lunes, 31 de enero de 2005

El despilfarro norteamericano

El dólar ha dominado por más de sesenta años la actividad comercial y financiera mundial, pero ha venido perdiendo peso pasando de ser el responsable del 80 por ciento de las reservas mundiales a mediados de los años sesenta al 65 por ciento en el presente. Actualmente, la moneda norteamericana aparece rodando en caída libre. Más del 90 por ciento del déficit en cuenta corriente norteamericano proviene de la balanza comercial y cerca del 40 por ciento de este desequilibro se origina en el comercio con sólo dos países: China y Japón. EE.UU. aumentó de manera progresiva las importaciones mientras que el dólar se depreció en un 50 por ciento. EE.UU. necesita entre 1600 a 1800 millones de dólares diarios para financiar el déficit en cuenta corriente. De cada 100 dólares que produce, gasta 105. Algunos giles dicen: esto es un rasgo de fortaleza de la economía yanqui y no de debilidad. Pero hasta un imbécil puede deducir que quien gasta mas de lo que gana va camino a meterse en problemas. Más del 70 por ciento del PBI norteamericano está destinado al consumo. Si los ingresos caen, y el ahorro también, ¿quién se encarga de subsidiar este despilfarro?. EE.UU. se encarga de consumir e importar mientras que Asia ahorra y exporta. Este es el circuito. La única manera de mantener el constante aumento del consumo es que el resto del mundo pueda tener un gran superávit con EE.UU., siempre y cuando LAS GANANCIAS SEAN REINVERTIDAS EN ESTADOS UNIDOS. ¿Pero que pasaría si la economía yanqui empieza a despertar desconfianza como ya lo esta haciendo? EEUU. consume en base a su credito, sin disponer de ahorros, y de cada 100 dolares que gasta, queda una deuda de 5 dólares para que los pague Mandrake.

sábado, 22 de enero de 2005

"crack" inmobiliario en el 2005....

En muchos países desarrollados, un período largo de bajas tasas de interés (como el que se ha dado en estos últimos años) impulsó la demanda de créditos hipotecarios y, por ende, de viviendas, generando una espiral ascendente de precios de casas y departamentos, ya que la oferta no pudo cubrir esta demanda que creció muy rápido. Esto provocó una “burbuja inmobiliaria”, que hizo que los propietarios se sintieran más ricos porque sus viviendas pasaron a tener un mayor valor , lo que terminó estimulando el consumo.Pero cuando las tasas suben se produce el proceso inverso: cae la demanda de créditos hipotecarios y de viviendas, los precios se reducen y, al mismo tiempo, cae el consumo, porque las familias tienen que pagar más por las hipotecas. Si este proceso es pronunciado, el efecto negativo sobre el crecimiento económico puede ser muy importante , porque la pérdida del poder adquisitivo impacta de lleno en el consumo.De hecho, el Fondo Monetario Internacional comparó el efecto de un crack inmobiliario frente a uno de origen bursátil. Un crack bursátil, definido como una caída superior a 30% en los precios de las acciones, “cuesta” el equivalente a 4% de crecimiento del PBI en 2 años. Mientras que un crack inmobiliario, definido como un caída en los precios superior a 14%, produce daños similares a una caída de 8% en el PBI . Y encima sus efectos duran mucho más: hasta cuatro años. Una situación que preocupa La señal de alarma se prendió a mediados del año pasado, cuando tanto Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, como su par inglés Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, advirtieron sobre el riesgo de que los precios en el mercado inmobiliario siguieran creciendo .Es que en varios países desarrollados (España, Gran Bretaña y Holanda) los valores se duplicaron desde 1995, y en Irlanda casi se triplicaron. En EEUU, mientras tanto, la deuda de los consumidores (por créditos hipotecarios y personales) llegó a casi u$s2 billones, el doble que diez años antes. Hoy, la deuda hogareña es de u$s2 por cada dólar de ingreso.Para el semanario especializado “The Economist”, se trata sin dudas de una burbuja especulativa que se corregiría con una caída en los precios de, por ejemplo, 50% en España o 25% en Holanda, para que los ratios de estos valores respecto de salarios o alquileres recuperen el nivel promedio de los últimos 30 años.Suben las tasas Durante el segundo semestre de 2004, la Reserva Federal de EEUU corrigió cinco veces las tasas de interés hacia arriba hasta llevarla a 2,25%, para evitar una espiral inflacionaria. Pero esto genera serios riesgos en el mercado inmobiliario, ya que puede frenar la demanda de créditos hipotecarios de manera abrupta, lo que repercutiría en la demanda de propiedades y en sus precios .Todos los analistas aspiran a que este escenario no se cumpla, y que en cambio la suba de tasas permita alcanzar una estabilización progresiva y ordenada del valor de los inmuebles. Pero los últimos datos publicados en EEUU muestran que en noviembre de 2004 las ventas de viviendas nuevas bajó 12% , la mayor caída en 10 años.Según el especialista John Rubino, autor de How to profit from the coming real estate bust (Cómo aprovechar la próxima depresión inmobiliaria), el valor de todas las viviendas en EEUU alcanza los u$s14 billones, por lo que una caída en los precios de 20% representaría una pérdida de valor cercana a los u$s3 billones, lo que superaría ampliamente (en valores y cantidad de gente afectada) a la crisis de las punto com en el año 2000 .

martes, 18 de enero de 2005

Quiénes son y cómo viven los más ricos de América latina

Entre las 500 mayores fortunas del mundo, según la revista Forbes, figuran las de 25 latinoamericanos. La mayoría son mexicanos. También hay un argentino. Todos tienen más de US$ 1.000 millones. Son dueños de fortunas superiores a los mil millones de dólares. Manejan desde el petróleo, la minería y los medios de comunicación hasta los alimentos, las bebidas, el cemento, la telefonía y el comercio minorista, entre otros rubros. Y aunque le escapen al ojo común, camuflados entre vidrios polarizados y guardaespaldas, dominan la vida cotidiana de millones de personas. Son los 25 hombres más ricos de America latina, miembros del ese exclusivo club de las 500 personas más acaudaladas del mundo que la revista Forbes compone cada año.En esa nómina, la revista de negocios incluyó en el 2004 a once millonarios de México, seis de Brasil, tres de Chile, dos de Venezuela, dos de Colombia y uno de Argentina.Algunos heredaron los exitosos negocios de sus padres y abuelos inmigrantes, y luego hicieron su parte por agigantar las incipientes fortunas familiares. Y sin dudas la estrella más visible de esta constelación de poderosos es el mexicano Carlos Slim, a quien la prensa ha calificado como la persona más poderosa de su país.Sus compañías, como Telmex y Telcel, representan casi la mitad del mercado bursátil mexicano. Y su patrimonio asciende a US$ 13.900 millones y con esa cantidad se ganó en 2004 el puesto 17 de la lista de Forbes.Lo siguen los brasileños Joseph y Moisés Safra con 4.700 millones de dólares. Estos hermanos son dueños del Banco Safra de Brasil, controlan entidades financieras en Israel, Europa y EE.UU. y manejan Aracruz Celulosa, la mayor productora de celulosa blanqueada de eucalipto del país.Unos cien millones de dólares separan a los Safra del magnate venezolano Gustavo Cisneros, dueño de una fortuna de 4.600 millones de dólares que comenzó a gestarse mediante un servicio de autobuses en Caracas y que en la actualidad se centra en las comunicaciones, incluyendo las emisoras Venevisión de Venezuela y Univisión de EE.UU., así como canales nacionales en Chile y Colombia.Hay otro venezolano: Lorenzo Mendoza con 4.100 millones. Se hizo fuerte produciendo bebidas y alimentos. Lo sigue el mexicano Jerónimo Arango, que a sus 79 años cuenta con US$ 4.000 millones y dirige el grupo Cifra, ahora conocido como Walmart de México y especializado en la venta minorista.Andrónico Luksic, de Chile, controla un grupo de 3.400 millones de dólares que incluye a la minera Antofagasta, la compañía de cobre más grande del mundo, y el mexicano Lorenzo Zambrano (3.100 millones) es nieto del fundador de Cemex, la exitosa cementera mexicana que llevó sus negocios a EE.UU., Europa, América Latina, Asia y Africa.En el puesto 16 de los 25 magnates latinoamericanos figura el argentino Gregorio Perez Companc, con US$ 1.600 millones.Los mexicanos son mayoría en la lista. Figuran Alfredo Harp Helu, ex dueño de Banamex, y Ricardo Salinas Pliego, propietario de TV Azteca, ambos con una fortuna de US$ 1.800 millones.Los millones en los que nadan los multimillonarios de América latina (la región más desigual del mundo en distribución de la riqueza, donde el 20% de la población se queda con el 60% de los ingresos) pueden llamar al engaño si se cree que ese bienestar los invita a relajarse y gozar sin más ni más. Salvo los que ya han relegado la conducción de las empresas en sus hijos, aquellos que siguen buscando la ampliación de sus negocios jamás se relajan por más de unas horas. Pero el tiempo dedicado a los negocios no los priva de darse gustos en terrenos como el deporte, el arte o la filantropía. Gregorio Perez Companc ha construido viviendas, un hospital, una iglesia, cinco escuelas y hasta un zoológico.Ahora, cuando de ostentar riqueza se trata, nadie le gana a los brasileños. El empresario Fernando de Arruda Botelho, vicepresidente de una de las mayores constructoras de Brasil, festejó en junio pasado sus 56 años con una fiesta para 8.500 invitados que llegaron a su estancia en 300 aviones.Reflejo del consumo VIP brasileño es San Pablo, una ciudad que es hogar de 10.000 mendigos y además de templo de bienes de lujo para millonarios.Consumidores de marcas como Armani, Versace, Tiffany y Louis Vuitton, los magnates paulistas son un grupo pequeño en una sociedad pobre: representan entre 5.000 a 20.000 adinerados en una población de 18 millones.Pero el lujo tiene su precio. La inseguridad en las calles latinoamericanas, tal vez la contracara de la concentración de riqueza, obliga a los más acaudalados empresarios del continente a cuidar bien sus espaldas.

domingo, 9 de enero de 2005

JA-HOON CHANG, ECONOMISTA

Los países ricos condenan el proteccionismo luego de usarlo. La historia de potencias como Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos muestra que, para crecer y consolidar su economía, todos echaron mano de medidas para proteger su propia producción.
En sus trabajos, usted sostiene que los países ricos no se desarrollaron con las políticas de libre mercado que recomiendan. ¿Puede ampliarlo?—Así es. Si usted observa la verdadera historia de esos países, descubre que en su mayoría usaron protección del mercado, muchos subsidios estatales, inversiones públicas, etc. El mejor ejemplo es Estados Unidos: hoy pretende ser defensor del libre comercio, pero entre mediados del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial, tuvo la tasa arancelaria más alta en el mundo. Lo que dicen que hicieron es muy distinto de lo que efectivamente hicieron. En realidad, hay solamente dos o tres países que practican realmente el libre comercio y son países como Suiza y Holanda que tienen aranceles muy bajos Pero aun esos países serían retados por el Banco Mundial si solicitaran un crédito, porque se niegan a reconocer los derechos de propiedad intelectual de empresas extranjeras. Esos países consideran las patentes como un monopolio y, por lo tanto, algo inaceptable en un régimen de libre comercio. Volvamos a la historia de Estados Unidos.—En el siglo XIX, Estados Unidos trataba de alcanzar a Gran Bretaña. Pensando en ese objetivo, en primer lugar, protegieron la industria manufacturera porque sabían que si tenían un comercio abierto con Gran Bretaña, sería destruida. En segundo lugar, impusieron una serie de regulaciones para que los británicos no se quedaran con su sistema financiero. Por ejemplo, ningún extranjero podía ser miembro del directorio de bancos y los accionistas extranjeros no podían ejercer su derecho al voto a menos que residieran en Estados Unidos. En 1771, el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, presentó al Congreso de su país un informe sobre la situación de las manufacturas, en base al cual recomendó proteger la industria para darle tiempo a crecer. El y los que heredaron su legado intelectual no plantean que al proteger algunas industrias automáticamente éstas se vuelven competitivas, sino que hay que invertir en infraestructura, conocimiento, educación, todas las cosas que las industrias necesitan. Pero, sea como sea, una industria naciente necesita cierto espacio para respirar. Básicamente, es como criar a un chico.¿En qué sentido?—Usted sabe que el chico que está cuidando un día saldrá al mundo y conseguirá un empleo y se ganará la vida, etc. Pero no se le dice a un chico de 6 años que salga ya mismo a ganar dinero. Primero hay que darle una formación, enseñarle a vivir y cuando llega a los 18 le decimos: ahora salí a conseguir un empleo. No sólo Hamilton pensaba así. Abraham Lincoln fue el presidente más proteccionista en la historia. El aumentó las tarifas, en parte para financiar la guerra civil, pero cuando la guerra terminó, no las bajó. Otro caso es el del general Ulysses Grant. Era un general del ejército, o sea que no tenía una visión sofisticada sobre la economía. Pero acuñó un razonamiento muy interesante que es más o menos como sigue: "los ingleses nos dicen que practiquemos el libre comercio. Por supuesto que lo haremos; sólo que doscientos años más adelante, cuando seamos tan ricos como ellos". Grant, pese a ser militar, entendía cuál era el juego. No es extraño porque, en su época, muchos norteamericanos pensaban de esa forma. En ese entonces, la mayoría de los economistas estadounidenses apoyaban el proteccionismo.Las ideas de Hamilton luego pasaron a Alemania, ¿no es así?—Sí. El llamado "Argumento de la industria infante" creado por Hamilton luego fue retomado por Friedrich List. Y los alemanes hicieron algo más complicado que los norteamericanos. En los Estados Unidos, el Estado mantuvo la protección aduanera, invirtió en educación y en infraestructura, pero no hizo mucho más que eso. El esfuerzo proteccionista de los alemanes fue más grande y el Estado finan ció incluso el establecimiento de nuevas fábricas.Nada menos que en pleno auge del liberalismo liderado por Gran Bretaña...—Mire, los británicos querían que todo el mundo practicara el libre comercio. Pero List replicaba que ellos se habían industrializado antes de llegar al librecambio utilizando el proteccionismo de la época mercantilista, del siglo XVIII. Cuando los británicos nos dicen que no usemos el proteccionismo, decía List, nos quieren patear la escalera que ellos utilizaron para subir. En ese punto todos siguieron el ejemplo británico. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en el país número uno, Estados Unidos empezó a predicar el librecambio. Los japoneses y los coreanos del sur, que se estaban desarrollando con proteccionismo, subsidios, empresas públicas y muchas regulaciones, no aceptaron esa receta. Pero hoy usted va a la Organización Mundial de Comercio y los japoneses y los coreanos apoyan el libre comercio. ¿Qué sistema utilizó Japón?—El caso de Japón es ejemplificador. Después de la segunda posguerra, la política estadounidense era que Japón se especializara en la producción y exportación de productos basados en los recursos que tenía en ese momento. Pero los japoneses consideraron que no podían seguir especializados en la exportación de seda, que era lo que más vendían, y decidieron avanzar promoviendo la instalación de industrias básicas, astilleros y automotores. En 1959, cuando Japón tenía un PBI per cápita de 400 dólares, similar al de la Argentina, la Toyota quiso vender autos en los Estados Unidos y fue un fracaso total. Pero perfeccionaron los vehículos y a los pocos años ya eran competidores internacionales. Si Japón hubiera seguido el consejo del general MacArthur, que encabezaba la ocupación estadounidense, Japón seguiría exportando seda.¿Y Corea del Sur?—En 1960, Corea tenía un PBI per cápita de 80 dólares y su principal artículo de exportación era el tungsteno que se utiliza en las lamparitas de luz. El segundo era el pescado. Pero un gobierno militar comenzó a desarrollar industria sencillas como textiles y zapatos y luego pasó a las industrias pesadas. A fines de los sesenta, el gobierno pidió un préstamo al Banco Mundial para instalar una siderurgia. El Banco les dijo: "¡Muchachos, ustedes están locos, están exportando remeras y zapatos y quieren hacer una siderurgia!" Y rechazó el pedido. Entonces el gobierno pidió dinero en Japón y así comenzó una carrera que lo convirtió en uno de los principales productores siderúrgicos del mundo. Pero, como decía List, una vez que usaron el proteccionismo para desarrollarse, lo condenan.¿El proteccionismo no perjudicó la eficiencia?—Tanto Japón como Corea protegieron las industrias, pero siendo concientes de que ese sistema no puede prolongarse indefinidamente y que tiene que utilizarse para modernizarse. También tuvieron claro la necesidad de exportar para financiar el crecimiento y de ir mejorando el perfil de las exportaciones.¿Que pasó con el proteccionismo de América latina?—Es una pena que los latinoamericanos no hayan escuchado completo a Raúl Prebisch. El apoyaba la sustitución de importaciones utilizando el proteccionismo, pero también ponía un fuerte acento en las exportaciones. Porque si se quiere importar tecnología de avanzada hay que exportar; si se quiere tener una buena gestión macroeconómica y no tener crisis de la balanza de pagos, hay que exportar. Pero la gente oyó sólo la mitad de la historia. OK. protejamos.¿Por qué las elites no prestaron atención a ese consejo?—Una razón es que las principales exportaciones de América latina eran productos primarios manejados esencialmente por oligarquías. Esas oligarquías no tenían interés en modificar el patrón de exportación. De hecho, alguien dijo que Sudamérica es "el Estados Unidos donde el Sur ganó la Guerra Civil". En los Estados Unidos, el Norte industrial ganó la guerra al Sur agrícola, latifundista y librecambista. Otro problema es que los países latinoamericanos confiaron mucho en las corporaciones multinacionales y, éstas tienen muy poco interés en desarrollar una capacidad exportadora porque tienen una estrategia mundial y su país puede o no ser una plataforma de exportación.

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