domingo, 31 de julio de 2005

Mas allá del bien y del mal

El liberalismo es un modelo económico e ideológico lanzado al mundo en 1776 por el libro de Adam Smith "La riqueza de las naciones”. El neoliberalismo es el nieto genéticamente modificado de aquel liberalismo de Smith. Durante el siglo XX, los defensores del liberalismo lo consideraron una ideología "realista", en oposición a los modelos utopistas de los socialistas. Con el desmoronamiento del bloque socialista, consumado a inicios de la década de 1990, los liberales proclamaron que se verificaba su antiquísima acusación de que los modelos utópicos ceden terreno frente a aquellos que tienen "los pies en la tierra". En la última década del siglo XX, el neoliberalismo -es decir, la versión anglosajona del liberalismo- se alzó como la única interpretación apta y, por ende, la única capaz de dirigir económicamente el destino planetario. Aquí conviene señalar que, en última instancia, el neoliberalismo sólo se reivindicó como una herramienta "adecuada" que no pretendía traer ningún bien superior sino únicamente prosperidad económica. Es preciso recordar que, en cuanto modelo teórico y "científico", el neoliberalismo económico está desvinculado de cualquier condicionamiento ético o filosófico. El neoliberalismo separa la economía de la ética. A fin de cuentas, como señalara Adam Smith, la doctrina liberal establece que "no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas". Como el neoliberalismo es una máquina y, por lo tanto, amoral, no hay contradicciones en que, desde su aplicación hegemónica a escala planetaria, la brecha entre pobres y ricos se haya ampliado en medida tal que, actualmente, la fortuna sumada de las 10 personas más ricas del mundo equivalga a una vez y media los ingresos de todos los países menos desarrollados juntos.

sábado, 30 de julio de 2005

La ceguera de los neoliberales

El ingreso por persona en Latinoamérica creció 75 por ciento de 1960 a 1980. A partir del año 1980 a 2000 Latinoamérica apenas creció 7 por ciento. En África le fue aún peor, con una caída de 15 por ciento de ingreso por persona durante las últimas dos décadas. Las últimas dos décadas también han visto progreso significamente reducido en indicadores sociales importantes tales como la proyección de vida, mortalidad infantil, analfabetismo y empobrecimiento en educación. Esto es exactamente lo que esperaríamos en un período de retraso en el desarrollo económico. Este retraso del crecimiento económico comenzó con la aplicación de las recetas del “Consenso de Washington”. Tasas de interés más altas impuestas por el FMI con su clásica “receta” han retrasado el crecimiento para una gran parte del mundo en vías de desarrollo. Antes de los años 80, era común para los países de ingreso bajo perseguir una estrategia de desarrollo específica para su país. Esto fue substituido, en la mayoría de los casos, por un grupo de principios de la estrategia de desarrollo, basados en la apertura irrestricta al comercio internacional y a los flujos financieros, a las privatizaciones de industrias del gobierno y a un sin fin de medidas desregulatorias. Estas prescripciones políticas del “Consenso de Washington" han conducido a una serie de desastres económicos en años recientes. La crisis económica asiática de 1998, por ejemplo, fue traída por la abertura imprudente al "dinero caliente" del extranjero. Las crisis financieras y económicas en México, Rusia, Brasil y Argentina también han afectado negativamente al crecimiento económico global. En busca de buenas noticias, los partidarios del Consenso de Washington (tales como el Banco Mundial) señalan a los países de China y Vietnam como “globalizadores” exitosos. Pero el sistema de actividades bancarias de China es PRIMARIAMENTE PROPIEDAD DEL GOBIERNO, SUS MERCADOS INTERIORES SON MUY PROTEGIDOS Y SUS FLUJOS DE CAPITAL ESTAN ESTRICTAMENTE CONTROLADOS. La mayoría de la inversión de Vietnam es emprendida por el estado. Estos economistas de Washington parecen ser ciegos a la realidad.

Las recetas del FMI y el BM

El Banco Mundial y del FMI pretenden de aplicar “leyes” económicas universales —relacionadas al movimientos de capitales, la privatización, el tamaño y los objetivos de los gobiernos— a los problemas del desarrollo económico. Pero las dos últimas décadas han demostrado que estas rígidas aplicaciones de la teoría económica ortodoxa son un fracaso. En lugar de defender este historial de fracasos, los analistas del Banco Mundial y del FMI deberían de intentar descubrir cuál ha sido el error. Y lo más importante, deberían de permitir a los gobiernos que siguieran un camino propio para el crecimiento de sus países. En América Latina, por ejemplo, el PIB per cápita creció un 75% entre 1960 y 1980, mientras que en el período posterior solamente ha aumentado un 6%. En el área del África subsahariana, el PIB per cápita creció un 36% en el primer período y, desde entonces, ha disminuido un 15%. NO HAY NINGUNA REGIÓN DEL MUNDO EN LA QUE EL BANCO MUNDIAL O EL FMI PUEDAN DECIR QUE LA ADOPCIÓN DE LAS POLÍTICAS QUE PROMUEVEN —O QUE, EN MUCHOS CASOS, IMPONEN— HAYA TENIDO ÉXITO EN LOS PAÍSES PRESTATARIOS. Cuando economistas prominentes cuestionan los resultados de las recetas del FMI y el Banco Mundial, estos no hacen caso alguno. El FMI repite simplemente sus afirmaciones de que ayuda a los países en vías de desarrollo a mantener la estabilidad macroeconómica y a desarrollarse. Sin embargo, esto es exactamente lo que no han hecho. Si el FMI y el Banco Mundial fueran simplemente instituciones de investigación, sus errores no serían tan perjudiciales, puesto que sus análisis concurrirían en el mercado de ideas y serían juzgados por su éxito o su fracaso. Pero en realidad CONTROLAN EL ACCESO AL CRÉDITO DE LOS PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO, donde vive la mayor parte de la población del mundo. El FMI actúa como un portero: la mayoría de los préstamos del Banco depende de su aprobación y, por lo tanto, de la adhesión del país prestatario a las condiciones del FMI. La mayor parte de los créditos de otras instituciones multilaterales (por ejemplo, el Banco de Desarrollo Interamericano) e incluso de fuentes privadas dependen del visto bueno del FMI. Como resultado de los convenios, tanto el FMI como el Banco Mundial tienen el poder de imponer sus políticas a docenas de gobiernos de todo el mundo. Por ejemplo, sólo en los tres últimos años, el FMI y sus acreedores aliados han cometido serios errores de política que han reducido sin ningún género de dudas el crecimiento económico acumulado de cientos de millones de personas. En la crisis financiera de Asia, las políticas monetarias drásticamente restrictivas del FMI (tipos de interés que llegaron a alcanzar el 80% en Indonesia) y la austeridad fiscal ahondaron la recesión y dejaron en la pobreza a decenas de millones de personas. En Rusia, el FMI insistió en 1998 en mantener una tasa de cambio fija sobrevalorada, que requería un aumento del tipo de interés hasta del 150%. Esta política no solamente condujo a un peso excesivo de la deuda externa, sino que mantuvo una burbuja especulativa en la esfera financiera y drenó la economía real de inversiones de capital. El sobrevalorado rublo mantuvo las importaciones artificialmente baratas, frenando la producción interior, y las exportaciones excesivamente caras —hasta que la moneda se derrumbó en agosto de 1998. El FMI apoyó una política similar en Brasil. El gobierno elevó los tipos de interés por encima del 50% y en noviembre de 1998, con vistas a estabilizar su moneda sobrevalorada, aceptó préstamos billonarios del FMI, lo cual no impidió que la economía se derrumbara pocos meses más tarde. Los defensores del statu quo sostienen que todos estos casos hubieran sido peores sin las políticas del FMI. Aunque siempre es aventurado decir qué habría pasado sin ellas, existen fuertes indicaciones en cada uno de estos ejemplos. Por ejemplo, en Indonesia, los tipos de interés extremadamente altos no lograron prevenir que la moneda perdiera más de tres cuartos de su valor. Resulta difícil imaginar cuánto más se habría devaluado la moneda o hasta qué punto la prevención de un colapso mayor hubiera evitado las bancarrotas y el derrumbe económico causados por estos tipos de interés. Podemos utilizar también los argumentos contrarios de Malasia que en vez de subir hasta las nubes los tipos de interés para defender su moneda, impuso controles monetarios. A pesar de la amplia oposición de los acreedores extranjeros —tanto multilaterales como privados— a esta maniobra, Malasia emergió de la crisis con el menor porcentaje de pérdida de producción entre los cinco países. En las intervenciones en Rusia y Brasil, el argumento del FMI para sacrificar la producción con el fin de defender la moneda era que la devaluación conduciría a una inflación desbocada. Ahora sabemos que dicho argumento era falso. La inflación en Rusia durante el año que siguió a la devaluación (1999) fue del 36% y este año está rondando el 25%. La inflación en Brasil fue de 8,9% en 1999 y ha bajado al 1,4% durante los primeros cinco meses de este año. La devaluación rusa en particular ha sido favorable para el arranque de su estancado sector industrial, pues la producción de las fábricas ha aumentando un 12,8% y el excedente comercial se ha multiplicado por diez desde el hundimiento del rublo. Todos estos errores forman parte de un modelo de políticas macroeconómicas que tienen una pronunciada tendencia a la contracción. Desembarazarse de un déficit de liquidez mediante la contracción de la economía interior, por ejemplo, es una estrategia que el FMI ha desplegado durante décadas y por mucho que la “disciplina fiscal” y las políticas antiinflacionistas sean favorables en algunos casos tales medicinas son a menudo completamente letales si se las prescribe de manera impropia o a dosis excesivas. Ahora está mundialmente reconocido que la liberalización de los mercados financieros en el Asia oriental fue la causa principal de la crisis financiera asiática, puesto que llevó a una enorme concentración de deuda externa a corto plazo con respecto a las reservas. La repentina inversión de flujos de capital que tuvo lugar después resultó devastadora. El FMI y su patrón, el Departamento del Tesoro de EE UU, promovieron esta liberalización de mercados de capital. Pero los países en crisis, en particular, no necesitaban una mayor afluencia de inversiones bursátiles, que acabaron de desestabilizar sus economías; tenían tasas muy elevadas de ahorro interior. LA POLÍTICA DE LIBERALIZACIÓN DE LAS CUENTAS DE CAPITAL TENÍA MÁS QUE VER CON LA BÚSQUEDA DE INVERSIONES EN EL EXTRANJERO POR PARTE DE LOS FONDOS MUTUOS DE EE UU QUE CON LAS NECESIDADES DE LOS PAÍSES PRESTATARIOS.

viernes, 29 de julio de 2005

El maestro: Japon

A comienzos de la década de los setenta en tan sólo tres años el excedente comercial de Japón se quintuplicó. En ese momento Japón era el primer país del mundo en construcción naval, producción de motos, aparatos fotográficos y televisores y el segundo en automóviles, acero y fibras sintéticas. La forma en que se produjo este crecimiento económico convierte el caso del Japón en absolutamente peculiar comparado con el de otras latitudes. Hubo, sin duda, alguna coincidencia, como, por ejemplo, con Italia en lo que respecta AL PAPEL MUY IMPORTANTE DESEMPEÑADO POR LA PEQUEÑA Y MEDIANA EMPRESA EN ESE DESARROLLO. Pero en muchos otros aspectos las diferencias fueron muy considerables. UN RASGO MUY DECISIVO FUE LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO y LA PROTECCIÓN CON RESPECTO AL EXTERIOR. EL MITI (Ministerio dedicado a la tecnología y a la inversión) controló los intercambios con el exterior y centralizó el empleo de las divisas, pero también EVITÓ LA ENTRADA DE CAPITAL EXTRANJERO y promovió la innovación. Buena parte de los avances industriales se debieron a la renovación del aparato productivo a través de la labor de este Ministerio. En otros casos, las empresas se beneficiaron de una utilización excepcionalmente inteligente de lo inventado fuera. La empresa Sony imaginó, por ejemplo, utilizar la patente de los transistores de las prótesis auditivas para pequeñas radios portátiles con el consiguiente éxito. En otros casos, los excelentes resultados económicos se debieron a la capacidad de aprovechar al máximo unas oportunidades mínimas. Las acerías, por ejemplo, se situaron en la costa importando el hierro de Australia. Sólo comerciando con zonas lejanísimas pudo Japón superar su radical carencia de materias primas. Como se puede imaginar, el papel de las élites burocráticas a través de esa institución fue decisivo en el crecimiento económico japonés. Otro rasgo muy importante del crecimiento económico del Japón consistió en la existencia de un peculiar sistema de conflicto social. A partir de 1960 las relaciones industriales perdieron su vehemencia. En todas las grandes empresas a partir de los años sesenta se expandió el sistema de empleo para toda la vida que ya había tenido su origen en los años veinte y que permitía una excepcional fidelidad a la empresa de cuyo progreso se beneficiaban los trabajadores. !!!!!!!!!!!Que lejos esta esto de la flexibilidad laboral impuesta por el FMI!!!!!!!!!!. Los sindicatos, por su parte, mantuvieron un nivel de afiliación relativamente alto (el 35%) pero sobre todo en esta categoría de los empleados para toda la vida. Gracias al sindicalismo y a las anuales "ofensivas de primavera" para lograr el incremento de los salarios progresó excepcionalmente el nivel de vida.

FMI: modus operandi

La crisis financiera asiática de 1997 fue desencadenada por una apertura de los mercados de capital que llevó a un rápido ingreso de fondos del exterior. Esto fue promovido a la fuerza por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a pesar de que los países afectados tenían elevadas tasas de ahorro nacional y no precisaban necesariamente aumentar sus empréstitos externos. Se produjo, entonces, un rápido ingreso de fondos especulativos en esos países. De repente, esos fondos se fugaron y provocaron el derrumbe de las monedas locales y desencadenó el pánico financiero. Washington intervino de variadas maneras que ayudaron a transformar la crisis en una grave depresión económica regional. En primer lugar, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos convenció a Japón para que abandonara la propuesta de crear un fondo monetario asiático que habría suministrado como mínimo 100.000 millones de dólares para estabilizar las monedas antes de que cayeran en picada. En segundo lugar, el FMI impuso una austeridad fiscal y monetaria innecesaria en las economías golpeadas por la crisis, con tasas de interés que llegaron al 80 por ciento en Indonesia. El resultado fue desastroso, las economías de Indonesia y Tailandia se derrumbaron. La crisis asiática se esparció primero a Rusia y luego a Brasil. Una vez más, la intervención del FMI incrementó el daño. Tanto en Rusia como en Brasil, la organización insistió en mantener tipos de cambio sobrevaluados, apuntalándolos con enormes préstamos y altas tasas de interés.
El único argumento esgrimido por el FMI para mantener los tipos de cambio sobrevaluados fue que un colapso desencadenaría la hiperinflación. Pero la hiperinflación nunca ocurrió; y ambas economías respondieron muy positivamente a las devaluaciones de la moneda. Este escenario se repitió en la Argentina, que había acumulado una montaña de deudas para mantener su tipo de cambio fijo a lo largo de los cuatro años de recesión, la triplicación de las tasas de interés y un fenomenal paquete de préstamos del FMI por 40.000 millones de dólares concedido en diciembre de 2000. Rusia perdió casi la mitad de su ingreso nacional en unos pocos años después de adoptar el recomendado programa de "terapia de choque" en 1992. Si bien el FMI ha intentado negarlo, Rusia realmente siguió su programa, incluso la supresión inmediata del control de precios (que provocó una inflación de 520 por ciento en tres meses) y la rápida privatización de la industria. El gobierno incluso cumplió la mayor parte de los objetivos fiscales y monetarios del FMI, por lo menos hasta que la economía se derrumbó a tal punto que el trueque se convirtió en el medio de intercambio preferido. El resultado fue un país recientemente subdesarrollado con un ingreso por habitante menor al de México. Históricamente ha habido varias vías para el desarrollo, pero ninguna se asemeja a la colección de políticas que Washington endosa actualmente a los países en desarrollo. Los países recientemente industrializados utilizaron diversas combinaciones de POLÍTICA INDUSTRIAL Y PLANIFICACIÓN, INDUSTRIAS DE PROPIEDAD ESTATAL, AMPLIOS CONTROLES A LOS SUBSIDIOS Y TIPOS CAMBIARIOS, ARANCELES Y RESTRICCIONES A LAS IMPORTACIONES PARA LLEGAR AL PUNTO EN EL QUE SUS INDUSTRIAS Y EMPRESAS PUDIERON SER COMPETITIVAS A ESCALA INTERNACIONAL. En varios aspectos, esas estrategias fueron similares a las de los países de altos ingresos que llegaron antes. Estados Unidos tuvo un pesado arancel promedio de 44 por ciento en bienes manufacturados en 1913. Los países ricos a través del FMI han prohibido las estrategias de desarrollo con probabilidades de éxito y las han sustituido por una adhesión rígida a la teoría de la ventaja comparativa. La liberalización del comercio ha seguido históricamente al desarrollo, pero este desarrollo se produce cuando la liberalización coincide con el momento en que las economías nacionales han logrado ser competitivas a nivel internacional. Los "globalizados" favoritos del Banco Mundial parecen ser tres países cuyo crecimiento se ha acelerado en los últimos 20 años: China, India y Vietnam. Pero China e India tienen dos de los mercados nacionales del mundo más protegidos. China no tiene siquiera una moneda convertible, e India conserva estrictos controles de capital. También Vietnam, donde la mayoría de la inversión en los últimos años ha sido asumida por el Estado.

miércoles, 27 de julio de 2005

El Banco Central y el FMI

El Banco Central de la República Argentina insiste en achacar a la demanda las presiones inflacionarias, mientras el FMI insiste que lo que produce la inflación es la falta de políticas de ajuste. El BC dice que la inflación se debe a presiones de costos, baja capacidad ociosa e incremento del consumo y que los precios subirán mas como resultado de las negociaciones salariales y la política fiscal expansiva. Por su parte, el FMI repitió sus acostumbradas consignas sobre la situación económica argentina. Con respecto a la inflación sostiene: “Si bien se reconoce la dificultad de identificar la fuente de las crecientes presiones sobre los precios, la reciente inflación parece ser producida por factores más permanentes, relacionados con la creciente demanda en el contexto de la mayor utilización de la capacidad y estímulos monetarios y fiscales”. Esto es una verdadera tragedia, el BC y el FMI, coinciden plenamente en sus apreciaciones, SON COMPLICES. El FMI pontifica desde Washington que el primer objetivo de la política monetaria es el mantenimiento de la estabilidad de precios y que el Banco Central tiene la autonomía operacional necesaria para combatir efectivamente la inflación. El BC en Buenos Aires asiente, con respetuosa obediencia. Todo el problema es la demanda, señores y se acabó la discusión. Para el FMI también hay otros factores que producen inflación, PERO NO SABEMOS CUALES. ¿Para que entrar en detalles? Si lo único importante es la estabilidad de precios y los bancos centrales están para asegurarla. PARA OBTENERLA DEBE RECURRIRSE A CUALQUIER POLÍTICA QUE BAJE LA DEMANDA, AUNQUE LLEVE AL DESASTRE. Para eso tenemos la receta mágica del eterno ajuste y la eterna recesión: salarios bajos, altas tasas de interés, reducción del gasto público; entonces, como así la demanda se reduce, los precios caen, ¡!!!!maravilloso¡¡¡. Vean como funciona la estafa: como la demanda se reduce disminuye la recaudación por la menor actividad, entonces para equilibrar las cuentas, ¿qué es lo que hay que hacer? ¿adivinaron? Siiiiii, señores, claro, HAY QUE ENDEUDARSE EN EL EXTERIOR; y ¿para poder pagar esa deuda que es lo que hay que hacer? Siiiiii, claro, es indispensable adoptar las recetas del FMI. ¿Lo tienen claro muchachos? Es el cuento de la buena pipa, para parar la inflación hay que provocar recesión, para poder sobrevivir la recesión hay que endeudarse y para poder pagar la deuda hay que hacer mas ajuste, que lleva a mas recesión, que lleva a mas endeudamiento, que lleva a mas ajuste, que lleva a mas recesion.....

lunes, 25 de julio de 2005

Inflación

Si el dólar baja, si todavía no ha habido subas en los salarios, si la gente no tiene plata para comprar y no hay demanda ¿Tiene alguna explicación, algún responsable, la inflación que estamos viviendo? La derecha económica, sus centros de estudios y los voceros de los grandes negocios no se esforzaron demasiado para hallar las causas de la reciente inflación. Empezaron por destacar el repunte del consumo, como si ese dato diera luz verde a una conducta especulativa de los mayores proveedores de productos y servicios básicos. Y apelaron, como era de esperar, al verso de siempre: la culpa la tiene el Estado ¿quién otro la puede tener?... si el estado nació para ser culpable. Por un lado, el Estado incurrió en un “excesivo” gasto público; por el otro, el Estado se ha entregado a una “desbocada” emisión monetaria. Ninguna de esas hipótesis, por cierto, resiste el menor análisis cuando se comparan las estadísticas con períodos anteriores, o con países de similar estructura y tamaño económico. La verdad, es que la reciente disparada de precios es, principalmente, una directa derivación de la violenta y persistente concentración empresaria de las últimas décadas. Dicho de otro modo, todo está más caro como consecuencia de la pérdida de grados de competencia económica que relegó a pymes, cooperativas y estructuras estatales para favorecer a grupos concentrados, en gran parte extranjeros. Esto es lo que ha ocurrido desde la producción agrícola y fabril hasta la amplia gama de servicios públicos privatizados en el decenio anterior. Los datos más recientes sobre la composición de la cúpula empresaria en la Argentina son bien ilustrativos. Las empresas pertenecientes a grandes grupos económicos suman el 55 por ciento de las ventas y el 66 por ciento de las utilidades. En ese contexto son predominantes las de origen extranjero que representan el 41 por ciento de las ventas y el 62 por ciento de las utilidades de la cúpula empresarial. Tamaña concentración oligopólica –lo dicen los manuales básicos de Ciencias Económicas– NO PUEDE TENER OTRO RESULTADO QUE SITUACIONES DE ABUSO. El poder que detentan esos grupos se traduce en privilegios tales como el menor pago de impuestos, en relación con firmas de menor dimensión; LA CAPACIDAD DE FORMAR PRECIOS EN FORMA ABSOLUTAMENTE ARBITRARIA; y por supuesto, la facilidad de obtención de elevadísimos márgenes de ganancias.

El FMI y la Argentina

Cuando, en 1944, se reunieron en Bretton Woods los representantes de 44 países a fin de aprobar la creación del FMI, entre sus objetivos se contemplaba otorgar créditos para solucionar desequilibrios en los sectores externos; facilitar el crecimiento de las economías e impulsar la estabilidad cambiaria. Pero las cartas de truco estaban marcadas. Por una parte, el FMI y el Banco Mundial estuvieron desde el principio controlados administrativamente por los gobiernos de los países poderosos, que aportaron más dinero: EEUU y las potencias de Europa Occidental, que se repartieron las presidencias y condicionaron las políticas. Por otra, los propósitos iniciales se alteraron; ambos organismos se transformaron en verdaderos “guardianes del dinero” de la comunidad financiera internacional. En una primera época, la forma usual para obtener financiamiento del FMI eran los acuerdos stand by; el país solicitante se comprometía a la aplicación de metas económicas que consistían en programas de ajuste. Estos condicionantes pueden rastrearse desde que la Argentina se integra al FMI, durante la autodenominada “Revolución Libertadora”, en 1956. Desde entonces la caída de la Argentina ha ido por una pendiente infinita. En cuanto tuvimos la calidad de socios, las “recomendaciones” impuestas por el organismo para otorgar créditos no se hicieron esperar y tuvieron como principal objetivo frenar la inflación y recuperar el equilibrio del sector externo. Estas medidas se basaban en un conocido diagnóstico: la inflación y el déficit de las cuentas externas eran el producto de una demanda excesiva atribuida a una fuerte expansión monetaria. De aquí que las soluciones se encontraban en la aplicación de políticas monetarias y fiscales restrictivas, y la necesidad de poner freno a los aumentos salariales.
A fines de los ‘60, el dólar comenzó a debilitarse porque los yanquis ya habían empezado a usar la “maquinita”para inyectar efectivo al mercado. El aumento de la cantidad de dólares en circulación y el estancamiento de las naciones centrales impulsaron el incremento de la oferta de créditos hacia países subdesarrollados. En este nuevo contexto, el FMI entonces dio un fuerte apoyo a las dictaduras militares, GARANTIZANDO EL INGRESO AL PAÍS DE ENORMES MASAS DE CAPITAL FINANCIERO. De ese modo, se fortalecieron las dictaduras de toda América Latina, promoviendo la llegada de inversiones especulativas que aprovechaban el crédito barato y TENÍAN ASEGURADA LA SALIDA DE CAPITALES para cerrar ciclos de negocios financieros altamente rentables. El FMI se despreocupó del destino de esos créditos y la capacidad de repago de los países receptores, y la deuda externa durante la última dictadura aumentó, con ese aval del Fondo, el 364%. El alto grado de vulnerabilidad de la economía argentina, y de Latinoamérica en general, culminó con la crisis de los ‘80, que se desencadenó cuando el pago de los servicios financieros se hizo insostenible, AL SUBIR LAS TASAS DE INTERÉS EN EEUU. Entonces, el FMI se encargó de presionar salvajemente a los países deudores para que cumplieran con los pagos de deuda mediante el gran sacrificio que implicaban los planes de ajuste. Como en los ‘90, se produjo nuevamente una alta liquidez internacional, los capitales empezaron a buscar de mayor rentabilidad, entonces el Fondo pasó a avalar los flujos de capital impulsando, mediante gobiernos neoliberales, las llamadas “reformas estructurales”. La Argentina fue el mejor ejemplo de estas transformaciones. Durante la presidencia Menem, el FMI brindó un amplio apoyo a los cambios en la política económica del gobierno firmando cinco acuerdos entre 1989 y 1999. Las “reformas estructurales” fueron el centro de los acuerdos de la década del ‘90 y casi todas resultaron implementadas: privatizaciones; aperturas comercial; flexibilización laboral; desregulación de mercados. Como producto de la política de esos años, la crisis se desencadenó cuando el enorme peso de la deuda, A TASAS MUY ALTAS Y CON EL CONDICIONAMIENTO DE CONTINUOS AJUSTES, impidió obtener las divisas necesarias para detener la fuga de capitales, que se aceleró en el año del colapso. Los datos hablan por sí solos: en agosto de 2001, el FMI brindó un préstamo extraordinario de 6.300 millones de dólares y 6.000 millones salieron del sistema entre septiembre y diciembre. El FMI retiró definitivamente su apoyo, estaba saciado por el momento, pero ya sabemos: el monstruo siempre vuelve a tener hambre. Ya hace casi 50 años que nos vienen garcando, YA ES HORA DE DECIR BASTA.

Hay que romper con el FMI ya

FMI es como un monstruo mitológico: cuanto más se intenta saciarlo, más hambre tiene; cuanto más se intenta satisfacer sus metas, más pide. El FMI tiene una inteligencia demoníaca: alimenta a la víctima muchas veces para hacerlas más apetecibles y las víctimas que se dejan alimentar creyendo que eso las hará crecer y fortalecerse, se encuentran que son devoradas una y otra vez. La Argentina no cayó nunca en default con el FMI, pero el FMI quiere que la sangre argentina llegue hasta el rió. Desde que el Gobierno entró en cesación de pagos con la mayoría de su acreedores, no dejó de pagar sus vencimientos con el organismo: canceló más del 20% de la deuda que tenía entonces, pagando en los últimos 3 años y medio cerca de 13.000 millones de dólares entre amortizaciones e intereses, aunque atravesaba la peor crisis de su historia, con el 50% de la población bajo la línea de la pobreza. Cuando en enero de 2005 se lanzó la reestructuración de la deuda pública con los acreedores privados, con una quita nominal del 43%, se mantuvo al Fondo su condición de acreedor privilegiado, sin quita ni baja de tasas de interés. El FMI no se puede quejar del sacrificio de los argentinos, pero nada es suficiente para el FMI, porque al FMI le gusta el olor de la pobreza, le agrada la suplica del mendigo, las lagrimas de los débiles satisfacen su sadismo. La deuda actual con el Fondo es de 12.200 millones de dólares, HAY QUE PAGARLAS YA CON LAS RESERVAS, quedarse en patas como decía San Martín, pero no volver a tener nunca mas nada que ver con esos miserables. Todos los países pobres que negociaron con el fondo sintieron las consecuencias negativas de la ayuda FMI, que no es mas que un salvavidas de plomo. No hay un solo país que siguiendo la receta del fondo haya crecido económicamente o haya salido de la indigencia. Ni uno solo.

domingo, 24 de julio de 2005

¿En cual de estos países le gustaría vivir?

Hay 44 países que tienen algo en común: cuentan con UN ACUERDO VIGENTE CON EL FMI. Todos estos países son monitoreados por el organismo. En promedio, estos países que actualmente son guiados por los burócratas de Washington tienen tasas de mortalidad infantil, de deserción escolar y de analfabetismo muy superiores a las argentinas. Además, la expectativa de vida es menor. Existen tres clases de programas del FMI destinados a estos “privilegiados”: los llamados “stand-by”; los “acuerdos de facilidades extendidas”; y los planes de “reducción de la pobreza y facilidades de crecimiento”. Argentina conoce lo que son las dos primeras clases de acuerdo: por caso, De la Rúa firmó un “facilidades ampliadas” y Kirchner un “stand-by”, en septiembre de 2003, hoy suspendido. Como es sabido, ambos programas suponen, entre otras exigencias, duras metas de ajuste fiscal, todo un clásico en el menú del Fondo. Pero lo llamativo es que aun los acuerdos de “reducción de la pobreza”, reservado para algunos de los países más pobres del planeta, también implican estrictas metas fiscales y monetarias. El ejemplo más palmario de esa filosofía de “un modelo para todos” es el caso de Nigeria –el nuevo ejemplo a seguir– donde las condiciones exigidas por los funcionarios del FMI son calcadas de las reclamadas el año pasado a la Argentina. Los países del sudeste asiático, con la excepción de Malasia, durante la crisis de fines de los noventa tuvieron la mala idea de recurrir al FMI, pero dándose cuenta de mal paso que daban se desentendieron rápidamente de sus exigencias y hoy ya no mantienen planes económicos monitoreados por el organismo. En la actualidad existen tres categoría de países bajo control del Fondo. 1) Latinoamericanos: entre ellos, hay acuerdos de los más severos para naciones muy pobres, como Bolivia y República Dominicana, y para países de desarrollo intermedio, como Colombia y Perú. Y programas apenas algo más blandos para otros sumergidos en la miseria, como Honduras y Guyana. 2) Países del Este: el mismo esquema se repite para las ex repúblicas soviéticas. 3) Africanos: todos revistan en los programas de “facilidades para el crecimiento”, lo cual, como se dijo antes no quita que deban cumplir sus propias metas de ajuste fiscal. En el último informe de revisión de la economía argentina, el FMI planteó sus exigencias a la administración Kirchner. Los principales reclamos son los siguientes:
- Elevar la meta de superávit fiscal del 3 por ciento del PBI al 4,5 por ciento.
- Dejar caer el dólar para frenar el aumento de los precios.
- Archivar los aumentos de jubilaciones y de salarios públicos.
- Eliminar los llamados “impuestos distorsivos” (retenciones, impuesto al cheque).
- Apurar la renegociación de contratos con las empresas de privatizadas y descongelar totalmente las tarifas de los servicios públicos.
- Ofrecer un solución al 24 por ciento de los acreedores privados que no aceptaron el canje de la deuda.

Vaya sacando pasaje para viajar al Paraíso. Tiene para elegir lo siguiente: Programa Stand-by: Argentina, Bolivia, Bulgaria. Colombia. Croacia, Republica. Dominicana, Gabon, Paraguay, Peru. Rumania, Turquia. Programa de Facilidades Extendidas Serbia y Montenegro. Sri Lanka. Programa de Facilidades de Crecimiento Albania. Armenia. Azerbaijan, Bangladesh, Burkina Faso, Burundi, Cabo Verde. Chad. Rep. Democratica de Congo, Rep. de Congo. Dominica. Gambia, Georgia, Ghana, Guyana, Honduras, Kenya, Rep. de Kirguiz, Mali Mongolia Mozambique Nepal Nicaragua Níger Rwanda Senegal Sierra Leona Sri Lanka Tajikistan Tanzania Uganda Zambia

Malasia y el FMI

Malasia fue fuertemente criticada por la comunidad financiera internacional por no aceptar los programas del FMI. Se le criticó acerbamente su gasto fiscal pecaminoso y horrendo.¡Es que Malasia aumentó su gasto fiscal en plena crisis, contrariamente a lo que indicaba el FMI que aconsejaba ajustes y reducción del gasto!. Pero, ¡oh, sorpresa! el aumento del gasto fiscal impulsó en Malasia una rápida recuperación económica. Ante la crisis, Malasia cometió dos herejía imperdonables a los ojos de los ortodoxos: no recurrió a la asistencia del FMI y decidió controlar el flujo de capitales por un tiempo limitado. Los malayos, viejos piratas, se negaban a ser mandados por foráneos y desconfiaban del FMI. Gracias a las fuertes regulaciones protegieron a sus bancos de quedar expuestos a la volatilidad de los tipos de cambio. E incluso se limitó el endeudamiento exterior de las compañías a la que dichos bancos prestaban. El gobierno también impuso restricciones a las transferencias al exterior de los capitales de los residentes de Malasia, congeló durante el lapso de un año la repatriación de las inversiones de cartera. Los economistas de Wall Street y aquellos del FMI predijeron “el desastre” cuando se establecieron este tipo de controles y pensaron que los inversores se quedarían afuera de Malasia durante años por el mismo miedo que esas medidas generaban. Entonces se sentaron a esperar que la inversión extranjera se hundiera, que sucediera lo mismo con la Bolsa y que apareciese un mercado negro de ringgits (moneda malaya) con sus respectivas distorsiones. Esperaron en vano, la adopción de controles de capitales y el no recurrir a los préstamos asistenciales del FMI, no demostraron ser medidas adversas en el largo plazo para Malasia en comparación con sus vecinos que no tomaron este tipo de medida. Estas medidas no solo permitieron a Malasia protegerse de su crisis sino que además Malasia logró convertir estos controles en un impuesto que hiciera posible que los capitales perdurasen en territorio malayo. Convirtieron los controles de capitales en un impuesto a la salida. !!!!!!Hicieron un corralito a los capitales extranjeros!!!!!!! . En vez de bloquear la salida de los ahorros de los bancos a los pobres ahorrista, le bloquearon la salida a los capitales extranjeros. Malasia impuso un impuesto de salida de capitales. El impuesto fue reducido gradualmente, a medida que la crisis cedía, hasta que fue abolido. En esta ocasión Malasia demostró que no sólo un derecho, sino un deber de los estados el intervenir en contra de la entrada de flujos de capitales especulativos de corto plazo. Los controles de capital a Malasia le permitieron una pronta recuperación, con una recesión menos profunda y con una mucho menor deuda pública que pesé sobre el crecimiento futuro. Los controles le habían permitido a este país tener tipos de interés más bajos que los que se habrían registrado en otras circunstancias y con otro tipo de política macroeconómica, y estos tipos de interés más bajos supusieron que una menor cantidad de empresas fuera a la quiebra, por lo que la magnitud de la financiación pública de los rescates corporativos y financieros fue aún de menor tamaño. A su vez, estos tipos de interés más bajos permitieron que la recuperación pudiera ponerse en marcha con mayor independencia de la política fiscal y por tanto con menor endeudamiento público. ¿Qué paso con la inversión extranjera después de esto?: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡ la inversión extranjera directa aumentó!!!!!!!!. Como a los inversores les preocupa la estabilidad macroeconómica y como Malasia logro obtenerla durante este tiempo, el país logro atraer a los inversores. Y colorin colodaro, este cuento ha terminado.

sábado, 23 de julio de 2005

Modelo malayo

Malasia vive sin la tutela del FMI y le va de maravillas. En 1997 Malasia sufrió la crisis regional, que empezó cuando Tailandia devaluó. En el caso malayo, el dólar subió 100% pero EL GOBIERNO NO QUISO UN ACUERDO CON EL FONDO MONETARIO, optó por un control de cambios y de los capitales especulativos, en vez de subir la tasa de intereses la bajó, en vez de comenzar con un ajuste fiscal hizo una expansión de la inversión publica. Es decir: hizo exactamente al revés de todo lo que ordena el FMI a sus vasallos. ¿Qué pasó? En los dos años siguientes hubo un boom económico en Malasia: el PBI creció 6 % en 1999 y 8 % en 2000. Malasia tuvo en 2001 un rojo presupuestario igual al 5% del PBI por una política expansiva que apuntaló consumo e inversión. Y lo hizo bien: su inflación sólo fue 1,2%. Mientras el mundo hacia como que lo que pasaba en Malasia no existía las inversiones extranjeras fueron récord en tres de los cuatro trimestres de 2001, y las reservas, que tocaron su piso en mayo de ese año, subieron a US$ 31.200 millones, nivel para vivir tranquilos. Una fuente importante de sus recursos es Petronas, la petrolera que se mantiene en poder del Estado. Sus exportaciones también se destacan. Basadas en productos electrónicos y luego eléctricos, textil y materias primas son un pilar en Malasia. En cuanto al control de cambios que ejerce el Estado sobre la entrada y la salida de divisas y el control del ingreso de capitales de corto plazo especulativos (modelo también tomado por Chile), el FMI puso reparos. Pero Malasia, fiel a su estilo, los ignoró. El gobierno gravó con 10% el giro de utilidades de las inversiones de plazos menores a un año, y frenó la extranjerización de los activos nacionales. En mayo de 2001 aflojó algunas normas y los directores del fondo aplaudieron. pero, sin injerencia en el programa general, sólo pueden hacer eso: aplaudir. Y hasta deben aceptar que las políticas fiscales expansivas "en el entorno actual" son "apropiadas" y que un equilibrio presupuestario puede esperar "para evitar una desaceleración económica aguda y el riesgo de crisis financiera y empresaria". Argentina tuvo largos años de tutela del FMI y desembocó en la peor crisis de su historia. Fue de ajuste en ajuste, privatizó y extranjerizó casi todo y así estamos, en la ruina. Malasia siguió otro rumbo: hoy es uno de los países que mas crecen en el mundo.

Es falso decir que la única salida es pactar con el FMI

Los liberales dicen: o se acuerda con el FMI o nos caemos del mundo. Otra mentira. El argumento de que no hay más que una alternativa es básicamente falaz. Argentina tiene otras alternativas. Y les voy a dar tres ejemplos que demuestran que se puede tomar un rumbo independiente. Malasia, en plena crisis, dijo al FMI: No queremos ayuda. Vamos a hacer exactamente lo contrario de lo que ustedes recomiendan: controles de capitales, política fiscal y de gasto y vamos a mantener las tasas de interés bajas. Resultado: se recuperaron muy rápido y hoy no solo están en una mejor posición sino que hay un enorme interés de inversión externa en Malasia. El segundo ejemplo es lo que hizo Rusia después de "defaultear". El Kremlin reconoció que la mayor parte del dinero que el FMI le prestaría a Rusia sería para pagar a las instituciones financieras internacionales. Sabían que estos organismos no querían tener una pérdida grande en sus libros. El Fondo dejó bien claro que no estaba dispuesto a hacer grandes concesiones. Rusia negoció bien con el Fondo, obtuvo el dinero y devaluó, cosa que el FMI le había dicho que no hiciera. Y comenzó a crecer precisamente porque devaluó la moneda. El tercer ejemplo es el más exitoso: China. Siguió un rumbo muy diferente: tiene controles de capital, no privatizó muy rápido, hizo todo a su modo. Y como le fue bien obtuvo más inversión extranjera directa que ningún otro país del mundo. ¿Qué tal?.

Chile y Argentina

¿Los chilenos qué hicieron bien?: comprendieron que no hay crecimiento alto y sostenible sin altas tasas de ahorro. Correcto. EL AUMENTO DEL AHORRO INTERNO Y LA ELIMINACIÓN DE LA DEPENDENCIA DE LOS CAPITALES EXTERNOS se logró en Chile con una política fiscal que equilibró las cuentas públicas. Correcto. Se impidió que los capitales golondrinas fueran la fuente de auges transitorios e insostenibles del consumo. ¡Correcto! Fíjense que esto solo bastó para lograr buenos resultados.
¿Qué hicieron mal? Hernán Buchi adoptó una estrategia de crecimiento basado en una apertura unilateral total al comercio, con un arancel de importación bajo y uniforme. Con esto los chilenos renunciaron a industrializarse y dependen exclusivamente de sus recursos naturales y su cotización en el mercado internacional. En los últimos años el cobre y la celulosa que exportan se cotizaron bien. O sea, los chilenos tuvieron suerte, pero depender mucho de la suerte es peligroso, porque la suerte al final se acaba o pasa.
Imaginen si nosotros adoptamos un modelo asiático, que combine áreas de libre comercio, de apertura “unilateral” para aquello en que SI SOMOS MUY COMPETITIVOS y para las áreas en que no deseamos serlo. Pero aplicamos un régimen de promoción, protección, arancelamiento aduanero y subsidio a industrias tecnológicas estratégicas en donde DESEAMOS “CREAR” VENTAJAS COMPETITIVAS. Y una vez que las logramos, salimos a competir! (sin dejar de incubar nuevas industrias). Si Chile con solo aumentar el ahorro interno, cobrar bien los impuestos y nada mas anda bien, ¡¡¡¡imaginen lo que podríamos hacer nosotros con eso y una industria nacional competitiva!!!!!!!.

Liberales, ¡basta de mentiras!

Somos esclavos de tres MENTIRAS, con las cuales siempre no han engañado los liberales. Primero, Argentina no tiene ahorro interno suficiente para financiar su crecimiento. Segundo, las inversiones extranjeras son la principal fuente de la acumulación de capital. Tercero, los inversores son “benefactores” del país y deben contar con estímulos especiales para hacer el sacrificio de radicarse en nuestro medio. Las tres conclusiones no reflejan la realidad de los hechos. Veamos. El problema con el ahorro argentino fue la ausencia de condiciones de rentabilidad que lo retuvieran en el circuito productivo interno. El ahorro argentino, en un contexto de fortalecimiento de la competitividad de la producción nacional, puede alcanzar a corto plazo alrededor del 25% del producto bruto interno, tasa suficiente para permitir un ritmo de desarrollo superior al 5% anual. Obsérvese que, con las políticas fundadas en aquellos falsos supuestos, el ahorro argentino se fugó mientras se vendían los principales activos y la deuda aumentaba hasta el límite de la insolvencia. Existe actualmente tanto dinero de residentes argentinos en el exterior como capital extranjero ingresó en el desenfrenado proceso de privatizaciones, extranjerización y endeudamiento de la década de 1990. El resultado fue la reducción de la tasa de capitalización (inversión/PBI), que alcanzó su punto mínimo, a principios de 2002, con el 12%. Aun en los momentos de auge de la convertibilidad y la entrada de créditos e inversiones privadas directas extranjeras, nunca recuperó la registrada durante el denostado período de la industrialización sustitutiva de importaciones o de la industrialización inconclusa. Respecto de la participación de las inversiones privadas directas de las corporaciones transnacionales en la acumulación de capital, el promedio mundial es inferior al 15%. Esto indica que EL AHORRO INTERNO DE LOS PAÍSES APORTA MÁS DEL 85% DE LA INVERSIONES PRODUCTIVAS. La inversión extranjera cumple un papel complementario a la acumulación de capital sustentada fundamentalmente en los recursos propios. Es la experiencia histórica de los países exitosos y, actualmente, la de los de más rápido desarrollo, como China, Taiwán, Corea y Malasia. La inmensa magnitud de los capitales de corto plazo que circulan por los mercados financieros son en un 95% de carácter especulativo y no contribuyen al financiamiento de la inversión productiva. Nosotros quedamos atrapados en la burbuja especulativa por la desregulación indiscriminada impuesta por la estrategia neoliberal y así nos fue. Se produjo la peor crisis de la historia económica del país y terminamos en default. Hay que controlar los capitales especulativos y nuevamente los liberales (esos eternos traidores) no dicen que esos controles desalientas la inversión. Por el contrario, contribuyen a fortalecer la gobernabilidad de la economía y la previsibilidad y, por lo tanto, el ambiente favorable a las inversiones productivas. Y para terminar, en cuanto a la motivación de los inversores extranjeros no es la beneficencia sino la utilidad. Y está bien que así sea. El motivo de beneficio es el motor del capitalismo y ES EL ESTADO EL QUE EL QUE DEBE FIJAR LOS MARCOS REGULATORIOS necesarios para mantener el orden social. Los inversores no necesitan tratamiento especial o preferencial para hacer negocios. Lo necesario es que la economía crezca y existan espacios de rentabilidad fundados sobre la competitividad de la producción.

El ahorro interno

¿Por qué la economía argentina es tan vulnerable? Por la falta de ahorro interno. La economía argentina se basa o en las inversiones en portafolio (inversiones de cartera, en activos financieros generalmente a corto plazo) o las inversiones extranjeras directas (IED). Y si hay crisis económica y teniendo en cuenta la pequeñez de nuestra bolsa financiera, en cuanto se presenta el menor síntoma de que las cosas no van bien las inversiones en portafolio dejan de interesar. Y cuando viene una crisis las IED bajan dramáticamente. Es decir que se trata de un modelo de desarrollo económico que depende de decisiones que se sitúan fuera de tu país. ¿Y eso por qué se produce? Porque Argentina nunca, nunca, nunca ha hecho políticas de ahorro interno. En Argentina el que genera plusvalías, en vez de reinvertirlas aquí, las coloca en el exterior, debido a que el sistema económico y financiero no tiene confianza interna. Debido a esa desconfianza en la época de De la Rúa, lo argentinos sacaban al exterior 10.000 millones de dólares a la semana y se supone que, no solo el rico-rico, sino las clases medias, pusieron al abrigo sus ahorros en dólares en torno a los 120.000 millones de dólares mientras la Argentina pedía a gritos un fondo de rescate de en torno a 15.000 millones, es decir, que hubiera bastado un 15 % de esos capitales volvieran a Buenos Aires para que se inyectara liquidez al sistema. ¿No es una cosa de locos? ¿No es algo irracional, absurdo, lamentable?. Los flujos de capitales extranjeros deben ser un complemento, pero no la piedra angular del futuro económico de nuestro pais. Insisto, buena parte del magro crecimiento económico que ha habido en las dos décadas de democracia tiene una causa fundamental: la falta de ahorro interno. Corea, antes de poder salir de la pobreza, lo primero que tuvo que hacer fue implementar una agresiva política que fomentara el ahorro interno. El ahorro doméstico de América Latina equivale a aproximadamente el 20% de su PIB, una tasa realmente pobre, sobre todo si se compara con el 35% de los llamados tigres asiáticos. Y lo peor es que esa falta de ahorro interno no se produce por falta de recursos sino que EL EXCEDENTE DE DINERO SE COLOCA EN EL EXTRANJERO. ¿En que cabeza pueden entrar el absurdo fenómeno de un gobierno argentino mendigando por obtener recursos de los usureros del FMI mientras cientos de miles de millones de dólares argentinos descansaban apaciblemente en bancos de Miami, Europa y distintos paraísos fiscales internacionales?. Esta falta de confianza que tenemos en nuestro propio país es una la principales falla que impiden que nuestra economía se encauce por el auténtico camino del desarrollo. Señores, pensemos un poco, es de lógica elemental, hasta un bebé lo entiende, si los bancos tienen pocos depósitos es muy difícil que concedan préstamos, y con una financiación escasa resulta improbable que las empresas argentinas puedan producir, exportar, generar empleo, etc.

jueves, 21 de julio de 2005

El Banco Mundial

En los últimos veinte años, el BM promovió una política de desarrollo para el Tercer Mundo basada en la intervención mínima o nula del Estado. El BM fue creado solo para fines de préstamo, pero a lo largo de sus 50 años de historia se fue apropiando gradualmente de la función de fijar y definir las políticas de desarrollo económico. Con su amplio sistema de publicidad y prensa en varios centros, así como su capacidad para llegar a las autoridades, los políticos y las personalidades con influencia en la opinión pública en los países en desarrollo, el Banco se dirige la "economía oficialista" y se las arregla para excluir otras opiniones calificándolas de "heterodoxas" y por lo tanto poco creíbles. Al leer los informes del BM, a cualquiera que esté desprevenido podría parecerle que la causa de los fracasos del desarrollo se deben solamente a la venalidad de los gobiernos del Tercer Mundo. Pero el BM nunca discute en absoluto su papel en las políticas de préstamo y los asesoramientos brindados. En la década del 80, los economistas del Banco "descubrieron" el milagro de Corea del Sur y lo presentaron como un caso de un "mercado libre" y una "economía abierta" que producía elevadas tasas de crecimiento e industrialización. Pero varios académicos serios, prestigiosos y objetivos "investigaron" la experiencia coreana y observaron que en el éxito intervenían una serie de condiciones externas que no existían en otros países en desarrollo, además de UN ESTADO MUY INTERVENCIONISTA. En el ámbito del Directorio, el director ejecutivo de Japón cuestionó las cambiantes versiones anglosajonas del papel del Estado en la economía, y presentó un informe detallado del protagonismo del gobierno de su país en la promoción de la industria y el fomento del ahorro público, y su encauzamiento a través de políticas de crédito y tasas de interés diferenciadas. A pesar de la evidencia incontrovertible que hay sobre causas verdaderas del desarrollo económico, el Banco Mundial se muestra ambiguo en sus opiniones sobre el protagonismo del Estado y se aferra a su línea rectora de privatización y liberalización. El Banco también argumenta que los méritos de la globalización y la privatización no deben ser objeto de debate, sino que es necesario persuadir a la gente a que acepte sin hacer cuestionamientos..

El FMI

El FMI fue creado en de 1944 en la Conferencia de Bretton. El FMI, con sede en Washington, está dedicado, supuestamente, a establecer “relaciones monetarias ordenadas” entre sus 183 miembros. Debe prestar asistencia en caso de desequilibrios en la balanza de pagos. Cada país miembro suscribe capital al FMI, las llamadas cuotas, que representan la principal fuente de financiamiento del organismo. Dichos recursos representaban a julio de 2000 unos 283.000 millones de dólares. La cuota de un país miembro debe reflejar su situación económica en relación con la de los demás socios y determina por lo tanto su relación institucional con el FMI, cómo EL NÚMERO DE VOTOS EN LA TOMA DE DECISIONES y el acceso al financiamiento. Las políticas financieras del FMI están sujetas a que los países con necesidad de ayuda hayan "hecho esfuerzos razonables por superar sus dificultades de balanza de pagos". La cooperación con el FMI y sus recomendaciones de política económica es un factor decisivo en la concesión de ayuda. Así el FMI, violando la soberanía de las naciones, impone autoritariamente el modelo económico liberal que, se sabe, perjudica el desarrollo y aumenta la pobreza en los países débiles. El FMI condiciona su asistencia financiera a la implementación de programas económicos de corte liberal en países en vías de desarrollo en donde el mercado tiene fallas que solo un Estado fuerte y dinámico puede subsanar. Ninguna de las actuales potencias del mundo, que a su vez cuentan con el mayor peso en el FMI, pasó por programas comparables en sus respectivos procesos de desarrollo. Es evidente que el FMI, de mala fe, prescribe políticas económicas dañinas e impone condiciones perjudiciales a realidades que poco tienen que ver con las cómodas oficinas de Washington donde son diseñadas.

miércoles, 20 de julio de 2005

Crecimiento y caída de Tailandia

A partir de mediados de los años 50 y hasta los años 60, la economía de Tailandia experimentó un crecimiento sostenido de más de 7% al año. Tailandia comenzó con una ventaja, a saber, su rica producción agrícola. Esto significó no sólo que el país no tenía que destinar las escasas divisas a importar alimentos, como otros países de Asia, sino que también podía exportar alimentos, y así ingresar las divisas necesarias para importar maquinarias y materiales avanzados para la industrialización. Los productos alimentarios y agrícolas fueron y siguen siendo las principales exportaciones de Tailandia. En los años 60, crecieron las llamadas "industrias de base agrícola" ayudadas por una mano de obra abundante y barata. Al mismo tiempo, el gobierno de Tailandia modificó progresivamente su estrategia de desarrollo, basada en la sustitución de importaciones, hacia UNA POLÍTICA DE PROMOCIÓN DE LAS EXPORTACIONES. Las políticas de sustitución de las importaciones suelen crear monopolios nacionales ineficaces que están protegidos de la competencia internacional por los gobiernos, con los que suelen cultivar una íntima relación. Al contrario, bajo una política de promoción de las exportaciones, las empresas están obligadas a competir en un mercado internacional competitivo. EL ÉXITO EN LOS MERCADOS INTERNACIONALES SE CONVIERTE EN EL FACTOR QUE PERMITE A LAS EMPRESAS OBTENER APOYO DEL GOBIERNO. Los economistas del desarrollo han llegado a considerar que la política de promoción de las exportaciones es un elemento clave del desarrollo económico. En Tailandia, como resultado de este tipo de políticas, los productos textiles y las industrias del vestido crecieron hasta convertirse en las principales industrias de exportación. En la segunda mitad de los años '80, el crecimiento de la economía de Tailandia se aceleró hasta alrededor del 10% al año. El principal factor impulsor de este crecimiento fueron las inversiones extranjeras directas (FDI). Japón fue y sigue siendo, de lejos, el mayor inversionista en Tailandia, con aproximadamente el 30% del total de los FDI. Las inversiones extranjeras directas no sólo trajeron capital sino también tecnología. Las exportaciones de Tailandia habían aumentado a lo largo de los años 80 y en la primera mitad de los años 90 en más del 20% al año, PRINCIPALMENTE GRACIAS A LA EXPORTACIÓN DE BIENES MANUFACTURADOS. De pronto, en 1996, se detuvo el auge de las exportaciones. Las exportaciones agrícolas de Tailandia, especialmente los productos textiles, la ropa y los productos agrícolas empiezan a sufrir una seria competencia en el mercado mundial, porque otros países asiáticos y de América Latina se convirtieron en grandes competidores. La moneda tailandesa, se encontró en la mira de los ataques de la especulación en el extranjero. La moneda se depreció. La economía de Tailandia entró en crisis. Tailandia había crecido rápido trabajando duro, no trabajando inteligentemente. El gran influjo de capitales, que consistía cada vez más de capitales a corto plazo en lugar de inversiones directas, y que fue facilitado por la política de liberalización de los movimientos de capitales adoptada en los años 90, recalentó la economía nacional. La gestión del gobierno de los sectores financiero y manufacturero dista mucho de ser la adecuada. La capacidad tecnológica debería haber sido ACTUALIZADA MÁS RÁPIDAMENTE. En Tailandia, los recursos destinados a la investigación, el desarrollo y la educación superior, factores claves de la capacidad tecnológica, ERAN MUY INSUFICIENTES. El rápido crecimiento económico fue posibilitado, en primer lugar, por las exportaciones de productos agrícolas a un mercado mundial grande y en expansión, seguido de los productos textiles y del vestido, y luego con la exportación de alta tecnología, como ordenadores y sus componentes. Esta transición fue facilitada por el flujo a Tailandia de capitales y tecnología extranjera. Si esto funcionó tan bien durante tanto tiempo, parece razonable preguntarse qué fue lo que cambió y provocó la crisis. Uno de los cambios evidentes fue la desregulación de los mercados financieros. La causa directa de la crisis fue EL GRAN FLUJO DE CAPITALES A CORTO PLAZO DESDE EL EXTRANJERO, que luego huyeron en un breve periodo de tiempo. Esto fue facilitado por la liberalización de los mercados de capitales antes de la crisis. Con las tecnologías de la información y comunicación grandes cantidades de capital pueden fluir rápidamente cuando se levantan los controles más estrictos. Esto demuestra que hay la necesidad de controlar los flujos internacionales de capital. Los mercados de capitales tienen que ser regulados de manera que los precios de las acciones sean definidos por los inversionistas con una información suficiente y adecuada. La liberalización de los mercados, sin instituciones que las regulen, conducirá a la anarquía.

El Estado y las Empresas

Suele decirse que la adaptabilidad es lo que distingue a las empresas del sector privado de la burocracia; pero el Estado, a raíz de su poder monopólico, es capaz de sobrevivir aunque no se adapte bien o no lo haga rápidamente. Sin embargo, las economías del Este asiático demuestran que también el Estado puede tener una gran capacidad de adaptación. Cuando los cambios en su entorno hicieron inapropiadas las políticas que habían adoptado previamente, estos gobiernos cambiaron de rumbo, y pronto aprendieron de sus errores. A medida que sus economías crecían y sus empresas se tornaban mas robustas y más complejas, el papel del Estado evidentemente debía cambiar: no había necesidad para una intervención activa de su parte en la misma escala en que la había asumido en un principio. En ese principio el Estado proporcionó subsidios explícitos e implícitos, a través de crédito barato, a las industrias a las que deseaba apoyar. Otro elemento importante en la expansión de ciertas industrias fue su receptividad para la inversión extranjera directa pero el Estado dio pasos concretos para asegurar que estos ingresos de capital FUERAN ACOMPAÑADOS DE TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA. La mayoría de las decisiones sobre asignación de recursos las tomaban las propias empresas, INFLUIDAS POR LAS POLÍTICAS OFICIALES pero no controladas directamente por ellas. La mayoría de los países del Este asiático impusieron algún tipo de restricción financiera, o sea, los mercados de capitales fueron controlados con el objeto de dar a las industrias prioritarias acceso preferente al capital y las divisas. Muchos países llevaron a cabo políticas similares pero a menudo los efectos fueron más bien adversos que favorables. Crearon bancos de desarrollo sólo para descubrir luego que con ellos se encauzaban los escasos ahorros existentes hacia proyectos de bajo rendimiento y realizaron inversiones que en lugar de mejorar el bienestar de la población fueron a engrosar los bolsillos de los políticos. En el sudeste Asiatico si bien se generaron rentas, se las utilizó para fomentar el crecimiento y no se las disipó en la apropiación ilegal de los funcionarios. ¡¡¡¡¡Los absolutamente increíble, para un argentino, es ver como el Estado y las empresas cooperaron estrechamente, pero sin entrar en connivencia ni generarse corrupción!!!!!!!!

martes, 19 de julio de 2005

El mercado en los países sin industrias

En las primeras etapas del desarrollo de un pais, con frecuencia hay mercados que no existen o que funcionan mal, de modo tal que LOS PRECIOS NO SUMINISTRAN BUENAS SEÑALES PARA LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS. En el Este asiático los mercados de capital eran particularmente débiles, lo cual llevó a los gobiernos a crear instituciones destinadas a promover el ahorro y a otorgar créditos de largo plazo a través de los bancos de desarrollo. Una vez que promovieron el ahorro, estos gobiernos debían decidir cómo asignar tales fondos. El desarrollo es, en buena medida, el proceso de adquisición de las tecnologías existentes. LOS MERCADOS PRIVADOS DE LOS PAISES POBRES TIENEN ESCASOS INCENTIVOS PARA INVERTIR EN LA PRODUCCIÓN Y ADQUISICIÓN DE TECNOLOGÍA por eso es característico es que estos países operen en un nivel tecnológico muy inferior al de los países industriales. La generalizada ausencia de mercados en los países en desarrollo implica que los precios no pueden cumplir su función de coordinación. Por ejemplo, el desarrollo de la industria siderúrgica no es redituable a menos que exista alguna industria que utilice acero y el desarrollo de una industria que utilice acero no es redituable si no existe una industria siderúrgica. Si ambas industrias aguardan para iniciar sus actividades a que se desarrolle la otra no pasa nada. Por eso, el Estado tiene una importante función de coordinación de las actividades económicas en los países pobres. También, es probable que las grandes inversiones sean muy riesgosas en este tipo de países y el mercado no brinda mecanismo para evitar estos riesgos. Ningún empresario aislado es capaz de reunir el capital requerido y el mercado de capitales no puede suministrar los fondos necesarios. Por eso en un país en desarrollo es menos probable que se cuente con la organización capaz de hacer frente a dichas inversiones y el libre mercados jamás las va a crear espontaneamente. Este problema es fácilmente abordable a través del comercio y esta fue una de las soluciones adoptadas por los países del Este asiático. Puede desarrollarse una industria que utilice acero importando acero y desarrollarse fábricas de acero sin industrias que utilicen acero, simplemente exportándolo. Solo el Estado es capaz de coordinar semejante ingeniería económica en un país pobre que desea hacerse rico y productivo.

Enseñanzas del Milagro Asiatico

El notable éxito alcanzado por las economías del Este asiático plantea un interrogante: ¿a qué puede atribuírselo?. En la mayor parte de las ocho economías a las que suele hacerse referencia al hablar del "milagro del Este asiático", el Estado asumió grandes responsabilidades en la promoción del crecimiento económico, ¿Cuáles fueron las medidas que contribuyeron al éxito de estas economías?. En varios de estos estudios se adujo que la experiencia del Este asiático es principalmente explicable en función del rápido aumento de los insumos, altos niveles de inversión y cuantiosos gastos en educación. Existen varias razones técnicas para sospechar de la aplicabilidad de esta metodología a varios de los países del Este asiático; estos estudios imparten una importante lección: las políticas que incrementan la acumulación de capital humano y físico probablemente conduzcan a un crecimiento más acelerado. ¿Cómo se pudo reducir tan velozmente la brecha tecnológica? Si bien se mostraron dispuestas a aceptar la inversión extranjera e hicieron hincapié en las inversiones más avanzadas tecnológicamente intervino algo más que la mera adquisición de tecnología. Para alentar la transferencia tecnológica de la inversión extranjera, las economías del Este asiático hicieron enormes inversiones en capital humano, educando a un gran número de técnicos e ingenieros para absorber y adaptar la más avanzada tecnología. ¿Cómo consiguieron los países del Este asiático que los beneficios de su rápido crecimiento se extendieran tan ampliamente entre sus habitantes? Las teorías anteriores indicaban que un crecimiento rápido estaba asociado con una rápida acumulación del capital, que a su vez se asociaba a altos grados de desigualdad. El crecimiento, entonces, debía ir acompañado de un aumento en la inequidad. No sólo se demostró que este supuesto era falso, sino que hay motivos para pensar que las políticas estatales promotoras de una mayor igualdad contribuyeron en no escasa medida al notable crecimiento de estos países.

Cooperación y competencia

En los debates populares sobre el éxito de Japón y otras naciones del Este asiático, se ha puesto de relieve la cooperación entre el Estado y las empresas, entre los trabajadores y los empleadores y entre las pequeñas y grandes empresas. A todas luces, se ha exagerado la magnitud de esta cooperación, a la que a veces se alude irónicamente al decir que Japón es una "sociedad anónima". Sin embargo, hay una variedad de instituciones y de prácticas que favorecen la cooperación, y este tipo de cooperación parece tener efectos beneficiosos. Según la "mano invisible" de la competencia perfecta de la que habló Adam Smith la cooperación no sería necesaria, ya que cada individuo al perseguir su propio interés maximiza también el bienestar común. Sin embargo, cuando existen fallas del mercado no siempre la persecución del interés personal conduce a resultados eficientes. Los gobiernos del Este asiático reconocieron que la comunidad de los negocios tenía mejor información que ellos en lo tocante a las decisiones de inversión, pero también que la base global de información podía ser mejorada. La creación de consejos formales e informales brindó a las empresas e industrias rivales una manera de intercambiar información entre sí y con el Estado. Mediante dichos intercambios podía transmitirse mucha más información que siguiendo el formato tradicional de la libre y despiadada competencia. Los beneficios de la cooperación se basan en la percepción de que su rendimiento futuro supera a la ganancia inmediata derivada de la persecución del propio interés. Entre las instituciones y mecanismos que facilitaron la cooperación, cumplieron un papel importante los consejos de empresas, establecidos con el objeto de compartir datos confiables y oportunos. Cabría preguntarse por qué razón las empresas no se "aprovecharon" tratando de obtener la información proporcionada por otros al par que no suministraban ningún dato propio real. La respuesta es, en parte, que se hallaban involucradas en una relación de más largo plazo y la empresa que "engañase" a las otras sería desterrada del círculo. El hecho de que el Estado formara parte de éste era importante: las empresas querían saber qué pensaba hacer el Estado respecto de proyectos específicos o qué cambios de política planeaba introducir. Por más que los instintos cooperativos de una empresa la llevasen por mal camino, el interés propio era un fuerte incentivo. Además, al valorar estos consejos, el Estado aseguraba que los beneficios de la cooperación fuesen aun mayores.

lunes, 18 de julio de 2005

Porque no somos Australia ni Canadá

La reciente recuperación de nuestra economía se ha venido sosteniendo en base a ciertos pilares, destacándose la evolución favorable del complejo sojero-agroexportador, como consecuencia del aumento de los precios de esos productos agrícolas. Es imprescindible resaltar la necesidad de establecer una estrategia que sea capaz de trascender la favorable y seguramente pasajera coyuntura internacional y lograr un sendero de crecimiento sostenido. Debiera descartarse, desde el vamos, la propuesta (tantas veces impuesta) de aquellos sectores que apuestan al resurgimiento de un tipo de desarrollo vinculado esencialmente en las ventajas comparativas de la producción agropecuaria. La idea central es volver al presunto “paraíso perdido” que, según ellos, vivió el país desde la última parte del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX. Así, para pregonar las bondades de esa etapa, suelen indicar las altas tasas de crecimiento que se habrían evidenciado entonces, al tiempo que tienden a comparar nuestro desenvolvimiento posterior con el de naciones originalmente “hermanas” como Australia y Canadá; argumentando que las POLÍTICAS DE INDUSTRIALIZACIÓN sostenidas luego de la crisis del ’30, serían la principal causa de nuestro retraso relativo. ¿Cuáles son los factores que dan cuenta de la divergencia en el camino transitado por parte de Australia y Canadá?. Si indagamos a través de la historia hallaremos una serie de aspectos que nos pueden ayudar a explicar este hecho. Al realizar una comparación con esas naciones, una de las principales diferencias que se nos presentan se asocia a la estructura de tenencia de la tierra. Frente al dominio del latifundio en nuestro país, acompañado luego por un sistema de arrendamiento hostil a la incorporación de tecnología, en Australia la posesión de los terrenos quedaba en manos de la Corona, y cuando se otorgaban adjudicaciones, se lo hacía EXIGIENDO MEJORAS EN LA UTILIZACIÓN DE LOS MISMOS. En Canadá, predominaba allí la explotación de MEDIANAS EXTENSIONES personificada en la figura de los farmers, quienes en vastos territorios habían obtenido mayoritariamente sus tierras en forma gratuita y a quienes el ser propietarios les facilitaba el acceso al crédito, haciendo posible la adquisición de maquinarias y el mejoramiento de los campos. Por el contrario la Argentina no logró generar UNA CLASE MEDIA RURAL (salvo ciertas zonas de Santa Fe y Entre Ríos) que ampliase el mercado interno y estimulase el desarrollo regional. Pero además, ello significó, al ser prácticamente la única actividad económica que motorizaba al país, una gran concentración de poder en manos de grandes estancieros, que NO VOLCARON SUS GANANCIAS A LAS NACIENTES ACTIVIDADES INDUSTRIALES O DIRECTAMENTE LAS OBSTACULIZARON Y PROMOVIERON LA MÁS AMPLIA APERTURA COMERCIAL A FIN DE COLOCAR SUS PRODUCTOS AGRÍCOLAS. Esto se diferenciaba de lo que ocurría en los países sajones, donde la política nacional, industrialista, encabezada por el primer ministro MacDonald, en el caso de Canadá, o las PREFERENCIAS OTORGADAS A FIRMAS LOCALES EN LICITACIONES DEL GOBIERNO, particularmente en torno al abastecimiento de materiales para los ferrocarriles y las comunicaciones en general, en Australia, simbolizada por el lema “Sé australiano, compra australiano” con el que se promovía el compre nacional, DENOTABAN UNA ACTITUD MÁS PROTECCIONISTA que incentivó áreas tales como la metalurgia y la producción de maquinarias agrícolas. Estas diferencias contribuyen a comprender las distintas capacidades con que los tres países enfrentaron el proceso de industrialización a partir de la abrupta caída en el comercio exterior que siguió a la crisis del ’30 y, junto con otras circunstancias, tales como la posesión y explotación de riquezas minerales (la Argentina utilizaba una suma importante de sus divisas en la importación de combustibles como el carbón) o la pertenencia al Commonwealth británico, que supuso UN TRATAMIENTO PREFERENCIAL PARA LAS EXPORTACIONES CANADIENSES Y AUSTRALIANAS, permiten dilucidar el supuesto misterio que se escondería detrás de las divergencias en el grado de desarrollo de sus economías nacionales, muy superior, desde esos años, al de nuestro país. El estancamiento que viene sufriendo la Argentina no encuentra sus raíces en el hecho de haberse apartado, en los años ‘30, de una estrategia de inserción fuertemente dependiente de la división internacional de trabajo imperante en el mundo. La causa del estancamiento argentino fue LA AUSENCIA DE UN PROYECTO COHERENTE DE INDUSTRIALIZACIÓN E INNOVACIÓN TECNOLÓGICA.

Australia, la astuta

El acuerdo de libre comercio firmado por USA con Australia este año es el primero suscripto por Washington con un país altamente desarrollado, alejado de sus fronteras. El anterior fue con su vecino, Canadá en 1986. Australia es uno de los principales países agroalimentarios y mineros del mundo. Es un país donde las exportaciones agrícolas y mineras, incluidas las agroindustriales, representan el 65% del total de sus ventas de mercaderías al exterior. La industria australiana constituye sólo el 11 % del PBI. A pesar de su condición de gran país exportador de commodities y carnes, Australia aceptó, en lo que se refiere a sus exportaciones de carne vacuna, un incremento de menos del 15% de su cuota en un periodo de 18 años. Más aún, todo incremento de las exportaciones de carne australiana al mercado estadounidense por encima de la cuota ya existente no podrá superar anualmente el 0.17% del total de la producción de carne norteamericana. Con respecto a los lácteos, los aumentos de las exportaciones por encima de la cuota pactada no excederán el 0.17% del valor anual de la producción láctea norteamericana. Finalmente, el azúcar australiana no tendrá mayor entrada en el mercado estadounidense que las 87.000 toneladas actuales. USA, por su parte, tiene acceso con ARANCEL CERO para todas sus exportaciones agrícolas al mercado australiano. ¿Qué le pasa a los australianos, están locos, comen vidrio? Hacen un acuerdo por el que no pueden exportar mucho de que lo saben exportar a los yanquis pero los yanquis pueden exportar todos los productos agrícolas que quieran a Australia? ¿están pirados? No, de ninguna manera, el acuerdo de libre comercio entre Australia y USA es altamente restringido en lo agrícola pero de carácter intra-industrial,. El objetivo estratégico australiano está en otra parte: ATRAER INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA DE TIPO INDUSTRIAL DE ALTO VALOR AGREGADO, no sólo de las transnacionales norteamericanos sino también del resto de las empresas de ese tipo del mundo entero, PARA QUE PRODUZCAN EN AUSTRALIA Y VENDAN AL MERCADO NORTEAMERICANO gracias al arancel cero para productos industriales que le ofrecen los yanquis a cambio de que les dejen vender productos agrícolas. Se van aclarando las cosas ¿no?. Su objetivo estratégico para Australia no es la cuestión agrícola. Menos aún la preocupación por los subsidios agrícolas; si, en cambio, está centrado en desarrollar una industrial de alto nivel tecnológico con el cual luego venderán en el mercado norteamericano, tal como hacen los Chinos. Otra cosa, los principales mercados en donde Australia coloca su producción agropecuaria y mineral están en el sudeste asiático, AJENOS AL SISTEMA DE SUBSIDIOS AGRÍCOLAS NORTEAMERICANO Y EUROPEO. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Los autralianos son unos ídolos totales!!!!!!!!!.

domingo, 17 de julio de 2005

El sucio juego de los paises ricos 2

Los países desarrollados quieren estándares laborales parecidos en todo el mundo.¿Por qué los países ricos quieren condicionar el comercio con los países pobres al cumplimiento por parte de éstos de normas laborales parecidas a las que imperan en los países ricos?. Porque de esta manera le quitarían a los países pobres la única ventaja que tienen en materia industrial en su competencia con los países ricos: mano de obra barata. Por otra parte, los países ricos quieren mantener a raja tabla sus subsidios a los productos agrícolas. ¿Por qué? Porque los subsidios, al hacer más baratos esos productos, impiden que los países pobres compitan exportando más productos agrícolas y también porque así compiten deslealmente con la propia producción agrícola en el mercado interno de los países pobres. Como pueden ver los países ricos son muy egoístas: NO QUIEREN QUE LOS PAÍSES POBRES SEAN COMPETITIVOS NI EN BIENES INDUSTRIALES NI EN PRODUCCIÓN AGRÍCOLA. Países ricos incumplen el compromiso de desmontar los subsidios al agro. Hasta ahora, en dos décadas de negociación, los resultados han sido más que modestos, pues lo único que se logró hace diez años es reducir el 20 por ciento de las ayudas directas a sus agricultores. En 1995 la UE y USA prometieron abolir todas las cuotas que restringían las exportaciones de textiles y ropa que los países pobres podían vender. A la fecha, los europeos y estadounidenses HAN ELIMINADO TODAS LAS CUOTAS ÚNICAMENTE EN LOS BIENES QUE LOS PAÍSES POBRES NO EXPORTAN, tales como los paracaídas—sí, ¡¡¡¡paracaídas!!!!. A muchos países sin industrias se les prometió progreso si abrían su economía renunciando a la posibilidad de industrializarse, pero cuando lo hicieron no se les permitió el acceso a la economía global. DE ESTA FORMA LOS PAÍSES RICOS VIERTEN SUS PRODUCTOS SUBSIDIADOS EN LAS NACIONES POBRES, PERO A LAS NACIONES POBRES NO SE LES PERMITE EXPORTAR SUS POCOS PRODUCTOS COMPETITIVOS SIN SUBSIDIO A LOS PAISES RICOS. Los países ricos piden tambien en la OMC que los aranceles industriales se recorten un 80 por ciento. Pero en su fase de desarrollo, los países del Norte cobraban aranceles mucho más altos que los aplicados actualmente por los países del Sur. En las actuales negociaciones sobre acceso a los mercados para los PRODUCTOS NO AGRÍCOLAS se pide a los países en desarrollo que recorten sus aranceles mucho más rápidamente de lo que lo hicieron los países industrializados en los 30 años siguientes a la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, cuando un país está en desarrollo apenas incipiente, PUEDE NECESITAR ARANCELES MÁS ALTOS PARA PROTEGER SUS INDUSTRIAS CON USO INTENSIVO DE MANO DE OBRA, PERO ARANCELES BAJOS O NULOS SOBRE OTROS PRODUCTOS QUE NO PUEDE PRODUCIR. Cuando pasa a la fase siguiente, es posible que le convenga reducir sus aranceles sobre los productos con uso intensivo de mano de obra (porque ya sería competitivo en esos productos) pero aumentarlos sobre los productos de media o alta tecnología, para poder desarrollar su industria en estos sectores. Los países en desarrollo necesitan gran flexibilidad para bajar y subir aranceles sobre diferentes productos en diferentes épocas y fases de industrialización. Durante el proceso de industrialización, un país puede precisar aranceles bajos, altos y nuevamente bajos sobre los mismos productos. Sería desastroso que los países en desarrollo perdieran la opción de variar los aranceles. Si bien las negociaciones sobre los productos no agrícolas se realizan en nombre del desarrollo, en realidad los países industrializados las promueven en aras de sus propios intereses. Los países industrializados tienen mayor capacidad de oferta, y si logran la apertura de todos los países en desarrollo, obtendrán acceso a enormes mercados. En contraste, si los países en desarrollo logran el acceso a los mercados de los países ricos, podrán colocar los pocos productos que actualmente producen, pero no podrán desarrollar otros en el futuro. En pocas palabras, NOS QUIEREN ESTAFAR.

El sucio juego de los paises ricos

Los países ricos no eliminarán los subsidios directos a la exportación agraria hasta por lo menos el año 2016, mientras que una gran cantidad de ayudas ocultas se mantendrían. Gracias a estos trucos, los países ricos se disponen a promover un acuerdo que ha sido explícitamente diseñado para permitir que EEUU y la UE exijan la liberalización de los países pobres mientras ellos conservan la mayor parte de sus ayudas. Las potencias comerciales del mundo hicieron avances mínimos en las últimas décadas para reducir los subsidios agrícolas. A menos que las negociaciones agrarias en la OMC den un giro, serán EEUU y la UE quienes obtengan el derecho a continuar con sus prácticas de dumping. Ninguno de ellos se verá obligado a reducir en un solo dólar el presupuesto de ayudas a la agricultura. Mientras tanto, los países en desarrollo tendrán que hacer importantes concesiones en materias tan delicadas como la protección arancelaria, arrancadas a cambio de contrapartidas irreales. Sobre el papel, los compromisos de reducción de ayudas de los países ricos pueden parecer sustanciales; pero gracias a las reglas amañadas de las OMC, Europa no tendrá que hacer ningún recorte en los subsidios que conducen al dumping. De hecho, tanto la UE como EEUU podrán incluso incrementar las ayudas. Aunque en principio los países desarrollados han aceptado deshacerse de los programas más dañinos –los subsidios a la exportación—, en realidad se les permitirá conservar la mayor parte de las ayudas que actúan como subsidios ocultos a la exportación o promueven la sobreproducción de muchos productos agrarios que también se producen en los países en desarrollo. Esto tendrá un efecto devastador para los agricultores de los países pobres. Tanto Europa como EEUU dicen haber reducido sus ayudas en los últimos años pero, hasta la fecha, más que un recorte se ha producido un cambio de denominación de los subsidios. El apoyo total a la agricultura en los países desarrollados se ha mantenido en niveles estables: por encima de los 250.000 millones de dólares anuales. Pese a no haber reducido sus niveles reales de apoyo, los países ricos se benefician de las enormes flexibilidades que contiene el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC, debido al modo en que fue diseñado en 1994. La UE, por ejemplo, podría multiplicar por diez los subsidios a la exportación de trigo sin superar los límites establecidos. Se hace una hipócrita distinción entre ayudas internas "buenas" (o mínimamente distorsionantes del comercio) y "malas" (distorsionantes del comercio). Esta distinción es artificial. Muchas de las ayudas consideradas como "mínimamente distorsionantes" sí lo son en realidad, y resultan dañinas para los países en desarrollo. Debido a esta clasificación de estos subsidios, la UE y los EEUU han conseguido hacer compatible el cumplimiento de la letra de los acuerdos con el uso de ayudas ocultas a la exportación. La UE como EEUU declaran niveles de apoyo a la exportación muy por debajo de los reales. EEUU incorpora a sus exportaciones agrarias apoyos por valor de 6.600 millones de dólares anuales, 200 veces por encima de los declarados oficialmente. La UE incluye en sus exportaciones ayudas por valor de 5.200 millones de dólares anuales, cuatro veces lo que declara formalmente como "subsidios a la exportación". El precio de venta de los cultivos nos muestra cuál es el problema. Gracias a un abanico de diferentes instrumentos de apoyo, EEUU es capaz de exportar algodón y trigo a un 35 y un 47 por ciento, respectivamente, de los costes de producción. La UE exporta azúcar y carne de vacuno a un 44 y un 47 por ciento, respectivamente, de sus costes internos de producción. Además de estimular las exportaciones a precios artificialmente bajos, muchas de las ayudas internas permitidas por la OMC distorsionan el comercio al provocar la sobreproducción en sectores de interés para los países en desarrollo, limitando sus oportunidades de exportación a los países del Norte.

¿Desarrollo = Industrialización?

Industrialización es desarrollo. Lo que pasa que Ud. confunde industrias con chimeneas o heladeras (a las que se ve desprecia con toda su alma pero para enfriar sus frutas las tiene que comprar brasileras). Industrias es agregar valor intelectual y técnico a un producto primario. Pero para desarrollar industrias Ud. lo tiene que alentar, proteger, ayudar y el Estado esta para eso. Aunque no le crea, LOS ESTADOS TAMBIÉN COMPITEN EN EL MUNDO DENTRO DEL MERCADO. LOS ESTADOS SON PARTE DE LA COMPETENCIA, eso Uds. jamás lo reconocieron, porque para ustedes el estado es mala palabra. Van a cumplirse 200 años que la Argentina es consecuente en su ideología: aplico un sistemático liberalismo tanto retórico como practico, si la dirección era la correcta a esta altura deberíamos que se ricos y felices. Sin embargo, somos pobres y desdichados. Otros países son liberales de boca, pero protegen sus industrias en silencio, esas industrias a las que Ud. desprecia SOLO SIN SON ARGENTINAS.


Sr. Peter Pan Verdad, estoy completamente de acuerdo con Ud. que la sobreprotección ilimitada es nociva para el desarrollo competitivo de una empresa. Pero considero que la protección no es por si misma nociva, sino incluso, necesaria al inicio. Es cuestión de grados, de estrategia y de cintura. Antes no comprendíamos bien el funcionamiento empresario, los asiáticos lo comprendieron mejor, lo lamentable es que nosotros no nos dimos cuenta al mismo tiempo, no es que aquí seamos dogmáticos, somos humanos, nos equivocamos. También coincido con Ud. que el gobierno tiene una visión anticuada de la situación y eso no es nada prometedor. Considero que la protección inicial puede llegar a ser brutal, pero luego debe ser inexorablemente decreciente, dándole tiempo a la empresa a irse preparando para la libertad y este proceso debe estar monitoreado por un Estado responsable y naturalmente con niveles bajos de corrupción. El Estado debe estar ahí, vigilante y amenazador: si no hay inversión, si no hay innovación, se acaba la protección brusca y definitivamente. Somos hijos del rigor. Pero si Ud. no protege nada, no ayuda a nadie a que tenga su oportunidad siempre serán los extranjeros los que vendrán (apoyados por su respetivos estados) a hacer su fortuna con nuestros recursos. NO ESTA MAL QUE LO HAGAN, PERO NOSOTROS TAMBIEN TENEMOS DERECHO.

sábado, 16 de julio de 2005

Paises pobres, paises ricos

Los estados de los países desarrollados quieren estándares laborales parecidos en todo el mundo. Debemos comprender de una vez por todas que los estados participan de la competencia economica. ¿Por qué los estados países ricos quieren condicionar el comercio con los países pobres al cumplimiento por parte de éstos de normas laborales parecidas a las que imperan en los países ricos?. Porque de esta manera le quitarían a los países pobres la única ventaja que tienen en materia industrial en su competencia con los países ricos: mano de obra barata. Por otra parte, los estados de los países ricos quieren mantener a raja tabla sus subsidios a los productos agrícolas. ¿Por qué? Porque los subsidios, al hacer más baratos esos productos, impiden que los países pobres compitan exportando más productos agrícolas y también porque así compiten deslealmente con la propia producción agrícola en el mercado interno de los países pobres. Como pueden ver los estados de los países ricos son muy egoístas: no quieren que los países pobres sean competitivos ni en bienes industriales ni en producción agrícola por razones politicas y estrategicas. Aquellos que tanto admiran a los países del primer mundo ¿admiran también su crueldad y su egoísmo para con todos nosotros?. Hay que prepararse a ser competitivo en industrias que se desarrollen o instalen en nuestro territorio sin esperar nada de la “generosidad” politica del primer mundo y nuestro unico aleado en esta guerra competitiva es el Estado Argentino. Todavía hay argentinos que creen que vendrán capitales privados europeos o americanos a industrializarnos y hacernos ricos de puro buenos que son. Solo vendran si el Estado Argentino implementa una politica de apoyo a lo industrial, solo asi vendran, movidos por lo unico que mueve a los capitales privados: la codicia. De nada vale tener mercados abiertos en el mundo como quiere la OMC si no hay qué exportar o seguimos exportando lo mismo.

Países ricos, países pobres

Los países pobres tienden a caracterizarse por SU INCAPACIDAD PARA SEPARAR LOS MITOS DE LAS REALIDADES. Mientras todas las naciones ricas comparten muchas semejanzas, cada uno de los países pobres puede explicar de forma distinta y con precisión absoluta por qué sigue siendo pobre, quién es culpable de ello y, sobre todo, por qué es imposible romper con los círculos viciosos de la pobreza, y todo esto ¡¡¡¡¡sin detenerse a observar como hicieron los países ricos para llegar a serlo!!!. Todas las naciones ricas, y todas las que aspiran a ser ricas y están haciendo algo al respecto, PRESENTAN ALGUNOS FACTORES QUE SON CONSTANTES. Para comenzar, las empresas son el centro de atención de la economía. No hay ningún país rico que ignore la trascendencia de las empresas para la creación de riqueza, la creación de empleos y, por lo tanto, para su desarrollo económico. La centralidad de las empresas no es un asunto de preferencia: existe evidencia de que las empresas son la principal fuente de dinamismo de una sociedad. Pero las empresas para nacer necesitan un tratamiento fiscal propicio, un sistema de regulaciones que permita crearlas y operarlas y un sistema legal que haga posible su funcionamiento. HAY QUE INCUBAR EMPRESAS, HACERLAS NACER, CRECER, FORTALECERSE. El gobierno tiene mucho que ver en que esto suceda. Todos los gobiernos de países ricos (antes de hacerse ricos) crearon un régimen fiscal benéfico para las empresas, no impusieron obstáculos para su creación ni permitieron que estas fueran aniquiladas. Esta es tarea estatal, hay que reconocerlo, negarlo es querer taparse los ojos con las manos. Los países que hace cien años se hicieron ricos fue porque sus empresarios no enfrentaron impedimentos y obstáculos diversos. En Argentina se desprecia a los empresario industriales, se los insulta de mil maneras diferentes, se los trata de parásitos, se los acusa de buscar protección y se llama a gritos a empresas extranjeras la cuales esas si son las que valen, no importa que sean estatales, lo importante es que sean extranjeras. En Argentina se desprecia al Estado, se lo acusa de ineficiente como si fuera algo inevitable, se lo ve como la encarnación del demonio en la tierra, cuando el Estado puede se competitivo (¡¡¡¡¡empresas estatales chinas están comprando empresas privadas norteamericanas en este momento!!!!!!). Mientras sigamos pensando así, mientras despreciemos a los empresario nacionales y al Estado Argentino, seguiremos siendo pobres por los siglos de los siglos. Y eso es así porque, en primer lugar, SOMOS POBRES DE PENSAMIENTO.

Teoria de los tres sectores

Se debe elaborar un plan que divida la actividad económica en tres areas.
a. Sector de alta competitividad: este sector es el agrícola ganadero, debe ser dejado al libre mercado. Como es competitivo no requiere protección ni mucho menos. Tampoco debe ser perjudicado de ningún modo, bajo ningún pretexto ni por ninguna circunstancia. El Estado no debe interferir y mantenerse prescindente. No hay que gravarlos con tributos arbitrarios. Cualquier area que no sea agraria que entre en esta categoria debe ser inmediatamente declarada zona de libre comercio.
b. Sector de competitividad potencial: este sector debe ser cuidadosamente seleccionado, cuidadosamente protegido y prudentemente regulado. Debe ser un sector con posibilidades de desarrollo industrial y estar relacionado con el estado actual y al probablemente futuro desarrollo tecnológico. Esta es área protegida. No debe estar necesariamente relacionado con la agroindustria. El Estado debe aquí intervenir activamente brindando asesoramiento, créditos, arancelamiento aduanero y todo tipo de subsidios siempre de carácter transitorio. Si transcurrido un lapso de tiempo, claramente determinado, no surgen resultados positivos se considerará que la ventaja potencial es irreal y el área en cuestión inexorablemente perderá el estatus de protegida, dándole la oportunidad a otro sector demostrar su real potencial de competitividad gracias a este programa de promoción.
c. Sector de baja competitividad: son sectores no competitivos ni con una probable chance de serlo. Son dejados al libre mercado. No son considerados estratégicos. Pero, si a pesar de la apertura en algún área surgen imprevistamente emprendimientos industriales que muestran capacidad de sobrevivir por si solos, el Estado debe reaccionar rápidamente e ir en su socorro antes de que sean arrasados por el dumping, cambiando su esquema de prioridades proteccionistas. Entre estas tres áreas debe haber un pacto de no agresión y tolerancia mutua. Fundamentalmente entre las dos primeras debe haber mutuas garantías de que no serán perjudicadas una a costa de la otra. Debe ser un pacto de caballeros. De esta forma la economía argentina podría convertirse en una de las mas activas, competitivas y dinámicas el planeta. ¿Por qué? Todos los sectores se encontrarían estimulados en dirección de la producción, el sector altamente competitivo se vería alentado por su libertad total de acción, su baja tributacion y sus posibilidades de aprovechamiento de los mercados mundiales, los sectores protegidos tratarían de desarrollarse rápidamente pues sabrían que tienen un tiempo limitado para hacerlo y no querrán dejar pasar la oportunidad, los sectores de baja competitividad se esforzarán por invertir y demostrar capacidad con la esperanza de alcanzar un periodo de promoción que los podría impulsar al primer sector si trabajan duro.

miércoles, 13 de julio de 2005

¿Por qué la Argentina no se industrializó?

El proyecto económico dominante hasta 1930 estaba sustentado claramente en la alianza del sector agropecuario local con Inglaterra, a la que se sumaban los comerciantes de importación de ese origen. El proyecto económico oficial de LIMITACIÓN DE LA INDUSTRIALIZACIÓN a la elaboración de las materias primas del agro fue transgredido tanto por capitales nacionales marginales originados en sectores urbanos de clase media como por los grupos industriales internacionales que crearon un conjunto de empresas dedicadas a manufacturas diversas. Estas empresas industriales FUERON COMBATIDA POR LOS VOCEROS DEL SECTOR AGROPECUARIO. La prevención que provocaba la presencia incipiente de este tipo de industrias y la posibilidad latente de su desarrollo desató una campaña tendiente a demostrar su inconveniencia. Esa campaña continua hasta nuestros días. El control de la política económica gubernamental permitió a los sectores predominantes desalentar la producción de las industrias no ligadas a la agroexportación. Este intento de desaliento se tradujo por un lado en EVITAR LA SANCIÓN DE LEYES QUE PROMOVIESEN LA PROTECCIÓN ADUANERA solicitada por estas industrias. Por otro lado, se BLOQUEÓ LA PROMOCIÓN DE POLÍTICAS CREDITICIAS para el sector. Téngase en cuenta qua al mismo tiempo en Canadá se practicaba la política opuesta. No obstante, las empresas industriales lograron subsistir y aún acrecentar su producción durante los años 1920. Hasta la Primera Guerra la industrialización en el país surge en forma espontánea y se encamina por cauces poco conflictivos. Este tipo de industrialización contaba con el beneplácito general, debido a que los bajos costos de la materia prima que utilizaba, producida localmente, LE PERMITÍAN PROSPERAR SIN NECESIDAD DE UNA PROTECCIÓN ADUANERA que pudiera irritar a los países con intereses en el mercado de importación argentino, ni a los grupos internos que dependieran de sus exportaciones a dichos países. Pero las pequeñas industrias nacionales en las ramas metalúrgica, química y eléctrica tropezaron con mayores dificultades para desarrollarse debido a que, por sus mayores costos de materia prima y escala de producción, solicitaban mayor protección arancelaria. ESTA FUE RETACEADA POR EL GOBIERNO, APOYADO EN LA RESISTENCIA CONJUNTA DE LOS EXPORTADORES INGLESES, EL SECTOR AGRARIO EXPORTADOR Y LOS GRUPOS POLÍTICOS QUE BASABAN SU RECHAZO A ESTE TIPO DE INDUSTRIALIZACIÓN EN LA DEFENSA DEL PODER ADQUISITIVO DEL CONSUMIDOR. La primera guerra mundial fomento la industrialización pero una vez terminado el conflicto se reanudaron las importaciones normales sin que el gobierno adoptara medidas de protección o promoción. En aquel entonces, Bunge propuso una REFORMA TARIFARIA PARA IMPULSAR LA INDUSTRIALIZACIÓN Y LA EXPORTACIÓN DE PRODUCTOS CON UN MAYOR VALOR AGREGADO. Sus argumentos cayeron en oídos sordos. Bunge dijo: “La creencia de que el librecambio abarata la vida es generalmente, más que una opinión, es la política de aquellos países que pueden tener interés particular en que sus productos manufacturados se introduzcan con facilidad en el exterior. Esperemos que nuestros hombres de estado abandonen cuanto antes la política pasiva, alegre y confiada, que hasta hoy han practicado”. Nadie lo escuchó en la Argentina. Pero hubieron oídos atentos en Japón que atravesaba la era Meiji. Luego de la protección de hecho creada por la Primera Guerra no existieron medidas oficiales que la consolidaran dejando mal paradas a muchas industrias nacientes. EL PROYECTO LIBRECAMBISTA HA POSTERGADO Y COMBATIDO EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN HASTA EL DÍA DE HOY.

martes, 12 de julio de 2005

Canada y Argentina

Al comparar la evolución económica de Canadá y Argentina siempre llama la atención de los observadores las diferencias en su crecimiento; a pesar de compartir ambas naciones una serie de características parecidas: amplios territorios vírgenes aptos para cultivos y una densidad de población muy baja. Pero MIENTRAS CANADÁ REALIZÓ UN PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN SUSTITUTIVA, con inversiones estadounidenses cuantiosas que buscaban refugio en el norte del continente para poder exportar libremente a los dominios británicos, Argentina cayó en una crisis relacionada con el agotamiento del modelo agroexportador de la que nunca pudo salir hasta hoy. En la actualidad, la economía canadienses atraviesa una situación próspera, mientras que Argentina vive dificultades crecientes relacionadas CON EL FRACASO DEL MODELO DE INDUSTRIALIZACIÓN SUSTITUTIVA, el estancamiento de la producción y el aumento del desempleo. Desde finales del siglo XIX, CANADÁ PROTAGONIZÓ UN PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN POR SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES BAJO LA TUTELA DEL PROTECCIONISMO. El instrumento central de planificación económica fue la Política Nacional de Aranceles de 1879, que establecía la elevación de las tarifas aduaneras. La protección arancelaria, se implementó como un instrumento para lograr el desarrollo nacional. Le permitía al gobierno aumentar la recaudación fiscal y detener el flujo migratorio, ya que EEUU estaba creciendo rápidamente y ciento de miles de canadienses se dirigían hacia el sur buscando empleo en los sectores industrial . La política proteccionista, no fue concebida como una forma de preservar las industrial incipientes, impulsar su desarrollo y convertirlas en competitivas internacionalmente. Más bien, reflejó el interés del Estado en captar el mercado interno y nivelar la balanza de pagos a través de la sustitución de importaciones por productos nacionales. Al comenzar el siglo XX, la industria canadiense había crecido notablemente y satisfacía una porción importante del mercado local. Los volúmenes de la producción eran cada vez más grandes y ACOMPAÑABAN EL PAPEL PRINCIPAL DE CANADÁ COMO EXPORTADOR DE BIENES PRIMARIOS. El clima general en las autoridades y las empresas era de satisfacción, considerando que se había optado por la mejor estrategia, QUE UNÍA LOS INTERESES DE LOS SECTORES AGRARIOS E INDUSTRIAL. En la segunda mitad del siglo XX, Argentina se insertó en el mercado internacional de bienes y servicios, como productor de bienes primarios. En esos años Argentina sigue las características generales del modelo agroexportador de los países periféricos. Así, el crecimiento económico se relaciona con la exportación de productos primarios y la riqueza se concentra en una elite. Las INVERSIONES EXTRANJERAS SE DIRIGEN PRINCIPALMENTE A LAS OBRAS DE INFRAESTRUCTURA PARA ASEGURAR LA PROVISIÓN DE BIENES PRIMARIOS. El carácter relativamente moderno de la sociedad argentina indujo a la elite a perseverar en el modelo agroexportador y a DESCUIDAR EL DESARROLLO MANUFACTURERO. La profesión permanente de fe se fundaba en la ideología liberal, criticando la intervención del estado en la economía. La política aduanera argentina fue siempre esencialmente librecambista. En la Argentina se creyó siempre en el carácter perjudicial de la intervención del Estado. Mientras Canadá insistió en la protección arancelaria, Argentina insistió en el librecambio. Los resultados están a la vista.

La Argentina y Australia

Las tasas de desarrollo de la Argentina y de Australia fueron bastante similares desde el comienzo de este siglo. ¿Cómo Australia pudo mantener y en realidad incrementar su ventaja relativa a través del tiempo?. El rendimiento global relativo de la economía australiana no fue significativamente mejor que el de la economía argentina. Pero través de un examen cuidadoso SE TORNA EVIDENTE QUE AUSTRALIA SIGUIÓ UNA POLÍTICA DELIBERADA Y BIEN ESTABLECIDA DE DEFENSA Y FOMENTO DE SU ESTRUCTURA INDUSTRIAL, POLÍTICA DE LA CUAL CARECIÓ LA ARGENTINA. Sucede como si la ventaja relativa en el mercado internacional hubiera pertenecido a la Argentina pero Australia hubiera trabajado duro para mantener los mismos niveles de realización económica que la Argentina tenía con UNA POLÍTICA DE LAISSEZ-FAIRE ECONÓMICO. Esto también significa, por supuesto, que la Argentina pudo probablemente igualar y superar a Australia en términos absolutos SI HUBIESE SEGUIDO UNA POLÍTICA SIMILAR DE INDUSTRIALIZACIÓN. La solidez económica alcanzada por Australia en las primeras dos décadas de este siglo se debe al cambio de actitud de los terratenientes hacia el crecimiento industrial que pasaron de la indiferencia al apoyo, circunstancia que se consolida en la década del veinte. Durante esta década no se advierte en la Argentina una actitud equivalente hacia el desenvolvimiento industrial. La evidencia histórica muestra la existencia de UNA POLÍTICA DE INDUSTRIALIZACIÓN DELIBERADA Y BIEN ELABORADA EN AUSTRALIA, de la cual careció por cierto la Argentina. Lo cual significa que el pequeño desarrollo industrial de la Argentina no se debió a la fuerza política de estos sectores sociales, sino casi a pesar de ellos. Con respecto al vínculo negativo entre la industria y la agricultura, existe la extendida idea de que HAY UNA HOSTILIDAD NATURAL ENTRE ESOS DOS SECTORES, lo cual no se sostiene a nivel empírico. Según esta opinión, en términos de los costos comparativos; sería más barato y conveniente importar productos manufacturados que producirlos en el país si se carece de una tradición industrial. El desarrollo de una industria nacional requeriría barreras aduaneras, tolerancia ante los costos elevados y ante una baja calidad, así como también otras medidas que LOS AGRICULTORES NO ESTARÁN INTERESADOS EN APOYAR. Además, el establecimiento de tarifas proteccionistas trae siempre el peligro de la reciprocidad y de la clausura del mercado extranjero para los productos de exportación. Aunque correcta en los términos más generales, esta teoría no abarca todos los hechos. En realidad, una economía de exportación activa no excluye una serie de actividades industriales relacionadas y no relacionadas con la agricultura. En la realidad empírica, el empresario capitalista urbano no lucha contra los sectores agrícolas tradicionales porque existen intereses complementarios entre los sectores exportadores y los manufactureros. La economía australiana es una viva demostración de esta realidad.

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