tiempo que insumían las manufacturas en llegar por barco desde Gran Bretaña, a lo que sumaba lo costoso que resultaba transportarlas dentro de tan inmenso país. Luego de que las colonias australianas se independizaron en 1901 EL PROTECCIONISMO FUE INSTAURADO POR LEY NO SOLO EN LA INDUSTRIA SINO TAMBIÉN PARA LOS BANCOS, EL TRANSPORTE, LAS TELECOMUNICACIONES Y EN CASI TODOS LOS DEMÁS SERVICIOS. En cambio, en la Argentina los partidos políticos radical y socialista que luchaban, como en Australia, por la obtención de niveles de vida más altos fueron contrarios a las medidas proteccionistas que podían contribuir al desarrollo industrial del país ya que aquellas implicaban precios más elevados y, por lo tanto, una rebaja en el salario real. El Partido Socialista de la Argentina se opuso resueltamente a dos tipos de medidas: la devaluación del peso argentino y cualquier intento de elevar las tarifas aduaneras. La fuerza de trabajo ocupada en Australia por la actividad manufacturera había superado en 1930 a la dedicada a la producción primaria y existían poderosos intereses de la industria. NADA DE ELLO HABÍA SUCEDIDO EN LA ARGENTINA, PUES LA INDUSTRIA IMPROVISADA DURANTE LA GUERRA DE 1914 HABÍA SIDO ABANDONADA A SU SUERTE. En 1930 se inicia una crisis mundial de una profundidad hasta entonces nunca vista. El primer síntoma claro de lo inusitado del fenómeno fue el vertiginoso descenso que experimentaron los precios de los granos de 1930: el trigo bajó en un 45%, el maíz en el 44% y el lino en el 49%. Luego sucedió lo mismo con las carnes vacunas. Su primer efecto para la economía argentina fue el de reducir las importaciones. La crisis también afectó a Australia, pero menos que a la Argentina gracias a su pertenencia al “Commonwealth”. En Argentina, después de retardar por décadas la medida, en el año 1931, fue aumentando el arancel con una tasa general del 10% y se devaluó la moneda para forzar el proceso de sustitución de importaciones. La industrialización argentina se inicia realmente como contragolpe del colapso del comercio internacional a raíz de la crisis de 1930. Nadie compraba lo que producíamos, y aunque hubieran habido industrias no hubieran podido exportar porque todos estaban protegiendo. Resultado: había que practicar una política de ISI, a ritmo galopante y a cualquier costo. La depresión había puesto en evidencia la vulnerabilidad del sector externo argentino señalando la necesidad de poner un mayor énfasis en la sustitución de importaciones. Entre las políticas económicas implementadas en el país luego de la segunda guerra mundial hubo algunas acertadas y otras no. Estando del lado de los aciertos la adopción de una de sustitución de importaciones que las nuevas circunstancias hacía tiempo venían reclamando, pero también a tres gruesos errores: el EXCESIVO PROTECCIONISMO (fíjense que de no hacer nada pasamos a lo excesivo) que caracterizó esa política, una inflación persistente y, finalmente, LA APLICACIÓN DE IMPUESTOS (RETENCIONES) A LA EXPORTACIÓN DE PRODUCTOS DEL AGRO. Ya una década antes de la segunda guerra mundial aparecía con toda claridad la necesidad de abandonar un esquema de comercio exterior basado en un bajo arancel de importaciones que permitía el ingreso de todo tipo de bienes, que hasta aquella época podían ser holgadamente pagados con las divisas que se lograban exportando productos agropecuarios. Estaba en claro la necesidad de estimular el desarrollo de la industria de sustitución de importaciones. Lo malo fue que se atendió únicamente este último objetivo, que SE LO HIZO SIN CUIDAR LA EFICIENCIA Y COMPETITIVIDAD y que no se prestó atención a la necesidad de ampliar las ventas al exterior. Lo que debió ser gradual, moderado, planificado, lento y equilibrado se hizo bruscamente y de manera brutal. ¡Típico de argentinos!. La recesión global de los años ‘30 y las políticas proteccionistas de las naciones industrializadas iniciadas con la suba de aranceles de importación aprobada en EE.UU debilitaron la demanda de materias primas, principal fuente de ingreso de divisas para América Latina. En la Argentina a partir del año 1945 se instauró una política de sustitución de importaciones, pero CON UNA EXAGERADA PROTECCIÓN RESPECTO DE LA COMPETENCIA EXTRANJERA. Cada vez que la industria nacional iniciaba la fabricación de algo el Banco Central negaba, desde ese momento, el otorgamiento de divisas para su importación, de modo que LA PROTECCIÓN PASÓ A SER INFINITA. La comodidad de acceder al mercado interno sin ninguna competencia exterior le confirió a las industrias en desarrollo características como la de prestar poca atención a bajar los costos; a no insistir en el incremento de la productividad laboral; a equiparse con maquinarias usadas u obsoletas; y a impulsar una excesiva dispersión en la gama de los productos a elaborar. Lo hicimos mal y es lógico que nos fuera mal. El nuevo gobierno instaurado en el año 1945 dictó medidas que determinaron la transferencia de ingresos del agro a la naciente industria. En cambio, para fines de los años ‘60 en Australia se cuestionaba seriamente el costo de la protección. En 1973 se resolvió una baja generalizada de los aranceles de importación del 25%. Mientras tanto en la Argentina para los mismos años de la década de los ‘70 el arancel promedio era del 49% o sea que SE INSISTÍA EN MANTENER LA ECONOMÍA CERRADA. Lo que se hizo en la Argentina después de la guerra fue precisamente sacrificar la producción agropecuaria en procura del desarrollo industrial. Esta transferencia de ingresos del sector rural al urbano quitó todo incentivo a los agricultores para invertir. Una de las diferencias básicas entre ambos países en la política de sustitución de importaciones fue el tratamiento del sector rural. AUSTRALIA NUNCA PERDIÓ DE VISTA EL SECTOR RURAL. En efecto, la política oficial de Australia favoreció, luego de la segunda guerra mundial una rápida industrialización, pero hacia el año 1951 SE ENTENDIÓ EL PELIGRO QUE ENTRAÑABAN LOS EXCESOS Y SE PASÓ A PRESTAR TAMBIEN ATENCIÓN A LA PRODUCCIÓN AGRARIA. De este modo, de concentrar la atención solo en el desarrollo industrial se pasó a hacerlo con un doble objetivo: el agro y la industria. Esta fue una decisión económicamente correcta ya que implicó reconocer que la expansión industrial en esta etapa de su desarrollo económico dependía de que los ingresos provenientes de las exportaciones de materias primas fueran suficientes para pagar las compras en el exterior de los equipos y materiales necesarios. Los argentinos somos incapaces de ser moderados, pasamos de un extremo a otro, con brutalidad, destrozando todo a cada paso. Cuando estas cosas hay que hacerlas lentamente, gradualmente, moderadamente. La protección industrial que debió comentar lenta y gradualmente, debio ir disminuyen luego también lenta y gradualmente, dejando detrás de si una industria fuerte y competitiva. Australia no cayó en el error de la Argentina de quitar recursos al agro para transferirlos al sector manufacturero y, en cambio favoreció al agro con exenciones impositivas, subsidios a los combustibles y fertilizantes así como con eficientes prestaciones de servicios de investigación destinadas a asesorar a los productores sobre la variedad de semillas a usar, las técnicas de plantación y recolección o en la conservación de la fertilidad de los suelos. La aplicación de impuestos a la exportación fue otro error de la política iniciada luego de la segunda guerra mundial en nuestro país. Australia empezó a bajar los aranceles aduaneros, primero a 17 %, después a 14 % hasta llegar a 5 %. Pero la apertura no fue total porque quedaron algunos sectores especialmente protegidos como los automóviles, los textiles, la vestimenta, el calzado y mediante duras exigencias sanitarias y fitosanitarias para la producción agropecuaria. Cuando nosotros abrimos las importaciones los hicimos brutalmente, dejamos que destruyeran toda la industria local. Dejamos de proteger de la misma manera como los comenzamos a hacer: a lo bruto. La perenne controversia entre libre cambistas y proteccionistas tampoco ha tocado a su fin en Australia. En Australia hoy muchos que creen que el gobierno ha expuesto a la industria a la competencia internacional sin antes concluir las reformas laborales y la red de transportes, aspectos que le darían la posibilidad de competir. El resultado ha sido, como en Argentina, una dramática pérdida de puestos de trabajo. Hoy en Australia se piensa que se debe lograr una transición desde una vieja economía basada en recursos naturales, hacia otra impulsada por nuevas tecnologías, como la informática. Para el año 2000 las exportaciones de la Argentina de materias primas alcanzaron al 69% del total en tanto que las de Australia llegaban al 65%. Que la estructura de exportaciones de Australia no corresponde a la de un país desarrollado se confirma por el hecho de que de entre los 15 países del mundo que para el año 1999 la superaban en el PBI per cápita, solo Noruega exporta una proporción tan baja de manufacturas. En este caso las ventas al exterior de Australia de productos industrializados fue del 29% en tanto que Noruega, un país con poca población y una gran producción de petróleo, lo hace por el 30%. De los restantes catorce todos venden al exterior manufacturas en una proporción superior al 80% de sus ventas totales . Australia tiene la necesidad, por tanto, (como también la tiene la Argentina), DE INCLUIR MÁS MANUFACTURAS ENTRE LAS EXPORTACIONES. En Australia se piensa y trabaja para superar una estructura productiva basada fundamentalmente en las materias primas mediante una mayor educación tecnológica, la expansión de la informática, de la biotecnología, del uso de nuevos materiales y de la venta de más servicios. NO OCURRE LO MISMO EN LA ARGENTINA. Por eso Australia es y seguirá siendo mas rica que nosotros.
El mono con navaja
La hegemonía de EEUU ya no se basa en la magnitud de su economía. Si bien esta es importante, declinó a partir de 1945, y esa relativa declinación continúa. YA NO ES EL GIGANTE DE LA PRODUCCIÓN GLOBAL. El centro del mundo industrializado se ha desplazado con rapidez hacia la mitad oriental de Asia. A diferencia de los países imperialistas anteriores, y de la mayor parte de los demás países industriales desarrollados, los Estados Unidos DEJARON DE SER UN EXPORTADOR NETO DE CAPITAL Y DE SER EL PRINCIPAL ACTOR DEL JUEGO INTERNACIONAL DE COMPRA O INSTALACIÓN DE EMPRESAS EN OTROS PAÍSES, y la fuerza financiera del Estado reside en la persistente disposición de otros, sobre todo de los asiáticos, a mantener un déficit fiscal que de lo contrario sería intolerable. Y se da la paradoja que un país empobrecido tiene al mismo tiempo un poder tecnológico-militar que resulta imposible de desafiar. Estados Unidos actualmente la única potencia capaz de una intervención militar efectiva inmediata en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, como indica la guerra de Irak, ni siquiera esa capacidad destructiva basta para imponer un control eficaz en un país que resiste. ¿Hacia donde se puede dirigir un país con una economía débil y un poder militar que no puede controlar ni siquiera un pequeño país, pobre y destruido por 30 años de guerras continuas?. Como dice Harold Pinter: Estados Unidos es un monstruo desenfrenado, un país gobernado por una banda de lunáticos criminales... para decirlo en argentino: EEUU es un mono con navaja.
sábado, 15 de octubre de 2005
Universidad Empresa Gobierno
El tamaño de la empresa no es el asunto fundamental, lo que importa hoy es la densidad de las relaciones que establecen unas empresas con otras, con la Universidad y con el Estado. De la ventaja comparativa basada en RECURSOS NATURALES se ha pasado a un nuevo patrón en el que lo importante es la creación de ventajas competitivas basadas en el CAPITAL INTANGIBLE. La capacidad para generar riqueza se asienta de manera creciente sobre el desarrollo de recursos intangibles. Lo que determina hoy en día la supervivencia en los mercados internacionales es el valor que se pueda agregar a partir de los resultados de la inversión científica y tecnológica. El eje de la actividad empresarial no es más la empresa individual, sino la red de empresas, centros de investigación y el mismo Estado anillado en un Sistema Nacional de Innovación. La innovación ha pasado a ser palabra clave dentro de la elaboración de la estrategia de cualquier empresa sin importar su tamaño. La innovación es la aplicación del conocimiento para producir nuevo conocimiento. A través de la innovación Alemania y Estados Unidos superaron a Gran Bretaña en el siglo XIX y con innovación Japón llegó a superar a estos dos colosos poco tiempo después. La gran mayoría de las personas vivas hoy fueron formadas en una sociedad que ya no existe y esto implica que muchas cosas que se tenían por probadas y que resultaron exitosas en ese momento, hoy no rinden el mismo fruto. El modelo, la manera de hacer las cosas, la "verdad" es otra, ha cambiado, ha evolucionado. Este es problemas de los liberales: el mundo ha cambiado, ellos no. Puede que alguna vez la intervención del Estado en la economía haya sido ineficaz o perjudicial. Sin embargo, hoy es imprescindible para poder competir, ya no se pueden hacer innovaciones en un garage con un par de pinzas, hacen falta laboratorios, profesores universitarios y estudiantes empresarios que solo un Estado puede crear y coordinar. Colocar la fuerza colosal que tiene el estado a favor de las empresas es una necesidad de supervivencia en el mundo actual. Sin la ayuda del estado ¿como podría haber hecho un aldeano taiwanes casi medieval para pasar, en veinte años, a ser un empleado CON UN ALTÍSIMO SALARIO de una empresa tecnológica?
lunes, 10 de octubre de 2005
El imperio suicida
El liberalismo esta destruyendo a EEUU. Lo esta desindustrializando, tal como hizo con la Argentina. La tradicional industria automotriz estadounidenses está transitando el mismo camino tortuoso y declinante que recorrieron previamente las siderúrgicas y las aerolíneas. Poco a poco EEUU esta volviendo a ser un país agroindustrial, único sector al cual protegen. Desde la perspectiva tradicional del liberalismo económico, las necesidades orientadas al interés nacional en EEUU se limitan únicamente a la seguridad militar y geopolítica. La devoción norteamericana por el laissez-faire implica que cualquier alejamiento del libre comercio, fenómeno que ocurre de manera intermitente es sobrellevado con culpa y sin un propósito estratégico, y es visto por las autoridades norteamericanas como concesiones infortunadas a políticas domésticas más que iniciativas económicas de desarrollo. A medida que las reglas de libre comercio en las últimas décadas han ganado terreno en el ámbito internacional, esto ha sucedido paralelamente a LA DECLINACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS COMO POTENCIA HEGEMÓNICA. El esfuerzo norteamericano por inyectar sus normas de laissez-faire como políticas directrices para otras naciones se traduce en un alto costo para su propia economía nacional. Las grandes corporaciones multinacionales (CMN) son en varios sentidos los agentes fundamentales de la globalización y, por ende, impulsoras de las políticas comerciales aperturistas. Los flujos anuales de inversión directa extranjera de las CMN se incrementaron más rápidamente que el comercio tradicional. De 1973 a 1995, estos flujos se multiplicaron más de 12 veces. En términos generales, los Estados Unidos han sido el principal defensor (y a la vez principal perjudicado) de esta liberalización de las políticas de inversión extranjera y mientras se presentan críticos hacia aquellos países que sostienen políticas intervencionistas irónicamente son el único país industrial que cambió su política en los ochenta, como resultado de la declinación de la hegemonía económica del país, y por lo tanto, LA DISMINUCIÓN DE LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y EL AUMENTO DE LA IMPORTACIÓN DEL MISMO. Las posibilidades de control político a las CMN son cada vez más limitadas. Por ejemplo, las compañías petroleras norteamericanas redujeron su identificación con el interés nacional estadounidense luego de la crisis energética de 1973, cuando SE LAS ACUSABA DE APOYAR EL EMBARGO PETROLERO DE LOS PAÍSES ÁRABES. Este caso pone en claro el dilema que presentan las CMN. Dichas instituciones organizan sus operaciones a escala global, y esto puede diferir de los intereses de sus países de origen. Hoy asistimos a un ejemplo claro, CMN petroleras iniciaron y apoyan la guerra de Irak cuando esta guerra resulta perjudicial al intereses estadounidenses. Esto es nada menos que la privatización de la guerra. Para la corriente liberal, las CMN buscan oportunidades rentables alrededor del mundo y por esa razón, comienzan a desconectarse de los países de origen. Como los capitales industriales migraron a Asia atraídos por las políticas estatales de promoción industrial hoy EEUU tiene que importar todas las manufacturas que consume. Lentamente, los EEUU se estan suicidando.
Déficit yanqui: interpretaciones
Un déficit de balanza comercial significa, en términos teóricos, que los consumidores estadounidenses compran más mercancías y servicios a productores de naciones extranjeras que a los productores norteamericanos durante un período preestablecido. Existen diferentes formas de interpretar este déficit. Defensores del libre comercio y del proteccionismo leen, a partir de los mismos resultados, causas y consecuencias diametralmente opuestas. Desde la perspectiva de los propulsores del libre comercio el comercio ha jugado un rol muy importante en el fortalecimiento de la prosperidad norteamericana: ha contribuido significativamente al rápido crecimiento económico, ha otorgado mejores estándares de vida y ha fomentado la creación de empleos; ha ayudado a mantener baja la inflación, haciendo sostenibles bajos niveles de desempleo; y el capital extranjero ha financiado altos niveles de inversión en plantas y equipamiento norteamericanos, ayudando a aumentar la productividad. Para los liberales los déficit comerciales son saludables (solo para EEUU, por supuesto, no para el resto del mundo) porque reflejan el flujo de capitales a través de las fronteras nacionales, flujos que están determinados por tasas nacionales de ahorro e inversión. Esto convierte a la política comercial en una herramienta ineficiente para reducir el déficit comercial. Los defensores del laissez-faire opinan que son equivocadas las preocupaciones que consideran que el incremento del comercio internacional conduce a un estancamiento de los salarios e incrementa la inequidad en la distribución del ingreso. Según ellos, el avance tecnológico es el factor más importante en los cambios de distribución del ingreso, proveyendo de mejores salarios a la mano de obra más capacitada. Para demostrar sus presupuestos dan el siguiente ejemplo. La economía estadounidense ha crecido más rápido en los noventa (años en los que el déficit comercial ha crecido) que en épocas en los que el déficit estaba estancado. Los déficits comerciales, por el contrario, pueden ser buenas noticias para la economía porque son signo de confianza de los inversores hacia los Estados Unidos y del aumento del poder de compra entre los consumidores domésticos. Lo importante no es la diferencia entre las importaciones y las exportaciones sino en qué extensión los norteamericanos se benefician de las oportunidades creadas para los consumidores en una economía abierta al mercado mundial. Para los aperturistas, entonces, las importaciones bendicen a los norteamericanos de muchas maneras: implican precios más bajos y más opciones para los consumidores, incrementan el salario real de los trabajadores presionando hacia abajo los precios. Al mismo tiempo, crean una competencia de precios donde los monopolios domésticos podrían existir e incentivan a los productores locales para controlar los costos y mejorar la calidad en respuesta a esta competencia externa. Desde su interpretación, en la década de los noventa la fuerza relativa de la economía norteamericana condujo a un incremento sustancial de las importaciones, mientras que la debilidad relativa de varios de sus socios comerciales originó una disminución en el crecimiento de las exportaciones estadounidenses. El flujo de capitales internacional, desde su punto de vista, es también consecuencia de la fuerza relativa de la economía norteamericana. Con una tasa más alta de retorno de la inversión el mercado estadounidense se convirtió en un destino atractivo para las inversiones. El beneficio derivado de esta situación fue el mantenimiento de un dólar fuerte que hizo a las exportaciones del país menos competitivas y a las importaciones más atractivas, contribuyendo de este modo al déficit comercial. En conclusión, consideran que una mala interpretación del déficit comercial amenaza con debilitar la libertad de comercio alentando soluciones dañinas a un problema que realmente no existe. Pronostican que cualquier intento de corregir el déficit comercial a través del proteccionismo, con subsidios a las exportaciones, o manipulación del circulante monetario fracasará porque ninguna de estas herramientas de intervención atacan las causas del déficit comercial. El mismo responde solamente a cambios en el flujo de inversión extranjera, que a su vez es determinado por las tasas de ahorro e inversión. Por el contrario, la lectura realizada desde los sectores proteccionistas considera que la globalización y el creciente déficit comercial de los Estados Unidos han sido muy costosos para las manufacturas nacionales y para los trabajadores del país. Según esta corriente las manifestaciones más importantes de este desequilibrio son:
- un pronunciado crecimiento en la desigualdad en la distribución del ingreso
norteamericano desde 1979 y el estancamiento de los ingresos para la
mayoría de las familias trabajadoras del país,
- la depreciación del salario para los trabajadores del sector productivo (que
representa un 80% de la fuerza total de trabajo),
- y, sobre todo, la declinación de la competitividad de los productos
norteamericanos en el mercado mundial.
Tal como opinan los defensores del libre comercio, las tasas de ahorro e inversión afectan la balanza comercial. Estos factores operan, por un lado, a través del nivel de ingreso nacional (con fuerte influencia en la demanda de importaciones) y, por otro lado, a través del flujo de capitales extranjeros y las fluctuaciones de la tasa de intercambio. Sin embargo, a diferencia de esta corriente, considera que los cambios en la competitividad de los bienes comerciables de una nación afectan también los niveles nacionales de ahorro e inversión, como a las exportaciones e importaciones. Las naciones más competitivas obtienen mayores ingresos y emplean más gente que las naciones menos competitivas, y esos niveles más altos de ingreso y empleo se trasladan en mayores ahorros. De allí que remarca que la competitividad es fundamental porque afecta precisamente al déficit comercial a través de las tasas de ahorro e inversión. En opinión de los proteccionistas el sector manufacturero soportará la carga de eliminar el déficit, a menos que se decida reducir las importaciones. Para ello se requiere aumentar las exportaciones del sector manufacturero para eliminar el déficit comercial. Respecto de las causas que provocan el dicho déficit, los sectores opuestos al libre comercio indiscriminado destacan factores de largo y corto plazo. Entre los primeros se presentan: relaciones inequitativas entre los Estados Unidos y sus mayores socios comerciales (por ejemplo con las potencias asiáticas), prácticas de dumping (que incrementan las importaciones norteamericanas), la pérdida de competitividad de las firmas estadounidenses (por un lado, respecto de los países en desarrollo que reducen los derechos laborales, los estándares medioambientales y los costos salariales; por el otro, con Europa y Japón, que poseen a menudo niveles más altos de crecimiento de la productividad que los Estados Unidos) y bajas tasas de ahorro en los Estados Unidos (que contribuyen a los problemas comerciales). Entre las problemáticas de corto plazo se presentan: los altos precios del petróleo y el lento crecimiento económico. También apuntan que es precisamente el sector manufacturero el que muestra las tasas más altas de déficit comercial. Para solucionar esto, recomiendan el desarrollo de políticas que reconstruyan el sector industrial, diseñando herramientas que fomenten a las multinacionales norteamericanas a mantener los empleos, la tecnología y la producción dentro de los Estados Unidos. Como podemos ver, el fenómeno del déficit comercial es uno de los casos más interesantes para comprender el nivel de contradicción de las dos corrientes. Es interesante observar que partiendo de los mismos resultados económicos se pueden hacer interpretaciones diametralmente opuestas.
- un pronunciado crecimiento en la desigualdad en la distribución del ingreso
norteamericano desde 1979 y el estancamiento de los ingresos para la
mayoría de las familias trabajadoras del país,
- la depreciación del salario para los trabajadores del sector productivo (que
representa un 80% de la fuerza total de trabajo),
- y, sobre todo, la declinación de la competitividad de los productos
norteamericanos en el mercado mundial.
Tal como opinan los defensores del libre comercio, las tasas de ahorro e inversión afectan la balanza comercial. Estos factores operan, por un lado, a través del nivel de ingreso nacional (con fuerte influencia en la demanda de importaciones) y, por otro lado, a través del flujo de capitales extranjeros y las fluctuaciones de la tasa de intercambio. Sin embargo, a diferencia de esta corriente, considera que los cambios en la competitividad de los bienes comerciables de una nación afectan también los niveles nacionales de ahorro e inversión, como a las exportaciones e importaciones. Las naciones más competitivas obtienen mayores ingresos y emplean más gente que las naciones menos competitivas, y esos niveles más altos de ingreso y empleo se trasladan en mayores ahorros. De allí que remarca que la competitividad es fundamental porque afecta precisamente al déficit comercial a través de las tasas de ahorro e inversión. En opinión de los proteccionistas el sector manufacturero soportará la carga de eliminar el déficit, a menos que se decida reducir las importaciones. Para ello se requiere aumentar las exportaciones del sector manufacturero para eliminar el déficit comercial. Respecto de las causas que provocan el dicho déficit, los sectores opuestos al libre comercio indiscriminado destacan factores de largo y corto plazo. Entre los primeros se presentan: relaciones inequitativas entre los Estados Unidos y sus mayores socios comerciales (por ejemplo con las potencias asiáticas), prácticas de dumping (que incrementan las importaciones norteamericanas), la pérdida de competitividad de las firmas estadounidenses (por un lado, respecto de los países en desarrollo que reducen los derechos laborales, los estándares medioambientales y los costos salariales; por el otro, con Europa y Japón, que poseen a menudo niveles más altos de crecimiento de la productividad que los Estados Unidos) y bajas tasas de ahorro en los Estados Unidos (que contribuyen a los problemas comerciales). Entre las problemáticas de corto plazo se presentan: los altos precios del petróleo y el lento crecimiento económico. También apuntan que es precisamente el sector manufacturero el que muestra las tasas más altas de déficit comercial. Para solucionar esto, recomiendan el desarrollo de políticas que reconstruyan el sector industrial, diseñando herramientas que fomenten a las multinacionales norteamericanas a mantener los empleos, la tecnología y la producción dentro de los Estados Unidos. Como podemos ver, el fenómeno del déficit comercial es uno de los casos más interesantes para comprender el nivel de contradicción de las dos corrientes. Es interesante observar que partiendo de los mismos resultados económicos se pueden hacer interpretaciones diametralmente opuestas.
Política comercial de EEUU
Hay contradicción entre el discurso estadounidense de libre comercio y sus prácticas proteccionistas. Formalmente, los Estados Unidos han apoyado la versión pura de libre comercio. Pero, al mismo tiempo, su propia práctica se ha alejado bastante de los supuestos del liberalismo económico que teóricamente profesan. Dada su vocación ideológica por el laissez-faire, toda política doméstica que se aleja de dicha norma ha sido pobremente planeada, falta de objetivos industriales de largo plazo y, generalmente, no ha ayudado ni al sistema comercial ni al propio interés norteamericano. Desde la perspectiva tradicional del liberalismo económico, las necesidades orientadas al interés nacional se limitan a la seguridad militar y geopolítica. También se refieren al interés del consumidor en el contexto de libre comercio. Sin embargo, grupos industriales, sindicatos y algunos representantes del Congreso pugnan por la protección de ciertos sectores de la economía nacional (como el siderúrgico o la agroindustria) dado su impacto sobre el mercado laboral en cuanto a los niveles de empleo, de salario y los estándares de trabajo y medioambientales. La devoción norteamericana por el laissez-faire implica que cualquier alejamiento del libre comercio, fenómeno que ocurre de manera intermitente es sobrellevado con culpa y sin un propósito estratégico, y es visto por las autoridades norteamericanas como concesiones infortunadas a políticas domésticas más que iniciativas económicas de desarrollo. A medida que las reglas de libre comercio en las últimas décadas han ganado terreno en el ámbito internacional, esto ha sucedido paralelamente a LA DECLINACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS COMO POTENCIA HEGEMÓNICA, por lo menos en el ámbito económico. Por lo tanto, el esfuerzo norteamericano por inyectar sus normas de laissez-faire como políticas directrices para otras naciones, mientras retiene su valorado rol de líder del sistema global, se traduce en un alto costo para su propia economía nacional. Las grandes corporaciones multinacionales (CMN) son en varios sentidos los agentes fundamentales de la globalización y, por ende, impulsoras de las políticas comerciales aperturistas. Más aun, algunos analistas consideran que el debate entre soberanía y comercio se desenvuelve EN LA TENSIÓN ENTRE ESTADO Y MULTINACIONALES Y NO ENTRE ESTADO Y MERCADO. Los flujos anuales de inversión directa extranjera de las CMN se incrementaron más rápidamente que el comercio tradicional. De 1973 a 1995, estos flujos se multiplicaron más de 12 veces (de 25 billones de dólares a 315 billones). En la actualidad, alrededor de un tercio del total del comercio mundial es producto del comercio intrafirma entre las CMN, otro tercio consiste en exportaciones de las CMN a otras no afiliadas, y el tercio restante al comercio entre firmas nacionales. A partir de la década de los ochenta, la tasa anual promedio de inversión directa extranjera mundial tuvo un crecimiento que no se había experimentado desde fines del siglo XIX. El resurgimiento de las ideas del liberalismo ortodoxo fue un factor fundamental para la eliminación de las restricciones al flujo de capitales. Los teóricos del libre comercio tienen una visión muy positiva de la inversión
extranjera. La misma, según ellos, provee financiación externa para compensar
cantidades insuficientes de ahorro interno e ingresos por exportaciones. Un dato llamativo es que LOS ESTADOS UNIDOS PERDIERON LA POSICIÓN DOMINANTE COMO FUENTE DE INVERSIÓN DIRECTA EXTRANJERA. Su participación cayó de 42 % en 1980 a 25 % en 1990 . Sin embargo, siguen manteniendo el primer lugar como receptor de este tipo de flujos internacionales (477.5 billones de dólares acumulados entre 1985-95). En términos generales, los Estados Unidos han sido el principal defensor de la liberalización de las políticas de inversión extranjera y se presentaron críticos hacia aquellos países que sostenían políticas intervencionistas en los setenta. Pero, irónicamente fueron el único país industrial que cambió su política en los ochenta, como resultado de la declinación de la hegemonía económica del país, y por lo tanto, LA DISMINUCIÓN DE LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y EL AUMENTO DE LA IMPORTACIÓN DEL MISMO. Cuando los Estados Unidos estaban en proceso de emergencia como potencia hegemónica, los flujos de inversión directa extranjera que salían del país eran considerados relativamente poco costosos porque ningún grupo de interés local lo veían como negativo a sus intereses. Cuando su situación hegemónica
comenzó a declinar, algunos grupos como los sindicatos comenzaron a percibir
que la salida de flujo de capitales tenía efectos negativos en la economía nacional. Sin embargo, las posibilidades de control político a las CMN son cada vez más limitadas. Por ejemplo, las compañías petroleras norteamericanas redujeron su identificación con el interés nacional estadounidense luego de la crisis energética de 1973, cuando SE LAS ACUSABA DE APOYAR EL EMBARGO PETROLERO DE LOS PAÍSES ÁRABES. Este caso pone en claro el dilema que presentan las CMN. Dichas instituciones organizan sus operaciones a escala global, y esto puede diferir de los intereses de sus países de origen. Hoy asistimos a un ejemplo claro, CMN petroleras apoyan la guerra de Irak cuando esta guerra resulta perjudicial al intereses de los estadounidenses. Para la corriente liberal, las CMN buscan oportunidades rentables alrededor del mundo y por esa razón, comienzan a desconectarse de los países de origen. Por lo tanto, la competitividad de un estado no está asociada con la competitividad de sus CMN. La legislación antidumping norteamericana, según sus defensores, asegura el comercio justo, contrarrestando las distorsiones de mercado causadas por gobiernos extranjeros. Pero algunas compañías que desean escapar a la competencia usan estas leyes para inclinar el campo de juego más que para nivelarlo. El gobierno norteamericano permite a las industrias nacionales el pedido de protección antidumping a través de la Ley de Comercio y Tarifas de 1974. Un organismo gubernamental investiga a los países con patrones consistentes de prácticas comerciales injustas. Si esas prácticas son consideradas injustificadas o no razonables, el gobierno norteamericano trata de "persuadir" al país en cuestión que interrumpa su comportamiento no competitivo en un espacio específico de tiempo. Si esas prácticas continúan el presidente de los Estados Unidos debe tomar represalias, en un valor equivalente, contra las mercancías del país extranjero en cuestión. También otorga incentivos a las industrias para buscar protección, ya que al mismo tiempo pueden ser recompensadas financieramente. La reacción no se ha hecho esperar y otros países han comenzado a usar los mismos mecanismos contra las exportaciones norteamericanas. Los casos que recurren a esta normativa legal no requieren demostrar un hecho de comercio injusto; solamente tienen que probar que las importaciones están produciendo un daño en su industria. Es obvio que las leyes de los Estados Unidos en su planteo actual y el apoyo del país para profundizar la liberalización del comercio mundial no son metas complementarias sino más bien antagónicas y aun incompatibles. La industria del acero en los Estados Unidos ha presionado para que se autorice subsidios y protección al comercio para frenar el resurgimiento de las importaciones acereras al país. Los representantes de la industria argumentan que el daño en la industria
siderúrgica fue producto de las importaciones. Desde 1998 las acereras estadounidenses han cerrado 31 plantas y se han perdido 45 mil empleos en la industria. Después de la crisis asiática (1997 - 1998), que causó la caída abrupta de las monedas de los países de Oriente con respecto al dólar estadounidense y, por consiguiente, abarató los costos de las mercancías asiáticas, la industria sostuvo que le resultaba cada vez más difícil competir con los bajos precios de las importaciones de aquellos países. En esta coyuntura, como en otras anteriores, cada vez que se presenta una crisis la industria es protegida con tarifas a las importaciones, además de subsidios y garantías de préstamos. Cada vez que la protección es puesta bajo cuestionamiento (por ejemplo para armonizar políticas multilaterales con la OMC), los productores reclaman que necesitan tiempo para recomponerse del asalto al mercado norteamericano perpetrado por importaciones de precios injustos, para redefinirse y comenzar a ser competitivos internacionalmente. A pesar de la consistente protección que la industria del acero ha recibido se encuentra en una situación comprometida. Después de tres décadas, el nivel de empleo en la industria cayó dramáticamente. Desde los grupos defensores de la protección se considera que es precisamente la apertura comercial la culpable de esta problemática social y que antes que eliminar el apoyo del gobierno este se debe reforzar. Para aquellos que defienden la idea de libre comercio resulta imperioso llevar a cabo una reestructuración de la industria (a la que califican como no competitiva); eliminando la capacidad ociosa y reduciendo la producción hasta los niveles de consumo. Para aquellos que participan de la industria es necesario preservar y aumentar el apoyo, principalmente desde la justificación del mantenimiento de las oportunidades de trabajo como elemento esencial del bienestar social y, en consecuencia, del interés nacional. Los Estados Unidos protegen el sector de la agricultura a través de subsidios. Estos funcionan como barreras no arancelarias al comercio ya que inclinan el terreno para favorecer a unos productores sobre otros. Desde la Gran Depresión de la década del treinta, los productores estadounidenses recibieron grandes cantidades de asistencia del gobierno federal. Los agricultores crecieron acostumbrados a recibir un cheque por correo y se apoyan en los subsidios más que en el libre mercado. Desde la postura del libre comercio, los subsidios no sólo llevan a la sobreproducción, sino que también generan en forma artificial precios muy bajos, llevando a los consumidores a descartar mercancías extranjeras y manteniéndolas fuera del mercado. Según esta corriente, los Estados Unidos manifiestan una postura poco congruente: mientras se quejan justificadamente de los subsidios impuestos por la UE, tanto los productos lácteos como el azúcar norteamericano exceden con sus subsidios a los de los mismos productos de la competencia europea. Siguiendo este punto de vista, los socios comerciales difícilmente acepten esta falta de coherencia y pueden responder con barreras comerciales adicionales que dañen las facilidades de exportación estadounidense (un tercio de su producción doméstica). Por lo tanto, para mantener su credibilidad como líder de la economía global, los Estados Unidos deben ofrecer la eliminación de sus barreras arancelarias y no arancelarias a productos agropecuarios. Después de un intenso debate entre los defensores del libre comercio y los proteccionistas el Ejecutivo promulgó en mayo de 2002 la Ley de Mejoramiento Agrícola, de Conservación y Rural . La misma distribuirá 190 mil millones de dólares entre productores norteamericanos en los próximos 10 años. La medida representa un aumento de 18.900 millones de dólares al presupuesto sugerido por la Cámara de Representantes al inicio del corriente año. En concordancia con los temores de los grupos defensores del libre comercio, la aplicación de la nueva ley de subsidios agrícolas generó reacciones entre aquellos países que tienen un intenso intercambio comercial con los Estados Unidos, sobre todo en la actualidad que existe una arena mundial de debate como la OMC. Consiguientemente, los norteamericanos no tienen mucho margen de maniobra para presionar a otros países a bajar las medidas arancelarias y no arancelarias agrícolas mientras el Congreso estadounidense trabaja para incrementar internamente las barreras no arancelarias. Los grupos que se manifiestan en contra de los subsidios presentan públicamente, particularmente en ámbitos académicos, la necesidad de reducir la protección. Sin embargo, los defensores de estas medidas son más efectivos en la práctica; logran sus cometidos a través de un aceitado contacto con grupos de legisladores que a fin de cuentas determinan las orientaciones de las leyes en la materia y presionan al Ejecutivo para continuar con el apoyo gubernamental.
extranjera. La misma, según ellos, provee financiación externa para compensar
cantidades insuficientes de ahorro interno e ingresos por exportaciones. Un dato llamativo es que LOS ESTADOS UNIDOS PERDIERON LA POSICIÓN DOMINANTE COMO FUENTE DE INVERSIÓN DIRECTA EXTRANJERA. Su participación cayó de 42 % en 1980 a 25 % en 1990 . Sin embargo, siguen manteniendo el primer lugar como receptor de este tipo de flujos internacionales (477.5 billones de dólares acumulados entre 1985-95). En términos generales, los Estados Unidos han sido el principal defensor de la liberalización de las políticas de inversión extranjera y se presentaron críticos hacia aquellos países que sostenían políticas intervencionistas en los setenta. Pero, irónicamente fueron el único país industrial que cambió su política en los ochenta, como resultado de la declinación de la hegemonía económica del país, y por lo tanto, LA DISMINUCIÓN DE LA EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y EL AUMENTO DE LA IMPORTACIÓN DEL MISMO. Cuando los Estados Unidos estaban en proceso de emergencia como potencia hegemónica, los flujos de inversión directa extranjera que salían del país eran considerados relativamente poco costosos porque ningún grupo de interés local lo veían como negativo a sus intereses. Cuando su situación hegemónica
comenzó a declinar, algunos grupos como los sindicatos comenzaron a percibir
que la salida de flujo de capitales tenía efectos negativos en la economía nacional. Sin embargo, las posibilidades de control político a las CMN son cada vez más limitadas. Por ejemplo, las compañías petroleras norteamericanas redujeron su identificación con el interés nacional estadounidense luego de la crisis energética de 1973, cuando SE LAS ACUSABA DE APOYAR EL EMBARGO PETROLERO DE LOS PAÍSES ÁRABES. Este caso pone en claro el dilema que presentan las CMN. Dichas instituciones organizan sus operaciones a escala global, y esto puede diferir de los intereses de sus países de origen. Hoy asistimos a un ejemplo claro, CMN petroleras apoyan la guerra de Irak cuando esta guerra resulta perjudicial al intereses de los estadounidenses. Para la corriente liberal, las CMN buscan oportunidades rentables alrededor del mundo y por esa razón, comienzan a desconectarse de los países de origen. Por lo tanto, la competitividad de un estado no está asociada con la competitividad de sus CMN. La legislación antidumping norteamericana, según sus defensores, asegura el comercio justo, contrarrestando las distorsiones de mercado causadas por gobiernos extranjeros. Pero algunas compañías que desean escapar a la competencia usan estas leyes para inclinar el campo de juego más que para nivelarlo. El gobierno norteamericano permite a las industrias nacionales el pedido de protección antidumping a través de la Ley de Comercio y Tarifas de 1974. Un organismo gubernamental investiga a los países con patrones consistentes de prácticas comerciales injustas. Si esas prácticas son consideradas injustificadas o no razonables, el gobierno norteamericano trata de "persuadir" al país en cuestión que interrumpa su comportamiento no competitivo en un espacio específico de tiempo. Si esas prácticas continúan el presidente de los Estados Unidos debe tomar represalias, en un valor equivalente, contra las mercancías del país extranjero en cuestión. También otorga incentivos a las industrias para buscar protección, ya que al mismo tiempo pueden ser recompensadas financieramente. La reacción no se ha hecho esperar y otros países han comenzado a usar los mismos mecanismos contra las exportaciones norteamericanas. Los casos que recurren a esta normativa legal no requieren demostrar un hecho de comercio injusto; solamente tienen que probar que las importaciones están produciendo un daño en su industria. Es obvio que las leyes de los Estados Unidos en su planteo actual y el apoyo del país para profundizar la liberalización del comercio mundial no son metas complementarias sino más bien antagónicas y aun incompatibles. La industria del acero en los Estados Unidos ha presionado para que se autorice subsidios y protección al comercio para frenar el resurgimiento de las importaciones acereras al país. Los representantes de la industria argumentan que el daño en la industria
siderúrgica fue producto de las importaciones. Desde 1998 las acereras estadounidenses han cerrado 31 plantas y se han perdido 45 mil empleos en la industria. Después de la crisis asiática (1997 - 1998), que causó la caída abrupta de las monedas de los países de Oriente con respecto al dólar estadounidense y, por consiguiente, abarató los costos de las mercancías asiáticas, la industria sostuvo que le resultaba cada vez más difícil competir con los bajos precios de las importaciones de aquellos países. En esta coyuntura, como en otras anteriores, cada vez que se presenta una crisis la industria es protegida con tarifas a las importaciones, además de subsidios y garantías de préstamos. Cada vez que la protección es puesta bajo cuestionamiento (por ejemplo para armonizar políticas multilaterales con la OMC), los productores reclaman que necesitan tiempo para recomponerse del asalto al mercado norteamericano perpetrado por importaciones de precios injustos, para redefinirse y comenzar a ser competitivos internacionalmente. A pesar de la consistente protección que la industria del acero ha recibido se encuentra en una situación comprometida. Después de tres décadas, el nivel de empleo en la industria cayó dramáticamente. Desde los grupos defensores de la protección se considera que es precisamente la apertura comercial la culpable de esta problemática social y que antes que eliminar el apoyo del gobierno este se debe reforzar. Para aquellos que defienden la idea de libre comercio resulta imperioso llevar a cabo una reestructuración de la industria (a la que califican como no competitiva); eliminando la capacidad ociosa y reduciendo la producción hasta los niveles de consumo. Para aquellos que participan de la industria es necesario preservar y aumentar el apoyo, principalmente desde la justificación del mantenimiento de las oportunidades de trabajo como elemento esencial del bienestar social y, en consecuencia, del interés nacional. Los Estados Unidos protegen el sector de la agricultura a través de subsidios. Estos funcionan como barreras no arancelarias al comercio ya que inclinan el terreno para favorecer a unos productores sobre otros. Desde la Gran Depresión de la década del treinta, los productores estadounidenses recibieron grandes cantidades de asistencia del gobierno federal. Los agricultores crecieron acostumbrados a recibir un cheque por correo y se apoyan en los subsidios más que en el libre mercado. Desde la postura del libre comercio, los subsidios no sólo llevan a la sobreproducción, sino que también generan en forma artificial precios muy bajos, llevando a los consumidores a descartar mercancías extranjeras y manteniéndolas fuera del mercado. Según esta corriente, los Estados Unidos manifiestan una postura poco congruente: mientras se quejan justificadamente de los subsidios impuestos por la UE, tanto los productos lácteos como el azúcar norteamericano exceden con sus subsidios a los de los mismos productos de la competencia europea. Siguiendo este punto de vista, los socios comerciales difícilmente acepten esta falta de coherencia y pueden responder con barreras comerciales adicionales que dañen las facilidades de exportación estadounidense (un tercio de su producción doméstica). Por lo tanto, para mantener su credibilidad como líder de la economía global, los Estados Unidos deben ofrecer la eliminación de sus barreras arancelarias y no arancelarias a productos agropecuarios. Después de un intenso debate entre los defensores del libre comercio y los proteccionistas el Ejecutivo promulgó en mayo de 2002 la Ley de Mejoramiento Agrícola, de Conservación y Rural . La misma distribuirá 190 mil millones de dólares entre productores norteamericanos en los próximos 10 años. La medida representa un aumento de 18.900 millones de dólares al presupuesto sugerido por la Cámara de Representantes al inicio del corriente año. En concordancia con los temores de los grupos defensores del libre comercio, la aplicación de la nueva ley de subsidios agrícolas generó reacciones entre aquellos países que tienen un intenso intercambio comercial con los Estados Unidos, sobre todo en la actualidad que existe una arena mundial de debate como la OMC. Consiguientemente, los norteamericanos no tienen mucho margen de maniobra para presionar a otros países a bajar las medidas arancelarias y no arancelarias agrícolas mientras el Congreso estadounidense trabaja para incrementar internamente las barreras no arancelarias. Los grupos que se manifiestan en contra de los subsidios presentan públicamente, particularmente en ámbitos académicos, la necesidad de reducir la protección. Sin embargo, los defensores de estas medidas son más efectivos en la práctica; logran sus cometidos a través de un aceitado contacto con grupos de legisladores que a fin de cuentas determinan las orientaciones de las leyes en la materia y presionan al Ejecutivo para continuar con el apoyo gubernamental.
Economía japonesa
Después de los EEUU, la economía japonesa es la más grande del mundo, con aproximadamente un 15% del PIB mundial. Es más grande que la suma de las economías de Alemania, Reino Unido y Francia, y por sí sola representa casi tres cuartas partes de la economía del continente asiático. Esto parecía imposible de lograr en 1.945 cuando el país quedó prácticamente devastado moral y económicamente por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, LA TECNOLOGÍA ES LA BASE DE SU RIQUEZA, que está sustentada en el desarrollo eficiente y masivo de la industria siderúrgica, la textil, la química, la óptica, la electrónica, la robótica, la espacial y la automotriz. Este avance económico japonés tiene un doble mérito pues este país carece prácticamente de recursos naturales y depende de las importaciones para poder adquirir energía, productos alimentarios y materias primas. Tras la guerra, la devastación no sólo se tradujo en víctimas humanas sino que se destruyó prácticamente toda la industria, gran parte de la infraestructura y dañó la poca producción agrícola del país. Además, dejó unos diez millones de desocupados, destrucción general de viviendas, una inflación creciente y la masiva movilización de gente que huía de la destrucción. Entonces la económica japonesa SE ORIENTÓ A CONSEGUIR ALTOS NIVELES EN AHORROS E INVERSIONES. El gobierno mantuvo bajas las tasas de intereses para aumentar los niveles de inversiones y puso en marcha planes para incentivar la industria del acero, la energía, construcciones, petroquímicos, ect. También hubo préstamos bancarios, con fondos fuera de presupuesto, que fueron clave para la expansión industrial. En fin, la formula es siempre la misma, hasta resultado aburrido repetirla una y otra vez. Pero los japoneses tienen algo que los caracteriza: su mayor y excepcional capacidad de mejorar la tecnología importada y venderla a un mejor precio en el mercado internacional. COMPRARON PATENTES TECNOLÓGICAS A OCCIDENTE Y ADQUIRIERON LAS MAQUINARIAS MÁS MODERNAS PARA LUEGO DESARMARLAS, ESTUDIARLAS Y DESCUBRIR HASTA SUS MÁS MÍNIMOS DEFECTOS Y FALLAS. Fue así que comenzaron a producir mejores modelos y mejor precio que los originales. Entre 1950 y 1978, Japón pagó 9.000 millones de dólares para un total de 32 mil convenios para construir con licencias y técnicas de vanguardia. Esta cantidad representa alrededor de la quinta parte de lo que gasto Estados Unidos por año durante este período. El soporte estatal para desarrollar al máximo la industria fue indispensable para el auge económico nipón y ya, desde 1946, se crearon una serie de instituciones económicas, financieras y bancarias con el fin de estimular la recuperación económica. En 1961, el primer ministro japonés, Ikeda Hayato, presentó un programa que se fijaba el objetivo de duplicar la renta nacional en un plazo de diez años. El plan se basaba en una expansión de las exportaciones a un ritmo cercano al 10% anual. Los principales rubros exportados eran maquinaria y químicos; los principales compradores, los EEUU, Europa occidental y los países del Sudeste Asiático. Los índices del comercio exterior japonés revelan que de 1960 a 1970 hubo un crecimiento de 43,9% a 200,8%. La economía era dominada por un número relativamente pequeño de fabricantes a gran escala, como Mitsubishi, Mitsui, Sumtono y Fuji. También habían varias empresas nuevas de líneas de producción, que perduran hasta hoy y que son Hitachi, Toyota, y Nissan. GRACIAS AL CONTROL ESTATAL SOBRE EL COMERCIO EXTERIOR, TODAS ESTAS EMPRESAS GOZABAN DE CIERTA PROTECCIÓN CONTRA LA COMPETENCIA EXTRANJERA, EN TANTO COMPETÍAN POR UNA POSICIÓN EN EL MERCADO INTERNO. En 1970, algo más del 30% de las exportaciones iban a EEUU, alrededor del 15% a Europa occidental y más del 15% al sudeste asiático, donde los principales compradores eran Hong Kong, Tailandia, Filipinas y Singapur. A fines de 1973 comienza el período de la crisis del petróleo. Ésta generó en la economía mundial cambios que pusieron fin a la fase japonesa de un crecimiento económico excepcionalmente rápido. Como el país que dependía del petróleo, Japón sufrió un enorme aumento en sus facturas de importaciones y una subida general de los precios. La subida de los precios del petróleo tuvo su mayor impacto en los mayores usuarios de energía, como la industria del acero y la petroquímica. Por otro lado, la recesión mundial provocó una caída en la demanda exterior de productos, como barcos, maquinarias y herramientas. Al sobrevenir estos cambios, EL GOBIERNO DECIDIÓ DAR UNA NUEVA ORIENTACIÓN A LA INDUSTRIA: ALEJARSE DE LAS QUE TENÍAN FUERTE DEPENDENCIA DE LAS MATERIAS PRIMAS IMPORTADAS Y ACERCARSE, SOBRE TODO MEDIANTE INNOVACIONES TECNOLÓGICAS, A LAS QUE REFLEJARAN VALORES MAS ALTOS Y MAS NUEVOS. En ésta categoría se incluía la industria automovilística, en 1980 Japón producía más coches que EEUU. A su vez, la industria informática cobró un gran auge. El cambio de relación entre importaciones y exportaciones había puesto la balanza comercial japonesa con un saldo positivo durante veinte años. Esto permitio salidas sustanciales de capital a largo plazo, que al cabo de algunos años convirtieron a Japón en uno de los principales países acreedores del mundo. A fines de 1987 las inversiones directas japonesas en el extranjero habían alcanzado los veintitrés billones de dólares.
La bancarrota yanqui
Delphi Corp., el fabricante de autopartes que se acogió a la protección por bancarrota el sábado, planea cerrar o vender una parte "sustancial" de sus operaciones en Estados Unidos. Ayer aún no estaba claro si Delphi pediría al Pension Benefit Guaranty Corp., la ya sobrecargada agencia gubernamental estadounidense que se encarga de los pagos de pensiones de las empresas en bancarrota, que administre su plan de pensiones, cuyo déficit llega a US$ 4300 millones. Aunque la empresa no ha detallado cuáles o cuántas plantas cerrará, prometió que General Motors Corp. y otros clientes pueden contar con Delphi para continuar operando sin problemas mientras la empresa transita por el proceso de bancarrota. Un mensaje nada tranquilizados para sus clientes, por cierto. Aunque otras empresas de la industria automotriz de EE.UU. han solicitado la protección de un tribunal de bancarrotas, Delphi es lejos la más importante, con ingresos anuales de US$ 28.000 millones. ES LA SEÑAL MÁS CLARA HASTA EL MOMENTO DE QUE LA TRADICIONAL INDUSTRIA AUTOMOTRIZ ESTADOUNIDENSESE ESTÁ TRANSITANDO EL MISMO CAMINO TORTUOSO Y DECLINANTE QUE RECORRIERON PREVIAMENTE LAS SIDERÚRGICAS Y LAS AEROLÍNEAS. La quiebra de Delphi probablemente impacte a toda la industria automotriz. La compañía, que formó parte de GM, es hoy el principal proveedor de GM. Le vende US$ 14.000 millones al año en autopartes. Por otra parte, en setiembre de 2005 Delta Air y Northwest Airlines, la tercera y cuarta aerolíneas estadounidenses por número de pasajeros, se declararon en quiebra. Estas dos bancarrotas se unen a las de United y US Airways elevándose a cuatro el número de compañías aéreas del país en reconocer la situación desde 2001. A fines de 2002 United Airlines presentó también su declaración de bancarrota y que aún espera salir de ella, y US Airways, que en 2004 se vio obligada a declararse en quiebra por segunda vez en dos años. Delta que se enfrenta una deuda de más de 20.000 millones de dólares, y Northwest presentaron su solicitud ante el Tribunal federal de Bancarrotas de Nueva York, y pasan a formar parte del grupo de aerolíneas que desde 2002 operan en bancarrota. Delta ha perdido alrededor de 10.000 millones de dólares en los últimos cuatro años pese a las distintas medidas de reestructuración anunciadas. ¿Y que pasa con el resto de las compañias que “aparentemente” andan bien en yaquilandia?. Probablemente pase lo mismo que con Enron y Worldcom. Los balances estarian "retocados" y "maquillados" a piaccere. Las empresas norteamericanas dibujan los números, maquillan las cifras, manipulan los resultados tal como hacen nuestro paisanos. Worldcom, la empresa de telecomunicaciones durante años presentó sus costos como valor de capital, con tal proceder, Worldcom enviaba señales falsas a Wall Street ocultando la verdadera situación en que se encontraba la compañía y el desarrollo de sus negocios. ¿Cuál es el estado real de la economía yanqui? Un misterio, seguramente muy malo.
sábado, 8 de octubre de 2005
La Economía Mixta
La ECONOMÍA MIXTA es el legado más valioso del siglo XX al XXI. El siglo XIX descubrió el capitalismo. El XX aprendió a manejarlo y a hacerlo más productivo creando la economía mixta. La simple idea de que estado y mercados son complementarios permitió la prosperidad sin precedentes que vivieron Estados Unidos, Europa occidental y partes del sudeste asiático durante la segunda mitad de la centuria pasada. La comprobación de que INICIATIVA PRIVADA Y ACCIÓN COLECTIVA son, ambas, necesarias para el éxito económico llegó algo tarde a los países en desarrollo. El ejemplo aparentemente exitoso de la Unión Soviética y la ideología anti-mercado de las élites nacionales que la gobernaban dieron como resultado estrategias de desarrollo FUERTEMENTE CENTRADAS EN EL ESTADO. En todo el mundo en desarrollo, el sector privado era visto con escepticismo y la iniciativa privada estaba fuertemente acotada. Esas posiciones sufrieron una transformación radical durante los años '80. El "consenso de Washington", que predicaba privatización, desregulación y liberalización del comercio, fue adoptado con entusiasmo por los políticos en América. El papel asignado al gobierno no iba más allá del de mantener la estabilidad macroeconómica y proveer educación. LA PRIORIDAD ERA REDUCIR EL ESTADO, NO HACERLO MÁS EFICIENTE. Una visión más equilibrada comenzó a aparecer durante los últimos años del siglo XX, cuando el Consenso de Washington no exhibía los resultados que había prometido. Tres acontecimientos echaron leña al fuego del descontento con la ortodoxia. Primero, el lamentable fracaso del intento ruso de privatización y reforma de estructura de precios SIN CONTAR CON UN SÓLIDO APARATO LEGAL, REGULATORIO Y POLÍTICO. Segundo, la generalizada insatisfacción con las reformas de mercado en América. El tercero y más reciente fue la crisis financiera asiática que destapó los peligros de permitir que la liberalización financiera se anteponga a una adecuada regulación. Y así entramos al siglo XXI con una mejor comprensión de la complementariedad entre estado y mercados - una mayor apreciación de las virtudes de la economía mixta. Muchos países en desarrollo tuvieron insólitas tasas de crecimiento durante el período de posguerra hasta finales de los '70. Más de 40 de ellos crecieron a tasas superiores a 2,5% per capita al año hasta el primer shock petrolero. La lista de países con este envidiable registro va mucho más allá del puñado de conocidos países asiáticos y cubre todo el globo. La mayoría de los países que tuvieron buenos resultados en este período adoptó políticas de sustitución de importaciones (ISI). Esas políticas generaron crecimiento y crearon mercados nacionales protegidos y por lo tanto rentables para las inversiones de empresarios nacionales. Contrariamente a la sabiduría convencional, el crecimiento inducido por las ISI no produjo enormes ineficiencias a escala económica. En realidad, el desempeño de la productividad en muchos países latinoamericanos y del medio oriente fue, en perspectiva comparativa, ejemplar. Durante el período 1960-73, países como Brasil, República Dominicana y Ecuador en América latina; Irán, Marruecos y Túnez en el oriente medio; Costa de Marfil y Kenia en África, todos experimentaron un crecimiento de la productividad MÁS RÁPIDO QUE CUALQUIERA DE LOS PAÍSES DEL SUDESTE ASIÁTICO. Los mismo puede decirse de México, Bolivia, Panamá, Argelia, Tanzania y Zaire. Como estrategia de industrialización, tendiente a elevar inversión interna y mejorar productividad, la sustitución de importaciones aparentemente funcionó bastante bien en gran cantidad de países hasta por lo menos mediados de la década de 1970. A pesar de sus problemas, la sustitución de importaciones como estrategia de industrialización tuvo logros más que respetables. Luego del shock petrolero de 1973, sin embargo, las cosas comenzaron a verse de manera muy diferente. La tasa media de crecimiento para todos los países en desarrollo cayó. El Oriente medio y América latina, que antes de 1973 iban a la cabeza del mundo en desarrollo en cuanto a aumento de la productividad, no sólo se rezagaron sino que en realidad tuvieron crecimiento negativo de allí en más. Sólo el sudeste asiático mantuvo su propia tasa de crecimiento, mientras que el sur de Asia mejoró su desempeño. ¿Fue esto resultado del "agotamiento" de las políticas de sustitución de importaciones?. El hecho que algunos de los más ardientes seguidores de las políticas de sustitución de importaciones en el sur de Asia (India y Pakistán en particular) lograran o bien mantener su tasa de crecimiento después de 1973 (Pakistán) o aumentarla (India) también sugiere que lo que estaba en juego era algo más que la industrialización por medio de sustitución de importaciones. La verdadera historia es simple. La causa directa del colapso económico fue la incapacidad de estados débiles para ajustar adecuadamente las políticas macroeconómicas luego de esos shocks externos. La gran lección del siglo XX es que el desarrollo exitoso requiere MERCADOS RESPALDADOS POR SÓLIDAS INSTITUCIONES PÚBLICAS. Los países en desarrollo que no tenían instituciones publicas sólidas no pudieron superar la crisis de l973. Los gobiernos con estados fuertes y bien organizados del sudeste asiático si lo hicieron. Ahí radica la explicación. El desajuste macroeconómico que produjo la crisis de 1974 provoco inflación alta, escasez de divisa extranjera, desequilibrios en los pagos externos y crisis de la deuda. Fue esto lo que hizo fracasar a la ISI. Las políticas industriales por si mismas tuvieron muy poco que ver con el advenimiento de la crisis. Y la crisis provoco profunda divisiones sociales en los países que la padecieron. Las sociedades con profundas divisiones sociales e instituciones débiles tienen una marcada tendencia al mal manejo de los shocks internacionales. En esas sociedades, los costos económicos de los sacudones exógenos, como el deterioro comercial, aumentan por los conflictos distributivos que desencadenan. Esos conflictos reducen la productividad con que se utilizan los recursos de la sociedad de diversas maneras: demorando ajustes necesarios en políticas fiscales y alejando las actividades de las esferas de la producción y de la empresa. La sustitución de importaciones funcionó bastante bien durante un período de aproximadamente dos décadas. Hizo crecer la inversión y generó un crecimiento económico sin precedentes en una cantidad de países en América latina, Oriente medio, Noráfrica y hasta en el África subsahariana. Cuando las economías de esos mismos países comenzaron a desarmarse en la segunda mitad de los '70, las razones tuvieron muy poco que ver con las políticas de sustitución de importaciones per se o con la magnitud del intervencionismo del gobierno. Los países que aguantaron la tormenta fueron aquellos en los que los gobiernos implementaron los adecuados ajustes macroeconómicos (en las áreas de política fiscal, monetaria y cambiaria) con rapidez y decisión. Fue la capacidad de los estados para manejar los conflictos sociales internos desencadenados por la turbulencia de la economía mundial durante los años '70 lo que marcó la diferencia entre crecimiento continuado y colapso económico. Los países con divisiones sociales más profundas e instituciones más débiles (particularmente en manejo de conflictos) experimentaron un catastrófico deterioro económico en respuesta a los shocks externos de los '70. La principal diferencia entre América latina y, digamos, el sudeste asiático no fue que la primera se mantuvo cerrada y aislada mientras que la segunda se integró a la economía mundial. La principal diferencia fue que a la primera le resultó mucho más difícil hacer frente al sacudón proveniente de la economía mundial. Los países que se vieron en problemas fueron lo que no pudieron manejar la apertura, no los que no están suficientemente abiertos. La experiencia con el desarrollo de la última mitad del siglo revela que los países que mejor se desempeñaron son aquellos que liberalizaron parcialmente y gradualmente. China, por supuesto, se destaca en este respecto, ya que su impresionante éxito desde 1978 se debe a una estrategia basada en un doble camino: gradualismo y experimentación. Salvo Hong Kong, que siempre fue un refugio del laissez-faire, todos los demás casos de éxito en el sudeste asiático siguieron el camino de reforma gradual. India, que funcionó bastante bien en los '90, también liberalizó sólo parcialmente. Todos esos países liberaron las energías de sus sectores privados pero lo hicieron de manera cautelosa y controlada. Comparemos estos ejemplos con las drásticas reformas implementadas en América latina y los ex países socialistas. Como estas últimas fueron tan radicales y requirieron masivos préstamos de otros países, su éxito dependía de la creación de una amplia gama de instituciones nuevas rápidamente y desde cero. Esa era una tarea titánica. Tal vez no sorprenda que la transición resulto un fracaso rotundo..
Por lo tanto, las estrategias de reforma orientadas al mercado deben reconocer no sólo que las instituciones son importantes, sino que lleva tiempo y esfuerzo alterar las instituciones existentes. Las políticas que restringen la importación de equipos de capital, suben el precio interno de bienes de capital y así reducen los niveles reales de inversión tienen que considerarse indeseables prima facie. Las exportaciones, a su vez, son importantes pues es con eso que se compran equipos importados. Pero es igualmente cierto que ningún país se ha desarrollado simplemente abriendo sus fronteras al comercio y a la inversión internacionales. El truco en los casos exitosos estuvo en COMBINAR LAS OPORTUNIDADES OFRECIDAS POR LOS MERCADOS MUNDIALES CON UNA ESTRATEGIA DE INVERSIÓN INTERNA para estimular los instintos animales de los emprendedores locales. Casi todos los casos notables implican una apertura parcial y gradual a las importaciones y la inversión externa. No existen casos , en el mundo, que demuestren que la liberalización del comercio esté sistemáticamente asociada a las altas tasas de crecimiento. Todos los países avanzados de la actualidad lograron su crecimiento DETRÁS DE BARRERAS ARANCELARIAS, Y SÓLO DESPUÉS REDUJERON LA PROTECCIÓN. Solo estados fuertes, bien organizados y eficientes son capaces de estar permanentemente protegiendo y liberando en los momentos adecuados.
Por lo tanto, las estrategias de reforma orientadas al mercado deben reconocer no sólo que las instituciones son importantes, sino que lleva tiempo y esfuerzo alterar las instituciones existentes. Las políticas que restringen la importación de equipos de capital, suben el precio interno de bienes de capital y así reducen los niveles reales de inversión tienen que considerarse indeseables prima facie. Las exportaciones, a su vez, son importantes pues es con eso que se compran equipos importados. Pero es igualmente cierto que ningún país se ha desarrollado simplemente abriendo sus fronteras al comercio y a la inversión internacionales. El truco en los casos exitosos estuvo en COMBINAR LAS OPORTUNIDADES OFRECIDAS POR LOS MERCADOS MUNDIALES CON UNA ESTRATEGIA DE INVERSIÓN INTERNA para estimular los instintos animales de los emprendedores locales. Casi todos los casos notables implican una apertura parcial y gradual a las importaciones y la inversión externa. No existen casos , en el mundo, que demuestren que la liberalización del comercio esté sistemáticamente asociada a las altas tasas de crecimiento. Todos los países avanzados de la actualidad lograron su crecimiento DETRÁS DE BARRERAS ARANCELARIAS, Y SÓLO DESPUÉS REDUJERON LA PROTECCIÓN. Solo estados fuertes, bien organizados y eficientes son capaces de estar permanentemente protegiendo y liberando en los momentos adecuados.
India
La India encabeza, junto con China, una revolución económica. La economía india creció más rápido de lo esperado en la primera mitad de 2005, gracias a un abrupto INCREMENTO DE LAS EXPORTACIONES INDUSTRIALES. Se esperaba un 7 % y creció un 8,1 %. La enorme capacidad industrial de India y su creciente riqueza la han convertido en una de las economías de desarrollo más acelerado a nivel mundial. Las reservas de divisas superaron la marca de los US$ 100.000 millones, y las tasas de interés están en su nivel más bajo de las últimas décadas. La India desarrolló núcleos de alta tecnología, sobre todo en software y así apuntaló exportaciones. La creación de la economía india moderna es un proceso laborioso que comenzó en los 50 con Nehru cuando éste creó LOS INSTITUTOS ESTATALES INDIOS DE TECNOLOGÍA Y DE ADMINISTRACIÓN, QUE HAN PRODUCIDO GENERACIONES DE EMPRESARIOS RESPONSABLES DE LAS ASOMBROSAS ESTADÍSTICAS ACTUALES. Otro factor subyacente que favoreció la economía de la India fue la llamada ”Revolución Verde”, la cual otorgó autosuficiencia del país asiático en la industria agroalimentaria, esto fue acompañado, como ya dije y vuelvo a insistir, de un aumento en la inversión para educación y tecnología, que actualmente representa el 7% del presupuesto del Gobierno. Esta inversión en educación convirtió a la India en la cuarta nación con el crecimiento económico más importante del mundo, ya que ha crecido a un promedio de 6% en las últimas dos décadas.
jueves, 6 de octubre de 2005
Crecimiento economico y gasto social
El período de la posguerra fue testigo de dos tendencias aparentemente contradictorias: crecimiento de comercio y crecimiento de gobierno. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de los actuales países industrializados gastaban alrededor de 20% de su PBI. Para mediados de los '90, el promedio era de 47%. El creciente papel del gobierno es más notable en, por ejemplo, Estados Unidos (de 9 a 34%), Suecia (de 10 a 69%), y Países Bajos (de 19 a 54%). EL GRAN MOTOR QUE IMPULSÓ LA EXPANSIÓN DEL GOBIERNO EN AQUEL PERÍODO FUE EL AUMENTO DEL GASTO SOCIAL y, en particular, transferencia de ingresos. No es casual que el gasto social aumentara a la par del comercio internacional. Por ejemplo, pequeñas economías europeas muy abiertas como las de Austria, Países Bajos y Suecia tienen gobiernos grandes en parte como resultado de sus intentos de minimizar el impacto social de su apertura a la economía internacional. Es en las economías más abiertas (Dinamarca, Países Bajos, Suecia) donde más creció el gasto en transferencia de ingresos. Hay una fuerte relación en los países entre el grado de exposición de un país al comercio internacional y la importancia de su gobierno en la economía.
Para seguir hinchando
Estimado Sr. Dingo: Ud. no esta hinchando, al contrario, esta esclareciendo, nos esta ilustrando, los datos que aporta son valiosísimo. Me permito citarlo y sacar una conclusion: "Las cifras del crecimiento de la inversión extranjera en la región (Latinoamerica) se deslucen al compararlas con el resto del mundo: sólo un 10,2% de los fondos totales llegaron a América latina. Los países en desarrollo de Asia y Oceanía volvieron a marcar diferencias, ya que el año anterior absorbieron cerca de US$ 148.000 millones, un 22,8% de la IED total. La mayoría de esos fondos tuvo como destino final el sudeste asiático. Allí, como era de esperarse, China fue el principal receptor, con US$ 60.630 millones, un 13% más que en 2003". Sostengo la tesis que las inversiones buscan a los paises que se industrializan para invertir y no es al reves como sostienen los liberales: que las inversiones buscan economias abiertas para industrializarlas desde cero. Las inversiones extranjeras no llegan primero para industrializar despues, solo llegan para invertir despues de la puesta en marcha primero de procesos de fomento de la industrializacion porque encuentran alli oportunidades de sacar provecho. ¿Esta Ud. de acuerdo?
Pobreza e indigencia
El pico de pobreza de la hiperinflación del ’89 fue del 47 por ciento en octubre de ese año. Entre 1991 y 1994, descendió al 19 por ciento. Tras la siguiente crisis, la del efecto Tequila, la pobreza quedó en 27 por ciento, y al final del gobierno de De la Rúa, en octubre de 2001, llegó al 38 por ciento. El pico de la debacle tras el fin de la convertibilidad fue del 57 por ciento, en octubre de 2002. La pobreza y la indigencia salieron del pozo más profundo y hoy están en los niveles de 2001, cuando tocaron el 38 ciento y el 13 por ciento, respectivamente. En números absolutos, hay 8.957.000 personas pobres y, de ese total, 3.168.000 son indigentes. En comparación con el segundo semestre de 2004, salieron de la pobreza 441.000 personas y superaron la indigencia 347.000.
Las peculiaridades asiáticas
La evolución económica de Asia oriental en los últimos cuatro decenios ha mostrado rasgos peculiares. La región registró un progreso espectacular, sin precedente histórico alguno y sin parangón internacional, debido, en gran medida, a la adopción de una pauta de desarrollo alejada, en muchos aspectos, del neoliberalismo dominante. En los años noventa las diferencias entre el crecimiento rápido de Asia oriental y la expansión más lenta de los países occidentales miembros de la OCDE siguieron siendo muy altas. Sólo dos países de la región crecieron poco: Japón, sumido en una profunda crisis, y Filipinas, que presentaba, hasta 1993, características económicas y sociales más similares a las de los países de América Latina que a las de naciones de Asia oriental.En menos de cuatro decenios los dragones asiáticos han pasado de ser sociedades agrarias con excedente de mano de obra a economías plenamente industriales sin apenas desempleo; de disponer de economías dependientes de la ayuda extranjera a figurar entre las principales potencias comerciales y exportadoras de capital; en el caso de Corea, de no contar con apenas grandes empresas a ser la patria de Samsung, Daewoo y Hyundai, y Taiwán, de exportar, en más de un 70%, productos primarios, a vender en el exterior, en un 95%, manufacturas. El crecimiento económico rápido y sostenido se ha acompañado a un prodigioso incremento del nivel y de la calidad de vida de la población. La pobreza disminuyó espectacularmente y de la misma manera aumentaron las tasas de alfabetización de adultos y de matriculación educativa. Los neoliberales, queriendo ver un este desarrollo una confirmación de sus teorías, hicieron una interpretación sesgada y arbitraria del éxito de los dragones asiáticos. Según ese enfoque, el mejor desempeño económico de Asia oriental respecto de otras regiones del Tercer Mundo, como, por ejemplo, América Latina o Asia meridional, obedecía a que aquélla había adoptado una estrategia liberal de crecimiento, basada en un Estado con funciones reducidas al mínimo y en una apertura total a los flujos comerciales, financieros y técnicos internacionales. En particular, la divergencia entre el éxito de Asia oriental y el fracaso de América Latina se explicaba recurriendo a tres peculiaridades de la pauta de desarrollo de las economías asiáticas:
1. una fase de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) más suave y en la primera región que en la segunda; 2. una liberalización interna y externa desde finales de los años cincuenta y primeros sesenta, que permitió eliminar las distorsiones del sistema de precios, asignar eficientemente los recursos, adecuarse a la ventaja comparativa y sacar provecho de la demanda internacional mediante un crecimiento dirigido por las exportaciones; 3. unas políticas ortodoxas de ajuste a las perturbaciones externas de los años setenta y primeros ochenta, esto es, medidas de contracción de demanda, liberalización comercial y financiera y mantenimiento de un tipo de cambio competitivo. Esos tres argumentos carecen de una adecuada contrastación empírica. En el caso de Asia oriental, un buen número de monografías puso de manifiesto que:
- LA FASE DE ISI CONTRIBUYÓ MUCHO AL CRECIMIENTO DE COREA DEL SUR Y TAIWÁN en 1950-1965;
- los episodios de liberalización, tanto interna como externa, de los primeros
años sesenta FUERON MÁS APARENTES QUE REALES, de manera que su alcance había sido claramente exagerado por la corriente neoclásica;
- las políticas de estabilización y ajuste en esas economías asiáticas habían mostrado un fuerte carácter heterodoxo, con políticas de demanda poco restrictivas y aperturas tibias y graduales.
Por otra parte, el estrepitoso fracaso de las políticas ortodoxas de ajuste estructural, preconizadas por el Banco Mundial en los años ochenta hizo que empezase a cambiar de opinión, ante la clamorosa caída de la renta per cápita real en América Latina, Africa subsahariana, Oriente Medio y Norte de África durante el denominado decenio perdido del desarrollo. Banco Mundial empezó a aceptar, a regañadientes, que el Estado debía desempeñar una función esencial en el proceso de desarrollo, pero siempre que su intervención respetase los mecanismos del mercado. Lo cierto de esta historia es que Japón, Corea y Taiwán dependieron mucho del sector público bancario y empresarial, del diseño de una política industrial deliberada y de una política centralizada de importación, adaptación y difusión de técnicas extranjeras. Además, MANTUVIERON DURANTE LARGOS PERÍODOS LA PROTECCIÓN SELECTIVA DEL MERCADO INTERIOR Y EL CONTROL ESTRICTO DE LA INVERSIÓN DIRECTA EXTRANJERA, mientras que emprendieron la liberalización financiera de manera tardía y cautelosa. Incluso hoy, la industria coreana de automóviles de turismo, ESTÁ PRÁCTICAMENTE AISLADA DE LA COMPETENCIA EXTRANJERA. Sobre el grado de apertura a la inversión directa extranjera (IDE) los indicadores económicos demuestran claramente que Japón, Corea del Sur y Taiwán HAN ESTADO PARCIALMENTE CERRADOS A LOS FLUJOS INTERNACIONALES DE INVERSIÓN PRODUCTIVA. En lo que respecta a las políticas de estabilización y ajuste, muchos analistas han señalado que, a diferencia de América Latina, los gobiernos de Corea o Taiwán aplicaron medidas de contracción de demanda escasamente restrictivas y, sobre todo, liberalizaron las importaciones y el sector financiero de manera gradual y ordenada. Sobre la base de esos datos, se puede deducir que en el caso de esos países, LA INTEGRACIÓN EN LA ECONOMÍA MUNDIAL NO FUE ESTRECHA SINO, POR EL CONTRARIO, ESTRATÉGICA, ESTO ES, SELECTIVA Y CONTROLADA. Como se ve claramente, los datos empíricos contradicen todos y cada uno de los postulados neoliberales. El hecho de que se pueda sostener en pie este pensamiento falso es algo que me llena de intriga. Mediante una propaganda bien orquestada pareciera que se puede ocultar la realidad y hacer creer a millones de personas que son verdaderos cosas y hechos que no existen ni existieron jamás.
1. una fase de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) más suave y en la primera región que en la segunda; 2. una liberalización interna y externa desde finales de los años cincuenta y primeros sesenta, que permitió eliminar las distorsiones del sistema de precios, asignar eficientemente los recursos, adecuarse a la ventaja comparativa y sacar provecho de la demanda internacional mediante un crecimiento dirigido por las exportaciones; 3. unas políticas ortodoxas de ajuste a las perturbaciones externas de los años setenta y primeros ochenta, esto es, medidas de contracción de demanda, liberalización comercial y financiera y mantenimiento de un tipo de cambio competitivo. Esos tres argumentos carecen de una adecuada contrastación empírica. En el caso de Asia oriental, un buen número de monografías puso de manifiesto que:
- LA FASE DE ISI CONTRIBUYÓ MUCHO AL CRECIMIENTO DE COREA DEL SUR Y TAIWÁN en 1950-1965;
- los episodios de liberalización, tanto interna como externa, de los primeros
años sesenta FUERON MÁS APARENTES QUE REALES, de manera que su alcance había sido claramente exagerado por la corriente neoclásica;
- las políticas de estabilización y ajuste en esas economías asiáticas habían mostrado un fuerte carácter heterodoxo, con políticas de demanda poco restrictivas y aperturas tibias y graduales.
Por otra parte, el estrepitoso fracaso de las políticas ortodoxas de ajuste estructural, preconizadas por el Banco Mundial en los años ochenta hizo que empezase a cambiar de opinión, ante la clamorosa caída de la renta per cápita real en América Latina, Africa subsahariana, Oriente Medio y Norte de África durante el denominado decenio perdido del desarrollo. Banco Mundial empezó a aceptar, a regañadientes, que el Estado debía desempeñar una función esencial en el proceso de desarrollo, pero siempre que su intervención respetase los mecanismos del mercado. Lo cierto de esta historia es que Japón, Corea y Taiwán dependieron mucho del sector público bancario y empresarial, del diseño de una política industrial deliberada y de una política centralizada de importación, adaptación y difusión de técnicas extranjeras. Además, MANTUVIERON DURANTE LARGOS PERÍODOS LA PROTECCIÓN SELECTIVA DEL MERCADO INTERIOR Y EL CONTROL ESTRICTO DE LA INVERSIÓN DIRECTA EXTRANJERA, mientras que emprendieron la liberalización financiera de manera tardía y cautelosa. Incluso hoy, la industria coreana de automóviles de turismo, ESTÁ PRÁCTICAMENTE AISLADA DE LA COMPETENCIA EXTRANJERA. Sobre el grado de apertura a la inversión directa extranjera (IDE) los indicadores económicos demuestran claramente que Japón, Corea del Sur y Taiwán HAN ESTADO PARCIALMENTE CERRADOS A LOS FLUJOS INTERNACIONALES DE INVERSIÓN PRODUCTIVA. En lo que respecta a las políticas de estabilización y ajuste, muchos analistas han señalado que, a diferencia de América Latina, los gobiernos de Corea o Taiwán aplicaron medidas de contracción de demanda escasamente restrictivas y, sobre todo, liberalizaron las importaciones y el sector financiero de manera gradual y ordenada. Sobre la base de esos datos, se puede deducir que en el caso de esos países, LA INTEGRACIÓN EN LA ECONOMÍA MUNDIAL NO FUE ESTRECHA SINO, POR EL CONTRARIO, ESTRATÉGICA, ESTO ES, SELECTIVA Y CONTROLADA. Como se ve claramente, los datos empíricos contradicen todos y cada uno de los postulados neoliberales. El hecho de que se pueda sostener en pie este pensamiento falso es algo que me llena de intriga. Mediante una propaganda bien orquestada pareciera que se puede ocultar la realidad y hacer creer a millones de personas que son verdaderos cosas y hechos que no existen ni existieron jamás.
miércoles, 5 de octubre de 2005
El experimento neoliberal es un fracaso
La doctrina conocida como el Consenso de Washington fue el credo de los apóstoles de la globalización. Fue una expresión de la creencia de que los mercados son eficientes; de que los Estados no son necesarios; de que los pobres y los ricos no tienen intereses conflictivos; de que las cosas salen bien cuando nadie se entromete en ellas. Afirmaba que la privatización, la desregulación y los mercados de capital abiertos fomentan el desarrollo económico, que los gobiernos no deberían hacer gran cosa además de equilibrar sus presupuestos y luchar contra la inflación. Actualmente, esta creencia ha demostrado ser totalmente infundada. Esto es evidente para todo el mundo, pero no todo el mundo está dispuesto a reconocerlo, el menos en publico ¿Por qué? . Porque dado que las malas políticas provocaron el fracaso de las mismas, aquellos que están comprometidos con ellas desarrollaron un mecanismo de defensa. CONSIDERARON CADA CASO INOPORTUNO COMO UNA DESAFORTUNADA EXCEPCIÓN. México fue una excepción. Y luego apareció la excepción de Rusia. Se nos dice que en este país la criminalidad brotó del cadáver del comunismo soviético y fue más fuerte que las eficiencias y los incentivos de los mercados libres. No obstante, cuando las excepciones superan los ejemplos, debe haber un problema con las reglas. ¿EN DÓNDE ESTÁN LAS HISTORIAS QUE REFLEJAN EL ÉXITO DE LA LIBERALIZACIÓN, DE LA PRIVATIZACIÓN, DE LA DESREGULACIÓN, DEL DINERO SÓLIDO Y DE LOS PRESUPUESTOS EQUILIBRADOS? ¿En dónde están los mercados emergentes que han surgido, los países en desarrollo que se han desarrollado, las economías de transición que realmente han finalizado una transición exitosa y feliz? Miren más de cerca. Observen con atención. NO EXISTEN. En cada una de las supuestas excepciones -Rusia, México, Argentina y Brasil- se han liberalizado, privatizado y desregulado los programas de desarrollo dirigidos por el Estado. Entonces, las entradas de capital provocan la sobrevaloración de la moneda, haciendo que las importaciones sean baratas pero que las exportaciones no sean competitivas. Cuando las primeras promesas de "transformación" resultaron ser poco realistas se agrió el ánimo de los inversionistas. Se inició una huida hacia la calidad, que suele ocurrir después de que se hacen los movimientos para elevar las tasas de interés en los países de "calidad" -sobre todo en Estados Unidos en 1994 y a principios de 1997-. Un movimiento muy pequeño en las tasas de interés de Estados Unidos, el cual tuvo lugar en marzo de 1997, precipitó las salidas de capital en Asia que provocaron la crisis en Tailandia. El caso de Rusia es especialmente triste y dramático. En Rusia, la privatización y la desregulación no crearon mercados eficientes y competitivos sino grandes y perniciosos monopolistas privados, los oligarcas y los mafiosos, quienes controlan los emporios industriales rivales y los medios de comunicación. Y estos emporios patrocinaron sus propios bancos, que no lo eran en absoluto, sino más bien simples fondos de especulación, que no cumplían ninguna de las funciones esenciales de las bancas comerciales. Mientras tanto, el Estado siguió una política rígida de limitar el gasto, de modo que no se pagaron ni siquiera los salarios y las deudas de pensiones debidamente contraídas. El sector privado se quedó literalmente sin dinero. El sistema de pagos dejó de funcionar; se volvió imposible recaudar impuestos pues no había nada que gravar. El Estado se financió a sí mismo a través de un esquema piramidal de deudas a corto plazo, el cual se derrumbó como deben hacerlo las pirámides en de 1998. Este fue el fin del radicalismo del libre mercado en Rusia. Sin embargo, el Consenso de Washington insiste en que Rusia debe "mantener su curso" en la "reforma económica". ¿Existen alternativas? Sí. Durante los últimos 50 años, los exitosos y prolongados periodos de fuerte desarrollo global han ocurrido en países con estados fuertes, estructuras económicas mixtas y mercados de capital poco desarrollados. Este fue el caso de Europa y Japón después de la Segunda Guerra Mundial, de Corea y Taiwan en la década de los 80 y los 90, de China después de 1979. Estos casos, y no los ejemplos liberales del libre mercado (como Argentina después de 1975 o México después de 1986 o Filipinas o Bolivia) son las historias que reflejan el éxito del desarrollo económico global en nuestra era. Por ejemplo, Corea se embarcó en un programa de fomento a la industria pesada y química que hizo énfasis en las tecnologías de doble uso; por ejemplo, el primer producto importante de Hyundai Heavy Industries se creó a partir del tanque M-60. La política coreana de industrialización no fue eficiente en ningún sentido estadístico. NINGÚN MERCADO HABRÍA ELEGIDO ESTA LÍNEA DE ACCIÓN. Los principales actores en la economía coreana (el Estado, los bancos, los conglomerados de empresas) se unieron para perseguir sus fines. Y la búsqueda inicial de los mercados no fue en absoluto exitosa. No hubo una gran demanda para esos tanques, así que Hyundai decidió tratar de fabricar autos para pasajeros. Cosa que hace con éxito Hyundai hasta la actualidad. No obstante, cuando uno examina el balance general del modelo coreano, ¿puede alguien seriamente argüir que el país sería más rico hoy si el Estado se hubiera limitado a no hacer nada?. Uno puede multiplicar estos casos, pero examinemos uno más, el caso de China. Es un país en donde existe una tradición de 50 años de gobierno unipartidista. De ésos, durante 30 años, fue un fracaso económico. Sin embargo, a principios de 1979 China se embarcó en reformas que transformaron al país. Se iniciaron politicas que acogieron la inversión directa a largo plazo, que fomentaron la creacion empresas en las ciudades y en los pueblos, y los negocios conjuntos con participación de los riesgos por parte del Estado y de las empresas privadas, y de esta forma crearon una amplia y continua mejoría en el nivel de vida de las personas. El caso de China muestra la eficacia potencial de las políticas de desarrollo sostenido. A diferencia de Rusia, China NUNCA LIBERALIZÓ SUS MERCADOS DE CAPITAL NI SU CUENTA DE CAPITAL, por temor a que semejantes acciones fueran tan sólo una fatal tentación, desencadenando un ciclos de bonanza y crisis que una nación pobre no puede tolerar por mucho tiempo. En Argentina algo entendemos de eso.
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